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El Cerro, la Habana, Rogelio Travieso, (PD) En la década de los años cincuenta; el Central Hershey, fue comprado al propietario por Julio Lobo y su hija María Luisa.

Permítanme contarles cómo era la vida de los trabajadores y sus familiares en el Central Hershey, entre 1948 y1958, durante los gobiernos de Carlos Prío Socarras y Fulgencio Batista y Zaldívar

El batey del central contaba con casas confortables y seguras; calles, avenidas, aceras y demás infraestructura idóneas.

En los chalets vivía el dueño del central, sus familiares y el personal de dirección de la administración. Esos chalets se pudieran catalogar de mansiones exclusivas para la alta jerarquía del central. Similares a las mansiones que han existido en los últimos 59 años a lo largo y ancho del país para las altas esferas del régimen.

Las familias negras vivían en las casas de la calle 13, que eran iguales que las casas del resto de los trabajadores.

En Hershey, los techos de las casas eran de dos aguas. Contaban con dos y tres cuartos. Eran de ladrillos y de madera, con portal y terraza. Las ventanas tenían tela metálica contra los mosquitos y las moscas.

El alquiler mensual de esas casas oscilaba entre los 8 y los 14 dólares mensuales. El consumo de agua era una cuota fija de un dólar mensual y el consumo de electricidad de un centavo el Kilowat, hasta 300, y a partir de 300, a medio centavo el Kilowat.

Había un departamento comercial que contaba con bodega, tienda de ropa, ferretería, farmacia, correo, planta de hielo. Había crédito para los trabajadores todo el año.

Funcionaba un cine para todos y estaban los acogedores jardines de Hershey, donde había excursiones y otras distracciones. Había un equipo amateur de baseball y su terreno. Glorias del deporte cubano como Roberto Ortiz, Fermín Guerra, Pedro “Natilla” Jiménez, Quilla Valdés y muchos otros, honraron a ese equipo.

Funcionaba un club y un campo de golf en el que en 1958 yo trabajaba como caddy, y que después de 1959, se convirtió en área de pastos para vacas, toros, bueyes, yeguas y caballos.

Funcionaba puntualmente el por casi todos conocido tren de Hershey, entre Casablanca y Matanzas.

Había una fábrica de aceite de maní y la desfibradora de henequén para elaborar soga.

En Hershey había un club, que era solo para socios de tez blanca. También había un local del sindicato ferroviario donde había cafetería y bar. En este se realizaban reuniones, asambleas, fiestas, bailables para trabajadores y vecinos. También frente a las oficinas del central; radicaba la glorieta de los trabajadores azucareros para menesteres similares.

En Hershey funcionaba, de manera totalmente independiente, la Asociación de Padres, Vecinos y Maestros (APVM), que no respondía a partido o gobierno alguno. La APVM, con representantes del central, organizaba actividades disimiles.

A modo de ejemplo. En 1950 se celebró una gran verbena para el batey y los pueblos cercanos. En ella hubo baile, comida, distintas rifas, etc. En una de las rifas, mi padre fue el ganador de un televisor. Para mi familia, fue un gran acontecimiento, pues la televisión recién se había inaugurado en el país.

Las escuelas públicas, la primaria Carlos Manuel de Céspedes y la escuela superior Milton S. Hershey, contaban con profesores de sobrada calidad. A ellas asistían los hijos de los trabajadores, sin discriminación racial o de ningún tipo.

Todos los niños tenían acceso al parque infantil y su glorieta.

Ojalá muchas familias hoy, que no tienen vivienda o la tienen en ruinoso estado, pudieran contar con los barracones del Hershey.

Había dos tipos de barracones: los de ladrillos y los de piedra. Se cocinaba en el cuarto. Los baños eran colectivos, con agua corriente y duchas. Todas las tardes un trabajador de comunales los limpiaba e higienizaban.

El alquiler mensual era 2 dólares los de piedra y uno los de ladrillos. Estos cuartos eran solo para hombres solteros o para quienes residían en La Habana, Matanzas y los pueblos distantes del central. En ellos vivían negros, blancos, mulatos, gallegos, polacos, húngaros, checos, chinos, japoneses, jamaicanos, rusos blancos, etc.

En el batey funcionaba también un hotel con un restaurante y un comedor para obreros, a precios muy módicos.

Luego del triunfo de la revolución, en 1960, el central fue intervenido. A partir de entonces la producción descendió. La fábrica de aceite y desfibradora de henequén cerraron.

El central fue demolido en los años 90. Hoy, todo se encuentra en ruina en Hershey. De aquel Hershey, queda solo el recuerdo.

La discriminación de la que habló recientemente Raúl Castro, el primer secretario del P.C.C., era preferible a la existente hoy. Hoy son discriminados negros, mulatos, blancos, todos los cubanos de a pie. Los extranjeros tienen acceso a instalaciones y ley de inversiones y los cubanos no. El sistema existente, niega la riqueza y la acumulación de propiedades a los cubanos en su tierra natal. Quienes no comparten “las ideas de la revolución y el socialismo”, son discriminados y excluidos en lo político, lo económico y lo social.

Después de estudiar la Constitución cubana y algunas de las leyes vigentes, de sentir el rigor y la estrechez en estos más de 59 años, me pregunto: ¿Quién excluye a quién?
rtraviesopnhp2@gmail.com; rogeliotraviesonauta.cu; Rogelio Travieso, móvil 538 59142
*Partido Liberales de Cuba.
Véase:
¿Quién excluye a quién? (I)
¿Quién excluye a quién? (II)
¿Quién excluye a quién? (III)


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