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LA HABANA, Cuba.- Si las autoridades sanitarias en Cuba cerraran los restaurantes y cafeterías por el mal estado de sus baños, muy pocos quedarían abiertos. Estos lugares muestran un abandono que vulnera la higiene.

Así lo comprobó CubaNet en un recorrido por establecimientos gastronómicos estatales en El Vedado, una zona icónica y privilegiada de La Habana con gran afluencia del turismo foráneo.

En la avenida 23 esquina a la calle M está el Mandarín, un restaurante de colorida decoración interna empañada por el triste espectáculo que exhibe su baño.

De dos, solo funciona un lavamanos con un salidero de agua que gotea en un cubo. Un palo tapa un hueco de la tubería. La única tasa sanitaria en uso descarga cuando se tira de un alambre cubierto por una tapa improvisada de madera, y un cable colgando indica que el secador de manos está roto. “Varios clientes se han quejado por esta penosa y antigénica situación pero, aunque ya se ha reportado, el Gobierno no asigna los recursos para el mantenimiento”, dice uno de los dependientes bajo identidad reservada.

Muy cerca, en la calle M, está La Arcada, el bar-cafetería bautizado como “El café de los artistas”, situado al lado de la entrada a los estudios centrales de la televisión nacional. “Cuando termines descarga el excusado con el balde lleno de agua que está dentro del lavamanos”, advierte a los clientes una señora que cuida el baño.

La Roca, calle 21 esquina a M, es un restaurante amenizado con música de un piano en vivo. Sin embargo, por roturas hidrosanitarias, la amplia clientela del lugar dispone de un solo retrete que comparten hombres y mujeres. Aquí había dos urinarios. El primero, del que solo quedó la marca en la pared, fue retirado por salideros. El otro hace un mes está roto y, en espera de un plomero, le pusieron un cartón para que los hombres no orinen. “Si estos están así, imagínate como estarán los baños de los otros restaurantes estatales”, dice enojado Gustavo Fleites, un cliente que espera en la cola para entrar al baño.

El Rancho Luna (calle L entre 15 y 17) repite la historia con las roturas y los salideros de las tuberías.

En la calle O, entre 23 y Humbolt, está el Wakamba, una cafetería muy popular desde su inauguración, el 16 de julio de 1956, por sus platos de comida china. Ahora en decadencia, el Wakamba no solo dejó de ofertar un excelente menú, las malas condiciones de su baño tampoco satisfacen a los visitantes. “Para descargar  y lavarte las manos tienes que coger agua de un tanque con una lata”, dice la señora que cuida el lugar.

Situación parecida muestra El conejito (Calle 17 esquina a M), un restaurante-bar fundado en 1960 y bautizado como la taberna inglesa de Cuba. En el retrete falta la palanca para el descargue manual, la puerta se cierra con un pestillo improvisado por deterioro del llavín y un papel con la irónica inscripción “Restaurante de lujo” tapa un hueco en la pared.

Sin embargo, los directivos de la cafetería Monseigeur (calle O esquina a 21) han sido más precavidos al colocar en la puerta de entrada un cartel que limita al baño solo para los clientes. Al parecer la medida ha llegado tarde. “El depósito de jabón líquido está vacío y el secador de mano no funciona”, comenta a CubaNet, Yunior Urquiza, un habanero que visita el lugar junto a su esposa.

Pero, el peor servicio de baño está en el restaurante-cafetería Sofía (calle 23 esquina O), donde “no se puede defecar, solo orinar”, según advierte la responsable a los usuarios. “Hay problemas en las tuberías y el váter se tupe”, explica la señora.

Aquí hombres y mujeres utilizan el mismo inodoro porque el de las féminas está clausurado por fallas. “Ya la hemos planteado a nuestros superiores y hasta ahora no han dado respuesta”, dice a CubaNet un trabajador de la unidad que prefiere el anonimato.

La cafetería, frecuentada por turistas extranjeros, está abierta las 24 horas con un servicio en moneda convertible. “La venta es buena, pero no sé qué hacen con el dinero que no lo invierten en el arreglo del baño. Si la cosa sigue así, pronto tendrán que cerrar el  “Sofía” por falta de retrete”, asegura el empleado.

Durante el recorrido CubaNet apreció que los baños visitados eran atendidos por personas de la tercera edad, en su mayoría mujeres afrodecendientes que ejercen el trabajo privado bajo la  modalidad de cuidador de baños públicos y taquillas. “Soy jubilada del sector de educación y cobro una pensión mensual de 270 pesos (diez dólares) que no me alcanza para vivir, por eso tengo que seguir trabajando y lo único que encontré fue este oficio que nadie quiere”, se lamenta una cuidadora.

La entrada al baño cuesta un peso para los cubanos y 25 centavos de dólar para los extranjeros, dinero que es ganancia para el cuidador que también se responsabiliza de mantener la limpieza y el aseo personal,  pero no del mantenimiento cuya gestión corre a cargo de los directivos.

Los baños de los restaurantes estatales de El Vedado muestran algunos males que afectan a la Cuba de hoy: la incapacidad de la gestión gubernamental, jubilados obligados a seguir trabajando para sobrevivir y la presencia mayoritaria de mujeres afrodecendientes en trabajos con bajo reconocimiento social.

“Es preocupante que los viejitos cubanos cuiden baños estatales para subsistir. La mayoría son de piel oscura porque dicen que no encuentran trabajo en otro sitio”, dice Lina Granados, una cubana residente en Estados Unidos que visita el restaurante Sofía.

Un panorama distinto ofrecen los baños de los restaurantes privados donde todo funciona en perfecto estado, la limpieza es impecable, el jabón y el papel higiénico son de primera calidad y el servicio es gratis.


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