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Díaz-Canel y su esposa Liz Cuesta (Reuters)

LA HABANA, Cuba.- El titular del diario El Nuevo Herald de este viernes, me hizo recordar una anécdota de la vida del General en Jefe del Ejército Libertador. Ya terminada la Guerra de Independencia, se encontraba Máximo Gómez en un acto social cuando acudió a saludarlo un antiguo oficial mambí que, en plena contienda, se había acogido a uno de los indultos que de tiempo en tiempo otorgaban las autoridades coloniales.

“¡Usted se presentó!”, le espetó el Generalísimo. Sin amilanarse por el ríspido recibimiento, el hombre se puso a hacer una complicada historia de ribetes rocambolescos, en la que no faltaban el uso de un nombre falso, la simulación y el engaño a los españoles.

Tras escuchar la prolongada explicación con una paciencia que no era habitual en él, nuestro Libertador puso término al diálogo con otra de sus expresiones terminantes: “Tiene usted razón, señor. No fue con su nombre; ¡pero fue con su cara!”.

La asociación de ideas que me inclinó a recordar el antiguo relato se origina en que el diario miamense, junto a una foto en la que aparece Miguel Díaz-Canel Bermúdez acompañado por su esposa, expresa en su titular de primera plana: “Figura sin nombre junto al gobernante”.

El tema que desarrollan los colegas radicados en la Florida es que, para los no iniciados, resultaba desconocida la identidad de la mujer que acompañaba al nuevo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba durante el recibimiento oficial realizado en Caracas por el dictador Nicolás Maduro y la “primera combatiente” Cilia Flores.

Parafraseando a Máximo Gómez podríamos comentar: En efecto, no aparece su nombre, ¡pero sí está su cara! Y creo que resulta justo reconocer algo obvio: A diferencia de sus mentores y predecesores en ese alto cargo, Díaz-Canel no esconde a la actual compañera de su vida.

Raúl Castro tampoco lo hizo con su primera esposa y madre de sus hijos Vilma Espín, pero sí con su actual pareja. A ésta todos la conocen como destacada reportera de la televisión, pero no como mujer del mandamás de turno. ¿Será porque él se apena de los muchos años que le lleva a ella? (Diferencia de edad por la cual, que conste, no los critico en absoluto).

Aquí viene al caso otra anécdota más breve y reciente, que prometo que será la última. En ocasión de encontrarse el licenciado Guillermo Fariñas en Lima para participar en la reciente Cumbre de las Américas, una periodista del oficialismo, hermosa castrista furibunda, le preguntó con una sonrisita de sorna: “¿Cuántos años de edad le lleva usted a su actual esposa?, señor Fariñas”. Respuesta del fraterno Coco: “No he sacado esa cuenta tan complicada, pero sí sé que son muchos menos años que los que le lleva Raúl Castro a su nueva mujer”.

Y ya que hablamos de los jefes comunistas que actúan como maridos vergonzantes, ¿qué decir del fundador de la dinastía! ¡El pueblo cubano sólo se enteró de que existía la señora Dalia Soto del Valle cuando el “Líder Histórico de la Revolución”, ya separado del poder por causas totalmente ajenas a su voluntad, rumiaba su impotencia ataviado con ropas deportivas del “Enemigo”!

Esto de esconder a sus compañeras y su vida familiar misma parece una manía de estos totalitarios. Sólo los muy iniciados sabían que el tirano José Stalin tenía esposa e hija. También la existencia de Eva Braun, la amante de Hitler, era tratada como un secreto de estado. Y así los demás.

El ocultamiento, visto desde los engranajes del control absoluto, parece lógico. Si el mandamás es un hombre (¡jamás una mujer!) entregado en cuerpo y alma a servir a su pueblo, entonces resulta absurdo suponer que él pueda tener una pareja e hijos, como si se tratase de un ser común y corriente. Eso resulta imposible para quien dedica todas sus fuerzas a “hacer el bien a los demás”, como diría el cantautor cubano Raúl Torres.

De manera que, a pesar de las críticas que le dirige El Nuevo Herald, me parece correcto que Díaz-Canel se exhiba en público junto a su actual esposa. Claro que habrá que dar a conocer que su nombre es Liz Cuesta Peraza. Y algún título habrá que asignarle.

El tradicional (y aceptado en todo el mundo) no parece apropiado en una “sociedad de obreros y campesinos”, donde el mismo concepto de “dama”  es rechazado. El título de “Primera Combatiente” que se inventó Maduro representa el colmo de la ridiculez. Convertirla en Vicepresidenta, como hizo el nicaragüense Ortega, es nepotismo puro y duro.

Por eso tal vez quepa esperar que la presenten simplemente como “esposa del presidente Díaz-Canel”. En cualquier caso, yo, que me opongo al régimen que él encabeza en el plano estatal, aplaudo que no esconda a su mujer y que los cubanos conozcamos al menos la cara de ella.


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