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El Cerro, la Habana, Rogelio Travieso, (PD) La unanimidad es habitual en las asambleas en Cuba. Los que están de acuerdo, que son todos, levantan la mano. Nadie se atreve a estar en contra o abstenerse.

¿Así piensan rehacer la constitución? Una reforma constitucional es algo muy serio.

Según los no siempre cumplidos ‘conceptos de revolución’ enunciados por Fidel Castro: “Revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado.” Entonces, una vez más queda demostrado, que muchas cosas de este sistema resultan ser farsas. Como las recientes elecciones. La propaganda del régimen afirmaba que dichas elecciones eran “por Cuba”. En la vida real, no fueron por Cuba, sino por sus gobernantes.

Tras el triunfo de la insurrección verde-olivo, Fidel Castro incumplió su promesa de reinstaurar la Constitución de 1940.

La Constitución de 1976, reformada en 1992 y 2002, es excluyente, injusta y contrapuesta a los ideales progresistas. Dicha constitución, impuesta por la trinidad Partido-Estado-Gobierno niega al su derecho natural por haber nacido en este país.

Por su carácter injusto y excluyente, nada hay nada más importante que reformar o abolir la Constitución de 1976, para bien de todos. Pero reformar la Constitución para que continúe como hasta ahora, no vale la pena emplear ni un segundo en farsa tan dañina.

El sábado 2 de junio, en la parte final de su intervención el jefe de estado y gobierno, Miguel Díaz Canel, expresó: “…Trabajemos en lograr una norma constitucional que refleje la perdurabilidad de una nación soberana, independiente, socialista, democrática, prospera y sostenible, a la vez, mas inclusiva, donde se fortalezca la institucionalidad del estado revolucionario y prevalezca la prédica martiana de que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

¿Acaso se puede calificar a una nación de democrática, cuando en una reforma de su Carta Magna, que debiera incluir a todas las personas, solo cuentan para esas funciones, dirigentes del PCC, lideres o funcionarios de las llamadas organizaciones de masa y sociales, oficialistas todos, fieles defensores del estado totalitario?

¿De qué dignidad plena puede hablarse cuando no existe respeto hacia los que no simpatizan con las ideas socialistas, cuando excluyen y discriminan a quienes disienten del sistema impuesto?

Permítanme referirme a los memorables debates de los constituyentes de 1940.

Con respecto a la invocación a Dios en el preámbulo de la Constitución de 1940, García Agüero y otros se opusieron y alegaron que la Constitución se hacía tanto para los creyentes como para los no creyentes. Prevaleció la tesis de Coyula, quien sostuvo que, “…Cuba era un país creyente, aunque no siempre practicante, que debíamos llevarlo por el camino de la ilusión que alienta y no por el de la fe perdida que destruye y envilece”.

El titulo cuarto de la Constitución, que recogía con extraordinaria amplitud una extensa gama de derechos individuales, fue el que suscitó los debates más intensos. Los constituyentes del 40 garantizaron las libertades individuales de expresión, locomoción, asociación y cultos. Como recordaban vivamente un pasado de violencias y arbitrariedades, reforzaron el habeas corpus y establecieron disposiciones adicionales para proteger la integridad personal, la seguridad y la honra de los detenidos. Lo hicieron para así evitar los desafueros de la llamada “Ley de Fuga”.

Bajo el rubro de las garantías individuales, los constituyentes incluyeron los dos pilares en que descansa la libertad de empresa, estos son, la contratación y la propiedad privada. A la contratación la protegieron contra la retroactividad en las leyes civiles. A la propiedad privada, contra la intervención confiscadora del estado.

Antes de concluir este escrito, quiero citar cinco pensamientos martianos.

-“Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos.
-“Patria es equidad, respeto de todas las opiniones y consuelo al triste”.
-“La fuerza tiene siempre sus cortesanos, aun en los hombres de ideas. Hay hombres dispuestos naturalmente a ser ovejas, aunque se crean libérrimas águilas.”
-“Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas, y el de la soberbia y la rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados.”
-“Lo que en el militar es virtud, en el gobernante es defecto. Un pueblo no es un campo de batalla. No se sabe de ningún edificio construido sobre bayonetas”.

Entonces, ¿quiénes estuvieron y están más cerca de las ideas de Martí? ¿Los constituyentes de 1940 o los miembros de la comisión encargada de la Reforma Constitucional a la Constitución de 1976?

La situación en Cuba, tras el derrumbe del campo socialista, ha ido de mal a peor. El régimen, con su totalitarismo asfixiante no ha sido capaz de enrumbar al país por el camino del bienestar del pueblo. Ni el partido único, ni sus congresos, ni sus plenos, han logrado hacer realidad esa prosperidad de la que tanto hablan. Por el contrario, desde hace décadas, el nivel de vida del pueblo cubano, cada año que transcurre, se hace más precario y más familias caen en la miseria.

Lo que sí han demostrado con su unanimidad los diputados de la Asamblea Nacional es ser sustentadores de un tipo de régimen violador de los derechos individuales de los cubanos.

Un parlamento dócil y unánime, ¿será útil para Cuba?
rtraviesopnhp2@gmail.com; rogeliotravieso@nauta.cu; *Rogelio Travieso, móvil 538 59142
*Partido Liberales de Cuba.


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