We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.


Cubaverdad on Twitter

LA HABANA, Cuba.- “Esto no pasa de la próxima temporada ciclónica”, afirma uno de los vecinos que integran las dos familias que aún residen en la antigua cochera del siglo XIX, ubicada en la calle Muralla 212, en el corazón de la Habana Vieja.

Mientras esperan el desenlace fatal aseguran que viven en el infierno, donde la noche aumenta sus temores de ser aplastados por los escombros, cuando el transitar de las ratas se confunde con el crujir del concreto que anuncia el derrumbe.

En el 2007 la edificación de mampostería, viga y tablazón, convertida en cuartería, fue declarada inhabitable, según consta en un dictamen técnico oficial. Ante el deterioro progresivo el plan de conservación de la Oficina del Historiador de la Ciudad asignó un presupuesto de reparación menor a la Empresa Constructora Puerto Carenas con el objetivo de extender la vida del inmueble construido en 1860.

Luciano Reinaldo Cuellar, residente en el apartamento número 3 del edificio, observó con asombro el proceso de reparación que agravó la estructura en peligro:

“El primer cuarto que se derrumbó, hace unos 4 años, fue por un mal trabajo que hizo la gente de Puerto Carenas. El presupuesto era para arreglar los techos y los pisos, pero lo que hicieron fue construir nuevos apartamentos. A raíz de eso el edificio comenzó a deteriorarse más, hasta que los apartamentos nuevos comenzaron a derrumbarse. Ese es el mal de fondo que tiene este desastre.”

Los vecinos afectados por los derrumbes fueron trasladados para asentamientos ubicados en la periferia de la ciudad, en los repartos de San Agustín y “8 vías y calle 4ta”, en San Miguel del Padrón.

Varios meses después de su inauguración los edificios de “8 vías”, fueron clasificados inhabitables en declaraciones hechas a la prensa oficial por una especialista del departamento de Inversiones y Planificación Física de la localidad.

Estancados en el viejo peligro quedaron dos familias, la de Yordanka Martí y su hija menor, y los cuatro miembros que integran la de Reinaldo.

Pasado dos años de la evacuación parcial del edificio los problemas se agravaron. El servicio de agua y gas fue eliminado, comenzó el hundimiento acelerado de los pisos de mosaico, se ancharon las fracturas de las columnas de cargas, las vigas de madera de los techos dejaron de sostenerlo, y las filtraciones y roedores proporcionaron el complemento definitivo para arrinconar a los residentes.

La familia de Reinaldo ya no vive en el cuarto 3, ahora ocupa el 2, cuyos antiguos inquilinos antes de irse hacia la periferia deshabilitaron baños, arrancaron el piso, las puertas y todo lo que se pudieron llevar.

Bárbara Quevedo, esposa de Reinaldo, relató a CubaNet cómo el miedo los acorrala:

“Vivíamos muy cerca de la columna que está por partirse (…) El último derrumbe cuarteó la pared de nuestra cocina, que en cualquier momento se cae (…) Hemos intentado acercarnos a la puerta de entrada del edificio, pero donde estamos no tenemos puertas, ni baño, nada.”

La respuesta oficial

El inmueble está enclavado como un compás que une las calles Aguiar y Muralla. La segunda vía transita por una mezcla de estilos constructivos desequilibrados, convertidos en cuarterías a punto de explotar, y desemboca en el contrastante esplendor turístico de la Plaza Vieja, donde se desenvuelve la ficción oficial.

Esta ubicación en el lucrativo Consejo Popular Plaza Vieja ofrece la remota probabilidad de que los perjudicados por derrumbes sean trasladados hacia edificaciones nuevas, levantadas en el mismo municipio.

Hasta el momento, las autoridades locales han negado esta posibilidad. Las opciones rondan entre albergues, donde han residido familias por más de 20 años, o los asentamientos que se construyen en la periferia para los albergados.

Para conocer sobre las opciones ofrecidas a estas familias, CubaNet intentó contactar a las autoridades municipales de vivienda y el gobierno, sin resultado alguno.

Hace un mes los funcionarios del gobierno local ordenaron a Yordanka y Reinaldo que recogieran sus pertenencias para ser trasladados hacia nuevas viviendas.

Yordanka no quiere recordar el lugar que le ofrecieron en el antiguo tecnológico agropecuario, construido en 1962, ubicado en el extremo sur del limítrofe municipio Boyeros.

“Ni siquiera están terminadas las divisiones. Es un sitio aislado con tres cabinas telefónicas que no funcionan, las guaguas pasan cada cuatro horas y el ambiente social es pésimo (…) Nos dijeron que las condiciones estaban creadas; aprovechan nuestra desesperación para que aceptemos cualquier cosa”, dijo Yordanka refiriéndose a las autoridades locales de la Habana Vieja.

“Según nos dicen no estamos en la categoría de ‘casos especiales’ para quedarnos en La Habana Vieja”, agrega Yordanka.

El programa social de viviendas prioriza a las familias que llevan más de 15 años albergadas, impedidos físicos y enfermos mentales.

Sin solución

La negativa de las dos familias de reubicarse en un lugar que consideran inhabitable, los ha dejado entre el peligro de morir sepultados por un derrumbe y la presión de las autoridades locales que se lavan las manos.

Julián, vecino de la zona, explica a CubaNet que los funcionarios de gobierno han abandonado a las dos familias:

“Hace unos 15 días, durante el Meteoro (ejercicio de la Defensa Civil para la temporada ciclónica) las autoridades locales no contaban con un plan de evacuación para los residentes en el edificio (…) Les dijeron que se auto albergaran porque no había para dónde enviarlos. Las dos familias tuvieron que dormir en la calle.”

Todo parece indicar que la temporada ciclónica hará del edificio Muralla 212 una noticia de impacto. Lo que está por definir es si incluirá víctimas fatales o solo el fin de una edificación colonial que atrae al turismo extranjero.


Go to article


Go to Source Site

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *