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LA HABANA, Cuba.- “Cuidado con esos tubos en el piso”, le advierte una madre a su pequeño hijo que corre por la azotea del Castillo de los Tres Reyes del Morro en La Habana. El niño juega “en el mismo lugar donde ondeara por primera vez el 20 de mayo de 1902 la enseña de Cuba libre”, según indica con letras oxidadas y amarillentas la inscripción en una tarja incrustada en un pedestal.

Los “tubos” en el piso son las piezas del mástil tiradas y abandonadas desde hace algún tiempo, dice a este diario una empleada que, por temor a represalias, prefirió identificarse como Alicia.

En reiteradas ocasiones los trabajadores y visitantes han solicitado la restauración del mástil, pero las autoridades responden que la falta de presupuesto impide solucionar el problema. “Esa es una justificación poco creíble cuando se sabe que nos financiamos con el cobro a los extranjeros de seis dólares la entrada y a los cubanos la misma cantidad en moneda nacional. También recaudamos dinero suficiente con las ganancias de las ventas gastronómicas dentro de la instalación y el arrendamiento del lugar a los vendedores de artesanías”, detalla Alicia.

Durante la investigación, CubaNet intentó conocer las opiniones de los directivos de la instalación, pero se negaron a ofrecer declaraciones.

Estadísticas del Ministerio del Turismo indican que El Castillo de los Tres Reyes del Morro, institución perteneciente al Estado, está entre los tres sitios de la capital más visitados por el turismo foráneo que viene con el interés de conocer no solo a la más emblemática de las fortalezas cubanas y a su faro, también sienten curiosidad por el lugar donde se izó por primera vez la bandera cubana en La Habana.

El Gobierno castrista nunca reconoció al 20 de mayo de 1902 como el día del surgimiento de la República de Cuba, en cambio califica a la fecha como “el inicio de 56 años de dominio neocolonial o pseudorepublicano”.

“Más que una razón económica, es un motivo político absurdo el que impide que la bandera cubana vuelva a ondear en este sitio histórico. Esta actitud contradice los ideales del Mayor General mambí Máximo Gómez, uno de los artífices de la independencia de Cuba, y quien, junto al general del Ejército Libertador cubano Emilio Núñez Rodríguez, izara en este lugar la enseña nacional luego de ser arriada la de  Estados Unidos”, dice la empleada y agrega, “en ese momento Gómez dijo ‘Al fin hemos llegado’, en clara referencia a la victoria del pueblo cubano que a partir de ese día logró la libertad después de varios años de lucha.”

Con la “Revolución” castrista de 1959, la conservación del mástil nunca fue prioridad para las autoridades cuya ceguera política los llevó no solo a ignorar la trascendencia histórica del nacimiento de la República, sino a destruir una tradición de más de 400 años.

En el lugar estuvo la estación semafórica del Puerto de La Habana que, dotada de mástiles con faroles de colores, realizaba señalizaciones nocturnas que controlaban y regulaban el movimiento de las embarcaciones en el canal de acceso a la bahía. Con la modernización de las comunicaciones, la estación quedó como una tradición histórica y un atractivo visual.

Egberto Medina, uno de los comerciantes de artesanías que más tiempo lleva en el lugar, afirma que la falta de un adecuado mantenimiento incrementó el deterioro de la estación semafórica por los efectos de la intemperie y el salitre marino. Esto obligó, a inicios del año 2000, a desmantelar el mástil de señales y sustituirlo por una asta metálica vertical sin los adecuados accesorios y el diseño marino del anterior.

“Por eso el mástil cayó y todavía está tirado en el piso”, lamenta Medina quien espera que, durante las celebraciones del 500 aniversario de la Ciudad de la Habana en el 2019, se retome la tradición de la estación semafórica y que en su mástil principal “vuelva a ondear la bandera de una Cuba libre verdadera”.


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