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(EFE)

LA HABANA, Cuba.- Como se ha informado, las autoridades castristas están laborando en la reforma de la actual Constitución. El trabajo primario corrió a cargo de una comisión designada por la Asamblea Nacional e integrada en su gran mayoría por militantes del partido único. Esa junta fue presidida por el general Raúl Castro en persona.

Como suele suceder en países del marxismo leninista, el asunto fue considerado después por el Comité Central del Partido Comunista. Recientemente, los dos diarios nacionales (Granma y Juventud Rebelde) publicaron en primera plana sendas notas en las que se informa que ese órgano tuvo “dos días de intenso trabajo” con ese fin.

Dato curioso: ambas informaciones —¡oh, maravillas de la prensa castrista!— tienen idéntico contenido. El único detalle diferente es que los editores del “Diario de la Juventud Cubana” —¡osados e innovadores que son!— pusieron en mayúsculas la preposición “TRAS”, que da comienzo a la aburrida nota. Con toda seguridad, esta última fue redactada por los burócratas del Departamento Ideológico.

Haciendo gala del secretismo y el pésimo oficio periodístico que caracteriza a “esta gente”, la información no precisa si el Comité Central aprobó todo lo elaborado por la comisión parlamentaria o le hizo alguna modificación. Sí se reitera que el texto definitivo será aprobado de manera formal por la Asamblea Nacional, que ha sido convocada al efecto para el próximo día 21. Asimismo se ratifica que el documento definitivo será sometido primero a consulta popular y, después, “a referendo”.

Con respecto a este último paso, son conocidas las declaraciones hechas por diversos comunicadores y luchadores prodemocráticos. En ellas, estos últimos se pronuncian por exhortar al pueblo a que, en esta ocasión, acuda a votar, y a que lo haga por el NO. Así mismo lo hizo el autor de estas líneas, en un extenso trabajo publicado en CubaNet.

La novedad que ahora me inclina a abordar de nuevo el tema es la decisión recién adoptada en igual sentido por la Mesa de Coordinación del Encuentro Nacional Cubano (ENC). Se trata de la más importante y nutrida coalición de organizaciones prodemocráticas —radicadas tanto en la Isla como en el Exilio—, la cual fue constituida en San Juan, Puerto Rico, en agosto de 2016.

Con ese importante acuerdo, el ENC se convierte en la primera entidad opositora que acoge la idea de votar NO en el referendo. Esta postura, como queda dicho, ya había sido exteriorizada por otros compatriotas, pero sólo a título personal.

Resulta conveniente significar que, aunque el Encuentro, con esa decisión, se ha colocado a la cabeza de la campaña que ahora se inicia, no lo hace con espíritu exclusivista ni animado por ansias protagónicas. Todo lo contrario: El talante que prima en sus filas es la de ser inclusivos, la de dar la bienvenida a cualquier coincidencia que, en este tema puntual, pueda existir con otras organizaciones prodemocráticas cubanas.

Todas estas últimas son bienvenidas en plano de igualdad, pero las realidades nos obligan a poner en primer término a las radicadas en la Patria. El régimen, de manera arbitraria, no reconoce el derecho al voto de los residentes en el extranjero, que son tan cubanos como los de la Isla. Contados al bulto, se trata de dos millones de personas, en su gran mayoría hostiles al sistema que arruinó a Cuba y los forzó a emigrar.

Está claro que los castristas no quieren tener que contar esa masa de votos adversos. En esto se diferencian de muchos países hermanos, que sí les reconocen ese derecho a sus nacionales instalados fuera del país. Lo anterior incluye a varios cuya ideología coincide con el castrismo; se trata de países del llamado “socialismo del siglo XXI”, tales como Ecuador y la misma Venezuela.

No es fácil la tarea a la que tendrán que enfrentarse ahora los miembros del Encuentro Nacional Cubano y de otras organizaciones que participen en la Campaña por el NO: Los medios de difusión masiva y el aparato electoral están controlados totalmente por el régimen. En los ciudadanos impera el miedo inoculado por más de medio siglo de control total y represión a ultranza. La desinformación es rampante.

Pero, pese a todo, hay esperanza: La que nace de la misma desesperación de un pueblo entero que por primera y única vez, al cabo de 42 años de vigencia de la llamada “Constitución socialista”, tiene la oportunidad de decirle NO al régimen que lo acogota. Y que la va a aprovechar.


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