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(chiringadecuba.com)

LA HABANA, Cuba.- Tras varios meses de estudio, y después de algunos tanteos que incluyeron el tope de tarifas y el afianzamiento del control sobre los taxistas privados, las autoridades han dado a conocer los pormenores de un nuevo experimento con vistas a “reordenar” el servicio de transporte de pasajeros que brindan los trabajadores por cuenta propia en La Habana. El experimento comenzará a aplicarse el próximo 8 de octubre.

A primera vista pareciera que no hay imposiciones por parte del gobierno, pues los taxistas que no deseen acogerse al experimento podrán seguir trabajando bajo la modalidad de “taxis libres”. Sin embargo, una lectura más detallada del proyecto de experimento nos induce a pensar de otra manera.

El sistema de transportación de pasajeros en la capital quedará estructurado mediante un sistema de 23 rutas, a las cuales serán asignados —sin posibilidad de moverse hacia otros lugares— los taxistas que decidan incorporarse al experimento. Se dice que tendrán facilidades para adquirir determinadas herramientas y piezas de repuesto, así como un posible descuento impositivo a la hora de presentar sus Declaraciones Juradas de ingresos personales. Estos taxistas no cobrarán libremente, sino mediante tarifas topadas a razón de cinco pesos cubanos (algo así como 20 centavos de dólar) por cada tramo de ocho kilómetros.

Los taxistas libres, por su parte, alquilarán mediante el sistema de oferta-demanda, y no podrán contar con los referidos beneficios fiscales ni de adquisición de herramientas y piezas de repuesto. Y lo peor: a estos taxistas les estará prohibido circular por las 23 rutas comprendidas en el experimento. O sea, que su radio de acción queda sensiblemente disminuido.

Tanto los taxistas que se acojan al experimento, como aquellos que no lo hagan, deberán habilitar cuentas bancarias para reflejar sus ingresos. Además tendrán la obligación de adquirir en las gasolineras estatales la cantidad de combustible que las autoridades estimen necesaria para el desempeño de su labor. De esa manera, mediante la cuenta bancaria —a la que seguramente tendrá acceso la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT )— y el registro de combustible consumido, las autoridades estarán al tanto, en todo momento, de la situación financiera de cada taxista. Un control perfecto sobre ellos.

Fuimos al encuentro de un taxista que cubre la ruta Alamar-Parque de la Fraternidad para que nos diera su impresión sobre el mencionado experimento: “No concibo un taxista que no pueda circular por las principales rutas de la ciudad. Así que eso de los taxis libres, en la práctica, va a ser una falsedad. Para mí la disyuntiva verdadera está entre aceptar el experimento o renunciar a la Licencia Operativa para ejercer la actividad. Y cualquiera de esas alternativas, como las contemplo ahora, resulta terrible. Porque cobrar mediante tarifas topadas es muy difícil para cualquier cuentapropista, y renunciar a la Licencia sería perder el empleo para muchos de nosotros”.

Y conscientes de que cualquier medida gubernamental aplicada a los taxistas particulares repercute en la cantidad y calidad del servicio que recibe la población, conversamos con un usuario habitual de esos almendrones (nombre común que reciben esos taxis fabricados en los años 40y 50 de la pasada centuria): “Mire, yo me altero cada vez que oigo que el gobierno mete las manos en el servicio de los taxis privados, porque siempre el resultado es que disminuyen los carros en la calle. Ahora mismo, si los taxis libres no pueden circular por ninguna ruta principal, y los otros deciden no entrar en el experimento, ¿qué queda para nosotros los pasajeros? Se ve bien que Díaz-Canel tiene su maquinón asegurado…


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