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Dirceu, al fondo, detrás de Lula y Dilma Roussef (elpais.com) BRASIL.- Las elecciones brasileñas caminan hacia una polarización derecha–izquierda en el segundo turno electoral. La izquierda del gigante sudamericano está representada por Fernando Hadad y la derecha por Jair Bolsonaro. La estrategia de la izquierda es manejada desde la cárcel por Lula Da Silva y dentro del PT, quien probablemente maneja el dinero desviado es José Dirceu.   Dirceu es un hombre de los servicios de inteligencia cubanos, que en su momento sufrió una cirugía plástica en la Habana, para ser despachado con identidad cambiada al Brasil, con vistas a espiar para Cuba en la época. Derrotada la dictadura militar brasileña, Dirceu recibió desde la Habana la orden de —desde su identidad verdadera— acercarse a Lula Da Silva y ser de los fundadores el PT, con vistas a controlar el partido y poder ser candidato a la presidencia. En paralelo, Cuba preparó junto a Dirceu, a Nicolás Maduro, para similar papel en Venezuela, es decir, acercarse a Hugo Chávez para constituirse en su hombre de confianza, como lo hizo.   Dirceu fundó con Lula el Partido de los Trabajadores, PT, y era su presidente cuando Lula ganó las elecciones del 2002. Fue nombrado Ministro dela Casa Civil, segundo hombre en el gobierno, y allí creó el llamado mensualón, destinado a desviar dinero del estado brasileño para comprar las voluntades de los congresistas, con vistas a ganar adeptos mediante la entrega de una jugosa “mensualidad” en efectivo, con la cual sería el centro de poder en el gobierno Lula.   Descubierto el esquema de Dirceu, él y sus cómplices fueron encausados por corrupción (eximieron a Lula de culpas sospechosamente) y Dirceu fue a la cárcel. Como el PT continuó en el poder, rápidamente Dirceu fue liberado y creó otro esquema, el de la Petrobrás, en el cual se “perdieron” de los cofres públicos unos 30 mil millones de dólares. Volvió a ser preso y condenado a más de 30 años de cárcel, pero otra vez está en la calle y dando las cartas.   El plan de Cuba y Dirceu es financiar al PT en las elecciones actuales (mucho dinero) con vistas a, como él ha dicho al periódico El País, “tomar el poder, que es diferente a ganar elecciones”. Entonces, la disyuntiva brasileña se resume a una elección entre un brasileño de derechas y un hombre que estará “teleguiado” desde Cuba —José Dirceu— tal y como hizo la isla con Nicolás Maduro a la muerte de Hugo Chávez, después de haber sido operado en la Habana, y “tomó el poder”.   Los dos primero mandatos de Lula deberían haber sido seguidos por la candidatura de Dirceu, pero ya estaba en la cárcel, y su sustituta, Dilma Rousseff, hizo las cosas tan mal que hubo de eliminarla. Ahora el plan es casi perfecto: Desprestigiar a un hombre de derechas —al que han satanizado— y elegir a un títere, que haga el asalto al poder que Dirceu prometió en El País y establecer en Brasil un esquema de gobierno chavista, similar al de su excompañero Maduro.   Brasil está a tiempo de desviar el curso de su potencial desastre, que apunta a la pobreza generalizada del socialismo del Siglo XXI —Cuba, Nicaragua y Venezuela—. No existen, en las condiciones actuales, otra alternativa: o la derecha, o el socialismo empobrecedor de Dirceu.


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