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Playa, La Habana, Yonás Bulnes, (PD) En artículos, análisis y publicaciones se suelen abordar temas que afectan al pueblo cubano, debido al mal proceder del régimen y el sistema por este instalado. Se habla poco de cuanta implicación ha tenido este pueblo en la afirmación de su desgracia. Resulta que si hay una mano que te oprime, es un acto de sumisión no hacer ni decir nada al respecto, mas que aceptar las cosas como están. Los únicos vencidos son los que no luchan.

Es que alguna vez hemos hablado de ciertos sirvientes o perros falderos de quienes dispone el régimen dispersos por instituciones y organismos, que gozan de total libertad y autoridad para trabajar en la coacción y el adoctrinamiento sistemático del pueblo. Más allá de eso, existe una triste figura que es la más viva encarnación de la ignorancia y la falta de sentido común. Es, se trata de la persona que sufre y padece las mismas necesidades y vicisitudes del cubano promedio. Personas que en muchos casos, se ven obligadas a formar parte del necesario mercado negro o acuden a él, para paliar algunas entre sus necesidades. Este es el único lugar o plataforma donde más allá de resolver, existe una relativa equivalencia entre precios y valor real de productos y servicios.

Esta figura es el verdugo del prójimo, ya que en lugar de reconocer en el prójimo que sufre y padece sus mismas necesidades, un compañero de lucha y de causa, lo ataca por ciega ambición y la incapacidad de reconocer al enemigo real.

Con prudencia, voy a ejemplificar algo. Alguien a quien conozco desde hace tan solo cinco meses, sufría una situación económica realmente extrema. Gracias a cierto estilo de economía informal, logró paliar esa situación al menos momentáneamente. Cierta persona dependiente también de la economía informal, al notar la mejoría, intentó venderle un producto en casi el doble del precio normal, además de comentar, que lo haría porque tuvo una sensible bonanza en los últimos meses.

Poco después, la persona en cuestión intentó cambiar de actividad, aunque en el mismo modelo informal. En su intento tropezó con un jefe de seguridad de una instalación pública que abiertamente permitía la proliferación del mercado y la economía informal e incluso era cliente de esta. Al notar este jefe que nuestro sujeto intentaba ganarse la vida como todos los demás. Simplemente fingió una fuerza moral que no disponía y prohibió a nuestro conocido ganar el pan de cada día.

Más adelante, nuestro conocido fue abordado por un segundo jefe de seguridad enviado por el primero, para explicar de forma más atemperada la misma situación. A pesar del atemperamiento, la explicación no tuvo sentido ni fuerza moral.

En primera instancia, el segundo jefe de seguridad, trató de establecer que los otros vendedores informales disponían de un derecho, que nuestro conocido no tenía, pues vendían algo que no se vende en la instalación.

Este argumento fue desenmascarado por nuestro amigo quien demostró conocer muchas o todas las actividades de venta informal con contraparte en el centro comercial. El funcionario trató de explicar que podía existir más de una razón por la cual los vendedores informales que conocían, son “sus vendedores” y no podrían aceptar uno más.

Sin mucho rodeo digo que todos esos argumentos suenan a justificación. Son la prostitución del carácter, pues si se intenta prohibir una actividad informal, se prohíbe para todo el mundo o no se prohíbe. Todo aquel que intenta tales actividades, tiene problemas o situaciones sociales, que provocan dicha situación.

Nuestro amigo no aceptó la formulación del funcionario, quien hizo énfasis en que la afirmación de nuestro amigo no fuera usada como argumento defensivo desde el hecho de que el centro está repleto con vendedores informales y todo fue un criterio de conveniencia de jefes de seguridad.

Se trata de que todos los cubanos tienen derecho a Cuba en todo el sentido de la palabra. Es preciso cubanos abrir los ojos. El bloqueo más peligroso puede estar o está en la mente del adoctrinado. Cuando digo adoctrinado, voy más allá del punto de vista político.
jonathanhaile@outlook.com; Yonás Bulnes


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