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LA HABANA.- Con solo 6 años la violencia de género marcó la vida de Iván Hernández. Hoy, con 31, cuenta que entonces no comprendía por qué los ojos de su madre se ‘tiznaban’ –pensaba por aquellos días- tras discutir con su pareja. O por qué este la castigaba, arrodillándola sobre unas ‘chapas’ que le dejaban la piel en ‘carne viva’.

Los maltratos hicieron que Ana Luisa, progenitora de Iván, perdiera la voluntad de vivir. Una tarde, esperó que su marido retornara del trabajo y, sin intercambiar palabra alguna, vació sobre sí una ‘vasija’ con alcohol, se prendió fuego y corrió a abrazarlo. Su cuerpo ardió hasta morir, pero el abusador escapó sin una sola quemadura.

Por estos días mucho se habla en la isla sobre violencia de género, machismo, sexismo y otros fenómenos que abordan en mayor o menor medida los abusos hacia la mujer.

Barrio adentro el término -confundido con la igualdad de género- continúa dentro del ‘closet’. Casi todos concuerdan en que las frases despectivas, los halones de pelo o la típica ‘galleta’ que ‘aclara’ quién es el macho de la casa, se interpretan como corrientes peleas domésticas entre marido y mujer.

La institucionalidad, contrario a la información que aportan los foros independientes, desde el Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX), dirigido por Mariela Castro, sostiene que en el país “no tenemos ‘femenicidios’… porque Cuba no es un país violento”.

No obstante, las estadísticas -escuetas- ratifican que la historia de Iván no es una excepción dentro del inmaculado discurso oficial. La última actualización sobre el tema, en el anuario del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), destaca que durante el bienio 2014-2015 en la isla fallecieron 293 féminas como consecuencia de algún acto de violencia de género.

El Código Penal vigente, por su parte, mantiene la inexplicable ausencia de figuras que tipifiquen el ‘femenicidio’ como delito.

Sin embargo, el entramado legal posee otros mecanismos -poco usados- que alegóricos a la violencia psicológica, física, sexual y económica, pudieran proteger la integridad del mal llamado sexo débil.

Lázaro Miguel Escalona, Instructor Penal de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), explica que los Delitos contra los Derechos Individuales, correspondiente al Título IX, Capítulo VIII de la Ley Sustantiva Penal, son la única herramienta judicial que de manera “interpretativa” castiga la violencia de género.

La norma jurídica, puntualiza Escalona, además incluye como atenuante el Agravante de la Responsabilidad Penal, contenido en su Artículo 53 en referencia a “ser cónyuge y el parentesco entre el ofensor y la víctima hasta el cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad”, utilizado en delitos contra la vida, la integridad corporal y otros que atenten contra el normal desarrollo de las relaciones sexuales, la familia, la infancia y la juventud.

Al respecto, otro agente del orden con más de 10 años de experiencia en las filas de la PNR, solicitando anonimato para prevenir posibles represalias por su testimonio, comunicó que las “normas” descritas se pueden interpretar desde varios ángulos y por diferentes cuestiones, “en las investigaciones se prefiere no asumirlas como violencia de género”.

Así mismo, abunda el oficial, la mayoría de los procesos judiciales vinculados a actos de violencia de género acaban desestimados, generalmente, porque las víctimas deciden retirar la denuncia o las autoridades entienden que así sucederá cuando la violencia no generó lesiones graves.

“Una realidad es que los agentes no saben cómo actuar ante estos casos. Los analizan como algo menor, como problemas conyugales en los que no vale la pena intervenir porque en cualquier momento la víctima retirará la acusación para regresar con el marido, y entonces se habrá trabajado por gusto”, dijo.

El mejor botón de muestra sobre el vacío de la ley y sus interpretaciones, añade la fuente citada, subyace en los asesinatos de mujeres por parte de sus cónyugues.

“Casi todos son vistos como crímenes pasionales. Ello supone una defensa para el victimario, que presumiblemente actúa afectado por una situación emocional. No pocas veces el agresor obtiene una sanción menor a 12 años de prisión”, destaca el oficial.

Junto a la falta de protección legal, la Licenciada en Psicología, Yadira Puig Jiménez, ilustra que otro grupo de factores se unen en “una complicidad tácita” para legitimar el problema.

Como condicionantes, Puig Jiménez, quien se encuentra al frente de una Casa de Orientación a la Familia (COMF), además del silencio de las víctimas señaló la trasgresión del verdadero roll masculino en la pareja, la popularización de tendencias sexistas promovidas desde la plataforma musical contemporánea y la proliferación de la violencia en espacios públicos.

“Como falsa teoría el hombre necesita imponer un respeto que le distinga, ante la pareja y la sociedad, como figura suprema. Esa concepción, a la vez, todavía la comparten muchísimas mujeres y algunas piensan que cuando son abusadas de cierta forma lo merecieron por errar en su comportamiento. Otras ni siquiera se dan cuenta que son víctimas de macro manifestaciones de violencia o machismo”, explica la psicóloga.

De acuerdo con la especialista, a pesar de los esfuerzos por alcanzar la equidad entre el hombre y la mujer, la violencia se ha vuelto un fenómeno cultural que exacerba el machismo y convierte a la mujer en “un pedazo de carne”.

Resalta Puig que una tendencia bastante común, especialmente entre los jóvenes, es la negativa a que la pareja trabaje en la calle. En ese modelo la mujer debe permanecer en casa, volcada todo el tiempo en la labor doméstica y siempre disponible como objeto sexual.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo siete de cada diez mujeres son víctimas de la violencia de género, mientras una de cada cuatro de ellas fue violada.

En la isla las cifras quizás no alcancen niveles tan alarmantes, pero sincretizada en los arraigos y la idiosincrasia del cubano, el maltrato hacia la mujer es un fenómeno creciente de una u otra manera victimiza a toda la sociedad.

Además de un código penal más acertado, se necesita dimensionar el problema con nuevos enfoques educativos, un cambio de mentalidad donde ‘llevar los pantalones’ no sea cosa del más fuerte.


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