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VILLA CLARA, Cuba.- Durante la última noche de octubre las calles de muchos países se llenan de personas disfrazadas para hacer travesuras y de niños cuyas fantasías se vuelven realidad y aprovechan la velada para pedir dulces de puerta en puerta. Cuba, tan empecinada siempre en no quedarse detrás en el escenario mundial, también ha asumido la fiesta de Halloween como suya y los negocios privados no desaprovechan esta oportunidad para crear ambientes tenebrosos y congregar a un público vestido para la ocasión.

Con motivo de este acontecimiento, la última vez que sonaron las alarmas de la censura cubana ante tal festividad fue en el 2014, cuando varios medios oficiales publicaban el estupor de cierta intelectualidad que temía que dicha “apropiación cultural” dañara nuestros “valores identitarios”.

El periodista y crítico cultural Pedro de la Hoz publicó en el periódico Granma, por aquellas fechas, un artículo guiado por el consumismo desmedido y la asimilación neocolonial de influencias foráneas. “Su­pues­tamente deberíamos levantar un altar a la diversidad cultural, las interinfluencias y la comunicación recíproca y plural. Pero no es así. La hegemonía de la industria cultural norteamericana impone hábitos de consumo, gustos, modos de pensar y actuar, de manera persistente pero sutil”; así refería de la Hoz.

No obstante, a tal anquilosada opinión, las celebraciones de estas “fiestas de disfraces” en la isla más que estimular el consumismo y reproducir patrones, desatan la creatividad y son la excusa perfecta para convertirse en cualquier personaje, pues Halloween puede perfectamente compararse con cualquiera de las festividades que tienen lugar en el resto de la comunidad internacional no anglosajona, y, por consiguiente, ser importada por otros países.

Según Yoandri Díaz, comunicador social de Santiago de Cuba, no puede negarse que “las celebraciones por la noche de brujas, como otras tantas tendencias internacionales, se han incrementado en Cuba; y la causa puede que sea ese sentimiento de algunos de estar a tono con un mundo culturalmente distante, con un ambiente y una realidad que nos fueron lejanos por mucho tiempo”.

Este joven no culpa a “la globalización desmedida como aseguran muchos, aunque sí puede que haya un poco de exotismo en el asunto. Sí creo que resulta más un ejercicio de democracia y de manifestación de identidad, incluso cuando la fiesta tiene su origen en países anglo”.

Algo similar piensa Beatriz Quintana, recién graduada de Arquitectura, cuando dice que “sí es un fenómeno que se está alimentando mucho en Cuba, pero más por la parte de las fiestas y la diversión; no es que nos estemos apropiando de una tradición per se. Creo que nos estamos inventando otra excusa para salir de fiesta”, acota.

Como bien se sabe, a Cuba llegan productos audiovisuales extranjeros a través del denominado paquete semanal, en los cuales, como mínimo, se hace referencia a esta jornada, y sin que nadie lo promueva o exista una paciente espera anual por este acontecimiento, las fiestas tienen lugar. La experiencia de Olivia Ferrer, vecina del capitalino barrio de Santo Suárez, así lo confirma. “Este año sí he visto mucho movimiento alrededor de Halloween. Desde el fin de semana pasado me he cruzado con niños disfrazados por la calle en dirección a fiestas, pero no es algo masivo. En general la gente se reúne, se disfraza o hacen fiestas del cheo (fiestas donde los cubanos se combinan mal las prendas de vestir, que generalmente evocan épocas pasadas). El tema que sí veo con más fuerza son las fiestas temáticas en los bares porque, como es de imaginar, a los dueños de estos locales les conviene mucho este tipo de eventos”, sentencia.

El estilista Jorge Luis Peralta frecuenta espacios privados para divertirse y, en consecuencia, considera interesante la iniciativa de dichos negocios de celebrar estas fiestas porque “debemos tener en cuenta que ellos asumen la celebración, conscientes de que esa iniciativa atraerá al público, lo que a su vez redundará en ganancias para ellos. Pero sería igual de genial que se hiciera con celebraciones de carácter nacional”.

Una publicación del sitio web de Vistar Magazine recomendaba ocho sitios de La Habana para celebrar este Halloween, entre los que se cuentan La Esencia, Fantaxy bar, Sangri-La, PaZillo, Espacios Tapas Restaurant, La Bonita, El Jíbaro y el icónico Parque G.

Para la arquitecta Beatriz Quintana, la iniciativa de los privados le resulta agridulce porque “como consumidora me parece bien para tener un rato agradable o ir a una fiesta original, pero al final lo que mueve a los dueños de bares y cafeterías es el dinero. Por eso no creo que sea sano dejar que personas que ya tienen bastante dinero me sigan sacando mis pocos quilos porque se inventan fiestas nuevas”.

Ella también apunta, desde la visión de la institucionalidad, que “la nueva clase adinerada en este país está importando tradiciones y conductas de películas que para el cubano de a pie no son realistas ni sanas; y lo cubano de verdad se está dejando de lado”.

Lo que sucede en realidad es que la gente vive Halloween “como solo puede vivirse en Cuba”, comenta el estilista Jorge Luis Peralta. “Tenemos un Halloween diferente: disfraces improvisados y decoración casera en la mayoría de los casos, pero la diversión siempre está garantizada como en cualquier otra fiesta que realizamos los cubanos”.

Al celebrar esta y otras fechas, los cubanos no perdemos parte de nuestra identidad y, de acuerdo con el comunicador Yoandri Díaz, “Cuba es tan emisor de cultura al mundo como consumidor de la que se produce allende los mares. No está mal que la gente conozca lo que se hace fuera de nuestras fronteras y lo practique; eso sí, debe hacerse con cordura, críticamente, sin dejar que lo extranjero haga metástasis y reduzca el espacio de lo autóctono, de lo cubanísimo”.

“Yo he visto como mucha gente en esta fiesta se disfraza de pionero, de guajiro o personajes cubanos”, dice Olivia Ferrer. “Por supuesto, también mucha gente se disfraza de Jack Sparrow o el Jocker; pero considero que para nosotros Halloween es una excusa para salir de fiesta y no una tradición como tal”, apunta.

Halloween en Cuba. Fotos del autor

Siempre el gobierno cubano ha rechazado cualquier tipo de influencia cultural norteamericana en nuestro país, sin tener en cuenta que durante mucho tiempo esta nación celebró Navidades y demás fiestas con completa naturalidad, patrones que aún permanecen en parte de la sociedad. Halloween no es una fiesta estadounidense por naturaleza, sino europea y que los habitantes de este archipiélago quieran sumirse en ella no representa una pérdida de nuestras tradiciones autóctonas; solo es una muestra de la carencia de ofertas culturales atractivas propias que mantengan vivos los sentimientos nacionales.


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