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cuba habana italia guanabo turismoHay italianos que poseen más de una vivienda o que han abierto más de un restaurante. (foto del autor)

LA HABANA, Cuba. – Al igual que hubo un verdadero barrio chino en La Habana republicana, hoy se pudiera decir que existe una “Pequeña Italia” —algo dispersa y menos floreciente que aquella colonia de asiáticos que, entre los años 40 y 50 del siglo pasado, estuvo entre las más coloridas y próspera de toda América Latina—.

Para muchos extranjeros, principalmente españoles, canadienses, mexicanos e italianos, la isla se ha convertido en lugar de recalo por las “bondades” de todo tipo que les ofrece un país donde ocupan un lugar de privilegio en la escala social, y donde el salario mensual promedio de un trabajador estatal apenas supera los 20 dólares. Una Cuba donde el simple hecho de no ser cubano o de serlo y haberse marchado para retornar más tarde con un poco de dinero en los bolsillos, puede abrir muchas puertas, incluidas las del matrimonio por interés o las del negocillo privado que, en el país del ciego, hace del tuerto un auténtico rey.

Así, detrás de cada casa de alquiler en la playa, “paladar”, bar o centro nocturno privado de algún relieve, aunque inscriptos en la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), está la mano de un extranjero con residencia temporal en la isla o de esos que viajan con mucha frecuencia a Cuba ya para revender mercancías introducidas como equipaje, ya para atender una relación “a caballo” entre el amor y el negocio, es decir, asuntos de “jinetes”.

En ese panorama tan peculiar, aunque sobresalen los negocios de españoles casados o en algún tipo de relación similar con cubanos y el de cubanoamericanos que usan la vía de las remesas familiares o la “repatriación” para planear sus inversiones, es el caso de los italianos el que más llama la atención por no estar integrados históricamente como cultura pero, además, por elegir lugares muy marcados para establecerse, como el poblado habanero de Guanabo donde hoy viven permanentemente cerca de un centenar de ellos.

Aunque solo unos pocos han adquirido la residencia cubana o han invertido en la creación de pequeños establecimientos gastronómicos o de renta de habitaciones, se cree que existan entre doscientos y hasta trescientos involucrados en la mayoría de los negocios abiertos en la localidad.

“Muchos no están registrados como propietarios de las casas de alquiler sino que usan testaferros, que pueden ser hasta sus propias esposas, hijos, sus parejas y también amigos”, afirma Areléis Linares, quien fuera especialista de la Dirección de Vivienda en la localidad: “Hasta enero de 2017, y en solo dos años, se habían registrado unos cuarenta y tantos posibles actos de compraventa de casas y apartamentos por esposas e hijos de italianos no residentes en Cuba, casas que después fueron remodeladas y transformadas en hostales, se les hicieron piscinas o se les adjuntaron negocios gastronómicos, todos a nombre de cubanos”, asevera Linares.

“Hay italianos que poseen más de una vivienda o que han abierto más de un negocio, algunos viven en Cuba o vienen cada cierto tiempo a vacacionar y de paso ver el negocio, recoger el dinero”, nos cuenta Odalys, quien trabaja como responsable de tres casas de alquiler pertenecientes a un italiano.

“(Él) se jubiló allá en Italia y vino de vacaciones, conoció a la que es su esposa y se casaron pero al tiempo se fueron a vivir a Italia (…), lo único que sé es que una de las casas es de la mamá de la chiquita porque ella a veces se queda ahí una semana, quince días, y hace poco estuvo haciendo trámites y esas cosas para echar otro piso y poner un muro, pero las otras dos no sé si están a nombre de un primo o de un hermano, pero la verdad es que son del italiano que es al que tengo que darle el dinero cuando viene”, afirma Odalys que recibe como pago un porciento mínimo de las ganancias, además de permitírsele residir junto a su esposo, jubilado como ella, en una pequeña vivienda al fondo de una de las casas de renta.

Pero si las casas de renta no permiten constatar a simple vista la magnitud de las inversiones de italianos, puesto que la mayoría aparece como propiedades de cubanos, la veintena de establecimientos gastronómicos que existe en Guanabo muestra un fenómeno que no se limita a ese pueblo habanero, sino que nos da una visión sobre lo que está sucediendo con el auge del “cuentapropismo” a nivel nacional.

El aparente “desarrollo” del sector es cuestionable, en tanto muchos de los propietarios registrados como tal no son más que intermediarios, meros empleados, por lo cual las ganancias declaradas ni son reales ni mucho menos permanecen en el país.

“En realidad en muchos de esos negocios ni se declaran las verdaderas ganancias ni los dueños son los verdaderos dueños”, afirma un exfuncionario de la Dirección de Turismo en Habana del Este, entrevistado al respecto bajo condición de no revelar su identidad.

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“Son intermediarios que a su vez mantienen arreglos con inspectores y funcionarios para poder esquivar los obstáculos que sabemos existen en Cuba para el cuentapropista (…), en el caso de Guanabo se sabe lo que sucede con el otorgamiento de licencias para reparar, construir, abrir un negocio (…), como mismo corre mucho dinero para que nadie vea nada, también sale (de Cuba) mucho dinero que no puede pasar por los bancos, y los italianos han encontrado en Guanabo un paraíso (…), sí, aunque hacen redadas de vez en cuando, hay prostitución, mucho más que en la misma Habana, y todo lo que viene con eso, además que es un lugar barato para muchos extranjeros que vienen a pasarla bien pero con muy poco dinero, y ese es el caso del turismo italiano que llega a aquí”, dice quien hoy, después de jubilado, trabaja como chofer y mensajero en uno de los tantos restaurantes de comida italiana que existen en Guanabo, algo que le ha permitido un mejor salario que el de funcionario estatal, pero no comparable con las ganancias de su empleador, un italiano, maestro de escuela, que apenas invirtió algunas mensualidades de su pago por jubilación.

Propicio el contexto, los italianos continúan colonizando clandestinamente Guanabo al punto que no es difícil, en algunos comercios, escuchar su idioma más que el español de los relegados cubanos, desplazados de las mejores propiedades ante la disyuntiva de renunciar una casa familiar o sucumbir a la pobreza extrema.


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