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Daños ocasionados por el tornado el pasado 27 de enero en varios municipios capitalinos. Foto Archivo

LA HABANA, Cuba.- Esta semana, el “sucesor” Miguel Díaz-Canel escenificó un episodio más de lo que, al parecer, desea convertir en una costumbre: asistido de funcionarios de alto nivel, participó en otra mesa redonda. El tema central volvió a ser la recuperación de La Habana tras el paso del tornado que afectó varios municipios capitalinos.

El tono empleado por el actual Jefe de Estado y Gobierno fue optimista, de una manera que bordeaba el triunfalismo. Según afirmó, más del 10 por ciento de los casos han sido solucionados; y más de la mitad de los damnificados ya “tienen en sus manos los recursos necesarios para reponerse de las afectaciones”. ¿La conclusión?: “Trabajando a ese ritmo, antes de que termine el año podremos tener resueltos la mayoría de los casos”.

La arremetida propagandística no se limita al flamante “Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros”. Las palabras de éste se suman a los reportajes que se hacen en cada emisión del Noticiero Nacional de Televisión (sin faltar una). Día por día se confecciona un detallado inventario de cada techo que se pone o cada pared que se levanta.

La intensa actividad que ciertamente se ha desplegado en la capital para resolver las afectaciones ocasionadas por el tornado, contrasta notablemente con la lentitud extrema con que el régimen enfrentó los destrozos causados por ciclones, que, a lo largo de los años, han castigado distintas zonas del interior de la república. ¿A qué puede deberse tanta diferencia?

Las posibles respuestas son variadas: ¿Se prefiere a La Habana debido a su mayor población (la quinta parte de todo el país)? Está claro que una protesta en la gran metrópolis está preñada de todo género de posibilidades desfavorables para la dictadura; el fantasma del “Maleconazo” sigue quitando el sueño a los encumbrados jerarcas comunistas.

¿Se trata quizás de la mayor facilidad que existe para reparar los daños del tornado? (Téngase presente que este meteoro fue, sí, muy intenso, pero sólo afectó a una banda con una anchura máxima de algunos centenares de metros, mientras que un huracán golpea a provincias enteras). ¿O se aspira a que el nombre del nuevo Jefe del Estado quede asociado en las mentes de sus súbditos con una actividad intensa, rápida y efectiva, que contraste con las demoras de años anteriores?

Todas esas explicaciones caben dentro de lo posible. Pero ninguna de ellas deja bien parado al régimen castrista. La idea de privilegiar la capital por el mayor potencial que tendría una explosión de descontento popular, o para hacer una campaña de propaganda aprovechando la mayor facilidad para reparar los daños o para provocar contrastes con los jerarcas pasados, parece bastante negativa. De hecho, se parece demasiado a la demagogia y la politiquería que los castristas tanto critican cuando es un “dirigente burgués” quien las utiliza.

El suceso ha permitido también constatar cuánto han cambiado nuestros compatriotas. Y para mejorar. Incluso Cubadebate, un sitio-web que es súmmum del oficialismo, se ve obligado a reflejar, al menos en parte, las duras realidades que enfrenta en su patria el ciudadano de a pie.

Hay —es cierto— comentarios que parecen extraídos de un editorial del Granma. ¿Serán personas deseosas de congraciarse con el poder? ¿O se tratará de estudiantes de informática haciendo sus tareas? Pero otras de las notas plantean las cosas por lo claro. Quien tenga la paciencia de hurgar entre los escritos obsecuentes y las protestas de eterna fidelidad a eso que siguen llamando “la Revolución”, podrá constatar que nuestros compatriotas ya no guardan el silencio de antaño.

Marcial hubiera preferido que el titular del reportaje, en vez de hablar sobre “la recuperación de La Habana”, se hubiese referido a la del país.

“Diez de Octubre” expresa preocupación por las palabras de un delegado: “hay que tener en cuenta no sólo a los que afectó directamente el tornado, sino también a los aledaños; con esta expresión veremos dentro de poco que las cifras de viviendas afectadas va a crecer exponencialmente”. Este usuario continúa su edificante comentario diciendo que hay personas que se declaran afectadas, lo cual es mentira. “Simplemente se quieren aprovechar de las bondades y de la ayuda que se está dando, y hasta llegan a ser ofensivos y amenazan (unos con el Comité Central y otros con los grupos de derechos humanos) con denunciar que no los atendieron debidamente”.

Manuel conmina a “acercarse [a] los otros pueblos que durante todos estos años han sido afectados por huracanes y para los cuales ni gobiernos ni artistas ‘preocupados’ han logrado una recuperación similar”. Dany expresa no entender que “hay personas todavía que no se han recuperado del huracán Irma en la costa norte de Ciego de Ávila. AÚN NO TIENEN DÓNDE VIVIR”, destaca. Alexander acota: “Mi casa está en peligro de derrumbe desde el ciclón Charlie (2004)”.

Con respecto a los casos de ese tipo, Pedro Cabrera exhorta a cada quejoso: “DENÚNCIELOS a todas las instancias […], pero con datos reales, diciendo dónde, con quién se vio, quién evadió la respuesta, etc.”.

Un rato más tarde, Rigo le responde: “Autoridades nacionales han reconocido […] que hay muchas personas que llevan de 15 a 20 años albergadas por afectaciones de eventos meteorológicos; eso no es ciencia ficción. En Pinar del Río hay miles de casos pendientes de los huracanes del 2008 (Gustav y Ike), que ya superan los 10 años”.

Pero el mejor comentario de todos (en mi opinión) es el de Mike Ortiz: “Este país (al que amo con la vida) se nos está cayendo a pedazos”. “El 40% [de las casas de familia] está en mal estado”. El “programa utópico de resolver el tema vivienda en 10 años es otro paño tibio”. Y concluye: “Es hora ya de comenzar a llamar las cosas por su nombre, reconocer que somos ineficaces, que no podemos con todo ni con todos, que hay POBREZA, que hay desabastecimiento y esto sencillamente genera desconcierto y HAMBRE”. ¿Quién escribe esto? “Soy militante del PCC y trabajador, pero por encima de todo realista”.


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