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Liu CobasLiu Cobas. Foto del autor

LA HABANA, Cuba.- Conocer a Liu fue como descubrir al personaje de una novela. La he seguido por su barrio, Guanabacoa, mientras, con esa figura cimbreante, frágil, carga bultos que contienen el vestuario y la utilería a usar en una obra; mientras busca desesperada en la tarde lluviosa, un lugar bajo techo donde le permitan ensayar. Hay que amar mucho el teatro para enfrentar por él incomodidades, incertidumbre y hasta rechazo familiar y social.

¿Cómo fue tu infancia?

Liu Cobas: A pesar de haber nacido en el 94, en pleno Período Especial y en medio de una “destructura” familiar, desde niña aprendí a buscar el lado positivo de las cosas. Era muy soñadora, pero también rebelde. Siempre he tenido la necesidad de buscar la verdad, de defender mi derecho a decir y a luchar por mis sueños, lo cual resultaba contrario a lo que me enseñaban en la escuela.

¿Cuándo descubriste que tu vocación era la actuación?

LC: Creo que era mi destino, desde pequeña imitaba a los actores, a los bailarines y cantantes de la televisión. En la secundaria pasé por talleres literarios, pintura, música y finalmente me topé con el teatro. No creo que haya aparecido en mi vida por casualidad. Cuando actúo soy libre para decir y mostrar la verdad, y libre para soñar.

Liu Cobas. Fotos del autor

¿Has podido encausarlo como una forma de vida?

LC: La verdad es que no, el arte en sí es un camino de sacrificio, de fe, el proceso se complica porque mi propio país no me da opciones.

El aprendizaje teatral de Liu comenzó en un taller para estudiantes interesados en ingresar a la Escuela Nacional de Arte. El grupo no tenía un local estable, “por incidencias del director en historias muy turbias”, cuenta. “Se hablaba de estafa de dinero a otros alumnos y de relaciones sexuales con menores de edad”. Con ese grupo pudo hacer la obra Molinos de viento, pero los precios que debía pagar para estar ahí fueron aumentando y terminó abandonando el proyecto.

Después llegó el teatro Play-Back, que “utiliza la actuación para sacar el mundo interior del espectador, convirtiéndolos en los verdaderos protagonistas de una obra”, dice emocionada. Cataloga esa experiencia como la más hermosa de su vida. Más adelante se encuentra con José Raúl Acosta, estudiante de dramaturgia, y aprende más sobre la técnica del actor, la colocación de la voz, la energía del cuerpo y la disciplina.

Pero entonces decidió irse para Korimakao, un centro comunitario ubicado en la Ciénaga de Zapata. Esperaba “aprender, conocer y hacer felices a esas personas que no tienen más que bohíos y una maleza extensa”. Pero chocó con la insolidaridad de los propios habitantes, que no comprendían ni apoyaban el proyecto dirigido por el actor Manuel Porto. “Incluso sufrimos un sabotaje en una de las giras”, recuerda Liu.

A esa decepción se sumó la de descubrir que el principal interés de los organizadores era cumplir con el espectáculo anual en homenaje a la batalla de Playa Girón. Eso les garantiza viajes al exterior, donaciones y pagos semanales de visitantes extranjeros. “Pero los trabajadores no obtenían ganancias de eso, -refiere-, y los integrantes del proyecto éramos los esclavos, con una pésima alimentación, bajos salarios y madrugadas sin dormir ensayando el decadente homenaje a los líderes de la Revolución”.

Liu Cobas. Foto del autor

Las oportunidades para una actriz sin un título que la acredite se reducen a impartir clases en una Casa de la Cultura. Pero para Liu la función de estas instituciones es “censurar y controlar a todo movimiento o artista independiente, una realidad que confirma el decreto 349”.

Entonces se reencontró con Adonis Milán, director de Perséfone Teatro, y el joven director le propuso trabajar con él.

LC: Al principio sentía mucho miedo, no estaba de acuerdo con el sistema, pero no estaba segura de si esa era la forma de enfrentarlo. Las Troyanas es una tragedia de Eurípides, habla de la guerra de Troya, pero centra su atención en la mujer, y en cómo Hécuba, Casandra, Andrómaca, Helena, de ser reinas, pasaron a convertirse en esclavas. Milán las identifica con las mujeres dentro de la disidencia en Cuba, y cómo éstas, desde su vocación, luchan contra un sistema carente de moral. Andrómaca, la esposa de Héctor, es el personaje que eligió para mí. Representa la revolución, el grito de libertad, la fuerza para seguir adelante después de haber perdido a su esposo y a su único hijo.

¿Qué ha significado para ti en cuanto a lo que Perséfone Teatro tiene de transgresor, de subversivo?

LC: Creo que es lo mejor que me ha pasado. La vida en sí es para los valientes, y cuando emprendes el viaje a la libertad siempre hay riesgos. Según Adonis, Perséfone es una barca, pero sólo para quien esté destinado a montar. Y en esa barca se descubre a sí mismo. Hay quien llega a puerto, hay quien, por miedo, decide no llegar, hay quien sigue el viaje… Y yo he decidido seguir.

Adonis Milán y Liu Cobas. Foto del autor

¿Te identificas con la metáfora de Perséfone: muerte, destrucción, transformación?

LC: Vivimos en una sociedad azotada por la psicosis, el bloqueo interno, la conformidad y el desinterés hacia lo cívico. Nacer en Cuba no sé si es un orgullo o una desgracia, pero me hace sentir exactamente como lo que propicia Perséfone. Hay algo muerto dentro de mí, algo que me destruye desde mis miedos, que se transforma, y lo hago válido a través del teatro, cada día insistir en creer que se producirá un cambio.

La realidad cubana se expresa en ese mismo concepto: un país dentro de un proceso de transformación, que aún no ha florecido. Los cubanos ya no tienen sueños que perseguir, solo siguen el patrón establecido. Tantas veces han sido engañados que se perdió esa necesidad de luchar por una verdadera libertad, son muy pocos los que no han perdido la luz. Aquí todo está destruido, no solo la arquitectura, sino el cubano mismo como individuo.

¿Cómo es la vida de un artista “no instituido”?

LC: Lo primero es poder toparte con las personas correctas que hacen arte independiente. Entonces aprender de ellos, estudiar mucho, buscar un trabajo extra para tus gastos diarios. Tienes que encontrar tu estilo, crearte un currículum, hallar el espacio para los ensayos, hacerte visible y conseguir que un día alguien se interese en lo que haces, e invierta en tu trabajo. Y lo otro es soportar humillación y castigo por parte del Estado. Ellos quieren controlar todo y ven a los artistas independientes como un peligro. Nos llaman terroristas, gusanos, mercenarios…

Foto del autor

A pesar de todo, ¿sientes que tienes un futuro en Cuba?

LC: Siempre he escuchado que el futuro es imprevisible, lo que construyes en el presente será el resultado por venir. Y ya vemos cuán decadente es nuestro presente. Si queremos un futuro para este país, para nuestros hijos, una Cuba próspera y de ciudadanos libres, con igualdad de oportunidades e igualdad ante la ley, una democracia donde se respete nuestro derecho a elegir el hogar de todos, sin miedos ni hipocresías, donde podamos realizar nuestros sueños, creo que el cambio está en nuestras manos. Pero en lo personal, no veo un futuro para mí sin antes haber conocido otra parte del mundo.


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