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El Cerro, La Habana, Emaro, (PD) Hoy he estado observando un programa televisivo en el Canal 27 local de la capital donde se hablaba de la vivienda y varios funcionarios del ramo ofrecían explicaciones de que se planifica hacer.

Por una parte es bueno ver a algunos periodistas preocuparse por lo que se está haciendo con uno de los innumerables problemas que tenemos en esta isla y se trata del estado de mantenimiento constructivo de todas nuestras urbes, en especial La Habana por ser la mayor y donde más cubanos residen.

La ciudad arrastra ya más de sesenta años de abandono en todos los sistemas que la hacen habitable. Por ejemplo: el diseño del entramado vial es casi el mismo que mejoró Batista con su Plan de Obras Públicas a mediados de los cincuenta del siglo anterior (cuando retiraron a los tranvías). Un poco más de automóviles y los atascos serían constantes. De ayer a hoy la población de esta ciudad se ha sextuplicado, pero no ha crecido mucho la densidad vehicular que debe ser una de las más bajas del planeta.

Otro gravísimo problema es el abasto de agua en sistemas con cinco, seis y siete décadas de uso que están totalmente obsoletos y no satisfacen las necesidades de la población ya casi a nivel de tragedia. Por ejemplo, en los municipios de Habana Vieja, Centro Habana, Cerro, Diez del Octubre y otros casi todas las edificaciones cuentan con cerca de cien años de construidas, no poseen cisternas, motores elevadores de agua, ni tanques en sus azoteas. Cuando abren las válvulas del acueducto tiene que ser a baja presión pues los tubos estallan de podridos y el agua no llega a los segundos terceros y demás pisos. La población tiene, cuando mejor, que cargarla de los vecinos de los bajos, si es que pueden y tienen alguno de los convivientes lo suficientemente fuerte y hábil. Los sistemas eléctricos están parecidos y causa muchas veces horror ver las cablerías locas, acomodadas como quiera, en las entradas de los edificios viejos, donde están los metros contadores.

Los ascensores están casi todos muy deteriorados y si usted sube a alguna azotea con extensa vista podrá ver a una ciudad absolutamente despintada, con paredes ya ennegrecidas que necesitan varios tratamientos y no solo con pinturas. Digamos que usted se hospeda en el hotel Lincoln y abre una ventana, el paisaje a su alrededor le provocará una profunda depresión y no podrá disfrutar de su estancia.

Si usted visita las edificaciones de estos municipios que les hemos enumerado arriba, ninguno conserva su diseño original y le han agregado todo tipo de estructuras de concreto, acero, o madera sin ningún interés artístico o estético, en especial las famosas barbacoas que tantos derrumbes han provocado.

Ahora ¿cuál es la solución que el gobierno pretende dar a la intensa y urgente necesidad de viviendas para todo el país?: Utilizar materiales locales con ingeniería local, es decir, cualquier cosa que se le pueda echar mano lo más sencillo posible. Eso incluye tabla de palma, guano, tejas corrugados de cartón asfaltado, aluminio o acero sin protección, asbesto-cemento, no importa que sea cancerígeno. Nadie lo sabe.

En ejecutivo conoce que desde el último censo se reportó que el país necesita más de doscientas mil viviendas tipo Uno, es decir, con paredes de bloques o ladrillos y techos de concreto pesados inclinados o planos para que resistan algo a los cada vez más intensos huracanes, no covachitas que se vuelven a ir con los próximos vientos plataneros.

Pero en La Habana es peor. ¿Dónde están las inmobiliarias que se necesitan con urgencia para renovar toda la ciudad, o usted va a permitir que los vecinos continúen construyendo como les parezca, como puedan? Ya hasta los edificios de Micro son irreconocibles con protuberancias ilegales por todas partes.

Claro, le estoy pidiendo peras al olmo. Cómo el gobierno se va a preocupar por conservar la belleza arquitectónica de una urbe que cumple sus primeros quinientos años si ni para comprar alimentos tienen dinero. Los mercados están desiertos y los campesinos como que no pueden con el hambre de tanta gente.

¿Y si se cae Venezuela? No quiero ni pensar en ello. Me veré de nuevo recolectando yerbitas en el jardín del edificio para ver si se ablandan y saben bien con agua y algo de sal para el almuerzo, como en el 91, 92, 93… ¿Retornarán la Polineuritis, el Polivit, las Casas del Arroz Microyet (pelao), los bistec de frazadas de piso y las pizas con condones molidos a falta de queso, las ratas fritas, las tiñosas por pollo, el gato por conejo, las bicicletas chinas y la desesperanza?

Esa es la necesidad Uno. El que lo que queda de la hermosa Habana se transforme en un suburbio marginal como una favela brasileña o de Caracas viene a ser una tercera o cuarta prioridad o puede que incluso hasta más lejos. Así que ya usted sabe.
eduardom57@nauta.cu; Eduardo Martínez Rodríguez


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