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cuba fidel castro jose marti lanchita lancha regla fusilamientos fusiladosLos tres jóvenes asesinados en Cuba por el régimen cubano. Foto Internet

LAS TUNAS, Cuba. –  El fusilamiento tras un juicio sumarísimo de tres jóvenes cubanos de la raza negra, Lorenzo Popeyo, Bárbaro Sevilla y Jorge Martínez, ocurrido en la madrugada del 11 de abril de 2003, fue recordado por familiares residentes en Estados Unidos y en La Habana, entrevistados por medios de prensa fuera de Cuba. La prensa del régimen guarda silencio acerca de esos hechos.

Los afrocubanos fusilados fueron juzgados por la Ley No 93 de 2001, Ley contra Actos Terroristas, acusados por desviar la lancha de Regla en la bahía de La Habana con el propósito de emigrar a Estados Unidos, y, según el mismo Fidel Castro que personalmente dirigió la operación de captura, “por lo menos 28” de “los cuarenta pasajeros” que transportaba la embarcación, “no tenían implicación alguna”, por lo que, en el presunto acto “terrorista”, entre hombres, mujeres y niños, participaron unas doce personas, de las que todavía hoy algunas guardan prisión.

El periodista de Radio Martí Tomás Cardoso, en el programa Hoy en Cuba, pasadas las dos de la tarde de este jueves comenzó a leer una lista de nombres vinculados a las artes y las letras, quienes luego de la repulsa internacional por las penas de muerte impuestas, pretendieron justificarlas firmando una carta en apoyo a los fusilamientos, encontrándose entre los firmantes Silvio Rodríguez, Miguel Barnet, Amaury Pérez, Carlos Martí, Eusebio Leal, Alfredo Guevara (fallecido), Leo Brower, Chucho Valdés, Roberto Fabelo, Omara Portuondo…

Concluida la ristra de nombres, el conductor del programa Hoy en Cuba, preguntó a la mamá del afrocubano de 31 años de edad Lorenzo Popeyo Castillo, sepultado un día como hoy, 12 de abril, hace 16 años: “¿Qué nos puede decir al respecto Ramona?”

“Bueno, lo que le puedo decir es que, si esas personas que usted está mencionando apoyaron el fusilamiento, son tan asesinos como los Castro.”

“Usted sabe por qué… Porque esos muchachos no mataron a nadie ni hicieron nada ni eran terroristas como le ponen a ellos en la causa como para fusilarlos, como lo hicieron en nueve días, en un juicio sumarísimo, según el descaro del comunismo ese del país de donde yo soy.”

“Eso que ellos hicieron, el mundo entero sabe que ellos son asesinos, no de ahora, desde que empezaron. Desde que empezaron ellos están matando y matando gente como les da la gana a ellos.”

“Siento lo de mi hijo porque eso no tiene nombre. Señor… Yo conozco aquí personas que llevan 20 años esperando la muerte y no los matan. Y a mi hijo lo mataron en nueve días. En nueve días lo mataron.”

“En nueve días lo fusilaron. Y descaradamente, el jueves, cuando yo fui a verlo a la seguridad del Estado, un coronel me dijo, que no sé cómo se llama ni mi interesa porque todos ellos son iguales, pero me dijo, ‘señora, no se preocupe, que la sentencia de muerte no está firme’; eso fue el jueves, a las cuatro de la tarde, y el viernes, a las cinco de la mañana, me estaban tocando la puerta para darme la noticia que fuera a las diez de la mañana para el cementerio, que ya mi hijo estaba enterrado.”

“Señor… No tuve derecho ni de ver el cadáver de mi hijo… ¡Nada!”, dijo Ramona, ahora residente en Jacksonville, Florida, al periodista Tomás Cardoso.

Escuchando a la madre del fusilado Lorenzo Popeyo Castillo, me pregunto: ¿Cómo hubiera concluido el juicio de los acusados por los sucesos de la lancha de Regla si, Fidel Castro, como fiscal acusador, hubiera estado contra José Martí como abogado defensor…?

Vamos a Ver. Martí fue acusado de “infidente” en el verano de 1869, por una carta firmada por él y Fermín Valdés Domínguez, dirigida a un condiscípulo, por cierto, de apellido Castro y Castro, en la que lo califican de apóstata; cinco meses pasó Martí en prisión preventiva, hasta que, juzgado el 4 de marzo de 1870, asumió ser autor de la carta incriminatoria, aprovechando para acusar al gobierno de España en la isla por su régimen despótico en Cuba.

El fiscal, como el fiscal acusador por los sucesos de la lancha de Regla, pidió pena de muerte; pero, a diferencia del jurado que condenó al paredón de fusilamiento a los tres jóvenes afrocubanos que pretendían irse a Estados Unidos en la lancha de Regla, el tribunal que juzgó a Martí lo condenó a seis años de presidio con trabajo forzado. Fue llevado al Presidio Departamental de La Habana el 4 de abril de 1870, luego, recién había cumplido 17 años de edad. Sería el preso número 113 de la Brigada I de Blancos. El trabajo obligado de picapedrero desbarataría la salud de Martí, por lo que fue amnistiado el 26 de septiembre del propio año de 1870.

Ya en el destierro, Martí matriculó Derecho y Filosofía en la Universidad Central de Madrid, por el curso que hoy conocemos como a distancia o curso libre. Pero no es hasta mayo de 1872, ya trasladado a la Universidad de Zaragoza, que, José Martí y Pérez, matricula Derecho Penal.

He traído esta breve, pero obligada cronología martiana para llevarla a una colación imprescindible en el caso que nos ocupa hoy: el de los fusilamientos de los muchachos que fueron sepultados a escondida de sus familiares un día como hoy, para más, viernes, como aquel 12 de abril de hace dieciséis años.

Bien, a lo que vamos. Martí, sí, fue un abogado, pero, intelectualmente, no fue un jurista. No produjo Martí una obra escrita aplicada a la ciencia jurídica, ni en lo académico ni en lo periodístico, tocaría el tema, pero calamo currente.

Pero no fue al correr de la pluma que Martí escribió… no sé ni como llamarlo… unas notas, un cuadernito, digamos un opúsculo que, para mi gusto, es el mejor alegato contra la pena de muerte que yo he leído. Y lo escribió en 1871, cuando tenía 18 años, cuando ni nociones de ciencia penal tenía, recuérdese que matriculó Derecho Penal en 1872.

¿Qué llevó a José Martí entonces a escribir en un cuaderno de notas lo que, frente al fiscal acusador Fidel Castro, hubiera sido la exitosa defensa de los jóvenes acusados de terrorismo en abril de 2003 por los sucesos de la lancha de Regla?

En su defensa contra la pena de muerte Martí dijo: “Pero si al matar el cuerpo, habéis dejado libre el espíritu inmortal, sin haberlo corregido, sin haberle hecho más que enconarlo y enfurecerlo durante algún tiempo, ¿qué consecuencia moral, qué utilidad trae vuestra pena?”

La “consecuencia moral”, la inutilidad de la pena de muerte en Cuba es bien conocida. Mientras las cenizas de Fidel Castro permanecen dentro de un pedrusco, desde un atril, descascarillado por las repeticiones, el general Raúl Castro dice que, “es necesario que estemos alertas” porque “enfrentamos dificultades adicionales” y que la “situación pudiera agravarse en los próximos meses, por lo que “tenemos que prepararnos para lo peor”.

Y… esperando “lo peor”, artistas firmantes de cartas concordantes con sentencias de pena de muerte, sacan de paseo a sus perros, cumpliendo con el Derecho de los Animales, mientras mujeres, hombres y niños atraviesan selvas, huyendo de Cuba, y Ramona, una cubana residente en Jacksonville, Florida, llora los fusilados huesos de su hijo en Cuba, cadáver que no pudo ver cuando un día como hoy, de madrugada lo enterraron en La Habana, de la que quería irse.


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