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Carlos Alberto Montaner

Muchos políticos no entienden que se está terminando la etapa de la impunidad Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Así parece. Cada día que pasa se incrementa la lista de los cleptócratas venezolanos señalados como indeseables por Estados Unidos y la Unión Europea. No es sólo una cuestión de hostilidad política. Existe una reacción internacional contra la corrupción. Washington y Bruselas se la han tomado en serio. No es un fenómeno coyuntural. Es una práctica que continuará y se expandirá hasta que todas las naciones la imiten más o menos voluntariamente.

Numerosos políticos, a lo largo y ancho del planeta, no entienden que se está terminando la etapa de la impunidad con los delitos relacionados con la corrupción en el ámbito público. Durante milenios, la norma era que quien ostentaba la jefatura del Estado se repartía la mayor parte de las rentas con los poderosos. El monarca y su camarilla enriquecían a los cortesanos y estos los sostenían en sus cargos. Los nobles ni siquiera pagaban impuestos, pero tenían entre sus obligaciones apoyar al rey en sus aventuras militares.[[QUOTE:En ese universo corrupto existe una alianza secreta entre el poder político y el económico]]

Así sigue ocurriendo en las dos terceras partes del mundo. En ese universo corrupto existe una alianza secreta entre el poder político y el económico. Incluso, en las naciones en las que tal cosa no se permite, se acepta que las empresas sobornen a los funcionarios y políticos de países en los que se practica la corrupción. En Alemania, hasta hace pocos años, era legal pagar “comisiones” en el extranjero a quienes decidían las licitaciones.

En España, donde el bipartidismo está a punto de colapsar debido a la corrupción de populares y socialistas, se supo que los Bancos BBVA y Santander financiaron ilegalmente la elección de Hugo Chávez en 1998 con un millón de dólares cada entidad. Adquirían (inútilmente) protección, como se había hecho siempre en la etapa democrática de Venezuela. Sólo que en esa oportunidad “era comprar soga para su pescuezo”.

Me lo dijo, preocupado, un empresario español de una multinacional: “vaya usted a hacer negocios a América Latina, África, Asia y al mundo árabe sin ofrecer sobornos. No se come ni una rosca”. Incluso, eso era lo que sucedía en la propia España hasta hace pocas décadas, cuando ni siquiera estaba tipificado el delito de “tráfico de influencias” y la transición a la democracia se financió ilegalmente alimentando a los partidos políticos al margen de las leyes.

Pero como todo evoluciona, incluidos los hábitos y costumbres, los políticos estadounidenses han globalizado la influencia adecentadora con su “Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero” (Foreign Corrupt Practice Act). La empresa norteamericana que actúa en el exterior tiene que atenerse a ella, y cuando no lo hace, como sucedió con IBM en Argentina, debe pagar las consecuencias.[[QUOTE:Esto no quiere decir que los norteamericanos son más honrados que el resto de los mortales, sino que están obligados a cumplir las reglas porque viven en un Estado de Derecho notablemente punitivo]]

Esto no quiere decir que los norteamericanos son más honrados que el resto de los mortales, sino que están obligados a cumplir las reglas porque viven en un Estado de Derecho notablemente punitivo que mantiene a tres millones de personas tras las rejas y con el calabozo no se juega. A lo que se agrega la labor de la DEA (Drug Enforcement Administration) que persigue el tráfico de estupefacientes, o la OFAC (Office of Foreign Assets Control), Oficina de Control de Activos, capaz de imponer enormes multas cuando se viola la legislación americana, como les ha sucedido a grandes bancos suizos y franceses.

En el gobierno de Estados Unidos se va abriendo paso la hipótesis de que no sólo el tráfico de drogas pone en peligro la seguridad nacional, como sucede con el terrorismo o la inmigración ilegal, sino también la corrupción que ocurre en otros países, por todo lo que tiene de desestabilizadora y por ser, potencialmente, capaz de desatar la violencia en los estados fallidos.

El influyente Carnegie Endowment for International Peace (CEIP) lo ha establecido en su informe Corruption: The Unrecognized Threat to International Security (Corrupción: La amenaza no advertida a la seguridad internacional). Ese trabajo aporta la visión que hoy impera en Washington y, en cierta medida, en Bruselas. Todo gobernante genuinamente preocupado debe dárselo a leer a su canciller. Por ahí van los tiros.

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Así parece. Cada día que pasa se incrementa la lista de los cleptócratas venezolanos señalados como indeseables por EEUU y la Unión Europea (UE). No es solo una cuestión de hostilidad política. Existe una reacción internacional contra la corrupción. Washington y Bruselas se la han tomado en serio. No es un fenómeno coyuntural.

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Expresidente Álvaro Colom, capturado este martes por delitos de corrupción (diario1.com) Corrupción, impunidad, CICIG y Guatemala Continue reading
Ninguna nación ha conseguido desarrollarse de forma sostenida sin recurrir a la economía de mercado Continue reading

Carlos Alberto Montaner

¿Por qué las personas no escarmientan en cabeza ajena? El comunismo provocó más de cien millones de muertos e incontables miserias a lo largo del siglo XX, pero cinco millones de españoles votaron por Podemos, una formación política leninista financiada en sus orígenes por el chavismo y por Irán, cuyos dirigentes apoyan a Maduro, a los Castro y a cualquier manifestación antidemocrática que se les plantee en el Parlamento español o en el europeo.   

Federico Jiménez Losantos trata de buscar explicaciones a esta suicida terquedad en un libro formidable, Memoria del Comunismo: de Lenin a Podemos, un irrefutable tomo de 700 páginas publicado con éxito notable por Esfera de los Libros (nada menos que seis reimpresiones antes de la presentación formal de la obra).

El propio Fidel Castro brindó una pista segura para entender el error de suscribir la visión comunista. Ocurrió en los noventa, cuando el Comandante se negó varias veces a rectificar el rumbo empobrecedor y criminal de su gobierno tras la desaparición de los subsidios soviéticos. Entonces dijo y repitió varias veces: “Nos invitan a que cambiemos al sistema capitalista, pero no al de Suiza, sino al de Haití, que es el que sueñan con imponernos”.

Y, en efecto, en Haití, un país infinitamente pobre y mal gobernado, existe propiedad privada y, al menos formalmente, una estructura republicana dotada de una Constitución bellamente escrita (24 veces) en francés, pese a lo cual la nación es un miserable desastre que exhibe tres millones de transterrados (de un total de 10) por falta de oportunidades, casi todos radicados en República Dominicana, Estados Unidos y Canadá.[[QUOTE:Fidel Castro, el Paranoico en Jefe, suponía que existía un concierto de países capitalistas del Primer Mundo que les imponía un modelo económico y político subalterno a los del Tercero]]

La primera falacia, origen de todos los disparates, deriva de la Teoría de la Dependencia, una estupidez conceptual a la que renunció hace muchos años Fernando Henrique Cardoso, uno de sus creadores.

Fidel Castro, el Paranoico en Jefe, suponía que existía un concierto de países capitalistas del Primer Mundo que les imponía un modelo económico y político subalterno a los del Tercero. No se enteró de cómo, entre otros, Corea del Sur, Irlanda, Israel, Taiwán o España, mientras inauguraban o preservaban las libertades, se habían convertido en sociedades relativamente prósperas en las que predominan los grupos sociales medios.

Fidel Castro ni siquiera sabía que la diminuta Suiza, en 1848, escarmentada tras la última revolución en la que participó, había optado inequívocamente por la paz, la neutralidad, la propiedad privada y el Estado de Derecho, transformándose paulatinamente de un país exportador de mercenarios a otro que exportaba maquinarias precisas y se limitaba a auxiliar a los heridos y a recoger los cadáveres de sus belicosos vecinos por medio de la Cruz Roja.

La segunda falacia es la de suponer que al Primer Mundo se llega por medio de una simple receta económica que implica la suspensión de la democracia para evitar el destino haitiano. No es cierto. La libertad es un valor en sí mismo y no tiene sentido orillarla en aras del desarrollo. Los países que han optado por una u otro han terminado, generalmente, pobres y esclavizados permanentemente.

La economía de mercado (el injustamente vilipendiado neoliberalismo), dotada de propiedad privada, es un requisito, pero se trata de un fenómeno mucho más complejo. Ahí comparecen el Estado de Derecho, la separación de poderes, la ausencia de privilegios e impunidades, la meritocracia, el gobierno limitado y compuesto de servidores públicos, no de mandamases, un sistema de estímulos que refuerce el ímpetu de los emprendedores y de los innovadores, junto a la voluntad de colocarse bajo el imperio de la ley que muestra la mayor parte de los ciudadanos.[[QUOTE:El desarrollo implica crecimiento acumulado, educación generalizada, incorporación de las mujeres a la fuerza laboral]]

Como se sabe, el éxito o el fracaso dependen del capital intangible, de los valores, creencias y actitudes del conjunto de los ciudadanos, como demostró el Banco Mundial es su estudio del año 2009 ¿Dónde está la riqueza de las naciones?. No debe extrañarnos que ningún país latinoamericano se sitúe en la locomotora del planeta, si ni siquiera uno –incluyo a Chile, Argentina, Brasil o México- figura entre los primeros 50 del planeta en el terreno de las innovaciones, como no se cansa de advertir Andrés Oppenheimer, aunque todos admitamos que vivimos en la era de la información y la tecnología.

Y queda, por supuesto, el factor tiempo. Una sociedad puede decidir que quiere abandonar la miseria, y hacerlo en dos o tres generaciones, como los japoneses en 1867 o los israelíes poco antes de surgir como un Estado independiente en 1948, pero el desarrollo, al margen de los elementos señalados, implica crecimiento acumulado, educación generalizada, incorporación de las mujeres a la fuerza laboral y saber que Estados Unidos sólo ha crecido a algo más de un 2% anual, pero durante 230 años más o menos consecutivos.

El camino, pues, es largo y arduo, pero se conoce. Lo han transitado dos docenas de naciones. Ninguna, por cierto, era comunista.

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Opositores cubanos rinden homenaje en Cuba a víctimas del remolcador “13 de Marzo” (foto de archivo) ¿100 millones de víctimas del comunismo no son suficientes? Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Donald Trump se equivoca cuando declara que su intención es hacer grande otra vez a Estados Unidos (Make America great again). ¿Cuándo el país ha estado mejor y su sociedad ha sido más confortable? ¿Cuándo las Fuerzas Armadas han sido más temidas y poderosas, dotadas de un presupuesto anual de 600.000 millones de dólares, una suma mayor que la de todos los enemigos combinados? Si alguien lo sabe, es urgente que nos saque de duda.

En los años 30 fue la Gran Depresión causada por el desplome de la Bolsa. En los 40 ocurrió la Segunda Guerra, inmediatamente seguida por la Guerra Fría y la caída de China en las manos comunistas. En los apacibles 50, acunados en los brazos tranquilizantes de Eisenhower, tras Corea y sus docenas de miles de norteamericanos muertos, comenzaron los sobresaltos en el Medio Oriente y las ominosas prácticas nacionales para enfrentar un posible ataque nuclear soviético.

Los años 60 fueron los de las revueltas raciales, los de Vietnam y sus mentiras. En los 70 implosionó Nixon y al final de la década, en época de Carter, los intereses bancarios ascendieron al 20%, la economía sufría de stagflation, y parecía que el periodo de la democracia llegaba a su fin arrollada por el colectivismo soviético. Poco después, sin embargo, llegó Mijail Gorbachov, enterró a la URSS y el comunismo quedó rezagado a dos manicomios sin importancia real, pero con capacidad de hacer ruido: Cuba y Norcorea. (En China y Vietnam hoy existe otro género de dictaduras alejado de las supersticiones marxistas).[[QUOTE:En Estados Unidos las personas han aumentado su promedio de vida, como sucede en casi todo el mundo, arrastradas, en gran medida, por los descubrimientos médicos del país]]

En Estados Unidos las personas han aumentado su promedio de vida, como sucede en casi todo el mundo, arrastradas, en gran medida, por los descubrimientos médicos del país; las viviendas son mayores y están dotadas de toda clase de electrodomésticos (incluidas las de los grupos sociales más pobres); los alimentos, incluida la comida chatarra, abunda tanto y son tan baratos, que el gran problema del país no es el hambre, sino la obesidad y el aumento progresivo de la diabetes.

Los pobres –aproximadamente el 15% de la población—lo son porque una familia de 4 personas recibe "sólo" unos 24.000 dólares anuales, más cupones de alimentos y otras ayudas no monetarias. Todos –pobres, clases medias y ricos- tienen acceso a electricidad, internet, agua potable, vestimentas, teléfonos celulares, transporte, escuelas, universidades estatales o privadas que otorgan becas a los mejores y préstamos a casi todos, protección policiaca, sistemas judiciales razonablemente eficientes y oportunidades de trabajar y abrirse paso.

Es verdad que en Estados Unidos hay problemas, pero eso ha sucedido siempre. Se trata de una sociedad libre, compleja y plural de 325 millones de habitantes, de los cuales más de 42 son afroamericanos y más de 57 son hispanos, cuyos representantes mantienen el orden con una discutida y discutible estrategia punitiva por la que aproximadamente existen tres millones de personas encarceladas.

También es cierto que la calidad de los estudiantes decrece mientras aumenta el costo de las matrículas, pero el país posee los 25 centros universitarios o de investigación mejores del planeta. Simultáneamente, no existe un seguro de salud universal, las medicinas son carísimas y las drogas malignas provocan estragos mortales (nunca mejor dicho). Dato este último -las drogas- vinculado a que en algunas ciudades hay zonas de violencia extrema con altísimos índices de homicidio. No obstante, Estados Unidos sigue siendo un sitio fundamentalmente libre y lleno de oportunidades.[[QUOTE:No hay mejor índice de la calidad relativa de una sociedad que el número de los inmigrantes. Estados Unidos es un imán porque el sueño americano está vivo]]

Eso explica que millones de seres humanos intenten establecerse en el país. No hay mejor índice de la calidad relativa de una sociedad que el número de los inmigrantes. Estados Unidos es un imán porque el sueño americano está vivo. Como lo fue Venezuela hasta la llegada del chavismo. Como lo fue Cuba hasta que Castro liquidó la ilusión de que se podía prosperar con el esfuerzo propio. Como lo fue Argentina hasta que el peronismo arruinó a esa gran nación con su mensaje populista entreverado de fascismo. El saldo migratorio de esos tres países les fue muy favorable hasta que la estupidez y la barbarie ideológicas destruyeron el aparato productivo y pulverizaron la convivencia.

Es cierto que existen sitios en los que en algunos aspectos se vive mejor que en Estados Unidos (media Europa, incluida España, acaso en Israel o Japón, porque la calidad de vida no depende solamente de cuestiones materiales), pero tal vez en ninguno los inmigrantes pueden desenvolverse como en USA, donde en las últimas elecciones dos senadores, hijos de inmigrantes, aspiraban a la presidencia, Ted Cruz y Marco Rubio, mientras la historia de los recién llegados o sus descendientes que triunfan se repite una y otra vez como un mantra permanente.

En el siglo XV el poeta Jorge Manrique, conmovido por la muerte de su padre Rodrigo, escribió un gran poema con un verso melancólcamente equivocado: "cualquier[a]tiempo pasado fue mejor". No es verdad. Aquellas sociedades, como la estadounidense, en las que existe continuidad institucional, pese a las contramarchas y las malas coyunturas, logran prosperar de manera constante convirtiéndose en entidades realmente progresistas, un adjetivo que suelen usurpar los países y los partidos que menos progresan.[[QUOTE:Los conservadores tienden a ser pesimistas. Invariablemente ven la copa medio vacía y se asustan cuando perciben a una sociedad étnicamente diferente, más tolerante en materia sexual o religiosa]]

Probablemente esa búsqueda obsesiva de una mítica época dorada que Trump repite en sus discursos tiene que ver con una característica de la personalidad conservadora. Los conservadores tienden a ser pesimistas. Invariablemente ven la copa medio vacía y se asustan cuando perciben a una sociedad étnicamente diferente, más tolerante en materia sexual o religiosa, en la que las normas de comportamiento, desde la música estridente y grosera hasta los tatuajes, son muy diferentes a las que ellos aprendieron en una niñez segura de hogares blancos y cristianos.

Los conservadores asocian el perfil de la sociedad a su propia biografía. Antes eran jóvenes y bellos. Hoy son viejos, arrugados y feos. Antes, creen, era mejor. No es verdad. Era distinto. Otro poeta, cantautor, Joaquín Sabina, lo ha dicho en una canción muy popular: "no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió". Es lo que le ocurre a Donald Trump.

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Carlos Alberto Montaner

Muy poca gente en Brasil piensa que Lula es inocente. Menos gente aún cree que el poder judicial forma parte de un siniestro grupo de golpistas. Ésa es sólo la coartada para protestar por la “injusta” o “selectiva” persecución al caudillo metalúrgico. No obstante, todavía es menor el grupo de brasileños dispuesto a descartar a Lula por haberse beneficiado ilegalmente del poder. Esos son muy pocos.

Lula sigue siendo el político más popular del país. A la mayor parte de los brasileños, sencillamente, no les importa que Lula haya recibido un apartamento en usufructo de la empresa OAS por propiciar los negocios entre esta compañía y Petrobrás. Eso es peccata minuta. ¿Por qué Lula no podía vivir como todo un señor, se preguntan sus partidarios sotto voce?

Eso es gravísimo. Es no entender que un Estado de derecho real depende de que el poder se coloque bajo la autoridad de la ley. Es no darse cuenta que las sociedades en las que no existe una sanción moral contra quienes violan las normas están condenadas al fracaso y el atraso.

Recuerdo la historia de la líder socialdemócrata sueca Mónica Sahlin. Ocurrió a mediados de los noventa. Entonces era una mujer agradable y bien formada. Todos esperaban que fuera jefa de Gobierno. Su fulgurante carrera política se dislocó cuando se supo que había utilizado la tarjeta de crédito oficial para adquirir unas pastillas de chocolate Toblerone y un vestido de cincuenta dólares. Tuvo que pedir perdón, pagó una multa abultada y estuvo varios años fuera de las actividades políticas. Regresó a la arena pública, pero nunca pudo llegar a Premier por ese episodio.[[QUOTE:Las sociedades en las que no existe una sanción moral contra quienes violan las normas están condenadas al fracaso y el atraso]]

Por la misma y corrompida regla de tres que exculpa a Lula, a las enormes huestes justicialistas les trae sin cuidado que Perón, el matrimonio Kirchner o Carlos Menem hayan robado sin el menor pudor en Argentina. Algo que sucede en todos los países de América, con la excepción parcial de Chile, Uruguay y Costa Rica, donde apenas hay tolerancia con el peculado.

En Cuba, la Asamblea Nacional del Poder Popular (el Parlamento, conocido como los “Niños Cantores de La Habana” por su perfecto afinamiento coral durante medio siglo sin una nota discordante), regaló a Fidel Castro un yate de lujo para que practicara la pesca submarina, junto al medio centenar de residencias oficiales que acumuló a lo largo de su prolongada vida, incluido un coto de caza como los que poseían los reyes medievales.

Lo que muchas personas esperaban de Lula no es que fuera honrado, sino que “hiciera cosas”, que disminuyera la pobreza, que repartiera bienes y asignara servicios a los desamparados. Como le tocó el periodo expansivo y vorazmente importador de la economía china, y como no rechazó las líneas maestras sociales trazadas por su predecesor Fernando Henrique Cardoso, pudo sacar de la miseria a treinta millones de sus compatriotas.

El ensayista argentino Juan Bautista Alberdi le atribuía a la tradición romana la propensión al peculado que mostraban los latinos. En Roma, suponía Alberdi, nunca se supo con precisión lo que era o no del César. Los cónsules y los emperadores mezclaban en sus augustas personas los bienes propios y los de la nación. (Por eso Alberdi proponía poblar a la Argentina con anglosajones y rechazaba a los hispano-latinos).

Es muy posible, no obstante, que la labor del poder judicial esté cambiando las formas tradicionales de comportarse. Todo comenzó en Italia en 1992, cuando el fiscal Antonio di Pietro dio comienzo a Tangentópoli, una operación destinada a adecentar la vida pública del país que terminó por liquidar a la clase política.

En Brasil Sergio Moro ha hecho más o menos lo mismo con Lava Jato, colocando contra las cuerdas a Lula da Silva y a Dilma Rousseff, pero sin descuidar a Michel Temer, el actual presidente. Es importante que tenga éxito. Sin honradez, a largo plazo se hunde el Estado.

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¿Por qué sigue siendo el político más popular del país? Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Donald Trump quisiera inmigrantes noruegos. Gente rubia, alta, ordenada, laboriosa, educada y limpia. Gente exitosa con quienes comparte rasgos físicos y ciertos comportamientos. Pero lo probable es que no tenga éxito. Hoy los noruegos poseen un nivel de vida más alto que el estadounidense y encuentran que en su país democrático, libre y pacífico abundan las oportunidades de mejorar con el propio esfuerzo. No tienen por qué emigrar. A casi nadie le gusta marcharse a lo desconocido.

En cambio, el destino (o la geografía, que es casi lo mismo), le ha deparado a Trump inmigrantes mexicanos, brasileños, guatemaltecos, cubanos, puertorriqueños, dominicanos, hondureños, haitianos, colombianos y –últimamente- venezolanos, y otros shitty people que huyen de sus fallidas sociedades en busca de seguridad y progreso. (Shitty people, "gente de mierda", es el término denigratorio e injusto que ha puesto en circulación el propio presidente de Estados Unidos en una conversación supuestamente privada).

En realidad, dos tercios de la población mundial están mucho más cerca de los shitty people que de los noruegos. Una laxa descripción de las sociedades de la India, Pakistán, Filipinas, Indonesia, China, las naciones árabes y subsaharianas, una parte de Europa, Rusia y América Latina, provocarían en Trump la misma ofensiva definición que usó para referirse a salvadoreños, haitianos y africanos.[[QUOTE:Contar con una sola raza, una sola religión, un solo idioma sólo nos garantiza el aburrimiento, la monotonía y el atropello]]

En todo caso, es absurdo pensar que la solución a los problemas está en la homogeneidad social. Contar con una sola raza, una sola religión, un solo idioma sólo nos garantiza el aburrimiento, la monotonía y el atropello. Por ese camino se llega al nazismo y al exterminio de las personas diferentes. El mensaje glorioso de las ideas republicanas y de las monarquías parlamentarias es que la diversidad no sólo es inevitable: resulta, además, muy conveniente.

En el censo de 1790 en Estados Unidos había, grosso modo, cuatro millones de americanos blancos, casi todos de origen inglés o irlandés, y medio millón de esclavos negros. De los aborígenes quedaban un puñado que ni siquiera solían ser contados. En 2018 son 325 millones de personas, de las cuales el 72% es blanco, el 13 negro, el 16 hispano, extraña definición que tiene que ver con el colonizador europeo.

Ese enorme salto se ha logrado mientras el país se desplazaba a la cabeza del planeta. En 1890 Estados Unidos ya era la mayor economía del mundo. Después de más de un siglo continúa siéndolo, aunque sólo crece al ritmo de un 2% anual. Eso quiere decir que, al menos hasta hoy, ha funcionado espléndidamente la máquina de convertir shitty people en ciudadanos productivos y creadores de riqueza, extremo que no debe sorprendernos: la especie es la misma. Cambian las circunstancias, los incentivos y las instituciones.[[QUOTE:La segunda generación de cubanos, cuyos padres habían transformado a su isla en un improductivo desastre colectivista, alcanzaron un notable grado de escolaridad y desempeño económico]]

Los hijos de los campesinos polacos o rusos, en numerosos casos procedentes de minúsculas aldeas judías o shtetl, se transformaron en notables médicos, abogados y scholars de toda índole. Los hindúes, fragmentados en 200 castas en su país de origen, en Estados Unidos constituyeron el segmento con más alto nivel de ingresos. La segunda generación de cubanos, cuyos padres habían transformado a su isla en un improductivo desastre colectivista, alcanzaron un notable grado de escolaridad y desempeño económico.

Lo que quiero decir es que Estados Unidos no necesita noruegos. Necesita instituciones, leyes justas, oportunidades de desarrollarse y estímulos morales y materiales para el emprendimiento individual. Si eso se mantiene, los haitianos, lentamente, se transformarán en noruegos aunque mantengan sus rasgos étnicos.

Al fin y al cabo, los admirables noruegos de hoy fueron fieros vikingos, rústicos y brutales, que tenían la fea costumbre de escupir en la bañera por la que todos solían pasar a quitarse la sangre y el barro del camino tras el exterminio de pueblos adversarios. Entonces los noruegos eran shitty people.   

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EEUU necesita instituciones, leyes justas, oportunidades de desarrollarse y estímulos morales y materiales para el emprendiento individual Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Latinos in the United States es un libro que acaba de publicar Oxford University Press. Lo escribió Ilan Stavans, un brillante judío méxicoamericano, profesor del Amherst College en Massachusetts.

Un tema perfectamente adecuado a una época en la que se discute el destino de millones de seres humanos cuyas vidas dependen de la buena voluntad y la compasión de una clase política que no parece poseer esas virtudes, como se desprende de las palabras de Donald Trump divulgadas por la prensa: “¿Por qué vienen a Estados Unidos personas de shitholes countries (países de mierda) como Haití o África?”.

La obra comienza con un exergo de Mark Twain que podría encabezar este artículo: "Todas las generalizaciones son falsas, incluyendo ésta". El autor abordó el asunto desde una perspectiva informativa y múltiple, con centenares de temas, unos esenciales y otros no tanto, como si les dijera a los norteamericanos: "Observen cuidadosamente este fenómeno demográfico y presten atención porque tendrán que vivir con él de manera creciente y permanente".   

En efecto, la obra lleva un subtítulo que es una advertencia: What everyone needs to know, lo que todo el mundo necesita saber. Se refiere, claro está, a Estados Unidos. "Todo el mundo" es Estados Unidos.

¿Por qué los americanos necesitan saber lo que Stavans cuenta? Acaso porque los latinos constituyen una inmensa minoría. Son unos sesenta millones de personas, de un total actual de 325, pero a mediados de siglo serán 100. En la medida en que declina la población blanca de origen europeo, aumenta la proporción de latinos.[[QUOTE:Los latinos no existen. Tal vez, poco a poco, se elaborará una identidad latina, pero por ahora es una quimera, una criatura imaginaria]]

Naturalmente, eso de latinos es una falsa categoría para esconder un prejuicio racial o cultural. Los latinos no existen. Tal vez, poco a poco, se elaborará una identidad latina, pero por ahora es exactamente una quimera: una criatura imaginaria con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón que echa fuego por la boca.

Existen los mexicanos, los puertorriqueños, los cubanos, y así sucesivamente, pero no los latinos. Ilan Stavans, pese a su nombre, es un latino, porque procede de México (especialista –entre otras cosas- en Spanglish), pero si sus abuelos se hubieran instalado directamente en Estados Unidos o Canadá, sería un judío americano más aunque se dedicara a lo mismo.

Es tan severo (aunque sutil) el rechazo a los latinos en Estados Unidos, que los judíos cubanos, cuando se exiliaron en el sur de Florida tuvieron que crear su propia sinagoga. Era mayor la aversión cultural de sus correligionarios norteamericanos que los lazos de la fe común que debió unirlos.

¿Por qué se desencuentro entre anglos y latinos?

La mala noticia es que, posiblemente, se trate de un rasgo típico de la naturaleza humana. La identidad propia se refuerza en el odio a lo ajeno. Probablemente, por viejos prejuicios que se pierden en el tiempo. Los griegos despreciaban a los bárbaros, incluidos los rústicos romanos. Los romanos despreciaban a los germanos. Los católicos a los protestantes y viceversa. Todos a los musulmanes y a los negros y viceversa. Los españoles a los indios y viceversa. Los estadounidenses blancos de origen nórdico a los más oscuros de procedencia italiana o de cualquier país mediterráneo. En Miami hubo toque de queda –curfew– no sólo para acorralar obligatoriamente a los negros en sus guetos, sino también a los judíos blancos.

La buena noticia es que, con el tiempo, los prejuicios van cambiando o se desvanecen. Los chinos, que en la década de los veinte del siglo pasado eran considerados inferiores, en los tiempos que corren se les respeta y se admite, humildemente, que tienen un cociente intelectual superior al de los anglos.

¿Sucederá lo mismo con los latinos?  Depende. Los asiáticos no modificaron la percepción general lavando ropa o vendiendo comida étnica en las calles. Poco a poco fueron invadiendo los departamentos de ciencias de las universidades y se labraron su lugar al sol en una sociedad en la que prevalece el respeto por el cambio y la tecnología. ¿Está sucediendo esa transformación entre los latinos? Creo que sí. Es cuestión de tiempo.

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A mediados del actual siglo serán una “minoría” de 100 millones de personas Continue reading
El presidente estadounidense se ha hecho ver especialmente en las áreas de economía y política exterior Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Lo mejor de la presidencia de Donald Trump es haber rebajado sustancialmente los impuestos a las corporaciones. En un planeta ávido de inversiones internacionales es inteligente hacerlo. Hay que competir y ésa es una forma de lograrlo. Uno de los principales requisitos para crear puestos de trabajo es que exista una tasa impositiva baja.

Es verdad que beneficia al 3% de la clase alta norteamericana, pero también es cierto que esos poco menos de 10 millones de personas pagan casi el 60% de los impuestos nacionales. Culpabilizarlos de la pobreza relativa del 15% del país es falso y demagógico. Es una lástima, no obstante, que la reforma fiscal no haya sido más generosa con las clases medias estadounidenses. Se han beneficiado, pero poco.

Lo mismo ocurre con las regulaciones. En principio, Trump ha hecho bien en reducirlas. Las regulaciones excesivas son contrarias a las actividades económicas. Lo establece inequívocamente el Doing business del Banco Mundial. Por ejemplo, es una vergüenza el tiempo real que les toma a un constructor o a un empresario industrial comenzar sus tareas en Miami-Dade, pero sospecho que lo mismo sucede en todo el país.

Trump también ha acertado en el opaco terreno de la definición del adversario. Corea del Norte es un enemigo y hay que tratarlo como tal. Lo mismo sucede con Irán. Ambos están empeñados en afectar y destruir a Estados Unidos. Es a Israel y no a los países árabes a quien corresponde designar su capital. Media docena de presidentes norteamericanos antes que Trump prometieron mudar la embajada a Jerusalén. Él lo cumplió. Todo lo que tiene que hacer Washington es construir su legación en la zona tradicionalmente israelí de la ciudad.[[QUOTE:Si se demuestra, fue una canallada darles entrada a los rusos en el sistema electoral de Estados Unidos para perjudicar a los demócratas]]

Por último, hizo muy bien en recibir a Lilian Tintori, la mujer de Leopoldo López, y mostrar su rechazo al régimen de Maduro. Venezuela, Cuba y Bolivia son países del llamado Socialismo del Siglo XXI, enemigos declarados de Estados Unidos. Ecuador ha dejado de serlo. La Nicaragua del siglo XXI es como el ornitorrinco: un mamífero que pone huevos y tiene pico de pato. No se sabe muy bien qué es. Hasta ahora grazna consignas de izquierda, pero gobierna a la derecha, como si Daniel Ortega fuera un hijo postizo de Lenin y de Pinochet con la cara de un Somoza marxista.

Veamos sus principales errores.

Si se demuestra, fue una canallada darles entrada a los rusos en el sistema electoral de Estados Unidos para perjudicar a los demócratas. Es muy peligroso pedirle ayuda coyuntural al enemigo. Si es cierto lo que se sospecha, hoy Trump y su administración están en manos de Vladimir Putin. O Trump baila al son de la balalaika o los rusos le entregan a la prensa un dossier con todos los detalles de la colaboración.

Ha sido una crueldad política y humana de Trump tomar como rehenes a casi ochocientos mil dreamers y negarles la condición de residentes hasta tanto los demócratas accedan a asignar los fondos para construir el muro que separará al país con México. La mayoría de los norteamericanos no cree que el Muro sea una buena idea,

El 63% de los estadounidenses respalda a los dreamers. Suelen ser jóvenes estudiantes de origen mexicano, pero sociológicamente norteamericanos, ilegalmente traídos a Estados Unidos por sus padres. Muchos ni siquiera hablan español. Dejarlos en el país y permitirles que trabajen y creen riquezas les conviene a todos.

Trump lo ha hecho todo mal con México: el dichoso Muro, denunciar el TLC, insultar a sus vecinos con frases racistas, hasta el punto de que es posible que la exasperada población de ese país elija en los próximos comicios a Andrés Manuel López Obrador, un candidato antiyanqui que seguramente será perjudicial para ambas naciones.[[QUOTE:Trump lo ha hecho todo mal con México: el dichoso Muro, denunciar el TLC, insultar a sus vecinos con frases racistas]]

Como también ha errado con relación a Europa, al elogiar a los eurofóbicos de la Unión Europea, ya fueran los británicos partidarios del brexit, o a todos esos ultranacionalistas franceses, austriacos, húngaros, holandeses o polacos que comparten con Trump esa peligrosa visión de corto alcance que pone por delante los intereses de la nación propia (put America First), sin advertir que el nacionalismo y su secuela el proteccionismo son viejas plagas que nos empobrecen en el terreno económico y nos suelen matar en el campo de batalla.

Y no es menor todo lo que se puede censurar a Trump en el campo de las formas. Su machismo demodé. La manera indelicada en que trató a los puertorriqueños, tirándoles rollos de papel como se les lanza semillas a las palomas. Sus tuits nada presidenciables, enzarzándose en disputas triviales, sus enfrentamientos con el FBI, sus ataques a demócratas o republicanos que no se le pliegan, olvidando que la “cordialidad cívica” es una parte sustancial del espíritu republicano, en el sentido más amplio y mejor de la palabra.

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Lo mejor de la presidencia de Donald Trump es haber rebajado sustancialmente los impuestos a las corporaciones. En un planeta ávido de inversiones internacionales es inteligente hacerlo. Hay que competir y esa es una forma de lograrlo. Uno de los principales requisitos para crear puestos de trabajo es que exista una tasa impositiva baja.

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Carlos Alberto Montaner

Marcelo Odebrecht es el hombre del año en América Latina. Este ingeniero brasileño nacido en 1968, nieto del fundador de un enorme conglomerado empresarial, es el príncipe de los coimeros del planeta. Para evitar la sentencia de 19 años de cárcel, algo que ha logrado hace sólo unos días, ha delatado a sus cómplices en su condición de “colaborador eficaz de la justicia”, desestabilizando a muchos de nuestros países, mostrando (muy a su pesar) las miserias y cinismo de numerosos políticos y funcionarios.

La Organización Odebrecht era una enorme empresa de ingeniería civil, con casi 200.000 trabajadores y una facturación de más de 40.000 millones de dólares, de los cuales ya ha perdido una tercera parte. Operaba en una veintena de países, algunos de ellos con un PIB menor que los ingresos de la compañía, pero el grueso de su operación y de sus sobornos los llevaba a cabo en Brasil.

Repartió en total unos mil millones de dólares. En términos absolutos el país más corrupto fuera de Brasil fue Venezuela (98 millones), algo totalmente predecible, porque su Gobierno es una especie de inodoro inmundo, pero las naciones latinoamericanas que más coimas per cápita recibieron fueron Panamá (59 millones) y República Dominicana (92 millones).  

El modus operandi era sencillo. Los hombres de Odebrecht detectaban a un candidato con posibilidades y comenzaban a negociar. Podían hacerlo primero presidente y luego rico. Brasil tenía grandes publicitarios y magníficos gabinetes de campaña. Ese estupendo expertise se ponía al servicio de la persona elegida junto a cantidades importantes para sufragar el costo de la operación.[[QUOTE:El problema, naturalmente, no es Odebrecht, sino la mentalidad que impera en América Latina]]

Todo lo que el candidato debía hacer, una vez elegido en las urnas, era aprobar los abultados presupuestos y confiarle a Odebrecht la ejecución de las obras públicas programadas. El enorme monto era sufragado por los impuestos pagados por los pueblos o mediante préstamos a los que habría que hacerle frente algún día.

Los brasileños de Odebrecht, por su parte, hacían bien las carreteras, los túneles o lo que fuere, y se ocupaban de pagar seriamente lo pactado en Suiza, en Andorra o en algún otro paraíso fiscal, organizando minuciosamente la logística de la corrupción. Cumplían su palabra. Lo de ellos no era engañar a los políticos ni desvalijar a los ladrones, sino facilitarles la famosa consigna secreta de “robar, pero hacer”, mientras aumentaban la facturación año tras año.

Se podía confiar en sus palabras de mafiosos dotados de corbatas de seda y trajes de cinco mil dólares. Carecían de color ideológico. Sin el menor escrúpulo pactaban con el venezolano Nicolás Maduro o con el ecuatoriano Jorge Glas, el vicepresidente de Rafael Correa –apóstoles del Socialismo del Siglo XXI–, enemigos naturales de la economía privada de mercado, de la cual la empresa Odebrecht era la quintaesencia.

El problema, naturalmente, no es Odebrecht, sino la mentalidad que impera en América Latina. A otra escala más modesta, es así, mediante coimas, pequeñas o grandes, como han funcionado la mayor parte de nuestros gobiernos desde tiempos inmemoriales, con un agravante terrible: a nuestras sociedades no les preocupa. La corrupción comparece al final de la lista de los males que deben erradicarse en la mayor parte de las encuestas. En México llegan a afirmar, seriamente, que “la corrupción es sólo otra forma de distribuir los ingresos”.[[QUOTE:No es de extrañar que en Brasil vuelvan a elegir a Lula da Silva, quien hoy encabeza las encuestas pese a sus sucios negocios]]

¿Por qué sucede esta ausencia de principios en nuestro mundillo? Tal vez, porque la mayor parte de los iberoamericanos –incluyo a los brasileños– no perciben claramente que el dinero público es aportado por todos nosotros y la corrupción es como si nos metieran la mano en bolsillo y nos robaran la cartera. Lo que ocurre en el Estado no nos compete.

Acaso, porque el cinismo es total y damos por descontado que al Gobierno se va a robar y no nos preocupa, siempre que sean “los nuestros” los que se enriquecen con los recursos ajenos. Somos víctimas de una clara anomia moral.

Sin duda, porque el clientelismo, esa pequeña coima otorgada por el Gobierno, es una forma de corrupción en la que millones de iberoamericanos se adiestran en ese tipo de conducta nociva.

Por eso no es de extrañar que, pese a Lava Jato, como se llamó en Brasil a la operación judicial contra la corrupción, vuelvan a elegir a Lula da Silva, quien hoy encabeza las encuestas pese a sus sucios negocios. Hace años lo dijeron los peronistas en la vecina Argentina en un grafiti que el tiempo no ha borrado y revela el drama de fondo : “Puto o ladrón queremos a Perón”.

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Latinoamérica tiene sus muy particulares “héroes” Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Raúl Castro ha anunciado que postergará su retiro como presidente de Cuba. Ya no se irá el 24 de febrero de 2018, sino el 19 de abril. El dictador alega que los inmensos daños del huracán Irma son la causa. En Cuba casi nadie lo cree. El rumor que circula en la Isla afirma que en el vecindario del general hay un gran malestar contra el ingeniero Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente y heredero designado. Aunque no existen síntomas evidentes, aparentemente a ciertos miembros de la Primera Familia les parece un cripto-reformista. Yo, francamente, lo dudo.

Algunos de los hijos y parientes de Raúl prefieren al canciller Bruno Rodríguez. Les gusta más. Es más elocuente. Fustigó ferozmente a Barack Obama tras el discurso que el anterior presidente estadounidense pronunciara en La Habana. Según Rodríguez, Obama era el mismo perro de siempre, pero con diferente collar. Quería la destrucción de la revolución, sólo que por otros medios. El canciller cubano dijo exactamente lo que pensaba Raúl Castro y, especialmente, su hijo Alejandro Castro Espín.[[QUOTE:Aparentemente ciertos miembros de la Primera Familia creen que Díaz-Canel es un cripto-reformista. Yo, francamente, lo dudo]]Poco después Díaz-Canel filtró un video en el que se presentaba como un Stalin caribeño: duro, riguroso, comunista a ultranza, implacable contra los disidentes. Según me cuentan, estaba dirigido a convencer a la poderosa familia de que en él se podía confiar. Aseguraba que no había en su carácter el menor rasgo reformista. El video circuló profusamente, pero los destinatarios realmente eran pocos y todos estaban en la pequeña cúpula del poder.

Raúl dejará la presidencia de Cuba en bastante peor situación que cuando la asumió. Su gestión ha sido un absoluto fracaso. Entonces vivía Chávez y la explotación de Venezuela era un gran negocio para los cubanos. La saqueaban sin misericordia. Los ladrones de los dos países se coludían para robarse hasta los clavos. Cuba llegó a alquilarle a su colonia plataformas perforadoras de petróleo que operaban en el lago Maracaibo. Era una “empresa de maletín”. La factura duplicaba el costo real. Los equipos venían de otra parte. Los beneficios –medio millón de dólares al día– se repartían entre bandidos de ambas orillas.

En la Cuba de Raúl sigue habiendo dos monedas. Los trabajadores cubanos cobran en una inservible divisa nacional, pero tienen que adquirir en dólares todo lo que vale la pena. Raúl no ha sido capaz de solucionar este gravísimo problema. Ni siquiera ha podido aumentar la producción de leche para que los niños mayores de siete años puedan beberse un vaso cuando les plazca. El gran problema del colectivismo autoritario es la terca improductividad que genera.[[QUOTE:El país desde hace muchos años es un desastre de suciedad y desabastecimiento, de escombros, y creciente pobreza]]El país desde hace muchos años es un desastre de suciedad y desabastecimiento, de escombros, y creciente pobreza. El cuento de la medicina gloriosa y universal es para simpatizantes incautos, lo mismo que sucede con la educación. Ninguna universidad cubana está entre las primeras 400 del planeta. El Gobierno se niega a realizar pruebas internacionales de conocimientos (PISA) porque sabe que los jóvenes estudiantes quedarían entre los últimos lugares.

¿En qué consiste, en definitiva, el modelo cubano? Son prodigiosos policías. Reprimen y vigilan como nadie. Este es el triste legado que Cuba le ha hecho a Venezuela. Lo aprendieron del KGB y de la Stasi, pero superaron a sus maestros. El poder se sostiene gracias a la Seguridad del Estado. El Gobierno tiene varios anillos represivos. El más vistoso, pero el más elemental, es la policía de chapa y tolete. El más eficaz es la contrainteligencia. Hay decenas de miles de sujetos invisibles dedicados a controlar la vida de los otros, a escuchar sus conversaciones, a descarrilar sus proyectos, a esparcir o apagar rumores.

La burocracia totalitaria es muy costosa. El Gobierno, el Partido, los órganos de Seguridad, las Fuerzas Armadas se llevan la parte del león. Por eso no se caen, pero, también por eso, las sociedades sometidas al sistema no prosperan y todas ofrecen el mismo panorama gris de miseria y desesperanza. Raúl Castro lo sabe, pero no está dispuesto a cambiar nada. Lo dijo cuando enfermó su hermano y lo reiteró cuando Fidel murió el 25 de noviembre de 2016. Él no había llegado al poder para enterrar el comunismo. Llegó para fracasar, como su hermano.

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El general dejará la presidencia de Cuba en bastante peor situación que cuando la asumió Continue reading

Raúl Castro ha anunciado que postergará su retiro como presidente de Cuba. Ya no se irá el 24 de febrero de 2018, sino el 19 de abril. El dictador alega que los inmensos daños del huracán Irma son la causa. En Cuba casi nadie lo cree.

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Le sacó nueve puntos a Alejandro Guillier, el candidato del oficialismo Continue reading
Los catalanes vuelven a ser preguntados sobre el separatismo Continue reading

Carlos Alberto Montaner

El 21 de diciembre los habitantes de Cataluña van a votar nuevamente. Hay pocas noticias internacionales que despierten tanto interés entre los latinoamericanos como las ocurridas en España. No digo “los catalanes” porque, como debe ser, han sido convocados todos los ciudadanos de España radicados en las cuatro provincias catalanas: Barcelona, Lérida, Gerona y Tarragona. Un territorio de 32.000 km2, similar al de Bélgica; con una población de 7.500.000 habitantes, semejante a la de Israel, y un PIB de primer mundo medido en poder adquisitivo de 43.000 dólares, más o menos como el de Canadá.

Mi interés en este asunto trasciende el periodismo. Además de haber pasado los mejores 40 años de mi vida en Madrid, una parte sustancial de mi familia procede de los Pirineos leridanos, Andorra incluida, o de Lloret de Mar (Gerona). Cuatro hermanas de mi abuelo materno inauguraron en La Habana el nacionalismo genital. Se quedaron solteras en Cuba, lamentando en catalán no haber conseguido paisanos con los cuales casarse, pese a que, periódicamente, hacían viajes a Barcelona con el propósito de capturarlos y llevarlos sanos y salvos a la Isla. Fracasaron. Murieron vírgenes y mártires –creo- hace muchas décadas.

Las encuestas arrojan una ligera mayoría para los españolistas, generalmente conformes con la democracia liberal, lo que debo admitir que me complace, dispersos en un amplio marco que va desde la derecha conservadora del Partido Popular, hasta el Partido Socialista Obrero Español, radicado en una izquierda que, a ratos, es vegetariana y socialdemócrata, aunque a veces sufre espasmos carnívoros y lanza mordiscos radicales, a lo que se agrega el centro liberal de Ciudadanos, la agrupación que acaso saque más votos en los comicios, lo que nada garantiza que podrá formar gobierno. A la derecha no le conviene su existencia y la izquierda la detesta.[[QUOTE:Lo razonable es abrir una puerta constitucional a los soberanistas para que puedan marcharse si es que alguna vez logran reunir las mayorías decisivas para lograr su propósito separatista]]

Aunque el propósito de las elecciones es dotar de un gobierno legítimo a una región cuyos mandamases han sido destituidos por violar la legalidad vigente, tirios y troyanos, aun cuando oficialmente no lo reconozcan, interpretarán los resultados como si fuera un plebiscito no vinculante sobre la independencia y volveremos al punto de partida. Por infantil que parezca, no existe una emoción más poderosa y tenaz que el nacionalismo. Es inútil tratar de decapitarlo: siempre reaparece. De manera que lo más prudente es aprender a convivir con el fenómeno y evitar que la sangre llegue al río.

Por eso creo que lo razonable es abrir una puerta constitucional a los soberanistas para que puedan marcharse si es que alguna vez logran reunir de forma permanente las mayorías decisivas para lograr su propósito separatista.

Yo veo a Cataluña como parte de una España desigual, hecha en distintos tiempos con aportes diferentes, y me encantaría que permaneciera dentro de la nación común, pero como se trata de una cuestión sentimental y no jurídica, lo más importante es cómo se perciben los propios catalanes y no cómo los contemplamos desde fuera.

Es como el divorcio. Los españoles (y algunos latinoamericanos) tardaron más tiempo de la cuenta en admitir que la decisión de permanecer juntos solo le corresponde a la pareja casada y no a la familia. Cualquier región de España  debe tener la posibilidad de separarse del conjunto del Estado al que pertenece. (Hay cinco regiones esencialmente diferenciadas: Cataluña, Vascongadas, Galicia, Canarias y la vasta zona españolista que incluye al resto del país). Probablemente, esa “puerta abierta” lejos de exacerbar, acaso calme los recurrentes reclamos de independencia.[[QUOTE:La secesión exigiría una mayoría calificada independentista del 60% en dos plebiscitos sucesivos convocados en legislaturas diferentes para evitar reacciones coyunturales escasamente pensadas]]

Como conozco la historia de Cuba, sé que la negativa de España a imitar la laxa relación del Reino Unido con Canadá fue el factor detonante de la última y definitiva Guerra de Independencia. Acaso con una dosis mayor de autogobierno isleño se habrían evitado la guerra, el estallido del Maine y el desastre del 98.

Cuba –especialmente La Habana– era y se sentía razonablemente española, pero los políticos peninsulares hicieron imposibles esos lazos, tal vez por la incontrolable turbulencia de una nación que en pocos años pasó por el trauma del fin de la dinastía borbónica, la llegada de un infeliz príncipe italiano, el caos oncemesino de la Primera República y los tejemanejes de la Restauración. No había sosiego para actuar sabiamente.

Por supuesto, la secesión de cualquier región española tendría que ser una decisión racional y consensuada dentro de una ley que tuviera en cuenta el carácter permanente de una medida que afectaría a generaciones futuras. Ello exigiría una mayoría calificada independentista del 60%, la aprobación en dos plebiscitos sucesivos convocados en legislaturas diferentes para evitar reacciones coyunturales escasamente pensadas, más afrontar las consecuencias económicas de cualquier ruptura que deben ser previamente analizadas. Hay que determinar cómo se van a dividir los bienes comunes y quién queda a cargo de los costos onerosos de la separación. Exactamente igual que ocurre en cualquier divorcio civilizado.  

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El 21 de diciembre los habitantes de Cataluña van a votar nuevamente. Hay pocas noticias internacionales que despierten tanto interés entre los latinoamericanos como las ocurridas en España. No digo "los catalanes" porque, como debe ser, han sido convocados todos los ciudadanos de España radicados en las cuatro provincias catalanas: Barcelona, Lérida, Gerona y Tarragona.

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¿Qué consecuencias tendría el conflicto con el régimen de Kim Jong-un? Continue reading
Probablemente, la permanencia de millones de personas en las clases medias Continue reading

Carlos Alberto Montaner

El domingo 17 de diciembre los chilenos regresan a las urnas. Es la segunda y definitiva vuelta. ¿Qué se juegan? Algo muy serio. Probablemente, la permanencia de millones de personas en las clases medias, y ya se sabe que la libertad y la democracia se defienden mejor cuando un porcentaje elevado de ciudadanos forma parte de ese sector socioeconómico.

Entre 1990 y el 2015 –la etapa de la democracia liberal– el país dio un tremendo salto económico. Entonces parecía que entre los chilenos existía el consenso de que era sensato insistir en el modelo de mercado, estado reducido, estímulos a los emprendedores, sistema de pensiones basado en la capitalización individual y propiedad privada del aparato productivo, que tan buen resultado había dado en el país, aunque lo hubiera instaurado el dictador Pinochet por iniciativa de los Chicago boys incorporados a su Gobierno.[[QUOTE:En 1990, sólo el 23,7% de los chilenos podía clasificarse como integrante de los sectores sociales medios. En el 2015, el número había saltado al 64,3]]

En 1990, sólo el 23,7% de los chilenos podía clasificarse como integrante de los sectores sociales medios. En el 2015, el número había saltado al 64,3 –casi se había triplicado–, una impresionante hazaña que había servido para colocar el país a la cabeza de América Latina y en el umbral del Primer Mundo.

Para quienes se preocupan por los niveles de las diferencias de ingresos (y no por la disminución de la pobreza, que es lo verdaderamente importante), es útil recordar que, aunque el Índice Gini de Chile es de los peores del mundo, durante ese periodo se ha reducido de 57 a 50. Es decir, la diferencia entre lo que recibe el 20% más rico y el 20% más pobre ha disminuido notablemente.

Los principales datos los extraigo de un estudio muy serio de Libertad y Desarrollo (L&D), un notable think-tank del país que, como los cómicos, da la buena noticia del incremento de la clase media, pero la acompaña de una mala: una parte sustancial de esos sectores sociales puede involucionar nuevamente hacia la pobreza, dado que una porción importante de este grupo se sitúa muy cerca de la llamada franja de vulnerabilidad.   

¿Qué es eso? El asunto tiene que ver con la definición del término "clase media". Es una expresión vaporosa que tiene varias acepciones. El estudio de L&D se acoge a la metodología del Banco Mundial que clasifica como clases medias a todos los adultos que obtengan el equivalente de entre 10 y 50 dólares diarios de ingresos medidos por el poder de compra.

Pues bien: el grupo mayoritario de los chilenos clasificados como niveles sociales medios está más cerca de los 10 dólares diarios que de los 50. Son más propensos a regresar a los niveles de pobreza, fenómeno que hemos visto varias veces en Argentina, Ecuador, Perú, Bolivia y, sobre todo, en Venezuela y Cuba, países en los que el salario real de las personas anda por los 10 dólares mensuales.

¿Qué se necesita para que algo así suceda en ese país y se descarrile lo que se ha llamado el "milagro chileno"? Sencillo: un gobierno populista que aumente irresponsablemente el gasto público, que se asiente sobre redes clientelares de estómagos agradecidos que cambian sus votos por dádivas, que olvide que los gobiernos no producen riqueza, porque ésta sólo se genera en el ámbito privado y requiere un ciclo lento de madurez que incluye trabajo intenso, innovación, inversión, beneficios, ahorros y, nuevamente, inversión.[[QUOTE:El descalabro vendría de la mano de uno o varios gobiernos sucesivos que olviden que el orden racional de la economía exige que el Estado viva de la sociedad y no al revés]]

Esto es: el descalabro vendría de la mano de uno o varios gobiernos sucesivos que olviden que el orden racional de la economía exige que el Estado viva de la sociedad y no al revés, como sucede en las naciones fallidas paridas por el peronismo, el chavismo, el castrismo y otros males similares enquistados tras las banderas de la justicia social.

Estados Unidos, que es hoy y desde hace un siglo la mayor economía del planeta, sólo ha crecido, como promedio, un 2% anual, pero lo ha hecho durante 235 años consecutivos, descontados los periodos excepcionales de recesión. Los saltos inmediatos pertenecen a las delirantes fantasías de los ingenieros sociales como Mao Zedong, Fidel Castro y Hugo Chávez.

Esto es lo que se juegan los chilenos el 17 de diciembre. No es poca cosa.

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El domingo próximo los chilenos regresan a las urnas. Es la segunda y definitiva vuelta. ¿Qué se juegan? Algo muy serio. Probablemente, la permanencia de millones de personas en las clases medias, y ya se sabe que la libertad y la democracia se defienden mejor cuando un porcentaje elevado de ciudadanos forma parte de ese sector socioeconómico.

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Luis Almagro, secretario general de la OEA (Notitotal) Hay que entregarle a la OEA la facultad de organizar elecciones Continue reading
El actual mandatario venezolano se postulará de nuevo en 2018 Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Nicolás Maduro se postulará otra vez en el 2018. Ha dicho que confía en el voto del pueblo. No es cierto. Confía en los técnicos en computación, maestros en la prestidigitación digital, y en ese inefable personaje, como de cómic, Tibisay Lucena, famosa por multiplicar los votos, y en su obsecuente combo de cómplices electorales, capaces de hacer elegir presidente a un moribundo, a un chófer de autobuses, o a una caja de zapatos si se lo exige el guión chavista.

Maduro, que lee las encuestas, sabe que en el último Datanálisis obtuvo el 17% de apoyo, con tendencia a la baja, mientras el 80% de los venezolanos lo rechaza de manera creciente, y la cifra aumenta en la medida en que empeora el abastecimiento y aumenta la inflación. Tal vez a estas alturas de la miseria ya él ha bajado del 15% y su régimen debe tener el apoyo de un porcentaje más o menos similar, como demuestra la regañina televisiva de alguien como José Vicente Rangel.

Es perfectamente natural que así sea. Los venezolanos pasan mucho trabajo. No ignoran que en el futuro escaseará todo, menos las infinitas incomodidades impuestas por el chavismo. Saben que en los últimos meses las importaciones se han reducido a la mitad, dato terrible en una sociedad que trae del exterior casi todo lo que necesita para vivir, dado que han cerrado 8.000 empresas por la imposibilidad de obtener insumos. Mañana, intuyen, será mucho peor que hoy.[[QUOTE:Maduro sabe que en el último Datanálisis obtuvo el 17% de apoyo, con tendencia a la baja, mientras el 80% de los venezolanos lo rechaza de manera creciente]]

Maduro, no obstante, inasequible al desaliento, confía “en la democracia y la libertad como valor supremo de nuestra patria”. Cuando Nicolás se refiere a “su” patria habla de Venezuela, donde transcurrió su adolescencia, y no de Colombia, donde nació, o de Cuba, donde tiene su pequeño corazoncito. Nada de eso.

En rigor, Maduro y sus secuaces desconfían de la oposición porque saben que pueden acabar en la cárcel por una cadena de delitos que va desde el peculado –en ese país se han robado 300.000 millones de dólares–, hasta el tráfico de cocaína, pasando por el lavado de dinero, la violación de los derechos humanos y hasta la tortura y el asesinato de opositores.

El problema es que la oposición no tiene fuerza para despojarlos del poder ni ellos para sostenerse mucho más tiempo. Los opositores son considerablemente más que los chavistas, pero Raúl Castro ha explicado a su discípulo Maduro que en ese tipo de regímenes la autoridad no se mantiene mediante el consentimiento de los gobernados, sino por las actividades de la contrainteligencia y por el resto de los mecanismos de avasallamiento.

Basta tener el control del discurso, del aparato de propaganda, el respaldo del cucarachero comunista internacional, desde Podemos en España hasta las FARC colombianas, más ese 0,5% de la población (150.000 personas en Venezuela), incardinadas en la policía secreta, omnipotente y omnipresente, que está en todas partes y en ninguna,  como un Dios implacable y malo, aviesamente dedicado a inmovilizar a toda la población por la entrepierna.[[QUOTE:Raúl Castro ha explicado a su discípulo Maduro que la autoridad se mantiene mediante las actividades de la contrainteligencia y los mecanismos de avasallamiento]]

Pero, tras el agravamiento de la crisis económica, los saqueos y la inconformidad con la presencia insolente de “los cubanos”, Maduro conoce la secuencia de los hechos que ocurrirán el día que algunos hombres armados, militares o civiles, se enfrenten al régimen: tomarán un cuartel con el beneplácito de los soldados (o acaso serán ellos mismos), repartirán las armas al pueblo, y la estructura de poder se fracturará vertical y horizontalmente.

¿Qué pueden hacer el chavismo lúcido y la oposición sensata para evitar el desplome del país en el caos y la descomposición? Hay una docena de caminos. Pueden sentarse a pactar seriamente una transición real a cambio, acaso, de una moratoria judicial como la sucedida en Chile tras la salida de Pinochet, o en Nicaragua cuando Violeta Chamorro fue electa y comenzó el desguace del primer sandinismo.

Para esos fines son utilísimos los mecanismos electorales. Así, ordenadamente, sin sangre ni violencia, se acabó el comunismo en Centroamérica y en Europa, o el nacional-catolicismo en España, una forma de fascismo light, pero la clave está en respetar la voluntad popular y –por ahora– no hay el menor síntoma de que Maduro admita esa posibilidad. Está empecinado.

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Norcorea provoca un ataque preventivo de Estados Unidos Continue reading

Hay países latinoamericanos en los que votar es inútil. Venezuela es el caso más escandaloso. Cuando la oposición consigue que no le hagan demasiadas trampas, el chavismo priva a los vencedores de las prerrogativas que marca la ley y sin el menor recato le anula las mayorías logradas en las urnas. Ahí las elecciones son una farsa.

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Carlos Alberto Montaner

Hay países latinoamericanos en los que votar es inútil. Venezuela es el caso más escandaloso. Cuando la oposición consigue que no le hagan demasiadas trampas, el chavismo priva a los vencedores de las prerrogativas que marca la ley y sin el menor recato les anulan las mayorías logradas en las urnas. Ahí las elecciones son una farsa.

En Cuba, que es la madre y maestra del chavismo, el mecanismo electoral es aún más diáfano. La oposición ni siquiera puede participar. En la Isla, candidato proviene de candado. El sistema está lleno de candados para que sólo pasen los comunistas. En los comicios actuales, ni siquiera uno de los opositores ha podido franquear las talanqueras impuestas por la contrainteligencia, pese a que más de un centenar lo intentó. Raúl tampoco ha permitido el referéndum que, conforme a la ley, piden los partidarios de Cuba Decide. Los Castro ya decidieron por todos los cubanos desde hace 60 años.[[QUOTE:En Bolivia el pueblo votó para que Evo no se reeligiera y el presidente aymara se pasó los resultados por el forro de la Constitución]]

En Bolivia el pueblo votó para que Evo no se reeligiera y el presidente aymara se pasó los resultados por el forro de la Constitución. Lo mismo que sucedió en Colombia cuando los ciudadanos decidieron cerrarles el camino de la impunidad a los narcoguerrilleros comunistas de las FARC en un referéndum notable. Juan Manuel Santos continuó sonriente e imperturbable por el camino de los acuerdos de paz, como si con él no fuera, y como si la ley no lo obligara a obedecer a sus compatriotas.

En Nicaragua, Daniel Ortega, con el apoyo de una buena parte de la clase empresarial y -todo hay que decirlo- con el respaldo de los grandes sectores de su clientela política, fue apoderándose ilegalmente de los mecanismos electorales, hasta establecer un curioso somocismo de izquierda en el que habla como Lenin, pero gobierna como D. Anastasio, Tacho para sus amigos, muy alejado del modelo colectivista de los años ochenta, cuando hervía al calor de la revolución cubana y destruyó insensiblemente el aparato productivo de los nicas.

Hay países latinoamericanos democráticos en los que votar es voluntario. Así ocurre, por ejemplo, en Chile, Costa Rica, República Dominicana, Honduras, México y Paraguay. En otros, es obligatorio: Argentina, Brasil, Panamá, Perú y Uruguay. ¿Qué es mejor? ¿En cuáles se refleja con mayor claridad la voluntad popular?

Sospecho que es preferible que el voto sea obligatorio. Es cierto que no votar es una expresión de la libertad personal, pero siempre se puede votar en blanco o anular la boleta. Además, acudir a las urnas no es sólo un derecho: es un deber cívico que sólo pudiera declinarse por razones de fuerza mayor.

Existe, además, una razón práctica para hacer el voto obligatorio y tiene que ver con las vísceras.

Me explico, aunque me adelanto a decir que los siguientes factores son todos comprensibles, pese a que alguno sea ilegal.

Los clientes políticos votan con el estómago. Reciben algo a cambio del sufragio. A veces son tan pobres, o están tan cínicamente desencantados, que venden sus votos por un poco de dinero. Esto sucede claramente en la costa colombiana, en Centroamérica y en República Dominicana.[[QUOTE:Los adversarios eligen con el hígado. No votan a favor, sino en contra. Les irritan ciertos candidatos y acuden a tratar de impedir que lleguen al poder]]

Los partidarios votan con el corazón. Son hinchas. Son fanáticos. A veces, incluso, son partidarios por tradición familiar. No suelen detenerse a pensar en las consecuencias de la selección. Aman a su candidato o a su partido y los apoyan contra viento y marea. El amor es así. El corazón tiene sus propias razones.

Los adversarios eligen con el hígado. No votan a favor, sino en contra. Les irritan ciertos candidatos y acuden a tratar de impedir que lleguen al poder. La rabia gobierna sus decisiones políticas. Con frecuencia, el hígado es movilizado por cuestiones ideológicas. Votan contra la derecha. Votan contra la izquierda.

En cambio, entre quienes no votan hay más probabilidades de que utilicen sus cerebros, dado que el resto de las vísceras no entran en la ecuación. A veces, claro, se inhiben de votar por pura indolencia o por ignorancia y luego lo lamentan. Les ocurrió a los británicos que no participaron en el referéndum del Brexit. Presumiblemente, es lo que les sucedió al 37% de los venezolanos que no acudieron a las elecciones de 1998. La abstención le dio la victoria a Hugo Chávez y ahí comenzó el descalabro. Si el voto hubiera sido obligatorio tal vez otro gallo cantaría.

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La dinastía morirá con la sucesión de Raúl Castro Continue reading

Carlos Alberto Montaner

Hace un año que se anunció la muerte de Fidel. Parece un siglo. Durante más de una década, desde el 26 de julio del 2006 hasta el 25 de noviembre de 2016, vivió con un pie en la tumba. Esa agonía en cámara lenta le fue muy útil a su hermano Raúl. Le sirvió para atornillarse en la poltrona presidencial y para que los cubanos se adaptaran a su control, mientras él se afianzaba en el poder y situaba a gente de su confianza.

Raúl es el presidente porque así lo decidió Fidel. Le parecía una persona mediocre, sin lecturas y sin carisma, pero absolutamente leal, una virtud que los paranoicos valoran por encima de todas las demás, así que le fabricó la biografía para convertirlo en su escudero. Lo arrastró a la revolución. Lo hizo Comandante. Lo hizo Ministro de Defensa. Lo hizo vicepresidente y, por último, le dejó el poder en herencia iniciando la dinastía de los Castro.

Desde entonces Raúl gobierna con su entorno familiar. Con su hija Mariela, una inquieta y lenguaraz sexóloga. Con su hijo, el coronel Alejandro Castro Espín, formado en las escuelas de inteligencia del KGB. Con su nieto y guardaespaldas, Raúl Guillermo Rodríguez Castro (hijo de Déborah). Con su yerno o ex yerno (no se sabe si sigue casado con Déborah o se divorció), el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, Jefe de GAESA, el principal holding de los militares cubanos. [[QUOTE:El propio Raúl perdió la confianza en el sistema en los años ochenta del siglo pasado cuando despachó a muchos oficiales a centros europeos a aprender técnicas de gerencia y mercadeo]]

Esa es la gente que gobierna junto a Raúl, pero tienen tres problemas gravísimos. El más importante es que en Cuba quedan muy pocos creyentes en el sistema. Sesenta años de desastre son demasiados para mantener la fe en ese disparate. El propio Raúl perdió la confianza en el sistema en los años ochenta del siglo pasado cuando despachó a muchos oficiales a centros europeos a aprender técnicas de gerencia y mercadeo.

¿Para qué los militares cubanos debían dominar esas disciplinas? Para implementar el “Capitalismo Militar de Estado”, único y devastador aporte intelectual cubano al poscomunismo. El Estado se reserva las 2.500 empresas medianas y grandes del aparato productivo (hoteles, bancos, fábricas de ron, cerveza, cementeras, siderúrgicas, puertos y aeropuertos etc.) dirigidas por militares o exmilitares de alto rango. Cuando no pueden explotarlos directamente por falta de capital o de conocimientos, se asocian a un empresario extranjero al que le ofrecen buenos beneficios y al que vigilan, eso sí, como al peor de los enemigos.

Simultáneamente, a los cubanitos de a pie se les prohíbe crear grandes empresas. Deben limitarse a pequeños lugares de servicio (restaurantes), elaborar pizzas, freír croquetas, o freírse ellos mismos como taxistas. Les está vedado acumular riquezas o invertir en nuevos negocios, porque el objetivo no es que los individuos emprendedores desplieguen su talento y reciban los beneficios, sino que absorban la mano de obra que el Estado no puede emplear. En Cuba, al contrario que en China, enriquecerse es delito. O sea, lo peor de los dos mundos: el estatismo controlado por militares y el microcapitalismo atado de pies y manos.[[QUOTE: Los partidos comunistas son segregados por una doctrina, el marxismo, que al perder toda significación convierte al PC en un asunto puramente ritual]]

El segundo problema es que el Partido Comunista no significa nada para casi nadie en Cuba. En teoría, los partidos comunistas son segregados por una doctrina, el marxismo, que al perder toda significación convierte al PC en un asunto puramente ritual. Fue lo que sucedió en la URSS. Como nadie creía en el sistema, el PC fue liquidado por decreto y 20 millones de personas se retiraron a sus casas sin derramar una lágrima.

El tercero es que Raúl es un hombre muy viejo, con 86 años de edad, que ha prometido retirarse de la presidencia el próximo 24 de febrero, aunque probablemente permanezca agazapado en el Partido. En todo caso, ¿hasta cuándo vivirá? Fidel duró 90 años, pero basta leer sus escritos de los últimos años para comprender que había perdido muchas facultades. El mayor de los varones, Ramón, murió a los 91, pero llevaba varios años aquejado por demencia senil.

La suma de esos tres factores preludian un final violento para el castrismo, acaso a cargo de algún militar, salvo que el heredero de Raúl Castro (oficialmente Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente, pero podría ser otro) opte por una verdadera apertura política y desmonte el sistema organizadamente para evitar que lo derriben y los escombros caigan sobre esa frágil estructura de poder.

Para esos menesteres sirven los procesos electorales, pero ya los raulistas se encargaron de cerrarles el paso al centenar de opositores dispuestos a participar en los próximos comicios, mientras se niegan a admitir la consulta que propone Rosa María Payá, la hija de Oswaldo Payá, un dirigente asesinado por pedir lo mismo que hoy, valientemente, reitera la muchacha. O sea: Raúl le legará a su sucesor una terrible sacudida. La dinastía morirá con él.

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Chile está a punto de entrar en el Primer Mundo. Será la primera nación de América Latina que logre derrotar el subdesarrollo Continue reading

Carlos Alberto Montaner

El 19 de noviembre los chilenos acudirán a las urnas. Si ningún candidato obtiene más del 50% de los sufragios, los dos más favorecidos (de un total de ocho) volverán a aspirar el 17 de diciembre. Según todas las encuestas, Sebastián Piñera, cabeza de la centroderecha, será nuevamente el jefe del Estado chileno en la primera o en la segunda vuelta. Ya lo fue, exitosamente, entre el 2010 y el 2014. Lo sustituyó, sin gloria, Michelle Bachelet, que sale de la presidencia con el aproximado rechazo del 70% de los chilenos y el aprecio del 30 restante.

Hasta ese punto no hay nada sorprendente, salvo la historia de la evolución económica y social de Chile y el miedo al éxito de una parte sustancial de la población de ese país. Es lo que llamo “el síndrome del tercermundismo”. Son ese conjunto de síntomas, basados en supersticiones ideológicas, que impiden que ese país (como sucede con toda América Latina) finalmente se transforme en una nación del Primer Mundo.

Hasta 1970 Chile fue una nación en la que convivían la democracia con la injerencia constante del Estado. Era un país libre, pero gris, sometido a una serie de controles que ahogaban la creatividad de sus emprendedores. Ese año fue electo Salvador Allende con un tercio de la votación, pero quiso emprender una revolución social inspirada en el ejemplo cubano, curso que contradecía sus promesas de campaña y el documento que tuvo que firmar con el Parlamento para acceder a la presidencia.

El experimento se saldó en 1973 con una grave crisis económica, inflación, desabastecimiento, atropellos judiciales y, finalmente, el golpe militar de Augusto Pinochet.[[QUOTE:Chile está a punto de entrar en el Primer Mundo. Excede los 24.000 dólares per cápita de PIB medido en paridad de poder adquisitivo, sólo tiene un 6,5% de desempleo]]

Los 17 años de Pinochet fueron duros. Hubo unos tres mil asesinatos y miles de chilenos marcharon al exilio para escapar de las cárceles y la tortura. La Democracia Cristiana, que en un principio apoyó el golpe, muy pronto se opuso a los militares. Sin embargo, como Pinochet tenía una idea muy borrosa de la economía, contra el consejo de algunos militares estatistas (como casi todos), les entregó esas actividades misteriosas a unos jóvenes académicos que se habían formado en Chicago bajo el magisterio de Milton Friedman, o en Harvard, donde tampoco eran ajenos a la influencia intelectual de los defensores del mercado y de la versión moderna del laissez faire. En ese punto comenzó la leyenda de los Chicago Boys.

La reforma de la economía tuvo éxito. Al principio, naturalmente, hubo tropiezos, pero en 1990, cuando los chilenos retoman la democracia como método de gobierno, el país estaba encaminado en la dirección correcta. Chile crecía espectacularmente, y la oposición, ya instalada en la Casa de la Moneda, tuvo el buen juicio de no cambiar lo que funcionaba estupendamente: el modelo económico. No regresó al Chile preallendista, sino inauguró la etapa pospinochetista sobre las bases sólidas que les habían dejado los Chicago Boys, hasta que la señora Bachelet, en su segundo periodo, comenzó a involucionar hacia el pasado.

La gran contradicción es que mucho de los que rechazan a Piñera lo hacen por las malas razones. Siguen creyendo en la Teoría de la Dependencia –esa idiota manía de culpar a las naciones desarrolladas de la pobreza del Tercer Mundo–, sin preguntarse quiénes han tratado de impedir a los cuatro dragones asiáticos dar el salto a la prosperidad. O sin estudiar cómo Israel comenzó exportando naranjas y hoy exporta aviones, medicinas y software. Incluso el caso de Irlanda, ahora un país bastante más rico que el Reino Unido del cual se separó.[[QUOTE:No hay nada en nuestro ADN que impida que los latinoamericanos prosperen, abandonen los vagones pobres de la civilización y se incorporen a la locomotora del planeta]]

Chile está a punto de entrar en el Primer Mundo. Excede los 24.000 dólares per cápita de PIB medido en paridad de poder adquisitivo, sólo tiene un 6,5% de desempleo, y existe una gran movilidad social en un país que hoy está sustancialmente habitado por clases medias. Si mantiene el gasto público bajo, se aparta del capitalismo de amiguetes (crony capitalism), erradica la poca corrupción que existe, sostiene un sistema competitivo que aumente la productividad, y es capaz de alentar a los emprendedores e innovadores, será la primera nación de América Latina que logre derrotar el subdesarrollo, algo que pudiera anunciarse en los próximos cuatro años.


Para el resto de América Latina es muy importante que exista esta excepción. Será la señal de que no hay nada en nuestro ADN que impida que los latinoamericanos prosperen, abandonen los vagones pobres y mediocres de la civilización y se incorporen a la locomotora del planeta. Pero para ello es menester que Chile triunfe claramente. Cuando eso suceda, nadie tendrá el derecho de convocar a revoluciones absurdas y sangrientas, como sucede en la Venezuela del chavismo o en la Cuba irreductiblemente estalinista de Raúl Castro. El camino es otro: el del mercado, la competencia y la libertad. El que Chile emprendió hace varias décadas.

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