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Fabio Rafael Fiallo
Suiza

La secretaria ejecutiva del organismo no pierde ocasión de alabar a La Habana, donde la premian.

En más de una ocasión, las burocracias de la ONU han dado muestra de falta de espíritu crítico hacia regímenes antidemocráticos. Durante el largo periodo de la Guerra Fría, no era leyendo los informes de la ONU que uno podía enterarse del desastre económico soviético ni de las vicisitudes de los pueblos de Europa Oriental. Esos informes no solían contradecir las altas tasas de crecimiento económico ni los avances en materia social que los regímenes comunistas pretendían exhibir.

Con la ayuda de esas distorsiones estadísticas, el socialismo y la planificación estatal parecían ser un contrincante viable de la economía de mercado auspiciada por el liberalismo y la social democracia, lo que inducía a ciertas agencias de la ONU a concebir y proponer políticas económicas opuestas al juego de las fuerzas del mercado.

En esa concepción estatista de la economía llegó a descollar la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). En los años 60 del siglo pasado, aquella agencia de la ONU aconsejaba a los países de la región erigir barreras proteccionistas a fin de cerrar el mercado a los artículos manufacturados provenientes del exterior y así promover la industrialización a través de la sustitución de importaciones.

Aquella estrategia no estuvo a la altura de las expectativas y resultó ser mucho menos eficaz que la política de promoción de exportaciones, más acorde con las leyes del mercado, adoptada en esa época por países del Extremo Oriente tales como Hong Kong, Corea del Sur, Singapur y Taiwán.

Muchos países latinoamericanos decidieron finalmente echar por la borda las recetas proteccionistas de la Cepal, abriendo sus economías al mercado mundial y adoptando políticas similares a las del sudeste asiático. Es por esto que un número cada vez mayor de esos países (con Brasil, Chile y Perú a la cabeza) compiten hoy con éxito en la economía globalizada.

Era de esperarse, pues, que la Cepal abandonara de una vez por todas sus atavismos estatistas. Sin embargo, a juzgar por los grandilocuentes elogios al sistema económico castrista formulados por su actual secretaria ejecutiva, Alicia Bárcena, tal no parece ser el caso.

En efecto, en una visita a La Habana efectuada recientemente, la Sra. Bárcena declaró que Cuba "ha dejado atrás" a muchos países de América Latina en el "cambio estructural" que propone la Cepal.

Hay que tener un gran tupé, o vivir en otro planeta, para presentar como modelo a una inoperante economía cubana que se mantiene con vida tan solo por los barriles de petróleo venezolano que le transfiere Hugo Chávez.

Ni siquiera los hermanos Castro osan formular declaraciones tan divorciadas de la realidad. Recordemos que a fines de 2010 Fidel tuvo que admitir que "el socialismo no funciona ni siquiera en Cuba", mientras Raúl advertía que la economía cubana se encuentra "al borde de un precipicio". Y no son los inocuos "reajustes" decretados por Raúl lo que podría modificar tan siniestro panorama.

El simple hecho de que un régimen fallido como el castrista pueda servir como ejemplo de "cambio estructural" pone en entredicho el tipo de reforma que en estos tiempos está propugnando la Cepal. Si es Cuba el país que está a la vanguardia de la implementación del "cambio estructural", no hay que ser adivino para predecir que las políticas propuestas actualmente por la Cepal tendrán la misma aciaga suerte que el proteccionismo de ayer.

Ésta no es la primera vez que la actual secretaria ejecutiva de la Cepal se deshace en ditirambos a la gloria del régimen de los hermanos Castro. En febrero del año pasado, la misma Sra. Bárcena dictaminó que la América Latina tenía "mucho que aprender" de Cuba en materia de igualdad.

La igualdad en Cuba loada por la Sra. Bárcena no deja de ser un mito tan manipulado por el régimen como desmentido por la realidad.

A este respecto, cabe mencionar que tras realizar una encuesta independiente sobre el racismo en Cuba, la BBC concluyó que "los negros tienen inferiores puestos de trabajo, reciben menos ingresos, viven en las peores viviendas y son mayoría en las cárceles y una minoría en las universidades". El Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas mostró a su vez preocupación por la alta proporción de afrodescendientes en las cárceles cubanas (80-90% de la población reclusa).

La discriminación afecta igualmente al género femenino y a la juventud, como queda patente en la estructura del Buró Político del Partido Comunista, máxima instancia del poder en Cuba. Entre los 15 miembros que componen el Buró se cuenta una sola mujer, en tanto que la edad promedio de sus integrantes es de 68 años.

Si, como da a entender la secretaria ejecutiva de la Cepal, los resultados del castrismo son tan encomiables, no estaría de más formular la siguiente pregunta: ¿por qué el régimen cubano no permite partidos opositores, elecciones libres y una prensa independiente para así obtener el aval del pueblo cubano, único juez habilitado para pronunciar sentencias en la materia?

Coincidiendo con sus rimbombantes declaraciones en favor del sistema castrista, la Sra. Bárcena fue condecorada recientemente por la Universidad de La Habana. Para algunos ese galardón es un premio merecido; para otros, no es más que la recompensa a una complicidad.

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Roberto Alvarez Quiñones
Los Ángeles
  • La crisis económica no es la causa, sino el efecto del desastroso proceso político llamado 'revolución'.
  • En 1958 Cuba era uno de los tres países punteros en Latinoamérica. Hoy, es la única nación cuyos datos económicos han involucionado.

Con la supresión de la "tarjeta blanca", mediante la cual el régimen autorizaba o impedía a los cubanos viajar al extranjero, y posibilitarse que más personas puedan salir del país si el Gobierno les entrega el pasaporte —la nueva forma de controlar el derecho a viajar—, ha cobrado fuerza el criterio de que quienes emigran de Cuba lo hacen por razones económicas más que políticas.

Visto a priori, esto es cierto. La mayoría de los cientos de miles de cubanos que se han marchado en los últimos 20 años lo han hecho por razones económicas, casi de sobrevivencia en muchos casos. A fin de cuentas, los cubanos somos uno de los pueblos más pobres y que peor vive en el hemisferio occidental.

Así las cosas, habría que darle la razón al Gobierno cuando afirma que quienes se marchan no se diferencian en nada del resto de los millones de emigrantes del Tercer Mundo. Pero eso no es del todo cierto. Las causas del éxodo nacional son políticas, aunque parezcan económicas y los emigrados puedan regresar a la Isla a ver a sus familiares. Solo hay que preguntarse por qué la economía nacional se derrumbó y quedó postrada y arruinada, inmersa en una crisis estructural —ya cincuentenaria— que empuja a emigrar.

Imán para inmigrantes

Antes de los Castro, la Isla era un imán para atraer inmigrantes de Europa, Medio Oriente, Asia, el Caribe e incluso de Estados Unidos. Estadísticas del antiguo Ministerio de Hacienda de Cuba revelan que solo entre 1902 y 1930 llegaron a nuestro país 1.3 millones de inmigrantes, 261.587 de ellos en los últimos seis años de ese período.

En esos 28 años, encabezaron la lista 774.123 españoles, 190.046 haitianos, 120.046 jamaicanos, 34.462 estadounidenses, 19.769 ingleses, 13.930 puertorriqueños, 12.926 chinos, 10.428 italianos, 10.305 sirios, 8.895 polacos, 6.632 turcos, 6.222 franceses, 4.850 rusos, 3.726 alemanes y 3.569 griegos.

En años posteriores siguieron llegando a Cuba más inmigrantes de las nacionalidades mencionadas, así como también libaneses, judíos, palestinos, rumanos, húngaros, filipinos y mexicanos (sobre todo de Yucatán), etc. En 1958 había en la embajada de Cuba en Italia 12.000 solicitudes de ciudadanos deseosos de emigrar a la Isla.

Pero si en 1958 Cuba era uno de los tres países de Latinoamérica con mayor ingreso per cápita, con 374 dólares —el doble que en España ($180) y casi igual al de Italia—, hoy es uno de los más pobres. Es el único que en vez de avanzar involucionó y presenta ahora un grado menor de desarrollo económico y social que hace media centuria. Ni siquiera Haití sufrió tal retroceso.

Notable pujanza

Los efectos del castrismo asombran cuando se examinan algunas estadísticas del Anuario Estadístico de Naciones Unidas, el Atlas of Economic Development (1961) de Norton Ginsburg, la FAO, el Departamento de Comercio de EE UU, y el Cuban Center for Cultural Social & Strategic Studies, Inc.

En 1958, como en cualquier nación en desarrollo, había pobreza en la Isla, pero Cuba era el octavo país del mundo con mayor salario promedio en el sector industrial, con $6.00 diarios, por encima de Gran Bretaña ($5.75), Alemania Federal ($4.13) y Francia ($3.26). La lista la encabezaban EE UU ($16.80) y Canadá ($11.73). Cuba, además, ocupaba el séptimo lugar mundial en salario agrícola promedio, con $3 diarios, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Hace 54 años Cuba registraba la mayor longitud de vías férreas en Latinoamérica, con un kilómetro de vía por cada 8 kilómetros cuadrados. Y era líder en televisores, con 28 habitantes por receptor (tercer lugar en el mundo); la primera señal de TV a color en el mundo fuera de EE UU fue lanzada en La Habana por Gaspar Pumarejo, el 19 de marzo de 1958. El país ocupaba el segundo lugar latinoamericano en número de automóviles, con 40 habitantes por vehículo.

También teníamos la más baja tasa de inflación en Latinoamérica, con 1.4%. Nos autoabastecíamos de carne de res (desde 1940), leche, frutas tropicales, café y tabaco; y éramos casi autosuficientes en pescados y mariscos, carne de cerdo, de pollo, viandas, hortalizas y huevos. Éramos el primer país latinoamericano en consumo de pescado y el tercero en consumo de calorías, con 2.682 diarias. Producíamos el 76% de los alimentos que consumíamos (hoy producimos el 21%), y había una vaca por habitante.

La Isla exportaba más de lo que importaba, y era la tercera economía más solvente de la región por sus reservas de oro y de divisas y por la estabilidad del peso, a la par con el dólar. Era el país latinoamericano con menor mortalidad infantil y el que dedicaba mayor porcentaje del gasto público a la educación, con el 23 %. (Costa Rica, 20%; Argentina, 19.6%; y México, el 14.7%). En 1953, Francia, Gran Bretaña, Holanda y Finlandia contaban proporcionalmente con menos médicos y dentistas que Cuba.

Cuba era también proporcionalmente en 1958 el país latinoamericano con más salas de cine, ostentaba el segundo puesto en cantidad de periódico impresos, con ocho habitantes por ejemplar, luego de Uruguay (seis), y tenía el segundo lugar en teléfonos, con 28 habitantes por aparato.

Cataclismo

Entonces ¿qué cataclismo hundió la economía cubana e invirtió el flujo migratorio y convirtió al país en un emisor de emigrantes? ¿Nada tiene que ver ese descenso en el nivel de vida de los cubanos con la implantación de un régimen político comunista?

Contrariamente a lo que dice La Habana, Cuba es el único país de Occidente que no puede achacar a motivos económicos el abandono del país de sus ciudadanos, por cuanto su sistema político impide que las fuerzas productivas creen riquezas libremente.

Las razones para emigrar serían económicas si Cuba fuese un país con economía de mercado —como pasa en el mundo subdesarrollado—, desde donde millones de ciudadanos se van a las naciones desarrolladas en busca de las oportunidades que no encuentran en su suelo natal.

Pero en la Isla impera un sistema político estatista que prohíbe la empresa privada capitalista. El gobierno es dueño de "vidas y haciendas", y por tanto es el culpable de que no haya empleos suficientes y bien remunerados.

Efecto, no causa

La dictadura cubana nunca ha admitido que quienes emigran lo hacen por razones políticas. No importa que Fidel Castro gritara en sus discursos "que se vayan, no los necesitamos…", a quienes no coincidían con él ideológicamente. En enero último, la directora del Centro de Estudios de Migraciones Internacionales de la Universidad de La Habana, Ileana Sorolla, reiteró que "excepto la primera oleada de emigrantes comprometida con el régimen de Fulgencio Batista y los intereses del gobierno estadounidense", todos los cubanos que hoy viven en 150 países se fueron por motivos económicos.

Falso. Ese sofisma resulta ofensivo para varias generaciones, para todos los que en los años 60 y 70 salieron del país por razones políticas. No eran batistianos ni empleados de Washington y muchos sufrieron años de prisión. El régimen insulta también a quienes emigraron posteriormente.

Conclusión, que la debacle económica cubana no es causa, sino efecto. La verdadera razón que fuerza a emigrar de Cuba es el sistema político que sepultó la libertad económica y transformó la Isla en una ameba gigante que se nutre de subsidios extranjeros.

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Carlos Alberto Montaner
Miami

¿Cuáles son las ventajas del cubanoamericano, y qué juega en su contra?

El senador Marco Rubio quiere ser presidente de Estados Unidos. No se trata de un deseo descabellado. El hecho de que su partido lo hubiera elegido para responder al discurso de Obama prueba que hay mucha gente influyente que lo acompaña en esa aspiración. Creen en él.

¿Cuáles son sus "ventajas comparativas" para la batalla electoral?

Es joven, pero con una larga experiencia que incluye la presidencia del Congreso en Florida. Es un abogado elocuente. Es hispano bilingüe y bicultural, lo que quiere decir que el mainstream no lo rechaza mientras los hispanos pueden verlo con simpatía, aunque no sea mexicano, grupo que acapara al 70% de la etnia. Es cristiano, circunstancia que acaso lo ayuda entre ciertas personas creyentes. Es conservador a la manera reaganiana, es decir, desconfía de la capacidad del gobierno para beneficiar a los individuos. Tiene fama de ser un hombre de familia y está dotado de una personalidad agradable.

Su biografía, además, casa perfectamente con la historia del americano self-made-man que viene de un hogar de inmigrantes pobres y escala la ladera social por medio del trabajo y los estudios. Su triunfo dentro del partido contra el candidato natural, el gobernador Charlie Crist, y luego su exitosa batalla por llegar al Senado federal, lo acreditan como alguien a quien hay que tomar en cuenta. Sabe jugar sus cartas con destreza, pero también con rudeza si es necesario.

¿Cuáles son los factores que tiene en contra? Su partido republicano, en general, ha decidido controlar la entrepierna de los norteamericanos y se las ha arreglado para enfrentarse a las mujeres que desean tener el control sobre su propio cuerpo —léase el derecho a interrumpir el embarazo—, y a los homosexuales y lesbianas, a quienes les regatea el derecho a contraer matrimonio, o les niega a gays y lesbianas el derecho a formar parte de las fuerzas armadas mientras, simultáneamente, proclaman su orientación sexual.

En el terreno económico, su partido republicano, además de ser percibido como antiinmigrante, se ha dejado colocar la etiqueta de ser un club de blancos ricos, insensibles a las necesidades de los pobres, y enemigos de los intereses de los pensionados, a quienes les van a quitar o disminuir el seguro médico o la jubilación, en lugar de presentarse, como en la era de Reagan, como el partido proinmigrante que sabía cómo se creaba la riqueza y cómo se malgastaba.

Esta limitación de los republicanos se confirmó claramente durante las últimas elecciones. El 90% del tiempo, el candidato Romney se vio obligado a defender sus ideas y propuestas, como si él fuera el mandatario, mientras el presidente Obama no tenía que explicar su obra de gobierno, ni la enorme deuda pública, ni el pobre desempeño del mercado laboral, porque su hábil maquinaria de comunicación había convertido al Partido Demócrata en una institución compasiva defensora de los más necesitados. El problema eran las supuestas ideas de Romney, no la obra de gobierno de Obama.

En todo caso, el factor más importante para entregarle o negarle a Marco Rubio la Casa Blanca, no serán sus virtudes personales, y ni siquiera la buena o mala imagen del republicanismo, sino el desempeño de los demócratas en este segundo periodo de Obama.

Lo que hizo presidente a Reagan en 1981 no fueron su simpatía, ni su experiencia como gobernador de California, ni el poder de sus ideas neoconservadoras basadas en la visión de Hayek y Friedman. Fue el desastre del gobierno de Jimmy Carter, a quien casi todo lo hizo o le salió mal, desde la inflación, hasta el secuestro de los norteamericanos en Teherán, pasando por el espasmo imperial de Moscú en Afganistán. Como suelen decir los españoles: si compraba un circo, le crecían los enanos.

La política tiene ese componente siniestro: las posibilidades del candidato aumentan o disminuyen con la suerte del gobernante anterior. Romney no resultó electo porque al gobierno de Obama, en realidad, no le había ido tan mal (búsquese en Google The Keys to the White House). A Marco Rubio, como a cualquier opositor, le conviene que se hunda su adversario. Si eso sucede, y si logra modificar la percepción de su partido, puede ser el primer hispano que ocupe la Casa Blanca. Llegaría al poder a bordo del fracaso de Obama. Como Reagan.

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Miguel Cabrera Peña
Santiago de Chile

Al habla con el académico y economista venezolano José Noguera Santaella.

José Noguera Santaella es un prestigioso profesor venezolano que desde hace varios años dirige el Centro de Finanzas de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad de Santiago de Chile.

Junto a sus labores como académico, Noguera es el vocero en Chile de la Mesa de Unidad Democrática, que agrupa a los partidos de oposición en Venezuela. Ex viceministro del Interior de este país entre 1992-93, Noguera se doctoró en economía en Estados Unidos.

Tras dialogar con DIARIO DE CUBA durante una protesta de la comunidad venezolana en Chile contra lo que el académico llama "usurpación del poder" en su país, acordamos una conversación posterior, en un ambiente más calmado, acerca del estado de la economía venezolana y sus vínculos, también económicos, con Cuba.

En síntesis, ¿cuál es la situación actual de la economía venezolana y sus problemas más acuciantes?

Desde 1999 la economía en general y el sector petrolero en particular han sufrido un paulatino proceso de deterioro, pero éste se ha visto compensado por el alza de los precios del hidrocarburo.

Como los ingresos por la venta de petróleo entran al Gobierno casi en su totalidad, la economía depende cada vez más del gasto gubernamental, bajo lo que se debe entender como salarios, campañas electorales y satisfacción de la enorme clientela política del chavismo, entre otros temas.

Adicionalmente, la economía ha sufrido un creciente endeudamiento durante el mandato de Hugo Chávez, de unos 20.000 millones de dólares ha pasado a cerca de 55.000 millones.

Otro problema es el elevado subsidio de la economía. Pongo un ejemplo. Mermada la producción de gasolina, que va junto con la progresiva depauperación de las refinerías, Venezuela compra gasolina a EE UU a precios de mercado y prácticamente la regala en el país.

Con menos de un dólar puedes llenar el tanque de un automóvil. A lo anterior se unen los subsidios que Chávez entrega a un grupo de países, tanto latinoamericanos como de otras regiones del mundo.

Tengo entendido que la relación de Venezuela con China es sumamente importante, sobre todo con respecto a los préstamos.

China es el más grande prestamista de Venezuela. Una buena cantidad de esos préstamos —las cifras no se conocen porque el gobierno de Caracas las oculta— pertenece a ventas de petróleo a futuro. Se estima que el país ha comprometido su futuro por 400 mil barriles diarios por las próximas dos décadas.

Este año pareciera que la economía va a entrar en problemas más difíciles aún, pues la calidad del petróleo que recibe China, que lo pagó hace años, no es la que esperaba, y el país asiático ha interpuesto quejas al respecto.

Además, la fragilidad y el endeudamiento de la economía venezolana provocan ahora escepticismo en los chinos en cuanto a seguir prestando.

Otro punto es el déficit del Gobierno, que se calcula cercano al 19 por ciento del Producto Interno Bruto. Esto quiere decir que por cada cien dólares que un ciudadano gane, el Gobierno necesita 19 dólares para poder completar el financiamiento del gasto.

Y si eso no se cubre, la economía va a tener casi una quinta parte menos de lo que ganó el año pasado. Esto tendrá un impacto muy serio. Recuerda que el gran financista de las elecciones es el propio ingreso del Gobierno. En algún lado tienen que recortar, y ello genera especulaciones.

¿En qué medida la reciente devaluación monetaria ayudará a componer el estado actual de la economía?

Esta devaluación en Venezuela tiene como propósito financiar el déficit fiscal del Gobierno. En palabras sencillas, esto quiere decir que para poder financiar el gasto gubernamental de este año, el ejecutivo necesita que los venezolanos paguen 1 de cada 4 bolívares fuertes (adicionalmente a lo que ya pagan) en impuestos.

Para evitar cobrarle directamente a la gente, el Gobierno devalúa, es decir, que por cada dólar que entra por las exportaciones petroleras, el Gobierno recibirá 6,30 en vez de 4,30 bolívares fuertes. La principal consecuencia de esto es que a corto plazo el Gobierno dispondrá de liquidez para la campaña electoral que todos avecinan. Hacia finales de año, no obstante, esto se verá reflejado en más inflación.

Muchos dudan que esta medida aislada sea suficiente para cubrir el déficit y se prevé que continuará incrementándose la escasez de productos.

En cuanto a sus efectos en el exterior, busca evitar el corte de suministro de dólares de libre disposición que tiene el Gobierno a través del FONDEN (Fondo de Desarrollo Nacional), que funciona como una especie de caja chica del presidente y sobre la cual no rinde cuentas a pesar de absorber alrededor de la mitad de los ingresos petroleros. Estos se utilizan para financiar, entre otras cosas, a sus amigos en el exterior, y aquí desde luego entran los Castros.

Para revertir este contexto de descalabro económico existe la opción de recortes a países que en alguna medida Venezuela subsidia, como el caso de Cuba.

Una opción puede ser eliminar los subsidios a la economía venezolana, pero esto puede generar un alboroto interno, porque el chavismo vive del subsidio al chavismo, a su clientela política, o sea, regalando televisores, neveras y pagándole a la gente para que no trabaje, etc.

La otra opción sería recortar los subsidios a economías como la cubana, lo cual constituiría una verdadera calamidad para los Castro. La coyuntura actual resulta sumamente importante para Cuba, pues yo creo que si el gobierno de Nicolás Maduro se va, los Castro perderían todo el subsidio venezolano.

Se sabe que ni La Habana ni Caracas ofrecen cifras suficientes, pero ¿podría usted brindarnos un breve bosquejo sobre puntos importantes del subsidio venezolano a Cuba?

Sí, valdría la pena esbozar los vínculos económicos entre los dos países para evaluar el monto total del subsidio. De los cien mil barriles diarios de petróleo que envía Venezuela a la Isla, los Castro revenden una parte en el extranjero. Es lo mismo que hicieron con el combustible soviético que ahorraban mediante apagones.

Como se sabe, por el trabajo de los médicos cubanos Caracas paga aparte cifras enormes a La Habana, pero a los médicos —que en Venezuela llaman "cura gripe" porque la atención que ofrecen es generalmente muy básica, entre otros factores porque no tienen con qué trabajar— les paga un salario de subsistencia. Por cierto, se dice en mi país que buena parte de esos médicos son espías, fragmento de la abierta injerencia de los Castro en las instituciones venezolanas, con énfasis en las fuerzas armadas.

Cuba también se ha convertido en una especie de oficina de compras de Venezuela, pues muchas cosas la Isla las adquiere y las vende al chavismo y cobra comisiones. En total, anda por los 10.000 millones de dólares anuales el subsidio de Venezuela a Cuba, el único país que coloniza a otro más rico.

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Iván García
La Habana

Los guardianes ideológicos del régimen se resisten a permitir la libertad de información.

Todavía no puede verse en vivo un partido de Los Angeles Lakers o seguirse la CNN. Al menos desde casa. Pues desde hace años, en los televisores del lobby de cualquier hotel cubano, se transmiten juegos de Grandes Ligas o la Televisión Española.

De cualquier modo, la cerrada y absurda política informativa que con puño de hierro ejecutan los guardianes ideológicos del Partido Comunista ha venido sufriendo lentos cambios en la última década.

Primero fue la retrasmisión de las ligas europeas de fútbol —las Copas del Mundo se venían trasmitiendo en vivo desde 1982—. Los domingos, en un programa deportivo del canal Tele Rebelde, se pasaban partidos del circuito Grand Slam de tenis, carreras de Fórmula Uno y extravagantes competencias de forzudos cargando troncos.

También podían verse partidos de baloncesto de la Liga ACB española, e incluso los últimos clásicos entre el Barça y el Real Madrid se han emitido en tiempo real.

Por otra parte, debido al embargo, las autoridades estadounidenses no han podido multar a Cuba por la emisión de enlatados, competiciones deportivas o filmes made in USA. Sin pagar un centavo, La Habana pasa por la tele lo mismo decenas de películas de la peor factura que series de excelente realización.

Sin embargo, en lo referido a la información, los cubanos menos duchos han tenido que conformarse con extractos editados por la tijera de un riguroso talibán ideológico.

La información

A partir del domingo 20 de enero, los autócratas de verde olivo autorizaron a TeleSur, ese canal multinacional creado con capital del gobierno de Hugo Chávez, a trasmitir 14 horas diarias en la Isla.

Al resquicio que el régimen abre a su férreo control informativo, se suman las redes ilegales de canales de TV por cable que pululan en el país. Cuestan 10 pesos convertibles al mes, el salario quincenal de un profesional de calibre. También existe el negocio con las cuentas de internet. Se venden a 2 cuc la hora. Es cierto que navegar a 48 kilobytes resulta desesperante. Pero muchos jóvenes, deseosos de leer noticias sobre moda, artistas, música y deportes, o acceder a Twitter y Facebook, se arman de paciencia.

Por supuesto, las prioridades informativas pasan a un segundo plano para la mayoría de los cubanos de a pie, enfocados en resolver comida o reparar sus viviendas. A un amplio segmento de la población le resulta más importante hacer la cola en una pescadería que saber lo que ocurre o lo que se opina en el mundo.

Mucha gente ni siquiera compra ya el periódico Granma. Algunos lo adquieren por la cartelera de televisión o como sustituto del papel sanitario.

Así que, todavía hoy, quienes quieran estar bien informados, lo primero que deben tener es un buen radio de onda corta.

La BBC, VOA, Radio Exterior de España, Radio Nederland o Radio Francia Internacional son emisoras que se escuchan bien y que proporcionan argumentos objetivos e historias diferentes a las contadas por los medios oficiales, controlados por el Gobierno.

Radio Martí tiene una programación de 24 horas, y en distintos espacios participan periodistas independientes, blogueros y opositores residentes en el país junto a exiliados anticastristas. Pero es censurada mediante una interferencia tan fuerte que dificulta su audición.

TeleSur, por su parte, está lejos de suplir los requerimientos informativos. Pero del lobo, un pelo. Sobre todo después de conocerse que ya está operativo el cable de fibra óptica que permitiría a la Isla conectarse a la red a una velocidad decente.

La historia del cable es un conocido culebrón. Funcionarios bajo investigación policial, presuntos desfalcos y una trama de corrupción en una inversión de 70 millones de dólares. Desde que en febrero de 2010 quedamos conectados al estado venezolano de La Guaira, poco se había sabido del cable.

ETECSA, única empresa cubana de telecomunicaciones, ha informado que debido a lo costoso de las nuevas inversiones, aquéllos que reclaman una conexión rápida a internet desde sus casas, deben esperar.

Pero si de algo se están cansando los cubanos, es de esperar.

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Dimas Castellanos
La Habana

Ante el fracaso del cooperativismo impuesto por el Estado, es necesario exigir el derecho de los campesinos a asociarse libremente.

Un reporte publicado el viernes 25 de enero de 2013 en el diario Granma, informa que la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) sustituyó o liberó de sus funciones a 632 presidentes de cooperativas agrícolas. El presidente de esa institución, Félix González Viego, declaró en el VIII Pleno del Comité Nacional, que "una cooperativa no puede funcionar bien si no lo hacen quienes la dirigen". La noticia es una prueba de que lo que se ha designado en Cuba con el término de cooperativa: son realmente empresas creadas, controladas y dirigidas por el Estado.

Al planteamiento de González hay que añadir que mucho menos puede una cooperativa funcionar bien si se ignoran sus principios básicos, definidos así por la ACI: la cooperativa es una "decisión autónoma de personas que se unen voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales por medio de una empresa de propiedad conjunta con una estructura democrática, donde cada asociado tiene derecho a un voto y las decisiones se toman por mayoría, cuentan con una dirección electiva y un reparto equitativo, distributivo y proporcional de los excedentes".

La ausencia de esos principios en el cooperativismo agrícola está relacionada con el desmontaje, después de 1959, del asociacionismo campesino que nació en Cuba a fines del siglo XIX. Entre otras muchas, en 1890, la Asociación de Colonos en las zonas de Manzanillo y Bayamo; en 1913, la Asociación de Agricultores de la Isla de Cuba; en 1937, la celebración del Primer Congreso Nacional Campesino, así como de comités, federaciones y uniones campesinas en todo el país; y en 1941, la celebración del Segundo Congreso Nacional Campesino y la creación de la Asociación Nacional Campesina (ANC) para luchar contra el desalojo, por la propiedad de la tierra, mejores mercados, precios, créditos y rebajas de las rentas, un movimiento en el que perdieron la vida muchos luchadores, como Niceto Pérez, asesinado el 17 de mayo de 1946.

En 1960 el líder de la revolución cubana planteó: "Es necesario que los pequeños agricultores, en vez de ser cañeros, tabacaleros, etc., sean sencillamente agricultores y organicemos una gran Asociación Nacional de Agricultores Pequeños". Con ese propósito algunas organizaciones existentes fueron disueltas o se fundieron en la Asociación Nacional Campesina, la cual en mayo de 1961 se convirtió en la ANAP.

Con el propósito de disminuir el número de campesinos independientes se definió una política dirigida a "cooperativizar" los 200 mil campesinos propietarios existentes (100 mil que existían antes de 1959 y otros 100 mil que recibieron títulos de propiedad con la Primera Ley de Reforma Agraria en 1959). En las bases de la Asociación Nacional Campesina comenzaron a crearse primero las Brigadas de Ayuda Mutua y a partir de 1960, las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) integradas por campesinos que mantuvieron la propiedad de la tierra y los medios de producción, pero sin personalidad jurídica.

En el mismo año de 1960, por decisión del gobierno se crearon las Cooperativas Cañeras en las áreas que habían pertenecido a los ingenios azucareros, pero poco tiempo después fueron transformadas en propiedad del Estado, por lo que el cooperativismo quedó reducido a unas pocas asociaciones integradas por campesinos privados. El propio Fidel Castro reconoció que "aquellas cooperativas no tenían realmente una base histórica, puesto que las cooperativas se forman realmente con los campesinos propietarios de tierra", por lo que se decidió convertirlas en empresas estatales.

A partir de las tesis del I Congreso del PCC en 1975, se impulsó el desarrollo de las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA), formadas por campesinos que unieron sus fincas y demás medios de producción "voluntariamente"; proceso en el cual la ANAP se ocupó de convencer a los campesinos para debilitar la resistencia a desprenderse de su tierra e ingresar a las cooperativas. Dieciocho años después, en 1993, ante la ineficiencia de las granjas estatales, en un intento de hacerlas producir, se crearon la Unidades Básicas de Producción Cooperativas (UBPC), a las cuales se les entregaron las tierras estatales ociosas en usufructo.

Es decir, ni las cooperativas cañeras ni las creadas posteriormente nacieron de la unión voluntaria de los asociados, sino de decisiones externas. Su actividad productiva y económica quedó subordinada a los planes del Estado para resolver la demanda de consumo interno de la población, mientras la comercialización de sus productos quedó a cargo de la Empresa Estatal de Acopio. Por tanto, el cooperativismo agrario en Cuba surgió ajeno a la voluntad y necesidad del campesinado y contrario a lo definido por el congreso de la ACI en 1995.

Debido al fracaso de las cooperativas sin autonomía, en agosto de 2012 se dictó un paquete de medidas y un nuevo reglamento general para las UBPC con el objetivo de "liquidar" la dependencia de estas asociaciones respecto a las empresas estatales. En ese documento se dispone que los administradores no serán cuadros designados por el Estado, sino elegidos por los socios en Asamblea General.

A pesar de esa disposición y de que el propio Presidente del Consejo de Estado reiteró el 13 de diciembre de 2012 —en la última sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular— la necesidad de "romper la colosal barrera sicológica que resulta de una mentalidad arraigada en hábitos y conceptos del pasado", la ANAP, anclada en el tiempo, sustituye a cientos de presidentes de cooperativas agrícolas y llama, como si estuviéramos en 1961, a concretar sus tres misiones estratégicas en el escenario actual: "trabajar desde el funcionamiento interno para la producción de alimentos hacia todos los destinos; defender los principios de la Revolución, situándose con justicia favor de la razón; y la preparación político-ideológica de los campesinos y su alianza con la clase obrera".

Lo anterior constituye una prueba de que, junto a la introducción de nuevas medidas, se impone la implementación del derecho de los campesinos a asociarse libremente, lo que es imposible hacerlo mediante una institución que además de haber sido creada desde, por y para los fines del Estado, continúa actuando hoy como ayer.

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Iván García
La Habana

Salvo excepciones, los técnicos de la Serie Nacional dejan mucho que desear.

A perro flaco todo lo que le caen son pulgas. Por si no bastara con la caída cualitativa entre los jugadores de béisbol, agreguemos el escaso talento de la mayoría de directores y cuerpos técnicos que toman parte en la Serie Nacional.

El primer gran problema de la pelota que ahora mismo se juega en Cuba es la aplicación de conceptos desfasados del béisbol japonés, detalles que hace años no se utilizan ni en el propio Japón. Sobre todo el exceso de toques de bola.

Pongo un ejemplo. En un partido del pasado sábado 12 de enero entre Holguín y Villa Clara, las naranjas villaclareñas derrotaban a la altura del quinto inning a los de casa, dos carreras por cero. En esa entrada, los cachorros holguineros embasan a sus dos primeros bateadores.

Entra al cajón de bateo el cuarto palo. Lo que siempre desea un manager. Que su cuarto bate empuñe con hombres en circulación. Sin embargo, el mentor de Holguín desaprovechó la ocasión al mandar a tocar la bola a Leris Aguilera, un fornido mulato capaz de conectar 20 jonrones en una temporada.

Por supuesto que Aguilera, no habituado a sacrificarse, fue out por regla en su intento de adelantar los corredores. Hablamos de un equipo, Holguín, que está entre los primeros colectivos de bateo en la actual temporada.

Lo peor es que casos como el anterior se repiten hasta el cansancio. Esa excesiva japonización del béisbol local es inexplicable. Y es que las lagunas de los DT nacionales se aprecian sobre todo en el juego chiquito. Ellos son los culpables de muchas derrotas de los equipos que dirigen por no cambiar a tiempo el pitcher; utilizar bateadores emergentes de manera errada; ejecutar toques toque de sacrificio hasta en la primera entrada, en detrimento de una jugada más lógica como la del corrido y bateo; e imprimir en general poca disciplina técnico-táctica en el juego.

El resto del cuerpo de dirección de los equipos tampoco se salva del desastre. Pasan las temporadas y salta a la vista un gran número de lanzadores que no mejoran su repertorio, la mecánica o el control de su pitcheo.

También se mantienen por años las deficiencias de los bateadores en el ajuste necesario a la hora de conectar un determinado tipo de lanzamiento.

Otra deficiencia achacable a los managers es el desastroso corrido de bases y las pocas bases que roban los jugadores. Los peloteros cubanos son rápidos. Sin embargo, cuando se revisan las estadísticas, asombra lo poco que se estafa en Cuba.

Pero no siempre fue así.

El béisbol del patio tuvo muy buenos DT y asesores en los primeros veinte años de las Series Nacionales. Ex beisbolistas que venían de la pelota profesional y managers capaces como Ramón Carneado, José Miguel Pineda o Fermín Valdés. Probablemente, Jorge Fuentes y Rey Vicente Anglada fueron los últimos managers de calibre en nuestra pelota.

Víctor Mesa, actual director de la selección nacional, lo mismo es capaz de ejecutar una jugada que merece aplausos que se saca de la manga una chapuza de manigua. Su gran mérito es, sin duda, hacer cumplir a rajatablas la disciplina dentro de sus equipo. Y el de lograr que sus jugadores se dejen la piel en el campo.

De los 16 managers que dirigen el actual clásico, solo Lázaro Vargas, de Industriales; Armando Johnson, de la Isla de la Juventud; y Víctor Mesa, con Matanzas, se pueden considerar directores de cierta calidad.

Es típico en el béisbol nacional utilizar indiscriminadamente a los lanzadores en el rol de abridores o de relevistas. A veces no se sabe quién es el cerrador de una novena.

Otra error es que Víctor Mesa, al frente del equipo Cuba, conduzca una novena provincial durante la temporada. Mesa debería concentrarse en captar a los mejores talentos para alistarlos en la selección.

Si a los problemas de preparación de los equipos, que hacen énfasis en lo físico y obvian lo técnico —deficiencias que arrastran muchos jugadores desde categorías escolares y que jamás superan—, añadimos la poca capacidad y profesionalidad de muchos managers, llegamos a la conclusión que el béisbol cubano goza de mala salud.

Todavía no está en coma. Pero en cualquier momento lo estará.

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Roberto Álvarez Quiñones
Los Ángeles

¿Es posible una verdadera reforma económica con los Castro aún en el poder? ¿Ha valido la pena tanto sacrificio?

"Sálvese quien pueda, que papá Estado yo no da más", es la frase que tal vez mejor exprese el significado de la "actualización" del modelo económico cubano, ese tímido y lento proceso que tantos llaman "reformas de Raúl Castro".

La frase es una especie de versión caribeña, más prosaica, de la definición que a escondidas del general Jaruzelski daban los polacos del comunismo en los años 80: "Un largo y tortuoso camino que va del capitalismo al capitalismo".

Es clave tener en cuenta que la autorización raulista de oficios por cuenta propia —todos artesanales, ninguno universitario— es, en realidad, un regreso al 13 de marzo de 1968, cuando Fidel Castro decretó la confiscación de los 57.280 pequeños negocios que aún funcionaban en la Isla y eliminó, así, el 100% del sector privado.

Ya casi se olvida que en la Cuba castrista hubo pequeños negocios durante nueve años, hasta aquella tarde fatídica de 1968, y que durante casi dos años hubo economía de mercado, hasta que en octubre de 1960 fueron confiscadas todas las grandes y medianas empresas, medida con la cual Castro hizo trizas el socialdemócrata "Programa del Moncada" prometido desde 1953, que no contemplaba la estatización de la economía.

En su alocución de aquel 13 de marzo, Castro calificó a los cuentapropistas de "holgazanes en perfectas condiciones físicas, que montan un timbiriche, un negocio cualquiera, para ganar 50 pesos todos los días". Y remató: "Debemos ir proponiéndonos, firmemente, poner fin a toda actividad parasitaria que subsista en la revolución..., ¿vamos a hacer socialismo o vamos a hacer timbiriches?"

Los enemigos de las reformas

El timbiriche "parasitario" está de vuelta cuatro décadas después por razones de fuerza mayor, ajenas a la voluntad de los Castro. Pero, ¿es esta la solución para sacar a Cuba de las ruinas en que la convirtieron el estatismo a ultranza y los disparates del Comandante en Jefe?

Para empezar, el cuentapropismo no es otra cosa que el tipo de economía rudimentaria que existía en el mundo antes de que al compás de la revolución industrial se iniciase en el siglo XVIII la edificación social que hoy conocemos. El viaje del hombre a la luna y el extraordinario avance económico, tecnológico y científico logrado por la civilización, corriendo ya el tercer milenio, no son hijos del pequeño taller artesanal y el timbiriche comercial de los tiempos de Juana de Arco.

La modernidad no fue obra de masajistas, entrenadores de perros, amoladores de tijeras, vendedores de coquitos acaramelados, payasos para fiestas, cartománticas, reparadores de colchones viejos, cuidadores de parques, o floreros —oficios todos muy respetables—, sino de la inversión de capital en gran escala, la aplicación de nuevas tecnologías, el empleo masivo y la elevación constante de la productividad del trabajo.

Eso en China y Vietnam lo aprendieron bien tras su experiencia estatista. Por eso, estos países se han abierto a las inversión extranjera sin trabas, permiten grandes empresas privadas, entregan la tierra a los campesinos para que produzcan y vendan libremente sus cosechas. Y de naciones semifeudales que eran hace 30 años, hoy son dos de las de mayor ritmo de desarrollo socioeconómico a nivel mundial.

Pero en Cuba eso no ha ocurrido por una simple razón: en China las reformas económicas fueron emprendidas solo después de la muerte de Mao Tse Tung, el "Gran Timonel" del comunismo nacional; en Vietnam fueron iniciadas tres lustros después de la desaparición de Ho Chi Minh; y en la Unión Soviética, la perestroika y el fin del comunismo no fueron propiciados por Leonid Brezhnev o sus breves relevos igualmente cavernarios, sino por Mijail Gorbachov, un audaz reformista más joven y mucho menos atado al pasado soviético. En Cuba, en cambio, gobierna la misma dinastía familiar que en 1959 tomó por asalto el poder, al que sigue aferrada contra viento y marea.

Los hermanos Castro se oponen a cualquier reforma económica seria, y no para evitar que el "capitalismo explotador" regrese a la Isla, tal y como reza la propaganda, sino para no perder un ápice del control total que tienen del país y de cada ciudadano, lo que les permite a ellos, sus familias, el generalato y el resto de la cúpula dictatorial, vivir la dolce vita.

Es decir: no pueden esperarse verdaderas reformas en Cuba mientras gobiernen los hermanos Castro. No obstante, con medio siglo de retraso y la nación en ruinas, ambos dinosaurios admiten de hecho que el estalinismo fue un error, y guardan en el closet el discurso ideológico-paternalista de que en el socialismo el Gobierno garantiza un empleo estable a cada ciudadano sin el temor a perderlo en una crisis económica cíclica, además de suministrar a todos alimentos subsidiados, y brindar gratuitamente salud, seguridad social, educación, cultura, etc.

Así las cosas, para hacer más racional el modelo económico socialista, serán despedidos más de un millón de trabajadores estatales (tarea que ha sido aplazada para no echarle demasiado vapor a la caldera social y provocar la desestabilización del régimen), sin que haya aún un sector privado que pueda asimilarlos. Ya se cierran los comedores obreros y se van suprimiendo todas las gratuidades. La libreta de alimentos subsidiados desaparecerá lentamente y se harán más "racionales" los servicios médicos, la educación, los deportes y la cultura. Las empresas no rentables serán cerradas.

Surgen aquí algunas preguntas que circulan en las calles cubanas.

¿Dónde quedan las promesas altisonantes del paraíso en la tierra dibujado por Marx y Lenin en el que el Estado patriarcal daría bienestar a todos por igual? ¿Tenían los cubanos que empobrecerse dramáticamente y carecer de las más elementales libertades en aras de "construir" una utopía que siempre fue la gran estafa de una casta militar sedienta de poder? ¿Ha valido la pena tanto sacrificio para al final volver al "decadente" capitalismo?

No importa lo que se diga de los "cambios" que propician la venta de casas o la posibilidad de viajar al extranjero. Lo cierto es que en Cuba no hay reformas económicas reales. Para que las haya deben ser liberadas las asfixiadas fuerzas productivas de la nación y abrirse las puertas al capital extranjero.

Obviamente, dada la pobreza imperante, los cuentapropistas han de hacer más llevadera la vida en la Isla. Serán como una aspirina: no curarán, apenas aliviarán el dolor.

En Cuba, a lo que asistimos es a la lentísima transición del Papá Estado al timbiriche acribillado a impuestos que a duras penas subsistía en la época de Los Tres Mosqueteros.

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Miguel Sales Figueroa
Málaga

Chávez tiene 'una mirada llena de luz' y Castro es 'la Luz' misma. Desde que Lenin hablara de electrificar la URSS, sus epígonos no dejan de apuntarse al lenguaje 'iluminado'.

De la Grange: La foto de Chávez

Hugo Chávez "tiene una sonrisa y una mirada 'llena de luz', con 'una iluminación' especial en sus pensamientos", proclamó el presidente venezolano en funciones Nicolás Maduro, en Caracas, al regreso de una de las peregrinaciones que realizó a La Habana a finales de enero.

Desde que en 1920 Lenin promulgara la célebre fórmula de que "el comunismo es el poder soviético más la electrificación de todo el país", sus epígonos se han apuntado a las metáforas lumínicas. A principios del siglo XX, la preferencia iba hacia las imágenes eléctricas, porque la teleología bolchevique estaba asociada entonces a la fe en la ciencia y el desarrollo tecnológico. En los últimos años, las figuras retóricas apuntan más a la luz solar, en consonancia con la moda ecológica y el evidente fracaso del modelo industrial socialista.

Esta tendencia a la imagen reverberante se agudiza cuando los líderes, máximos o mínimos, sufren enfermedades, accidentes u otros contratiempos que ponen de manifiesto su condición humana, en contraste con la índole semidivina que la propaganda les atribuía. En lugar de una cortina de humo, los turiferarios alzan una barrera de luz. A la plebe, deslumbrada o sujeta al alumbrón, solo le queda cerrar los ojos y aplaudir rabiosamente. O, en el caso de Chávez, rezar, que para eso el "socialismo del siglo XXI" ha incorporado una buena dosis de beatería, validando de la manera más insólita la definición marxista del "opio del pueblo".

La metáfora incandescente es como un reflejo pavloviano que se activa ante la infección, el cáncer o el tropiezo. Si el perrito de Pavlov salivaba cada vez que le encendían la bombilla, aunque no tuviera delante el plato de piltrafa, los escribas y apologistas del socialismo segregan tópicos fulgurantes en cuanto la sombra del dolor o la muerte acecha a sus amos.

En 2004 Fidel Castro tropezó y se rompió la rótula al terminar un discurso en la ciudad de Santa Clara. Con motivo del percance, el Poeta Nacional Pablo Armando Fernández le dedicó un poema titulado "Cantar por fe (para Fidel)" que el diario Granma (palabra que como sabemos, en inglés se emplea coloquialmente para designar a la abuela) recogió en primera plana en la edición del 10 de noviembre de 2004.

Entre los hallazgos estéticos más rutilantes, los versos proclaman:

"Suele la Luz exigir/ de quienes ella ha tocado/ con el don de difundir/ su lumbre atención, cuidado/ de átomos que representan/ su divinidad/…/ Al caer no hubo tropiezo,/ ni resbalón, fue advertencia./ No te es dable descender/ contigo todo es ascenso…"

Según los versos de Fernández, el que tiene el don de difundir la lumbre es, no faltaba más, el Comandante Único. En represalia, el poeta repentista Michel Ventas, habanero de pro y amigo mío por más señas, le dedicó estas décimas:

"Pablo Armando, la espinela/ que publicó la Abuelita/ es solo prosa marchita./ Para honrar la choquezuela/ del César que periclita/ te sacaste del tras(t)ero/ un quintal de naftalina/ pero se te ve el plumero/ con tanta elogio insincero/ con tanta alabanza fina".

"Querías darle en la vena/ del gusto al viejo tirano/ pero se te fue la

mano/ y tu abyección te condena./ Ahora dan vergüenza ajena/ esos ripios

que compones/ inclinando la testuz/ pues le ronca los cojones/ que con

tantos apagones/ digas que Castro da luz".

Ventas me contó en nuestra última conversación telefónica que próximamente verá la luz una oda satírico-filosófica que ha escrito en honor a Hugo Chávez, en la que Maduro y el decrépito ex presidente cubano desempeñan papeles estelares. Le prometí que, en cuanto reciba tan ilustre poema, lo haré publicar urbi et orbi.

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Elías Amor
Valencia

La publicación de los resultados oficiales de la agricultura nacional en 2012 dejan en evidencia al sistema castrista.

Acaba de ser publicada por la Oficina Nacional de Estadísticas de Cuba, ONE, el documento "Sector agropecuario. Indicadores seleccionados, enero-diciembre 2012", que muestra, a partir de una serie de datos estadísticos, por qué la economía castrista sigue teniendo problemas para dar de comer a los cubanos, viéndose inmersa en la necesidad de realizar cuantiosas importaciones de productos agrícolas.

La agricultura castrista aparece ante el analista externo como un sector catastrófico, consecuencia de las políticas adoptadas por el régimen revolucionario en sus primeros años, bien conocidas de todos: confiscación y robo sistemático de propiedades a sus legítimos dueños, limitaciones en la superficie de tierra explotada por privados, obligatoriedad de producción y de venta al Estado, fracaso en suma de la planificación estatal.

En los últimos años, la política de los "Lineamientos", introducida por Raúl Castro para "actualizar el socialismo", ha dado algunos pasos en la línea de liberalizar la pesada e ineficiente estructura creada por Fidel Castro. Pero los resultados dejan mucho que desear. En esta publicación que acaba de divulgar ONE en su página web, se comprende por qué.

La postración, improductividad e ineficiencia del sector es consecuencia de un modelo de derechos de propiedad que consagra al Estado totalitario como dueño principal, frenando las transacciones libres a través de los precios de mercado. Esta resistencia del régimen castrista a la libertad económica es similar a lo que plantea respecto de las libertades políticas. Países que han tenido éxito en el viaje de las obsoletas estructuras estalinistas al capitalismo, como China y Vietnam, apostaron por la libertad de su agricultura, la extensión de la propiedad privada y el comercio libre. Los resultados con respecto al castrismo simplemente no admiten comparación.

En esta publicación elaborada por ONE, que presenta datos de 2012, se observa la mediocridad del alcance de las reformas introducidas en la agricultura, y la imposibilidad de que estos cambios estéticos y parciales puedan dar solución a los graves problemas de fondo de la economía nacional.

Ventas libres versus ventas contratadas

En primer lugar, se observa que en 2012 la participación de la venta que los agricultores pueden realizar libremente a los mercados agropecuarios —los que realmente alimentan a la población—, se mantiene en un bajo porciento del total. En hortalizas se ha alcanzado el porcentaje más elevado, con un 16%, seguido de las viandas, con un 10,2%. En plátanos apenas se alcanza otro 10% de la producción, en el maíz un 8,4% y en el arroz, de gran consumo diario, apenas un 2,3%. En los frijoles se alcanza un 6,5% y en frutas, los cítricos, otro 3,5%.

Cabe preguntarse entonces, quién es el que concentra la mayor parte de la distribución de alimentos en la Isla. La respuesta la tenemos en esta publicación. Las llamadas "ventas contratadas" a través de ese invento castrista, funesto para todos los cubanos, llamado Acopio, rara vez desciende del 50%, llegando al 84% en los cítricos y al 78% del arroz consumido.

En esta economía mediocre y controlada por el Estado, lo que las autoridades denominan "autoconsumo y ventas a trabajadores" que se producen en la misma dinámica estatal e ineficiente de la producción, se concentra más del 20% de la producción.

Esa baja participación de los mercados agropecuarios dificulta la alimentación de la población, mantiene los precios altos y en condiciones de fuerte subida, produce insatisfacción a los productores y arruina a los consumidores. Tal distribución debe evolucionar y adaptarse a lo que es normal en cualquier otra economía mundial: mayor peso de los mercados y de los precios libres en la atención a la demanda de los consumidores. Este simple cambio debería bastar para aumentar los registros anuales de producción, si se realizan las reformas en los mercados de aprovisionamiento, productos fitosanitarios, fertilizantes o mano de obra.

Malas noticias, peores augurios

El recuento que se realiza en el informe de la evolución de la producción muestra unos resultados muy deficientes en la mayoría de productos agrícolas. Por ejemplo, se registran descensos en la producción con respecto al año anterior en tubérculos y raíces, un 2%; en particular, en papa casi un 22% de disminución; en hortalizas, una caída del 4%; que en el caso del tomate casi alcanza un 8%; en ajo, un 17%; cebollas un 18%; frijol, un 5%; en el caso del cacao, hasta casi un 40% de disminución; en los cítricos, un 33% de descenso respecto 2011.

En otras producciones se registran aumentos (pimiento, pepino, arroz, tabaco), pero en su mayoría, se trata de variaciones muy modestas y poco representativas en la dieta diaria de alimentación de la población.

Por otro lado, lo importante de estos datos de descensos más destacados es el hecho de que estos se explican por la caída registrada en la superficie de ámbito estatal, más que en aquella que se destina a usos privados.

El régimen observa con preocupación que la producción privada experimenta crecimientos muy significativos, mientras que los rendimientos en la superficie estatal caen en picado. En tales condiciones, la pregunta es, ¿por qué no se agilizan al máximo los procesos de entregas de tierras y se generalizan nuevas formas contractuales que permitan a los agricultores elegir libremente sus tamaños de explotación, producciones y procesos de asociación?

Y más. Si la producción agrícola se puede calificar de decepcionante, los datos relativos a la ganadería producen, cuanto menos, alarma. En porcino, que es básico en la dieta de los cubanos, se registra una caída de la producción del 18,3%, que en el caso de la carne reproductora cae hasta un 81,8% con relación al año anterior, lo que anticipa producciones más bajas en años próximos, y previsiblemente importaciones elevadas de Estados Unidos.

En lo que respecta a la producción avícola, los datos son incluso peores. Los huevos prácticamente disminuyen sus cifras en un 75,6% respecto a 2011, convirtiéndolos nuevamente en artículos de lujo. La carne para consumo desciende un 0,7%, que en el caso de las ventas totales llega a un 3,2%.

¿Por qué se producen estos resultados tan decepcionantes?

Una vez más, la respuesta se obtiene al comprobar que la producción destinada libremente a los mercados agropecuarios, alcanza, en promedio, menos del 10%, muy por debajo de los productos agrícolas, en tanto que las ventas obligatorias, a Acopio, suponen en ganado vacuno, leche, huevos y porcino, casi el 90% del total.

Mientras no se avance en la redistribución de la libre comercialización de productos, la agricultura castrista seguirá siendo un lastre.

 

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Michel Suárez
México DF

El empresario Carlos Saladrigas habla sobre las reformas económicas del raulismo y la Iglesia en la Isla.

Carlos Saladrigas, empresario de éxito y copresidente del Cuba Study Group, es una figura que desata pasiones a uno y otro lado del estrecho de la Florida. Actualmente administra empresas de recursos humanos y de salud y dedica parte de su tiempo a la actividad política. La semana pasada participó en México en la conferencia Cuba 2013: Realidades y perspectivas, auspiciada por la Fundación Konrad Adenauer, donde habló con DIARIO DE CUBA.

Usted ha dicho recientemente que en los próximos 24 meses debería aprobarse en Cuba una ley de inversiones, sin el calificativo de 'extranjera'. ¿Qué le hace pensar eso?

Creo que es la necesidad que tiene Cuba de atraer inversión extranjera y de crear inversión en el país. La tasa de inversión es muy baja, no se puede sostener un crecimiento económico sin inversión. Es una necesidad imperiosa. Creo que van a tomar algunas medidas sobre eso en los próximos 24 meses, si no antes.

Es cierto que existe entre Miami y Cuba un incipiente mercado transfronterizo, sin embargo las nuevas leyes aduanales cubanas parecen ir dirigidas a bloquear esa posibilidad…

Están inclinadas a gravar un poco, pero no creo que estén inclinadas a eliminarlo. Espero que no, porque es algo muy importante. Es parte esencial, en este momento, de la naciente economía de las microempresas, es una de las fuentes de suministros más importantes que tiene el nuevo esquema de microempresas. Y no solo desde Miami. También están viniendo de Panamá, España, República Dominicana, Venezuela. Esa apertura debe continuar, aunque ellos determinen que es importante gravar algo esa actividad económica.

Da la impresión de que los cambios del régimen son un remiendo sobre otro, visto el fracaso de la incorporación al trabajo por cuenta propia…

Correcto. Sabemos que hay muchas cosas que están demoradas. El mismo presidente dijo que había que desemplear un número de personas del sector estatal, pero eso no se ha realizado en su totalidad, en ningún sentido. Las reformas agrícolas han dado poco resultado, ninguna de estas cosas que han hecho hasta ahora, en realidad, ha tenido un impacto importante en la macroeconomía. Sí ha tenido impacto en la vida de la persona que está ganando dinero a través de su pequeñita empresa. Tienen que darse cuenta que sus reformas han sido tan tímidas y tan lentas que no están teniendo el impacto que ellos esperaban. Entonces, no hay otra alternativa que ir aumentando la profundidad de las mismas, quizás de forma sectorial, pero irlo haciendo.

A usted le acusan de poner los negocios por encima de los derechos humanos. ¿Qué opina de esto?

Sí, me lo han dicho. Me han acusado de tratar de establecer negocios en Cuba. La evidencia es clara: ninguno de nosotros tiene negocios en Cuba, ni es lo que nos motiva. Sencillamente nos motiva ayudar a nuestro pueblo. Pero sí creemos que la libertad económica es uno de los derechos fundamentales y humanos importantes, y hay que defenderlo. La apertura económica es la única cosa que va a facilitar el desarrollo de la sociedad civil en Cuba.

Durante alguno de sus viajes a Cuba, ¿percibió algún tipo de insinuación por parte del Gobierno para que invirtiera o participara en algún sector?

No. No creo que haya todavía esa apertura, ojalá la hubiera. Creo que el exilio tiene una capacidad importante para generar un impacto económico en Cuba, porque el país lo necesita; pero vemos las declaraciones del ministro de Economía, no hace mucho tiempo, donde le resta importancia a las posibles inversiones de la diáspora. Dice que Cuba solamente está interesada en inversiones megamillonarias e ignora todo el rango de posibles inversiones de mediano rango, de 10, 20, 50, 100 millones de dólares, que en cualquier economía es un sector de una importancia extraordinaria y genera empleo. Es el sector que más empleo genera, sin duda ninguna.

¿Significó la presencia del cardenal Ortega en el sepelio de Payá el regreso del clero al laicado disidente, que estaba un poco apartado?

A pesar de algunas diferencias, creo que Payá nunca se alejó de la Iglesia, ni la Iglesia se alejó de Payá. Él era un católico comprometido y la Iglesia nunca abandonó a sus hijos. No hubo, en ningún momento, un abandono de Oswaldo Payá por parte de la Iglesia. Sí hubo diferencias, como las puede haber con cualquier otra persona. Eso es parte de la vida cotidiana.

Ya está a punto de terminar el gobierno pastoral del cardenal Jaime Ortega. ¿Cómo valora su paso por el Arzobispado de La Habana?

Como empresario, creo en los resultados al final del ejercicio. Si hubo ingresos más altos, gastos más altos por acá y por allá, eso no importa tanto como el resultado. Las vidas humanas también se miden por el resultado. Aunque podamos diferir en algunas cosas que haya dicho o hecho, o en cosas que no hizo, el cardenal ha dejado un legado muy importante para Cuba. Creo que él debe sentirse muy orgulloso de su legado. Presidió un periodo muy importante para la Iglesia en Cuba, un periodo de crecimiento, de fortalecimiento, para sustentar sus bases. En cierta forma, siempre retó al régimen a dar más, logró cosas importantes para la Iglesia. Ahora es cuestión de consolidar esas ganancias y que la Iglesia siga moviéndose hacia delante, como elemento importante de la sociedad civil cubana.

Probablemente, el nuevo arzobispo de La Habana tendrá que desarrollar su trabajo en un momento histórico diferente para Cuba. ¿Qué perfil sería el idóneo?

Si hay algo que como católico he aprendido es que nadie puede predecir quién va a ser el próximo obispo o arzobispo. Es muy difícil.

Entonces le pregunto como empresario, no como católico.

Es que no sé, porque la forma en que vemos las cosas, no es necesariamente la de Roma. Hay muchos aspectos que Roma debe tener en cuenta en relación con el nombramiento de un nuevo arzobispo. Por cierto, esto no implica que necesariamente que vaya a ser cardenal. Esa es otra designación que pudiera venir posteriormente.

Hay muy buenos obispos en Cuba, de los cuales se puede escoger uno para que sea el arzobispo de La Habana, que no es el Primado de Cuba, pues esa posición la tiene el arzobispo de Santiago, que en este momento es monseñor Dionisio García. Pero la Arquidiócesis de La Habana es muy importante por estar en la capital del país. Me siento confiado, como católico, en que el Espíritu Santo va a ayudar a la Iglesia a hacer una selección buena, para Cuba y para la Iglesia.

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Yaremis Flores
La Habana

Las declaraciones de miembros del Ministerio de la Informática y las Comunicaciones no son precisamente esperanzadoras.

Finalizado otro año del pretendido período de "reformas" implementado por el Gobierno, el libre acceso a la información continúa lejano e invariable. Además de vender y comprar viviendas y de poder viajar al exterior, el acceso a internet es uno de los cambios más esperados por los cubanos.

Sin embargo, en 2012 el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones (MIC) no emitió ninguna norma legal que abriera la posibilidad de conexión a particulares. Una de las justificaciones más socorridas fue la de que "las limitaciones económicas y tecnológicas impiden distribuir con más amplitud ese servicio".

Al menos veinte de las resoluciones emitidas el año pasado por el ministro de Informática, Medardo Díaz Toledo, permitieron la confección y circulación de postales y sellos de correo en tributo a fechas históricas y celebraciones como el Día de la Madres, el Día de los Enamorados, etc… Pero solo una norma legal hizo alusión al acceso a internet. En mayo, el MIC reconoció a ETECSA la ejecución de programas para brindar ese servicio en las sedes de asociaciones estatales de personas discapacitadas.

Algunos especulan que el costo de la conexión disminuirá su valor a 6 CUC la hora, aún excesivo. Otros, más optimistas, aspiran a navegar en la red desde sus casas, una gracia de la que, en Cuba, solo gozan altos dirigentes del gobierno y personalidades vinculadas a la cultura, la ciencia y el deporte.

Un alto funcionario del MIC insistió en que aún con la instalación de un cable de fibra óptica, es imposible garantizar el acceso masivo a internet "debido a problemas internos de carácter técnico y financiero".

"Hay muchas casas que aún no tienen teléfono y la plataforma local de informática no soportaría una avalancha de conectividad", apuntó.

Según declaraciones de Hilda Arias Pérez, directora central de Servicios Móviles de ETECSA —única empresa de telecomunicaciones en Cuba—, en la Isla hay más teléfonos celulares que fijos.

"El total de líneas de la telefonía fija alcanza un millón 162 mil, de las cuales 109 mil se corresponden con la modalidad de telefonía fija alternativa"; anunció al diario oficial Granma el pasado 18 de enero.

También aseguró que "es la voluntad del país ir acercando el servicio celular a la población". Una acción comercial para 2013 busca incrementar el número de usuarios de celulares, que ya alcanza la cifra de un millón 680 mil.

Supuestamente, el MIC no está enfocado en desarrollar la telefonía fija y así tener que mejorar la conexión a internet. Así, Díaz Toledo redujo las tarifas de la telefonía celular. En un breve lapso disminuyó el costo de la llamada de 60 a 45 centavos CUC, y el valor del servicio de mensajería corta (SMS) de 16 a 9 centavos CUC.

El pasado 11 de enero, la Gaceta Oficial de la República publicó la reducción de tarifas de voz de 45 a 35 centavos CUC el minuto.

En el último examen periódico universal, hace ya cuatro años, el gobierno cubano aceptó una recomendación de Viet Nam sobre "mejorar la infraestructura de la información en beneficio de la sociedad". El gobierno será nuevamente examinado en el Consejo de Derechos Humanos, del 22 de abril al 3 de mayo próximo.

Por ahora, solo unos elegidos tienen acceso a la información. Continúa restringido el acceso a páginas digitales "contrarias al interés social, la moral, las buenas costumbres y que afecten la integridad o la seguridad del Estado", y se mantienen lugares específicos para conectarse a la red con precios prohibitivos.

¿Una ley que proteja el libre acceso a la información en la Isla? Mejor esperar sentados.

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Iván García
La Habana

Aunque Raúl Castro lo niegue, la marihuana, los sicotrópicos y la cocaína abundan en las calles.

Según se mire el vaso, medio lleno o medio vacío, es la mejor manera de describir el consumo de drogas en Cuba. Hagamos un recorrido por diferentes barrios de La Habana en los que se expende y consume marihuana, sicotrópicos y cocaína en diferentes variantes.

Emilio fuma marihuana desde los 13 años. "Mi padre me dijo, si vas a tener vicios nocivos, es preferible fumar yerba que beber alcohol". Y no solo fuma marihuana. También la vende. Ahora mismo, oferta marihuana criolla a peso convertible el cigarrillo. Meses atrás vendió varias onzas de yerba "yuma". Un porro de calidad extra cuesta 5 cuc.

"El negocio es próspero. Tú inviertes 400 pesos convertibles y despachando bien al cliente, ganas poco más de la mitad. Eso sí, corres el riesgo de que te pille la policía", cuenta Emilio en una agradable noche de enero.

Contradiciendo lo expresado por el General Raúl Castro en Santiago de Chile durante la Cumbre del CELAC, de que en Cuba no existían drogas salvo "un poquito de marihuana", en el país funciona un cuerpo policial antidrogas, especializado en combatir la venta y el consumo.

Si pescan a alguien vendiendo estupefacientes, las sanciones penales pueden llegar a 30 años. Incluso a cadena perpetúa. Desde 1998, fuerzas combinadas de la policía y la Seguridad del Estado han efectuado operativos relámpagos intentando desmantelar los incipientes carteles habaneros de tráfico de drogas.

En estas razias ha caído gente que hacía años estaba fuera del negocio. Como Samuel, drogadicto consuetudinario. "Yo le doy a cualquier cosa. Cuando ando bien de plata prefiero 'la piedra' o halar polvo. Pero estas drogas son de lujo. Lo habitual es fumar yerba y tragar 'metil' o Ketamina'".

Samuel ha estado dos veces en prisión por tenencia de drogas. "Nunca me he dedicado a la venta", aclara. En la parte vieja de La Habana, probablemente el municipio de más alto consumo de drogas en el país, está de moda "la piedra" y "la melca".

El gramo de polvo anda por las nubes. De 30 a 35 pesos convertibles que costaba hace cuatro años, a 80 y 100 cuc que cuesta hoy. "Y vuela. Los precios se han disparado por la escasez del producto. La policía está haciendo un trabajo mejor. Cada día es más difícil encontrar un pescador o campesino que te oferte cocaína de los paquetes que recalan en las costas", acota un expendedor.

El flujo de drogas en los mares adyacentes al archipiélago cubano es intenso. Personas residentes en localidades costeras se dedican a cazar los bultos extraviados, por accidentes marítimos o debido al acoso de guardacostas, cuando los traficantes se deshacen de su mercancía y la lanzan al mar.

No solo marginales

Chocar con una paca de cocaína flotando en la costa es como ganarse el premio gordo de la lotería. Un kilo de "melca" al por mayor representa una buena cantidad de dinero. Y por eso muchos se rifan el pellejo, sin detenerse a pensar en las nefastas consecuencias que provoca el consumo.

Según una fuente que prefirió el anonimato, otra ruta para que la droga llegue a La Habana es mediante los reclutas corruptos que se apropian de una parte de los estupefacientes incautados. "Cuando se va quemar la droga ocupada, te aseguro, muchas veces falta una parte", afirma.

En la capital viven personas dedicadas al comercio minorista. En Centro Habana, "la piedra", esa letal mezcla de productos químicos con "melca", es muy demandada. También la marihuana "yuma". Los expendedores aseguran que es colombiana.

Las drogas en Cuba no es sola cosa de marginales de arrabal o drogadictos incurables. En el mundo intelectual también es apreciado un porro o un gramo de cocaína. Sobre todo entre la farándula habanera. "Los músicos de reguetón y ciertos artistas de cine y televisión halan más polvo que una aspiradora", asegura un vendedor de melca.

Y es que las drogas, en la isla, no son un fenómeno nuevo. Si en los años 80 consumir marihuana o anfetaminas era cosa de una minoría, en las dos últimas décadas, a vuelo de pájaro, el consumo ha crecido. A falta de cifras gubernamentales, las calles hablan por sí solas.

Preguntados, diez jóvenes en edades comprendidas entre 18 y 26 años le aseguraron a este periodista consumir marihuana con frecuencia. Han inhalado cocaína. Y son fans del metilfenidato, una sustancia que posee similitudes con las anfetaminas, pero que según los médicos, sus efectos farmacológicos son similares a los de la cocaína.

Aunque la prensa oficial apenas habla del fenómeno, en todos los municipios de La Habana existen clínicas para atender a personas enganchadas con las drogas y los sicotrópicos. Existe una línea telefónica anónima para ayudar a los afectados.

También la radio y la televisión emiten publicidad sobre la nocividad de los estupefacientes. Es evidente que la autocracia militar prefiere vivir de espalda a la realidad, alimentarse de un discurso de pureza de la revolución comandada por Fidel Castro que ya no existe.

Las autoridades prefieren ocultar manchas como la corrupción, la prostitución y la drogadicción. Pero, que no se dude, las drogas existen. Su inexistencia en Cuba es otro mito que ya puede lanzarse al cesto de basura.

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Fernando Dámaso
La Habana

¿Cómo funciona y cómo debería funcionar la Asamblea Nacional?

La Asamblea Nacional es una institución bastante cuestionada en Cuba. Quizás se deba a su restringido papel de simple "caja de resonancia" del Gobierno, donde en realidad la discusión y el debate serios brillan por su ausencia (todos los diputados responden a una sola línea política e ideológica: la oficial) y el principal objetivo de su quehacer, es lograr la "unanimidad" en la aprobación de lo que proponen las autoridades.

La composición de la Asamblea no representa realmente a los diferentes sectores políticos, económicos y sociales que constituyen la sociedad cubana actual, sino solo a una parte de ella: los adictos al "modelo". Además, el hecho de reunirse solo dos veces al año, en sesiones de dos o tres días de duración, le resta efectividad y credibilidad.

Oficialmente, se considera que la Asamblea funciona a través de las denominadas "comisiones permanentes", compuestas por varios diputados que trabajan durante todo el año en temas específicos, pero estas "comisiones" no constituyen la Asamblea y no deben suplantarla.

También se considera que las comisiones son las encargadas de preparar las propuestas de leyes y resoluciones, cumpliendo indicaciones gubernamentales que después, en una de las sesiones plenarias, son discutidas y aprobadas, previo conocimiento de los diputados en talleres que se imparten en días previos. En la práctica, la mayoría de los diputados se convocan y reúnen en la Asamblea Nacional sin otra participación real y efectiva anterior, ni un conocimiento profundo de lo que se va a discutir.

 

Si se lograra la participación y elección democrática y libre de verdaderos representantes de toda la sociedad cubana la Asamblea Nacional, sin descalificaciones ni exclusiones de ningún tipo, su funcionamiento también debería ser diferente.

Ante todo, es necesario que sea un órgano legislativo que funcione en sesiones plenas durante un mayor tiempo. El Congreso de la República lo hacía en dos sesiones plenas, de no menos de sesenta días hábiles cada una, además de poder ser convocadas sesiones extraordinarias cada vez que fuera necesario. La Asamblea debería poseer una sede estable, donde los diputados cumplan las tareas para las que fueron elegidos. No pueden seguir siendo diputados virtuales, como sucede con la mayoría actualmente, donde solo unos pocos, los que realmente determinan, se dedican profesionalmente a sus tareas. Tampoco es conveniente —excepto en casos muy específicos determinados por la Constitución—, que los diputados tengan también responsabilidades como cargos estatales, algo generalizado en este momento.

Este funcionamiento normal, como sucede en otras asambleas y parlamentos y en sistemas bicamerales (representantes y senadores), aseguraría la atención preferencial por los elegidos (los verdaderos representantes del pueblo), a los problemas del país, y serviría de incentivo y también de contención al gobierno, al momento de presentar propuestas de leyes a discusión y aprobación, lo cual también podría ser realizado por los diputados y hasta por los ciudadanos. Con ello se lograría un equilibrio real de poder entre el ejecutivo y el legislativo, condición imprescindible para el ejercicio de un buen gobierno, donde se impida el voluntarismo en la gestión presidencial.

Para lograr esto, es necesario que el poder judicial sea también independiente, y no esté sometido ni al ejecutivo ni al legislativo. Como es fácil de apreciar, la tarea no es nada sencilla y necesita valentía política, ya que obliga a cambiar estructuras inoperantes establecidas y mantenidas en contra de los intereses ciudadanos durante demasiados años, pero constituye un paso insoslayable para la salvación nacional.

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Miriam Celaya
La Habana

Miles de ciudadanos de otras provincias son capturados y deportados de La Habana cada año.

Un cartel cercano a la entrada del túnel reza así: "Bienvenidos a La Habana, capital de todos los cubanos". Miente. Son muchos los cubanos de otras provincias que durante años han sido literalmente capturados y deportados de la capital a sus lugares de origen, como si de una indeseable plaga se tratase.

"Que La Habana no aguanta más…", era el estribillo de una canción popularizada en los ya lejanos años 80 por Los Van Van, cuyos textos, frecuentemente chabacanos, han sido una especie de crónica sobre lo que oficialmente es aprobado divulgar.

Los Van Van no solo son tolerados por las autoridades, sino que pertenecen al selecto club de voceros "artísticos" del Gobierno. De hecho, la cancioncilla de marras daba un espaldarazo cómplice a la segregacionista política gubernamental de expulsar de la capital a los provincianos.

Así sigue siendo, en buena medida. Los cubanos "del interior" no son realmente bienvenidos en La Habana, gracias al apartheid oficial, que incluso tiene una legislación sobre el asunto: el controvertido Decreto 217, que regula el "permiso" de residencia en esta ciudad a los provincianos.

De estos, aquellos cuya estancia ha sido aprobada por motivos de trabajo o por razones "debidamente justificadas" deben portar un documento de identidad "transitorio" que les permite circular por las calles sin riesgo de ser atrapados por la policía (que paradójicamente se nutre casi en su totalidad con nativos traídos "del interior") y enviados por la fuerza a su localidad natal. Por cierto, en los años 50 se estableció en China una regulación para detener el éxodo hacia las ciudades, en virtud de la cual un trabajador rural (mingong), cuando se trasladaba a la ciudad, estaba obligado a solicitar un permiso de residencia urbano (hukou); lo que demuestra que en el sistema cubano nada es realmente novedoso.

De cualquier manera, por lo general los cubanos expulsados retornan nuevamente a la capital en solo cuestión de horas. La ciudad, pese a la miseria, ofrece más opciones de supervivencia que los espacios de las provincias. Se trata de un ciclo interminable que trae a la realidad aquel juego infantil de "policías y ladrones".

Cosas del Orinoco

Sin embargo, rumiando sobre lo que acontece por estos días en Cuba, se siente la impresión de estar asistiendo a un filme del absurdo con numerosas tramas secundarias. Resulta contradictorio que mientras se han comenzado a aplicar ciertas modificaciones —por limitadas, ambiguas e insuficientes que sean— al movimiento migratorio de cubanos hacia y desde el exterior, se mantenga un férreo control sobre la migración interna hacia la capital. Y esto no parece importarle a nadie.

El pretexto de la escasez del fondo habitacional en la ciudad y de la sobreexplotación de los servicios, debido al constante éxodo desde el interior, no justifica debidamente la discriminación de cubanos por su región de nacimiento, ya que cuando se ha tratado de los intereses de los programas gubernamentales —sean los referentes a cubrir las plazas necesarias en los cuerpos represivos, en los contingentes de la construcción o de maestros emergentes ("maestros instantáneos", como se les conoce), etc.—, el origen regional no supone un obstáculo. De hecho, no han sido pocos los nacidos en provincias que se han acogido a dichos programas con el único fin de fijar residencia en la capital. Tampoco la política de segregación se ha acompañado con planes de desarrollo en las provincias que resulten lo suficientemente atractivos como para retener allí la fuerza de trabajo.

Más aún: La Habana no es, de hecho, la capital de todos los cubanos, sino que en los últimos tiempos se está convirtiendo en la capital de Venezuela, habida cuenta que es en esta ciudad donde se está reuniendo regularmente la plana mayor del país vecino y donde —según algunos analistas suspicaces y por lo que sugieren las evidencias— se están tomando las decisiones de su gobierno bajo el monitoreo político del gobierno cubano. Diríase que el pasaje de avión Caracas-La Habana es menos gravoso que el del tren Santiago-La Habana, asumiendo la frecuencia con la que viajan los miembros del ejecutivo venezolano.

Así, mientras el mismísimo Hugo Chávez tuvo que pedir permiso a la Asamblea Nacional de su país para venir a Cuba a tratar su grave problema de salud, y mientras los cubanos de provincias deben solicitar autorización a las Oficinas del Registro de Dirección (del MININT) para permanecer en la capital, el Vicepresidente venezolano, así como el Presidente del parlamento y otros funcionarios gubernamentales de esa nación parecen entrar y salir de la capital cubana con entera libertad varias veces por semana.

Como solían decir los muchachos de secundaria años atrás: "Son cosas del Orinoco… que tú no entiendes ni yo tampoco".

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Iván García
La Habana

Detrás de la censura al reguetón está la misma intransigencia que prohibe la formación de partidos políticos opositores.

El tema del reguetón en Cuba es, en realidad, un problema menor. A muchos sus textos les parecen vulgares, machistas, ofensivos hacia la mujer. Pero si se le pregunta a la gente joven (y no tan joven), siete de cada diez prefieren ese ritmo.

Y los jóvenes también cuentan. Tienen derecho a perrear al compás de los estribillos del Micha, Los Intocables, Gente de Zona o El Yonqui.

Cuando se viaja en taxis privados, es molesto escuchar la colección completa de Osmani García, La Voz, con el audio a reventar. Pero hay que respetar la coexistencia. Se le puede pedir al chofer que baje un poco el volumen.

Las prohibiciones de corte medieval no deben ser aplaudidas. Menos aún en Cuba, donde el Estado es dueño absoluto de los medios. Si hubiese canales alternativos de televisión o emisoras de radio particulares que reprodujeran el reguetón y sus videoclips, la medida oficial de limitar este tipo de música no habría despertado tanta algarabía mediática.

El especialista musical del diario español El País, Diego Manrique, escribió un buen artículo titulado "Cuba quiere acabar con el 'perreo'". Fernando Rasvberg, corresponsal de la BBC, también publicó en su blog sobre el polémico tema. El escritor Leonardo Padura, por su parte, hizo otro tanto en un texto distribuido por IPS.

Y es que censurar genera pasiones. Más aún si las medidas a favor de prohibir el reguetón —anunciadas por Orlando Vistel, presidente del Instituto Cubano de la Música, y apoyadas por Danilo Sirio, presidente de la radio y la televisión— demuestran que esa manera de hacer política, ya sea en lo cultural, lo deportivo o lo económico, que aparta lo distinto cuando el régimen estima que lesiona sus principios ideológicos, ha demostrado ser ineficaz durante cinco décadas.

Una pistola aún caliente

No se trata de implementar prohibiciones. En cualquier país se editan o censuran canciones con letras obscenas. Cada medio es libre de rechazar lo que considere ofensivo. Pero en Cuba la censura es una pistola aún caliente, que en no pocas ocasiones manejó personalmente el propio Fidel Castro. En nombre de la revolución, la palabra prohibir estuvo de moda en los años 60, 70 y 80. Desde condenar el catolicismo y las religiones afrocubanas hasta hostigar a los abakuás y los testigos de Jehová.

En este huracán tropical que impactó en intelectuales de Europa y América, era mal visto que los jóvenes usaran jeans o llevaran melena. Escuchar rock y discos de los Beatles era saltarse olímpicamente los decretos promulgados por una comisión ideológica.

En nombre del orden y el respeto se encarcelaron a miles de personas. Su delito: no vestirse de miliciano, ser cristiano, gay o pensar por cabeza propia. Se pudieran escribir varios tomos sobre las prohibiciones disparatadas que se aplicaron o todavía se aplican en Cuba.

Detrás de la censura al reguetón se esconde la intransigencia, la intolerancia a reconocer lo diferente. El Gobierno se abroga el derecho a decidir lo que considera bueno o malo para los cubanos. Es la misma licencia que permite prohibir la formación de partidos políticos opositores o censurar artículos supuestamente nocivos o contaminantes.

Son los censores de siempre. Los mismos que impiden a artistas cubanos exiliados venir a actuar a Cuba.

Les cuento una anécdota personal. Mi hija cursa el cuarto grado. Con frecuencia, los fines de semana, los padres preparamos una fiesta o "discofiñe", donde los alumnos del aula comparten y bailan. Los inquilinos de la casa escogida son los únicos adultos autorizados a estar presentes. Sutilmente se les vigila. En la segunda fiesta se desencadenó un terremoto.

Y el culpable fue el reguetón. Sin consultar con los niños, los padres decidimos no poner videoclips de reguetón, por lo vulgar de los textos y las imágenes explícitamente sexuales. Al enterarse, los pequeños lanzaron un desafío.

Si no se ponía reguetón, no irían. Negociamos. Llegamos a un acuerdo. Se pondría reguetón, pero solo el audio. Todos salimos complacidos.

La población no solamente está para aplaudir, pagar impuestos o ir a votar en ese remedo de elecciones celebradas en Cuba. El régimen tendría que incorporar a su agenda que las autoridades se deben a su gente, y no lo contrario.

La polémica en torno a la censura del reguetón recuerda una frase de Einstein: "Solo conozco dos cosas que son infinitas, el Universo y la imbecilidad humana".

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Alberto Méndez Castelló
Puerto Padre

La presidenta de la FEU declara que 'nunca cuestionarán la autoridad del Partido'. ¿Deben callar los jóvenes, o expresar sin miedo lo que deban decir?

Crónica: Alejandro Hernández Real cuenta su vida tras un mes y un día en la oposición.

"Es difícil encontrar un ejemplo de altruismo como el que se dio siempre en el estudiantado cubano", dijo el pasado 20 de diciembre Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, a propósito del 90 aniversario de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).

Luego de 90 años, resultaría ocioso describir las jornadas de heroísmo protagonizadas por los universitarios y la juventud cubana en su interactuar sociopolítico.

Bastaría mencionar el asalto al Palacio Presidencial, ocurrido el 13 de marzo de 1957, que pudo cambiar la historia del país.

Tres dictaduras han transcurrido en los 90 años de vida de la FEU. La del general Gerardo Machado, en la década del 30; la del general Fulgencio Batista, del 10 de marzo de 1952 al 31 de diciembre de 1958; y la "dictadura del proletariado", instaurada sobre una revolución que debió conducir a un proceso democrático el primero de enero de 1959 y que, en cambio, desembocó en el inmovilismo que vivimos hoy.

Demostrada la rebeldía juvenil contra las regímenes de Machado y Batista, el castrismo maniató a los estudiantes universitarios y a toda la juventud cubana mucho más que sus predecesores. Tan temprano como en el primer lustro de la década del 60 empleó la cárcel, el paredón y la persecución por motivos políticos, religiosos, o cualquier otro con visos de disidencia u oposición.

Encadenar el grupo social más fresco, creativo y emprendedor al discurso autócrata no solo ha traído la castración de valores fundamentales de la sociedad, sino también un anquilosamiento sin precedentes.

Retrotrayéndose a sus palabras del 8 de octubre de 1997, en el informe central al V Congreso del Partido Comunista, el doctor Castro Ruz decía el 5 de diciembre de 2004, en la clausura del VIII Congreso de Jóvenes Comunistas: "Es evidente la necesidad de un trabajo más fuerte, un trabajo más intenso en nuestras filas juveniles, puesto que estos tiempos y este partido exigen seguir nutriéndose de cuadros y militantes procedentes de la juventud".

El fracaso para nutrir al régimen con cuadros jóvenes persistía 14 años después, y así lo reconoció en el informe central al VI Congreso el general Castro Ruz cuando dijo: "No haber resuelto este problema en más de medio siglo es una verdadera vergüenza que cargaremos en nuestras conciencias durante muchos años (…) Hoy afrontamos las consecuencias de no contar con una reserva de sustitutos debidamente preparados con suficiente experiencia y madurez para asumir las nuevas y complejas tareas de dirección en el Partido, el Estado y el Gobierno".

Puesto que, según el general Castro Ruz, "a pesar de que no dejamos de hacer varios intentos para promover jóvenes a cargos principales, la vida demostró que no siempre las elecciones fueron acertadas", cabe preguntarse: ¿Qué diferencia el ADN político de Luis Orlando Domínguez, Carlos Lage, Roberto Robaina, Felipe Pérez Roque o Carlos Valenciaga del de los generales Colomé Ibarra o Cintra Frías?

Aunque la respuesta a esta pregunta quizás sea más fácil encontrarla en los anales de la antropología criminal que en los de la sociología, Lisara Corona Oliveros, actual presidenta de la FEU, respondiendo a interrogantes del periódico Juventud Rebelde, dio una aproximación al por qué retoños del mismo árbol genealógico son podados mientras las ramas añosas crecen: "Los estudiantes no cuestionamos la autoridad del Partido ni lo haremos nunca", dijo Lisara.

Dos sentimientos interiores mueven a los seres humanos, el egoísmo y el altruismo.

El señor Alarcón hablaba del altruismo de los estudiantes y, a no dudarlo, es difícil encontrar un gesto más altruista que el de aquellos que perdieron la vida por la libertad de la patria.

Pero cuando la actual presidenta de la FEU habla de no cuestionar la autoridad de un Partido que no ha hecho sino arruinar económica y moralmente a la nación, no se puede pensar en otra cosa que en el egoísmo de quienes critican a escondidas lo que aplauden en público.

Es cierto, hoy Cuba tiene más cárceles, jueces y policías que nunca. Pero existe otra verdad paralela: a pesar de las restricciones impuestas, las nuevas tecnologías han dotado a la juventud de medios de expresión hasta ahora inéditos.

Hoy los cubanos estamos en una encrucijada, o refundamos la nación o dejamos que se hunda. Y, sabido es, un pueblo no se levanta en silencio. Ese es el dilema de nuestra juventud: callarse o expresar sin miedo cuanto deba decir.

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Alejandro Hernández Real
Guantánamo

Detenciones, expulsión del trabajo, problemas familiares: el autor cuenta su vida en la oposición pacífica.

Son las diez y media de la noche. Mi esposa duerme en un banco de una terminal. Una mochila le sirve de almohada y un pulóver mío cubre su cara, obligándome a pensar que con solo 17 años prefiere no ver, quizás no despertar.

Yo utilizo como pretexto para no dormir la máxima martiana: "El sueño es culpa mientras falte algo por hacer". Pero estamos agotados. Han transcurrido apenas ocho horas desde nuestra última detención, y un mes y un día desde que empezáramos como activistas de la Alianza Democrática Oriental (ADO).

Como joven enamorado que quiere recordar las fechas importantes vividas con su pareja, utilizo una libreta para tomar apuntes, y así, cronológicamente, llevo conmigo lo sucedido desde que me inicié como activista, de la mano de Rolando Rodríguez Lobaina, a quien conozco desde 2009.

Un par de entrevistas concedidas a los programas de radio "Barrio Adentro" (Radio República) y "Contacto Cuba" (Radio Martí) fueron mi bautizo. Quisieron entrevistarme porque fui uno de los estudiantes que en 2008 interpeló en la Universidad de Ciencias Informáticas al presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón de Quesada, cuando terminó su conferencia sobre la importancia del voto unido. En un país con un sistema político unipartidista, donde históricamente el Estado ha llevado a cabo una política represiva contra los que intentan materializar el concepto de revolución, nada me podría sorprender.

Apenas un mes después de las entrevistas radiales me expulsaron definitivamente del Ministerio de Salud Pública, al cual pertenecía como trabajador del Hospital General Docente Octavio de la Concepción y de la Pedraja, del municipio de Baracoa. En un período de tres años y siete meses trabajé como Jefe del Departamento de Informática, sin ser cuestionado por ninguna indisciplina. Motivo de la expulsión: dos ausencias injustificadas al centro laboral, que aparecieron justamente a los tres días de mis intervenciones en la radio.

Camino a Guantánamo y a Santiago

A los pocos días, un amigo, mi esposa y yo, iniciamos una marcha desde el parque Hatuey, de la ciudad de Baracoa, hasta Guantánamo. Nuestra motivación era exigir libertad de expresión.

Salimos a las 2:30 de la madrugada, sin dinero ni alimentos. Caminamos más de 153 kilómetros comiendo guayabas, mangos verdes, y tomando agua de manantiales naturales. Llevábamos colgando del cuello, a la altura del pecho, un pedazo de cartón donde podía leerse: "Queremos libertad de expresión".

Muy cerca de Imías, a las 10:30 de la mañana, fuimos interceptados en una comunidad conocida como La Chivera por un Primer Teniente y un Capitán de la Seguridad del Estado, quienes junto a otros oficiales nos detuvieron y trasladaron en una patrulla hasta la Unidad Municipal de Policía, donde nos quitaron el cartón con nuestro mensaje. Nos redactaron a cada uno un acta por alteración del orden público, y a las 9:00 de la noche nos pusieron en libertad muy cerca del parque donde iniciamos la marcha, no sin antes ser sometidos a interrogatorios por parte de oficiales de la Seguridad del Estado.

Estábamos nuevamente en Baracoa. Al menos no teníamos que preocuparnos por el dinero para el pasaje de regreso.

Pero al día siguiente partimos otra vez, esta vez en guagua. Rolando Rodríguez Lobaina, entre otros activistas de derechos humanos, nos esperaba en Guantánamo. Pasamos unos días paseando por la ciudad, con el temor de ser deportados y bajo la presión que ejercen siempre algunos vecinos, encargados por la Seguridad del Estado de vigilar e informar. Alguna que otra tarde jugamos dominó e intercambiamos ideas sobre nuestra lucha y los vericuetos de la democracia. Así pasó el tiempo, disfrutando de un privilegio que no pueden quitarnos, el de escoger a nuestros amigos.

Pasadas unas semanas nos encaminamos a Santiago de Cuba, pero nuestro jeep fue detenido a la salida de Guantánamo por la Seguridad del Estado, en el punto de control policial conocido como Río Frío. Sin ninguna explicación, fuimos trasladados a Operaciones, y se nos negó la posibilidad de saber qué sucedería con nosotros.

Conocí Operaciones tal y como me la habían descrito, un perfecto centro de tortura. Allí permanecí hasta el día siguiente, encerrado en una celda tapiada, de las que solo me sacaban para someterme a los interrogatorios que sufren todos los detenidos que se encuentran allí.

Me metían en un cuarto helado, para amedrentar el espíritu, y un graduado de la escuela de la contrainteligencia (G2), arropado hasta la copa del materialismo dialectico de Marx y Engels (para mí, fidelismo más que otra cosa), se encargaba de lanzarme preguntas suspicaces para comprobar hasta dónde estaba dispuesto a luchar o si aceptaría ser reclutado como chivato. Al día siguiente fuimos repatriados de nuevo a nuestra ciudad de Baracoa.

La represión

A los pocos días mi mujer se puso enferma y tuvo que acudir al hospital donde yo trabajaba antes de que me echasen. Los custodios no me permitieron entrar porque así lo había establecido la dirección del centro. Rogué, pero no hubo forma de que me dejasen pasar.

En esa ocasión no fui arrestado, pero sí a los pocos días, cuando participé en una marcha en homenaje al primer aniversario de la resistencia cubana. Guiados por el Coordinador General de la ADO, Rolando Rodríguez Lobaina, partimos desde la barriada de La Laguna junto a otros miembros de la oposición, gritando consignas antigubernamentales y exigiendo libertad plena para los cubanos. Pudimos caminar varias cuadras hasta que fuimos interceptados por numerosas fuerzas de la policía nacional y la Seguridad del Estado. Nos llevaron a la unidad de policía ubicada en La Punta, en la misma ciudad. Permanecí allí con otros activistas hasta el mediodía del día siguiente. Después supe que a los otros los enviaron a Guantánamo.

Además de estas acciones represivas he tenido que vivir la más cruel de las represiones, la de mi propia familia. Soy hijo de personas integradas al proceso castrista, mis padres son militantes del Partido, mi hermana pertenece a la Unión de Jóvenes Comunistas. Mis inclinaciones a favor de un cambio hacia la democracia en Cuba han creado fuertes contradicciones en el seno de la familia, hasta el punto de tener que irme a dormir en casas de amigos, estaciones de transporte, o incluso en la calle.

Lo mismo le ha pasado a mi esposa. Sus padres la echaron en seguida de casa porque no quieren tener problemas con el gobierno. Su madre es doctora y no quiere que suspendan su misión en el extranjero; con esa misión pueden arreglar algunas cosas del hogar.

No sé si voy demasiado rápido en esto de formar parte de la resistencia pacífica, pero lo que he vivido en este mes da una idea de lo tanto que han pasado todos aquellos que se levantan cada mañana, como yo, para arreglar este redil en el que nos obligan a vivir.

 


Este texto apareció en la revista Porvenir.

 

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Miguel Sales Figueroa
Málaga

El 15 porciento de la población se ha marchado ya. ¿Parará las nueva ley el éxodo de los cubanos?

El éxodo del 15 por ciento de la población de Cuba en el último medio siglo es prueba irrefutable del fracaso del comunismo en la isla. La reforma migratoria que entró en vigor estos días subraya, con sus omisiones, advertencias y autorizaciones parciales, la índole agorafóbica de ese sistema, que trata a los cubanos residentes en el país como internos menores de edad y en el que se considera prohibido todo lo que no esté expresamente autorizado por el Gobierno.

Durante el periodo republicano, de 1902 a 1959, Cuba acogió a 1.375.000 inmigrantes. A pesar de las deficiencias políticas de la república, la economía y la sociedad de la Isla eran lo suficientemente atractivas como para que miles de extranjeros se establecieran en el país cada año y contribuyesen a su prosperidad.

El castrismo ha durado ya tanto como la república. Basta con descontar el trienio de intervención estadounidense entre 1906 y 1909 para que el tiempo de autogobierno sea idéntico: 54 años. En ese plazo, el régimen actual ha expulsado al exilio a un millón y medio de personas. Y el éxodo continúa, a razón de 50.000 al año, según los últimos cálculos.

Conscientes de que durante medio siglo han practicado una política que vulneraba los derechos más elementales de la gente, el régimen ha eludido el debate sobre el tema. Las pocas veces que los voceros del castrismo han entrado al trapo, se han limitado a señalar que también emigran hacia Europa y Estados Unidos miles de ciudadanos de los demás países de América Latina. Pero este argumento soslaya cuatro aspectos decisivos que diferencian ambos fenómenos migratorios. En ningún país del continente el Estado ha monopolizado la casi totalidad de la economía, ni ha confiscado los bienes de los emigrantes, ni ha utilizado a sus familiares como rehenes, ni ha impedido que regresen al país quienes habían decidido establecerse en el extranjero.

La estatización del aparato productivo ha empobrecido a Cuba y es, junto con la negación de derechos y la represión, una de las causas fundamentales que impulsan a los cubanos a abandonar la isla. Las medidas confiscatorias, el chantaje familiar y la abolición de los derechos de los residentes en el exterior han sido, hasta ahora, las represalias que el régimen ha aplicado con el fin de limitar el éxodo. Por eso resulta bizantino el debate que intenta oponer la condición de exiliado a la de emigrado. Hasta la fecha, incluso quienes se consideraban a sí mismos emigrados por causas estrictamente económicas han sido, en realidad, exiliados por la circunstancia política. Esta situación empieza a cambiar un poco con las nuevas regulaciones, pero aún está lejos de normalizarse, desde el punto de vista del derecho internacional.

Más que puertas al campo, los jerarcas cubanos trataron de poner rejas al mar. Pero el afán carcelario ha sido infructuoso. La reforma migratoria actual viene a ser un reconocimiento tardío y pusilánime de esa realidad.

La reforma se propone principalmente modificar los efectos de la emigración sin cambiar sus causas. En la situación vigente hasta principios de este año, las causas del éxodo han sido las condiciones políticas y económicas imperantes. Sus consecuencias son la contracción demográfica, la pérdida de talento y mano de obra y el empobrecimiento del país.

Es probable que las nuevas medidas mejoren la rentabilidad que el gobierno obtiene ya de quienes viajan o se establecen en el extranjero. A partir de ahora se procederá a una explotación más eficiente de las remesas, los desplazamientos, las vacaciones y las repatriaciones de los jubilados que decidan vivir en la Isla sus últimos años. Pero mientras no cambien las causas subyacentes del fenómeno, Cuba seguirá vaciándose, en particular de los elementos más jóvenes y creativos de su población. Aunque en La Habana la oficina que gestiona la sangría nacional siga llevando el irónico nombre de Departamento de Inmigración.

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Carlos Rodríguez
La Habana

No se sabe de dónde proviene el dinero falso y no se ve a la policía controlando la situación.

A pesar de ser bastante fáciles de detectar, cada vez más billetes falsos circulan por La Habana, pasados de mano en mano con aparente despreocupación.

"Ninguna persona se preocupa en revisar si es un billete falso", dice Rafael García, un chófer particular. "Como mismo lo recibo, lo doy en el vuelto de un cliente".

García señala que no se sabe de dónde proviene el dinero falso y que no se ve a la policía controlando la situación.

Hasta el momento, no se encuentra información oficial sobre la circulación de billetes cubanos falsos con denominación de 10 y 20 pesos.

Las falsificaciones son fáciles de detectar: los billetes de 10 pesos cumplen con el color, pero no llevan el sello de agua con la silueta de la revolucionaria Celia Sánchez. Los de 20 pesos, por su parte, tienen el sello de agua y la imagen de Camilo Cienfuegos, pero son más verdosos que los originales, de color azul, y cuando se humedecen se corre la tinta.

Michel López, residente de La Habana, advierte: "Cuando [algunos] pasen por una mala situación legal, hasta ese día tomarán en serio lo que significa tener dinero falso en su poder".

Hasta ahora, señala López, ninguna de las personas que conoce y que recibe un billete falso por descuido, devuelve al banco el dinero.

De acuerdo a la abogada independiente Laritza Diversent, la persona que tenga en su poder dinero falso, puede recibir una sanción de privación de libertad de entre cuatro y diez años.

Gladis Martínez, trabajadora del Banco Metropolitano, dice que el personal recibe billetes falsos "muy raramente". Pero cuando pasa, se retira de la circulación, se anota el número de carné de identidad de la persona que lo entregó y se reporta a la dirección de la oficina.

Otro chófer particular, Carlos Torres, agrega que solamente revisa los billetes cuidadosamente si son pesos convertibles.

"Al llegar a casa, contando el dinero a veces me doy cuenta de que algunos billetes de 10 pesos son falsos", señala. "Al día siguiente, esos son el primer vuelto que entrego a los clientes".

 


 

 

Esta noticia fue publicada en el sitio web de IWPR

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Pablo Díaz Espí
Madrid

El empresario y promotor cultural Ubaldo Huerta habla de mecenazgo, arte, política y relaciones con EE UU a través de su proyecto Yagruma.

El empresario y promotor cultural Ubaldo Huerta (La Habana, 1969), salió de Cuba hacia EE UU en 1992. Tras pasar por varias empresas dedicadas al desarrollo de las nuevas tecnologías en Silicon Valley, lanzó loquo.com, un portal de anuncios clasificados locales, líder en España, comprado por Ebay en 2005. Residente en Barcelona y experto en informática, en mayo de 2012 Huerta cofundó Yagruma —junto a Hiram Centelles (La Habana, 1984), cofundador de revolico.com— proyecto de producción artística centrado en Cuba y basado en el principio del crowdfunding (micromecenazgo, financiación colectiva), obligado ahora a redefinirse al chocar con las leyes del embargo norteamericano.

En palabras del propio Huerta, Yagruma es "un mecanismo para fomentar la creación intelectual en Cuba al margen del gobierno y las instituciones culturales, que han sido los productores tradicionales de las artes y, por tanto, han condicionado el resultado de la creación artística. […] Yagruma es una forma de establecer un diálogo entre iguales, entre los cubanos de la Isla y los de la diáspora. No se trata de que los últimos entreguen dádivas a los primeros, sino de patrocinar mediante las vías que abren las nuevas tecnologías una obra de arte, un disco, un libro, y recibir a cambio una recompensa, por ejemplo una copia del disco, un ejemplar del libro…".

De Yagruma y de sus ramificaciones artísticas y políticas, Huerta conversa con DDC.

¿Qué lleva a alguien a 'volver' a Cuba a través de un proyecto como Yagruma, años después de haberse ido y de haberse labrado una carrera profesional?

Ya hace más de 20 años que salí de Cuba; pertenezco a la última generación que salió a una suerte de destierro, pues no había mecanismo de retorno. Francamente, por muchos años, no tuve la más mínima inclinación por visitar lo que dejé, de revivir angustias. Pero como dices, pasa el tiempo, uno se establece profesionalmente, se supera algún agravio y, en mi caso, decido volver la vista y mirar constructivamente lo que quedó atrás.

Es cierto que el país está devastado en todos los órdenes, que marcha casi a la deriva. La calidad de la educación ha retrocedido a niveles inimaginables, y debido a una decisión política —no cabe otra explicación—, estamos desenganchados de internet a efectos prácticos, mientras el futuro se hipoteca. Ante el dilema de seguir dándole la espalda al asunto, de continuar esperando a que "alguien resuelva", o hacer una mínima contribución, transmitir nuestra experiencia, dialogar con los de allá, buscar un resquicio para aportar, participar en la transformación que se teje a regañadientes, pero con rumbo inexorable hacia la normalización, yo he optado por lo segundo.

¿Cuál fue o es la intención de Yagruma? 

En sentido amplio, Yagruma permite "inmiscuirse" en la realidad cubana, permite la participación, a distancia, de la vida en Cuba; incidir en una cultura y una sociedad que están pidiendo renovarse a gritos. Uno decide a qué proyecto quiere aportar, y de este modo establece un diálogo con artistas y creadores sin excluir ni limitar a nadie. Para los creadores es otra fuente de financiamiento, sin condicionantes, más allá de las propias recompensas que el propio creador proponga a cambio del patrocinio. Es, también, una manera de "dialogar" con la diáspora, un diálogo de iguales.

¿Piensas que el momento actual es apropiado para proyectos de ese tipo en Cuba, por qué?

Cuba está cambiando, no se sabe si por voluntad real de desandar un camino equivocado en muchos frentes o por el empuje de nuevos actores de dentro y de fuera. Lo cierto es que cada día se derriban nuevas barreras. Por ejemplo, las instituciones culturales de la Isla, hasta donde yo sé, no pusieron trabas a Yagruma. También entre los jóvenes estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) y los creadores más establecidos, el proyecto tuvo buena acogida. Nadie cuestionó el derecho de buscar activamente financiamiento fuera de las instituciones, de recibir fondos procedentes de cubanos emigrados o extranjeros interesados en nuestra realidad.

Intuyo que años atrás, Yagruma hubiese encontrado resistencia por parte del Gobierno, y la propia autocensura de los artistas la habría hecho inviable. Ahora, paradójicamente, me atrevo a afirmar que es el exilio el que tiene que mover ficha: todo el mundo quiere una Cuba democrática, moderna, pero que se la den llave en mano. El mayor enemigo hoy por hoy de un proyecto de crowdfunding en Cuba es el desinterés y el recelo de quienes vivimos fuera por lo que acontece en la Isla.

Es comprensible. Desde la diáspora no se percibe aún que existan proyectos verdaderamente independientes en la Isla. Se cree que todo sigue dependiendo del gobierno, como siempre ha sido desde el afianzamiento del castrismo.

Bueno, Yagruma es una entidad sin ánimo de lucro, registrada en Barcelona. Operamos con transparencia y fiabilidad, pagos seguros, transferencias bancarias a los creadores, todo auditable. En el caso de Yagruma no ha habido apoyo o relación con ninguna entidad de la Isla. Es cierto que en Cuba, a día de hoy, no existen entidades independientes del gobierno, pero muchas veces se usan como sombrilla, como amparo legal por parte de personas que buscan apoyo, intercambio cultural y económico, por qué no, con entidades o sujetos de fuera. Se puede esperar a la normalización, a que haya un registro mercantil de empresas sin participación estatal, de asociaciones independientes, pero el hecho es que nada de eso existe hoy.

Ya el mecenazgo no es exclusivo de los poderosos. Han pasado siglos desde que los Medici, los D’Este, los Sforza o los Gonzaga apoyaran a los Rafael, los Mantegna, los Cellini o los da Milano. ¿Cómo ha funcionado el fenómeno del 'crowdfunding', sobre todo en lugares como España y Latinoamérica?

El crowdfunding nace en el mundo anglosajón, léase EE UU, hace pocos años, y su uso se ha acelerado sobre todo desde 2010. A simple vista no es más que la clásica irrupción de internet en el mecenazgo tradicional, que antes solo se hacía a puertas cerradas, por instituciones, o por Medicis de la era moderna. Ahora está al alcance de cualquiera, y no solo eso, sino que permite al creador socializar una idea, encontrar una audiencia, incluso antes de llevarla a cabo. Kickstarter, el sitio de referencia, movió casi 320 millones el año pasado, con 18 mil proyectos financiados. No debe sorprendernos que esto ocurra en EE UU, donde la cultura del mecenazgo está bien establecida, donde nadie cuestiona que para emprender cualquier proyecto creativo o empresarial lo primero que se necesita es movilizar recursos.

En España hay varias plataformas. Destaca verkami.com, con casi 800 proyectos financiados. En Latinoamérica, por su parte, aún queda mucho por andar, pero la idea prende. Ideame.com, con cientos de proyectos activos, se perfila como líder.

Hace falta dinero para todo; para crear arte, mercado, infraestructuras, sociedad civil, independencia. Sin embargo, y mientras sus miembros se enriquecen, el castrismo ha llevado como divisa lo contrario, ha desarrollado en la sociedad la creencia de que el dinero es malo per se.

Esa es otra barrera que hay que derribar, la creencia de que hay algo indigno en buscar financiamiento para cualquier andadura creativa o empresarial. En Cuba, según mi experiencia, se suele estigmatizar todo lo referente al financiamiento. Aunque se empiezan a dar tímidos pasos. Como sabemos, a día de hoy solo se permite la existencia de trabajadores autónomos, a cuenta gotas, sin un mecanismo legal para la inversión de terceros. Encima, hay severas restricciones para ejercer actividades profesionales; no hay vías legales, hasta donde yo sé, de invertir en las cooperativas cuya puesta en marcha se ha anunciado, no he visto ni siquiera la intención de permitir el establecimiento de empresas donde los accionistas sean personas físicas. Falta aún mucho por hacer. Si una economía de primer mundo es rica y diversa como una selva tropical, la cubana, en comparación, tiene la complejidad de una colonia de esponjas de mar.

Evidentemente ha habido una estrategia gubernamental de estigmatización del dinero, algo que parte de la ideología marxista y de las ansias de mantener el control político por parte del castrismo. Pero, ¿no hay además entre los cubanos un componente cultural que lastra la relación con el dinero cuando este va más allá de las meras transacciones económicas? En otras palabras, ¿tiene futuro el ‘crowdfunding’ en una sociedad como la nuestra, tan necesitada de reencontar ciertos valores éticos y morales?

Eso está por ver. Irónicamente, en una sociedad donde en teoría se inculca el valor del bien común, de la solidaridad hacia terceros países, del voluntarismo, ha desaparecido por completo el mecenazgo, el auténtico concierto entre ciudadanos para, con fondos o esfuerzo propio, impulsar iniciativas como la de sanear las márgenes de un río, improvisar un teatro de títeres en la calle, hacer un refugio de animales abandonados, etc. Hay mucho por andar, pero todo se andará.

¿Qué proyectos se realizaron en Yagruma?

Yagruma, en su corta vida, ofrece resultados modestísimos, de los 55 proyectos que se lanzaron, solo once consiguieron financiación. La temática es variopinta: un corto de ficción sobre el vuelo espacial conjunto sovietico-cubanoun disco de Boris Larramendi, ex Habana Abierta; animaciones en stop motion, etc.

Yagruma se inscribe dentro de la modalidad de financiación todo o nada, o sea, si no se consigue la cantidad establecida por el creador en el plazo requerido, a los patrocinadores le son devueltos los fondos. Muchos proyectos válidos, como por ejemplo el 14 festival mundial Poesía sin fin, no conseguieron llegar a la meta económica, pero eso no los desmerita, todo lo contrario: Yagruma es también una manera de dar a conocer una idea, de exponerla para darle forma.

Por último, hay que recordar que el grueso de los patrocinios se consigue mediante el propio esfuerzo de promoción por parte del creador mediante canales online como facebook, twitter, blogs, etc. Este es otro de los grandes obstáculos que enfrenta cualquier proyecto online en Cuba, donde el grado de acceso y la velocidad de conexión a internet y, por consiguiente, a la cultura de uso de la red, ofrecen cifras desoladoras.

¿Qué pasó exactamente con Yagruma y la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) de EE UU?

Los primeros problemas de Yagruma empiezan en agosto de 2012, cuando Paypal, el procesador de pagos líder en internet, suspende el servicio alegando que no puede procesar pagos pues estaría violando las regulaciones del embargo. Después de casi dos meses sin servicio, con varios proyectos en el limbo, conseguimos integrar en Yagruma un procesador de pago alemán. Y en el ínterin no nos quedó otra que zambullirnos a entender el entramado de regulaciones que emite la OFAC (Office of Foreign Assets Control), la oficina del Departamento del Tesoro de EE UU que rige el comercio y la transferencia de fondos de empresas, ciudadanos o residentes en EE UU hacia Cuba. 

Varios amigos, conocedores de estas leyes, nos aconsejaron solicitar formalmente a la OFAC una Licencia especial para Yagruma, porque a pesar de que somos una entidad sin ánimo de lucro registrada en Barcelona, muchos de los patrocinadores son ciudadanos o residentes en EE UU; o sea, están dentro del radio de actuación de las regulaciones de OFAC. Tristemente, luego de un intercambio con representantes de OFAC, y tras explorar todas las posibles opciones, es imposible conseguir, dentro de la regulación actual, una licencia para Yagruma. Habría, por ejemplo, que solicitar un licencia para cada proyecto que se presente e informar la lista de patrocinadores. Naturalmente, este mecanismo no es apropiado para un sitio de crowdfunding en internet. También están las licencias para remittance forwarders, como Western Union, pero esto tampoco encaja: Yagruma tendría que estar radicada físicamente en suelo norteamericano para poder ser auditada, además de otras restricciones.

Lo sucedido es una gran decepción para nosotros después de todo el esfuerzo y el tiempo invertido en construir el sitio; incluso tenemos cuatro o cinco proyectos sin publicar, a la espera de la decisión de la OFAC. O sea, los artistas emergentes en Cuba pronto tendrá una opción menos. Lo sucedido pone en evidencia un vez más la necesidad de hacer una revisión crítica de mucha de estas regulaciones que han demostrado su inoperancia en la consecución de resultados tangibles, mientras imponen un severo castigo a las libertades individuales de cubanos de las dos orillas e incluso ciudadanos americanos. Así y todo, tengo que reconocer que el trato ha sido respetuoso, cordial y profesional por parte de la OFAC. Ya buscaremos otra salida para Yagruma, quizás se pueda reconducir a otro contexto o país, liberar el código para que otros lo puedan usar, hibernar hasta que cambien las leyes…

Es evidente que Cuba está cambiando, que el régimen está en un proceso de mutación, aunque no necesariamente democrática. También es evidente que dada la precariedad económica, política y social en Cuba y la cercanía con EE UU, estos últimos, donde además reside un gran porciento de la diáspora, están llamados a jugar un rol importante en nuestro destino nacional. ¿Cambia Washington, debería cambiar?

Vivimos momentos de cambio, el gobierno cubano ha tomado una significativa medida política al levantar, aún a medias, restricciones al libre movimiento de personas. Lo que ocurrió con Yagruma, que en el mejor de los casos no deja de ser algo de un peso netamente simbólico, es sintomático de lo restrictivas que pueden llegar a ser las leyes aprobadas en el Congreso norteamericano a mediados de los 90 y que buscaban limitar drásticamente la entrada de recursos al gobierno de La Habana.

Irónicamente, existe la limitación sin precedentes para los viajes de ciudadanos norteamericanos a Cuba. Los permisos, justificantes de viaje, restricciones de gasto, hacen estas visitas inviables para la gran mayoría de los estadounidenses. Yo quisiera, como muchos cubanos, que se dieran pasos constructivos, de ambas partes, para la solución de este diferendo. Ojalá el gobierno de EE UU decida eliminar las restricciones a los viajes, y de una vez y por todas, el americano de a pie pueda chocar con la realidad cubana. Está, también, la opinión, que yo comparto, de que el gobierno de Cuba lo que quiere es el levantamiento solamente de algunos aspectos del embargo, pero que este se mantenga en su esencia, en su carga simbólica, para seguir llamando a cerrar filas y perpetuar el mito de la plaza sitiada. Esto, descontando que el beneficiario directo del levantamiento de las restricciones de viajes sería el entramado de intereses que controlan la industria turística, de la que el cubano de a pie solo recibe migajas.

Todo esto es cierto, pero no lo es menos que hay que pasar página, que los daños colaterales son evidentes, que iniciativas como Yagruma, amén de que sean quasi simbólicas, son barridas de un plumazo. La crisis que vive Cuba la hemos causado los cubanos. Nos corresponde reparar el daño, enrumbar la nación. Pero por pedir que no quede: el gobierno de EE UU bien podría dar algún paso hacia la normalización. Mal no nos va a hacer.

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Waldo Fernández Cuenca
La Habana

No hay estatuas, ninguna ciudad o calle tienen su nombre. La veneración de los Castro se hace por otras vías.

Quizás uno de los rasgos principales de los sistemas totalitarios sea el culto a la personalidad del líder. Tal exaltación suele ocupar un lugar central en la legitimación del discurso político, declarando las ideas del protagonista del Estado un paradigma a seguir. Solo cuando en la antigua URSS comenzó el proceso de deshielo a través de la perestroika y el glasnost, los medios de comunicación se avinieron a criticar el culto a Stalin y su régimen de terror. Más allá, en la desolada Corea del Norte, Kim Il Sung, guía histórico de la dictadura, posee todavía más de 30 mil estatuas; todos los habitantes del país están obligados a rendirle pleitesía.

¿Cómo se da el culto a la personalidad en el régimen de los hermanos Castro? Ciertamente en Cuba no hay estatuas de Fidel o Raúl, ninguna ciudad o calle tienen su nombre. La veneración de los "líderes históricos" aquí se hace por otras vías, más sutiles, más refinadas.

Si se llega a cualquier centro estatal, por pequeño e insignificante que sea, basta con alzar la vista para encontrarse un retrato de Fidel. Algunas veces de perfil, otras de frente. Pero siempre mostrando su poblada barba de antaño, ya rala, y su mirada inquisitorial. En ocasiones aparecen también imágenes de Guevara o de Raúl Castro, frases suyas, consignas. (Son pocas las imágenes de Camilo Cienfuegos que aún sobreviven.)

'Somos uno'

Últimamente abundan la fraseología más reciente del mayor de los Castro, como el concepto que diera de la palabra revolución en el año 2000 y que muchos cubanos recitan casi de memoria.

Poco después de anunciarse su retirada del poder por problemas de salud, la principal avenida de la capital, la calle 23, se llenó de afiches con su figura. Una de ellas apenas mostraba el contorno de su rostro de perfil, su cara cubierta de banderas cubanas y, en letras bien gruesas, la leyenda: "Somos uno".

Un simple análisis de esta propaganda política sugiere la excepcionalidad de una figura convertida en mito, una figura que en teoría encarna las aspiraciones del pueblo y de toda la nación. También se ve diariamente dicha figura en la presentación de los noticieros de televisión, junto a la de su hermano, así como en otros espacios televisivos transmitidos con regularidad.

Un lugar donde el culto se lleva a cabo más abiertamente son las librerías. En muchas de ellas, particularmente las que venden libros usados, se encuentran ejemplares de las más largas entrevistas que ha concedido, de lo que ha pensado o escrito sobre temas tan disímiles como la ciencia, la agricultura, la educación o el deporte.

Así, Fidel Castro resulta una especie de todólogo —tal y como alguna vez lo calificó el politólogo cubanoamericano Jorge I. Domínguez—, un líder cuya opinión debe ser escuchada o llevada a la práctica en cualquier tema o materia sin la menor dilación.

Por la misma fecha en que buena parte de la población cubana ansiaba leer la novela de Leonardo Padura El hombre que amaba a los perros, de la que todavía hoy es difícil conseguir ejemplar, salían a la venta sendos libros de memorias de Fidel Castro, bellamente editados y encuadernados, con una calidad de papel rara vez vista en las ediciones de libros nacionales. En una entrevista concedida al diario español El País, Padura aseguraba que la salida de su novela se había retrasado en Cuba por falta de papel. Había pocos recursos para la demandada ficción, pero muchos para las memorias de Castro.

Alimentos, consignas, espías

La devastada economía del país llega a sustituir alimentos por consignas. En muchas de las bodegas expendedoras de alimentos racionados, en los estantes donde deberían estar los productos, se exhibe su figura o la de otro "líder histórico". En una de ellas aparecen Fidel y Raúl Castro alzando la mano sobre letras bien grandes: "La Revolución seguirá adelante pujante y victoriosa". En establecimientos en estado ruinoso, donde reina la suciedad y la falta de pintura, el cartel termina resultando una burla.

Pero a la imagen de Castro le ha surgido en los últimos años un competidor: los rostros de los cinco espías de la Red Avispa presos en EE UU ocupan un lugar cada vez más predominante en centros públicos, murales de escuelas y vallas de las principales avenidas de la capital. En su denodado esfuerzo por dar a conocer el caso a todo el que visita Cuba, los cinco agentes le roban cada vez más protagonismo iconográfico al líder máximo. Pero a pesar de la machacona propaganda, muchos cubanos no se han aprendido bien el nombre de "los cinco". Más bien al contrario: debido al bombardeo permanente, a la gente no le interesa hablar sobre el caso.

Donde el culto a la figura del mayor de los Castro encuentra mayor éxito es en el sistema educativo. En una enseñanza todavía bastante escolástica, los textos de historia hacen uso de un acoplamiento doctrinal entre la figura de José Martí, mártir de gran veneración, y Fidel Castro. Esa forzosa y construida conexión encuentra su más acabada expresión en aquellos versos de Nicolás Guillén que sentencian: "Te lo prometió Martí y Fidel te lo cumplió", obviando las grandes diferencias ideológicas que separan a estas dos figuras y acudiendo a resortes puramente nacionalistas para legitimar un régimen que en su esencia traiciona los más sagrados postulados martianos.

A pesar del afán por cincelar y mostrar una figura sin máculas, el evidente fracaso de la élite en su cada vez más desesperado esfuerzo por retrasar lo inevitable (la transición hacia un Estado de derecho) hacen que esta intensa propaganda produzca el efecto contrario. Es visible la despolitización y enajenación de una buena parte de la juventud cubana actual. Basta asomarse a la calle G o conversar con muchos de ellos para notarlo. Ese proceso habla por sí solo del futuro que le espera a los líderes históricos cuando desaparezcan definitivamente del escenario nacional.

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Iván García
La Habana

A falta de McDonald's y Burger King, las frituras de harina y las croquetas de ingredientes desconocidos están de moda en La Habana.

A falta de McDonald's, Burger King o pollo frito KFC, la comida rápida por excelencia en esta Cuba del siglo 21 son las fritangas y las croquetas de ingredientes desconocidos.

En toda La Habana hay miles de carros ambulantes dotados de rústicas cocinas, dedicadas a freír y vender frituras y croquetas a peso. Los hay como Ignacio, que elaboran la masa de sus frituras con harina de castilla, sal y cebollinos. José Antonio, por su parte, solo le añade un sazonador industrial mixto. Y Yoana prefiere confeccionarlas con ñame o maíz molido.

No saben mal si se comen calientes.

Aunque ya frías son otra cosa. Una bola grasienta acartonada con sabor a plástico. En la capital, las croquetas no suelen ser elaboradas por los fritureros. Las compran al por mayor en pescaderías especializadas. Al revenderlas, ganan el 50% del dinero invertido.

Es de los alimentos más baratos que ahora mismo se puede conseguir en moneda nacional. Un paquete con diez croquetas vale cinco pesos. Al alcance de casi todos los bolsillos. Aunque nadie a ciencia cierta conoce su contenido.

Unos aseguran que son de claria o pez gato. Otros afirman que se elaboran con remanentes de pescados. Y alguien que asegura haber trabajado en un centro donde se confeccionan, asegura que las croquetas se procesan con pellejos de pollo. Da igual. Son el comodín gastronómico de ancianos, jubilados, estudiantes, vagabundos, desempleados y trabajadores.

Lo mismo desayunas con un par de croquetas de "averigua", que te sirven para la merienda del colegio de los hijos. También son habituales en almuerzos o comidas, junto al inseparable arroz blanco, potaje de chícharos o frijoles negros y ensalada de tomate.

Si los vendedores ambulantes de fritangas no son dueños del carricoche, por 50 pesos diarios se lo alquilan a tipos que suelen poseer varios. Antes de salir el sol, los fritureros van calentando el aceite en una gran vasija de hierro fundido. Después, con la candela bien alta, fríen pequeñas bolas de harina. Cientos, siempre con el mismo aceite. Las croquetas las cocinan a fuego medio.

Algunos fritureros venden las croquetas solas, a peso cada una. Los más ingeniosos ofertan un pan con dos croquetas por cinco pesos. Esta comida rápida criolla suele bajarse con refresco instantáneo, a dos pesos el vaso. Cientos de alumnos y obreros, camino a escuelas y fábricas, desayunan a paso doble estos engrudos. Y es que desde hace décadas, el desayuno es un ave rara en la Isla.

De la 'sopa de gallo' al 'picadillo extendido'

Para la mayoría de los cubanos, desayunar con huevos revueltos con bacon o jamón, tostadas con mantequilla, jugo de naranja y café con leche o chocolate, es cosa de ricos, ejecutivos y ministros. O simplemente una extravagancia de filmes extranjeros.

Lo normal aquí es desayunar café sin leche, y al pan de 80 gramos que toca per cápita por la libreta de racionamiento untarle una fina capa de mayonesa casera o aceite y ajo.

Las frituras entraron en la galería de la fama en los 90, los años duros del "período especial". Fue una etapa donde la urgencia alimentaria llevó a la gente a paliar el hambre con tisanas de cáscaras de toronja u hojas de naranja. O agua tibia con azúcar prieta, la famosa "sopa de gallo".

Cuentan que algunos pícaros indolentes hicieron plata vendiendo pizzas sustituyendo el queso por preservativos chinos derretidos. En esa época, la gente perdía kilos como en una sauna finlandesa y llegaron enfermedades exóticas como el beri beri o la neuritis óptica.

Fue entonces cuando la autocracia verde olivo se sacó de la manga una lista de bodrios patentados por expertos en nutrición. En laboratorios diseñaron alimentos para engañar el estómago: pasta de oca, fricandel, perro sin tripa, masa cárnica (sin carne), cerelac, chocolatín con leche en polvo y tacos, presuntamente mexicanos, rellenos con frijoles negros.

El padre de todos esos inventos fue Fidel Castro, un incansable investigador alimentario que a sus 86 años ha declarado orgulloso que la moringa será el plato por excelencia del cubano en el futuro. La joya de la corona fue un picadillo, elaborado con restos de carne de res, puerco o pollo, y ligado con un 60% de soya. Su nombre oficial era "picadillo extendido", pero la gente le decía "picadillo de soya".

Los carniceros habaneros lo extrañan. Por las noches, a hurtadillas, vertían galones de agua sobre recipientes repletos del nauseabundo picadillo. El mejunje crecía, según ellos, sin perder sus cualidades. Es, quizás, el único alimento patentado en Cuba que se acercaba a la parábola bíblica de multiplicar los panes y los peces.

De momento, los años duros han quedado atrás. Pero el asunto de la comida sigue siendo la prioridad número uno del cubano.

A falta de McDonald's, Burger King y pollo frito KFC, las frituras de harina y las croquetas de ingredientes desconocidos están de moda en La Habana. No se pueden comparar con un sandwich de Miami, una tortilla de papas en Madrid o un kebab turco en Berlín. Pero se venden a granel por toda la ciudad.

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Tomás Bilbao
Washington

Socavar al gobierno o apoyar a la sociedad: los cambios en Cuba y la política estadounidense en los próximos cuatro años.

También: Claver-Carone / Tarajano

Si algo ha caracterizado la política estadounidense hacia Cuba en las últimas décadas ha sido su capacidad para desperdiciar oportunidades de apoyo a la sociedad cubana. Cuando cayó la Unión Soviética y Cuba perdió a su principal socio económico, EE UU decidió endurecer su política de aislamiento y sanciones generalizadas. Ahora, mientras Cuba vive el proceso de reformas más importante que ha tenido en medio siglo, los defensores del statu quo en Washington vuelven a abogar por más sanciones y más aislamiento. A medida que esta nueva oportunidad comience a cerrarse, persistirá el debate en Washington sobre cuál sería la mejor manera de alentar un cambio en Cuba, si continuar con la obsesión de hacerle daño al gobierno cubano, o desarrollar una política enfocada en ayudar al pueblo.

La actual política del gobierno estadounidense hacia la Isla está diseñada para socavar a Cuba a través del aislamiento y las sanciones generalizadas, causando así el colapso del gobierno y la sociedad. Esta teoría de la "olla de presión" ha sido la motivación de los defensores del statu quo en Washington. Para ellos, la meta no es incentivar los cambios en Cuba, sino producir el colapso total del actual sistema para construir uno nuevo. Además de ser éticamente cuestionable, y de no haber demostrado resultados en más de medio siglo, esta estrategia hace que el cambio en Cuba sea menos probable y fomenta a los intransigentes del gobierno en la Isla.

Aunque se puede debatir la profundidad de las mismas, nadie puede negar que el actual proceso de reformas representa el desarrollo más importante en más de 50 años. Esto se debe no solo al cambio de liderazgo, sino también a las reformas que han dado como resultado más de 400.000 negocios independientes, la legitimación de la propiedad inmobiliaria, la posibilidad de viajar al exterior, y la excarcelación de los presos políticos de la primavera negra. En vez de aprovechar esta oportunidad para apoyar a la sociedad cubana, los defensores del statu quo en Washington prefieren aferrarse a lo que aún no ha cambiado: la represión, la detención de Alan Gross y la falta de libertades políticas. Así, abogan por más aislamiento y confrontación.

A pesar de que los de la línea dura en Washington y Miami se hacen oír por sus críticas y amenazas constantes, una mayoría silenciosa ha reconocido la ineficacia y las faltas éticas de la teoría de la "olla de presión". Tanto en la comunidad cubanoamericana como entre los defensores pacíficos de la democracia en la Isla, se ha llegado a un consenso sobre la necesidad de aprovechar el proceso de cambios para apoyar a la sociedad civil cubana, en lugar de obsesionarse con dañar al gobierno.

Durante los últimos cuatro años, la administración Obama ha tomado pasos positivos para alentar el cambio en Cuba, ha trabajado para romper el aislamiento del pueblo y alentado al sector cuentapropista. Esta estrategia ha apoyado la capacidad de reconciliación familiar entre los cubanos, su espíritu empresarial y su deseo de crear desde dentro un mejor país. Lejos de representar una "concesión unilateral" al gobierno —como alegan los intransigentes en Washington—, la apertura de viajes y envíos a la Isla por parte de la actual administración ha coincidido con la expansión más importante de la sociedad civil cubana. La duda ahora es si el poder ejecutivo y el Congreso estadounidense optarán por seguir apoyando a esa sociedad civil, o si se dejarán intimidar por los defensores de la línea dura.

Aún quedan muchas medidas que tanto el ejecutivo como el Congreso estadounidense pueden tomar en los próximos cuatro años para alentar el cambio en la Isla. Si la administración Obama decide aprovechar la oportunidad que representa el proceso de transformaciones en Cuba, podría:

·        Incrementar las categorías de viajes permitidos para incentivar el intercambio de organizaciones o grupos profesionales que puedan brindar apoyo al sector cuentapropista.

·        Eliminar los límites de gastos diarios por viajeros autorizados, así como también el límite de efectivo y bienes que pueden llevar.

·        Autorizar la importación a EE UU de bienes producidos por empresas cubanas certificadas como independientes, además de la exportación de insumos y productos de EE UU a estas empresas en Cuba.

·        Eliminar el límite de remesas entre personas no relacionadas por parentesco para incentivar el apoyo a las empresas independientes.

Al mismo tiempo, el Congreso estadounidense deberá estudiar si la codificación de las sanciones generalizadas en el embargo, la cual ata las manos del ejecutivo, sirve a los intereses de EE UU y la sociedad civil cubana. Este proceso debería ser integral, apolítico, y tomar en cuenta las múltiples declaraciones de los defensores pacíficos de la democracia en Cuba, quienes han advertido que la política de aislamiento y confrontación más bien ha servido como apoyo a los sectores más intransigentes del gobierno cubano.

 Está en manos de la administración Obama y del Congreso estadounidense el determinar si, fiel a la tradición de nuestra fallida política hacia Cuba, se decidirá ignorar otra oportunidad, o si se aprovechara este momento histórico para apoyar al pueblo cubano y de esa manera alentar el proceso de cambio.

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Laritza Diversent
La Habana

Caridad Reyes fue estafada en una permuta. Sus demandas no prosperan en un sistema judicial corrupto e inoperante.

Caridad Reyes Roca permutó con Ofelia de la Cruz de Armas en 2008. Tres días después, la vecina de los bajos le reclamó por las filtraciones de las instalaciones sanitarias. El recubrimiento de  paredes y techos se desprendía. Caridad lleva cuatro años intentando deshacer la permuta y regresar a su antigua propiedad.

"Mi abogada se vendió a la contraparte", asegura. Caridad contrató a la licenciada Yolanda Martiato Sánchez en enero de 2009. En junio, sin su consentimiento, la letrada presentó un escrito de desistimiento que el Tribunal de La Habana aceptó. Se archivaron las actuaciones.  "Supe del engaño cuando me quejé en el Consejo de Estado y me respondió el tribunal", añade Caridad.

"La denuncié, pero la dirección de Atención a Bufetes Colectivos, del Ministerio de Justicia, dijo que el desistimiento hecho a mis espaldas no me causó perjuicios", explica. En agosto, Martiato Sánchez había abierto un nuevo proceso para impugnar la permuta. Pero en febrero de 2010 fue sustituida por un colega, licenciado Manuel Guzmán. "Como era de esperar, el tribunal  declaró sin lugar la demanda", afirma Caridad.

Los jueces estimaron que no hubo vicios del consentimiento ni fraude. Según ellos, el precario estado del inmueble no fue ocultado por la demandada. Ahora, la situación que vive Caridad se debe a su "falta de cuidado" y "actuar negligente". No obstante, para llegar al fallo, se necesitó un informe de la Oficina del Arquitecto de la Comunidad (OAC) de Arroyo Naranjo.

Fue la misma institución que, en octubre de 2008, expidió un dictamen técnico que según la señora Cruz de Armas cuando contestó la demanda, acreditaba "el buen estado técnico del inmueble". Hasta la fecha, Caridad Reyes no ha podido obtener copia de dicho documento.

En cambio, y a instancias de la propia Caridad, la OAC emitió un nuevo dictamen en enero de 2009, y resulta que ya la vivienda no cumplía los requisitos de habitabilidad, por lo que no podía considerarse como "vivienda mínima adecuada". El documento fue firmado por la arquitecta Elena Pérez, Jefa de la institución y vecina contigua de Caridad.

Amiguismo, corrupción

Elena Pérez, jefa de la OAC, tiene amistad con la señora Ofelia de la Cruz de Armas, demandada por Caridad; también, debido al cargo que ocupa, con la abogada Martiatos Sánchez y los funcionarios del Dirección Municipal de la Vivienda de Arroyo Naranjo (DMV). El Tribunal de La Habana, sin embargo, pasó por alto el conflicto de intereses y solicitó a Elena Pérez que designara a dos peritos que certificaran el estado técnico constructivo de la vivienda de Caridad Reyes.

Según el informe, las características estructurales del inmueble variaron por la realización de acciones constructivas, que Caridad nunca realizó. "Ligereza por la que no puede imputarse a un actuar fraudulento de su contraparte", sentenció el tribunal.

El hecho es que en menos de tres meses, la vivienda varió y perdió los requisitos de habitabilidad. Esto, sin embargo, no sugirió a los jueces que el dictamen emitido por la OAC fue falseado. Nada les hizo sospechar del arquitecto, los funcionarios de la DMV y el notario actuante, tampoco de un posible delito de falsificación de documentos.

Pero Caridad Reyes no desistió. Contrató a otro abogado, y aunque el recurso fue rechazado por el Tribunal Supremo, solicitó a la Dirección Municipal de la Vivienda de Arroyo Naranjo la nulidad de la resolución que autorizó la permuta. El pedido fue denegado y el asunto archivado. Y Caridad Reyes Roca demandó a la institución. La antigua Audiencia de la Habana declaró sin lugar su ruego. Caridad recurrió al Tribunal Supremo y obtuvo la misma respuesta.

La misma OAC, en 2012, emitió otro Dictamen Técnico. El inmueble, constata, mantiene malas condiciones, pero no se especifica si es inhabitable e irreparable. La construcción se devaluó de 4356,15 pesos en moneda nacional (valor que tenía cuando se efectuó la permuta) a 2678,16.

Caridad Reyes presentó escritos de quejas en diferentes instancias del gobierno: Tribunal Provincial y Supremo, Asamblea Nacional, Consejo de Estado, Instituto Nacional de la Vivienda, Ministerio de Justicia, la Organización Nacional de Bufetes Colectivos y la Fiscalía General de la República.

Ninguna investigó a fondo el asunto, ni valoró el riesgo que corren su integridad física y la de su hija, a pesar de que ambas pertenecen a grupos sociales vulnerables. Caridad Reyes Roca, de 65 años, es jubilada, y tiene a su cargo a Misley Lázara Suárez, de 30 y con síndrome de Down.

Sus vidas peligran dadas las condiciones higiénico-sanitarias de la vivienda. Las aguas negras deben ser de evacuadas de forma manual. Duermen en la cocina por los riesgos de derrumbe en el dormitorio. Reyes Roca padece de urosepsis crónica y gastroenteritis. Tiene dificultades para tratarse con antibióticos por la resistencia de bacterias como el estafilococo dorado.

¿Qué esperan las autoridades? ¿Que el techo caiga sobre sus cabezas? ¿Qué será de Misley Lázara si Caridad llegará a faltarle? En eso no pensaron quienes por ambición engañaron a esta anciana madre de una joven discapacitada.

El amiguismo campea en el sistema legal cubano.

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Miguel Fernández-Díaz
Miami

Recoger firmas de ciudadanos es pura evasión del único teatro de guerra contra Castro: las urnas.

La persistencia de la oposición en pasar proyectos literarios como iniciativas políticas incuba la sospecha de que no hay voluntad de poder, sino mediática.

Entre cubanos queda un solo experto en tumbar gobiernos: Fidel Castro, quien se dio hasta el lujo de instruir en cómo tumbar a su propio régimen de socialismo irrevocable: lograr primero mayoría en la Asamblea Nacional (AN) para "desde el poder hacer la contrarrevolución, por vías legales, [e incluso] recoger equis millones de firmas" que revoquen el socialismo irrevocable (Biografía a dos voces, Debate, 2006, páginas 555-6).

La oposición viene actuando al revés: antes que poner en crisis al sistema electoral con millones de votos nulos, se empeña en recogidas inútiles de firmas. Nadie se llame a engaño: la constitución se refiere tan solo dos veces a firmas: la del presidente de la Asamblea Nacional en las leyes (Artículo 81.ch) y la del jefe de Estado y Gobierno en los decretos-leyes y otras disposiciones (Artículo 93.j). Recoger firmas a los ciudadanos ha sido pura evasión del único teatro de guerra contra Castro: las urnas.

Aquí Castro ha logrado imponer la tiranía de los números: inmensa mayoría de votantes a su favor. Al filo de las elecciones generales (febrero 3), la oposición tendría que haber echado a correr sin aspaviento que votar por cualquiera es votar por el castrismo y hacerlo así es seguir como estamos y sin esperanzas: ¡Anula tu boleta, que nadie podrá verte ni pedirte cuentas después!

Sin embargo, se prefiere largar tal o cual proyecto en conferencia de prensa [extranjera], pregonarlo [en el extranjero o el ciberspacio] y recoger firmas, como si no supiéramos ya que ningún fuego patriótico se prende redactando ni leyendo documentos y que firmarlos no hace ni cosquillas al Estado totalitario.

El último grito de esta moda acaba de proferirlo el ex preso político Dr. Oscar Elías Biscet con el Proyecto Emilia. Agarrarse a la "grácil y atractiva dama, entusiasta y filibustera" Emilia Margarita Teurbe Tolón (1828-1902), porque cosió la primera bandera (1849) y fue la primera desterrada por causas políticas (1850), es otra recurrencia kitsch a claves decimonónicas —como el Proyecto Varela o el Proyecto Heredia— que para nada suplen tanto analfabetismo político en el planteo mismo.

Luego de sostener que "el régimen comunista de Cuba fundamenta su legalidad en la Constitución de 1976, con sus modificaciones", la iniciativa emiliana descarga sobre la AN la culpa de que el Consejo de Estado campee por sus respetos, como si esta situación no derivara en derechura de la propia constitución, que el pueblo cubano adoptó (1976) por abrumadora mayoría. Y si la reforma constitucional "institucionaliza de manera permanente al régimen comunista" es porque mayoría igual de abrumadora apoyó (2002) semejante designio.

Vamos a suponer que en ambos casos el pueblo actuó bajo coacción de la dictadura castrista. Ese es el pueblo que tenemos, y un pueblo así reduce al absurdo toda pretensión de cambiar el régimen de Castro con papeles. Por algo el Proyecto Varela no pasó de 25 mil firmas en dos tandas (2002 y 2004) y acabó expirando en concreción fuera de lugar: relanzado en Madrid (octubre 24, 2008). Así y todo, la oposición insiste en convocar a un pueblo imaginario con panfletos cifrados en que, por simple clamor, el grupo político de Castro cederá poder.

Amén de esta alucinación hay otra: sin huelgas ni otras manifestaciones masivas precedentes, la oposición insta al diálogo sobre los destinos a quienes vienen de ganarle la guerra civil a Batista, la guerra civil a los alzados y la guerra sucia a la CIA. Una cosa es abogar por derechos humanos —plano horizontal de la democracia— y otra muy distinta hacer política, que supone librar la guerra en el plano vertical para pasar de gobernado (abajo) a gobernante (arriba).

La oposición no atina a ganarse al resto de la gente para terminar con la tiranía castrista de los números, sino que se dedica más bien a ensartar proyecto tras proyecto que, a lo sumo, dan para conseguir algún premio afuera o salir por los telecentros de Miami u otros medios de ultramar. Solo que así también dan continuidad a la tiranía castrista del pensamiento por la simple falta de educación en el bando contrario. Y por entre ambas tiranías se va perpetuando la otra en ejercicio del poder.

Coda

El Proyecto Emilia (2013) concita tan solo dos predicciones complementarias: pasará al olvido por falta de apoyo popular, como El camino del pueblo (2011) y el Llamamiento urgente por una Cuba mejor y posible (2012), en tanto el castrismo volverá a barrer en las elecciones. Para evitar que esto sea así, el camino es anular las boletas en cada votación.

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DDC
Madrid

Joel Brito, director del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba, analiza qué se puede esperar de la nueva normativa.

La Central de Trabajadores de Cuba (CTC), que responde a los intereses del Gobierno y es el único sindicato legal en la Isla, ha convocado a sus afiliados a iniciar, en febrero próximo, la "discusión" del anteproyecto de ley de un nuevo Código de Trabajo.

Según la CTC, el código tendrá en cuenta los ajustes económicos puestos en marcha e incluirá cambios en política de empleo, salario y seguridad social, entre otros temas.

DIARIO DE CUBA conversa con Joel Brito, director del Grupo Internacional para la Responsabilidad Social Corporativa en Cuba, para analizar qué pueden esperar los trabajadores cubanos del proceso a punto de empezar.

¿Qué opina del actual Código de Trabajo?

El actual Código de Trabajo es letra muerta. Ha sido criticado por los expertos de la OIT (Organización Internacional del Trabajo), quienes consideran que entra en contradicciones con convenios fundamentales.

El informe del pasado año de la Comisión de Expertos en Aplicación de Convenios y Recomendaciones continuaba señalando al Gobierno, como desde hace 12 años, los siguientes aspectos:

—Que debe tomar las medidas necesarias para garantizar que todos los trabajadores, sin distinción, puedan constituir o afiliarse a las organizaciones que estimen conveniente. La Comisión pidió al Gobierno modificar los artículos 15 y 16 del Código de Trabajo, que se refieren al monopolio de la CTC.

—Expresó la firme esperanza de que el Gobierno modificará en un futuro próximo el artículo 61 del Decreto-ley 67, de 1983, de manera que se garantice el pluralismo sindical; por ejemplo, mediante el reemplazo de la referencia a la CTC por la de "organizaciones más representativas".

—Por último, la Comisión la pidió al Gobierno que, a efectos de salvaguardar la seguridad jurídica de los trabajadores que deciden recurrir a la huelga, se considere la adopción de disposiciones que reconozcan expresamente ese derecho.

Sin embargo, el anteproyecto de ley del nuevo Código de Trabajo no ha incluido nada de las sugerencias normativas que la Comisión hizo.

El nuevo Código, me imagino, lo llevarán como un logro más de las reformas del general Raúl Castro al XX Congreso de la CTC y allí será bendecido y adoptado en un acuerdo. No sé cual será el mecanismo por el que opten, pero ese podría ser un escenario.

¿Pueden esperar los trabajadores más respeto a sus derechos tras las discusiones sobre el Código de Trabajo o Ley 49?

La Ley 49 es el Código del Trabajo, con muchos artículos, que nadie lee.

La prensa cubana ha estado informando que los "trabajadores cubanos iniciarán en febrero de 2013 la discusión del anteproyecto de ley del nuevo Código de Trabajo, el cual plantea cambios en lo referido a política de empleo, salario, seguridad social y empleadores de las más recientes formas de gestión no estatal, aprobadas por el Gobierno".

Sabemos que esos cabios realmente no tendrán impacto en los trabajadores y en sus derechos. Un Código de Trabajo escrito por burócratas del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y apadrinado por la CTC —que en la práctica es un departamento estructural del Partido Comunista— no va a derivar en un documento con muchos derechos y que recoja los aspectos reales que necesita un país en crisis generalizada, como es Cuba.

El pasado 5 de enero, el miembro del Buro Político, Salvador Valdés Mesa, quien es además secretario general de la CTC, en una visita de trabajo a Cienfuegos, decía: "necesitamos un sindicato fuerte y cohesionado en capacidad de movilizar a los trabajadores hacia la puesta en práctica de los acuerdos del VI Congreso del Partido". Con esos truenos es fácil imaginar qué clase de sindicato existe en Cuba.

Es como decir que [los sindicatos españoles] Comisiones Obreras y Unión General de Trabajadores hacen suyas las reformas económicas y los acuerdos que se derivaron del XVII Congreso del Partido Popular, me imagino que entonces ardería la Plaza de España.

La consulta a la que ha llamado la CTC no es la primera que se realiza. ¿Qué han supuesto este tipo de procesos en el pasado? ¿Es razonable tener fe en ellos?

En el pasado se realizaron de diferentes formas —Parlamentos Obreros, Asambleas por la Eficiencia, Asambleas de Producción y Servicios— que resultaron más de lo mismo.

Uno de los mayores males, reconocido por el propio Raúl Castro, era el "exceso de reuniones"; yo le adicionaría "sin resultados".

Los trabajadores están cansados de lo mismo, es un sistema que esta agotado.

A los jóvenes trabajadores no les interesa un nuevo Código de Trabajo; les interesa un salario justo, políticas de empleos coherentes, un país que prospere, que sea productivo y no dependiente de la caridad de Venezuela, Rusia o Angola, o de las divisas que envíen los cubanos de Miami o Madrid.

Desde el punto de vista de la libertad sindical, ¿cabe la esperanza de que el Código en preparación guarde diferencias destacables con el actual?

El Código, los Estatutos de la CTC y todo el engranaje legal de ese sistema es en esencia discriminatorio, excluyente y siempre ha tenido un objetivo, el cual sin dudas han logrado, que es el control de la sociedad y los trabajadores.

Me atrevo asegurar que el nuevo Código de Trabajo será igual que el otro en lo que a libertad de asociación se refiere, y los trabajadores y las organizaciones sindicales independientes tendrán que continuar luchando por ese espacio que el gobierno les niega.

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El Guamá
Santiago de Chile

No chivatee, no ocupe el baño del avión y no se asombre cuando vea que a nadie le interesa Cuba: el cacique Guamá aconseja al futuro turista nacional en el mundo mundial.

1- Las tecnologías de scanners y detectores de metales están ampliamente desarrolladas en los aeropuertos. No esconda "morocotas" de Camilo ni moneditas de tres pesos con el Che en los huevos ni matavacas en las tetas, viajar con pérfilos cortantes está prohibido.

2- En el avión no es recomendable ocupar el baño. Antes del viaje no se empache de arró, frijole y carnepuelco. Si así fuera, no libere disimuladamente ningún "ninja", por respeto al resto de los pasajeros. Aguante compañero, aguante. Y ojo, desde mediados de los 90 no se fuma en la totalidad de las líneas aéreas, así que… a masticar el tabaco.

3- Cuide su porte y aspecto. Para brindar una buena impresión de nuestra amada patria en el exterior, recuerde que las chaquetas "safaris" ya no se usan ni en Angola.

4- Las maletas de palo con candado no son recomendables ya que por su peso limitarán la cantidad de equipaje, tabaco, ron y otros rubros exportables nacionales que usted luego podrá negociar en el mundo mundial.

5- Los sachets de mayonesa, azúcar, sal y mostaza que se encuentran en las cafeterías de los aeropuertos son de consumo limitado y exclusivo de los locales, no fache indiscriminadamente porque puede pasar una vergüenza.

6- Si usted es mulata, bonita y bendecida por la naturaleza con belleza singular tenga resguardo, recuerde que la "trata" no es solo de blancas.

7- Evite la chealdá. Si viaja a Europa del Este buscando nostálgicos ex socialistas parajes tenga en cuenta que homenajear en público a personajes como Stalin, Kruchov, Tito, Honecker, Lenin y otros está muy mal visto hoy día.

8- En el extranjero no existen productos como la raspadura, melcocha, yogurt de soya, perro sin tripa o pan de gloria, extrañará las cagaleras. A los "cangrejitos" les llaman cruasán y la leche condensada todavía viene en lata.

9- Mucho cuidado con los estafadores. Si en París le quieren vender la torre Eiffel, no la compre por barata que esté, porque si bien su construcción fue posible gracias a un cubano (según Ecured), jamás ha estado en venta.

10- Aplica lo aprendido. Los miembros de las mafias albanesa, rumana, rusa, checa y/o húngara ya no son "camaradas" y no acostumbran a hablar mal del gobierno revolucionario como la de Miami. Si te toca caer en un grupito de esta gente, reza o jinetéalos.

11- No sustraiga los bombillos de los baños para reponer el de la escalera del edificio que se fundió en el 90, recuerde que no se permite embarcar con objetos peligrosos. Hablando de edificios, las torres gemelas no existen desde 2001, intente reconocer Nueva York por otra cosa.

12- Existen otros géneros musicales. Incorpórese a ellos, disfrute y acepte nuevas culturas. La timba y el reguetón no gozan de tanto éxito como podrá descubrir. No se deprima, conozca, abra la mente. A propósito de abrir la mente, el mejor helado no es el Coppelia.

13- La carne de res es verdadera, existe. Así como el chocolate, la leche evaporada, el "sponge rush", la mantequilla, la leche fría y el yogurt de sabor. No se conocen las croquetas de harina vieja, las africanas derretidas ni los cicoticos vencidos. Desarraigarse gastronómicamente nunca está de más.

14- Chivatear es una práctica deleznable. A no ser que viaje a Corea del Norte, Irán o China; actúe de forma natural, en el resto del mundo no existen Comité de Defensa de la Revolución. 

15- Cuba no tiene mucha importancia. No se sienta mal si absolutamente nadie en su destino se interesa por Cuba y lo que ocurre en ella con los cubanos, el mundo es grande y en verdad, importamos un comino.

 

 


Esto lo sacó el cacique Guamá en el periódico de la tribu: aquí.

 

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Orlando Luis Pardo Lazo
La Habana

Entre la nueva ley migratoria y la agonía de Chávez: ¿reclamamos reformas o apreciamos el protectorado?

Guillermo Fariñas / Yoani Sánchez

Mientras el gobierno en pleno de la Venezuela bolivariana traslada su necrofílica sede a La Habana, el pueblo de Cuba usa la reformas raulistas para vender sus autos y casas a cambio de un pasaporte visado hacia cualquier otra parte, con el bonus-track de un billete de avión. Lo primero, se llama anexión; lo segundo, plebiscito (en ambos casos, una comedia silente).

La anexión comenzó en 1992, con una lluvia de ideas intervencionistas o internacionalistas que culminó en el guión de un televisivo golpe de Estado en Caracas, seguido por el mea culpa del comandante protagónico de aquel remake del asalto al Cuartel Moncada y La Historia me absolverá. Luego devino revolución de las camisas rojas y parodia política al estilo de Aló, Big Brother, antes de retornar ahora al concepto de un oncogolpe de Estado con visos de continuidad constitucional (una constitución que se empeñan en editar como miniatura bíblica, Árbol de la Sabiduría socialista que es blandido permanentemente en pantalla por este o aquel caudillo continental).

El plebiscito cumplió el pasado primero de enero 54 años de entronizado en la Isla. Son los cubanos que se van. Primero, porque durante décadas era imposible irse. Y ahora, porque de pronto ya solo es posible irse. Se trata de votar con los pies y, a la primera oportunidad, perderse de este paraíso encontrado que es la Cuba Made in Castro. Aunque nadie sea ya estigmatizado de "escoria", sino en todo caso de "élite".

Dios intenta llamar a Hugo Chávez a su lado y se le interponen por igual babalawos, pastores protestantes y cardenales cubanos (no hay por qué reducir a uno los retóricos rostros de Jaime Ortega y Alamino). Por supuesto, es que de la petrocracia proletaria depende que en Cuba no estalle otra crisis peor que cuando el "período especial", esta vez no "en tiempos de paz" sino probablemente de guerra incivil.

Así, los derechos de casi la mitad de la ciudadanía venezolana, que acaba de votar en las urnas en contra del convaleciente Chávez, no nos convienen para nada en tanto cubanos. Tampoco nos conviene evocar una iniciativa legal como el Proyecto Heredia, lanzado hace seis años en Cuba por el Movimiento Cristiano Liberación, donde se consagran, entre otros, los derechos migratorios de nuestra nación, algunos de los cuales hoy se disfrazan de reforma raulista sin siquiera citar a su autor, Oswaldo Payá Sardiñas (el muerto al hoyo, el vivo al aeropuerto).

Los derechos de los cubanos no nos convienen para nada en tanto cubanos, así en la Isla como en el exilio, seamos títeres del oficialismo o líderes de la oposición. En la práctica, el totalitarismo resulta útil por su gobernabilidad a ultranza y la apertura a ciertos privilegios bajo control central. Como niños cogidos en falta entre la ética personal y un Estado papá, el discursito de la democracia nos aterra o nos da risa. La verdadera resistencia nunca ha sido en contra de la dictadura. Antes bien, hemos luchado a brazo partido y rodilla en tierra hasta conseguir nuestra más confortable esclavitud. En verdad, violentando un poco al (otro) poeta Milanés, sería preferible hundirnos en el mar que antes traicionar la grosería que se ha vivido.

"Yo soy Chávez", es la consigna de turno de los lemmings popularechos y delfines putschistas del Partido Socialista Unido de Venezuela. "Yo soy la Revolución", fue el slogan de fin de siglo y milenio que lanzó el entonces Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, Fidel. Dos sentencias post-monárquicas que no pueden ser más sinceras. Quien no encaje en esta lógica elemental no cabe en el statu quo y, más temprano que tarde, debe ser eliminado como indirectamente, gracias al anatema martiano de que "hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas" (se llama holocausto a cuentagotas).

Por eso los palacios de Caracas han quedado obsoletos y los presidentes del Nuevo Arca del ALBA se retratan en la Plaza de la Revolución de La Habana (ellos también están aterrados y ríen). Por eso sería hoy un crimen de lesa izquierdicidad liberar al medio ambiente animales de zoo que únicamente han conocido el cautiverio y, más que reclamar reformas, apreciamos el protectorado.

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Fernando Dámaso
La Habana

Se acercan las nuevas 'elecciones' a la Asamblea del Poder Popular. ¿Cambiará algo?

He leído, haciendo un gran acopio de resistencia, las biografías estudiantiles-laborales-políticas de cada uno de "los candidatos del pueblo" a las próximas elecciones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, publicadas en la prensa oficial. Como se repiten hasta la monotonía los mismos indicadores, todas se parecen, independientemente del centro estudiantil, laboral o político donde haya actuado cada individuo.

Salta a la vista que todos, sin excepción, están activamente integrados al "modelo", habiendo sido preparados, entrenados, escogidos y promovidos para ejercer funciones en escuelas, institutos, universidades, empresas industriales, granjas agrícolas, cooperativas, administraciones, sindicatos, organizaciones políticas y de masas, grupos religiosos y en otras áreas, principalmente por su fidelidad política e ideológica.

No aparece, por ningún lugar, alguien que piense diferente o tenga una propuesta distinta a la oficial para la solución de los grandes problemas económicos, políticos y sociales que enfrenta el país.

Se obvian, y no se encuentran representados, los cerca de dos millones de ciudadanos con derecho a voto que en el último simulacro de elecciones, de una u otra forma —no asistiendo a votar, anulando la boleta o dejándola en blanco—, mostraron su rechazo; ni aquellos que, votando, lo hicieron más por temor a perder los estudios, el empleo o determinadas posiciones que por convicción, bien conocidos en cada barrio estos últimos, por no tener el menor empacho en manifestarlo ante familiares y amigos. Para las autoridades, los primeros no forman parte del pueblo: pertenecen a la categoría de las no personas.

La camisa de fuerza electoral garantiza que en el redil no existan ovejas negras, que puedan cuestionar la unanimidad histórica de la Asamblea Nacional. Algunos nombres se sustituyen por otros, que actuarán de forma idéntica a los sustituidos: el método garantiza que todo seguirá igual. Lo de opiniones distintas, respetar diferencias, diversidad, tolerancia, crítica, etcétera, está bien para los discursos, no para aplicar en la realidad.

Esto quiere decir que en 2013, si no ocurre un milagro, continuaremos teniendo más de lo mismo, pues no se ha tocado ni se tocará la estructura económica, política y social vigente, principal causa de nuestros fracasos y de la prolongada crisis nacional.

Hasta que no tengamos una Asamblea Nacional en la que estén representados todos los sectores sociales, con sus diferencias, complejidades y problemas, una Asamblea que sustituya a la actual, con porcientos predeterminados de blancos, mestizos, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, obreros, campesinos, intelectuales, religiosos, etc, nunca se producirá un cuestionamiento, un voto en contra o una abstención a lo que proponga el Gobierno. La unanimidad continuará asegurada para unas autoridades que son incapaces de gobernar sin ella.

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Miriam Celaya
La Habana

Los habaneros no hablan de otra cosa, la enfermedad es una alarma creciente.

Por primera vez desde que tengo memoria estoy viendo a los empleados de las "carnicerías" trabajando con guantes y gorros. Los que no tienen guantes utilizan bolsas de nailon. El mismo cuadro se presenta en las panaderías, en las que usualmente los dependientes manoseaban el pan a mano desnuda, sin importar que segundos antes hubiesen estado fumando, rascando la caspa de sus cabezas o hurgándose la nariz. Esta saludable práctica en los comercios de la red "subsidiada" por la cartilla de racionamiento, resulta sencillamente una novedad insólita.

Por su parte, en la red de mercados recaudadores de divisas también se toman precauciones. Hasta hace poco las mismas manos que restregaban los billetes en la caja registradora eran las que, sin ceremonia alguna, despachaban "a pelo" la comida que nos llevaríamos a la boca. Ahora se colocan cuidadosamente guantes o bolsitas de nailon para no tomar contacto directo con los alimentos.

Los tanques colectores de basura, habitualmente desbordados, están siendo recogidos más de una vez al día, los spots televisivos insisten sobre la importancia de lavarse bien las manos y hervir el agua de tomar, y los inspectores de las cafeterías y quioscos de cuentapropistas que no han sido cerrados alertan los alimentos que no se pueden vender por estos días: nada de refrescos, batidos y jugos; tampoco panes con mayonesa casera ni dulces con merengue u otros que se elaboran con huevos crudos. Para todos nosotros esas señales evidencian que algo grave está ocurriendo y que el cólera está más extendido de lo que pensamos. La violación hasta de las más elementales normas de higiene ha sido tan común entre nosotros que la aplicación de cualquier medida sanitaria salta a la vista por contraste y grita lo que callan las autoridades… Por supuesto, el cólera no es propio de las potencias médicas; mucho menos de un destino turístico.

En la ciudad la gente no habla de otra cosa. No es un susurro temeroso ni un secreto entre comadres, sino una alarma creciente que hablan los vecinos de ventana a ventana, los amigos que se encuentran en cualquier lugar, los taxistas, vendedores y viandantes en cualquier esquina: hay muchos casos de cólera en la capital y un número indeterminado de fallecidos, entre ellos un niño. Varios círculos infantiles y escuelas han cerrado, así como numerosas cafeterías. Ya no solo existen focos de la enfermedad en poblaciones de la periferia como Regla o San Miguel del Padrón, sino que se ha extendido a municipios tan populosos como Cerro, Diez de Octubre y Centro Habana. Todos sabemos que el hospital Salvador Allende (Covadonga), del municipio Cerro, está a tope entre enfermos de dengue y de cólera. Una epidemia como esta era quizás lo único que nos faltaba para el retorno a las condiciones del siglo XIX.

Sin embargo, pese a que el cólera llegó a la capital desde muchas semanas atrás, los informes finales del año 2012 destacaban por su triunfalismo en referencia a los estándares de salud. También la presidenta de la Organización Mundial de la Salud tuvo palabras de encomio para el sistema médico cubano y sus fabulosos avances. Sobre todo, los admiradores del gobierno de la Isla insisten en sus loas a los programas "que garantizan la atención médica de los cubanos y de otros pueblos del mundo". En un plano más espiritual, tampoco las autoridades eclesiales y los babalawos, que tan preocupados se han mostrado por la salud del presidente venezolano, parecen muy motivados para invocar la protección de Dios y de los orishas para este pueblo. Obviamente, no tenemos hacia dónde volvernos.

Por el momento, los medios no han informado sobre la presencia del cólera en Cuba ni de la magnitud de la epidemia. Al parecer no sienten presión alguna por parte de las organizaciones internacionales de salud de las cuales Cuba es miembro. Mientras los vendedores de comidas cierran sus establecimientos o enguantan sus manos, el gobierno cubano —literalmente— se las lava.

 

 


Este artículo se publicó en el blog Sin EVAsión. Se reproduce con autorización de la autora.

 

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Regina Coyula
La Habana

De Cuba y Puerto Rico, el águila norteamericana y la paloma de la ONU.

Existe una idea firme en el imaginario popular, reforzada por la letra de una canción de Pablo Milanés a la que dieran forma los versos de Lola Rodríguez de Tió: Cuba y Puerto Rico son, de un pájaro las dos alas. Pájaro que uno imagina pequeño, no se sabe si gorrión o colibrí, pero es común presumir nuestros destinos hermanados. Puerto Rico, a quien denominaremos el ala a estribor de ese inexacto pájaro, realizó elecciones locales hace unos meses y aprovechó para votar un referendo sobre su estatus político.

Los puertorriqueños refrendaron dos cuestiones. La primera, si Puerto Rico debería mantener su relación de Estado Libre Asociado a Estados Unidos, recibió el 53,51% de respuestas negativas frente un 49,49% de respuestas afirmativas. A la segunda, referida a la condición política de la isla entre las opciones de estado 51, versus Estado Libre Asociado soberano y la independencia; casi las dos terceras partes de los votantes dijeron a convertirse en la estrella 51 de los estados de la Unión, con un total de 824.195 votos.

De nuevo la independencia obtuvo un bajo puntaje. Al Partido Independentista no le sirvió siquiera la fórmula de una alianza o coalición. Tan débil salió de esta contienda que su candidato para el cargo de gobernador no logró siquiera el 3% requerido para mantener la franquicia electoral, y el partido deberá comenzar este 2013 por reunir las firmas necesarias para su reinscripción.

En cuanto a cómo se ve este fenómeno desde el ala a babor, el gobierno se halla descolocado. Medio siglo de solidaridad y logística al movimiento por la independencia, han tropezado con la voluntad refrendada en las urnas. En este país donde Rafael Cancel Miranda y Lolita Lebrón tienen una aureola heroica gracias a las noticias de Granma, el ciudadano común no alcanza a entender qué pasa con la mayoría de los puertorriqueños, de espaldas al legado de Hostos y Betances.

Dentro de la política del Ministerio de Relaciones Exteriores y a través del Movimiento de No Alineados, la independencia de Puerto Rico ha sido tarea priorizada. En un espacio menos glamoroso, están las relaciones de los servicios especiales cubanos y el Ejército Popular Boricua-Macheteros, incluso se especula la presencia en Cuba de uno de los principales cabecillas del asalto a Wells Fargo en 1983, uno de los most wanted del FBI.

La prensa cubana, por su parte, no ha sabido cómo pronunciarse. Más allá de manifestar que la consulta se trató de una ficción estadística sin dar detalles, no pudo negar tal resultado sin acusar de fraudulenta la votación, aunque en el programa Mesa Redonda de la televisión nacional se esgrimieron las 480.918 papeletas en blanco del referendo como prueba de la insatisfacción boricua. Se trata de una maniobra arriesgada, cuando en este país acababan de celebrarse unas "elecciones" parciales con un considerable número de boletas anuladas y en blanco y con un porciento de inasistencia que sin duda reflejaron un estado de opinión. Pero todos conocemos la relatividad de los argumentos.

El águila 

¿Y el águila, ese otro pájaro enorme y poderoso y que a diferencia del albatros de Baudelaire, está por todas partes? Los boricuas han emplazado al águila y el águila no dice ni pío. Lo que en Puerto Rico es obsesión política, en Estados Unidos es el acápite de una página interior de la agenda capitolina. A pesar de mi creencia (siempre me dijeron) de que la sumisión de Puerto Rico al gobierno norteamericano estaba fuera de toda duda, este referendo parece no haber sido ordenado desde Washington. Nadie contó con el amo del Potomac, es máa, pareciera que los isleños pro estadidad pretenden presionar allá en el D.C.

En momentos en que se busca reducir los gastos del gobierno federal, el costo de la estadidad no va a ser un tema popular. Puerto Rico no solo puede drenar la representación política en el Congreso, sino también los fondos federales. Si se convirtiera en un Estado, es probable que tuviera un periodo de transición durante el cual los impuestos federales se implementarían gradualmente, mientras que al mismo tiempo recibiría un trato equitativo en programas de educación y salud.

Debido a la complicada situación político-económica, el gobierno norteamericano podría ganar tiempo y esgrimir la misma excusa de nuestra Mesa Redonda: la suma de las boletas en blanco, más las del Estado Libre Asociado y las independentistas, inclinan hacia otro lado la balanza que tan favorable parecía a la estadidad.

La paloma

Por último, tenemos a la paloma que representa a la ONU, más concretamente a su Comité de Descolonización, muy implicado en el caso de Puerto Rico, pues durante décadas Cuba ha promovido la discusión del tema y ha sido el más activo dentro de los 24 países que integran el citado Comité.

Acaso sin saberlo, el pueblo borinqueño cumplió la recomendación de celeridad en el proceso para que se le reconociera a su isla el derecho a la autodeterminación.

Los boricuas se apresuraron a poner en conocimiento del Presidente del Comité descolonizador, el rechazo a la condición colonial. Dicho Presidente declaró que los reclamos serán analizados con detenimiento. También solicitaron a dicho Comité que su próximo Seminario Regional sea en Puerto Rico, de manera que puedan disponer de los elementos necesarios para poner fin a la colonia.

Volvemos a nuestro pajarillo sin taxonomía. Puerto Rico debe convertirse (si el águila lo aprueba) en un Estado donde la herencia cultural hispana seguirá teniendo el protagonismo; así ha sido en los sesenta años como Estado Libre Asociado, y nada indica que vaya a producirse un cambio, al menos a corto plazo. Contra toda lógica independentista, apelando a la herencia hispana y a la identidad latina y caribeña de Puerto Rico, la mayoría de los boricuas no parece incomodarse con la percepción de que el cambio votado traerá beneficios a su vida.

El resultado del último referendo le robó una causa antiimperialista al gobierno de Cuba. La decisión queda ahora por Estados Unidos. La enorme ironía podría estar en que sea el águila quien rechace (o posponga) devorar el alita que le hace carantoñas.

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Roberto Álvarez Quiñones
Los Ángeles

¿Habrá chavismo sin Chávez? ¿Logrará Maduro tomar el poder y afianzarse en él? ¿Continuarán los subsidios económicos?

De La Grange: Autogolpe de Estado / RiveroLos sucesores de Chávez lo necesitan CelayaLa agonía de Chávez complica a La Habana

Si el populismo chavista será capaz de sobrevivir a la desaparición de Hugo Chávez es la interrogante que hoy impide conciliar el sueño a Raúl y Fidel Castro, y a toda la cúpula dictatorial cubana.

Resulta que la historia de América Latina muestra que, con excepción del peronismo en Argentina —debido a su asombrosa heterogeneidad—, ningún otro movimiento populista en la región ha logrado permanecer en el poder tras la salida de la escena política de su líder natural, bien por la vía democrática, la muerte o el derrocamiento militar.

El fin del nacional-populismo del "Estado Novo" autoritario de Getulio Vargas en Brasil, el de Velasco Alvarado en Perú, el de Víctor Paz Estenssoro y su Movimiento Nacionalista Revolucionario en Bolivia, el de Jacobo Árbenz en Guatemala, el de José María Velasco Ibarra en Ecuador, el de Omar Torrijos en Panamá y otros muchos, así lo revelan.

Todos esos "fenómenos políticos" basados en medidas populares de gobierno destinadas a ganar la simpatía de la población mientras se erosionaba la democracia, sus instituciones, y se establecía una mayor intervención socializante del Estado en la economía, se apagaron con la desaparición de sus respectivos caudillos, todos ellos hombres carismáticos que ejercieron el poder de forma paternalista y muy personal.

Eso lo saben en La Habana, como también saben que solo un milagro permitiría a Chávez asumir la presidencia de Venezuela, según le confesó el gobierno cubano al enviado especial de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff. Es por ello que la junta militar castrista amarra febrilmente todos los cabos para que el sindicalista Nicolás Maduro —ese Raúl Castro venezolano, designado por Chávez como su sucesor— pueda asumir sin contratiempos la presidencia de la nación petrolera, la formidable "gallina de los huevos de oro" del régimen cubano.

Pero surge entonces otra pregunta que también causa insomnio a los Castro: sin la astucia de Chávez para "conectarse con las masas", y sobre todo, sin el consenso total de las Fuerzas Armadas y de sus principales rivales, el Presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello (teniente golpista junto a Chávez en 1992), y Rafael Ramírez, todopoderoso ministro de Energía que reparte el dinero del petróleo, ¿logrará Maduro consolidarse en el poder?

Otra interrogante, tal vez la más inquietante, causa escalofríos a los jerarcas cubanos. Asumiendo que Maduro lograse sortear todos los obstáculos y se afianzase como jefe de Estado, ¿permanecerá intacto el drenaje financiero que fluye del Tesoro de Venezuela hacia Cuba, y la graciosa entrega de 37 millones de barriles de petróleo anuales?

Es comprensible el nerviosismo castrista, pues desde mediados del siglo XX la economía de la Isla es altamente parasitaria y solo se ha mantenido a flote con el dinero de algún "tío rico". Por sí misma, es incapaz de ofrecer alimentos, vivienda, salud, educación, transporte y seguridad social a ancianos y jubilados.

Durante 30 años, el soviético "tío Boris" se hizo cargo de todo y además regaló armamentos de todo tipo. Economistas cubanos en el exilio, entre ellos el profesor Carmelo Mesa-Lago, calculan que entre 1960 y 1990 Cuba recibió de Moscú entre $65.000 y $100.000 millones de dólares. A eso hay que agregar la entrega de unos 970 millones de barriles de petróleo, 82.900 tractores, 63.800 camiones, etc. Aquel financiamiento ruso, para disponer de una plataforma de expansión comunista en las Américas, sobrepasó el Plan Marshall para Europa al terminar la Segunda Guerra Mundial.

En los años 80 los soviéticos pagaban a Cuba entre 45 y 46.7 centavos de dólar la libra de azúcar, mientras el precio en el mercado mundial oscilaba entre 5 y 8 centavos por libra. Así, al desintegrarse la URSS, el Producto Interno Bruto (PIB) de la Isla cayó en un 35% y los cubanos nos hundimos en la peor crisis económica desde la época colonial.

El nuevo 'tío rico'

Sin embargo, fallecido el mecenas soviético, apareció un nuevo tío dadivoso, esta vez venezolano. Economistas prestigiosos sitúan en unos $10.000 millones anuales el volumen de las subvenciones venezolanas a la Isla.

Una expresión de la total dependencia de Venezuela la dio Antonio Carricarte, viceministro de Comercio Exterior de Cuba (MINCEX), quien informó a la agencia noticiosa AFP que casi dos tercios de los ingresos de divisas de la Isla en 2011 correspondieron a los servicios profesionales (léase subsidios) que prestan 45.000 cubanos en esa nación sudamericana, y admitió que la exportación de bienes nacionales solo sumó $2,700 millones. Esa cifra fue tres veces inferior a los $9.109 millones exportados en bienes por Bolivia, uno de los países más pobres del continente, y 30 veces menor que los $80.586 millones exportados en productos por Chile, cuyo PIB en 1958 era igual al de Cuba.

Carricarte no aclaró que de cada 100 dólares generados por el turismo unos 62 vuelven al extranjero, pues ese es el componente importado del costo de operación de la industria turística cubana, que llega al límite de tener que adquirir frutas y vegetales frescos de República Dominicana. Tampoco mencionó los $2.200 millones recibidos en remesas enviadas por los emigrados cubanos.

Sin los subsidios venezolanos, la economía castrista, tal y como ocurrió cuando se desintegró la URSS, quedaría al desnudo, incapaz de sustentar las necesidades más elementales de la sociedad.

Por ejemplo, si Cuba dejase de recibir los 100.000 barriles diarios de petróleo (65% del consumo nacional) que le obsequia Caracas, tendría que gastar más de 3.000 millones de dólares para adquirirlos en el mercado internacional. A eso añádase que el país tiene que importar alimentos por $1.700 millones para evitar hambrunas masivas. ¿De dónde sacaría el gobierno esos $4.700 millones únicamente para comprar combustible y alimentos?

Posible crisis

El problema grave es que, incluso como presidente, Maduro, delfín de los Castro, estaría bajo muy fuerte presión dentro de las propias filas del chavismo para al menos reducir la desmesurada cuantía de los subsidios a la Isla y dedicarlos a Venezuela. Y solo con que los subsidios fuesen reducidos a la mitad (unos $5.000 millones) se produciría un tsunami económico que hundiría a Cuba en una nueva crisis similar o peor a la desatada en 1991, cuando desapareció la URSS.

No son pocos los generales y coroneles chavistas que se autodefinen como nacionalistas, no como socialistas, y que rechazan el modelo estatista cubano. Además, hay malestar entre los militares venezolanos por el protagonismo de los generales cubanos en Caracas. Solo Chávez, con su gran arraigo en los círculos castrenses, pudo imponer una injerencia extranjera de tal magnitud.

En fin, que rezar porque un milagro le prolongue la vida a Chávez es irónicamente la principal tarea que tienen en este momento los ateos hermanos Castro, el generalato y toda la nomenklatura cubana. Todos están conscientes de que si Venezuela les falla, esta vez ya no habrá sombrero mágico en el mundo del que pueda salir otro tío rico que los mantenga.

Por eso no logran dormir bien últimamente.

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Rolando Díaz
Santo Domingo

Volver o no a Cuba mientras haya castrismo: un punto de vista.

De la memoria

En mi adolescencia, por los tempranos años 60, tenía una novia que se llamaba (o llama, ojalá así sea) Daisy. Ella no sabe cuánto tengo que agradecerle.

Me había enterado de lo que era la música en mi niñez por el sonido vibrante de la orquesta Melodías del Cuarenta. Su director, Regino Frontela Fraga, quien para mí era "el papá de Hiram, el marido de Gladys", vivía justamente frente a mi casa, en la calle Santa Ana, en Luyanó, barrio habanero donde nací: Me voy pa'Morón, Boniatillo o Seis lindas cubanas, estaban metidas en mi ADN.

Cuando cumplí los diez años, allá por 1957, mi familia se mudó a Santos Suárez y un par de años después las cosas cambiaron radicalmente en la Isla, pero el mundo musical continuaba su vigoroso curso. Y a la orquesta Melodías del Cuarenta la superó la rivalidad que vivían Neno González y la sempiterna Orquesta Aragón, presentes en cuanto baile popular que se respetara hubiera: desde la Sociedad Curros Henríquez, hasta las nombradas ruedas de casino de El Oso —en lo que era, ¿es?, el Patricio Lumumba, antiguo Club Náutico—, pasando por El Ferretero y el Centro Montañez. Pero a las puertas de mis 15 años, conviviendo con todo aquello, apareció en mi vida, de la mano de mi novia Daisy, un obstáculo musical raro y ajeno: Meme Solís.

Daisy era una incondicional fanática del afamado músico, así que yo estaba en una disyuntiva; o me enteraba de quién era Meme y su cuarteto, o me pasaría la vida bailando únicamente casino y algún aislado bolero, aunque no con Daisy. Por supuesto, decidí enterarme de quién era Meme, y entonces mi vida cambió.

Las ricas sonoridades de su cuarteto, el tremendo trabajo de las voces y aquellos inolvidables crescendos me llevaron a un encontronazo con la emoción más intensa, y me introdujeron en el filin, esa especie de bolero sinuoso. Aprendí, también, que existía un francés que se llamaba Michel Legrand. ¡Quién me lo iba a decir! Sumé a la Aragón, a Neno González, a La Sublime y a La Sensación los condimentos de aquellos nuevos sonidos, e hice un potaje mental que me enriquecían Omara, Elena, Moraima, El Ronco y Meme. Soñé y recreé muchas de sus melodías, me deleité entre esos efluvios por tiempo indefinido.

Del presente

Muchos años han pasado, nos vamos poniendo viejos, y el amor y la música de Meme (que la esfumaron de la faz de la Isla por la horrible perversidad que todos conocemos) sí los recuerdo como ayer. Pero hace unos días, Cuba, el teatro América, recibieron otra vez esas sonoridades, pasado un montón de tiempo, de la mano de un grupo de gente valiosa y valiente (nunca olvidemos el contexto).

El regreso de la música de Meme actualiza una necesaria polémica: la de quienes desde las diferentes valoraciones de emigrante, exiliado o cualquier otra denominación imaginada o existente, regresa o no al país a ofrecer su arte a los cubanos de a pie.

Desde el respeto más profundo a cualquiera de las posiciones expuestas por estos días, soy de los que piensa que hay que regresar: asociar el esfuerzo de quienes desde dentro han conseguido el triunfo de organizar un concierto a Meme Solís en La Habana de hoy con un acto que tiene algún tipo de concomitancia con el poder, es un absurdo. Se trata más bien de una lucha interna, silenciosa, que muchos de los que vivimos fuera no llegamos o no queremos comprender, dejando la única opción posible a la salida definitiva o a la oposición militante.

No se le exigió a la Orquesta Aragón que abandonara el país cuando Batista dio el golpe de estado en 1952, ni habría que haberle dicho en vida a Vicentico Valdés que protestara porque en Cuba se continuaban pasando sus canciones por la radio. Tampoco pienso que hay que enemistarse con Gonzalo Rubalcaba o Pancho Céspedes porque hayan visitado sus barrios habaneros. De hecho, yo también he regresado a exhibir, aunque muy limitadamente (gracias al valor de un gran cineasta y mejor persona) algunas de mis películas prohibidas.

La universalidad parte de lo local, el reconocimiento de lo propio es esencial para el creador, renunciar al país significa asociar poder político con el concepto de nación, y la Nación (con mayúscula explícita) nos pertenece a todos, no únicamente a quien vive dentro y acata o desoye, o a quién detenta el poder político, que no el espiritual.

Reconozco que hay muchas maneras de mirar a Cuba, y muchas y muy diferentes escalas de dolor en quienes, como yo, decidimos no vivir más en el país. Lo que le sucedió a Meme fue terrible, y peor aún lo que le sucedió Celia. Entiendo el reclamo de Willy Chirino, y también a quienes, sin haberles planteado aún alguna forma de homenaje, prefieren no visitar la Isla. Entiendo incluso a Meme en su decisión de no asistir al emblemático Teatro América a escuchar sus canciones. Pero reitero que también se debe respetar, aunque polemicemos, esa otra mirada, la de los que sienten y necesitan estar físicamente entre los cubanos de adentro. Por mí, por ellos, escribo este texto.

Estoy terminando de rodar un documental sobre Reinaldo Miravalles, ese actor irrepetible que casi todos admiramos y que, residiendo en Miami, acaba de filmar en rol protagonista, a días de cumplir sus noventa años, una película en Cuba. La dirige Gerardo Chijona y está basada en una novela de Eliseo Alberto, Lichy, de quien sabemos que parte de su obra está, también, prohibida en la Isla. Me consta que Lichy estaba tremendamente feliz con la decisión de que su novela se filmara en La Habana. Hablamos de ello.

Añoro estrenar el documental sobre Miravalles, Historias de un viejo de mierda, en Miami, pero también en nuestro país, el de todos. Pude filmarlo mientras se preparaba para actuar en Esther en alguna parte, el largometraje de Chijona. Y lo grabé en la calle, en un día de descanso, saliendo de un espectáculo musical. Una mujer, pobladora de cualquiera de los barrios conocidos y no conocidos, lo reconoció, se le acercó dudosa, y de pronto gritó: "¡Melesio!"

De inmediato se arremolinaron a su alrededor decenas de personas, mirándolo atónitos, admiradas. El viejo se puso al borde del infarto. Es un viejo duro, nunca lo había visto así, cogía aire, nervioso, asmático, como si pretendiera evitar ser arrasado por un tsunami. Tal era su emoción.

No pretendo convencer a nadie. Incluso mi deseo no es que este artículo se tome como una respuesta a determinadas posiciones, sino como una opinión más entre tantas. Eso sí, aspiro a que los cubanos, algún día, sin evitar las diferencias y lo duras que puedan ser, nos entendamos en la diversidad, desechando opiniones o criterios dominantes, únicos.

No continuemos pasándonos, lleguemos a donde tengamos que llegar, sin caernos a patadas constantemente, sin insultos, suaves, conciliadores, entendiendo al otro, al menos dándole un espacio para expresarse y que la justicia, cuando corresponda, se ocupe de lo que se tenga que ocupar, pero con garantías, civilizadamente.

Por favor: bailemos una rumba, sin olvidar lo que ha pasado, una rumba memoriosa, pero que traiga nuevos vientos, con esta conocida letra parodiada por mí (todos conocen la música) en un acto de irreverencia vacilona que ejecuto cual poeta repentista:

Tolerémonos todos,

en la rumba final (efecto vocal: paqui-quinquin-quin)

y se alcen los pueblos con amor,

en el Hotel Internacional.

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Miriam Celaya
La Habana

La agonía de Chávez abre un escenario complicado para los jerarcas de La Habana.

La primera vez que escuché la frase "convertiremos el revés en victoria" fue en el discurso que pronunciara el otrora Invicto en Jefe tras el fracaso de la zafra de los Diez Millones (1970). Para entonces yo no había cumplido los 11 años, pero recuerdo la tristeza de muchos adultos —que se habían creído a pie juntillas el éxito de la aventura de Castro I con la sacarosa— y la apoteosis de aplausos que siguió. Si el Comandante lo decía, sería así: tras el revés se iniciaría una era de victorias. Al conjuro de una sola oración del hipnotizador, todos olvidaron que la estaba pronunciando el mismo sujeto que durante los meses anteriores había asegurado con igual convicción: "los diez millones van…". Y nunca fueron.

El paso de los años demostró que, en realidad, en la Cuba "socialista" cada posible victoria se ha convertido en un nuevo fracaso. Pero este texto de hoy no versa sobre ese tema, sino a propósito de la más reciente descontextualización de aquella declaración acerca de la metamorfosis de los reveses, ahora aplicada a la realidad actual.

He aquí que el periódico Granma del primero de enero de 2013 nos la trajo renovada, como para regalo, en un enorme titular rojo que anunciaba sobre la primera plana: El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias. Bajo la frase y casi tan vieja como la leyenda del Moncada, se mostraba una fotografía ampliada de los hermanos Castro —y solo de ellos en una foto originalmente de grupo—, quienes alzan puño y fusil, respectivamente.

Ahora bien, teniendo en cuenta la antigüedad del enunciado y de la fotografía —y toda vez que en el recientemente clausurado período de sesiones de la Asamblea General, el General-Presidente hizo un discurso marcadamente optimista sobre los avances de Cuba durante 2012 y en referencia a los logros que han de producirse durante 2013—, habría que preguntar qué revés nos amenaza de tal forma que se reflejó en la primera propuesta del nuevo año por parte del órgano oficial del PCC. Comenzó enero de cara a un "revés" no manifiesto, pero obvio.

La muerte de Chávez

Ni siquiera se precisa ser un especialista en descifrar el lenguaje críptico de la castrocracia: cualquier lector podrá adivina la agudización de la crisis que sobrevendrá a la evidentemente cercana muerte del presidente venezolano, cuando se compriman y finalmente se extingan los subsidios para la dictadura cubana.

El pasado viernes 4, también en la primera plana, el mismo periódico se encargó de comenzar a preparar a la opinión pública para el inminente deceso del dictador constitucional de Venezuela: Presidente Chávez bajo complicaciones por infección pulmonar, decía el titular; y en el interior se reproducía íntegramente el Comunicado Oficial leído por el Vicepresidente Ejecutivo, Nicolás Maduro, en el que se evidencia el grave estado del Presidente. En un país donde rige el secretismo informativo, tal confesión equivale prácticamente a una despedida de duelo.

En lo personal, no siento un particular regodeo por el sufrimiento de ningún ser humano, lo cual no obsta para que comprenda que algunas personas son más beneficiosas muertas que vivas. En definitiva la muerte del caudillo no depende de nuestros deseos o aspiraciones particulares. Pero lo cierto es que ya Chávez salió del juego; simplemente no está, y lo que se derivará de su ausencia tendrá un impacto importante para Cuba y para el futuro mediato de los cubanos.

Tarde o temprano el chavismo se extinguirá también tras la muerte de Chávez, porque los regímenes que se fundan sobre el carisma y el populismo de un caudillo carecen de bases sólidas y no se sostienen sin él. Los gobiernos populistas dilapidan la riqueza nacional para sostener tanto los desproporcionados programas sociales como las dádivas y los compromisos políticos, para comprar el apoyo de las masas y para sobornar y envolver a amplios sectores. Pero, incapaces de crear riqueza económica, arruinan la economía de las naciones. A pesar de sus enormes recursos naturales, Venezuela ya está asistiendo a las consecuencias de la irracionalidad chavista y, con seguridad, en tiempos venideros se pondrá en evidencia todo el peso de las "gratuidades bolivarianas". Todo populismo es, por naturaleza, insostenible.

Lo que se avecina

Tampoco parece haber en el horizonte visible una nave salvadora para el decadente castrismo en Cuba, al menos ninguna capaz de sustituir la magnitud del auxilio que ha prestado el petróleo venezolano en más de una década. Por mi parte, me cuento entre los incrédulos acerca de alguna última carta oculta del General Castro. Esta vez el revés que se avecina también golpeará con fuerza a la cúpula cubana.

De haber sido previsor, Castro II hubiese dado pasos más firmes en la implementación de medidas efectivas, en particular las referentes a la producción de alimentos y también otras, encaminadas a mejorar la mísera economía interna. Pero está visto que sin el reconocimiento de las libertades políticas imprescindibles es imposible revertir la decadencia general.

Contrario a lo que señala el sentido común, este año se pondrán en vigor reformas más impopulares y draconianas: se aumentarán los impuestos, se impondrán nuevas amarras a la minúscula iniciativa privada. A la vez, la planta de níquel ha cerrado, la producción de alimentos no acaba de despegar, se mantiene la dependencia de las importaciones, las donaciones y los subsidios, y al gobierno solo le van quedando tres ingresos directos visibles: el turismo (todavía insuficiente), las remesas y lo que reste por disfrutar de los regalos bolivarianos.

Hasta ahora, la brújula oficial marca el rumbo hacia la explotación del trabajo del anémico sector privado a través de las nuevas disposiciones tributarias. Los meses venideros tienden a marcar un reto, no solo para el gobierno, sino para toda la sociedad en su conjunto.

Es así que, desde la perspectiva de hoy, la triunfante frase de aquel jactancioso guerrillero verdeolivo asume un tono lúgubre. Mientras el mandatario venezolano agoniza entre bambalinas, ha dejado un escenario complicado, tanto para su propio país como en los palacios de los jerarcas de La Habana. Durante los últimos 54 años la castrocracia solo ha marcado reveses en la vida nacional. Es tiempo de que los cubanos optemos por definir y alcanzar nuestras propias victorias.

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Iván García
La Habana

¿Un 'Mariel' legal? Miles de cubanos esperan la apertura de las 200 oficinas que a lo largo de la Isla pondrán en marcha la nueva Ley Migratoria.

Las nuevas regulaciones migratorias del general Raúl Castro han despertado entusiasmo en muchos cubanos de a pie. Como la fiebre del oro en el siglo XIX. O la caída del muro de Berlín en 1989.

Estamos de acuerdo: la reforma migratoria no traerá democracia, tolerancia política ni respeto por los derechos humanos. Las cosas seguirán iguales en Cuba. Más o menos.

Los servicios especiales continuarán siendo particularmente duros con los disidentes. Los empresarios militares continuarán ampliando su poder económico y controlando de una mordida el 80% de los sectores estratégicos que generan moneda dura.

Pero si usted visita la Isla y habla francamente con los cubanos, notará que muchos han quemado sus naves a la espera del pistoletazo de arrancada, el 14 de enero de 2013.

En un barrio habanero, cinco personas sienten que 2012 será su último fin de año en Cuba. Rosa ya vendió en 22 mil dólares su casa de tres habitaciones en Víbora Park. "Gracias a la gestiones de unos amigos, con el dinero pienso conseguir una residencia temporal en Costa Rica. Tengo palabreada una oferta de trabajo. Me han dicho que es un país bellísimo, no por gusto la llaman la Suiza de América", dice, expectante.

Antonio tiene otra historia. "Ya firmé el documento autorizando a mi hija a viajar por dos años a Chile con su madre. Estamos separados, pero ella tiene un contrato de trabajo en una empresa informática. El acuerdo fue que si logra establecerse, reúna el dinero para mi boleto de avión", señala. Al menos Antonio no exigió una cantidad por autorizar a viajar a su hija menor de edad, algo habitual por estos lares.

Hasta personas de la tercera edad apuestan por un futuro lejos. Rodolfo, 60 años, traductor de alemán, tiene un hijo casado en Sudamérica. Pero su ilusión es buscarse unos euros en Alemania. Tiene buenos contactos con empresarios alemanes y a mediados de 2013 espera pasar una temporada "pinchando" en la patria de Goethe.

Norberto, por su parte, está decidido a vender su auto, un Chevrolet de 1957, y con la plata costear una estadía de seis meses en Angola. "Según amigos angolanos, abundan las posibilidades de trabajo. Sé portugués, soy técnico medio de la construcción y podría laborar en alguna de las obras que se realizan en Luanda o Cabinda".

Niurka lo tiene más difícil. Es ingeniera, y en las nuevas medidas migratorias a los profesionales se les mira con lupa. "Con dinero y regalos logré que me liberaran de mi puesto de trabajo. Estudié en Moscú y tengo muchas amistades rusas. Espero viajar junto a mi esposo, también graduado en la URSS. Dominamos el ruso. Nos han contado que ahora en Rusia abundan los nuevos ricos".

Por favor, no intente aguarle la fiesta a estos habaneros, hablándole de lo dura que resulta la vida de un emigrado o la crisis bestial que asola a media Europa. Una de dos. O piensan que eres funcionario del Partido o un tonto que a pie juntilla cree lo publicado en los medios oficiales.

La crisis económica que hoy afecta a numerosas naciones no es un invento del Granma. Pero cuando una persona ha vendido todos sus bienes, no desea escuchar malos augurios.

Mientras llega el 14 de enero, la gente sigue haciendo planes. Por dos pesos convertibles, te bajan de internet la lista de países que no exigen visas a los cubanos. O en te copian de Wikipedia las costumbres de pueblos considerados exóticos.

Y es que muchos en la Isla ahora miran a países que no han sido los históricamente tradicionales de los destinos de la diáspora. España y Estados Unidos siguen siendo opciones codiciadas. Pero España mete miedo con su asfixiante crisis económica y un 40% de paro juvenil.

Estados Unidos, por su parte, es el destino natural. Si usted le pregunta a cualquier posible emigrante cuál país elegiría para vivir, ocho de cada diez señalan al vecino del norte. Pero pocos en Cuba consideran que las rígidas autoridades migratorias norteamericanas otorguen visas a los cubanos, sabiendo que debido a la Ley de Ajuste no regresarían.

Por eso aquellos con posibilidades de viajar han ampliado el diapasón. Y están pensando aterrizar lo mismo en Serbia, Brasil, Sudáfrica o cualquier islita del Caribe.

De cualquier manera, muchos en Cuba aguardan con embullo el 14 de enero. El gobierno ha anunciado que más de 200 oficinas dedicadas a trámites migratorios se abrirán a lo largo y ancho de la Isla.

Es como un Mariel. Pero legal.

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Alberto Méndez Castelló
Puerto Padre

Los cubanos, pendientes de la salud de Chávez.

Sales: El legado de Chávez / De la Grange: Venezuela, capital La Habana / Montaner: Chávez, los Castro y la inútil elección del heredero / Rivero: Tanques en la esquina

"Si se muere nos la veremos muy mal", dice un camillero.

"Si él no se recupera es nuestra propia salud la que está en peligro", comenta un doctor.

"Podemos decir que ya se nos fue la luz si él cierra los ojos", dice un vendedor de dulces.

"Que Dios lo salve y a nosotros proteja", pide una mujer.

"¡Pobre hombre!, tanta gente fingiendo que se preocupa por su salud cuando en realidad lo que les preocupa es su petróleo", dice un anciano desde su silla de ruedas.

Recogidas luego de conocerse el complicado estado de salud del mandatario venezolano, aunque las opiniones anteriores solo son una ínfima parte de las escuchadas por este corresponsal el pasado viernes 4 de enero, muestran cómo diferentes segmentos de la sociedad cubana relacionan la salud del presidente Hugo Chávez con su propia existencia.

Tal visión totalizadora al percibir a un hombre, tan solo a un hombre, como sostén único de toda una nación, aunque no es un hecho inédito en la historia reciente de Cuba —recuérdese al general Fulgencio Batista y a los norteamericanos, a Fidel Castro y a los rusos, percibidos en su momento cuales salvadores por no pocos de nosotros—, hizo que preguntáramos a un sociólogo por años dedicado al estudio de la idiosincrasia de lo cubano: ¿por qué siempre ese apego al protectorado?

"La respuesta está en un aserto clásico: somos lo que somos capaces de hacer con lo que han hecho de nosotros. Repase la historia de Cuba hasta el día de hoy y siempre encontrará un uniforme detrás del paisano", afirma el sociólogo.

¿Sugiere usted una especie de sociedad masoquista?

"Yo no sugiero nada, simplemente le digo que repase la historia de Cuba, la respuesta de los cubanos ante cada periodo histórico dice quiénes somos como nación".

Lo dicho por el sociólogo entrevistado, cuya solicitud de anonimato revela la sociedad en que vivimos mejor que cualquier descripción, tiene carácter de verdad incuestionable y solo este ejemplo lo confirma:

La estatización de la propiedad rural y la colectivización por métodos sutiles del campesinado transformaron las tierras labrantías de Cuba en terrenos baldíos sin que, salvo en casos aislados y en regiones muy específicas del país, ni la sociedad rural ni los intelectuales de la nación ejercieran la más mínima presión sobre el régimen para revitalizar la sociedad agraria y la producción de alimentos en la Isla, haciéndola dependiente de las importaciones.

Al igual que en los días del derrumbe del llamado campo socialista, cuando en Cuba se observaba la caída de cada satélite de la Unión Soviética hasta que, según calificativo del doctor Castro Ruz, llegara el "desmerengamiento" de la mismísima URSS, hoy se escuchan, leen y se releen entrelíneas los partes oficiales que informan sobre el estado de salud del presidente Hugo Chávez.

Con preocupación, unos ven en el deterioro de la salud del mandatario venezolano el retorno a la crisis de los 90, otros ven en el corte de la manutención chavista al castrismo un punto de apoyo para el retorno, o mejor dicho, el inicio de una verdadera democracia en la Isla.

Para la nación es, en cualquier caso, una mala noticia: dependemos de manos ajenas para llevar el sustento a la mesa, y del estado de salud de otros para ejercer derechos propios.

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Lemis Tarajano
Washington

La diplomacia internacional fortalecería el movimiento democrático en Cuba si tuviese como prioridad los derechos humanos.

Larrinaga: La UE y Cuba, mito y realidad / Claver Carone: Cuba, EE UU y las sanciones

La diplomacia internacional podría fortalecer el movimiento democrático en Cuba si tuviese como prioridad los derechos humanos.

Tras 54 años de castrismo, la necesidad de cambiar la estrategia política de Estados Unidos hacia Cuba es evidente. El peligro está en cambiarla para convertirnos en rehenes de un gobierno arbitrario, que no responde a las necesidades de su pueblo. Los cubanos necesitamos democracia, esto es lo que se está olvidando en las nuevas vías propuestas para tratar casos como la liberación del contratista norteamericano Alan Gross o del político español Angel Carromero.

Se dice que el trabajo de la diplomacia española es un modelo a seguir, pues Carromero está ya en Madrid, lo mismo que decenas de ex presos políticos cubanos, desterrados por oscuros acuerdos entre el régimen y el anterior gobierno español. La realidad es que los cubanos están más lejos de sus derechos gracias a las concesiones políticas otorgadas por Madrid a La Habana: la posición común europea está en cuestionamiento, los opositores pacíficos siguen sin ser invitados a encuentros en la embajada española, quedan en segundo plano el futuro del Movimiento Cristiano Liberación y de la familia Payá Acevedo.

Si la diplomacia internacional continúa cayendo en las emboscadas castristas, se le dará a los Castro la capacidad de lograr cualquier objetivo mediante chantajes y secuestros.

Alan Gross trabajaba para llevar internet y conectividad a Cuba, Carromero para llevar democracia; el primero fue condenado a 15 años de prisión, el segundo a cuatro. Claro que Carromero no fue acusado de promover la disidencia en la Isla, sino de una supuesta conducción negligente que ocasionó el no esclarecido fallecimiento de los opositores Harold Cepero y Oswaldo Payá. Esto refleja las arbitrariedades e intenciones del régimen cubano, cuyo carné de sobrevivencia siempre ha sido mantener un antagonismo político con Estados Unidos. 

Los derechos humanos primero

Por otra parte, una de las nuevas estrategias propuestas por organizaciones de la propia diáspora cubana pretende promover una Cuba de microempresas a través, también, de pactos con el régimen. Esto sería loable si existiese un ambiente legal y justo para los emprendedores, además de libertad de asociación, expresión, educación, etc. Pero es que el régimen ha demostrado su inmensa y siempre renovada corrupción interna, acompañada por su irrespeto a los derechos de los emprendedores y de los cubanos en general, al no permitirles inversiones de envergadura en su propia tierra. Por tanto, el dinero que se invierta en esta Cuba controlada por el régimen terminará siempre en manos de la oligarquía política.

Es difícil, pero posible, un escenario donde no tengamos que elegir entre liberar a Gross, a Carromero, o a los cubanos mediante el desarrollo de un capitalismo estatal. Solo que para esto es necesario un compromiso total de la diplomacia de las grandes democracias. Empezando, que se retire toda ley que afecte a la sociedad civil indirectamente, como es el embargo norteamericano. Necesitamos negociar de forma directa con los demócratas en la Isla los asuntos que afectan a los cubanos, reconociéndolos como representantes del pueblo.

Al mismo tiempo, se deben hacer permanentes las demandas de transparencia al régimen en foros democráticos. Dijo Martin Luther King Jr. que "la injusticia en cualquier parte es una amenaza a la justicia de cualquiera": nos toca a nosotros, exiliados, defender los derechos de los cubanos en la Isla como si nuestros propios derechos estuviesen en riesgo.

Este es el camino en el cual toda dictadura queda desmoralizada ante el mundo y ante su pueblo.

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Miguel Sales Figueroa
Málaga

¿Habrá chavismo tras la muerte de su creador?

De la Grange: Venezuela, capital La Habana / Montaner: Chávez, los Castro y la inútil elección del heredero / Rivero: Tanques en la esquina

Lo poco que se ha filtrado sobre el estado de salud de Hugo Chávez apunta a que, incluso si llegara a salir vivo de Cuba, no estaría en condiciones de volver a ejercer el poder durante mucho tiempo. En esa coyuntura, parece oportuno examinar cuál será el legado del pintoresco caudillo venezolano.

En América Latina el caudillismo ha sido un fenómeno frecuente, pero de huella histórica más bien efímera. Tras la desaparición de los magnos salvapatrias, el "-ismo/sin" casi nunca ha funcionado. No hubo trujillismo sin Trujillo, ni porfirismo sin Porfirio Díaz, ni gomecismo después de que Juan Vicente Gómez se marchara de este mundo, aunque durante algún tiempo muchos venezolanos se resistieran a creer que había fallecido de veras.

Quizá la única excepción en el amplio muestrario de ineficacia póstuma sea el caso de Juan Domingo Perón. Cuarenta años después de que el general pasara a mejor vida, el peronismo es todavía el banderín de enganche de diversas corrientes políticas empeñadas seguir hundiendo a la Argentina.

En realidad, cuando se examina de cerca, el concepto de caudillismo parece demasiado vago, algo así como un cajón de sastre en el que encuentran acomodo numerosas manifestaciones de la vida pública latinoamericana de muy distinto pelaje. El único denominador común entre todos los caudillos es haber ejercido el poder de manera autoritaria, con el apoyo de una parte de la población que los consideró poco menos que el Mesías redivivo.

De modo que tildar a Chávez de "caudillo" no añade gran cosa a la comprensión del fenómeno chavista y de su eventual posteridad. Para hacerse una idea de las perspectivas de supervivencia del chavismo tras la desaparición de su creador, sería preciso definir primero en qué consiste y qué rasgos lo diferencian de otras corrientes ideológicas actuales, y luego examinarlo en el contexto nacional y latinoamericano. Vasta tarea, que excede con mucho el marco de este artículo, de modo que aquí apenas se esbozará lo esencial.

El chavismo, neobolivarianismo o socialismo del siglo XXI, es una mescolanza de marxismo, populismo, nacionalismo y religión, aplicada por un señor logorreico que se comporta como si fuera un híbrido de Gadafi y Clavelitos, con una abultada chequera en cada mano. Es poco probable que ni en Venezuela ni en ningún otro país del continente se reproduzca una combinación de circunstancias personales y sociales como las que hicieron posible la ascensión de Chávez.

Este personaje sui generis, aupado a la presidencia por el voto popular tras haber encabezado un intento de golpe militar —dato a tener en cuenta—, pudo subvertir luego las instituciones democráticas hasta vaciarlas de contenido, con ánimo de perpetuarse en el poder. Hoy queda en Venezuela el caparazón de un Estado de Derecho, que sirve para amparar la tropelía chavista de cara a la opinión pública mundial. Subsiste una apariencia de democracia, con elecciones, tribunales, prensa plural, empresa privada, etc., pero desvirtuada y controlada por la acción del Estado, que intimida y agrede constantemente a la mitad de la ciudadanía que no comulga con el Presidente y sus acólitos.

En el plano internacional, el chavismo ha sido un esfuerzo por resucitar un frente tercermundista capaz de contrarrestar la influencia de Estados Unidos y sus aliados en diversos ámbitos. Gracias al dinero de que disponía, Chávez promovió la alianza de regímenes tan dispares como los de Ucrania, Nicaragua, Irán y Corea del Norte, en el marco de una política antiyanqui que ha dado escasos resultados, fuera de algunas votaciones simbólicas en foros de las Naciones Unidas.

Los dos factores que hicieron posible esa estrategia fueron los cuantiosos ingresos derivados del petróleo y la ayuda del gobierno cubano. Sin el aumento de los precios del crudo en los primeros años de este siglo y sin la asistencia del régimen castrista en materia de policía política, fuerzas armadas, educación y salud pública, el chavismo nunca hubiera logrado consolidarse como lo ha hecho.

Pero la conexión habanera es doblemente onerosa. Primero, porque Venezuela ha de pagar por los servicios cubanos en petróleo contante y burbujeante, y luego porque un plan de estatización como el que Chávez puso en marcha entraña gastos enormes para cualquier economía nacional. Mientras los vientos del mercado fueron favorables, los costos de esa política eran menos visibles. Con la llegada de la crisis económica mundial, el déficit, la deuda y la inflación se han disparado y el sistema bancario y la industria petrolera empiezan a acusar graves deficiencias.

Aun así, hay sectores que se sienten beneficiados por las medidas populistas y apoyan sinceramente al chavismo. Tanto las capas más desfavorecidas de la población como los nuevos ricos que han medrado al amparo del régimen —los boliburgueses— tienen buenas razones para pensar que cualquier tiempo pasado fue peor.

En Argentina, Perón murió tras arruinar el país y legó el gobierno a una ex bailarina de cabaret y un astrólogo. Chávez se ha propuesto no ser menos y, una vez devastada la economía nacional, pretende dejar al país en manos de un tándem formado por un ex conductor de autobuses y un antiguo militar golpista, tutelados desde La Habana por los hermanos Castro.

No obstante, cualesquiera sean las dotes personales de los sucesores y la coyuntura económica internacional, el chavismo no parece tener ni la coherencia ideológica ni el arraigo social necesarios para sobrevivir a la desaparición de su creador. Pero conviene recordar que el peronismo tampoco parecía tenerlos y ha sobrevivido cuatro decenios.

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Elena Larrinaga
Madrid

¿Qué enfoque debe seguir la Unión Europea en sus relaciones con la Isla?

Según declaraciones del embajador del bloque de la Unión Europea en La Habana, el nuevo enfoque de la UE, que podría llevar al fin de la Posición Común hacia Cuba, se corresponde con los cambios y reformas que acontecen en la Isla.

Para comprender la Posición Común y la dificultad real que habría de proceder a su modificación, basta con sentir lo que significa Europa en la historia del mundo, y el contraste de sus valores fundacionales con los que desgraciadamente imperan en Cuba.

La idea de Europa es inseparable del concepto de la dignidad de la persona, portadora no solo de valores espirituales, sino también titular de derechos y libertades inherentes a la condición humana, que es anterior a la de ciudadano, y base de esta última. Solamente seres humanos con conciencia de serlo y libres, en toda la amplitud del término, deciden constituirse en un grupo social y dar vida a Estados que en una fase posterior de su evolución histórica integran la Unión Europea.

Si algo caracteriza a la Unión Europea no es solo la idea de consenso en la actuación de los Estados miembros para la ejecución de un proyecto común, sino lo que es más importante: la unión de 300 millones de seres humanos libres que decididamente apuestan por ese proyecto; el proyecto es de los ciudadanos, siendo los gobiernos meros gestores de las decisiones colectivas.

Las constituciones europeas de postguerra consagraron la idea del Estado social de derecho como un modelo de organización social basado de una parte en el reconocimiento, la protección y la tutela de los derechos y libertades individuales de los ciudadanos, junto con los denominados "derechos sociales", entre los que se incluyen aquellos de clara raíz económica, como el derecho a la educación, al trabajo, al medio ambiente o a la libertad de empresa, amén de la propiedad privada o la asociación sindical. El Estado no solamente debe abstenerse de interferir en esa esfera de actuación de los ciudadanos, sino que debe establecer las condiciones necesarias para que la libertad y la igualdad del ciudadano y de los grupos sociales en los que se integra sean reales y efectivas.

Siendo eso así, sería paradójico que en el ámbito de la UE la política exterior de ese conjunto de ciudadanos que la integran no estuviera basada en los mismos principios; es decir, el de que esos ciudadanos y los gobiernos que ellos mismos han elegido no quisieran para otros lo que ellos mismos disfrutan. Esta es, y no otra, la razón de la Posición Común que la UE fijó en 1996 para Cuba.

Cualquier otra idea, cualquier atenuación de la Posición Común, podría ser interpretada como la típica debilidad de las sociedades democráticas que, en aras de los intereses económicos de sus clases dominantes, son capaces de renunciar a los valores y principios antes mencionados.

Entendemos que uno de los compromisos de cualquier gobierno democrático es la búsqueda de la prosperidad y el bienestar de sus ciudadanos. El gobierno debe defender los intereses de éstos, lo cual es perfectamente entendible. La reflexión entonces: ¿no sería justo, necesario, conveniente y consecuente que aquellas empresas extranjeras que optaran por estar en Cuba, exigieran las mismas condiciones laborales allí que las que gozan sus trabajadores en sus países?

No cabe duda de que la mejor manera de garantizar los avances sociales en Cuba, es articular o promover instituciones democráticas, de carácter intrusivo, que le permitan a los cubanos formar y expresar libremente su voluntad, tomar las riendas de su destino.

El mantenimiento de la Posición Común constituye un mensaje claro: somos socios en la restauración de las libertades democráticas entendidas como un todo, la libertad no se puede compartimentar, la interrelación entre libertades civiles, derechos sociales e instituciones democráticas constituye todo ello un bloque que integra la base del Estado social de derecho. En ese proyecto está y debe estar siempre la UE, tratando de llevar más allá de sus fronteras —en especial a aquellas latitudes donde en un pasado reciente los países que la integran tuvieron una presencia sociocultural y económica, como es el caso de Cuba— el ideal de libertad hecho realidad.

Así, el tema de los derechos humanos, uno de los más difíciles para alcanzar el consenso entre los estados europeos, debe ser el más importante. Porque es ese tema el que constituye la base de la sociedad democrática, porque es ese tema el que determina que una persona adquiera la condición de ciudadano como sujeto político.

No podemos olvidar que solo en 2012, en Cuba se produjeron más de 6.035 detenciones arbitrarias y acciones violatorias de los derechos humanos.

Si no se matiza, se corre un riesgo al declarar que "el interés de todos es que el futuro de Cuba sea pacífico y se mantenga la estabilidad". Esto no se debe decir sin reclamar libertad: la historia y la realidad nos demuestran que no hay nada más pacífico y estable que un cementerio, un campo de concentración o, en suma, una dictadura política que amordace las voces disidentes y encarcele a los que plantean un proyecto diferente de organización social. Precisamente, la mayor garantía de la paz y de la estabilidad es la asociación voluntaria de ciudadanos libres en un proyecto común del que todos se sientan partícipes por encima de sus diferencias ideológicas.

No se trata de aconsejar a nadie, se trata de ayudar a que otros disfruten de lo que en Europa ha costado siglos de lucha y dolor.

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Mauricio Claver-Carone
Washington

¿Qué podemos esperar en los próximos cuatro años?

Cuando el presidente Barack Obama entró a la Casa Blanca en enero de 2009, muchos especularon sobre posibles cambios en la política norteamericana hacia Cuba. Algunos hasta prematuramente vaticinaron el final de las sanciones.

Hace unos meses, al Obama ganar su reelección, la especulación ha sido menor. Y por buenas razones.

En 2009, Obama acudió a la presidencia con una Cámara de Representantes y un Senado bajo el control de su Partido Demócrata. Esa fue la mejor oportunidad que han tenido quienes abogan por normalizar las relaciones con el régimen castrista, quienes intentan conseguir el levantamiento de las sanciones de EE UU a Cuba de manera unilateral.

Y lo intentaron de forma agresiva. Durante los años 2009 y 2010 —utilizando maniobras legislativas— miembros de la Cámara de Representantes, conjuntamente con su líder Nancy Pelosi (D-Cal.), propusieron un proyecto de ley que buscaba autorizar el turismo norteamericano, así como las relaciones bancarias con Cuba. Lo "disfrazaron" bajo una iniciativa para expandir las ventas agrícolas, y de esta forma poder presentarlo al Comité de Agricultura, evadiendo al Comité de Relaciones Exteriores, en donde la congresista Ileana Ros-Lehtinen (R-Fla.) era la líder de la minoría republicana.

Ese plan, elaborado por el presidente del Comité de Agricultura, Colin Peterson (D-Minn.), y el entonces presidente del Comité de Relaciones Exteriores, Howard Berman (D-Cal.), eventualmente fracasó debido a la fuerte oposición de más de 80 congresistas demócratas en la Cámara de Representantes. Durante el pasado noviembre, Berman, un histórico y poderoso oponente de las sanciones, perdió su intento de reelección.

Desde entonces, la atención se ha centrado en posibles y limitadas concesiones ejecutivas por parte del presidente Obama, ya que en el Congreso de EE UU existe una decisiva mayoría bipartidista que apoya el mantenimiento de las sanciones hacia el régimen de los Castro mientras estos no tomen pasos concretos e irreversibles hacia una democratización y hacia el respeto a los derechos humanos.

Esta política, que busca cambios reales y contundentes en el comportamiento del régimen hacia su pueblo, fue codificada en ley en 1996. Ese año, la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática con Cuba (conocida como la Ley Helms-Burton) incluía una provisión que codificó todas las diferentes regulaciones y normas que conjuntamente componían las sanciones de EE UU hacia Cuba, constituyendo una ley que solamente podría ser cambiada o, derogada, por el Congreso norteamericano.

Esto ha dejado al presidente Obama, al igual que a su antecesores, con la facultad de solo poder hacerle ajustes limitados a las sanciones, específicamente en lo que se refiere a los viajes a la Isla "con un propósito", realizados por familiares, académicos y religiosos, ya que estos fueron anteriormente reconocidos bajo la Ley de Democracia Cubana de 1992 (más conocida como la Ley Torricelli). Mientras, los cambios substanciales a las sanciones —al turismo, a las inversiones directas, a los créditos bancarios y a las importaciones, que serían equivalentes a decenas de billones de dólares— requieren aprobación del Congreso.

Pocas herramientas ejecutivas

Con la inminente muerte de Hugo Chávez y sus subsidios, estos billones de dólares norteamericanos son cada día más necesarios para los Castro.

¿Qué podemos esperar en los próximos cuatro años?

El presidente Obama ya ha autorizado unilateralmente casi todos los posibles viajes "con un propósito", por lo cual le quedan pocas herramientas en su arsenal ejecutivo, como por ejemplo, un acercamiento diplomático o el fin de la designación de Cuba como un Estado patrocinador del terrorismo, aunque este último punto también contiene algunos previos requisitos legislativos.

Con opciones limitadas para el presidente y un Congreso comprometido con las condiciones pro democráticas establecidas bajo el marco de la ley de 1996, el futuro depende del propio régimen de La Habana.

¿Le permitirá a los cubanos disfrutar de los derechos civiles, económicos, humanos y políticos enmarcados por la ley internacional, o seguirá con su afán represivo, absolutista y con el incumplimiento de las normas internacionales, tomando inclusive rehenes norteamericanos, como el contratista Alan P. Gross?

Hoy existe incluso un modelo que el castrismo podría seguir como ejemplo. El de Birmania, cuyo régimen ha visto un merecido alivio en las sanciones de EE UU (modeladas en su momento según las sanciones hacia Cuba y codificadas en ley por el Congreso) tras las aperturas democráticas concretas que han llevado a la líder de la oposición, Aung San Suu Kyi, al parlamento de esa nación.

Indudablemente, el reconocimiento legal de la oposición democrática cubana y la libre aspiración y elección a puestos políticos de líderes de la sociedad civil sería una buena pauta a seguir por el régimen. Y entonces, por ley, el gobierno de EE UU respondería.

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Iván García
La Habana

54 años de castrismo y precios de escándalo no intimidan a los niños cubanos. Las tradiciones vencen a la ideología.

Belinda, de 10 años, ha rehecho varias veces la lista de los Reyes. Desde fines de noviembre ha incorporado nuevos juguetes a la estrujada hoja que descansa en el árbol de navidad, en la sala de la casa.

Sus padres manipulan sutilmente sus deseos, al ver que estos son prohibitivos para sus bolsillos. Este 6 de enero, Belinda, al igual que otros niños de su barrio, anhela un Nintendo Wii, un Mp4 y la última versión de los Sims.

Muchos de estos artilugios ni siquiera se venden en los establecimientos de moneda dura. Los que no tienen parientes en el exterior, tratan de conseguirlos de segunda mano o a través de Revolico, sitio online de ofertas y demandas muy popular. En Cuba los juguetes son un lujo... y caro. Pero la ilusión de los Reyes Magos propicia que numerosas familias intenten complacer los deseos de sus hijos.

Si recorremos la juguetería del Hotel Comodoro, en Tercera y 84, en el municipio habanero de Playa, los altos precios de las Barbie y de los artefactos electrónicos provocan mareos. Adquirir tres juguetes de moda bien puede superar los 120 cuc (3 mil pesos cubanos). Uno de "costo módico" ronda los 18 pesos convertibles, el salario mensual de un profesional.

A pesar de los precios por las nubes y la crisis económica que asola desde que en 1990 se decretó el "período especial", se ve a personas que recorren las tiendas y hacen colas en busca de los mejores juguetes.

En la juguetería ubicada en la concurrida calle Obispo, en el corazón de la Habana Vieja, o en el centro comercial de Carlos III, una muchedumbre revisa la mercadería e intenta comprar lo que más agrade a sus hijos o nietos. La tarea no es fácil. Encontrar juguetes buenos, bonitos y baratos es una misión casi imposible.

El Estado, único rey mago desde 1959

El Estado no ve con buenos ojos el Día de Reyes. Al contrario. Hace 12 años, en enero de 2001, la prensa oficial y el propio Fidel Castro condenaron en duros términos una Cabalgata de Reyes patrocinada por la embajada española que recorrió el Paseo del Prado tirando caramelos a alborotados chiquillos.

Desde sus inicios, la revolución verde olivo se propuso enterrar las tradiciones. El nuevo régimen las consideraba "rezagos pequeños burgueses".

Cuando el 6 de enero de 1959 Castro voló en una avioneta de combate y en las montañas de la Sierra Maestra lanzó juguetes a niños que jamás habían visto uno, envió un mensaje rotundo a toda la nación: ahora el Rey Mago es el Estado.

El régimen se apropió y administró a su albedrío las antiguas costumbres. Censuró esa fábula de un trío de encantadores hombres venidos desde muy lejos que una noche al año dejaban regalos a quienes se habían portado bien.

La magia de los tres Reyes Magos desapareció de Cuba. A partir de los años 60, el gobierno fue el encargado de vender juguetes. Se cambió el mes de enero por el de julio. Y los burócratas del Ministerio de Comercio Interior confeccionaron listas que se pegaban en las vidrieras de las tiendas autorizadas a ofertarlos.

En una semana, de acuerdo a un sorteo, los padres podían comprar tres juguetes, por la libreta de productos industriales. Uno por cada menor de hasta 12 años: uno "básico" (que solía ser el juguete más codiciado), otro "no básico" y un tercero "dirigido". Ya ni eso.

El regreso de Melchor, Gaspar y Baltasar

Jugar es tan importante para un niño como alimentarse, vestirse y aprender. Pero el Estado ha sido incapaz de producir, importar y vender juguetes didácticos y variados, que cubran las necesidades en las distintas etapas de la niñez y la adolescencia. Al alcance de todas las familias y no solo para una fecha.

La Navidad también fue sentenciada a muerte. Los pequeños negocios fueron cerrados. Y las religiones condenadas. Después que el Muro de Berlín se desmoronó, los cubanos comenzaron a rescatar sus tradiciones.

Con sus arcas vacías, poco ha podido hacer un Estado igualmente incapaz de satisfacer un estándar mínimo de vida a los ciudadanos. Sin alardes, los cubanos han vuelto a los templos. La santería es casi una industria. La masonería y el ñañiguismo una práctica habitual.

Las fiestas navideñas retoman su lugar. Y el Día de Reyes otro tanto. Ahora, infinidad de niños cubanos se acuestan temprano la noche del 5 de enero, a la espera de que Melchor, Gaspar y Baltasar depositen juguetes bajo sus camas.

Créanme, las costumbres han pulverizado los ukases estatales. Si algo ha quedado claro en estos 54 años de dinastía verde olivo, es que la fe, la ilusión y la fantasía no se pueden sepultar con discursos guerreristas ni nacionalismos inútiles. Las tradiciones han demostrado ser más fuertes que la ideología comunista.

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José Prats Sariol
Arizona

La cúpula castrista alienta una teología del conformismo: somos un país pobre, sin recursos naturales y con una fuerza laboral indisciplinada.

Resignación parece el sustantivo clave con que cerró el 2012 para los cubanos. Con resignación empezamos el 13 —número poco lisonjero. Cae como una vieja máquina de escribir lanzada desde una azotea.

Resignados estamos, somos los campeones mundiales del aguante. A mí me da vergüenza —me hiere la pregunta— contestar la cantidad de años que llevan los Castro en el Poder: más de medio siglo. Callo cuando sonríen y comentan que los cubanos sabemos resistir. Callo y bajo la cabeza. A veces hasta pienso que el mayor enemigo de los cubanos somos los cubanos…

Resignados, sobre todo, a las mentiras. Son tantas que se atropellan, como las penas del bolero La tarde, de Sindo Garay… Creen que por repetirlas —como les enseñó Goebbels— se van a transformar en radiantes verdades:

Dicen que la corrupción se ha frenado gracias a las nuevas fiscalizaciones, a severas normativas instauradas por la Contraloría, bajo la mirada "capaz" de Gladys Bejerano y su guardia de contadores incorruptibles.

Dicen que la canasta básica de alimentos se ha diversificado y que el abaratamiento está tan cerca como la desaparición de la doble moneda. Porque una mayor previsión e integralidad en los planes garantizará el desayuno, el almuerzo, la comida cada tarde para cada cubano.

Dicen que ahora sí está listo el relevo de la generación "histórica", porque al fin están cediendo esferas de poder a los menos viejos, que el límite de dos períodos de mandato traerá frutos juveniles para el 2020, horita mismo.

Dicen que la formación de cooperativas en sectores como la construcción solucionará el déficit y deterioro de las viviendas, que habrá ladrillos y cemento a precios asequibles, cucharas de albañil en las ferreterías.

Dicen que la calidad de los servicios de educación y salud se recupera del Período Especial, que pronto ni habrá que llevar sopa, jabón y sábanas a los hospitales; ni que contratar a repasadores para aprobar exámenes de ingreso al Pre o a las universidades…

Por decir no ha quedado. Ni los más feroces utópicos podrían competir con el Granma o con la Mesa Redonda Informativa. El viejo cuento de cuando Castro le reprocha a Napoleón haber perdido en Waterloo, y Napoléon le contesta que de haber tenido un diario como Granma, nadie se hubiera enterado de aquella derrota.

La resignación es el más exacto augurio para este 2013. Y no solo ante las mentiras burdas, inverosímiles, carentes de imaginación y hasta de aquella astucia que durante décadas las hizo exitosas.

De alguna forma la cúpula del Poder, en particular Raúl Castro, ha comprendido que con la ayuda de que estamos en un "valle de lágrimas" puede edulcorarse el cada día de penurias y miserias. Teología del conformismo. Pasar la esperanza para la próxima encarnación o sencillamente tildar de ilusos a los que alguna vez ellos mismos ilusionaron.

También ha comprendido que dejar espacios limitados a la crítica favorece la desesperanza. Las críticas son como un aguacero, luego escampa, se seca la ropa y a esperar la mañana siguiente y la otra, mientras los cambios se montan en una tortuga artrítica, de grueso carapacho.

De ahí el resignarse —una suerte de "nuevo realismo"— a que Cuba es un país pobre, de escasos recursos naturales, con una fuerza laboral que tiende al carnaval aguardientoso y a la siesta innombrable.

Lo peor: que a pesar de tener hace más de cincuenta estirados años el raro privilegio de dirigentes honrados y capaces, brillantes economistas y de decisiones meditadas, la clase obrera cubana, el campesinado y el amplio sector profesional, lejos de comportarse a la altura de sus líderes lo que ha hecho es defraudarlos, enlodecerlos, conducirlos al ridículo internacional, a una fama de ineptos que no merecen.

¡Bien resignados estamos!

Lo casi dos millones de cubanos expulsados debemos resignarnos a que apenas podríamos aspirar a regresar con una pensión de jubilados o de visita en las navidades, como los salvadoreños, mexicanos, dominicanos… Con la certeza de que el sueño anexionista del siglo XIX y de algunos hasta finales del pasado siglo XX, ha quedado tan anticuado —ante la globalización e internet— como la carta nacionalista de los demagogos, la telegrafía, las cañoneras yanquis, la guerra fría, el comunismo, las teorías económicas del Che Guevara…

¿Quién en su sano juicio podría querer hacerse con la Cuba devastada del 2013? ¿Qué cubano de adentro puede creer en el Partido Comunista o en el Poder Popular, en la Constitución actual o en la probidad de los generales y sus familiares? ¿Cuál cubano de afuera puede soñar que el fin del embargo arreglará al país con la rapidez de una o dos décadas, aunque signifique, desde luego, una progresiva mejoría? ¿Acaso un radical cambio político no tendrá que enfrentarse a actitudes cotidianas determinadas por el tan enraizado paternalismo estatal y la boca abierta hacia la ayuda foránea?

¿Queda qué?

Resignación… Incluyo —desde luego— la alteración en el orden de las letras, llamada metátesis por los lingüistas, forma de metaplasmo picaresco: Basta la ene antes de la ge

Pero la dura resignación del fin de año y "letra" del nuevo apenas se presta para el choteo que Jorge Mañach caracterizara en su conferencia de 1928. Quizás para un guaguancó descorazonado o letra de reguetón que los medios considerarán inmoral.

Aunque quizás a partir de ella podamos sacudirnos y empezar otra vez. No por optimismo, no por tanta hojarasca triunfalista, sino sana, empecinadamente, porque no hay otra opción.

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Reinaldo Escobar
La Habana

¿Cuál es el estado de salud real del presidente venezolano? ¿Sabía Chávez de su enfermedad cuando se presentó a las últimas elecciones?

Aun cuando todavía queda por cerrar el caso clínico del paciente Hugo Chávez, ya puede afirmarse que el asunto de la salud del presidente de Venezuela ha tenido su desenlace final, pues parece evidente que el comandante bolivariano no tendrá otra oportunidad como mandatario.

Tras un silencio donde solo hemos oído vagos comentarios sobre la complejidad del proceso posoperatorio y repeticiones de lo que todo el mundo sabe, va siendo hora de que se haga pública una información completa, que incluya una cronología. Algo así resulta impostergable para informar al mundo y en especial al pueblo venezolano las causas que impedirán al presidente electo tomar posesión de su cargo en tiempo y forma.

La pregunta principal es quién debe dar esa información; a quién le corresponde asumir la responsabilidad de lo ocurrido.

Desde el 30 de junio de 2011, cuando Chávez anunciara que se le había detectado un cáncer, ninguna institución médica ha hablado de forma oficial sobre el paciente. Para reconstruir la historia de la aparición, evolución y estado terminal de la enfermedad solo contamos hasta ahora con una mezcla de rumores, lo informado por el gobierno venezolano a través de sus voceros y las declaraciones emitidas en primera persona por el propio Chávez.

La exactitud de esta información cuya reclamación ya es agenda opositora, va mucho más allá del interés que pudieran tener los oncólogos a quienes debe despertarle cierta curiosidad científica este tipo de cáncer que aparece y desaparece de forma tan sorpresiva. El verdadero misterio a develar ante la opinión pública quizás se encuentre entre estas variables:

  1. En octubre de 2012 Chávez se había curado de forma total; tanto, como para aceptar su nominación a candidato en las elecciones presidenciales. Mientras que ahora padece de otro cáncer debutante que nadie esperaba ni sospechaba.
  1. Chávez no estaba totalmente sano, ni en condiciones de aceptar la responsabilidad de asumir la presidencia.

2.1 Lo sabía y lo ocultó a sus electores.

2.2 No lo sabía

2.2.1 No lo sabía porque su equipo médico tampoco se había enterado del peligro que lo acechaba.

2.2.2 No lo sabía porque su equipo médico le mintió o le ocultó información.

Regresando a la pregunta de quién debe explicar las anteriores variables, obviamente le tocaría al equipo médico radicado en Cuba o al propio gobierno cubano, que a través de sus instituciones eligió al personal encargado del caso.

Si este cáncer es otro y no aquel detectado a mediados de 2011, habrá que ofrecer evidencias científicas comprensibles al menos para los especialistas ajenos a las veleidades políticas y a las maldiciones judías.

Si la desaparición de la enfermedad nunca fue tan definitiva como para que Chávez se atreviera a aceptar su nominación como candidato presidencial, el equipo médico entonces se verá en la obligación de confesar que no contó con los recursos científicos o la necesaria pericia para saberlo, o por el contrario que lo supo pero le negó la información al paciente, o que lo supo, se lo informó al paciente y este decidió luego ocultarlo.

Ya el señor Hugo Chávez no tiene futuro político, apenas si tiene futuro biológico. Si ya estaba al tanto de todo en octubre del año pasado, su decisión de ocultárselo al electorado solo se puede entender como resultado de una voraz ambición de poder o, siendo generosos, como un acto de elevado altruismo: conocedor de su fatal destino, aseguraría así la presencia de su partido en la silla presidencial para, llegado el momento, entregar el batón al vicepresidente Nicolás Maduro. Quizás haya sido el denodado esfuerzo por parecer vigoroso —con la ayuda de esteroides— lo que haya precipitado el quebrantamiento definitivo de su salud.

Ahora todo parece indicar que tal sacrificio fue en vano y para colmo contraproducente, pues la develación de semejante engaño podría acarrear un devastador costo político a su partido de cara a las nuevas elecciones que prevé para estos casos la Constitución venezolana. A corto o largo plazo la historia le pasará factura, a menos que el gobierno cubano opte por asumir la culpa para salvar la memoria de su discípulo predilecto y con ella la continuidad de la revolución bolivariana.

La opinión pública venezolana tiene el deber moral y el derecho de exigir una explicación veraz y convincente. También los cubanos deberíamos reclamarla porque en ella se pone en juego la credibilidad internacional de nuestras instituciones.

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Luis Felipe Rojas
Miami

Miami homenajea a la defensora de los derechos civiles. Algún día Cuba lo hará con los opositores a Castro.

Me sorprendió la ciudad de Miami. A pesar de su fama extraviada en quehaceres mundanos, muchos de sus autobuses rinden honor a quien es un símbolo en la defensa por los derechos civiles en este país. En mi diario trasiego por sus condados encontré este detalle, en el asiento trasero después del conductor hay una placa con los argumentos. Miami lo hace y lo han hecho otras ciudades de Estados Unidos, tal y como se hará en Cuba con acciones parecidas.

El hecho de que Rosa Parks haya decidido aquella tarde de 1955 no ceder su asiento a una persona blanca encendió la chispa entre sus conciudadanos, lo que llevó a los hechos conocidos como "la huelga contra el transporte público en Montgomery". Fue un gesto, una acción proactiva, un no-hacer, haciendo. Así como un reducido grupo de mujeres decidió en el año 2003 echarse a las calles de Cuba, vestidas de blanco y con una flor entre las manos, o un puñado de hombres dicen: "Yo no coopero con la dictadura", son estas gestualidades ciudadanas las que arrancan el motor de los grandes actos humanos.

Después de tanta sangre vertida en la Isla, años de encarcelamientos injustos, detenciones arbitrarias, golpizas y acoso a activistas políticos y sus familiares, ¿se encenderá la chispa definitiva? Todo parece indicar que sí, aunque nos desalentemos o nos precipitemos a pensar en que la dictadura que nos ha gobernado por cincuenta y cuatro años es eterna.

Cuando Laura Pollán gritaba frente a los guardias: "No les tenemos miedo", cuando Marta Díaz Rondón y Caridad Caballero decían a toda garganta: "Mi casa no es calabozo", o cuando Irys Pérez Aguilera protestaba en un pueblo del interior de Cuba frente a una emisora radial porque solo decía una parte de la verdad, también rendían honor a Rosa Park, también eran como ella.

Y aunque no gozaron de la protección y cobertura inmediata que tuvo la humilde doméstica de Alabama, queda la esperanza de que un día sean reconocidos sus gestos mínimos de rebeldía razonable. A la fuerza bruta, se impone la razón. Lo dijo Rosa: "freedom is not free" (La libertad no es gratis).


 

 

Este texto apareció en el blog Cruzar las alambradas. Se reproduce con autorización del autor.

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