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Yoani Sánchez

Yoani Sánchez

Hay una calma rara en La Habana tras el paso del huracán Irma. Tantos años de crisis han dejado en la ciudadanía cierta resignación a la hora de afrontar nuevas tragedias. El país de este septiembre no es el mismo de hace unas semanas y, sin embargo, resulta muy familiar, pues es el estado de emergencia en el que siempre hemos vivido.

La caprichosa Irma nos ha dejado algunas certezas. La primera de ellas tiene que ver con ese puente de tragedia que unió a Cuba y Florida durante estos complejos días de vientos, inundaciones y cortes de suministro eléctrico. La naturaleza conectó lo que la política ha separado durante décadas.

[[QUOTE:El país de este septiembre no es el mismo de hace unas semanas y, sin embargo, resulta muy familiar, pues es el estado de emergencia en el que siempre hemos vivido]]En los pequeños pueblos cubanos, cuando muchas familias no sabían si sobrevivirían a esa madrugada de domingo, un sinnúmero de pensamientos fueron para sus parientes en Miami, que esperaban la llegada del huracán. Lo mismo ocurrió en dirección contraria. La ínsula y la península latieron juntas, sufrieron en sincronía y compartieron la desgracia.

Por otra parte, la compleja situación nacional tiene desde este fin de semana una variable inesperada. Pocos antes de que se conozca el nombre del próximo presidente –y cuando muchos analistas aseguraban que solo quedaba "el coser y cantar" de un traspaso de mando bien atado– el país es un manojo de ruinas y el futuro gobernante, el heredero de una inmensa hipoteca.

La pérdida de al menos diez vidas humanas es el saldo más trágico, pero la víctima más palmaria de Irma ha sido la esperanza. Los damnificados saben que recuperar un refrigerador, un colchón o una cocina perdida entre las aguas puede costarles el resto de sus vidas. Sus expectativas a corto y mediano plazo están por los suelos.

La falta de liquidez que padecen las arcas nacionales y el desabastecimiento imperante en los mercados, que ys dificultaban la vida cotidiana antes de la llegada de Irma, se hacen más profundas con este golpe climatológico. Las expectativas de crecimiento del PIB –que el año pasado terminó en número negativos– han dejado de ser realistas y el sector turístico tardará meses en recuperarse.

La sensación que invade a millones de personas a lo largo de la nación es que vienen días aún más difíciles. Tiempos de carestía, penurias y tensión social. Solo un generoso golpe de timón desde el poder y la solidaridad internacional podrían acortar los plazos de una recuperación que se prevé larga y compleja.

La ayuda exterior hará su parte, pero el Gobierno debe tomar decisiones importantes para aliviar el sufrimiento de quienes han perdido todos o buena parte de sus bienes. Eliminar las restricciones a las importaciones personales y permitir las importaciones comerciales en manos privadas ayudaría a que entren ingentes recursos al país en los próximos meses.

En tiempos como estos urge que se puedan traer desde fuera vehículos, materiales de construcción, medicamentos en grandes cantidades y maquinarias agrícolas.

[[QUOTE:En tiempos como estos urge que se puedan traer desde fuera vehículos, materiales de construcción, medicamentos en grandes cantidades y maquinarias agrícolas]]Es necesario descongelar las licencias para el trabajo por cuenta propia, ampliar el número de ocupaciones permitidas y establecer una moratoria en el pago de impuestos para las zonas más afectadas. Estas medidas pueden contribuir a rehacer el tejido económico de la nación.

Las organizaciones internacionales tienen que poder canalizar su ayuda de manera directa y con menos burocracia. Solo así se evita que los recursos se queden en las cabeceras de provincias, en almacenes institucionales donde la sustracción de recursos merma su cantidad o en los anaqueles de las tiendas donde se venden a precios inaccesibles para los más pobres.

El Gobierno tiene en las próximas semanas la oportunidad de demostrar que puede ceder parcelas de control económico en aras de que la recuperación tarde menos. La última página del libro de Raúl Castro al frente del país está en blanco. Ahora debe decidir si llenarla con gestos de control o de apertura; si contribuir al hundimiento de la Isla o ayudar a reflotarla.

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Yoani Sánchez

El hombre se acerca a un destartalado estanquillo habanero y compra el último ejemplar del periódico Granma, el órgano oficial del único partido permitido. La situación, extrema como casi todo lo que ocurre en Cuba, es solo una pequeña parte de las tensiones que vive el periodismo en América Latina, la región más letal del planeta para la prensa.

El continente, donde varios de los patricios que impulsaron la independencia ejercieron también la profesión periodística, se ha transformado en un lugar hostil para los reporteros, campo minado para los medios. Ahora, cada palabra escrita puede llevar a su autor a los tribunales o, incluso, a la muerte.

En muchos de nuestros países, las familias prefieren que sus hijos se conviertan en funcionarios o en mareros, antes de que conformen la carne de cañón de un periódico. “Vas a terminar bajo tierra”, ha repetido por años la madre de una reportera salvadoreña cuando la descubre buscando datos o armando las piezas de una investigación.

A falta de instituciones sólidas, a la prensa se le ha adjudicado indebidamente el papel de fiscal, defensor del pueblo y contraloría. Con los riesgos que esto acarrea.

Ese papel trasciende los límites de la profesión y ha creado excesivas expectativas entre los lectores. Antes eran los redentores o los caudillos los que venían a salvar a una nación, ahora muchos esperan que ese ser híbrido –mezcla de kamikaze y periodista– esté dispuesto a inmolarse por ellos.[[QUOTE:En muchos de nuestros países, las familias prefieren que sus hijos se conviertan en funcionarios o en mareros, antes de que conformen la carne de cañón de un periódico]]Los escenarios más oscuros que encuentran en su camino los informadores se hallan justo allí donde reina la impunidad o el populismo. Son ellos el blanco de los insultos o de las balas en países donde las democracias fallan y la inseguridad impera. Ninguna señal es tan clara de que un sistema ha naufragado en una deriva autoritaria o que se ha convertido en un Estado fallido como la manera en que éste trata a la prensa.

Revelador resulta que allí donde la institucionalidad está de capa caída los peligros que deben sortear los reporteros son mayores. Un sistema que no puede proteger a sus ciudadanos, empezará por dejar desasistidos a los que informan o a quienes ponen por escrito la indefensión generalizada.

La Venezuela de Nicolás Maduro, la Cuba de Raúl Castro o la Nicaragua del trasnochado Daniel Ortega son algunos de los puntos geográficos donde contar la realidad significa exponerse a represalias desde el poder, pero la lista de territorios adversos a la investigación periodística reúne a muchos más naciones en el área. En México los grupos criminales ven en el periodismo un enemigo más letal que los operativos militares.

Mal pagados, peor valorados y con jornadas laborales que no conocen límites, buena parte de los periodistas latinoamericanos siente que la ilusión que los llevó a acercarse a una profesión tuvo más de espejismo que de realidad. A esa conclusión no han llegado solo por falta de estímulos profesionales –y materiales– sino especialmente debido a la coacción.[[QUOTE:A falta de instituciones sólidas, a la prensa se le ha adjudicado indebidamente el papel de fiscal, defensor del pueblo y contraloría. Con los riesgos que esto acarrea]]La respuesta defensiva ante la represión y el castigo ha sido –en muchos casos– evitar la calle, optar por hacer un periodismo de escritorio o apelar a los grandes males que el recién fallecido maestro Miguel Ángel Bastenier describió como “declaracionitis, oficialismo, hiperpolitización y omisión internacional”.

La reproducción acrítica de las declaraciones oficiales en el insípido ambiente de una conferencia de prensa se complementa con las genuflexiones al oficialismo, porque justo por “allá arriba” se reparten las credenciales de prensa para el próximo evento, se administran los privilegios y se subastan los cargos en los medios públicos.

El exceso de política se expresa también con esa retahila de relatos sobre las interioridades de los palacios de Gobierno en lugar de acercarse a las historias humanas. Una prensa que vive de las entrañas partidistas y de las pugnas entre figuras se ha apoderado de la escena mediática.

“El aldeano vanidoso” del que hablaba José Martí descubre el agua tibia en medio del océano de necesidades que padece América Latina. Vivir de espaldas al otro ha sido una forma de protegerse y de reproducir en la plana de los periódicos lo que a escala diplomática ocurre entre las naciones de este continente: tan afines y tan separadas.

Sin embargo, la mayor afectación que trae la represión es el retraimiento, el encerrarse en la burbuja de cristal de una redacción y escribir a distancia. Los reporteros de pantalla y teclado pululan por todas partes. Faltan las historias de carne y hueso mientras que abundan los análisis.

Los jefes de redacción saben que cada titular puede volverse por estos lares una declaración de guerra y, en la mayoría de las medios, las líneas rojas no las pone el editor sino que las  trazan las amenazas o las conveniencias.[[QUOTE:La Venezuela de Nicolás Maduro, la Cuba de Raúl Castro o la Nicaragua del trasnochado Daniel Ortega son algunos de los puntos geográficos donde contar la realidad significa exponerse a represalias desde el poder]]El periodista y catedrático español Bernardo Díaz Nosty describe en su libro Periodismo Muerto el rosario de obstáculos al que se enfrentan los reporteros de nuestro continente. Las dictaduras por un lado, la impunidad por otro y el narcopoder que gestiona extensas regiones –como si de países se tratara– conforman la mayor parte de esos riesgos.

En el punto más alto de esa escala del terror están la desaparición y la muerte, aunque “antes de llegar al asesinato, suele producirse el acoso sobre el periodista y sus familiares, las agresiones físicas, la estigmatización, las extorsiones”, asegura Díaz Nosty.

“Todo ello conduce a la quiebra de la independencia profesional, a la renuncia de la actividad periodística, al exilio, cuando no a la claudicación y a la entrega a las condiciones que establece el enemigo”, puntualiza en su libro.

Escribir sobre la delincuencia organizada, el narcotráfico, el lavado de dinero o la corrupción política puede constituir una sentencia de muerte por estos lares. La falta de respuesta estatal a las acciones contra los profesionales de la información acrecienta la sensación de desprotección.[[QUOTE:Escribir sobre la delincuencia organizada, el narcotráfico, el lavado de dinero o la corrupción política puede constituir una sentencia de muerte por estos lares]]Peor aún, muchos Gobiernos de la región han optado por matar al periodismo. Para lograr ese asesinato –sin dejar demasiadas evidencias– desarrollan una extensa red de amenazas, castigos legales y controles. No faltan, claro está, las prebendas.

Comprar la lealtad de una pluma periodística es una de las aspiraciones de cualquier poder y grupo político. Narrarse a través de las artes de un informador leal y contar con las sumisas planas de un medio de prensa pueblan las fantasías de los departamentos de propaganda partidista.

Junto al bufón de la corte, el adulador de turno y los voceros que repiten consignas, a los populismos les reconforta tener su propia prensa. Un subproducto manso, de titulares moldeados para no incomodar y reporteros que se conforman con asistir a sosas ruedas de prensa donde lo más importante se esconde y la intrascendencia llena teletipos.

La gran mayoría de los Gobiernos de América Latina sueña con amaestrar a los medios, manejarlos como ventrílocuos y hacer que salten por el aro de sus deseos. Para ellos, un periodista es solo un amplificador, a través del cual manejan a la audiencia e imponen su ideario.

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Yoani Sánchez

Cada gobernante marca su impronta. Hace más de una década Fidel Castro abandonó el poder y su hermano le prometió continuidad, pero desmanteló los preuniversitarios en el campo, el ejército de trabajadores sociales y las tribunas abiertas antiimperialistas. En febrero próximo Miguel Díaz-Canel puede asumir la presidencia de Cuba y quienes creen que seguirá al pie de la letra el guión subestiman los avatares de la política.

En los últimos días las noticias sobre la crisis venezolana no han logrado apagar el impacto político de lo que ocurre en Ecuador. El país, que hasta hace poco estaba liderado por un hombre de discurso arrogante y maneras agresivas contra la prensa o sus adversarios, tiene ahora un mandatario de talante más sosegado que –a toda velocidad– está marcando distancias con su predecesor.

Lenín Moreno llegó al poder envuelto en la polémica sobre un acomodo de los votos a su favor. En junio pasado, durante una conferencia en Madrid, su principal contrincante electoral, Guillermo Lasso, definió aquella victoria sin miramientos: "en febrero se produjo el más descarado fraude que se haya visto en el Ecuador", expresó. Las dudas sobre la limpieza de los comicios y la cercanía del candidato oficialista a Rafael Correa no auguraban nada bueno.

Sin embargo, pocos meses después de asumir el más alto cargo del Estado, Moreno parece dispuesto a trazar su propio camino. Tiene grandes motivos para separarse de Correa porque el escándalo de la constructora brasileña Odebrecht le pisa los talones a la anterior administración y el país tiene una deuda superior a los 41.000 millones de dólares. Una cifra que el presidente saliente intentó maquillar antes de irse pero que ha sido finalmente revelada por el actual ejecutivo.[[QUOTE:Pocos meses después de asumir el más alto cargo del Estado, Moreno parece dispuesto a trazar su propio camino]]Moreno ha llegado a conversar con varios opositores, entre ellos el expresidente Abdalá Bucaram (1996-1997) actualmente exiliado en Panamá. Este es un paso que evidencia un claro cambio de rumbo del Palacio de Carondelet, que hasta hace poco combatía las diferencias políticas a golpe de insultos y amenazas.

Esta semana, la diferencia entre ambos escaló un paso más y Moreno destituyó al vicepresidente, Jorge Glas, una especie de tutor dejado por Correa para velar por el curso de la llamada Revolución Ciudadana. El cisma amenaza con fracturar al partido Alianza País, sacudido entre los que apoyan al expresidente y quienes claman porque se respete la decisión del actual mandatario.

Desde la lejana Bélgica, Correa arde de ira ante lo que considera una traición. Su impetuoso carácter, que diez años de estancia en el poder alimentaron aún más, lo ha llevado a escribir en la red social Twitter numerosos mensajes críticos contra Moreno. El sucesor se ha convertido así en antagonista y se ha negado a seguir la ruta que el economista de 54 años dejó definida para su colega de partido.[[QUOTE:En estos meses Moreno, como le ocurrirá a Díaz-Canel, ha tenido que poner la cara ante su pueblo y la comunidad internacional]]En estos meses Moreno, como le ocurrirá a Díaz-Canel, ha tenido que poner la cara ante su pueblo y la comunidad internacional. Se ha percatado de que una cosa es ser el benjamín designado, mientras que otra bien diferente es tomar el timón en la sala de mando de un país que ha sido durante largo tiempo gobernado bajo el capricho de un hombre. Liderar con cierta eficiencia la nación pasa, en ambos casos, por romper con quienes los colocaron en esos cargos.

Las diferencias son marcadas entre el caso ecuatoriano y el cubano. Mientras el Gobierno de Rafael Correa duró una década, en la Isla los hermanos Castro han controlado cada detalle de la economía y la política por más de medio siglo. La huella que dejó el correísmo en Ecuador es intensa y se evidencia en una mayor polarización junto a un debilitamiento de la sociedad civil, pero el efecto del castrismo es mucho más profundo.

Moreno ha logrado distanciarse de su antecesor entre otras razones porque existen en el país estructuras democráticas que lo respaldan en ese empeño, algo lejos del panorama cubano. A pesar de los cuestionamientos internacionales sobre su llegada a la presidencia, el ecuatoriano cuenta con el beneplácito de la mayor parte de los Gobiernos de la región y de los organismos internacionales. Alguno de los cuales lo ven como un preocupado administrador que intenta poner orden en el manicomio.[[QUOTE:Sentado en la silla presidencial y con el guión de cada paso escrito sobre la mesa, Miguel Díaz-Canel se enfrentará al dilema de tener que tomar sus propias decisiones]]Miguel Díaz-Canel, menos carismático y más gris, tendrá a su favor la biología. Mientras no se puede descartar que Rafael Correa ponga punto final a su retiro belga e intente rescatar la presidencia ecuatoriana, el actual vicepresidente cubano verá morir a la generación histórica que ahora mismo lo considera un advenedizo manejable, sin batallas ni muertos que mostrar a su favor.

No obstante, el abismo económico que el delfín isleño encontrará será aún más insondable. El país que recibirá en febrero vive un proceso de estancamiento económico, no ha logrado superar la dualidad monetaria, experimenta un frenazo en la expansión del sector privado y ni siquiera ha podido convencer a un número significativo de inversionistas extranjeros para poner su dinero en la Isla.

Sentado en la silla presidencial y con el guión de cada paso escrito sobre la mesa, Miguel Díaz-Canel se enfrentará al dilema de tener que tomar sus propias decisiones. Con las miradas de los comandantes y generales fijas en su nuca, es probable que opte por la sumisión. Pero algo de su impronta, de su personalidad, se irá colando en la agenda. Un día, por valentía o por miedo, terminará dándole algunos golpes mortales al castrismo.

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Yoani Sánchez

Los cantautores son a menudo confundidos con profetas o líderes. Los temas de numerosos trovadores han terminado por moldear conciencias, erigirse en lemas políticos y volverse mantras incuestionables. Todo movimiento social necesita su fondo musical y en América Latina estos solitarios de la guitarra han acompañado sonoramente a más de uno.

Cronistas pertrechados de melodía, la mayoría de las veces se toma a estos intérpretes al pie de la letra, confundiéndose al personaje de sus estrofas con el ser de carne y hueso que sube al escenario. Bajo las luces, en la íntima atmósfera de un teatro, entona esas frases que después se trastocan para miles de espectadores en eslóganes y posturas. Tras los duros años en que una copla podía costarles la vida o la prisión, los trovadores latinoamericanos que dieron forma a la canción protesta viven ahora una etapa de permisiva tranquilidad. La batalla más encarnizada la libran ante el reggaeton, no contra la censura. Su mayor temor no radica en engrosar las listas negras, sino en que el público mueva el dial para buscar cualquier otra música “más movidita”.[[QUOTE:Dejaron de ser el centro de las reseñas y de los críticos, para ser colocados en la aburrida esquina de los consagrados que ya no llenan estadios ni arrancan suspiros]]

Dejaron de ser el centro de las reseñas y de los críticos, para ser colocados en la aburrida esquina de los consagrados que ya no llenan estadios ni arrancan suspiros. Viven de las glorias pasadas y rara vez una canción suya vuelve a escalar las listas de éxito, aunque en los platós televisivos se les siga presentando como “insuperables” o “indiscutibles”.

Entre aquellos melenudos de verso fácil, los más pícaros han cedido su guitarra a algún poder al que años atrás criticaron, para vegetar a la sombra de festivales, homenajes y entrevistas. Los pocos dardos que aún lanzan en sus textos mezclan los más recurrentes lugares comunes del discurso progresista, mientras que su indumentaria mantiene todas las trazas de un disfraz de calculado desaliño.

Los nombres más conocidos de hace unas décadas acarician hoy los discos con los que convocaron multitudes e hicieron latir conciencias. A falta de aquellas emociones, actualmente se dedican —sin partitura y con voz debilitada— a dictar cátedra de cómo comportarse cívicamente o a azuzar una rebeldía que ellos mismos descartaron por poco rentable.

Algunos de aquellos temas musicales que compusieron cuando soplaban los aires de hacer el amor y no la guerra han sido secuestrados por militantes y extremistas que los cantan —con las venas del cuello a punto de reventar— frente a sus contrincantes políticos. De expresiones musicales libertarias pasaron a ser mordazas para acallar la diferencia, meros himnos de ciega batalla.

Los tiempos de rimar y creerse cada verso han dado paso al cinismo. Muchos de los juglares que pusieron ritmo a la inconformidad se alejaron de la escena pública; otros aparcaron la canción incómoda en busca de mayores ingresos, mientras que la mayoría, extraviada la musa, se ha convertido en defensora de cuanta causa pueda tapar su sequía creativa.[[QUOTE:Nostálgicos de un tiempo en que congregaban multitudes, más de uno ha optado por cantarle al poder y dedicar sus estribillos a ciertos populistas bastante impresentables]]

Nostálgicos de un tiempo en que congregaban multitudes, más de uno ha optado por cantarle al poder y dedicar sus estribillos a ciertos populistas bastante impresentables. Escriben por encargo, ensalzan en sus estribillos a desteñidas revoluciones transmutadas en dictaduras y se ganan un espacio en las tarimas oficiales donde las promesas abundan y la sinceridad falta.

No son los tiempos en que Víctor Jara llevó su arte hasta las últimas consecuencias. “Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón”, aseguró el chileno que murió a los 40 años con decenas de balas hundidas en su cuerpo. Ahora abundan los creadores que cuidan cada palabra para evitar salirse del esquema de lo políticamente correcto. Compositores de rimas pulidas y cabello bien peinado que se pasean por palacios de Gobierno y reciben con beneplácito sus honoris causa. Forman parte de esa pléyade de intelectuales y creadores que salen en la foto de familia con todo aquel que le plante cara a quienes ellos señalan como la causa de todos los problemas. Antiimperialistas acérrimos, falsos ecologistas y recelosos de la riqueza —siempre que esa fobia no incluya a su bolsillo—, se les ve protagonizando cantatas contra lejanos poderes y Gobiernos bajo los que no viven.

Hace unos cuatro años, el cantautor español Luis Eduardo Aute aseguró que se identificaba con la Revolución Ciudadana del presidente Rafael Correa. La afirmación fue hecha justo en un momento en que el gobernante ecuatoriano se enfrascaba en una dura pelea contra los medios informativos de su país y ponía límites férreos a la libertad de prensa. Las poses irreverentes tienen siempre mucho de miopía, de no ver más allá de su fabricada irreverencia. Bajo el influjo de sus propios estribillos, Aute se creyó el personaje de sus canciones y aquello de que: “Dicen que todo está atado / Y bien atado a los mercados”, cuando en realidad olvidó que a otros poderes también les gusta controlar cada detalle, especialmente la palabra.

En Cuba habita un caso extremo. Silvio Rodríguez perdió el unicornio azul de su creatividad hace muchos años. En la misma medida en que sus temas se llenaban de costuras y aburrimiento, su proyección pública se volvió más cercana al discurso oficial. Dejó de escribir canciones inolvidables para enzarzarse en diatribas contra “los enemigos de la Revolución”.

Recientemente, el cantautor sumó su firma al manifiesto Dejen votar a los catalanes que pide al Gobierno español que permita un referéndum sobre la independencia en Cataluña. El nombre de Rodríguez está acompañado por otras figuras como la artista Yoko Ono, la filósofa afroamericana Angela Davis y la premio Nobel Rigoberta Menchú.

El autor de Ojalá rubricó la afirmación de que “una gran mayoría de catalanes ha expresado repetidamente y de diversas maneras el deseo de ejercer el derecho democrático a votar sobre su futuro político”. Considera que “evitar que los catalanes voten” contradice los principios democráticos, precisamente aquellos que los cubanos llevan décadas sin poder disfrutar en su propia tierra.[[QUOTE:Con una vida cómoda, un estudio de grabación autorizado por el Gobierno y con una mesa repleta, el juglar se extravió en reverencias y silencios]]

A este Rodríguez nada le queda de la rebeldía que caracterizó sus primeras tonadas. En 2003, su firma se sumó al Mensaje desde La Habana a los amigos que están lejos, en el que un grupo de intelectuales exponían justificaciones para el encarcelamiento de 75 disidentes en la Isla. El documento respaldó también la decisión del Gobierno de Fidel Castro de fusilar a tres hombres que secuestraron una embarcación de pasajeros para intentar escapar hacia Estados Unidos.

Con una vida cómoda, un estudio de grabación autorizado por el Gobierno y con una mesa repleta, el juglar se extravió en reverencias y silencios. Su música, que una vez acompañó la desobediencia de tantos ciudadanos en esta parte del mundo, ahora forma parte de la lírica oficial, de la sinfonía del poder.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado previamente por el diario español El País en su edición del domingo 29 de julio.


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Yoani Sánchez

El hombre forma con la mano una trompeta frente a su boca para advertir sobre la presencia de un informante. Un gesto trascendental para no zozobrar en una cotidianidad donde la gente apela todo el tiempo al lenguaje corporal, las palabras obscenas y las metáforas. No hacerlo de esa manera provoca bromas, espanta a los vendedores informales y genera la desconfianza de los amigos.

La prensa oficial se muestra preocupada por el deterioro en la expresión oral de los cubanos. Varios espacios televisivos han abordado en las últimas semanas los gritos y los términos groseros que llenan las conversaciones callejeras. Los periodistas achacan esta pobreza de vocabulario a la familia y aseguran que la epidemia de vulgaridades que azota el país se incuba en los hogares.

Otro culpable señalado con énfasis es el reguetón. Las canciones cargada de lascivia y machismo cultivan una expresión llena de conceptos denigrantes y alusiones sexuales, afirman los especialistas que disertan en esos programas. Según el criterio de estos sociólogos y psicólogos -a los lingüistas rara vez los invitan- escuchar temas como El palón divino hace que los adolescentes profieran más insultos por minuto.

Hasta el momento, en cada uno de los análisis difundidos ha faltado señalar la responsabilidad institucional en la degradación verbal. Obvian que durante décadas todo aquel que ha hablado “bonito” y se ha atrevido a pronunciar todas las letras de todas las palabras ha sido tachado de “poco popular”, “arrogante” o “para nada humilde”.[[QUOTE:Expresarse con la rudeza de un estibador se convirtió en una de las tantas estrategias que los oportunistas asumieron para disfrazarse de proletarios]]

La chabacanería es un rasgo distintivo del lenguaje revolucionario que se impuso en Cuba a partir de enero de 1959. Desde entonces, expresarse con la rudeza de un estibador se convirtió en una de las tantas estrategias que los oportunistas asumieron para disfrazarse de proletarios. Ofender al prójimo también ha estado de moda en esta algarabía política que se instauró en el país hace más de medio siglo.

Ahora, las autoridades se muestran espantadas porque los jóvenes intercalan una mala palabra en cada frase que pronuncian. Se ruborizan por las constantes alusiones a los órganos sexuales en sus conversaciones, una verdadera nimiedad comparada con el uso del despectivo “gusano” para llamar a un contrincante político y que se promovió desde el Gobierno.

Después de acusar de burgueses a quienes se preocupaban por el uso correcto del idioma, ahora le temen a esta generación soez que nació de tantas castraciones verbales. Tras perseguir la palabra libre y franca, hoy desde las instituciones se quejan de los incoherentes monosílabos que tantas veces brotan cuando se les pregunta a estos hijos de la censura sobre la política, los derechos humanos o los líderes del país.

Hace muchos años que, por estos lares, hablar dejó de ser una manera de comunicarse para pasar a ser la forma más rápida de delatarse. No solo decir una opinión causa problemas, sino que el estilo en que se exprese también puede ser conflictivo. Comprender el peligro del lenguaje articulado ha sido uno de los mecanismos más acabados de supervivencia desarrollado por los cubanos en los últimos tiempos.

No reconocer la implicación del sistema político en ese deterioro lingüístico es otra forma de dañar el vocabulario… al no llamar las cosas por su nombre.

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14ymedio, Generation y, Yoani Sanchez, 14 July 2017 — Wednesday night. The neighborhood of Nuevo Vedado is sliding into the darkness. Catchy music resonates in the Hotel Tulipán where parliamentarians are staying during the current regular session. They dance, drink under the sparkling lights of the disco ball and sing karaoke. They add their voices to a programmed score, … Continue reading "Parliamentary Karaoke" Continue reading

Yoani Sánchez

Los regímenes autoritarios deben aprender algunas lecciones: encarcelar a los opositores hace que ganen prestigio. El gobierno de Nicolás Maduro olvidó ese abecé de la política y ahora recoge los frutos. La salida de Leopoldo López de la prisión de Ramo Verde, este sábado, traerá resultados impredecibles para la dictadura instalada en Miraflores.

López ha regresado junto a su familia, aunque la libertad está lejos todavía. Ahora debe permanecer bajo arresto domiciliario, un brazalete electrónico controla sus movimientos y el operativo alrededor de su casa parece infalible. Está preso en un nuevo perímetro, pero tiene el alivio de abrazar a sus hijos, besar a su mujer y mirar desde la ventana su ciudad.

Una de esas imágenes históricas... un hombre vuelve a casa... su país lo espera pic.twitter.com/LH2y5I5NJg

— Yoani Sánchez (@yoanisanchez) 8 de julio de 2017

Toda escalera tiene un primer peldaño y hoy se ha esbozado la que conduce a la libertad plena del opositor. La oligarquía petrolera que dirige Venezuela lo ha sacado de la cárcel a la espera de que ese gesto rebaje la tensión en las calles y le permita al Gobierno imponer una Asamblea Constituyente para cerrar el lazo totalitario sobre el país. Un pésimo cálculo.[[QUOTE:La oligarquía petrolera que dirige Venezuela lo ha sacado de la cárcel a la espera de que ese gesto rebaje la tensión en las calles y le permita al Gobierno imponer una Asamblea Constituyente para cerrar el lazo totalitario sobre el país]]López irradia libertad allí donde esté. Poco importa si no puede acercarse a un teléfono, escribir un tuit o acompañar a sus compatriotas en las protestas. Los símbolos están sin estar y en eso se ha convertido el fundador de Voluntad Popular. Se le ha escapado al oficialismo por entre los barrotes del control al convertirse en un emblema.

El madurismo ha optado por una salida medianamente elegante al decir que la medida otorgada a López, preso desde 2014 y condenado a casi 14 años, se debió a "problemas de salud", según informó el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela.

Sin embargo, las primeras imágenes del prisionero al llegar a casa lo muestran vital y sonriente. La excusa de una enfermedad solo intenta enmascarar una verdad tan grande como una montaña: las protestas en las calles han hecho ceder al oficialismo. El cambio de cárcel por casa es una victoria de la oposición venezolana.[[QUOTE:La excusa de una enfermedad solo intenta enmascarar una verdad tan grande como una montaña: las protestas en las calles han hecho ceder al oficialismo]]El vapuleado chavismo debe lidiar con un Leopoldo López que ya no conoce la estrechez de una celda, que ha vuelto a despertar junto a los suyos y que recibe de forma más expedita la información de lo que ocurre más allá de las paredes de su casa. Su alcance político crece por horas.

Ha costado vidas, lágrimas, cárcel y exilio… pero la #dictadura de Nicolás Maduro está llegando a su fin #VivirParaVer

— Yoani Sánchez (@yoanisanchez) 8 de julio de 2017

Cada día que pase en ese encierro domiciliario, López seguirá acumulando apoyos. Sacarlo de ahí sería un dolor de cabeza para el populismo que ha secuestrado el país sudamericano, pero mantenerlo recluido resulta peor. El Gobierno venezolano se ha colocado ante un dilema insoluble: si libera al opositor pierde, si lo mantiene retenido también pierde.

Nicolás Maduro es pasado, aunque ahora mismo esté rodeado de oportunistas que aplauden y asienten. Leopoldo López es futuro a pesar de que su celda tenga el tamaño de una vivienda llena de amor y carente de libertad. Solo falta que logre sortear esos muros.

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14ymedio, Generation Y, Havana, 3 July 2017 — For decades Cubans were bombarded by official propaganda filled with materials about Fidel Castro’s supposed genius. In these vindications he was not only a father, but also a strategist, visionary, pedagogue, farmer and cattle rancher, among other lofty characteristics and pursuits. However, that prototype of patriarch, scientist … Continue reading "Fidel Castro In Humor And Oblivion" Continue reading

Yoani Sánchez

Hace más de un lustro las redes sociales hervían por la Primavera Árabe y los rostros de aquellos jóvenes manifestantes se iluminaban con las pantallas de sus teléfonos móviles. Eran años en que Twitter se veía como un camino hacia la libertad, pero poco después los represores también aprendieron a publicar en 140 caracteres.

Con cierta suspicacia primero y con mucho oportunismo más tarde, los populistas han encontrado en internet un espacio para difundir sus promesas y captar adeptos. Se valen del increíble altavoz que brinda el mundo virtual y colocan las trampas de su demagogia, en la que quedan atrapados miles de internautas.

Las herramientas que una vez dieron voz a los ciudadanos se han ido transformando en un canal para que los autoritarismos entronicen sus discursos. Asimilaron que en estos tiempos de postverdad, un tuit repetido hasta el cansancio resulta más efectivo que colocar vallas en la carretera o pagar por espacios publicitarios.

Los regímenes totalitarios han pasado a la ofensiva en la web. Les tomó algo de tiempo darse cuenta de que podían usar las mismas redes que sus opositores, pero ahora lanzan a los policías informáticos contra sus críticos. Lo hacen con la misma metódica precisión con que han vigilado por años a sus disidentes y controlado la sociedad civil de sus naciones.

Desde hackeos de sitios digitales, hasta la creación de falsos perfiles de usuarios, los Gobiernos antidemocráticos están probando todo aquello que les ayude a imponer matrices de opiniones favorables a su gestión. Cuentan a su favor con la irresponsable ingenuidad con que muchas veces se comparte contenido en el ciberespacio.[[QUOTE:Erdogan ha pasado de enemigo de las redes a utilizarlas para expandir su deriva dictatorial]]Uno de estos giros radicales lo ha dado el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Durante las protestas de 2013, cuando era primer ministro, quiso promulgar varias leyes para restringir el uso de Facebook y Twitter. A la red del pájaro azul la llegó a catalogar como “una fuente permanente de problemas” y “una amenaza para la sociedad”.

Sin embargo, cuando se produjo el intento de golpe de Estado en Turquía el año pasado, Erdogan echó mano de estas herramientas para convocar al pueblo hacia las plazas e informar de su situación personal. Desde entonces se ha dedicado a expandir su poder también a golpe de tuits, reafirmando en el mundo virtual la deriva dictatorial de su régimen.

En marzo pasado, los administradores de Twitter tuvieron que admitir que varias de sus cuentas, algunas vinculadas a instituciones, organizaciones y personalidades en todo el mundo, habían sido hackeadas con mensajes de apoyo a Erdogan. El sultán azuzó a sus huestes cibernéticas para dejar claro que tampoco en internet se anda con juegos.

En América Latina varios casos refuerzan el proceso de apropiación que los autoritarismos vienen haciendo con las nuevas tecnologías. Nicolás Maduro ha abierto en Twitter uno de los tantos frentes de batalla con los que pretende mantenerse en el poder y acallar las revueltas populares que estallaron desde inicios de abril.[[QUOTE:Internet se ha vuelto para muchos venezolanos un territorio hostil donde los chavistas gritan y amenazan con total impunidad]]Los venezolanos no solo deben lidiar con la inestabilidad económica y la violencia de la fuerzas policiales, sino que internet se ha vuelto para muchos de ellos un territorio hostil donde los chavistas gritan y amenazan con total impunidad. Desvirtúan sucesos, convierten a victimarios en víctimas e imponen etiquetas como quien lanza golpes.

Las imágenes de los manifestantes asesinados por la Guardia Nacional Bolivariana las enfrenta el Palacio de Miraflores lanzando bulos sobre una supuesta conspiración internacional para destruir el chavismo. Contra la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, la batida ha sido encarnizada en las redes sociales, donde los simpatizantes de Maduro la han tildado, como mínimo, de loca.

De tanto intentar manipular tendencias y adulterar estados de opinión en la web, el oficialismo venezolano ha terminado por pillarse los dedos con la puerta. Recientemente fueron suspendidas más de 180 cuentas de Twitter que repetían cual ventrílocuos consignas gubernamentales. La penalización podría extenderse a otras tantas vinculadas a instituciones y medios acólitos.

El ministro de Comunicación venezolano, Ernesto Villegas, definió esta suspensión de cuentas como una operación de “limpieza étnica” y Maduro amenazó a los administradores de la red de microblogging con una frase cargada de desfasado triunfalismo: “Si ellos apagaron 1.000 cuentas, vamos a abrir 1.000 más”.

Con su conocida incontinencia verbal, el sucesor de Hugo Chávez estaba revelando la estrategia que su régimen ha seguido en los últimos años en internet. La de plantar usuarios que confundan, mientan y, sobre todo, desvirtúen lo que está ocurriendo en el país. Un cercano aliado les enseñó esa estrategia.[[QUOTE:En Cuba, los soldados del ciberespacio tienen una larga experiencia en el bloqueo de sitios críticos y el entrenamiento de trolls para inundar la zona de comentarios]]
En Cuba, los soldados del ciberespacio tienen una larga experiencia en el fusilamiento de la reputación digital de los opositores, el bloqueo de sitios críticos y el entrenamiento de trolls para inundar la zona de comentarios de cualquier texto que les resulte especialmente molesto. Pero su principal arma es dosificar el acceso a internet entre los más confiables o mantenerlo a precios prohibitivos para la mayoría.

“Tenemos que domar el potro salvaje de las nuevas tecnologías”, sentenció Ramiro Valdés, uno de los comandantes históricos de la Revolución, cuando en la Isla comenzaron a aflorar los primeros blogs independientes y las cuentas de Twitter gestionadas por opositores.

Desde entonces mucho ha llovido y el castrismo se ha lanzado a la conquista de esos espacios con la misma intensidad que vocifera en los organismos internacionales. Su objetivo es recuperar el espacio que perdió mientras miraba con suspicacia las nuevas tecnologías. Su meta: acallar las voces disidentes con su algarabía.

Hasta en las democracias de más larga data las tecnologías están siendo secuestradas para propinar golpes mortales a las instituciones.

En la Casa Blanca, un hombre pone a su país y al mundo al borde del abismo con cada tuit que escribe. Todas las noches en que Donald Trump se va a la cama sin publicar en esa red social, millones de seres humanos respiran aliviados. Ha encontrado en los 140 caracteres una manera de gobernar en paralelo, sin limitaciones.

No son los tiempos ya de aquella red liberadora que enlazaba inconformidades y servía de infraestructura para la rebeldía ciudadana. Vivimos días en que los populismos y los autoritarismos han comprendido que las nuevas tecnologías se pueden convertir en un instrumento de control.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado previamente por el diario español El País en su edición del sábado 24 de junio.


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Yoani Sánchez

La madre murió, el hermano emigró y nadie lleva flores a la tumba de uno de esos tantos jóvenes cubanos que perdieron la vida en las llanuras africanas. Su fallecimiento sirvió para edificar el régimen autoritario de José Eduardo dos Santos en Angola, un caudillo que desde 1979 mantiene en un puño a una nación de enormes recursos y pocas libertades.

Con 74 años, Dos Santos sabe que el final está cerca. Su salud se deterioró en los últimos meses y ha anunciado que se retirará de la política en 2018, el mismo año en que Raúl Castro abandonará la presidencia de la Isla. Ambos pretenden dejar atada y bien atada la sucesión, para proteger a sus respectivos clanes y evitar terminar en un tribunal.

Durante décadas, los dos gobiernos se han apoyado mutuamente en foros internacionales y mantenido una estrecha complicidad. Los une la historia de colaboración, con más de 300.000 cubanos desplegados en territorio angoleño durante la guerra civil, financiados y armados por la Unión Soviética, pero también los conecta su talante antidemocrático.

La longevidad en el cargo es otro de los signos que comparten Castro y Dos Santos.

[[QUOTE:Los une la historia de colaboración, con más de 300.000 cubanos desplegados en territorio angoleño durante la guerra civil, financiados y armados por la Unión Soviética, pero también los conecta su talante antidemocrático]]El angoleño, apodado Zedu, es un miembro "ilustre" del club de caudillos africanos que siguen aferrados al poder. Un grupo al que pertenecen hombres como el impresentable Robert Mugabe, que lleva al frente de de Zimbabwe 37 años, y Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, que gobierna desde hace casi 38 años Guinea Ecuatorial.

La contraparte isleña les supera y lleva casi seis décadas en la sala de mando de la Plaza de la Revolución, ya sea como ministro de las Fuerzas Armadas o, tras la enfermedad de su hermano, como presidente. Ni Zedu ni Castro toleran la oposición política y han reprimido con fuerza cualquier disidencia.

Los angoleños viven también rodeados por la omnipresencia de la familia real. En los billetes, el rostro de Dos Santos comparte espacio con el de Agostinho Neto y en la propaganda política se le representa como el salvador de la patria. Una de las tantas tretas de los sistemas populistas, pero muy alejada de la realidad.

Lo que realmente ha ocurrido es que la familia y los aliados más cercanos del presidente africano se han labrado fortunas colosales. El mayor exportador de petróleo en África, actualmente, ha alimentado esa oligarquía que, por ironías de la historia, fue levantada sobre el esfuerzo de miles de cubanos que se dejaron la vida o la cordura en su territorio.

Isabel dos Santos, apodada por sus compatriotas la Princesa, no ha perdido tiempo en aprovecharse de las prerrogativas que le otorga su padre. La revista Forbes la considera la mujer más rica de África, con una fortuna que ronda los 3.100 millones de dólares, y el pasado año fue nombrada al frente de la petrolera estata Sonangol, el más importante pilar económico del país. Controla también la telefónica Unitel.

Se asemeja a Mariela Castro en el gusto por dar declaraciones a los medios extranjeros y presentarse como alguien que ha logrado todo "por esfuerzo propio". Proyecta una imagen de empresaria moderna y cosmopolita, pero todos sus negocios prosperan gracias a los privilegios de los que goza por ser hija de quien es.

[[QUOTE:Isabel dos Santos se asemeja a Mariela Castro en el gusto por dar declaraciones a los medios extranjeros y presentarse como alguien que ha logrado todo "por esfuerzo propio"]]Apalancado económicamente está también el hermano, José Filomeno de Sousa dos Santos, a la cabeza del fondo soberano angoleño que gestiona 5.000 millones de dólares. Un émulo de Alejandro Castro Espín, a quien muchos señalan detrás de la impresionante voracidad que ha llevado a que los militares cubanos se apoderen de sectores como la gestión hotelera.

Sin embargo, Zedu ha preferido optar por un títere como heredero al cargo de presidente y al frente del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA): el ministro de Defensa de Angola, João Manuel Gonçalves Lourenço. Una figura que pondrá la cara mientras los verdaderos delfines pretenden seguir chupando -cual voraces sanguijuelas- los recursos de un país que no atraviesa un buen momento.

Gonçalves Lourenço es tenido como un moderado, al igual que su émulo isleño, el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel. Hombres que intentará darle un lavado de cara a ambos sistemas personalistas para acallar las voces de quienes aseguran que la "generación histórica" no quiere abandonar el poder. Ninguno de los dos ha sido elegido por su capacidad sino por su confiabilidad y mansedumbre.

Gonzalves llegó a La Habana a mediados de mayo con un mensaje del presidente Dos Santos para Raúl Castro. En Angola trabajan en la actualidad 4.000 cubanos en sectores como salud, educación, deportes, agricultura, ciencia y tecnología, energía y minas. Es uno de los países más apetecidos por los profesionales de la Isla por sus ventajas económicas.

El viaje, seguro, incluyó también un compromiso de seguir apoyándose y, tal vez, alguna promesa de crédito o ayuda petrolera para aliviar los complicados momentos que vive la Isla. Muy probablemente el heredero del trono vino a decirle al envejecido monarca que pierda cuidado, que Angola seguirá contándose entre sus aliados. Son palabras que puede llevarse el viento ante el futuro incierto que aguarda a ambos países.

[[QUOTE:Muy probablemente el heredero del trono vino a decirle al envejecido monarca que pierda cuidado, que Angola seguirá contándose entre sus aliados]]Durante años el régimen angoleño se benefició de importantes inversiones extranjeras y de los altos precios del petróleo, principal fuente de ingresos. Sin embargo, la caída en el valor del crudo en el mercado internacional ha complicado el día a día de los ciudadanos sometidos a recortes económicos, una subida del coste de la vida y una disminución de la inversión pública. La inconformidad se palpa a flor de piel.

En la Isla, no pasa una semana sin que un obituario recuerde la realidad de que los históricos se están muriendo. El deshielo con Estados Unidos está al borde de un frenazo y el mastodóntico aparato estatal no acaba de adaptarse a los nuevos tiempos. La doble moral, la corrupción y el desvío de recursos lo minan todo.

Ni Castro ni Dos Santos saldrán del poder en el contexto que soñaron. Uno se va enfermo, después de haber negado en la práctica sus raíces ideológicas, e intuye que la la historia destrozará su supuesto legado. El otro pierde el control sobre Venezuela, esa mina de recursos que prolongó la vida del castrismo. Su peor pesadilla es que a los jóvenes cubanos les importa más Juego de tronos que la épica revolucionaria.

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Yoani Sánchez

El líder habla por horas en la tribuna, su dedo índice emplaza a un enemigo invisible. Una marea humana aplaude cuando la entonación de alguna frase lo exige y mira embelesada al barbudo orador. Por décadas esos actos públicos se repitieron en la Plaza de la Revolución de La Habana y dieron forma al rostro del populismo revolucionario.

Sin embargo, las extensas alocuciones de Fidel Castro constituían solo la parte más visible de su estilo de gobernar. Eran los momentos del hipnotismo colectivo, salpicados de promesas y anuncios de un futuro luminoso que le permitieron establecer un vínculo estrecho con la población, azuzar los odios de clases y extender su creciente poder.

Castro ha sido el producto más acabado del populismo y del nacionalismo cubanos. Males que hunden sus raíces en la historia nacional y cuyo mejor caldo de cultivo fue la etapa republicana (1902-1958). Aquellos vientos trajeron el huracán en que se convirtió un joven nacido en la oriental localidad de Birán, que se graduó como abogado y llegó a ostentar el grado militar de Comandante en Jefe.

El marco político en que se formó Castro estaba lejos de ser un ejemplo democrático. Muchos de los líderes de esa Cuba convulsa de la primera mitad del siglo XX no destacaban por presentar plataformas programáticas a sus electores. La práctica común consistía en intercambiar influencias para obtener votos, amén de otras desviaciones como robar urnas o cometer fraude.

[[QUOTE:A diferencia del populismo republicano cuyo propósito era la conquista del favor electoral, el populismo revolucionario tuvo como meta abolir las estructuras democráticas]]El joven jurista se codeó desde muy temprano con figuras que tenían más de comportamiento gansteril que de ejercicio transparente de la autoridad. Asumió rápidamente muchos de esos ingredientes de la demagogia que años después le serían de mucha utilidad a la hora de someter a toda una nación.

A diferencia del populismo republicano cuyo propósito era la conquista del favor electoral, el populismo revolucionario tuvo como meta abolir las estructuras democráticas. A partir de enero de 1959 el entramado cívico fue sistemáticamente desmantelado y las leyes quedaron relegadas frente a la desmesurada voluntad de un hombre.

Para alcanzar ese sueño de control, el Máximo Líder persuadió a los ciudadanos de que podrían disfrutar de un elevado grado de seguridad si renunciaban a determinadas "libertades burguesas", entre ellas la posibilidad de elegir a los gobernantes y contar con la alternancia en el poder.

El denominado Programa del Moncada esbozado en La Historia me absolverá es un concentrado de estas promesas al estilo de un Robin Hood tropical. El panfleto fue presentado como alegato de autodefensa de Fidel Castro durante el juicio en que se le encausó por el ataque armado a la principal fortaleza militar de Santiago de Cuba en julio de 1953.

Hasta ese momento, aquel hombre era prácticamente desconocido como figura política. El arrojo que caracterizó la acción lo envolvió en un aura de heroico idealismo que lo colocó como líder de la alternativa revolucionaria frente a la dictadura de Fulgencio Batista.

[[QUOTE:Dos años después, su entrada triunfal a la capital y su carismática presencia lo convirtieron en el beneficiario de un cheque en blanco de crédito político avalado por la mayoría de la población]]En el texto, donde describió los problemas que padecía el país, nunca advirtió que para solucionarlos sería preciso confiscar propiedades. Se limitó a detallar lo necesario de una reforma agraria que eliminara el latifundio y repartiera tierras a los campesinos. Eran propuestas que le ganaron rápidas simpatías entre los más pobres.

Al salir de prisión, Castro estaba convencido de que la única forma de derrocar la dictadura era por la fuerza. Organizó una expedición y abrió un frente guerrillero en las montañas de la región oriental de la Isla. Dos años después, su entrada triunfal a la capital y su carismática presencia lo convirtieron en el beneficiario de un cheque en blanco de crédito político avalado por la mayoría de la población.

La primera artimaña populista del nuevo régimen fue presentarse como democrático y negar cualquier tendencia que pudiera identificarlo con la doctrina comunista. Al mismo tiempo que se mostraba como propiciador de la libertad, expropiaba los periódicos, las estaciones de radio y los canales de televisión.

Asestó un golpe mortal a la sociedad civil al instaurar una red de "organizaciones de masas" para agrupar a vecinos, mujeres, campesinos, obreros y estudiantes. Las nuevas entidades tenían en sus estatutos una cláusula de fidelidad a la Revolución y se comportan –hasta la actualidad– como poleas de transmisión desde el poder hacia la población.

[[QUOTE:La nueva situación trajo un poderoso aparato de represión interna y un nutrido ejército para disuadir de cualquier amenaza militar externa]]Las primeras leyes revolucionarias, como la Reforma Agraria, la rebaja de alquileres, la Reforma Urbana y la confiscación de propiedades constituyeron un reordenamiento radical de la posesión de las riquezas. En muy breve tiempo el Estado despojó de sus bienes a las clases altas y se convirtió en omnipropietario.

Con el enorme caudal atesorado, el nuevo poder hizo millonarias inversiones de beneficio social que sirvieron para lograr "la acumulación original del prestigio".

El sistema socialista proclamado en abril de 1961 pregonó desde sus inicios el carácter irreversible de las medidas tomadas. Mantener las conquistas alcanzadas requería de la implantación de un sistema de terror respaldado por una estructura legal que imposibilitara a los antiguos propietarios recuperar lo confiscado.

La nueva situación trajo un poderoso aparato de represión interna y un nutrido ejército para disuadir de cualquier amenaza militar externa. Los barrotes más importantes de la jaula en la que quedaron atrapados millones de cubanos se erigieron en esos primeros años.

Al binomio de una conquista irrenunciable y de un líder indiscutible se le sumó la amenaza de un enemigo externo para completar la santísima trinidad del populismo revolucionario.

Las conquistas

Las principales conquistas en aquellos años iniciales se enfocaron en la educación, la salud y la seguridad social. El centralismo económico permitió a la nueva elite gobernante establecer amplias gratuidades y repartir subsidios o privilegios a cambio de fidelidad ideológica.

Como todo populismo que llega al poder, el Gobierno necesitaba además moldear conciencias, imponer su propia versión de la historia y sacar de los laboratorios docentes un individuo que aplaudiera mucho y cuestionara poco.

En 1960 la Isla era uno de los países con más baja proporción de analfabetos en América Latina, no obstante el Gobierno convocó a miles de jóvenes hacia zonas intrincadas para enseñar a leer y escribir. La participación en esa iniciativa fue considerada un mérito revolucionario y se vistió con tintes heroicos.

El texto de la cartilla para enseñar las primeras letras era abiertamente propagandístico y los alfabetizadores se comportaban como unos comisarios políticos que al leer la frase "El sol sale por el Este" debían agregar como explicación "y del Este viene la ayuda que nos brindan los países socialistas".

Al concluir el proceso se inició un plan masivo de becas bajo métodos castrenses, que consistían en alejar a los estudiantes de la influencia de la familia. Comenzó también la formación masiva de maestros, se construyeron miles de escuelas en zonas rurales y los centros docentes bajo gestión privada pasaron al inventario del Ministerio de Educación.

[[QUOTE:El hecho de que no quedara en la Isla un solo niño sin ir a la escuela se convirtió en un paradigma deslumbrante que no dejaba ver las sombras]]De aquel reordenamiento debía salir el "hombre nuevo", sin "rezagos pequeñoburgueses". Un individuo que no había conocido la explotación de un patrón, no había pagado por sexo en un burdel ni había ejercido la libertad.

El hecho de que no quedara en la Isla un solo niño sin ir a la escuela se convirtió en un paradigma deslumbrante que no dejaba ver las sombras. Hasta el día de hoy el mito de la educación cubana es esgrimido por los defensores del sistema para justificar todos los excesos represivos del último medio siglo.

El monopolio estatal convirtió el sistema de educación en una herramienta de adoctrinamiento político y la familia fue relegada a un papel de mera cuidadora de los hijos. La profesión de maestro se banalizó en grados extremos y los costos para mantener este gigantesco aparato se volvieron insostenibles.

Muchas de las conquistas que se pusieron en práctica eran inviables en el contexto de la economía nacional. Pero los agradecidos beneficiarios no tenían la oportunidad de conocer el elevado costo que estas campañas significaban para la nación. El país se sumió en una inexorable descapitalización y en el deterioro de su infraestructura.

Los medios informativos en manos del Partido Comunista ayudaron por décadas a tapar tales excesos. Pero con la desintegración de la Unión Soviética y el fin de los cuantiosos subsidios que el Kremlin enviaba a la Isla, los cubanos se dieron de bruces con su propia realidad. Muchas de aquellas supuestas ventajas se esfumaron o entraron en crisis.

El máximo líder

Uno de los rasgos distintivos del populismo es la presencia de un líder a quien se le tributa una total confianza. Fidel Castro logró convertir esa fe ciega en obediencia y culto a la personalidad.

La homologación del líder con la Revolución y de ésta con la Patria extendió la idea de que un opositor al Comandante en Jefe era un "anticubano". Sus aduladores lo catalogaban de genio pero en sus prolongados discursos resulta difícil encontrar un núcleo teórico del que pueda extraerse un aporte conceptual.

En la oratoria del Máximo Líder jugaba un papel preponderante su carácter histriónico, la cadencia de su voz y la forma de gesticular. Fidel Castro se convirtió en el primer político mediático de la historia nacional.

El voluntarismo fue quizás el rasgo esencial de su personalidad y la marca de su prolongado mandato. Lograr los objetivos al precio que fuera necesario, no rendirse ante ninguna adversidad y considerar cada derrota como un aprendizaje que conduciría a la victoria le valieron para conquistar una legión de fidelistas. Su empecinamiento tuvo todos los visos de un espíritu deportivo incapaz de reconocer las derrotas.

Los plazos para obtener el futuro luminoso prometido por la Revolución se podían postergar una y otra vez gracias al crédito político de Castro, en apariencia inagotable. La exigencia al pueblo de ajustarse los cinturones para alcanza el bienestar se convirtió en una cíclica estratagema política para comprar tiempo.

Hubo promesas un tanto abstractas al estilo de que habría pan con libertad y otras más precisas, como que el país produciría tanta leche que ni siquiera triplicándose la población podría consumirla toda. En la Isla se fundaría el zoológico más grande del mundo o se podrían construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo.

En diciembre de 1986, cuando ya habían pasado 28 años de intentos fallidos, Fidel Castro tuvo la audacia —o el desparpajo— de proclamar ante la Asamblea Nacional el más demagógico de todos sus lemas: "¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!"

El enemigo

Los regímenes populistas suelen necesitar de cierto grado de crispación, de permanente beligerancia, para mantener encendida la llama emocional. Para eso nada mejor que la existencia de un enemigo externo. Aún mejor si es poderoso y hace alianzas con los adversarios políticos del patio.

Desde que estaba en la Sierra Maestra comandando su ejército guerrillero, Fidel Castro determinó quién sería ese enemigo. En una carta fechada en junio de 1958 escribió: "Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande; la guerra que voy a echar contra ellos [los americanos]. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero."

Entre el mes de abril y finales de octubre de 1960 se produjo una escalada de enfrentamientos entre Washington y La Habana. La expropiación de grandes extensiones de tierra en manos de compañías estadounidenses, la suspensión de la cuota azucarera de la que gozaba la Isla, la nacionalización de las empresas norteamericanas radicadas en Cuba y el inicio del embargo a las mercancías procedentes del Norte, son algunos de los más importantes.

En ese mismo lapso de tiempo el viceprimer ministro soviético Anastas Mikoyan visitó La Habana, se restablecieron las relaciones diplomáticas con la URSS y Fidel Castro se entrevistó en Nueva York con Nikita Jruschov, quien llegó a decir en una entrevista: "Yo no sé si Castro es comunista, pero sí que yo soy fidelista".

A los ojos del pueblo la estatura de Fidel Castro se elevaba y comenzaba a tener ribetes de líder mundial. La exacerbación del nacionalismo, otra característica de los populistas, llegó a su máxima expresión cuando Cuba empezó a ser mostrada como el pequeño David enfrentado al gigante Goliat.

[[QUOTE:La exacerbación del nacionalismo, otra característica de los populistas, llegó a su máxima expresión cuando Cuba empezó a ser mostrada como el pequeño David enfrentado al gigante Goliat]]La arrogancia revolucionaria, impulsada por la convicción de que el sistema aplicado en Cuba debía extenderse a todo el continente, hizo creer a muchos que fomentar la Revolución más allá de las fronteras era no solamente un deber, sino un derecho amparado por una verdad científica.

La raíz populista de este pensamiento "liberador de pueblos" llevó a decenas de miles de soldados cubanos a combatir en Argelia, Siria, Etiopía y Angola como parte de los intereses geopolíticos que tenía en África la Unión Soviética, aunque envuelto en el ropaje del desinteresado internacionalismo revolucionario con otros pueblos con los que supuestamente se tenía una deuda histórica.

El enemigo no era ya solamente "el imperialismo norteamericano" sino que se sumaban los racistas sudafricanos, los colonialistas europeos y cuanto elemento apareciera en el tablero internacional que pudiera convertirse en una amenaza a la Revolución.

Convencidos, como el jesuita Ignacio de Loyola, de que "en una plaza sitiada la disidencia es traición", cada acto de oposición interna se ha identificado con una acción para contribuir con ese enemigo y para la propaganda oficial todo disidente se merece ser calificado de "mercenario".

Sin embargo, el comienzo del deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos a finales de 2014 ha hecho tambalearse la tesis de un permanente peligro de invasión. La muerte de Fidel Castro, la declinación de las fuerzas de izquierda en América Latina y la anunciada retirada del poder de Raúl Castro para febrero de 2018 hacen languidecer lo que queda del populismo revolucionario.

Por otro lado, los más jóvenes tienen una percepción menos agradecida y más crítica sobre aquellas conquistas en el terreno de la educación y la salud que en su día fueron presentadas como una dádiva generosa del sistema.

[[QUOTE:La muerte de Fidel Castro, la declinación de las fuerzas de izquierda en América Latina y la anunciada retirada del poder de Raúl Castro para febrero de 2018 hacen languidecer lo que queda del populismo revolucionario]]La reaparición de notables diferencias sociales surgidas a partir de la impostergable aceptación de las reglas del mercado y del crecimiento del "sector no estatal" de la economía —las autoridades se resisten a llamarlo "sector privado— han vuelto irrepetibles los lemas del igualitarismo ramplón propugnado por el discurso ideológico que justificaba el anquilosado sistema de racionamiento de productos alimenticios.

Restaurantes de alta cocina y hoteles de cuatro o cinco estrellas, otrora de uso exclusivo para turistas, están hoy al alcance de una nueva clase. Ni siquiera se ha vuelto a hablar de la eliminación de la explotación del hombre por el hombre, bandera esencial del socialismo marxista-leninista.

La convicción extensamente compartida de que el país no tiene solución es uno de los resortes que más ha impulsado la emigración en los últimos años. Pero esa falta de ilusión por el futuro, combinada con una férrea represión, también limita la labor de la oposición.

El sistema que una vez vivió del entusiasmo se sostiene ahora en virtud del desgano. La llamada generación histórica no llega a una docena de octogenarios en vías de jubilación y a los nuevos retoños se les nota más inclinación al empresariado que a las tribunas. Los nietos de aquellos populistas tienen hoy más talento para el mercadeo que para las consignas.

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Nota de la Redacción: Este texto es parte del libro colectivo El Estallido del Populismo, que se presenta este martes en la Casa de América, en Madrid. Los coautores son, entre otros, Álvaro Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, Mauricio Rojas, Roberto Ampuero y Cayetana Álvarez de Toledo.

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Yoani Sánchez

Si algo queda claro en la obra de Jesús Hernández-Güero es que no se trata de un artista complaciente. Su mirada transgresora resulta insolente y ajena a cualquier militancia política, credo religioso o conveniencia comercial. El creador levanta chispas por todas partes: en la Isla donde nació y en la Venezuela donde reside ahora.

En 2008, Hernández-Güero decidió que su tesis de graduación en el Instituto Superior de Arte (ISA) fuera un libro titulado La Tercera Pata, con textos de periodistas y escritores censurados. Reunió escritos del poeta Rafael Alcides, el exprisionero de la Primavera Negra Oscar Espinoza Chepe y el narrador Orlando Luis Pardo Lazo, entre otros.

Ese empeño lo llevó a tocar muchas puertas y no pocos lo vieron como un provocador. Quería mostrar la tradición periodística nacional que incluye a figuras como Félix Varela o José Martí y que se rompió cuando las publicaciones independientes “fueron cerradas y luego prohibidas” para solo quedar “en circulación las pertenecientes al Estado”.

A la dirección del ISA no le gustó ese carácter de inclusividad. Hernández-Güero recuerda que un mes antes de la discusión de su tesis el decano lo citó junto a su tutora, la crítica y curadora Mailyn Machado, para comunicarle que el proyecto no había sido aprobado. Solo le quedaban dos opciones: hacer la prueba estatal o presentar un compendio de su producción artística.Optó por la segunda posibilidad y de paso coló el proyecto del libro. El día de la presentación ocurrió un conveniente corte eléctrico en el ISA y su tesis “nunca tuvo una conclusión real” aunque terminó con el máximo de calificaciones.

Hernández-Güero, nacido en 1983, está consciente de que gran parte de su investigación y producción artística “tiene un sentido crítico y alto contenido socio-político, y eso pone incómoda a las instituciones oficiales o a los que las dirigen”.

El creador instaló su residencia en Venezuela aunque viaja con frecuencia a la Isla, donde recientemente participó en una muestra en el Cine Chaplin que, bajo el título Contaminación, acompañó al Festival de Jóvenes Realizadores.

Sin embargo, su estancia fuera de Cuba no lo ha librado de la censura porque busca “incomodar, inquietar al espectador, no solo ante el arte, sino ante la realidad que se habita y piensa”. Algo que sabe “muchas veces no es bienvenido institucionalmente”.

Hace tres años su obra Tener la culpa, con un asta de siete metros doblada y la bandera venezolana “izada” en el suelo, se expuso en Ciudad Banesco durante el Salón Jóvenes con FIA en Caracas. La pieza fue instalada antes de la inauguración y los organizadores taparon la insignia con una bolsa negra. El resultado semejaba un cadáver cubierto.

La pieza causó tanto revuelo en las redes sociales que finalmente retiraron la bandera y dejaron solo el asta doblada. “Desde ese momento la obra cambió”, aclara el artista y ahora al mostrarla incluye algunos de los tuits publicados durante el proceso y “la documentación de cómo desmontaron [la tela]”.

Todo el fenómeno mediático y de reprobación quedó integrado a la obra. Porque la censura, en palabras del artista, “es un boomerang que pretende golpear a quien se lo lanzan, pero mayormente termina golpeando al lanzador”.Con situaciones similares ha debido lidiar en varias ocasiones y cree que la censura es una compañera inseparable “cuando la obra tiene como materia de investigación los grandes tabúes sociales como la política, el poder, la religión, la sexualidad, la pornografía, entre otros”.

El trabajo de Hernández-Güero cuestiona constantemente al poder. No sólo al político, sino también “al poder simbólico de las imágenes y convenciones visuales que se sedimentan en el imaginario social como verdades indestructibles, inmóviles o intocables”, aclara.

En esas circunstancias siempre está expuesto a recibir reprimendas o amonestaciones que terminan por “completar la obra o le expande a otro plano”, muchas veces insospechados para el propio creador.La más reciente de sus obras lleva el nombre de Coincidencias históricas y mezcla en una misma imagen retratos de grandes personalidades que han asumido posturas y actitudes similares ante la cámara fotográfica, sin importar la época, el lugar o el contexto.

La mayoría son apariencias premeditadas, pero en otros casos se trata de un instante captado sin que mediara pose alguna. Su intención es “desmitificar a estas figuras” y cuestionar “la percepción que se tiene de ellas en el imaginario histórico y social”. La elaboración es simple: superponer un rostro sobre otro, lo que da paso a nuevas caras y a “otras expresiones posibles, pero irreconocibles, desconocidas por todos”.

Son obras con un gran contenido político y a finales del año pasado cinco de las piezas de esa serie fueron premiadas en el Salón Octubre Joven, en el Museo de Arte de Valencia (MUVA).

Hernández-Güero no prefiere un soporte por encima de otro. En cuanto a las nuevas tecnologías cree que conocerlas previamente da más posibilidades para “saber su potencial”. Porque mientras más arsenal tenga un artista con más posibilidades contará para “navegar dentro de la creación”.


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Yoani Sánchez

Después de décadas de intenso contacto, los rusos dejaron escasas huellas en Cuba. Algunos jóvenes con el nombre de Vladimir o Natacha y las matrioskas decorando unas pocas salas son los últimos vestigios de aquella relación. Sin embargo, en los últimos años los vínculos entre La Habana y Moscú han ganado fuerza. El Kremlin ha vuelto.

Rusia lleva tiempo desembarcando en América Latina de la mano de esos mismos Gobiernos que reclaman en los foros internacionales por un mayor respeto a la soberanía y a “la libre elección de los pueblos”. Sus líderes populistas, en parte para molestar a Estados Unidos, hacen alianzas con Vladimir Putin bajo la premisa de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Ese tipo de asociación permitió al Palacio de Miraflores, en Venezuela, pertrecharse con 5.000 sistemas de defensa aérea portátil (Manpads, por sus siglas en inglés), según un documento publicado recientemente por la agencia Reuters. El arsenal comenzó a acumularse en la época del fallecido presidente Hugo Chávez, pero resulta ahora más peligroso en medio de la inestabilidad política que hace tambalearse a Nicolás Maduro.

En Centroamérica, Nicaragua funciona como la puerta de entrada para la voraz superpotencia. Daniel Ortega cuenta con medio centenar de tanques de combate enviados por Moscú y su territorio sirve de emplazamiento para asesores militares rusos. El corrupto sistema en que ha derivado el sandinismo crea un escenario propicio para las ansias de expansión del exoficial del KGB.[[QUOTE:Rusia lleva tiempo desembarcando en América Latina de la mano de esos mismos Gobiernos que reclaman en los foros internacionales por un mayor respeto a la soberanía y a “la libre elección de los pueblos”]]Sin embargo, La Habana sigue siendo el principal aliado en este lado del mundo. La suspicacia que surgió entre ambos países, tras el desmembramiento de la Unión Soviética y la llegada al poder de Boris Yeltsin, se ha ido despejando. Con Putin al mando, algo de aquella URSS ha renacido y los vínculos diplomáticos vuelven a estrecharse.

En la barriada de Miramar, al oeste de la capital cubana, la embajada de Rusia parece haber ganado en importancia en el último lustro. Con la forma de una espada clavada en el pecho de la ciudad, la construcción es llamada jocosamente “la torre de control”, desde donde la severa madrastra escruta todo lo que ocurre en su antiguo y añorado dominio.

Rusia acaba de sacar del atolladero a Raúl Castro tras el recorte de los envíos petroleros desde Caracas. En los años del idilio con Chávez, Cuba recibió unos 100.000 barriles diarios de crudo venezolano, pero en los últimos meses esa cantidad se ha reducido en más de un 40%. El Gobierno se vio obligado a recortar la entrega de combustible a los vehículos del sector estatal y restringir la venta de gasolina premium o especial.

La petrolera rusa Rosneft ha llegado en auxilio de Castro y se comprometió a proveer a la Isla con 250.000 toneladas de petróleo y diésel, unos dos millones de barriles. La operación de salvamento deja un reguero de dudas sobre la forma en que la Plaza de la Revolución pagará a Moscú, en medio de la falta de liquidez y de la recesión que padece el país.[[QUOTE:Con Putin al mando, algo de aquella URSS ha renacido y los vínculos diplomáticos con Cuba vuelven a estrecharse]]Se le suman a las señales alarmantes el hecho de que en los últimos días el hijo del presidente cubano, el coronel Alejandro Castro Espín, se reunió con el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolái Pátrushev para abordar la cooperación entre ambas naciones en la esfera de la seguridad informática. En 2014, el delfín había firmado en Moscú un memorando de cooperación en el área de inteligencia.

El reencuentro entre los viejos aliados lo ha sellado un gesto simbólico. Rusia se está ocupando de la reparación de la cúpula del Capitolio de La Habana a la que cubrirá con piedra natural, nuevas planchas de bronce y láminas de pan de oro que relucirán bajo el sol tropical. Un desafiante mensaje dirigido directamente a Washington, la ciudad donde se erige el hermano -casi gemelo- del imponente edificio cubano. Mientras la avanzadilla rusa se despliega en varios puntos de América Latina, Donald Trump mira hacia otro lado. Envuelto en el escándalo de una posible interferencia de Putin en las elecciones que favoreció su llegada a la Casa Blanca, el magnate se muestra más interesado en el Medio Oriente o en levantar un muro fronterizo con México que en acercarse a esa región que discurre más allá del Río Bravo.[[QUOTE:Mientras la avanzadilla rusa se despliega en varios puntos de América Latina, Donald Trump mira hacia otro lado]]Su indiferencia se evidencia no solo en sus palabras. El mandatario estadounidense acaba de proponer sustanciales recortes presupuestarios a la asistencia proporcionada a todos los países del continente, una postura que contrasta con el terreno que gana el Kremlin en la esfera económica y militar, apuntalando regímenes autoritarios y decadentes. La Guerra Fría está renaciendo en tierras latinoamericanas.

Pero esta vez Moscú ha vuelto sin aquella máscara con la que envolvía sus ansias geopolíticas y que adornaba con frases al estilo del “apoyo a los proletarios del mundo” o “la desinteresada ayuda al desarrollo de las naciones más pobres”. Ahora muestra una diplomacia más descarnada y directa. No está dispuesta a subsidiar sino a comprar. No se esconde ya bajo el ropaje ideológico, sino que se exhibe con ese crudo pragmatismo que rezuma el capitalismo que terminan por hacer los comunistas.

Si una vez perdió posiciones y debió refugiarse -puertas adentro de su propio orgullo- para lamerse las heridas, ahora Rusia quiere apurar el paso y recuperar el terreno perdido en América Latina. Sabe que cuenta con aliados en la región dispuestos a saltarse todos los considerandos éticos y patrióticos para ayudarla a plantar cara a los Estados Unidos. Debe apurarse, porque muchos de esos compadres cada día se vuelven más impresentables.

Sus compinches de este lado necesitan a un Moscú que les provea de armamentos y les cuide las espaldas en los organismos internacionales. Lo ven como un fornido oso dispuesto a enseñarle los dientes a Washington todas las veces que haga falta. A cambio, le están dando posicionamiento en el terreno, información de inteligencia y la calculada fidelidad de quien espera mucho a cambio. Ellos sueñan con hacer a Rusia “grande otra vez”.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este sábado 27 de mayo en el diario español El País .

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Yoani Sánchez

Hace tres años este diario digital era solo un sueño, un proyecto sobre el papel y un deseo en la cabeza de varios colegas. Aquel 21 de mayo de 2014, ese espejismo cobró forma en la primera portada de un sitio que nos arrebató las madrugadas, nos hace vivir frecuentes momentos de tensión, pero también nos regala una sonrisa cuando publicamos una investigación propia o un reportaje bien logrado.

Cuando nos reunimos en torno a aquella idea inicial de hacer un periódico desde Cuba, tuvimos al menos dos pilares sobre los que levantar todo este edificio informativo: apostar por un periodismo de calidad y mantener nuestra independencia económica. Cumplir esos objetivos iniciales ha sido un reto difícil, pero nos llena de satisfacción y orgullo haberlo logrado en la mayoría de los casos.

Este diario ha privilegiado durante tres años la información sobre la opinión, ha hecho del reportaje su contenido insignia y ha apostado por historias bien escritas, cuidadas y ancladas a la realidad. Hemos logrado acercarnos a mundos contrapuestos: oposición y oficialismo; ecología e industria; emigración y emprendimiento local.

Hemos evitado los adjetivos para concentrarnos en los hechos y deslindar el periodismo del activismo. Nuestra brújula busca mantener la seriedad y el rigor en los textos más sencillos y los más complejos. En esta redacción se repiten algunas frases que revelan esa premisa: “es mejor llegar tarde que llegar mal”, “no trabajamos por los hits sino por la información”, “ser reportero no es una buena profesión para hacer amigos”, “un buen periodista siempre va a terminar molestando a alguien”… y otras muchas tantas.[[QUOTE:Hemos evitado los adjetivos para concentrarnos en los hechos y deslindar el periodismo del activismo. Nuestra brújula busca mantener la seriedad y el rigor en los textos más sencillos y los más complejos]]En este tiempo, hemos rechazado todas las ofertas para sostener económicamente este medio que provengan de fondos de Gobiernos extranjeros, partidos políticos, fundaciones vinculadas a grupos de poder y figuras con una marcada proyección ideológica. En lugar de eso hemos optado por “buscarnos la vida” a través del periodismo, algo tan angustioso y difícil en estos tiempos y que nos ha puesto constantemente al borde de la indigencia material. No obstante, esa tensión ha sido el mejor acicate para hacer un contenido de mayor calidad que podamos ofrecer a medios y agencias de otras partes del mundo.

Nuestro equipo editorial es la mejor familia que uno pueda imaginar. Como toda parentela, da sus dolores de cabeza: hay padres severos, tíos hipercríticos, abuelos gruñones, hermanos díscolos y primos acelerados a la hora de dar clic al botón de “publicar” una información. Pero en general es un equipo unido por la mejor amalgama posible: la búsqueda de la calidad periodística.

Nuestros principales obstáculos siguen siendo obtener información en un país donde las instituciones practican el secretismo, la prensa oficial edulcora la realidad y la mayoría de los ciudadanos tiene miedo a hablar con un diario independiente. No son dificultades insalvables pero demandan de nosotros, cada día, una ingente cantidad de energía y paciencia.

El bloqueo de nuestro sitio digital, la estigmatización de nuestro nombre y el acoso contra los reporteros también han incidido negativamente en el alcance de nuestro trabajo, pero no nos desanimamos. Nadie dijo que iba a ser fácil.

Lo más importante que vamos a tener hoy en mente, cuando soplemos las tres diminutas velas de nuestra torta digital, es que “hemos sobrevivido”. Contra todos los pronósticos de amigos y enemigos, estamos aquí, nos hemos hecho un espacio en el periodismo cubano y vamos a seguir trabajando por mejorar la calidad de este diario.

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Yoani Sánchez

Los cubanos no han visto las imágenes de esa señora que con su determinación detuvo un blindado policial en las calles de Caracas. La prensa oficial escamotea también las lágrimas de quienes han perdido a sus hijos por la represión de los uniformados y los colectivos. En lugar de eso, los medios controlados por el Partido Comunista de Cuba apelan al silencio y la distorsión para narrar lo que ocurre en Venezuela.

Este martes, la portada del diario Juventud Rebelde ha ido un paso más allá y compara a los manifestantes contra Nicolás Maduro con "aquellas hordas que dieron origen al fascismo que provocó la Segunda Guerra Mundial". El texto, salpicado con palabras como "derecha", "contrarrevolucionarios" y "arremetida", reinterpreta los sucesos en el país sudamericano y los ajusta a la agenda informativa de la Plaza de la Revolución.

Una manipulación periodística que se repite –una y otra vez– siempre que un aliado del Gobierno cubano enfrenta protestas populares o comete alguna pifia política. La historia reciente está plagada de ejemplos en que los periódicos nacionales han querido ajustar la realidad a su línea editorial para al final tragarse la amarga evidencia de que la vida va por otro cauce.

Las autoridades de la Isla rompieron lanzas por el primer ministro griego Alexis Tsipras y lo presentaron como un inflexible revolucionario que no aceptaría jamás "las imposiciones de la Unión Europea". Pero callaron cuando los helenos se lanzaron a las calles para protestar por las políticas de austeridad, empobrecimiento y privación implantadas por el propio partido izquierdista Syriza tras su claudicación frente a la troika.

[[QUOTE:Es el tiempo de "dorar la píldora" de lo que ocurre en ese país y llenar las planas de los diarios de noticias que se acomoden a los deseos de Miraflores y no a la verdad]]Unos años antes, Granma aseguró que el sindicato polaco Solidaridad había sido totalmente desmantelado y su líder principal Lech Walesa no era más que un recuerdo del pasado. Pocos meses después de aquella nota aparecida en la prensa oficial, los cubanos supieron que el ejecutivo de Wojciech Jaruzelki había aceptado sentarse a la mesa redonda de las conversaciones con sus opositores.

Durante la invasión de Estados Unidos a Granada en 1983, la distorsión informativa cobró tintes de inmenso embuste. Los medios nacionales dieron la noticia de la inmolación de soldados cubanos –envueltos en la bandera– cuando en realidad corrieron por sus vidas y se rindieron sin ninguna épica. Poco después regresaban al país aquellos que supuestamente habían perecido.

La lista de mentiras u omisiones se prolonga en el tiempo y alcanza al silencio que rodeó en la Isla la llegada del hombre a la luna y las falsedades alrededor de la caída del muro de Berlín, hasta llegar al incalificable olvido periodístico de no precisar la causa de la muerte del expresidente Fidel Castro.

Ahora le ha tocado el turno a Venezuela. Es el tiempo de "dorar la píldora" de lo que ocurre en ese país y llenar las planas de los diarios de noticias que se acomoden a los deseos de Miraflores y no a la verdad. La tinta de los elogios hacia Nicolás Maduro correrá, los manifestantes serán tildados de enemigos de la patria y las imágenes de la represión serán censuradas.

Sin embargo, nada detendrá a la realidad. En las calles venezolanas hay ciudadanos reclamando un cambio y ni siquiera los expertos en manipulación editorial pueden convertir sus gritos en aplausos.

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14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, Havana, 4 May 2017 – I was in the third grade and the teacher chose the most aggressive girl in my class to be the room monitor. She was given carte blanche to control the other children. Later, the abuser rose to a position in the Federation of Middle School Students and … Continue reading "When The Abuser Is The Government" Continue reading

Yoani Sánchez

En el palacio de los Capitanes Generales de La Habana hay un trono que espera por su rey. Fue preparado cuando Cuba era aún una colonia española y nunca se ha sentado un monarca en su imponente estructura. La visita de Felipe VI quizás ponga fin a tan prolongada espera, pero la Isla necesita más que gestos simbólicos y protocolares.

El rey y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, llegarán al país pocos meses antes de que Raúl Castro abandone el poder. La visita oficial, largamente preparada, tiene todas las trazas de una despedida. Será como el adiós de la Madre Patria a uno de sus descendientes de ultramar. Alguien que comenzó como un revolucionario de izquierdas y terminó siendo parte de una dinastía inmovilista.

Los visitantes llegarán también en medio del "enfriamiento del deshielo" entre Washington y La Habana. Las expectativas que provocó la normalización diplomática anunciada el 17 de diciembre de 2014 se han diluido con el paso de los meses ante la ausencia de resultados tangibles. Han pasado más de dos años y la Isla no es un país más libre ni logra salir del atolladero económico.[[QUOTE:Será como el adiós de la Madre Patria a uno de sus descendientes de ultramar. Alguien que comenzó como un revolucionario de izquierdas y terminó siendo parte de una dinastía inmovilista]]Las aerolíneas de Estados Unidos han comenzado a reducir la frecuencia de sus vuelos a Cuba, desanimadas por la baja demanda y las limitaciones de viajar como turistas que se mantienen para los estadounidenses. Castro no ha retirado el diez por ciento del gravamen que mantiene sobre el dólar y conectarse a Internet desde la Isla sigue siendo una carrera de obstáculos. Todo eso, y más, desestimula a los viajeros del país del Norte.

Las fotos de derrumbes y autos viejos llenan las cuentas de Instagram de los yumas (estadounidenses) que recorren las calles, pero de ruinosos parques temáticos se cansan hasta los más ingenuos. Cuba ha pasado de moda. Toda la atención que captó después del 17D ha dado paso al aburrimiento y la apatía, porque la vida no viene acompañada de una cómoda butaca para soportar esta larguísima película donde apenas ocurre algo.

El turismo alcanzó el pasado año un récord histórico de 4 millones de visitantes pero los hoteles deben hacer malabares para mantener estable el surtido de frutas, cervezas y hasta agua. Entre el desabastecimiento y la sequía no son raras las imágenes de clientes haciendo largas filas para tomarse una cerveza Cristal o cargando cubos de agua de una piscina para usarla en los baños.

Los inversionistas extranjeros tampoco parecen muy entusiasmados por colocar su dinero en la economía de un país que todavía tiene altos índices de centralismo y estatización. El puerto de Mariel, salpicado por los escándalos de la compañía brasileña Odebrecht y con una actividad muy por debajo de sus proyecciones iniciales, parece condenado a convertirse en la última obra faraónica e inútil del castrismo.

Sin embargo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca tampoco ha significado el advenimiento de la mano dura contra la Plaza de la Revolución como profetizaban algunos. Simplemente, el nuevo presidente estadounidense ha evitado mirar hacia la Isla y ahora mismo se muestra más concentrado en el lejano y peligroso Kim Jong-un que en el cercano y anodino Raúl Castro.[[QUOTE:El nuevo presidente estadounidense ha evitado mirar hacia la Isla y ahora mismo se muestra más concentrado en el lejano y peligroso Kim Jong-un que en el cercano y anodino Raúl Castro]]El Gobierno de La Habana perdió su más importante oportunidad al no aprovechar el empujón de Barack Obama que apenas pidió algo a cambio. En este tiempo ni siquiera se inició la redacción de la nueva Ley Electoral anunciada en febrero de 2015. ¿Fue acaso aquella noticia una maniobra para que la Unión Europea se decidiera finalmente a derogar la Posición Común? ¿Fake news que buscaba convencer a incautos y encender los titulares de la prensa extranjera con frases de apertura?

Para colmo se han elevado los grados de la represión contra opositores y hace pocos días una estudiante de periodismo fue expulsada de la universidad por pertenecer a un movimiento disidente. Un proceso al más puro estilo estalinista le cortó el camino para graduarse de esa profesión que el oficialismo hace décadas condenó a ser vocera de sus logros y muda ante sus descalabros.

Cuidado. La visita de Felipe y Letizia se inscribe en tiempos de fiascos. Fracasos entre los que se cuenta la recesión económica que atraviesa el país con un Producto Interno Bruto que cerró el pasado año en números negativos, a pesar del consabido maquillaje que el Gobierno le aplica a todas sus cifras. Chasco también de la aliada Venezuela que trata de sacudirse a Nicolás Maduro, cada vez menos presidente y más autócrata. La convulsión en el país sudamericano ha dejado a la Isla prácticamente sin gasolina premium y con severos recortes de combustible para el sector estatal.

No son momentos para mostrar con orgullo la casa a los visitantes, pero sí una magnífica ocasión para que las máximas autoridades españolas comprueben que un totalitarismo no se ablanda ni se democratiza, solo cambia de piel.

La Zarzuela deberá hilar muy fino para no convertir la visita del jefe de Estado en un espaldarazo a un sistema agonizante. Los reyes se verán rodeados de atenciones oficiales que buscan evitar, fundamentalmente, que se salgan del milimétrico decorado que les preparan desde hace meses. Como una vez se intentó durante la visita en 1999 de Juan Carlos de Borbón para participar en una Cumbre Iberoamericana.[[QUOTE:La Zarzuela deberá hilar muy fino para no convertir la visita del jefe de Estado en un espaldarazo a un sistema agonizante]]En aquella ocasión, y durante una caminata junto a la Reina Sofía por las calles de La Habana Vieja, el oficialismo cortó el paso de los vecinos, vació las aceras de curiosos y obró la magia de convertir uno de los municipios con más habitantes por metro cuadrado de toda Cuba en un despoblado escenario por donde caminaba la pareja real.

A sus sucesores, que viajarán a la Isla "lo antes posible", no les vendría mal estudiar las maneras en que Barack Obama logró sacudirse ese asfixiante abrazo en marzo de 2016. El mandatario salió airoso, incluso, del gesto de guerrillero vencedor -con puños levantados- al que quiso condenarlo Raúl Castro en una instantánea. En lugar de eso, el inquilino de la Casa Blanca relajó su mano y miró hacia otro lado. Una derrota para la épica visual de la Revolución.[[QUOTE:Rajoy tampoco la tiene fácil. La prensa oficial no le quiere y lo rodea desde siempre de críticas y noticias negativas sobre su Partido]]Rajoy tampoco la tiene fácil. La prensa oficial no le quiere y lo rodea desde siempre de críticas y noticias negativas sobre su Partido. No goza de simpatías entre los círculos del poder en La Habana a pesar de haber rebajado los grados de tensión que alcanzaron un pico durante el mandato de José María Aznar. Pero en la Isla viven más de 100.000 cubanos nacionalizados españoles, a los que también su Gobierno representa y que son, en fin de cuentas, sus más importantes interlocutores.

Felipe VI y Rajoy tienen a su favor que ya no estarán obligados por el protocolo a hacerse la foto reglamentaria con Fidel Castro en su retiro de convaleciente. El rey declinó en su padre la participación en el homenaje por el fallecimiento del expresidente en noviembre pasado en la Plaza de la Revolución. De esa forma el joven monarca logró que su nombre y el del Comandante en Jefe no se lean juntos en los libros de historia.

Sin embargo, todavía le queda por superar la prueba más difícil. Ese momento en que su visita puede pasar de ser un necesario acercamiento a un país muy familiar culturalmente para transformarse en una concesión de legitimidad a un régimen en decadencia.

Mientras en el Palacio de los Capitanes Generales un trono aguarda por su rey, en la Plaza de la Revolución una silla espera la partida de su dictador.


Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este sábado 22 de abril en el diario español  El País .

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Generation Y, Yoani Sanchez, 18 June 2008 — In this Central Havana of guapos* – tough guys – and brawls where I was born, I learned there are certain lines a woman should never cross.  I have spent my life breaking the laughable rules of machismo, but today – and only today – I am … Continue reading "Men’s Matters" Continue reading

Yoani Sánchez

Caminar por las calles junto a Eliécer Ávila puede ser una tarea complicada. Su rostro es muy conocido gracias a un video viral difundido hace casi una década. Sin embargo, antes de que la fama llegara a su vida, este joven nacido en Las Tunas era un hombre nuevo modélico: el más acabado producto del adoctrinamiento ideológico.

Como todo niño cubano, Ávila gritó consignas en el matutino, participó en incontables actividades de repulsa “contra el imperialismo” y soñó con parecerse a Ernesto Guevara. Pero, mientras en la escuela le enseñaban los logros sociales que el proceso revolucionario trajo a la población, en su casa la realidad se obstinaba en mostrarse diferente.[[QUOTE:Pobres, de una pobreza que aprieta la garganta, así son los pobladores del Yarey de Vázquez, el municipio de Puerto Padre donde nació el líder del Movimiento Somos+]]Pobres, de una pobreza que aprieta la garganta, así son los pobladores del Yarey de Vázquez, el municipio de Puerto Padre donde nació el líder del Movimiento Somos+. Un lugar perdido en la nada, donde muchas familias todavía hacen sus necesidades en letrinas y viven en casas con techos de yagua.

Rodeado de cerdos, gallinas y tedio, Ávila se percató de que la versión oficial que le enseñaban no encajaba con su vida. Nació en 1985, en mitad de esa “década dorada” en que la Unión Soviética apuntalaba a la Isla, y apenas sabía caminar cuando Fidel Castro mandó a cerrar los mercados libres campesinos en medio del Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas.

A Eliécer Ávila le tocó llegar a la pubertad en el Período Especial. Con la voracidad que aún conserva, se enfrentó muchos días de su adolescencia al plato medio lleno o casi vacío. Cosió a mano los zapatos con los que iba a la escuela, inventó todo tipo de “modelitos” con las viejas camisas de su abuelo y apagó la luz a la hora de mostrarse en ropa interior, para que no le vieran los remiendos.[[QUOTE:Rodeado de cerdos, gallinas y tedio, Ávila se percató de que la versión oficial que le enseñaban no encajaba con su vida. Nació en 1985, en mitad de esa “década dorada” en que la Unión Soviética apuntalaba a la Isla]]Con un liderazgo natural, en el que se mezcla cierto humor y una innegable capacidad histriónica para narrar anécdotas, el joven sorteó aquellos años sin subirse a una balsa para escapar del país ni terminar en la cárcel. Quienes lo conocían le auguraban un futuro de cuadro político, debido a esa “labia fina” que le ayudó en las reuniones estudiantiles y en las conquistas amorosas.

La suerte le sonrió poco después. Logró matricular en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) fundada en 2002, en plena Batalla de Ideas, y ubicada en el mismo lugar que una vez estuvo el Centro de Exploración y Escucha Radioelectrónica conocido como la Base Lourdes, donde Rusia tuvo hasta 2001 su mayor estación de espionaje fuera de sus fronteras. Una escuela para que jóvenes confiables se convirtieran en soldados informáticos de una Revolución que le teme a Internet.

Ávila lideró la Operación Verdad mientras estudiaba en la UCI. Su tarea consistía en monitorear los sitios digitales y los blogs críticos con el Gobierno. En aquellos espacios, el joven revolucionario afilaba su arsenal de la lucha política que incluía desde el hackeo hasta el fusilamiento de la reputación de quien llevara la contraria a la Plaza de la Revolución.

Poco a poco, como ácido que se cuela por las rendijas, aquellos argumentos que leía en la web comenzaron a calar en su mente y a mezclarse con su propia inconformidad. Inquieto, en 2008 levantó la mano para pedir la palabra durante una visita a la UCI del entonces presidente de la Asamblea Nacional, Ricardo Alarcón. Los minutos que siguieron a esa comparecencia pública marcaron el resto de su vida.

El video del encontronazo entre Ávila y Alarcón saltó al primer lugar del hit parade de las redes clandestinas de distribución de audiovisuales. Nadie quería perdérselo, en especial el momento en que el líder del Parlamento justificaba las restricciones de viaje de los cubanos con una posible congestión de los cielos si todos pudieran abordar un avión.[[QUOTE:Ávila lideró la Operación Verdad mientras estudiaba en la UCI. Su tarea consistía en monitorear los sitios digitales y los blogs críticos con el Gobierno]]Ahora, nueve años después, el joven activista prefiere que no lo llamen como “Eliécer, el que debatió con Alarcón”, pero el resto de su vida esa será su más importante carta de presentación frente a millones de cubanos. Su desafío del poder, con preguntas sencillas y voz firme, ha sido uno de los gestos de rebeldía más certeros y mejor documentados en casi seis décadas de castrismo.

Después de eso, recibió su castigo. Tras graduarse, las autoridades lo enviaron a un remoto Joven Club de computación a purgar su atrevimiento. Fue el momento decisivo en que decidió cruzar la línea roja hacia su independencia. Dejó el sector estatal, fundó el Movimiento Somos+ y se mudó para La Habana. Una osadía tras otra.

Los ataques le llovieron de todas partes. La Seguridad del Estado elevó los grados de presión sobre su entorno, los líderes tradicionales de la oposición le lanzaron dardos por advenedizo y no faltó quien asegurara que solo se trataba de un topo de la policía política disfrazado de disidente.

Desde entonces, Ávila ha tratado de dar forma a un discurso cívico que echa mano de las nuevas tecnologías y de un lenguaje menos politizado, más cercano a las preocupaciones de la calle. Pero, como todo disidente, está atenazado por la ilegalidad, la vigilancia y el halo de satanización que se impone a todo aquel que no aplaude al poder.[[QUOTE:La Seguridad del Estado elevó los grados de presión sobre su entorno, los líderes tradicionales de la oposición le lanzaron dardos por advenedizo y no faltó quien asegurara que solo se trataba de un topo de la policía política]]Los numerosos viajes al extranjero que ha realizado a partir de la Reforma Migratoria de 2013 le han permitido conocer el mundo, solo para descubrir que el más apasionante e indescifrable de los territorios que le aguardan se ubica en la Cuba futura. Ese país con el que tantos han soñado y que tanto se demora en llegar.

Recientemente fue un paso más allá y anunció que estaba preparado para representar como delegado a los electores de su circunscripción. Una posibilidad algo remota dado los aceitados mecanismos de control que mantiene el oficialismo sobre las asambleas donde, a mano alzada, los asistentes deben postular a los posibles candidatos.

Esta semana, el guajiro del Yarey de Vázquez ha cruzado otra línea. Una protesta pública que protagonizó en el Aeropuerto Internacional José Martí se ha saldado con el allanamiento de su casa, su detención y una acusación por “enriquecimiento ilícito”. El detonante fue el decomiso de su computadora portátil en la Aduana cuando regresaba de Colombia.

Ahora, es de esperar que el cerco alrededor del joven líder y de su Movimiento Somos+ se siga cerrando. Nada molesta más a un sistema que ha jugado con la alquimia social que el hecho de que una criatura de su laboratorio ideológico se revire. Eliécer Ávila será doblemente castigado porque el poder actúa con más saña contra los suyos cuando se rebelan.

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Yoani Sánchez

Resistente y espinoso, el marabú ha inundado los campos cubanos y amenazado con desplazar a la palma real del escudo nacional. El arbusto se ha convertido en una plaga que se extiende por todo el país, ocupa las áreas de cultivos y se cuela como tema en los discurso de los altos funcionarios. Pero el tenaz invasor no es exclusivo de las zona rurales y también ha llegado hasta ese símbolo del poder que es la Plaza de la Revolución de La Habana.

A un costado de la Biblioteca Nacional José Martí, entre las ruinas de un edificio que iba a ser utilizado como albergue de la Operación Milagro y nunca terminó de construirse, crece un espontáneo jardín con diminutas flores amarillas y poderosas vainas cargadas de semillas. El marabú levanta allí sus ramas desafiantes como quien señala hacia la enorme torre bautizada popularmente "la Raspadura".

Sin las maquinarias adecuadas, ni los defoliantes químicos que les ayuden a acabar con la plaga, en los campos de la Isla muchos campesinos usan viejos machetes y hachas inventadas para cortar sus troncos. Sin embargo, a ambos lados de las autopistas y en cualquier terreno baldío, el marabú sigue mostrando una excelente salud.

En 2007 y durante su discurso por el aniversario del ataque al Cuartel Moncada, Raúl Castro ironizó sobre el panorama que había encontrado en su viaje hacia la ciudad de Camagüey: "Lo que más bonito estaba, lo que más resaltaba a mis ojos, era lo lindo que estaba el marabú a lo largo de toda la carretera".

Ahora, el implacable enemigo se acerca al despacho presidencial en el Palacio de la Revolución. Sigiloso y constante, el marabú ha ganado la batalla.

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Yoani Sánchez

Todo fue para llegar hasta aquí: las largas arengas de Hugo Chávez, sus promesas populistas y las prebendas repartidas a los leales. Casi dos décadas de “socialismo del siglo XXI” han logrado que Venezuela abandone el cauce democrático. Esta semana, con la anulación y posterior “restauración” de las competencias de la Asamblea Nacional, la jaula se ha cerrado definitivamente.

Nicolás Maduro dio un paso osado y desesperado. La entidad todopoderosa en la que convirtió al Tribunal Supremo asestó el golpe que el presidente llevaba planeando desde que perdió el control del Parlamento en diciembre de 2015. Los jueces solo hicieron el trabajo sucio y, tres días después, cargaron con el ridículo de echar atrás su decisión.

Los reclamos dentro y fuera de Venezuela impidieron a la cúpula concretar el autogolpe. Una jugada con la que buscaba terminar de anular a su tenaz oposición, enrocarse ante la posible aplicación de la Carta Democrática de la Organización de los Estados Americanos, además de comprar tiempo para su maltrecho y corrupto Gobierno.[[QUOTE:Un país sacudido por los caprichos de una élite política tan obstinada por conservar los privilegios, como de no reconocer que ha perdido el respaldo de la ciudadanía]]Aunque poco después Maduro dio marcha atrás, decretos anteriores hacen que los parlamentarios siguen sin poder implementar sus decisiones legislativas y el país vive desde enero de 2016 bajo un estado de excepción, llamado eufemísticamente de emergencia económica. Los venezolanos pasan por un calvario de penurias, violencia y éxodo.

Cada semana Maduro se inventa alguna campaña o confrontación que le ayude, con el apoyo de la cúpula de su partido, a mantenerse en la silla presidencial y ejercer el control sobre el presupuesto y los pozos petroleros del país.

A los chavistas no les queda nada de ideología. El movimiento que calificaron de popular se ha vuelto adicto a los atributos del poder, incapaz de percibir la realidad de las calles. No es el pueblo venezolano lo que les interesa, sino esa vida de lujos que se han construido en sus palacios mientras proclaman a los cuatro vientos el discurso de ayudar a los pobres y a los más necesitados.

Sin embargo, más alarmante que su insaciable voracidad material es la fragilidad institucional en la que han dejado a la nación. Un país sacudido por los caprichos de una élite política tan obstinada por conservar los privilegios, como de no reconocer que ha perdido el respaldo de la ciudadanía.

Maduro tiene a Venezuela en un puño y no parece dispuesto a soltarla.


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14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, Havana, 22 March 2017 — A year ago Cuba had a once in a lifetime opportunity. US President Barack Obama came to the island willing to turn the page on political confrontation. The gesture transcended the diplomatic situation, but Raul Castro – fearful of losing control – responded by putting the brakes … Continue reading "Raul Castro Squandered His Last Chance / 14ymedio, Yoani Sanchez" Continue reading

Yoani Sánchez

Las estadísticas engañan. Solo reflejan valores mensurables, realidades tangibles. Los organismos internacionales nos atiborran de números que miden el desarrollo, la esperanza de vida o el alcance de la educación, pero rara vez aciertan en graduar la insatisfacción, el miedo y el desaliento. Con frecuencia en sus informes se describe a una América Latina y a sus habitantes encerrados en la inopia de los dígitos.

Este año la región tendrá un tenue crecimiento del 1,3%, según ha pronosticado la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Un dato que apenas logra transmitir la envergadura de las vidas que dejará arruinadas el renqueante andar de la zona. Los proyectos inconclusos y un largo rosario de dramas sociales se acentuarán en muchos de estos países en los próximos meses. El caldo de cultivo donde brotan los populismos.

Sin embargo, el drama mayor sigue siendo la falta de horizontes que experimentan millones de habitantes de este lado del planeta.

Un haitiano que cruza la selva del Darién para llegar a los Estados Unidos no lo hace solo impulsado por las míseras condiciones que vive en su país, los destrozos dejados por los fenómenos naturales o las repetidas epidemias que se cobran miles de vidas. El más poderoso motor que lo mueve es la desesperanza, la convicción de que en su tierra no tendrá nuevas oportunidades.[[QUOTE:Un haitiano que cruza la selva del Darién para llegar a los Estados Unidos no lo hace solo impulsado por las míseras condiciones que vive en su país]]No atisbar el fin de la violencia empuja a otros tantos centroamericanos a escapar de sus países. En varias de estas naciones las pandillas se han vuelto un mal entronizado, la corrupción ha corroído el andamiaje interior de las instituciones y los políticos van de un escándalo en otro. El desaliento promueve entonces una respuesta muy diferente a la que genera la indignación. El primero suscita escapar, la segunda rebelarse.

Mientras tanto, en esta Isla del Caribe millones de seres humanos rumian su propia desilusión. Por décadas los cubanos huyeron movidos por la persecución política, los problemas económicos y el hastío. Hasta el pasado 12 de enero esa sensación de asfixia generalizada tenía una salida, se llamaba política de pies secos/ pies mojados y el presidente Barack Obama la eliminó pocos días antes de concluir su segundo mandato.

Los más acérrimos críticos de aquel privilegio migratorio aseguran que incentivó las deserciones y las salidas ilegales. Hay quienes critican también su injusto carácter al beneficiar con prerrogativas a quienes no escapaban de un conflicto bélico, un genocidio o un cataclismo natural. Olvidan entre sus argumentos que el desaliento también merece ser tenido en cuenta y computado en cualquier fórmula que intente descifrar la fuga masiva que afecta a una nación.

Un error similar cometen los organismos como la FAO, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados o la Cepal que se especializan en medir parámetros al estilo de la cantidad de calorías ingeridas cada día, el efecto del cambio climático en los desplazamientos humanos o las décimas que decreció el Producto Interno Bruto de una nación. Sus reportes y declaraciones jamás sopesan la energía que se acumula bajo la frustración, el peso que tiene la decepción o la impotencia en toda migración.[[QUOTE:Hasta el pasado 12 de enero esa sensación de asfixia generalizada tenía una salida, se llamaba política de pies secos/ pies mojados ]]Cuando más de tres generaciones de individuos han vivido bajo un sistema político y económico que no evoluciona ni progresa, se extiende entre ellos la convicción de que esa situación es eterna e inmutable. Llegan a perder el horizonte y en sus mentes echa raíces la idea de que nada puede hacerse para cambiar el statu quo. A ese punto han ido arribando muchos de los nacidos en Cuba después de enero de 1959 y que crecieron con la convicción de que todo había sido hecho por otros que los antecedieron.

Eso explica que un joven que poco antes dormía bajo un techo en La Habana, tenía acceso a una cantidad limitada pero segura de alimentos a través del mercado racionado y pasaba sus largas horas libres en el banco de un parque, se lance al mar en una balsa a merced de los vientos y de los tiburones. La falta de perspectivas está detrás también de una buena parte de los casos de migrantes isleños que han terminado en los último años en manos de traficantes de personas en Colombia, Panamá o México.

Washington no solo ha cortado una vía de escape, sino que la decisión de la Casa Blanca ha terminado por subir los grados de ese abatimiento que trae la crónica ausencia de sueños que caracteriza al país. La Ley de Ajuste Cubano, implementada desde 1966, se mantiene para quienes logren probar que son perseguidos políticos, pero la sensación más extendida entre los potenciales migrantes es la de haber perdido una última posibilidad de alcanzar un futuro.

Sin embargo, ese menoscabo de la ilusión tiene pocas posibilidades de transmutarse en rebelión. La teoría de la olla de presión social a la que Obama ha cerrado la válvula de escape para que el fuego de las estrecheces internas y la represión la hagan estallar suena bien como metáfora pero no incluye algunos importantes ingredientes. Entre ellos la resignación que desarrollan los individuos sometidos a realidades que se presentan como inmutables.[[QUOTE:Quienes crean que el cierre de una puerta migratoria actuará como el chasquido de los dedos que despierta a una sociedad hipnotizada a la conciencia cívica se equivocan]]La creencia de que nada puede hacerse y nada cambiará se mantiene por estos lares como el principal estímulo para levar anclas y partir hacia cualquier rincón del planeta. La olla no estallará con un mar de gente en las calles derrocando al Gobierno de Raúl Castro y entonando himnos en ese soñado “día D” que tantos se cansaron de esperar.

Quienes crean que el cierre de una puerta migratoria actuará como el chasquido de los dedos que despierta a una sociedad hipnotizada a la conciencia cívica se equivocan. La cancelación de esa política de beneficios en territorio estadounidense no alcanza para crear ciudadanos.

Una nueva barrera burocrática es poca cosa ante quienes consideran que han tocado su techo de vuelo y que en su patria no les queda ya nada por hacer. Esa callada convicción nunca aparecerá en las tablas, los gráficos de barras ni los esquemas con que los especialistas explican las causas de los éxodos y los desplazamientos, pero desconocerla les hace no comprender tan prolongada escapada.

Lejos de los informes y de las estadísticas que todo lo quieren explicar, la desesperanza llevará a los migrantes cubanos hacia otros lugares, reorientará su ruta hacia nuevos destinos. En lejanas latitudes florecerán comunidades que degustarán su consabido plato de arroz con frijoles y seguirán diciendo la palabra “chico” ante muchas de sus frases. Son esos que soltarán una lagrimita cuando vean en el mapa ese trozo de tierra largo y estrecho donde un día tuvieron sus raíces pero sobre el que nunca pudieron dar frutos.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este domingo 12 de febrero en el diario El País.


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Yoani Sanchez, El Pais, 12 February 2017 — Statistics are deceiving. They only reflect measurable values, tangible realities. International agencies cram us with numbers that measure development, life expectancy or educational attainment, but seldom succeed in grading dissatisfaction, fear, and discouragement. Frequently in their reports they describe a Latin America and its inhabitants encased in a fog of … Continue reading "Measuring Hopelessness / Yoani Sanchez" Continue reading

Yoani Sánchez

Salieron de Cuba antes del 12 de enero y ahora están varados en la isla de Trinidad y Tobago, al noreste de Venezuela. Llegaron con la ventaja de no necesitar un visado, pero han perdido la esperanza de alcanzar las fronteras de Estados Unidos tras la cancelación de la política de pies secos/ pies mojados.

Cifras no oficiales estiman que más de un millar de cubanos ha llegado a Trinidad y Tobago a la espera de poder salir hacia Estados Unidos. Algunos recibieron en este tiempo el estatus de refugiado que confiere la Oficina para el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), pero tienen dificultades para obtener el permiso de trabajo.

[[QUOTE:Recientemente 15 cubanos detenidos en Trinidad y Tobago por estar indocumentados, entre ellos 12 hombres y 3 mujeres, declararon que preferían la muerte antes que volver a su país]]Zenaida, nombre ficticio, tiene todavía un hijo en Cuba y teme dar su identidad real para acompañar la historia que ha vivido en los últimos meses, pero el deseo de contar lo ocurrido a veces tiene algo de temerario.

"La voz de que están brindando asilo se ha corrido y, si las autoridades de inmigración no viraran para atrás a un número considerable, seríamos muchos más". Los que son atrapados cuando su visado ha vencido son enviados a la cárcel.

Recientemente 15 cubanos detenidos en Trinidad y Tobago por estar indocumentados, entre ellos 12 hombres y 3 mujeres, declararon que preferían la muerte antes que volver a su país. Están atrapados en una isla y tratando de evitar que los regresen a otra.

Zenaida tenía un cargo en la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), pero se desengañó de la ideología oficial. "A pesar de vivir el éxodo masivo de los años 90 nunca valoré la posibilidad de abandonar el país porque soy muy apegada a la familia e hija única", reconoce.

Sus inconformidades comenzaron desde que era militante de la Unión de Jóvenes Comunista. "Me di cuenta que Robertico Robaina, nuestro líder por ese entonces, obedecía al principio de 'haz lo que yo digo y no lo que yo hago'". Zenaida trabajaba en una granja avícola y un día descubrió "un gran desfalco de aves donde se falsificaban las facturas". Al confrontar a las personas involucradas supo que entre los malversadores estaba hasta la directora general de la empresa. La frustración la embargó.

Decidió cursar la escuela de cuadro político para dejar atrás la granja avícola. "No podía imaginar que salía de un infierno para entrar en otro". Después de ser testigo del oportunismo y la doble moral de muchos de sus colegas, la poca fe que le quedaba en el sistema se resquebrajó por completo.

"Solicité la liberación de mi cargo después de haber presenciado un atropello a que fue sometido el opositor Jorge Luís García Pérez Antúnez y su familia", cuenta a 14ymedio. "Ese fue el detonante para decidirme a no seguir en aquel lugar".

"Comencé a trabajar a escondidas en la paladar de mi tía. Allí me propusieron 100 CUC y pagarme el importe de mi pasaporte si viajaba por siete días a Trinidad para importar ropa", cuenta.

Pero la suerte de la mula se torció cuando en el aeropuerto de La Habana saludó y conversó con la autora de este texto. Una de las mujeres que viajaba junto a ella regresó antes a Cuba y comentó a los vecinos que Zenaida era "de los derechos humanos". "Pueblo chiquito infierno grande, la noticia corrió como pólvora y hasta mi esposo fue citado por la Seguridad del Estado".

"Mi madre y mi niño también fueron cuestionados por mi comportamiento", detalla. "Era consciente de las consecuencias que tendría que enfrentar si retornaba a Cuba".

[[QUOTE:"Aquí hay familias varadas a la espera de un país de acogida hace más de dos años. Creo que el mundo no es consciente del drama que viven los cubanos"]]Tramitó el asilo político y ahora su situación legal es compleja. "Inmigración me retiró el pasaporte y me dieron una carta que llaman orden de supervisión que me permite el libre tránsito por el país pero que no me permite trabajar". Zenaida tiene que laborar a escondidas para sobrevivir. "Lo hago bajo mi responsabilidad y haciendo los trabajos más duros de limpieza que los nativos rechazan".

Por el momento recibe algo de ayuda de una organización católica, Living Water Community, que consiste en una factura de alimentos que incluye arroz, azúcar, granos, harina, papel higiénico, jabón y alguna ropa donada por otras personas.

Después de algún tiempo tendrá su primera entrevista con los representantes de la ONU y solo así podrá obtener la condición de refugiada. "Aquí hay familias varadas a la espera de un país de acogida hace más de dos años. Creo que el mundo no es consciente del drama que viven los cubanos", sentencia Zenaida.

Aunque Zenaida es optimista desde que se reunió con su esposo y celebra no estar sola, sus sentimientos son contradictorios respecto a la emigración "No sé si vivimos en un limbo pero solo ahora sé que huyendo no se resuelve nada. Dejamos nuestras costumbres, nuestros familiares y nuestras raíces para chocar con la cruda realidad del imigrante. Solo seremos libres cuando no crucemos selvas y mares en busca de una respuesta que solo dentro la tenemos". Y concluye con pesar: "¡Que lastima que solo ahora me di cuenta de todo esto!".

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Yoani Sánchez

Cuando llegó a su casa besó a su madre y tomó una ducha larga e intensa, como la que soñó durante los seis días en que permaneció detenida. Karina Gálvez dejó correr el agua para que se llevara su cansancio y la desesperanza que le causó el encierro. A las afueras de su casa, los vecinos la recibieron con abrazos este martes, después de ser liberada bajo fianza y enfrentarse a cargos por presunta evasión fiscal, vinculados a la compra de una vivienda.

Durante sus primeras horas fuera del calabozo, Gálvez supo que la Cuba que había dejado una semana antes había cambiado. Se enteró, solo entonces, del fin de la política de pies secos/ pies mojados y supo que la solidaridad internacional alrededor de su persona había sido mucho mayor de lo que hubiera podido imaginar. Rodeada de sus amigos y tratando de recuperar cada minuto perdido, la economista respondió algunas preguntas para 14ymedio vía telefónica.

Pregunta. ¿Cuál es su actual situación legal? ¿Hay fecha para una vista oral?

Respuesta. No me han dicho ninguna fecha para el juicio. Lo único que tengo es el documento conocido como "auto" que describe el caso, por lo que puedo nombrar abogado.

P. ¿Cuáles fueron los principales soportes emocionales que tuviste en tus días de encierro?

R. Confieso que tuve momentos en que me sentí quebrada emocionalmente. Nunca antes había dormido en un calabozo. La angustia de estar sin saber nada de lo que ocurría afuera, de estar incomunicada, fue bastante fuerte.

En un momento le pedí a Dios que me diera una señal de que estaba allí conmigo y unos minutos después la mayor Odalys entró y me trajo una biblia que me había llevado mi hermana. Me impactó mucho ese momento.[[QUOTE:Ha sido una de las experiencias más difíciles por las que he pasado, aunque me sentía segura de la solidaridad]]Ha sido una de las experiencias más difíciles por las que he pasado, aunque me sentía segura de la solidaridad Sabía que mucha gente estaba pendiente de mí y que mi familia no estaba sola

P. ¿Y al salir confirmó esa impresión?

R. Me quedé un poco corta en los cálculos... anoche al salir me enteré que la solidaridad había sido inmensa. El apoyo ha ido más allá de los amigos. Tengo que agradecer a todos los que me apoyaron y decirles que toda esa energía de saberme acompañada me ayudó mucho allá adentro.

P. ¿Cómo eran las condiciones del lugar donde estuvo detenida?

R. No puedo quejarme del trato, porque fue -dentro de la injusticia de que yo estuviera allí- respetuoso y sin ofensas. Pero las condiciones materiales eran difíciles. En especial los baños, el agua y la comida, que son difíciles en cualquier parte de Cuba. Por otro lado, en situación de angustia me resultaba complicado comer. Aunque estaba dispuesta a no enfermarme y preservar mi salud.

P. El arresto ha ocurrido a pocos días de que se realice la segunda parte de un encuentro del Centro de Estudios Convivencia, esta vez en Miami. ¿Podrá participar?

R. No, porque tengo una causa pendiente y no puedo salir del país.

P. ¿No ha podido acceder a la casa donde fue detenida?

R. La casa sigue "ocupada", con un sello puesto en al puerta y casi todas las cosas que están en su interior también están ocupadas.

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Yoani Sánchez

¿Cómo explicar a nuestros nietos el absurdo económico de la Cuba actual? ¿Qué malabares pedagógicos se necesitarán para detallar el mercado negro, la libreta de racionamiento, las tiendas recaudadoras de divisas y los precios topados? ¿Nos creerán cuando describamos al devaluado peso cubano y a su émulo, el chavito? La película La singular historia de Juan sin nada, del director Ricardo Figueredo, podría ayudar en ese empeño didáctico.

El documental cuenta la vida –la sobrevida– de Juan un trabajador que tiene como única entrada financiera un salario mensual de 250 CUP, equivalente a unos 10 CUC. Un hipotético "cubano de a pie" que no recibe remesas del extranjero, no desvía recursos del Estado ni revende productos para sobrevivir. Un ciudadano con una vida gris, que no puede permitirse siquiera comprar una camisa nueva, invitar a la novia a una cafetería o lustrar sus zapatos.

En poco más de 50 minutos, el guión detalla los gastos que debe afrontar este personaje de ficción, inspirado en el propio hermano de Figueredo, para alimentarse y pagar los servicios básicos como el suministro de agua, electricidad o gas. La historia se apoya también en testimonios reales que van delineando una economía distorsionada, plagada de contradicciones y donde la honestidad resulta un obstáculo en la lucha por subsistir.

En la voz del actor Luis Alberto García, que se desempeña como narrador, La singular historia de Juan sin nada detalla los productos que aún se distribuyen por la libreta de abastecimiento y sus correspondientes precios, un paneo por esa pobreza subvencionada que entroniza el mercado racionado y que , como dice el economista Juan Triana, también "transmite injusticia".

La selección de imágenes de archivo ayuda a comprender cómo se fue montando la trampa de miseria en que hoy están encerrados millones de cubanos. Es una explicación salpicada de sarcasmo y de ciertos detalles históricos que el oficialismo ha querido sepultar, como las promesas de que el desabastecimiento nunca llegaría a nuestros mercados o que los turrones no se ausentarían de nuestras Navidades.

[[QUOTE:La vida de Juan está siendo vista de la misma manera en que discurre: al margen de los focos institucionales y lejos de los privilegios oficiales]]Es probable que esa mezcla de humor y buena memoria hayan contribuido a que la película no fuera seleccionada para participar en la última edición del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano el pasado diciembre. No obstante, el filme ya está circulando en las redes alternativas de audiovisuales, lo que le supone una mayor audiencia que en las sesiones de la cita que cinematográfica de cada diciembre. Así que la vida de Juan está siendo vista de la misma manera en que discurre: al margen de los focos institucionales y lejos de los privilegios oficiales.

Entre los espectadores, el título de la cinta despierta el recuerdo del poema de Nicolás Guillén en el que se asegura que, tras enero de 1959, los cubanos nos convertimos en "Juan con todo", una aseveración que rueda por los suelos cuando el protagonista emplea la quinta parte de su salario en comprar un jabón y un desodorante en las tiendas propiedad del Estado, a precios con "impuestos de más del 200%", puntualiza el documental.

El mercado agrícola y las redes ilegales de comercio completan las opciones a las que el empobrecido hombre debe recurrir para poder alimentarse, mientras las matemáticas apuntan a que no va a lograrlo, a que nadie puede tener una vida decente con un salario ganado decentemente. La tensión crece y la desazón se va apoderando del público en la medida que el dinero se escurre de las manos de Juan y su plato de comida se va quedando vacío.

Las entrevistas con trabajadores por cuenta propia, jubilados, empleados estatales y analistas hacen que la cinta de Figueredo pueda trascender la mera explicación didáctica para alcanzar un alto valor testimonial, un retrato endurecido de una Cuba con la que nadie está conforme, ni siquiera las voces más cercanas al discurso oficial que se escuchan en la película.

Sin embargo, el mayor logro del documental solo se podrá apreciar más adelante, cuando las incrédulas generaciones del futuro crean que exageramos al contarles lo que hemos vivido. La singular historia de Juan sin nada será como esos fósiles que al ser desenterrados muestran la fiera anatomía de un animal extinto, el sombrío esqueleto de una economía en ruinas.

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Yoani Sánchez

El vehículo está a punto de desarmarse en cada bache de las deterioradas calles habaneras. Los pasajeros del taxi colectivo vibran con el traqueteo de la estructura y un reguetón que suena en el reproductor. Es la banda musical de este principio de siglo, un género de letras crudas y sexualidad explícita que acompaña cada minuto de la realidad.

Con una paternidad compartida entre Puerto Rico y Panamá, este sonido urbano marca el nacimiento del milenio. Le ha agregado a los tiempos que vivimos un toque descarnado y cierto ritmo de lascivia. En las letras de sus canciones se venera la aparatosidad como virtud. Ensalzan un mundo donde el tamaño del reloj y el grueso de la cadena de oro cada vez importan más.

El reguetónn ha vencido a la canción protesta que tantas ilusiones sociales, la mayoría fracasadas, levantó en América Latina. Su cruda materialidad ha desplazado también a esos antológicos boleros que hacían llorar en la barra del bar y a los villancicos que aguardan cada fin de año. Los cantantes de esta música feroz no quieren ser vistos como héroes ni como enamorados de corazón roto. Más bien desean transmitir una imagen de cínica supervivencia, de calculada liviandad.

[[QUOTE:El reguetón ha vencido a la canción protesta que tantas ilusiones sociales, la mayoría fracasadas, levantó en América Latina]]De ahí la polvareda que levantó en algunos la impúdica letra de Cuatro Babys, la canción del intérprete colombiano Maluma en las que fanfarronea por disponer a su antojo de cuatro mujeres. La repulsa que ha recibido el tema se disuelve en los 200 millones de reproducciones que exhibe el videoclip en YouTube. Son tiempos de hits... no de indignación.

Las aseveraciones de Maluma no escandalizan a los seguidores del ritmo, más bien lo ven como el cronista de una realidad tangible y conocida. No es el reguetón, es la vida la que no ha cuajado como debería. El colombiano solo es el altavoz de un mensaje tan preocupante pero cotidiano que no despeina ni una sola ceja por estos lares. Los sonrojos no cambian el entorno.

El reguetón se ha convertido en una manera de mirar la vida, en una cosmogonía sin delicadezas ni medias tintas. No importa si se sigue o no, si gusta o no, no hay manera de taparse los oídos y obviarlo. Está aquí, por todos lados. Nuestros hijos tararean sus estribillos. "Tengo money", repetía una niña de siete años en un aula cubana; y sus colegas completaban la frase de una popular canción de reguetón. Minutos antes, habían gritado en el matutino escolar la consigna "Pioneros por el comunismo, seremos como el Che".

Hablar y comprender los códigos del reguetón resulta indispensable para comunicar con la generación más joven, pero también con muchos de sus padres. Minimizarlo y censurarlo solo lo potencia, porque se ha vuelto el compás que expresa la rebeldía. Ha durado más que cualquier otro género aupado por las casas discográficas o las políticas culturales.

A finales del siglo pasado muy pocos hubieran vaticinado que este ritmo urbano dominaría por varios lustros la música que se difunde en las discotecas, las fiestas privadas y los reproductores a los que nos aferramos a través de un par de audífonos. Sin embargo, se quedó, nos atrapó en su desmedida impudicia. Quizás solo interpretó lo que latía más abajo, lejos de las luces de las ceremonias, los trajes para la ocasión y el oportunismo.

[[QUOTE:Hablar y comprender los códigos del reguetón resulta indispensable para comunicar con la generación más joven, pero también con muchos de sus padres. Minimizarlo y censurarlo solo lo potencia]]¿Quién lo hubiera dicho? De las canciones de Víctor Jara a las pegajosas frases de Don Omar, del utópico Silvio Rodríguez a los descarnados músicos cubanos Yomil y El Dany. El unicornio azul pasta ahora en una pradera de minúsculos bikinis y billetes de cien. Aquellos que tarareaban que venían a "entregar su corazón" han decidido canjearlo por una piscina en la que retozan mil y una ninfas que ni siquiera hablan.

Negarse al reguetón, ese ritmo incubado en el "Nuevo Mundo", viene a ser como rechazar la patata domesticada en el altiplano. Tarde o temprano terminarán comiéndola, tarde o temprano terminarán bailándolo. Hasta en las fiestas de más glamour, los vestidos se suben, el maquillaje se descorre y los pijos, los pinchos, los "niños bien" terminan bailando al estilo perreo, sudando en un espasmo de lujuria y olvido.

Peleados muchas veces con el diccionario, la academia y tanto sabio de café con leche, los reguetoneros son ídolos de adolescentes y dictan moda, costumbres y maneras de decir. No viajan en submarinos amarillos, sino en autos de lujo, rodeados de alcohol y besos. Estos no son años de sicodelia sino de aterrizar, cuanto más abajo se caiga y más profunda sea la zambullida en los abismos de los excesos más discos venderán.

El reguetón es también una lengua franca, un lenguaje común como una vez lo intentó el esperanto y lo logró el código html. Todos sus seguidores descienden o ascienden al mismo nivel cuando lo baila. Las caderas que se tocan bajo su influjo no entienden de ideologías, clases sociales, explotación del hombre por el hombre ni plusvalías. Es el idioma universal de la gozadera, la jerga aprendida antes de nacer y con la que transmitimos el desparpajo.

[[QUOTE:El reguetón ha resultado ser el inesperado antídoto contra el malestar de la cultura diagnosticado por Sigmund Freud. Representa, como pocos fenómenos, el fin de la inocencia]]No por gusto, Barack Obama durante su histórico discurso en La Habana hizo alusión al contagioso ritmo cuando aseguró: "En Miami o en La Habana, se pueden encontrar sitios para bailar el chachachá o la salsa y comer ropa vieja. La gente en ambos países ha cantado junto a Celia Cruz o Gloria Estefan, y ahora escuchan reguetón o a Pitbull".

Batalla lírica, en la que escala la enemistad de escenario y el enfrentamiento por los micrófonos, los reguetoneros luchan por la audiencia y lo hacen como en un reality show. Las letras crudas y los sonidos de metralleta en sus producciones refuerzan la sensación de combate. Una contienda donde todo se logra con el sudor de la pelvis.

El reguetón ha resultado ser el inesperado antídoto contra el malestar de la cultura diagnosticado por Sigmund Freud. Representa, como pocos fenómenos, el fin de la inocencia. ¿Acaso quedaba alguna? Un tirón animal que nos devuelve a ese estado del que tal vez nunca hemos salido, un momento en que somos solo carne y vísceras.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este martes 27 de diciembre en el diario El País.

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Yoani Sánchez

Tímidamente, sin mucho ruido ni aspaviento, los habaneros se van sacudiendo el duelo nacional que desde el pasado sábado se ha decretado para toda Cuba con la muerte de Fidel Castro. A pesar de que las actividades culturales siguen canceladas, los teatros cerrados y los bares sin alcohol, los primeros adornos de Navidad comienzan a verse en algunas casas.

Los propietarios de estas viviendas ataviadas con luces y guirnaldas se arriesgan a ser reprendidos por los vecinos más cercanos al oficialismo o por la policía.

En una ciudad donde las autoridades han reprendido con severidad a quienes ponen música alta en sus casas o planifican alguna festividad, instalar algún objeto de decoración navideño resulta un verdadero desafío, un gesto de irreverencia más osado y contundente que una consigna opositora gritada frente a la Plaza de la Revolución.

Miles de familias en toda la capital cubana aguardan el fin de este periodo de recogimiento impuesto desde el poder para colocar bien visibles sus árboles con estrella y nieve fabricada a base de algodón. Son los símbolos de los nuevos tiempos, de las fiestas que inevitablemente llegarán tras el magno funeral.

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Yoani Sánchez

Pocos miraban la televisión oficial a esa hora. La noticia de la muerte de Fidel Castro comenzó a correr en la noche de este viernes vía telefónica, como una información imprecisa y vaga. "¿Otra vez?", preguntó mi madre cuando se lo conté. Nacida en 1957, esta habanera de casi seis décadas no recuerda la vida antes de que el Comandante en Jefe tomara el poder en Cuba.

Tres generaciones de cubanos hemos puesto este viernes punto final a una época. Cada uno la definirá a su manera. Habrá quienes aleguen que con la partida del líder se ha ido también un trozo de nación y que ahora la Isla parece incompleta. Serán aquellos que darán forma al credo del fidelismo que llenará, en reemplazo del importado marxismo-leninismo, los manuales, las consignas y los encendidos compromisos de continuidad.

Los propagandistas del mito colocarán su nombre de cinco letras en el panteón de la Historia nacional. Le dedicarán un rezo revolucionario cada vez que la realidad parezca negar "las enseñanzas" que dejó en sus horas de interminables discursos. Para sus seguidores, todo lo malo que ocurra a partir de ahora será porque él ya no está.

En Miami, el exilio que tanto vilipendió en sus arengas celebra que el dictador haya emprendido su último viaje. En la Isla, dentro de la privacidad de muchas casas, algunos descorchan una botella de ron. "La tengo guardada hace tanto tiempo que pensé que nunca iba a poder tomármela", me dijo un vecino madrugador. Son aquellos que han amanecido este sábado con un peso de menos sobre los hombros, una sensación de ligereza a la que todavía no se acostumbran.

[[QUOTE:Estas también son jornadas para recordar a los que no han llegado hasta aquí]]Estas también son jornadas para recordar a los que no han llegado hasta aquí. A los que murieron durante el castrismo, naufragaron en el mar, fueron víctimas de la censura que el Máximo Líder impulsó o perdieron la cordura a consecuencia de los delirios que promovió. Un inmenso coro de víctimas se expresa hoy en el suspiro de los sobrevivientes, la euforia en las calles de Florida o un simple "amén".

Los más, sin embargo, tras enterarse de los detalles del magno funeral, bajan el volumen al televisor y expresan su hastío con un simple movimiento de hombros. Esta indiferencia contrasta con los mensajes de condolencia de los líderes internacionales, tanto los afines ideológicos como los demás. Sobre el muro del Malecón de La Habana, un par de horas después de que Raúl Castro notificara la muerte de su hermano, algunos grupos seguían comportándose como en cualquier otra madrugada: el sudor, la sensualidad, el tedio y la nada los rodeaban.

Los cubanos que tenían menos de 15 años en julio de 2006, cuando se anunció la enfermedad del entonces presidente, apenas recuerdan el timbre de su voz. Solo conocen las fotos en las que aparecía últimamente cuando lo visitaba algún invitado extranjero o a través de sus cada vez más disparatadas reflexiones. Es la generación que nunca vibró con su oratoria y jamás lo secundó en el temible grito de "¡Paredón!" con el que hizo bramar la Plaza de la Revolución.

Esos jóvenes ya se han encargado de reducir su dimensión histórica, en proporción inversa con la desmesura que exhibió para gobernar esta nación. No dejarán de escuchar una sola letra de sus canciones preferidas de reggaetón para entonar la consigna de "Viva Fidel". No darán a luz a una ola de recién nacidos que lleven el nombre del extinto y tampoco se golpearán el pecho ni se rasgarán las vestiduras durante el sepelio.

Nunca se había oído menos sobre el Comandante en Jefe que al momento de su fallecimiento. Nunca el olvido se había cernido como una sombra más amenazante que cuando se anunció su final. El hombre que llenó cada minuto de Cuba por más de 50 años se fue apagando, desvaneciendo, perdiéndose de la vista de los espectadores de esta larguísima película, como el personaje que se aleja por un camino hasta quedar como apenas un punto en nuestra retina.

Deja tras de sí la gran lección de la Historia cubana contemporánea: coser el destino nacional a la voluntad de un hombre termina por transmitir a un país los imperfectos rasgos de su personalidad e insuflar al ser humano la arrogancia de hablar por todos. Su gorra verde olivo y su perfil griego alentarán por décadas las pesadillas de unos o los ripios poéticos de otros, además de las promesas populistas de muchos líderes del planeta.

Su "antiimperialismo", como lo llamó tercamente, habrá sido su actitud más constante, el único renglón en que logró llegar hasta las últimas consecuencias. No en balde, Estados Unidos fue el segundo gran protagonista de los documentales que la televisión nacional comenzó a transmitir nada más publicarse la noticia. La obsesión de Castro con el vecino del norte recorrió cada momento de su vida política.

[[QUOTE:Los jóvenes ya se han encargado de reducir su dimensión histórica, en proporción inversa con la desmesura que exhibió para gobernar esta nación]]La eterna pregunta que tantos periodistas extranjeros hacían, ya tiene respuesta. "¿Qué pasará cuando se muera Fidel Castro?". Hoy sabemos que lo cremarán, pasearán sus cenizas a lo largo de la Isla y las colocarán en el cementerio de Santa Ifigenia, a pocos metros de la tumba de José Martí. Habrá lágrimas y nostalgia, pero su legado se irá apagando.

El Consejo de Estado ha decretado duelo nacional durante nueve días, pero el panegírico oficial durará meses, el tiempo suficiente para tapar con tanta algarabía la chata realidad del postfidelismo. Un sistema que el actual presidente intenta mantener a flote, agregándole remiendos de economía de mercado y llamados al capital extranjero que su hermano abominaba.

A la representación del "policía bueno y el policía malo" que ambos hermanos desplegaban ante nuestros ojos, ahora le falta una de sus partes. Será difícil para los defensores raulistas sostener que las reformas no van más rápido ni son más profundas porque en una mansión de Punto Cero, en la periferia de La Habana, un nonagenario tiene el pie puesto en el freno.

Raúl Castro se ha quedado huérfano. No conoce una vida sin su hermano, una acción política sin preguntar qué pensará sobre sus decisiones. Jamás ha dado un paso sin esa mirada sobre el hombro que lo juzga, impulsa y subestima.

Fidel Castro ha muerto. Lo sobrevive una nación que ha vivido demasiados duelos como para vestirse con el color de la viudez.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este domingo 27 de noviembre de 2016 en el diario El País.

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14ymedio, Yoani Sanchez, Generation Y, Havana, 20 November 2016 — Tiredness, in the voice of the friend who calls and asks when they are going to mute the sirens that have been going off since morning. Exhaustion, in the neighbor who couldn’t get home in time after work because traffic was diverted due to military … Continue reading "Enough With the War Games / 14ymedio, Yoani Sanchez" Continue reading

Yoani Sánchez

A partir de este martes una nueva etapa se abre para Estados Unidos y para el resto de las naciones del planeta, mientras que para Cuba concluye un período de grandes oportunidades, que fue desaprovechado por la testarudez de la Plaza de la Revolución.

Con la normalización de relaciones entre Washington y La Habana, anunciada el 17 de diciembre de 2014, comenzó un tiempo de posibilidades para mejorar la vida de la población cubana que el Gobierno ha recibido con una prudencia excesiva. A cada paso dado por Barack Obama, Raúl Castro respondió con suspicacia, sin disminuir la represión política y, en los últimos meses, elevando el tono de la retórica ideológica.

[[QUOTE:El general presidente ha dilapidado el entusiasmo del deshielo, malgastando ocasiones y atrasando la inevitable apertura que vivirá la Isla]]El general presidente ha dilapidado el entusiasmo del deshielo, malgastando ocasiones y atrasando –con su terquedad la inevitable apertura que vivirá la Isla. Ha optado por atrincherarse en vez de distender los férreos controles que atenazan la vida económica, cívica y cultural del país.

Cuando se abrió la oportunidad de que los cafetaleros cubanos pudieran vender su producto en territorio estadounidense, del lado de acá le respondió una airada Asociación Nacional de Agricultores Pequeños. Ante las propuestas de estrechar vínculos entre los jóvenes de ambas naciones, el oficialismo verde olivo se parapetó en una agria campaña contra las becas ofrecidas por la organización World Learning.

Los ofrecimientos de Google de ayudar a conectar la Isla a Internet se toparon con el monopolio de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) que solo a finales de este año comenzará una "prueba piloto" para llevar la gran telaraña mundial a 2.000 domicilios en La Habana Vieja. Mientras, la censura se sigue cebando sobre sitios digitales y las zonas wifi mantienen sus altos precios y un deficiente servicio.

La Plaza de la Revolución ha centrado su discurso en el vaso medio vacío. Durante largos meses ha culpado a Obama de no lograr levantar el embargo o no devolver la Base Naval de Guantánamo, una estrategia propagandística de estridentes reclamos para tapar la evidencia de que el vecino del norte ha mostrado un mejor talante para la reconciliación.

Poco importan las fotos en que Castro y Obama se dan la mano y sonríen ante las cámaras. La realidad dista mucho de merecerse los titulares de la prensa extranjera, para los que Cuba ha cambiado porque Madonna se paseó por las calles de su capital, un equipo de fútbol estadounidense estremeció las gradas de un estadio en la Isla o ambos países colaboran en la protección de los tiburones de la región.

[[QUOTE:La realidad dista mucho de merecerse los titulares de la prensa extranjera, para los que Cuba ha cambiado porque Madonna se paseó por las calles de su capital]]En las últimas semanas el frenazo se ha hecho sentir con más fuerza. Las autoridades cubanas saben que al nuevo inquilino de la Casa Blanca le aguardan muchos retos por delante. Su agenda de los primeros meses tendrá urgencias como la guerra en Siria, el conflicto con el ISIS y su propios problemas internos, que no son pocos ni pequeños. Cuba no será una prioridad en la agenda del próximo presidente de EE UU.

Sea Hillary Clinton o Donald Trump el ganador de esta jornada, tardará en retomar el tema de la Isla y lo hará a su manera, marcando una impronta que puede significar el "congelamiento del deshielo" o la profundización del camino iniciado por Obama. Pero las riendas que mantienen a Cuba en el siglo XX no parten del despacho oval, las sujetan las manos de un octogenario que le teme a ese futuro que nos espera y donde él no estará.

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Yoani Sánchez

Si algo merece el calificativo de "tropical" es la selva del Darién, al sur de Panamá. La humedad, los mosquitos y el calor hacen que moverse dentro de la cerrada vegetación de la zona se vuelva una tarea sobrehumana. A través de la tupida jungla se extiende una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Un Mediterráneo sin pateras ni titulares, pero en el que convergen también la oportunidad y la muerte.

Donde América Central se une en un estrecho abrazo con América del Sur está ubicado el tramo más letal y temido por aquellos que siguen la ruta hacia Estados Unidos. Cruzan desde Colombia hacia esta zona del territorio panameño y llegan desde países cercanos o distantes, como Cuba, Haití, Costa de Marfil, Ghana, Somalia, Bangladesh, Nepal, Pakistán o Sri Lanka.

Este trozo de tierra ha quedado en el recuerdo de muchos como el momento más difícil en su larga marcha hacia un sueño. Sin embargo, para los inmigrantes extracontinentales, provenientes de Asia y África, superarlo resulta un esfuerzo mayor. Son quienes han cruzado el Atlántico a merced de las redes de tráfico de personas, escondidos en barcos cargueros que parten en muchos casos de una Europa incapaz de hacer frente a su propia crisis migratoria.

Sin hablar una palabra en español, ni conocer mayores detalles culturales de esta zona del planeta, los recién llegados chocan con una región donde lo real oscila entre lo maravilloso y lo siniestro. En la mayoría de los casos no llevan documentos de identidad y algunos pocos saben palabras como "agua" y "comida".

[[QUOTE:Vencer el Darién viene a ser como coronarse en la más difícil de las disciplinas olímpicas... aquella en la que los atletas se juegan la vida]]Quienes logran cruzar la maraña de vegetación y peligro, celebran al otro lado, ya en territorio panameño, con la alegría del que llega al final del destino, aunque todavía les falte atravesar el resto de Centroamérica y varias zonas de México, algunas de ellas semidesérticas. Pero vencer el Darién viene a ser como coronarse en la más difícil de las disciplinas olímpicas... aquella en la que los atletas se juegan la vida.

No hay medias tintas en esta franja de rudo terreno. Un coyote puede ser el guía experimentado que conduzca al grupo de viajeros hacia la próxima frontera o un criminal que lo entregue en manos de extorsionadores, violadores y ladrones.

A través de la selva a los migrantes se les ve en grupos, algunos con niños pequeños cargados sobre los hombros, trastabillando por el fango y por las ramas que cruzan las improvisadas rutas. Sus historias apenas se narran en los medios extranjeros y los organismos internacionales han sido parcos en señalar la crisis humanitaria que tiene lugar en esta angosta cintura de tierra que realza las curvas de América.

Se trata también de un trayecto marcado por la simulación. Muchos haitianos que recorren la espesura se hacen pasar por africanos. Los ciudadanos del país más golpeado por los desastres naturales y la pobreza en esta parte del mundo, son considerados como parias, con poco atractivo incluso para los traficantes de personas.

En ningún otro lugar del continente como en el Darién resultan más evidentes las deficiencias de la diplomacia latinoamericana para coordinar políticas comunes. Mientras Nicaragua mantiene cerradas sus fronteras al paso de migrantes, Costa Rica busca contener el flujo de extranjeros que la inunda y el presidente de Panamá advierte que a quienes estén entrando por la zona selvática que separa a su país de Colombia "se les va a dar la asistencia humanitaria para que sigan su ruta".

[[QUOTE:El Tapón encarna el fiasco de la integración regional, postergada por la corta mira de los políticos y los sucesivos intentos de crear clubes selectos de países]]El Tapón encarna el fiasco de la integración regional, postergada por la corta mira de los políticos y los sucesivos intentos de crear clubes selectos de países, unidos más por las conveniencias ideológicas que por las urgencias de sus ciudadanos. El fracaso mayor corre a cargo de la Secretaría de la Integración Social Centroamericana (SISCA) incompetente para poner en marcha un efectivo plan de contingencia ante tal situación.

De poco ha servido que recientemente James Cavallaro, presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), hiciera un llamado a que los Estados de América actúen "de forma inmediata para que habiliten canales que les permitan a estas personas migrar de forma legal y segura". En los palacios de gobierno, todos parecen más enfocados en apagar sus propios fuegos que en impulsar esfuerzos conjuntos.

Ese egoísmo diplomático no escapó a las críticas de Cavallaro, quien también aseguró que "el hecho de que los migrantes recurran a canales irregulares y a traficantes de migrantes se explica por la falta e insuficiencia de canales legales y seguros para migrar", una situación que eleva su vulnerabilidad ante los abusos y la extorsión por parte de organizaciones criminales, traficantes de migrantes o policías corruptos.

El panorama se agrava cada día con una Europa colapsada por la llegada masiva de migrantes y un "destino América" que se dispara como una opción para quienes huyen de los conflictos armados, la pobreza o la desesperanza. Como un río que comenzó apenas con un hilo de agua, el caudal de quienes discurren por el istmo centroamericano crece y crece, aumentado también por miles de cubanos que temen una cancelación de los beneficios migratorios de los que gozan en Estados Unidos.

El drama transcurre lejos de los lentes de los fotógrafos. Si las imágenes de las barcazas cargadas de refugiados procedentes de Myanmar y Bangladesh saltaron a las primeras planas de los periódicos a mediados del año pasado mientras intentaban llegar a Indonesia, Malasia y Tailandia, el Darién se traga sus escenas más terribles. Apenas deja rastro en los medios de prensa internacionales.

[[QUOTE:A quienes alardean de vivir en un mundo hiperconectado, con cada centímetro explorado, les vendría bien dar un salto por esta selva]]A quienes alardean de vivir en un mundo hiperconectado, con cada centímetro explorado y con el ojo de los satélites que lo recorren metro a metro les vendría bien dar un salto por esta selva. Uno de los últimos reductos naturales que atemoriza a los hombres hace frenar a la expediciones más osadas y parece reírse de aventureros al estilo de Indiana Jones.

Un descenso a sus abismos de humedad y picaduras de insectos podría matizar la lectura de noticias sobre sondas espaciales que llegan a planetas distantes y recogen imágenes de otras galaxias. La región sigue siendo tan agreste como en los tiempos de la conquista española.

La carretera Panamericana, que discurre desde Alaska hasta Argentina, se interrumpe aquí. Una situación que ha ayudado a preservar la diversidad natural de la zona pero que sin duda aumenta la letalidad de este tramo para los migrantes.

En septiembre de este año una familia de tres miembros falleció ahogada en el río Turquesa. Los pescadores de la zona avisaron del cuerpo de un niño de menos de cuatro años que flotaba en las aguas. Luego hallaron también a sus padres. Todos tenían "rasgos extracontinentales", según el servicio de fronteras panameño.

Son apenas unas víctimas de las tantas que se ha cobrado el Tapón del Darién. Esa selva, que, de tan tupida, no deja escapar ni los gritos.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este domingo 23 de octubre en el diario El País

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Yoani Sánchez

Este será un viaje por al menos tres etapas que ha vivido mi nación. Tres instantes en que los jóvenes amasaron esperanzas, recibieron frustraciones y emplearon su ingenio para sortear los obstáculos del camino. Sin esa energía renovadora y esa capacidad para desafiar lo establecido, muy probablemente hoy estaríamos mucho más hundidos en la falta de derechos, en la vigilancia y el control.

Ellos abrieron la ventana cuando la puerta estaba cerrada, pero el reto es cruzar el umbral de la libertad sin necesidad de subterfugios ni concesiones ideológicas.

De la primera generación que quiero hablarles es la de mi padre. Maquinista de trenes, militante del Partido Comunista, integrado al proceso político que llegó al poder en Cuba en enero de 1959. Él no pudo elegir, apenas siguió el cauce diseñado por otros que se parapetaron tras el nombre de la generación histórica y bajaron de las montañas, barbudos, jóvenes, poseedores de la esperanza en una era convulsa y memorable.

Mi padre era un niño en ese entonces y vio como todo el país a su alrededor daba un vuelco. La euforia se instaló en las calles, los himnos llenaron cada espacio y en las fotos de entonces sus contemporáneos se ven sonrientes y optimistas frente a la tribuna donde el Máximo Líder hablaba por horas, con el dedo índice extendido y desafiante. A la generación de mi padre le tocó las tareas heroicas, como la campaña de alfabetización y los trabajos voluntarios para catapultar al país a los máximos estándares de prosperidad y conocimiento.

Sin embargo, lo que más marcó a ese momento fue esa sensación de que se trabajaba para el futuro, de que todo el esfuerzo, el sacrificio y la entrega terminaría por construirle a sus hijos un mañana mejor. Eran jóvenes, querían divertirse y conocer, pero aceptaron ser conducidos y reducidos a la actitud de meros soldados, para que quienes llegaran después habitaran una Cuba más próspera y más libre.

[[QUOTE:Ellos abrieron la ventana cuando la puerta estaba cerrada, pero el reto es cruzar el umbral de la libertad sin necesidad de subterfugios ni concesiones ideológicas]]En aras de alcanzar ese sueño, aquella generación aparcó en buena medida la rebeldía propia de la edad, aceptó una doctrina ajena, tan lejana como el marxismo leninismo, y ofrendó sus mejores años en el altar de la historia. Ninguna entrega era suficiente, así que el Gobierno les pidió más sacrificio, menos individualismo y sobre todo, ninguna queja.

Sus nombres fueron los primeros en inscribirse en la llamada libreta de productos racionados, que distribuía entre los cubanos una idéntica cantidad de alimentos o productos industriales, para evitar las diferencias sociales y la aparición de aquella satanizada clase media que el régimen de Fidel Castro había borrado a golpe de confiscaciones, estigmatización y exilio.

Mi padre solo pudo optar por el ateísmo en una Cuba donde las familias escondieron al fondo del cuarto los cuadros con el Sagrado Corazón de Jesús, evitaron siquiera decir "gracias a Dios" y pospusieron por varias décadas la posibilidad de celebrar las Navidades. Para la ideología imperante, la religión no solo era el opio de los pueblos, sino que dotaba al individuo de un mundo espiritual al que el Partido no tenía acceso. Cuando los cubanos se escapaban en un rezo, en una plegaria, los burócratas y los teóricos materialistas perdían ascendencia sobre ellos.

En cada formulario que debían rellenar para entrar a un centro de estudios o un nuevo empleo estaba aquella pregunta sobre sus creencias religiosas. Muchos tapaban el crucifijo debajo de la camisa, enfatizaban que eran "compañeros confiables" y marcaban que "no"... que no creían en otra cosa que no fuera la Revolución, su líder y su Partido. De esa y otras maneras se sentaron las bases de la doble moral que hoy recorre la sociedad cubana.

Fueron esos cubanos, que llegaron a la juventud un par de lustros después de enero de 1959, quienes engrosaron las filas de soldados que partieron para las guerras internacionalistas en la lejana África. No lo sabían, pero eran solo carne de cañón, "soldaditos de juguete" que la Unión Soviética desplegaba a su antojo en el convulso escenario bélico de la Guerra Fría. Miles enloquecieron, murieron y lloraron en aquellas latitudes, sin comprender muy bien qué hacía la gente de nuestra Isla metida en semejante contienda.

Pero también fueron aquellos jóvenes de antaño lo que más tuvieron que decir "adiós" a muchos parientes que se vieron obligados a emigrar por Camarioca o el puerto de Mariel. Muchos de ellos, imberbes y azorados, fueron usados como tropa de choque para gritarle a sus propios familiares aquella consigna oficial que enfrentaba a cubanos contra cubanos y en la que se pedía "que se vaya la escoria, que se vaya".

[[QUOTE:Todos sabíamos, en aquella Cuba de los años setenta y ochenta, cómo se vestiría o qué comería nuestro colega de aula, porque era exactamente, y como una copia al carbón, lo mismo que comeríamos y vestiríamos nosotros]]Uniformados, con cortes de pelo a lo militar y optimistas del futuro, estos jóvenes comenzaron a tener sus propios hijos, a los que amamantaron con la creencia de que habitarían la utopía, la absoluta igualdad para todos y la felicidad. Era mi generación, que se encontraría al llegar al mundo todo decidido y programado.

Nací en medio de la más absoluta sovietización de la realidad cubana. Los reyes magos, las aceitunas y la privacidad solo eran recuerdos de un pasado que no debía volver. Éramos el hombre nuevo que no conocía el capitalismo, la explotación del hombre por el hombre, el mercado, la ley de la oferta y la demanda, el respeto a la intimidad y, claro está, tampoco conocía la libertad...

Todos sabíamos, en aquella Cuba de los años setenta y ochenta, cómo se vestiría o qué comería nuestro colega de aula, porque era exactamente, y como una copia al carbón, lo mismo que comeríamos y vestiríamos nosotros. Usar la primera persona del singular, "yo", pasó a ser un problema. Así que hablábamos en como "nosotros", nos tratábamos de compañeros y proyectábamos sueños colectivos y ansias de pelotón.

Con ese concepto de "masa" que debía ser manejada desde arriba, mi generación se fue a las escuelas al campo. Un laboratorio social y docente donde se nos haría cubanos más entregados a la causa, gente desinteresada de todo lo material y dispuesta en cualquier momento a cambiar los libros escolares por el fusil, si a la patria –o al menos a esos que se hacían llamar la patria– les hubiera hecho falta.

Sin embargo, el ser humano en un entorno de exceso de adoctrinamiento siempre reserva un trozo de sí mismo donde no se escucha la algarabía del poder y donde ninguna ideología tiene acceso. Ese reducto, defendido con máscaras de complacencia y escondido de los colegas, los parientes o los vecinos que pudieran denunciarlo, fue el refugio de muchos de nuestra generación.

[[QUOTE:Ellos, desde el poder nos prometían la utopía, pero nosotros queríamos disfrutar el presente]]Ellos, desde el poder nos prometían la utopía, pero nosotros queríamos disfrutar el presente. Así que fingimos obedecer mientras incubábamos la rebeldía. Repetíamos las consignas con automatismo y minutos después ya habíamos olvidado aquellos gritos. Aprendimos a mentir, a colgarnos la máscara, a aplaudir sin deseos y a prometer fidelidad eterna cuando en el interior solo quedaba apatía y duda. En resumen: aprendimos a sobrevivir.

Llegamos a la pubertad y el Muro de Berlín se cayó. No éramos nosotros los que blandíamos aquellos cinceles ni aquellos martillos que derribaron el símbolo de una época, pero cada golpe sobre la piedra retumbó en nuestras cabezas. Mi padre lloró por aquella Alemania comunista que conoció en un viaje que ganó como trabajador vanguardia, diseñado para que conociera el futuro. Pero mi generación sentía un cosquilleo, una satisfacción... nuestro telón de azúcar también podía caer.

Con el congreso del Partido Comunista en 1991, en el que se aceptó que los religiosos pudieran formar parte de la única organización política permitida en el país, vimos como nuestros padres sacaban los viejos escapularios escondidos.

También llegó el hambre, ese ardor en el estómago que no deja pensar en nada más. Con la implosión de la Unión Soviética y del "campo socialista", Cuba perdió los subsidios y el "comercio justo entre los pueblos" que la había mantenido a flote durante décadas. Aquella moneda con la que habían comprado nuestra fidelidad, aquel campo gravitacional que nos hacía orbitar alrededor del Kremlin, se desvaneció.

Nos dimos de bruces contra nuestra propia realidad. Era dura, triste, sin expectativas. En nada se parecía a aquellas proyecciones de futuro con las que mi padre me dormía cuando era niña. Su generación nos había heredado una doctrina moribunda y nos tocaba a nosotros la pesada tarea de enterrarla.

La crisis de los balseros que estalló en agosto de 1994 fue una de las tantas maneras que encontraron mis contemporáneos de sepultar aquel espejismo. No lo hicimos enfrentándonos al poder en una plaza pública, ni derribando los muros de control que nos rodeaban. Una buena parte de los cubanos prefirió el mar, las olas y las precarias embarcaciones como un camino para escapar.

En el Malecón habanero, se les veía armar juntos la balsa de la desilusión a quienes tenían la edad de mi padre y a los nuevos retoños, lozanos y jóvenes, pero frustrados. Partieron, les dijimos otra vez adiós y comenzó el cinismo, la nada, la etapa de no creer, de no ilusionarse pero también de no rebelarse. Llegamos a ese momento de la historia nacional que puede ser bautizado como el "sálvese quien pueda".

Entre el sonido que hacían los remos de las balsas que partían hacia el estrecho de Florida y la testarudez del poder que seguía llamándonos a resistir las vicisitudes económicas, mi generación se inició en la dura tarea de ser padres. Los que llegaban al mundo eran los bebés del desencanto: los nietos de los que maldecían haber entregado sus mejores años a un proyecto fallido y los hijos de una generación que debió haber sido "el hombre nuevo" y ni siquiera llegó a ser un "hombre bueno".

No se les puede pedir mucho y, sin embargo, estos jóvenes de hoy han sido mejores que nosotros. La generación de mi hijo, que ya tiene 21 años, mamó de nuestro descreimiento, nos escuchó blasfemar frente a la televisión nacional, comprar en el mercado negro, escaparnos subrepticiamente de las marchas públicas y desear –en voz baja– que el futuro no fuera lo que habían soñado nuestros padres. Porque ya habíamos comprendido que aquella era una jaula de oro en la que otros habían planificado encerrarnos.

Con cierto toque de indiferencia y moviendo los hombros en ese gesto tan cubano que quiere decir traducido al lenguaje verbal "¿Y a mí qué me importa?", la nueva generación de jóvenes está desmontando lo que queda del sistema cubano. Lo hace sin gestos heroicos, casi se podría decir que con cierto desgano y un toque de indiferencia. Nada de lo que digan desde la tribuna oficial les toca el corazón, ni siquiera les infunde miedo.

[[QUOTE:La generación de mi hijo mamó de nuestro descreimiento, nos escuchó blasfemar frente a la televisión nacional, comprar en el mercado negro y desear que el futuro no fuera lo que habían soñado nuestros padres]]A diferencia de quienes los antecedieron, los cubanos que hoy tienen menos de 25 años no conocieron la libreta de productos industriales del mercado racionado, donde debían comprar un único pantalón o una camisa al año. Apenas recuerdan haber escuchado un discurso de Fidel Castro y no han tenido que acumular méritos ideológicos o laborales para poder comprarse un electrodoméstico.

En lugar de eso, viven en una Isla donde solo es válido el dinero real, al que se llega haciendo todo lo contrario de lo que una vez tuvo que hacer mi padre para tener un refrigerador, y donde el mercado negro se ha colado en todas las esferas de la vida.

Casi desde niños, estos cubanos del tercer milenio están pegados al teclado de una computadora. Sus padres compraron los primeros ordenadores y laptops en el mercado ilegal. Sus primeros kilobytes y los videojuegos les han llegado desde las redes alternativas de distribución y representan todo lo contrario de la ideología que les imparten en sus escuelas.

Con un corte de pelo inspirado en los mangas japoneses, en las figuras de la farándula internacional o en la rebeldía, pueblan hoy nuestras calles.

La generación de mi hijo no busca revoluciones porque ya sabe lo que ocasionan. Han aprendido a desconfiar, por naturaleza, de los discursos al estilo de Robin Hood que sabe robar a los ricos y repartir el botín entre los pobres pero jamás ha aprendido a generar riquezas, a hacer una nación próspera y de oportunidades como una vez prometió ese forajido bajado de las montañas, con barba y uniforme verde olivo.

Hoy se les ve, con una apariencia y unos sueños similares a cualquier joven alemán, inglés, guatemalteco. Miran con el desdén necesario hacia atrás y con cierta confianza en que el futuro no será como predijeron los libros de ciencia ficción del siglo veinte, pero tampoco como vaticinaron las ideologías totalitarias. Creen que al menos será un tiempo más humano y plural, más libre.

Cuando alguien les dice que el castrismo llegó para quedarse y que Cuba nunca volverá a su cauce democrático –imperfecto y riesgoso, como el de toda nación–, estos cubanos que habitan hoy la Isla sonríen y recuerdan a aquellos impetuosos jóvenes que impulsaron los cambios en la lejana Unión Soviética. Se dicen a sí mismos, como aquellos, que no importa que la generación histórica tenga el poder, ellos –frescos y descreídos– tienen el tiempo.

[[QUOTE:La generación de mi hijo no busca revoluciones porque ya sabe lo que ocasionan]]Crecen, van al gimnasio, escuchan música pirateada como en cualquier esquina del planeta, aman, se hacen selfies, intentan compartir su vida en la red de redes a pesar de que siguen habitando un país donde el oficialismo teme a la información. En fin, se hacen veinteañeros cuando Fidel Castro se convierte en nonagenario. Ellos pertenecen al siglo veintiuno, pero el viejo caudillo se ha quedado prisionero del siglo veinte.

Estos nietos de la generación del sacrificio e hijos de la generación de la utopía son quienes nutren mayoritariamente, en estos momentos, la emigración que atraviesa Centroamérica. Sufren, mueren y se dejan llevar por las manos de los coyotes mientras escapan del país que a estas alturas ya debía ser ese paraíso que una vez le prometieron sus mayores.

En estos jóvenes de hoy está el futuro. Lo harán a su manera. Sin escuchar los consejos de sus padres. ¿Quién ha visto que con menos de 30 años se siga la ruta trazada por otros? Sobre todo cuando esos que los antecedieron se equivocaron tanto. Son los nietos y los hijos de una quimera. Vienen con el necesario pragmatismo del olvido y con el indulgente bálsamo del perdón. Ellos habitarán una Cuba que nunca previmos, ni supimos lograr. Un país, finalmente, donde quepamos todos.

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Nota de la Redacción: Conferencia pronunciada el 6 de octubre por Yoani Sánchez en el auditorio Juan Bautista Gutierrez de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

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14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, 27 September 2016 – The woman approaches without fear or hesitation. “How can my son apply for one of the scholarships mentioned on television?” she asks me abruptly. It takes me a few seconds to realize what she’s talking about, for the images to come to mind of young Cuban … Continue reading "Scholarships, Fears And Attractions / 14ymedio, Yoani Sanchez" Continue reading

Yoani Sánchez

La palabra me arrancó una sonrisa. Kaffeeweisser leí en los diminutos sobres cercanos a la máquina de café de un hotel berlinés y que prometían "blanquear" aquella oscura bebida que me aliviaría del jet lag. Había olvidado cuán directa y poderosa puede ser la lengua alemana. Por años, junto a la comunidad germanófila cubana, he aguardado la inauguración de un Instituto Goethe en la Isla, pero la pasada semana un reporte de la Deutsche Welle lanzó un cubo de agua fría sobre nuestras aspiraciones.

La apertura del añorado centro para asomarse a la cultura alemana parecía solo cuestión de tiempo. El ministro de Exteriores de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, realizó en julio del pasado año el primer viaje oficial de un canciller germano a nuestro país desde la caída del muro de Berlín. En mayo de este año le seguiría una visita del ministro cubano de Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, a la capital de los osos y las salchichas.

Como en un baile diplomático, asistíamos impacientes a un paso aquí, el otro allá y a los pródigos apretones de mano para la foto. Mientras, contábamos los días para que la patria de Georg Wilhelm Friedrich Hegel, Herta Müeller y Günter Grass se instalara en La Habana en un centro a la altura y la calidad de la Alianza Francesa.

Nunca he encontrado una palabra que signifique mejor la quebradura de algo, como es el término alemán kaputt. A esa, mi lengua de los sueños y las nostalgias, le debo la fuerza del mazazo verbal que el español esconde en sinuosidades y compromisos. Justo ese chasquido que significa "roto", pero de frustración, resonó en mi cabeza este sábado cuando leí las declaraciones del presidente de la subcomisión de política exterior en materia cultural, Bernd Fabius, sobre las posibles causas de la posposición sine die de la instalación del Instituto Goethe entre nosotros.

"Cuba teme que con el Instituto Goethe, que promueve el idioma y la cultura germana en el mundo, Alemania fomente la contrarrevolución", señaló Fabius y apuntó que la negativa "muestra cuán frágiles se perciben a sí mismos los sistemas de tales Estados".

[[QUOTE:El Gobierno cubano ha preferido que la "dosis germana" llegue a través de sus instituciones educativas y bajo un férreo control]]El Gobierno cubano ha preferido que la "dosis germana" llegue a través de sus instituciones educativas y bajo un férreo control. En la Facultad de Lenguas Extranjeras de la Universidad de La Habana se realiza un lectorado para la enseñanza de la lengua alemana, pero la autonomía de un centro cultural -gestionado directamente desde Berlín- no está en sus planes por el momento.

Una verdadera pena, en un país donde se calcula que alrededor de 30.000 cubanos estudiaron o trabajaron en la República Democrática Alemana, otros tantos se han ido en los últimos años a vivir en esa nación europea y en general existe una curiosidad, mezclada con empatía, por la cultura teutona, a pesar de la distancia y de las marcadas diferencias identitarias.

La conclusión de Bernd Fabius sobre los temores del oficialismo cubano de seguro no se aleja del verdadero motivo para enfriar el proyecto del Instituto Goethe. Todo lugar que no esté bajo las estrictas normas de la ideología, ofrezca bibliografía ajena a los filtrados planes editoriales de la Isla o promueva ver más allá de la frontera de ceguera política y mar que nos rodean, debe provocar ronchas en la Plaza de la Revolución.

Lo más aleccionador es que el Gobierno alemán lleva años "portándose bien" para lograr que un cartel con el nombre del autor de Fausto brille en una calle habanera. Más de un lustro de tanteos, oídos tapados, cautela y mucha distancia de cualquier fenómeno que pueda molestar a los jerarcas de verde olivo. Tras ese tiempo de no herir susceptibilidades, el Bundestag ha recibido un nein sonoro y rotundo, como solo puede escucharse en la lengua de Nietzsche.

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Yoani Sánchez

En la mesa del comedor los abuelos juegan con las dos nietas. Les preguntan qué le pedirían al genio de la lámpara en caso de que se lo tropezaran en alguna esquina. "Quiero un plato lleno de pollo y papas fritas", responde de inmediato la más pequeña, mientras la mayor acota que le gustaría una lluvia de caramelos. El segundo pedido incluye helados a granel y un tercero se concentra en hamburguesas rebosantes de queso.

La televisión nacional transmite un reportaje sobre un campismo popular que ha sido reparado para este verano y abrió nuevamente sus puertas al público. Una clienta sonríe ante la cámara y dice: "La comida está buena". El administrador del centro recreativo enumera las opciones gastronómicas del lugar y asegura que las ofertas culinarias "accesibles a todos los bolsillos y bien cocinadas" esperan a quienes reserven en sus cabañas desperdigadas en medio del campo.

La ministra de Educación, Ena Elsa Velázquez, llama a respetar moral y materialmente a los maestros para evitar el éxodo que sufre el gremio hacia otros sectores. La funcionaria recomienda hacer ferias agropecuarias, en las que se venda carne de cerdo, viandas y vegetales, en las cercanías de centros docentes, donde los educadores puedan comprar alimentos con posterioridad a su horario de trabajo.

Un opositor visita un mercado en Miami y graba un video en el que asegura que solo por tener acceso a la variedad de cerveza que exhiben esos anaqueles estarían algunos compatriotas dispuestos, solo por eso, a "derribar la dictadura". El reconocido disidente ha enumerado precios, cantidad en libras y cualidades de los productos que atiborran el surtido comercio.

[[QUOTE:¿Acaso se reducen nuestros sueños y deseos a llenar la panza, saciar el apetito y vaciar el plato?]]Una pareja de nuevos ricos contrata dos noches en un hotel de Varadero con todo incluido. Logran zamparse en un almuerzo dos bistecs de cerdo cada uno, una porción de vaca frita, varias raciones de moros y cristianos, junto a una suculenta carga de camarones y langostas. A su regreso no logran describir uno solo de los paisajes que han visto durante su viaje.

¿Cuándo fue que los cubanos nos convertimos en seres regidos por el estómago? ¿En qué momento fuimos vencidos por una boca que traga y un cerebro que solo piensa en comida? ¿Acaso se reducen nuestros sueños y deseos a llenar la panza, saciar el apetito y vaciar el plato?

Lamentablemente es así. Décadas de desabastecimiento y rigores económicos nos han llevado a un plano de sobrevivencia donde los alimentos son el centro, la obsesión, y la meta de millones de seres que habitan esta Isla. Esa ofuscación muchas veces no nos permite ver más allá, porque "con la barriga vacía, quién va a pensar en política", diría cualquier filósofo materialista.

El problema es que "hambre una vez, hambre siempre". Cuando una lengua de fuego sube por el esófago, unos granos de arroz ocupan el centro de los sueños húmedos y unas migajas de pan se convierten en el techo de vuelo, es inmoral hablar de algo que vaya más allá de saciar el apetito.

Hemos quedado condenados, como pueblo, a la masticación, los jugos gástricos y la digestión. En ese proceso hemos perdido lo que nos hace humanos para pasar a ser criaturas de corral, más pendientes de la campana que anuncia la cena que de nuestro derechos a la libre asociación o expresión.

Somos como el perro de Pávlov, quien traiga el plato con comida logrará que reaccionemos y salivemos. ¡Qué triste!

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See also: JetBlue Ends Abusive Prices of Charter Flights to Cuba / 14ymedio, Reinaldo Escobar Continue reading
14ymedio, Yoani Sanchez, Havana, 15 August 2016 – The baby cries in her cradle while her mother sings to console her. Barely three months old, her name is Michelle, like Barack Obama’s wife. This little Havanan who still nurses and sleeps most of the day, came into the world after the armistice: she is a … Continue reading "Cuba’s Landscape After the Thaw / 14ymedio, Yoani Sanchez" Continue reading

Yoani Sánchez

La niña llora en la cuna y la madre le canta para consolarla. Tiene apenas tres meses de nacida y se llama Michelle, como la esposa de Barack Obama. Esta pequeña habanera, que todavía lacta y duerme la mayor parte del día, vino al mundo después del armisticio: es hija de la tregua entre los Gobiernos de Cuba y de Estados Unidos. Una criatura sin fobias ideológicas ni odios en su horizonte.

En los libros de historia que leerán los contemporáneos de Michelle, estos meses posteriores al 17 de diciembre de 2014 quedarán en unas pocas líneas. En esos resúmenes hechos a posteriori primará el tono optimista, como si toda la Isla, varada por décadas a un lado de la carretera, hubiera retomado desde ese momento el rumbo, puesto el pie en el acelerador y recuperado el tiempo perdido. Pero, para muchos, vivir la reconciliación es menos heroico y grandilocuente que protagonizar una batalla.

[[QUOTE:El 17-D disparó la cifra de cubanos que desde ese momento y hasta la fecha han entrado a Estados Unidos a través de los puntos fronterizos y que ha llegado a 84.468, mientras que otros 10.248 lo han intentado cruzando el mar]]El proceso que los analistas compararán un día con la caída del muro de Berlín y quizás definan con nombres rimbombantes como el fin del telón de azúcar, la muerte de la Revolución o el momento en que estalló la paz, pierde ahora brillo, enfrentado a la desgastante cotidianidad. La tregua, eso sí, apaciguó el ruido de las consignas y ha permitido que se escuche el persistente zumbido de las carencias y de la falta de libertad.

Aquella jornada en que los presidentes de Cuba y de Estados Unidos anunciaron el comienzo de la normalización de relaciones ha quedado ubicada cual punto en el pasado. Será referencia para historiadores y analistas, pero significa poco para quienes se enfrentan a la decisión de pasar el resto de la vida a la espera de que "esto se arregle" u optar por la escapada hacia cualquier confín del mundo.

El 17-D hizo crecer las aprensiones sobre el fin de la Ley de Ajuste Cubano. Disparó la cifra de cubanos que desde ese momento y hasta la fecha han entrado a Estados Unidos a través de los puntos fronterizos y que ha llegado a 84.468, mientras que otros 10.248 lo han intentado cruzando el mar. La popular e irónica frase de que el último que se vaya de la Isla "apague el Morro" de La Habana, cobra tintes de dramático presagio ante esos números.

¿Por qué no se quedan en el país si el deshielo promete una vida mejor o al menos una relación más fluida y provechosa con Estados Unidos? Porque el 17-D llegó tarde para muchos, entre ellos las varias generaciones de cubanos que debieron romper lanzas contra el vecino del Norte, gritar consignas antiimperialistas durante la mayor parte de su vida y secundar al comandante en jefe en su batalla personal contra la Casa Blanca. No confían en las promesas, porque han visto muchos pronósticos positivos que quedaron solo en el papel y en la mística de un discurso, pero no influyeron sobre los platos ni en los bolsillos.

Después de la prolongada escaramuza de más de medio siglo entre 11 Administraciones norteamericanas y dos gobernantes cubanos con el mismo apellido, a la nación le ha llegado el cansancio. La adrenalina de la batalla ha cedido al hastío y a una pregunta que se abre paso en la mente de millones de cubanos: ¿todo fue para esto?

[[QUOTE:La bandera estadounidense izada hace justo un año en La Habana puso punto final a una era de trincheras y dejó al eterno soldado que ha sido el Gobierno cubano con el Kaláshnikov aún caliente]]Convencer de que valieron la pena las confiscaciones de empresas estadounidenses, los insultos diplomáticos, el concubinato con la Unión Soviética y tantas caricaturas que ridiculizaban a Nixon, Carter, Reagan y Bush, resulta difícil incluso para una propaganda oficial que controla todos los diarios, estaciones de radio y canales televisivos del país.

La bandera estadounidense izada hace justo un año, el 14 de agosto de 2015, en la Embajada de Estados Unidos en La Habana, puso punto final a una era de trincheras y dejó al eterno soldado que ha sido el Gobierno cubano con el Kaláshnikov aún caliente y una marcada incapacidad para vivir en tiempos de paz. Está preparado para la confrontación pero su inoperancia queda en evidencia en tiempos de armisticio. En su retiro de convaleciente, Fidel Castro observa cómo el país que moldeó a su imagen y semejanza se le va de las manos. El hombre que controló cada detalle de la vida de los cubanos, no puede influir en la manera en que será recordado. Algunos se apuran a endiosarlo; otros afilan los argumentos para el desmontaje de su mito, y la gran mayoría lo olvida en vida: lo sepulta aún respirando.

Los niños que han nacido desde el 31 de julio de 2006, en que se anunció la enfermedad del máximo líder, solo han visto al expresidente en fotos o materiales de archivo. Son los que no tendrán que declamar versos encendidos frente a él en algún acto patriótico, ni formar parte de los experimentos sociales que salgan de la materia gris que cubre bajo su gorra verde olivo. Habitan la era posfidelista, lo cual no quiere decir que se hayan librado totalmente de su influencia.

Por décadas, el cisma que ha causado el liderazgo autoritario de este hijo de gallego, nacido en el oriental poblado de Birán, dividirá a los cubanos y enfrentará a las familias. La estela de la crispación que ha agregado a la identidad nacional, otrora desenfadada, se extenderá por largo tiempo. Habrá un antes y un después de Castro, para los seguidores del credo de la tozudez política que ha cultivado, pero también para quienes respiren aliviados cuando ya no esté.

[[QUOTE:El 90º cumpleaños del máximo líder, celebrado este 13 de agosto entre vítores y una buena dosis de culto a la personalidad, tiene todas las trazas de ser su despedida]]El 90º cumpleaños del máximo líder, celebrado este 13 de agosto entre vítores y una buena dosis de culto a la personalidad, tiene todas las trazas de ser su despedida. Ahora sus propios familiares más cercanos deben estar explorando el calendario para elegir la fecha en que se anuncie el funeral, porque un muerto tan grande no cabe en cualquier día. Así que seleccionarán una jornada que no esté ocupada por el recuerdo de alguna ofensiva en la que participó, una obra que inauguró o algún larguísimo discurso con el que hipnotizó a la audiencia.

No hará falta, en este caso, desconectar aparatos ni dejar de administrar medicamentos. Para decirle el adiós definitivo bastará con darle su justa medida humana. Olvidar todos aquellos epítetos que lo ensalzaban como "padre de todos los cubanos", "visionario", "impulsor de la medicina" en la Isla, "modelo de periodista", iniciador de la "voluntad hidráulica", "eterno guerrillero", "constructor mayor" y un larguísimo etcétera de títulos grandilocuentes que se han escuchado en los días previos a su cumpleaños.

Fidel Castro y Michelle, la pequeña bebé que nació tras la visita de Barack Obama a la Isla, estarán juntos en los libros de historia. Él quedará atrapado en el volumen dedicado al siglo XX, aunque haya hecho todo lo posible por colar su nombre en cada página dedicada a esta nación. Ella protagonizará, junto a otros millones de cubanos, un capítulo sin cruentas batallas diplomáticas ni enfrentamientos estériles.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este lunes 15 de agosto de 2016 en el diario El País.

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14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, Havana, 13 August 2016 – Turn on the radio and the announcer reads a brief headline: “Fidel Castro, The Great Builder.” The man goes on to explain that the most important works of the country have come from this head that for decades has been covered by an olive-green cap. … Continue reading "Recipe For Forgetting Fidel Castro / 14ymedio, Yoani Sanchez" Continue reading

Yoani Sánchez

Recep Tayyip Erdogan se ha quitado la máscara y asistimos al espectáculo de una faz crispada y autocrática. El fallido golpe de Estado que sufrió la pasada semana le ha permitido desatar una persecución política en Turquía. Ahora la emprende contra los opositores, ha decretado el estado de emergencia y suspendido la Convención Europea de Derechos Humanos. El sultán está fuera de control.

Presenciamos el momento en que la serpiente sale del huevo, pero hace tiempo sabíamos que se incubaba y latía bajo el cascarón de un mandatario electo. Desde que jugaba a chantajear a la Unión Europea con la crisis de los refugiados y se abrazaba ante las cámaras con otros caudillos entronizados en el poder, al estilo de Raúl Castro, las luces rojas de la alarma se habían encendido alrededor de Erdogan.

[[QUOTE:El presidente de Turquía ha traicionado a quienes lo eligieron a través de las urnas y a los miles de ciudadanos que hace pocos días se lanzaron a las calles para preservar el orden democrático]]Solo necesitaba una justificación. Apenas le hacía falta un argumento con la suficiente carga nacionalista y el aliento de un gesto defensivo para mostrarse tal cual era. Ahora contemplamos al déspota en estado puro, sin edulcorantes. Ya no quiere fingir que gobierna un Estado de derecho. Le conviene hacer saber que solo un hombre está al mando de la situación.

Con esta vuelta de tuerca autoritaria, el presidente de Turquía ha traicionado a quienes lo eligieron a través de las urnas y a los miles de ciudadanos que hace pocos días se lanzaron a las calles para preservar el orden democrático. Ninguno de ellos merece este manotazo autocrático.

Erdogan ha terminado por hacerlo peor que cualquier golpista, porque ha quebrantado lo pactado. Utiliza el ataque a su persona para detener a cerca de 7.000 militares, a los que acusa de estar vinculados con la intentona golpista, e incluso ha coqueteado públicamente con la idea de aplicarles la pena de muerte, un castigo que en estos momentos no está vigente en Turquía y que impediría que su país entrara a formar parte de la Unión Europea.

El largo brazo de este autoritario sin escrúpulos no se detiene allí y ha suspendido a 21.000 maestros de sus empleos en instituciones de enseñanza privadas. Ha prohibido viajar al extranjero a los funcionarios y ha retirado la licencia a 24 emisoras. Una decisión que justifica en el marco de la investigación para ubicar a los supuestos colaboradores e implicados en el fallido golpe de Estado.

[[QUOTE:Erdogan planea desmontar toda la pluralidad que había alcanzado la nación transcontinental y reducir al mínimo la oposición]]Erdogan ha aprovechado la circunstancia para pedir la extradición de Fethullah Gülen, un predicador islamista exiliado en Estados Unidos al que el responsabiliza de todos su males, incluyendo el reciente intento golpista.

Por su parte, los voceros oficiales aseguran que el estado de emergencia solo se prolongará 40 o 45 días y no los tres meses anunciados inicialmente por el presidente. Prometen que la actual situación no es sinónimo de la ley marcial y que los ciudadanos no se verán afectados. Hasta aseguran que el parlamento seguirá funcionando, pero la Turquía que intentaba mantener su accidentada andadura democrática se ha quebrado.

Erdogan planea desmontar toda la pluralidad que había alcanzado la nación transcontinental y reducir al mínimo la oposición. Quiere a Turquía solo para él: un país al que pueda manejar como ese imperio otomano con el que ha soñado toda su vida.

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Yoani Sánchez

A principios de este año el mal lo encarnaban los intermediarios, señalados como culpables de los altos precios en los alimentos del mercado agrícola. A finales de 2013, las bestias negras habían sido los comerciantes por cuenta propia que vendían ropa y mercancía importadas. En febrero de 2016, la guerra contra los carretilleros entraba en su apogeo y, en la actualidad, el enemigo conduce un taxi colectivo y su nombre popular es botero.

Si algo ha caracterizado al sistema cubano de los últimos 57 años es su habilidad para encontrar un chivo expiatorio. Cuando los planes agrícolas no se cumplen la culpa es de la sequía, la indisciplina de los trabajadores o la mala organización dictada por algún burócrata de baja jerarquía. Si comienza la época de fuertes precipitaciones, entonces el suministro de agua se mantiene inestable en poblados y ciudades debido a que "la lluvia no está cayendo donde debe", como explicaba en recientes declaraciones una funcionaria del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH).

El transporte urbano no funciona bien debido al "vandalismo" y porque "la población no le brinda el trato que merecen estos equipos", nos explican. Mientras, la mayoría de los accidentes en la vía son a causa de "imprudencias de los choferes" y no por el mal estado de carreteras y caminos, la pésima señalización o los inventos que deben hacer los conductores para mantener funcionando sus caducados vehículos.

[[QUOTE:El dedo índice del poder se dirige en muchas direcciones para acusar a otros, pero nunca se gira hacia sí mismo]]El dedo índice del poder se dirige en muchas direcciones para acusar a otros, pero nunca se gira hacia sí mismo. De vez en cuando, para mostrar cierto tono de autocrítica, la emprende contra los propios militantes del Partido Comunista y los acusa de no emitir sus opiniones "en el lugar y el momento oportuno" o hace a algún ministro pagar los platos rotos de las fallidas políticas de Salud Pública, Educación u otro sector.

Los ciudadanos somos los principales culpables, según nos advierte la televisión oficial, de la presencia del Aedes aegypti que desde hace años no cede ni a fumigaciones ni a campañas. En nuestras casas se encuentran "los principales focos" del mosquito, nos espetan en la prensa, como si las entidades estatales y gubernamentales fueran impolutos reductos de limpieza y orden.

También la emigración es un pecado nuestro, porque vamos en busca de "cantos de sirenas" y nos dejamos caer "en manos de coyotes", aclara el discurso castrista. Para ese guion que siempre reparte la carga en terceros, los migrantes que protestaron frente a la embajada cubana en Ecuador, estaban "haciendo méritos" frente a Estados Unidos y algunos de ellos, una vez instalados en el vecino del norte, terminarán enviando "fondos ilícitos" a sus parientes en la Isla para que sostengan un negocio privado.

Los más cómodos de encontrar son los enemigos externos, como el imperialismo, "el criminal bloqueo estadounidense", las conspiraciones "de la derecha latinoamericana" y hasta la "traición histórica" de los viejos camaradas de Europa del Este, un espantapájaros para infundir miedo, al que se acompaña de los satanizados "contrarrevolucionarios" del patio, señalados con todos los insultos que la grosera maquinaria gubernamental ha creado en casi seis décadas.

Si faltan productos en los estantes de los mercados, los reportajes televisivos acusan a los "acaparadores". Si una frutabomba ha llegado a costar el salario de todo un día de un profesional se debe a "la falta de escrúpulos" de quienes se quieren "lucrar a costa del pueblo", nos dicen desde la pantalla chica. En ese reparto de culpas, todos hemos sido alguna vez colocados en el centro de las imputaciones.

[[QUOTE:Tenemos todo el derecho de dirigir nuestro índice hacia ese sistema que nos ha condenado al perenne banquillo de los acusados]]Ahora, el aparato propagandístico gubernamental la emprende contra los conductores de taxis colectivos, pero mañana podrían ser los propietarios de restaurantes privados, los maestros que brindan repasos particulares o los aguadores que venden su preciada mercancía en los barrios donde las tuberías están secas desde hace semanas.

Siempre habrá un "malhechor", un "irresponsable" o un "enemigo" que hace que el sistema no pueda funcionar en toda su gran humanidad de manual, su nunca probada eficiencia y su supuesta capacidad, aún por demostrar, de hacer felices a los cubanos.

Sin embargo, la estrategia de culpar a otros, por oleadas y en cuotas programadas, tiene un punto débil. Llega un momento en que los culpables son más que los acusadores. Hay un segundo en que, del lado de acá, de los estigmatizados coincidimos balseros, disidentes, carretilleros, cuentapropistas, boteros, ministros defenestrados y vilipendiados mercaderes de baratijas. En ese punto, en el que estamos hace mucho tiempo, tenemos todo el derecho de dirigir nuestro índice hacia ese sistema que nos ha condenado al perenne banquillo de los acusados.

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14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, Havana, 7 July 2016 — My father came home with his head spinning. “What is the crime that several Cuban athletes in Finland are accused of?” He had only heard the official statement signed by the Cuban Volleyball Federation read on primetime news on Monday and published in the written press. … Continue reading "Cuba’s Journalists Missing in Action / 14ymedio, Yoani Sanchez" Continue reading

Yoani Sanchez

“Queremos dejar de estar en las portadas de los periódicos” aseguraba un taxista, en medio del congestionado tráfico de una calle panameña tras preguntarle por el filtrado de documentos de la firma Mossack Fonseca. A pocas semanas de aquella conversación, los medios vuelven a enfocarse este domingo sobre el país istmeño, pero esta vez para la inauguración del nuevo complejo de esclusas del Canal de Panamá. 

Entre la algarabía por los festejos oficiales y las críticas que ha provocado el megaproyecto, el gran ausente en las notas informativas ha sido un supuesto beneficiario de tales mejoras: el puerto cubano de Mariel. Un manto de silencio rodea los detalles sobre su actual disposición, o indisposición, para servir como escala a los barcos que atravesarán la nueva estructura y que podrán portar hasta 13.000 contenedores de 6,1 metros de largo (TEU’s). 

Cuando el buque Andronikos, con capacidad para 9.400 contenedores y gestionado por la naviera china Cosco, recorra hoy desde el océano Atlántico hasta el Pacífico el recién concluido tramo, arreciará la competencia entre los puertos de la región para adjudicarse el mayor número de embarcaciones que se dirijan o provengan del canal. 

En abril de 2015 uno de los responsables de la instalación portuaria cubana, ubicada a 45 kilómetros de La Habana, declaró que el Gobierno aspiraba a convertir la terminal de contenedores del puerto de Mariel en “la mejor opción” de trasbordo en la región, una vez que quedara inaugurada la ampliación del paso panameño. 

Una proyección confirmada también en esos días por Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), quien aseguró que el puerto será "un gran hub logístico y de trasbordo regional" a la par que destacaba "los enormes avances de la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZDEM) y su terminal portuaria".[[QUOTE:El proyecto estrella del gobierno de Raúl Castro, surgido con el objetivo de impulsar la economía nacional, generar exportaciones y atraer inversiones, no está listo]]Sin embargo, el proyecto estrella del gobierno de Raúl Castro, surgido con el objetivo de impulsar la economía nacional, generar exportaciones y atraer inversiones, no está listo -en el momento preciso- para aprovechar el flujo de los enormes cargueros a través de las estrenadas esclusas panameñas. Varias fuentes consultadas apuntan a un deficiente dragado de la bahía, como la causa principal del retraso. 

Con 4.268 trabajadores, de ellos 454  técnicos y 221 ingenieros, el puerto de Mariel no ha sabido aprovechar los siete años que duraron las obras del Canal, entre ellos más de 24 meses de retraso en relación al cronograma inicial. Una realidad que desmiente los pronósticos oficiales que situaban en los inicios de 2016 la apertura de la terminal para los contenedores Post-panamax

Sin embargo, el condado de Miami-Dade sí ha hecho las tareas. El puerto de esa ciudad cerró el pasado año con el mayor tráfico de contenedores en 10 años y se ha venido preparando para darle la bienvenida a los grandes cargueros que transitarán por las nuevas esclusas. Las autoridades esperan que su puerto se convierta en la primera escala en la región sureste de Estados Unidos, antes de que los barcos enfilen la proa hacia Panamá.[[QUOTE:Mientras en Cuba, toneladas de arroz y fertilizantes se malograron en la bahía de La Habana en las pasadas semanas, a falta de vagones de carga que permitieran su transportación]]Las obras en Miami han sido mencionadas a lo largo de los últimos días por los medios internacionales, vinculándolas estrechamente al Canal de Panamá. Las mejorías en las instalaciones portuarias en la ciudad del sol incluyen un nuevo servicio ferroviario, además de un túnel que conecta al puerto con el sistema de autopistas interestatales. Mientras en Cuba, toneladas de arroz y fertilizantes se malograron en la bahía de La Habana en las pasadas semanas, a falta de vagones de carga que permitieran su transportación. 

Significativamente, el tema del puerto de Mariel ha disminuido su presencia en los medios oficiales cubanos y los pocos reportajes que se transmiten evitan precisar los actuales volúmenes de actividad. Ningún especialista o autoridad de la ZDEM ha explicado a la prensa nacional cómo el país aprovechará las oportunidades que se abren a partir de hoy, cuando los panameños celebren la inauguración de su obra del siglo. 

En lugar de información, solo tenemos silencio y rumores. Alrededor del puerto de Mariel se ha instalado ese muro oscuro y plagado de secretismo que separa a los megaproyectos oficiales de la realidad. 


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