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Yoani Sánchez

Yoani Sánchez

A punto de cumplirse 60 años desde su triunfo, la Revolución cubana no se parece hoy a lo que fue ni a lo que pretendió ser. En casi seis décadas, aquellos jóvenes barbudos que bajaron de las montañas pasaron de generar ilusiones a provocar temor o apatía. Su fórmula para mantenerse en el poder ha sido una mezcla de obstinación y cinismo político.

De aquel centenar de figuras fundadoras, rebautizadas hoy como la generación histórica, apenas queda una decena de sobrevivientes de los cuales solo cuatro ocupan posiciones relevantes. Las cenizas de Fidel Castro reposan en una piedra y su hermano Raúl ha transferido los poderes del Gobierno mientras prepara su relevo al frente del Partido Comunista.

[[QUOTE:El socialismo cubano ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos en un planeta globalizado donde el concepto de "países capitalistas" alude prácticamente al resto del mundo]]Un cuarto de siglo después del desplome del socialismo en los países de Europa del Este y en medio de la crisis que vive la izquierda en América Latina, el socialismo cubano ha tenido que adaptarse a los nuevos tiempos en un planeta globalizado donde el concepto de "países capitalistas" alude prácticamente al resto del mundo. Para no perecer ha echado mano de prácticas y fórmulas de las que una vez renegó.

Uno de esos cíclicos lavados de cara está ocurriendo en estos momentos con la reforma constitucional. Este proceso está marcado, de un lado por la terquedad del pensamiento oficial, que sostiene que el sistema es irrevocable, y, de otro, por un exceso de esperanza en los sectores reformistas que apuestan por que la Carta Magna sea un paso en el largo camino hacia la transformación del país.

Al margen de esas dos posturas se posiciona el extenso bloque de los pesimistas, quienes piensan que hasta que no cambie lo que tiene que cambiar todo seguirá igual en Cuba.

La irrevocabilidad

La Constitución, que se cocina bajo la estricta vigilancia del único partido permitido en el país, mantiene el concepto de que "el socialismo y el sistema político y social revolucionario establecidos son irrevocables". De esa manera, cuando el próximo 24 de febrero los cubanos acudan a votar en el referendo constitucional estarán ratificando o negando esa camisa de fuerza.

Raúl Castro ha preparado un minucioso entramado de 224 artículos para dejar a la nueva generación de funcionarios un sistema atado y bien atado, en el que resulta casi imposible impulsar un cambio de rumbo desde dentro. La Constitución es la hoja de ruta de la que no podrán separarse un centímetro, o, al menos, así lo ha planeado el exgobernante.

Ni siquiera el Parlamento tiene potestad para reformar este principio de irrevocabilidad que funciona como una rienda legal para las nuevas generaciones que se alistan a tomar los timones de la nave nacional y que pueden verse tentadas a llevar las reformas demasiado lejos, una vez que el grupo de los históricos se haya extinguido definitivamente.

El extenso texto es la última jugada de los octogenarios de verde olivo para controlar el país más allá de su muerte, para ganarle la partida a la biología y seguir determinando la suerte de Cuba.

La esperanza reformista

Los más optimistas creen que a pesar de los rígidos barrotes que imponen algunos artículos de la Constitución, otros abren un espacio para mayores libertades económicas y sociales.

En la nueva Carta Magna que ahora se promueve se ha retirado la palabra comunismo para definir la meta final de la Revolución, ha desaparecido el propósito explícito de eliminar la explotación del hombre por el hombre, se ha aceptado la propiedad privada sobre los medios de producción y se reconoce el papel del mercado en la economía.

Estas adecuaciones abren el camino para el eventual establecimiento en la Isla de un modelo al estilo chino o vietnamita, donde el Partido mantiene un rígido control político al tiempo que el Estado renuncia a su monopolio sobre la propiedad. El centralismo económico se ve menoscabado con la aceptación de otras formas de gestión, pero se le deja claro a los emprendedores que no podrán crecer o enriquecerse más allá de un estricto límite.

Otros puntos, como la aceptación del matrimonio igualitario o la regulación de la edad máxima de los altos cargos del país, son parte de un envoltorio de colores atractivos con los que se quiere esconder el caramelo envenenado de la Carta Magna. Con esas flexibilizaciones, el oficialismo quiere atraer a la comunidad LGBTI y a otros grupos reformistas para que refrenden el documento a pesar de que el resto de los artículos tienen un carácter inmovilista y reaccionario.

[[QUOTE:En los debates públicos que se llevan a cabo sobre el proyecto se escuchan numerosas voces que reclaman el permiso para que los nacionales tengan derecho a invertir en igualdad de condiciones con los extranjeros]]En los debates públicos que se llevan a cabo sobre el proyecto se escuchan numerosas voces que reclaman el permiso para que los nacionales tengan derecho a invertir en igualdad de condiciones con los extranjeros y se ha propuesto eliminar el artículo que inhibe "la concentración de la propiedad en personas naturales o jurídicas no estatales". Pero hasta el momento solo son planteamientos que nadie sabe si quedarán reflejados en el texto final.

Los optimistas también se preocupan por las oscilaciones o los pasos en retroceso que acompañan a cada avance.

Mientras que la aspiración largamente soñada de tener acceso a Internet parece que se concretará a finales de este año a través de la conexión desde los teléfonos móviles, el oficialismo ha lanzado una ofensiva contra la difusión independiente de contenido y la prensa no gubernamental, que ha tenido su clímax en la promulgación del Decreto Ley 349, que da una vuelta de tuerca a la censura cultural.

Recientemente se han dictado además leyes tendientes a controlar a los emprendedores, a los que aún no se les permite exportar o importar y carecen de un mercado mayorista que les abastezca de recursos. El nuevo enemigo de la Revolución cubana es –desde hace algún tiempo– ese sector privado que aventaja al Estado en servicios y calidad.

Para el Gobierno, los trabajadores por cuenta propia son un grupo al que vampirizar con impuestos y multas, pero al que no se le debe dar alas para que se expanda demasiado o pueda llegar a organizarse en sindicatos. Justo en esa zona de las libertades civiles es donde el sistema se muestra más reacio a dar pasos hacia adelante, temeroso de que una pequeña apertura que permita la libre asociación ponga en jaque el monopolio del Partido Comunista.

Todo o nada

A pesar de la vigilancia y la represión, el entorno inconforme cubano ha crecido significativamente en los últimos años y han aparecido numerosos matices. En ese sector crítico se inscribe el ciudadano que sufre sin protestar la cruda realidad donde el salario no alcanza para alimentar a la familia, los mercados están desabastecidos y el transporte público ha colapsado, pero también el activista que sale a la calle a gritar consignas exigiendo democracia y respeto a los derechos humanos.

Especialmente entre estos últimos prevalece la idea de que la única solución a los problemas del país pasa necesariamente por "el derrocamiento de la dictadura".

Desde este punto de vista no hay otro camino frente al hecho de que el relevo generacional en el poder se está cimentando con la irrevocabilidad del sistema y con un partido único que se presenta como "la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado".

Sin embargo, ilegalizados y con pocos recursos, sin acceso a los medios de prensa nacionales y constantemente vigilados, la posibilidad de los activistas de descabezar el sistema parecen nulas.

Para la oposición el referendo constitucional podría convertirse en la única oportunidad en mucho tiempo de mandar un mensaje al régimen. Por años, la desunión, los conflictos personales y el constante trabajo de la policía política han hecho mella entre los grupos disidentes. El deshielo diplomático entre Washington y La Habana profundizó esa fractura y dividió a la sociedad civil entre quienes aceptaban el acercamiento y quienes lo rechazaban.

[[QUOTE:Aquella promesa de un futuro luminoso que el castrismo convirtió en uno de sus más importantes pilares populares se ha desvanecido de tanto no cumplirse]]Ahora están ante la encrucijada de unirse alrededor de votar No en el referendo constitucional o permitir que el Gobierno termine por cerrar la jaula con una Constitución que pretende la perpetuidad del sistema. En los próximos meses se pondrá en evidencia la decisión que han tomado los más importantes líderes opositores.

Por el momento, ya hay muchos argumentos con los que podría irse convenciendo al ciudadano común de la necesidad de rechazar la Carta Magna. Aquella promesa de un futuro luminoso que el castrismo convirtió en uno de sus más importantes pilares populares se ha desvanecido de tanto no cumplirse. No hay tampoco un líder carismático capaz de arrastrar a las masas a nuevas cotas de sacrificio.

En el contexto nacional las nuevas generaciones carecen de entusiasmo tanto para entregar su juventud a la utopía socialista como para rebelarse frente al régimen. La válvula de escape que durante décadas ha sido la emigración se ha cerrado considerablemente debido a nuevas regulaciones en los Estados Unidos, el principal destino de los cubanos.

Se trata de un momento de fragilidad para ese proceso llamado Revolución cubana. Un sistema que llega a sus seis décadas de existencia sin haber podido cumplir buena parte de sus promesas, pero con la intención de mantenerse en el poder por la fuerza y con una Constitución que lo consagra para la eternidad.

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NdlR: este texto ha sido publicado por el diario La Prensa Gráfica que autoriza a este diario a reproducirlo.

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Yoani Sánchez

¿Cómo evaluar los riesgos? ¿Qué hacer ante una agresión física? ¿De qué forma se protege mejor una información? Estas son algunas de las interrogantes a las que da respuesta el Manual de Seguridad Holística para Periodistas de Cuba, recientemente publicado por el Institute for War & Peace Reporting (IWPR). Con un lenguaje sencillo, el documento es una "caja de herramientas" imprescindible para los reporteros de la Isla.

Por décadas, la prensa independiente cubana ha vivido innumerables atropellos y ha debido adaptarse a frecuentes situaciones difíciles y peligrosas. Esa larga experiencia ha servido de fuente principal para el IWPR a la hora de redactar el actual manual, presentado en formato PDF e inspirado en el día a día de todos esos reporteros que han optado por narrar su país al margen de los medios oficiales.

Junto a las vivencias recogidas entre estos protagonistas de la información libre, el texto también ha apelado a los consejos de expertos y de varias organizaciones internacionales comprometidas con la libertad de expresión y la protección de periodistas. De ahí que el resultado final sea un compendio de recomendaciones muy enfocadas a la realidad cubana, con sus peculiaridades y su particular contexto jurídico.

En sus páginas se integran consejos para la seguridad física, psicológica, digital y legal, pero también sugerencias de cómo actuar en momentos de peligro. "El objetivo del manual es fortalecer las capacidades de prevención, autoprotección y seguridad para ejercer cualquier actividad informativa en la Isla", aseguran sus editores, a lo que habría que agregar que se trata también de un texto marcado por el civismo y la ética periodística.[[QUOTE:En sus páginas se integran consejos para la seguridad física, psicológica, digital y legal, pero también sugerencias de cómo actuar en momentos de peligro]]Responder a la represión con más promoción de la transparencia y con un trabajo más profesional son algunas de las prácticas que promueve el documento de 112 páginas. Esto resulta un verdadero desafío frente a un Gobierno que prefiere tener "un país mudo, sordo y ciego", según denunció en su reunión de Colombia, en julio pasado, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

En una sociedad hipervigilada y con una Seguridad del Estado cada vez más dedicada al espionaje informático, no está de más recordar a los reporteros que nunca se debe "dejar a la mano notas o información de fuentes", ni promover entre ellos las aplicaciones de encriptación que cifran los mensajes desde el momento del envío, como lo explica con muchos detalles el manual.

La flexibilidad a la hora de ajustar los consejos, según la temática en la que trabaja el periodista o las características de cada medio, también se inscribe entre las virtudes de este volumen. Su capacidad de enmienda puede ser infinita dado los nuevos retos con los que cada día tropiezan los reporteros, de ahí que el IWPR insta a mantener el contenido "vivo, sujeto a modificaciones a medida que cambia el contexto".

Más allá de las recomendaciones para la salvaguarda del periodista, el medio y la información recogida, el texto se convierte también en un glosario de las vulnerabilidades más comunes que padece la prensa en Cuba. Un listado a tener en cuenta en momentos en que se presiona desde varios sectores para tener una Ley de Prensa en el país.

Que el manual haya visto la luz poco después de clausurarse el Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba también ayuda a comparar los planteamientos que hicieron en ese cónclave los profesionales vinculados a medios oficiales, en los que exigían más acceso a fuentes institucionales y mejores salarios, en contraposición a las demandas del sector independiente, ni siquiera reconocido legalmente y que padece frecuentes detenciones arbitrarias y confiscaciones de útiles de trabajo.[[QUOTE:Valdría la pena que los editores revisaran algunos consejos tecnológicos, como el uso de WhatsApp para el contexto cubano]]Valdría la pena que los editores revisaran algunos consejos tecnológicos, como el uso de WhatsApp para el contexto cubano. La herramienta, muy popular en otras naciones, se enfrenta en la Isla a varios obstáculos que no la hacen recomendable para el trabajo periodístico. Con obligadas y pesadas actualizaciones, se queda muy por debajo de lo que puede ofrecer Telegram a los usuarios nacionales.

Por un lado, para usar la versión de escritorio de WhatsApp es necesario estar conectado también a través del móvil, algo muy difícil de lograr para quienes en Cuba utilizan una sola cuenta de navegación en las zonas wifi. Telegram Desktop, mientras tanto, permite un uso independiente del celular, lo que junto a la posibilidad de editar los mensajes después de enviarlos lo hace más recomendable para la prensa.

No en balde a Telegram le dicen el servicio de mensajería de "los disidentes y los perseguidos" y, además, no pertenece a Facebook como si es el caso de WhatsApp, que fue comprado por el gigante de las redes sociales. La empresa de Mark Zuckerberg ha demostrado tener serias vulnerabilidades en cuanto a la gestión de los datos de sus clientes mientras que Telegram muestra un mayor compromiso con la seguridad, y por este motivo lo han bloqueado en Rusia, donde fue creado.

A pesar de que el manual está destinado a la prensa cubana que se hace fuera del control del Partido Comunista, muchos de los consejos recogidos en sus páginas pueden servir también para quienes laboran en medios permitidos y financiados por las autoridades. Incluso, deben ser de obligada lectura para los corresponsales extranjeros residentes en territorio nacional, que no están exentos de la vigilancia y castigo por su trabajo.

El libro cierra con el texto de la Ley 88, conocida también como Ley Mordaza y bajo la cual en 2003 fueron juzgados 75 activistas. Al menos un tercio de ellos ejercían el periodismo independiente. Un estremecedor epílogo que recuerda que, a pesar de los consejos y las recomendaciones de seguridad, un reportero independiente cubano está a merced del capricho represivo del régimen.

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Yoani Sánchez

Tiene 20 años y se ha practicado cuatro abortos. Esta joven cubana, que llamo Aimara para evitar revelar su identidad, no es un caso aislado. La interrupción del embarazo es algo tan frecuente entre las mujeres de la Isla que lo difícil es encontrar alguna que no haya pasado por ese proceso.

Nuestro contexto nacional resulta diferente a lo que ocurre en otros países de la región. En algunos de ellos las féminas pueden pasar largos años tras las rejas por recurrir a tal procedimiento o por solo sospecharse que así lo hicieron.

Mientras en naciones como Chile y Argentina el debate enciende las calles y los foros públicos, en Cuba la discusión sobre el tema apenas sí tiene lugar en las redes sociales y en los sitios digitales de la prensa independiente.

Para la propaganda oficial se trata de un "problema resuelto", pero en el interior de los templos religiosos los pastores afilan la retórica contra las mujeres que deciden abortar. Mientras, en los hospitales cubanos la práctica se ha vuelto casi tan rutinaria como extraerse una muela. El aborto es considerado como un método anticonceptivo más.[[QUOTE:Para la propaganda oficial se trata de un "problema resuelto", pero en el interior de los templos religiosos los pastores afilan la retórica contra las mujeres que deciden abortar]]El acceso masivo a los servicios médicos y la legalización de la interrupción del embarazo, a pesar del deterioro material que atraviesa desde hace décadas la Salud Pública, contribuyen a salvar vidas maternas porque las mujeres no se ven obligadas a recurrir a curanderos ni clínicas improvisadas.

En 2016 se produjeron 85.445 de estas intervenciones en centros hospitalarios cubanos, lo cual representa 41,9 interrupciones por cada 100 embarazadas, según cifras oficiales.

Una buena parte de esas pacientes llegó a la camilla de un hospital movida por la precariedad económica, pero también por la indefensión en que las dejó el poco apoyo familiar o la indiferencia de su pareja. Los estrictos roles de género y el machismo imperante siguen colocando sobre los hombros de las mujeres lo que debiera ser una responsabilidad compartida.

Ese es el caso de Aimara, que viviendo "en una casa donde sobra gente y falta espacio", al decir de ella misma, subraya que no quiere "parirle a un marido abusador y mucho menos en Cuba como está la cosa". Ahora mismo, ha recorrido una decena de farmacias en La Habana y "no hay condones", le responden con cara de resignación los empleados.

Mantener un suministro de píldoras anticonceptiva también es difícil y el último dispositivo intrauterino que la joven se colocó "hizo más daño que beneficio", asegura.[[QUOTE:La vida de Aimara y la de sus futuros hijos se encuentran a merced de fuerzas mayores, especialmente a expensas de lo que decidan un grupo de señores sin ovarios en una climatizada oficina rodeada de comodidades]]Si, por un lado, las mujeres cubanas hacen valer la decisión sobre lo que ocurre en el interior de sus vientres, por otro, encuentran en las interrupciones de embarazo, los llamados "legrados" (el raspado de cavidad) y las "regulaciones menstruales" (cuando se practica antes de las 6 semanas y sin anestesia), una salida ante el desabastecimiento de métodos anticonceptivos, la crónica crisis económica y los deseos de emigrar que se complican si hay un niño incluido en el plan de escapada.

"Conseguir una visa es difícil para una persona, imagínate para dos", asegura Aimara, con una lógica que aplasta. Su manera de pensar está muy extendida. Las dificultades habitacionales, en un país con un déficit de más de 800.000 viviendas, y las ansias de radicarse en cualquier otra geografía, son algunas de las más importantes motivaciones que han llevado a una caída de la natalidad que ha hecho saltar las alarmas.

Además, el aborto reiterado, que es tan frecuente en Cuba, multiplica los peligros para la salud y en no pocos casos provoca problemas cervicales e infertilidad. Aimara transita ahora por esa peligrosa cuerda floja. Tiene el derecho legal y sanitario a lo que ocurre en el pequeño perímetro de su útero, pero su vida y la de sus futuros hijos se encuentran a merced de fuerzas mayores, especialmente a expensas de lo que decidan un grupo de señores sin ovarios en una climatizada oficina rodeada de comodidades.

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Yoani Sánchez

Desde hace algún tiempo quedó claro que los próximos pasos en la carrera de Michelle Bachelet apuntaban hacia un organismo internacional. Cerrado su camino político en Chile, donde llegó a tener como presidenta unos mínimos históricos de popularidad, ahora se convertirá en la Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, según ha trascendido esta semana.

El arribo de Bachelet a la cabeza de la Acnudh no es una sorpresa puesto que su nombre se manejó incluso para liderar la ONU tras la salida de Ban Ki-moon. Pese a que su nueva responsabilidad todavía debe ser ratificada por la Asamblea General, la chilena tiene muchas probabilidades de ocupar el puesto más importante de Naciones Unidas en materia de derechos humanos. Aunque ambos tienen su sede en Ginebra (Suiza), no se debe confundir la Acnudh, con el Consejo de Derechos Humanos, que es un organismo político compuesto por los representantes de los Estados miembros de la ONU. En cambio, la Acnudh es un organismo supuestamente independiente donde trabajan más de mil funcionarios.

Llega a esa posición en un momento complejo en el que las violaciones de los derechos ciudadanos suben de tono en numerosos países y en el que Naciones Unidas vive un período de fragilidad, derivada de su inacción, la manipulación que hacen de sus mecanismos los regímenes autoritarios y la poca credibilidad de la que goza entre los Gobiernos democráticos.

Su historial no la ayuda mucho en ese empeño ecuménico. Bachelet demostró durante sus dos mandatos presidenciales que puede padecer de una obstinada miopía cuando se trata de los desmanes cometidos por sus compañeros ideológicos que mandan en Venezuela, Nicaragua y, sobre todo, en la Plaza de la Revolución de La Habana.[[QUOTE:En los largos años que estuvo al frente de la sólida democracia chilena, sus críticas fueron más bien tibias o inexistentes hacia los populismos de izquierda que reprimían a sus disidentes]]En los largos años que estuvo al frente de la sólida democracia chilena, sus críticas fueron más bien tibias o inexistentes hacia los populismos de izquierda que reprimían a sus disidentes. Salvo algunas pocas excepciones, la mandataria prefirió no incordiar a sus compañeros de utopía y optó por la estrategia de dirigir la vista hacia otra dirección.

Pocas semanas antes de entregar la banda presidencial a Sebastián Piñera, llegó a Cuba en un viaje que solo podía entenderse como el que realiza el practicante de un credo al templo del que irradia su doctrina. Aunque la propaganda oficial de ambos países habló de una visita para estrechar lazos comerciales, en realidad aquella estancia tuvo todas las trazas de una renovación de votos hacia el castrismo.

La designación de una amiga de la Plaza de la Revolución a un puesto muy codiciado por La Habana no es fruto de la casualidad. Ahí se siente la influencia de la diplomacia cubana y sus habilidades para moverse en los pasillos de la ONU, presionando, comprando lealtades y votos para allanar el camino y convertir a la expresidenta chilena en Alta Comisionada para los Derechos Humanos.

El nombramiento de Bachelet es una magnífica oportunidad para La Habana porque necesita apoyos internacionales para compensar el debilitamiento de sus alianzas regionales dentro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

También es una oportunidad para los aliados de La Habana, que viven momentos difíciles y hacen todo lo posible para evitar condenas internacionales por sus actuaciones represivas. Es el caso de Nicaragua, donde un antiguo guerrillero devenido caudillo, Daniel Ortega, ha respondido a sangre y fuego a las revueltas populares. Ocurre algo similar en Venezuela, que vive una terrible crisis humanitaria mientras el Palacio de Miraflores recurre a un discurso más agresivo, excluyente y disparatado.[[QUOTE:El nombramiento de Bachelet es una magnífica oportunidad para La Habana porque necesita apoyos internacionales para compensar el debilitamiento de sus alianzas regionales]]En la propia Cuba las organizaciones del Sistema de Naciones Unidas suelen alinearse con el Gobierno en lugar de tomar nota de las denuncias de los ciudadanos contra el férreo control del Partido Comunista. ¿Puede esto cambiar con la llegada de la expresidenta socialista a la cabeza de la Acnudh?

¿Si no lo ha hecho antes, por qué Bachelet criticaría ahora a sus viejos amigos de verde olivo? ¿Por qué denunciaría los actos de repudio contra los disidentes, los arrestos arbitrarios o el control que ejercen las autoridades sobre la vida de millones de cubanos?

En lugar de pronunciarse sobre las violaciones de los derechos políticos de toda una población, Michelle Bachelet se ha dedicado durante muchos años a ensalzar los supuestos logros en la salud y la educación cubanas de los que apenas queda un espejismo. No hay ningún motivo para pensar que cambiará de discurso desde la atalaya de la ONU.

Siempre podrá justificar su silencio y su inacción con el argumento de que está muy atareada con las múltiples denuncias que le llegarán de tantos otros lugares del planeta.

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Yoani Sánchez

Solo faltó la banda fúnebre acompañada de crespones negros y sollozos. La clausura del XXIV Foro de Sao Paulo, el pasado martes en La Habana, tuvo todas las trazas de un entierro. Casi se podían escuchar las paletadas de tierra caer sobre esa izquierda latinoamericana que no ha sabido desligarse de los populismos.

Lejos de aquellos tiempos en que los mandatarios de izquierda de la región servían para llenar una amplia tribuna, ahora se convocaron en la Isla unos pocos supervivientes políticos de entonces, más emparentados por su furibunda adicción al poder, que por la bandera de la justicia social y el reparto equitativo de la riqueza.

No faltaron, entre los más de 600 invitados, algunos desorientados que todavía creen en la propaganda de "la Isla de la utopía" o que ingenuamente buscan un espacio de fresca pluralidad en una reunión de este tipo. Falsa ilusión. Creado en los años 90 por iniciativa de Fidel Castro y Luiz Inácio Lula da Silva, el Foro nunca ha sido el lugar para la polifonía.

[[QUOTE:Creado en los años 90 por iniciativa de Fidel Castro y Luiz Inácio 'Lula' da Silva, el Foro nunca ha sido el lugar para la polifonía]]Heredero indirecto de aquellos congresos que organizaba la Unión Soviética, escondió de su escenografía las hoces, borró los martillos, eliminó de sus charlas la palabra comunismo y desterró las alusiones leninistas. Puede que sus organizadores se hayan vestido de progresistas, succionado movimientos ecologistas, indigenistas y de derechos humanos, pero el esqueleto que los sostiene tiene una similar constitución a las conferencias armadas por la URSS, porque intentan hacer pasar por espontáneo lo que está milimétricamente controlado.

Su última edición ha servido otra vez como pasarela para quienes promueven la intolerancia política, el autoritarismo y el asistencialismo clientelar, como el venezolano Nicolás Maduro. También se ha sumado el líder con ansias de perpetuidad Evo Morales, el caudillo que heredó el poder por vía sanguínea, Raúl Castro, y el presidente elegido a dedo, Miguel Díaz-Canel.

Durante tres jornadas, los participantes aplaudieron furibundamente las consignas, los dislates y hasta las falsas promesas de "ayudar a los desfavorecidos" o "defender la verdad" que salieron de los labios, justamente, de algunos de los mayores corruptos y depredadores de la prensa en el continente. Cada nueva frase que pronunciaban era como una extremaunción que daban a su propia doctrina.

Esos que esta semana se vistieron con los ropajes de las luchas sociales y los reclamos de los más desfavorecidos han demostrado que una vez instalados en palacio su objetivo es minar las instituciones republicanas y dinamitar el basamento legal de la democracia, acciones que a mediano plano terminan por infligir un extenso daño a los propios sectores sociales que aseguran representar.

[[QUOTE:Esos que esta semana se vistieron con los ropajes de las luchas sociales y los reclamos de los más desfavorecidos han demostrado que una vez instalados en palacio su objetivo es minar las instituciones]]En la cita se le dio también un buen espacio a explicar el falso y maniqueo dilema de que hay que elegir entre esta izquierda que todavía habla de revoluciones y enemigos, o el neoliberalismo, la derecha y los poderosos. Una disyuntiva que se calza con llamados a que se respete "la libre determinación de los pueblos", lo que en realidad enmascara el reclamo de impunidad gubernamental para barrer con los derechos de sus ciudadanos.

En el hilo narrativo que conectó las sesiones del evento, una hebra insistía en la idea de que la izquierda no está acabada en esta parte del mundo y que tampoco se puede hablar de un cambio de ciclo ideológico. Tamaña ironía: los mismos que contribuyeron a la caída en desgracia de una tendencia se erigieron en el habanero Palacio de las Convenciones en doctores para auscultar a su víctima.

Los adalides populistas que dedicaron buena parte de los debates a señalar culpables, con el índice orientado hacia el norte, han entregado en bandeja de plata a sus opositores los argumentos para desprestigiar a toda una ideología. Conocedores quizás de esa caída en desgracia, apelan ahora a apuntalarse unos a otros. "O nos unimos, o nos hundimos en el lodo de la contrarrevolución que nos tratan de imponer", concluyeron premonitoriamente.

Esa frase revela también la verdadera razón del evento. Un conciliábulo para engrasar la maquinaria que revienta actos, azuza protestas, tuerce las matrices de opinión y grita, a todo pulmón, ante cada discurso que se aleje un milímetro del guión preestablecido. El Foro de Sao Paulo funciona como esas reuniones donde se reparten las instrucciones de la camorra ideológica, el ajuste de reloj para sincronizar el tiempo para el escrache o el acto de repudio.

Sin embargo, no todo es descartable en el recién concluido cónclave. Sus sesiones pueden funcionar como una advertencia a la otra izquierda, democrática y menos vocinglera, que pocas veces resulta invitada a este tipo de citas, para que marque públicamente la distancia y revitalice las ideas progresistas en el continente.

[[QUOTE:Sus sesiones pueden funcionar como una advertencia a la otra izquierda, democrática y menos vocinglera, que pocas veces resulta invitada a este tipo de citas, para que marque públicamente la distancia y revitalice las ideas progresistas]]América Latina necesita una izquierda con ideas renovadas, moderna y responsable, no el conglomerado de líderes impresentables que se dieron cita en La Habana. Partidos progresistas que dejen de colocar las responsabilidades en otra parte, temer a su propia ciudadanía y pescar en el río revuelto de los conflictos sociales. Pero para eso quizás sea imprescindible que el Foro de Sao Paulo se disuelva.

Ese escenario no está lejos. En la medida en que los Gobiernos que lo sustentaron desaparecen del mapa ejecutivo de la región, la cita va dando bandazos entre unos pocos países. La anterior edición se celebró en Nicaragua, y en esta ocasión debió regresar a la Isla, donde ya había tenido lugar en 1993 y 2001. Es fácil adivinar dónde serán los siguientes encuentros: Bolivia, Venezuela... o México.

Por esta vez, y sin sorpresas, en su declaración final los foristas culparon al "imperialismo" de Estados Unidos de las revueltas y conflictos sociales en la región, especialmente en Nicaragua, y pidieron la liberación de Luiz Inácio Lula da Silva. Como era de esperarse, la "revolución bolivariana" recibió un apoyo especial.

Algo, sin embargo, rompió la máscara y dejó ver el rostro escondido debajo del disfraz progresista. El mismo día en que se cerraba el Foro en la capital cubana, las bombas de Daniel Ortega caían sobre Masaya. Aplausos en el Palacio de las Convenciones de La Habana y explosiones mortíferas en las calles del barrio indígena de Monimbó. Risas en un lugar, siete horas de terror en otro. Ningún asistente al Foro de Sao Paulo condenó la represión.

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Yoani Sánchez

Corrían los años 80 y, desde Cuba, Nicaragua parecía la esperanza de que las revoluciones de izquierda iban a tomar el poder a lo largo de la geografía continental. La caída de la dictadura de Anastasio Somoza encajaba en las piezas de mi puzzle infantil, en el que compartían espacio los muros del Kremlin, la barba de Fidel Castro y los volcanes del país centroamericano.

Una colega de mi aula de tercer grado se pavoneaba de que su padre estaba en Managua como asesor militar. Esos viajes, además de garantizar la importación de regalos exóticos en medio de la aburrida distribución del mercado racionado, aumentaban el prestigio social porque se pasaba de inmediato a la categoría de "internacionalista proletario".

[[QUOTE: El ajedrez de la geopolítica había convertido a Nicaragua en un tablero donde Moscú movía fichas a través de los cubanos y Estados Unidos hacía otro tanto con los "Contra"]]Años después, cuando aquella neblina de consignas y quimeras se despejó, comprendí que ese eufemismo oficial escondía una realidad mucho más repudiable: la intervención militar en otra nación. El ajedrez de la geopolítica había convertido a Nicaragua en un tablero donde Moscú movía fichas a través de los cubanos y Estados Unidos hacía otro tanto con los "Contra".

A la par de aquella presencia física y de la ascendencia que la Plaza de la Revolución mantuvo sobre los comandantes sandinistas, la ofensiva principal se desarrolló en los medios de difusión y en cuanta manifestación cultural sirvió para transmitir la idea de que la hoz con su implacable martillo destruía los viejos regímenes latinoamericanos.

Así surgieron documentales, carteles, himnos y ripios poéticos de consulta obligada en las escuelas cubanas y, sobre todo, se creó un molde del que era imposible escapar. Ser sandinista y apoyar a Daniel Ortega, el líder de aquella revolución al que más espacio se le otorgaba en el discurso oficial de la Isla, era un catecismo necesario para poder ser "ordenado" como revolucionario cabal y comunista a toda prueba.

Castro apoyó a los sandinistas con estrategas y armas, como también hizo con tantos otros movimientos guerrilleros en la región. Testimonios y documentos que han salido a la luz confirman que el gobernante cubano mantuvo una fluida comunicación durante la insurrección con el cuartel principal Palo Alto, en Costa Rica, porque siempre le gustó jugar a la guerra en la distancia, con las balas hiriendo otros cuerpos.

[[QUOTE:Castro apoyó a los sandinistas con estrategas y armas, como también hizo con tantos otros movimientos guerrilleros en la región]]Tras alcanzar el poder, los comandantes sandinistas visitaron La Habana y el gobernante conversó con ellos en un maratón de más de 70 horas del que han salido a la luz al menos dos consejos. Les recomendó convocar elecciones lo más pronto posible y no instaurar el servicio militar obligatorio. Los tercos camaradas no hicieron caso, quizás porque se dieron cuenta de que el "consejero en jefe" no había aplicado ninguna de aquellas premisas y, no obstante, seguía controlando la Isla.

Tras aquella alianza, los niños cubanos tuvimos otros comandantes a los que adorar, otra revolución por la que gritar vivas y una geografía que explorar en los mapas, pensando en el día en que desembarcaríamos en ella con botas, un brújula y un fusil para matar o morir en nombre de la utopía. La Isla nos quedaba estrecha y entonces podíamos proyectar una Cuba continental, dar el salto desde nuestro caimán hasta esa apretada cintura que nos prometía seguir avanzando hacia la voluptuosidad de las dos Américas.

Mientras ese momento del sacrificio físico llegaba, aplaudimos. Cantamos loas a Ortega y a sus compañeros incluso cuando las confiscaciones que impulsaron mostraron más voracidad que justicia, cuando la estatización arruinó al país o cuando no les tembló la mano para apuntar los fusiles contra el pueblo. La amistad ideológica implicaba entonces ese tipo de miopía selectiva.

[[QUOTE:Aunque algunos de los comandantes sandinistas se apartaron del insaciable Ortega, para la propaganda cubana siguieron siendo "los guerrilleros nicas"]]Los medios oficiales cubanos siguieron también presentándolos como jóvenes rebeldes hasta en momentos de absoluto desprestigio internacional, como el que provocó la escandalosa 'piñata' sandinista en que se repartieron bienes y se forraron los bolsillos. Aunque algunos de los comandantes sandinistas se apartaron del insaciable Ortega, para la propaganda cubana siguieron siendo "los guerrilleros nicas", un grupo apretado, un bloque cerrado.

El diario oficial Granma nunca les dedicó una frase crítica y Silvio Rodríguez siguió cantando aquello de "otro hierro candente" que se había roto en Nicaragua. Un tema que sirvió para difundir, desde la pasión, una mentira. La revolución sandinista, como la cubana, se erigió desde su surgimiento en una insaciable fuente de derechos, se blindó contra sus críticos y olvidó aquel impulso fundacional de cambio que la hizo posible. Envejeció mal y rápido.

Después de casi 40 años, aquel joven que inicialmente conquistó el poder por las armas ahora trata de mantenerlo a través de ellas, en medio de las protestas populares que estallaron en las calles nicaragüenses en abril pasado. Ortega ha ordenado matar y lo seguirá haciendo para conservar la silla presidencial. Carente de la mística revolucionaria que una vez lo rodeo, ahora solo le quedan la represión o la claudicación.

[[QUOTE:Hoy la mayoría de los cubanos, culpables en parte de aquel espejismo convertido en satrapía, callan, miran hacia otro lado]]Para agravar su soledad internacional, el antiguo aliado y mentor lleva casi dos años muerto y La Habana no cuenta con aquellos abultados subsidios de antaño que le permitieron desplegar tropas en otros países. Pero los medios oficiales son un reducto de apoyo al orteguismo y de vez en cuando, en alguna vetusta emisora radial, se escucha sobre la "soga con cebo" que se partió en Nicaragua.

Hoy la mayoría de los cubanos, culpables en parte de aquel espejismo convertido en satrapía, callan, miran hacia otro lado o sueñan con alcanzar otras geografías, ahora no para extender la utopía sino para escapar de ella.

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Yoani Sánchez

Uno impulsivo y otro pragmático, uno carismático y el otro carente de cualquier magnetismo, los hermanos Fidel y Raúl Castro han dejado su apellido marcado a sangre y fuego en la historia cubana de los últimos sesenta años. Esta semana el relevo generacional llama a la puerta del poderoso clan familiar que planea salir del foco central pero no alejarse demasiado del poder.

Hubo un tiempo en que los niños cubanos calculábamos la edad que tendríamos cuando llegara el nuevo siglo. Imaginábamos convertirnos en adultos en un milenio teñido con el rojo de la bandera comunista, donde no circulaban el dinero ni la miseria. Sin embargo, el muro de Berlín cayó, la ilusión estalló en mil pedazos y nuestra aritmética personal pasó a contar los años que íbamos a tener cuando cayera el castrismo.

Ese día ha llegado, pero no como pensábamos. En lugar de un épico derrocamiento con la gente en las calles enarbolando banderas, al régimen cubano le ha tocado irse destiñendo como una vieja fotografía: sin gracia ni romance. Ese proceso comenzó hace doce años cuando Fidel Castro enfermó y transmitió el mando del país, por vía sanguínea, a su hermano menor.

A Raúl Castro le tocó lidiar con la compleja herencia recibida. Una nación en números rojos, con una creciente apatía ciudadana, un éxodo que desmentía el supuesto paraíso socialista que narraba la propaganda oficial, un entramado de prohibiciones que hacían la vida cotidiana asfixiante y una deficiente institucionalidad que languidecía bajo los caprichos del Comandante en Jefe.[[QUOTE:El General llegó a ganarse el irónico calificativo de “revolucionario paulatino” porque se mostró más con el estilo de un cauteloso y rancio conservador que con el ímpetu de un antiguo guerrillero]]

“Sin prisa pero sin pausa” fue el lema elegido por el raulismo para tratar de arreglar algunos de aquellos entuertos. El General llegó a ganarse el irónico calificativo de “revolucionario paulatino” porque ante la mayoría de los acuciantes problemas se mostró más con el estilo de un cauteloso y rancio conservador que con el ímpetu de un antiguo guerrillero.

Lo primero que hizo fue desmantelar el fidelismo, ese sistema personalista que su hermano edificó a su imagen y semejanza: caprichoso, violento, numantino y vocinglero. Sin dejar de apretar la mano represiva, el hermano segundón puso fin a varias “prohibiciones absurdas”, como las llamó entonces, que hacían más visibles y rígidos los barrotes de la jaula nacional.

Orientado en la dirección correcta, pero con una velocidad de quelonio y una profundidad epidérmica, Castro II autorizó la compraventa de viviendas, paralizada por décadas; permitió que los nacionales pudieran contratar una línea de telefonía celular, hasta entonces un privilegio del que solo disfrutaban los extranjeros; y lanzó una reforma migratoria en la isla-cárcel.

De su mano se impulsó el sector privado, bajo el eufemismo de trabajo por cuenta propia; el país se abrió a la inversión extranjera y se entregaron en usufructo miles de hectáreas de tierra que llevaban años improductivas. Incluso se redujeron los actos ideológicos públicos, se sepultaron las campañas políticas masivas a las que su hermano fue adicto y se impulsó un proceso de contraloría para tratar de atajar el despilfarro, la corrupción y la ineficiencia en las empresas estatales.

En esos años, entre julio de 2006 y enero de 2013, Raúl Castro gastó todo su capital político, agotó un programa de Gobierno que tenía límites muy claros: mantener el sistema socialista, evitar a toda costa que aumentaran las desigualdades sociales y taponar cualquier intento de pluralidad política.

Cuando el raulismo empezaba a languidecer, llegó el 17 de diciembre de 2014 la noticia del deshielo diplomático entre la Casa Blanca y la Plaza de la Revolución. Por casi tres años el mundo creyó que el “problema Cuba” estaba resuelto cuando vio a Chanel desfilar en el paseo del Prado, a Madonna bailar en un restaurante habanero y a la familia Kardashian pasear en un viejo auto por la Isla.

Pero el sueño de la normalización duró poco. Raúl Castro tuvo miedo de perder el control y no correspondió a las medidas tomadas por Barack Obama con la necesaria contraparte desde la Isla. Tras la visita oficial del presidente estadounidense los medios oficialistas arreciaron las críticas contra Washington, y la luna de miel terminó. Un divorcio que se sentenció con la llegada a la presidencia de Donald Trump.[[QUOTE:Temeroso del animal de mil cabezas que había desatado con sus reformas —el capitalismo—, Castro echó atrás o paralizó varias de las flexibilizaciones que le habían valido el calificativo de “reformista”]]

Temeroso del animal de mil cabezas que había desatado con sus reformas —el capitalismo—, Castro echó atrás o paralizó varias de las flexibilizaciones que le habían valido el calificativo de “reformista”. Desde agosto del pasado año la mayoría de las licencias para el sector privado están paralizadas, las prohibiciones de viaje decretadas contra los opositores han aumentado en los últimos meses y el discurso oficial ha enfilado sus críticas contra los emprendedores locales.

El octogenario gobernante no pudo resolver dos de los mayores problemas: unificar las dos monedas que circulan en la isla y aumentar los salarios ínfimos que recibe la mayoría de la población. Tampoco logró frenar el éxodo de cubanos, ni aplicar políticas que elevaran de manera efectiva la natalidad, un problema serio para una nación que se espera sea el noveno país más envejecido del mundo en 2050. Tampoco alcanzó a sanear el sector estatal corroído por la corrupción y la falta de eficiencia.

Sin embargo, el mayor fracaso del General en los diez años de sus dos mandatos fue su incapacidad de impulsar las necesarias reformas políticas para que el relevo generacional reciba una casa más ordenada. Ante el dilema de conservar todo el poder o ceder una parte, para evitar una fractura dramática en el futuro, el menor de los Castro no se diferenció mucho de su hermano y eligió el control absoluto.

Sabe que, aunque ha planificado metódicamente la sucesión y elegido a un heredero dócil y manejable como el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel, al sistema personalista que heredó de su hermano no le sienta nada bien la división de responsabilidades.

Mientras mantiene el control sobre el Partido Comunista, al que la Constitución consagra como fuerza dirigente del país, Castro podrá vigilar a este tecnócrata crecido a su sombra y consciente de que cualquier intento de autonomía podría significar su caída. Pero el viejo guerrillero sabe también que el final de su vida está cerca y que los benjamines se vuelven impredecibles cuando el mentor ya no respira.[[QUOTE:El sucesor hereda un país en crisis y una sociedad desanimada, un contexto internacional desfavorable, cuyas señales más claras son el cambio de rumbo ideológico en América Latina y el rechazo casi unánime a su aliado venezolano, Nicolás Maduro]]

El sucesor hereda un país en crisis y una sociedad desanimada, un contexto internacional desfavorable, cuyas señales más claras son el cambio de rumbo ideológico en América Latina y el rechazo casi unánime a su aliado venezolano, Nicolás Maduro. Le toca acabar con la dualidad monetaria, profundizar las reformas económicas para convencer a los inversionistas y ampliar el sector privado.

A diferencia de sus antecesores, no participó en la gesta bélica de la Sierra Maestra ni en el asalto al cuartel Moncada. Tendrá que construir su legitimidad sobre los resultados de su gestión y la realización de una reforma política real y amplia. El mito terminó y la generación histórica, que se impuso con el terror y el carisma, tiene los días contados.

La era Castro concluye y aquellos niños de antaño estamos en la madurez de nuestras vidas. Muchos quedaron en el camino sin conocer otro sistema. Por estos días volvemos a retomar las aritméticas personales: ¿qué edad tendremos cuando Cuba sea realmente libre?

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Este artículo fue publicado originalmente en el diario español El País.

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Yoani Sánchez

En 2010, el entonces presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva provocó una agria polémica al comparar a los disidentes cubanos con delincuentes comunes. Aquellas palabras, dichas una semana después de la muerte del opositor Orlando Zapata Tamayo, cobran hoy un nuevo significado a pocas horas de que el líder brasileño entre en prisión.

"Pienso que la huelga de hambre no puede ser usada como un pretexto de los derechos humanos para liberar a las personas", aseguró aquel marzo de hace ocho años el otrora obrero metalúrgico. "Imagínense qué sucedería si todos los bandidos que están presos en Sao Paulo entraran en huelga de hambre y pidieran su libertad", remachó de forma festinada.

[[QUOTE:A pesar de lamentar públicamente su fallecimiento, en sus aseveraciones el mandatario se mostraba convencido de que la versión oficial sobre la muerte de Zapata era la verídica y que él no era un preso político]]Para Lula, el disidente que agonizó en una celda hasta morir no era más que un criminal que dejó de comer 86 días para presionar a las autoridades y salir de la cárcel. A pesar de lamentar públicamente su fallecimiento, en sus aseveraciones el mandatario se mostraba convencido de que la versión oficial sobre la muerte de Zapata era la verídica y que aquel albañil, nacido en Banes, no era un preso político.

Ahora es el popular sindicalista quien ha sido juzgado ante los tribunales de la justicia y de la opinión pública. Llegó hasta este punto no por protestar en las calles por la represión policial, como hizo Zapata, sino por corrupción y lavado de dinero. Desde la presidencia de su país traicionó la confianza de los electores al intercambiar favores, recibir sobornos y otorgar contratos a dedo.

Bajo la imagen de hombre humilde que ascendió al puesto más alto de una imponente nación como Brasil, Lula era en realidad un "animal político" acostumbrado a priorizar la ideología y a los viejos camaradas de ruta antes que el bienestar de su pueblo. Nada más instalarse en el Palacio de Planalto comenzó a crear su propio y robusto entramado de prebendas y fidelidades que ha terminado por estallarle en las manos.

En esa red de favores no solo estaban algunos de sus viejos camaradas del Partido de los Trabajadores, sino también regímenes vetustos como el de La Habana. Lula sirvió solícitamente a los hermanos Castro todo el tiempo que estuvo en la presidencia, una actitud que heredó Dilma Rousseff al sucederlo en el cargo.

Al Gobierno cubano los años del PT al mando de Brasil le supieron a panacea. Lula y Rousseff cerraron filas para apoyar a la Plaza de la Revolución en los foros internacionales, mantuvieron engrasadas sus tropas de choque para salir al paso de las críticas contra los Castro y financiaron el puerto de Mariel, en el que se implicó la corrupta transnacional brasileña Odebrecht.

[[QUOTE:En nombre de esos viejos favores, el régimen habanero ha salido este jueves con una nota firmada por el Ministerio de Relaciones Exteriores en defensa del expresidente]]En nombre de esos viejos favores, el régimen habanero ha salido este jueves con una nota firmada por el Ministerio de Relaciones Exteriores en defensa del expresidente y ha catalogado su condena como una "injusta campaña en contra de Lula, contra el Partido de los Trabajadores y las fuerzas de izquierda y progresistas en Brasil". Lo ha hecho porque algunos corruptos pagan con apartamentos, otros con coimas y otros tantos con declaraciones políticas.

Es de esperar que los 12 años de prisión a los que ha sido sentenciado Lula puedan prolongarse mucho más en la medida en que los magistrados vayan encontrándolo culpable en otras causas que tiene pendientes. Su tiempo tras las rejas podría hacerse largo, tanto como para permitirle reflexionar sobre todo lo que ha dicho y hecho.

Quizás en las largas jornadas que le esperan mirando los gruesos barrotes, el expresidente pueda imaginar cómo fueron aquellos últimos días de Zapata, el joven albañil negro nacido en una pequeña localidad del oriente de la Isla que se negó a comer y a tomar agua para exigir su libertad. Aquel hombre, a diferencia de Lula, sí era inocente.

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Yoani Sánchez

Unidas por el tráfico de esclavos y, más tarde, por la geopolítica, Angola y Cuba viven hoy un momento de cercanía más allá de los vínculos culturales o de los pactos militares. Ambos países transitan por un proceso de sucesión del liderazgo histórico que en el caso de Luanda está rompiendo con más de un pronóstico.

Cuando el pasado año la nación petrolera inició un nuevo capítulo de su historia y José Eduardo Dos Santos dejó la presidencia después de casi cuatro décadas, todo apuntaba a que el traspaso de poder era una maniobra para prolongar el status quo y mantener a la familia del expresidente a buen recaudo.

Joao Lourenço, quien había ocupado el cargo como ministro de Defensa, fue elegido para suceder al hombre cuyo rostro sigue estando en los billetes y que la propaganda oficial rodeó de un exaltado culto a la personalidad. JLO, como también se conoce a Lourenço, era visto como un continuador, un títere que Dos Santos manejaría de cerca.

[[QUOTE: Lourenço era visto como un continuador, un títere que Dos Santos manejaría de cerca. Sin embargo, poco después de tomar el poder, JLO comenzó a desmantelar la extensa telaraña de negocios familiares de su antecesor]]Entre los 27 millones de habitantes del país africano, muchos nacieron o crecieron bajo la sombra del todavía líder del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA). Sin embargo, poco después de tomar el poder, JLO comenzó a desmantelar la extensa telaraña de negocios familiares de su antecesor. Una de las primeras piezas en caer fue Isabel Dos Santos, a quien la revista Forbes considera la mujer más rica de África con una fortuna personal que ronda los 4.500 millones de dólares.

Isabel había sido nombrada en junio de 2016 jefa de la petrolera estatal Sonangol, que mueve más del 90% de las exportaciones de crudo del país. En diciembre pasado Lourenço la relevó de su cargo, poco después de haberlo hecho también con los jefes de las secretarías militares, que se ocupan de la seguridad y la información del Estado.

El golpe alcanzó a otros dos hermanos, José Paulino y Welwitschia, que tenían bajo su control las más importantes cadenas de televisión. El presidente, que durante su investidura había derrochado elogios hacia el padre de estos hábiles empresarios, tardó unas pocas semanas en llevarse por delante a sus hijos.

Hace pocos días le ha tocado el turno a José Filomeno Dos Santos, exresponsable del Fondo Soberano angoleño, que posee activos por más de 5.000 millones de dólares. El hijo del anterior hombre fuerte del país ha sido acusado por la Justicia de defraudar 500 millones al Banco Central y se le ha prohibido salir de Angola.

Sacar a los Dos Santos de esos cargos no solo permite a JLO colocar en ellos a miembros más confiables de su administración, sino que representa un mazazo contra la red de nepotismo que alimentó su predecesor. Ese menoscabo económico se traduce en pérdida de poder en un país que, según el Índice de Transparencia Internacional se ubica en el puesto 164 de un total de 176 en cuanto a la percepción de sus ciudadanos sobre la corrupción.

Con sus ricos yacimientos petroleros, Angola sigue siendo una nación de profundos contrastes sociales, golpeada por la inflación y donde los sobornos o los robos al patrimonio público constituyen la principal fuente de entrada económica de muchos funcionarios y empresarios.

[[QUOTE:De la experiencia angoleña puede Castro ir extrayendo dos lecciones: los títeres pueden cortarse los hilos y proteger a un clan familiar es tarea difícil cuando no se tiene todo el poder]]José Eduardo Dos Santos, que tenía fama de ser un "Maquiavelo africano", es ahora un anciano enfermo, incapaz de oponerse a su sucesor, que se ha alejado del guion del traspaso del poder y amenaza con llevar a sus hijos a los tribunales.

La mesa está servida para que la diatriba histórica caiga sobre su figura y la oposición -a la que mantuvo a raya a golpe de represión- empiece a aprovechar las grietas en la cúpula. Aunque el anciano patriarca se quedó con la dirección del MPLA, ha tenido que convocar un congreso extraordinario donde es muy probable que se elija nuevo líder.

Es difícil resistir a la tentación de extrapolar esos acontecimientos a la situación que se vive ahora en Cuba con la sucesión de Raúl Castro, el viejo aliado que llevó a morir a miles de hombres a tierras africanas para que el MPLA pudiera tomar el poder en 1975. La planificación cuidadosa del cambio generacional, que se concretará en Cuba a partir del 19 de abril, tampoco es una garantía contra los disgustos.

De la experiencia angoleña puede Castro ir extrayendo dos lecciones: los títeres pueden cortarse los hilos y proteger a un clan familiar es tarea difícil cuando no se tiene todo el poder.

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Yoani Sánchez

Las imágenes de las tropas de choque del oficialismo cubano en la Cumbre de las Américas en Panamá, en 2015, se quedarán cortas este abril. El Gobierno de la Isla se prepara de cara a la cita de presidentes y al Foro de la Sociedad Civil en Lima, Perú, como si el evento fuera un campo de batalla en el que planea dominar por el volumen de sus gritos.

Parte de ese enfrentamiento comenzó este miércoles durante el Diálogo Hemisférico, un encuentro previo para ajustar agendas y presentar las numerosas delegaciones de la región. El discurso que llevó a la reunión el embajador cubano, Juan Antonio Fernández, adelanta parte de la estrategia que desplegará la delegación oficial en pocas semanas.

Fuera de toda la compostura que su cargo de diplomático exige, Fernández lanzó una frase de tono vulgar, más digna de una pelea callejera que de un evento internacional. "Con Cuba no te metas", le espetó tras una intervención a Jorge Luis Vallejo, miembro de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia.

La amenaza de Fernández, además de ser un anticipo del aquelarre de mal gusto, ataques y hasta golpes que planea la Plaza de la Revolución, incurre en una esperpéntica generalización, al definir a la Isla como sinónimo de una ideología, un Partido y un hombre en el poder, ahogando la pluralidad y la diversidad de ideas que existen en el país.

Sin embargo, más allá de la pataleta del embajador, vale la pena alertar a los organizadores de la Cumbre, a los anfitriones peruanos que tendrán que lidiar con estos intolerantes, sobre las señales que apuntan a que la nomenklatura castrista buscará deslucir el evento, reventar el Foro de la Sociedad Civil y hasta generar disturbios.[[QUOTE:Durante los últimos tres años, la Seguridad de Estado ha entrenado a sus huestes para el nuevo enfrentamiento y ha pulido su discurso para hacerles encajar en la terminología del Foro]]En Panamá, esas hordas de extremistas hicieron del hotel donde estaban hospedadas ambas delegaciones (la oficialista y la independiente) una trinchera política en la que gritaron, empujaron, dieron un feo espectáculo de agresividad y hasta atemorizaron a otros invitados que nada tenían que ver con Cuba.

Durante los últimos tres años, la Seguridad de Estado ha entrenado a sus huestes para el nuevo enfrentamiento y ha pulido su discurso para hacerles encajar en la terminología del Foro, para lo cual secuestraron conceptos que hasta hace unos años consideraban "burgueses", como los de "sociedad civil", "comunidad" o "gobernabilidad".

Esta simulación camaleónica les permitirá presentarse como entes cívicos autónomos, llegar hasta la sala de plenaria y los paneles de debate. Una vez allí, se quitarán la máscara y explotarán las discusiones con sus obcecadas consignas. Con ellos no hay espacio para los matices, porque piensan de forma binaria: "aliado o enemigo", "fidelista o mercenario", "pobre o rico", "norte o sur".

Quieren mandar un mensaje alto y contundente de que el castrismo sigue "vivito y coleando" a pocos días de que Raúl Castro termine su segundo mandato y entregue la silla presidencial a un sucesor elegido a dedo. La cita de Lima es el escenario para que esta vetusta gerontocracia se finja moderna, renovada y con futuro.

Entre los que llevarán ese mensaje, está la vicepresidenta de la oficialista Unión de Juristas de Cuba, Yamila Ferrer, quien aclaró que no compartirá "espacio alguno con elementos y organizaciones mercenarias". Sin embargo, no precisó si pensaba retirarse del evento, expulsar a golpes a los activistas independientes o impedir que se realicen las sesiones del Foro.[[QUOTE:La mejor manera de "enfrentar" a este pelotón de gritones es con datos, información y pruebas que demuestren lo que ocurre puertas adentro del país]]Ferrer sabe que una conducta destacada en Perú es una garantía de ascenso futuro, tal y como ocurrió con la psicóloga Susely Morfa que fue catapultada a secretaria general de la Unión de Jóvenes Comunistas tras vociferar en el vestíbulo del hotel El Panamá contra decenas de disidentes y periodistas independientes cubanos.

Ante la evidencia de la batalla que se avecina, a los miembros de la auténtica sociedad civil les tocará armarse de mucha paciencia y evitar las provocaciones. No responder al grito con gritos, ni al insulto con insultos. Las huestes oficialistas van buscando justo esa respuesta para iniciar la pelea.

La mejor manera de "enfrentar" a este pelotón de gritones es con datos, información y pruebas que demuestren lo que ocurre puertas adentro del país. Prepararse con ponencias o exposiciones que tengan menos adjetivos y más evidencias podría ser una buena estrategia defensiva.

Otra actitud recomendable es no quedarse solo en las quejas del presente ni en la victimización. En Perú, los activistas e informadores independientes de la Isla tienen que demostrar que tienen propuestas e ideas para la Cuba futura. Deben hacer saber que, a diferencia de la tropa de choque que los ataca, ellos proyectan un país donde quepan todos.

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Yoani Sánchez

"Oye, desde que tienes wifi no me compras el periódico", le grita un vendedor ambulante a una joven que camina por la calle Tulipán en La Habana. A pesar de que en Cuba se mantiene el monopolio del Partido Comunista sobre la prensa, los lectores tienen hoy más opciones informativas gracias al creciente número de publicaciones independientes.

El camino para llegar a este punto no ha sido fácil. En el proceso quedaron miles de artículos sin publicar, cientos de carreras periodísticas truncadas e infinidad de historias que nunca llegaron a ser contadas; pero la transformación principal se ha producido en el público, en ese destinatario de la noticia que es cada vez más exigente.

Lejos quedan los años en que bastaba sintonizar alguna emisora prohibida y escuchar la denuncia que un ciudadano contaba en su propia voz a través de esos micrófonos. Ahora, del gremio informativo se espera que realice una labor profesional de mayor calidad y que toque un abanico más amplio de temas, entre muchas otras demandas.

En este 14 de marzo, día de la prensa cubana, los periodistas, editores y directores de medios debemos ser conscientes de que la audiencia nos observa, que hay alguien que está harto de propaganda y espera encontrar datos para formarse una opinión. No ha llegado a nuestro sitio para leer un manifiesto, sino un periódico.

[[QUOTE:Los periodistas, editores y directores de medios debemos ser conscientes de que la audiencia nos observa, que hay alguien que está harto de propaganda y espera encontrar datos para formarse una opinión]]Esos lectores ahora pueden elegir entre mirar el noticiero estelar de la televisión estatal o las prohibidas antenas parabólicas. A mano les queda el paquete, con sus revistas independientes en formato PDF, los SMS de noticias que muchos reciben y la tradicional "radio Bemba" para saber lo que se rumora en las calles.

A pesar de los altos precios de la navegación web, también llegan a enterarse de una noticia "publicada en internet" a través de un conocido. Cuando algún diario oficial lanza un críptico editorial, mencionando enemigos o provocaciones, apelan a algún amigo que les ayude a leer entre líneas y a completar las referencias.

La censura no es suficiente para explicar ciertas deficiencias informativas que todavía persisten en el gremio, la represión no debe ser la justificación para acomodarse en la mediocridad. Lo que hemos padecido, el costo personal y social que cada periodista ha pagado por ejercer su labor, no debe ser motivo para la falta de calidad o de atrevimiento.

A los lectores, esos jueces severos que nos observan, no les va a convencer nuestro dolor o las heridas que hemos acumulado en el costado, sino el valor y la veracidad de las historias que contemos.

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Yoani Sánchez

La abuela era golpeada por el esposo, la madre perdió la visión de un ojo por el puño de un marido ebrio y ella a veces sale a la calle con gafas de sol para esconder los moretones. Es una más entre millones de cubanas, de las tantas que han llegado a creer que en la "lotería de la genética" les tocó perder, al cargar con dos cromosomas X.

Este 8 de marzo, como un paréntesis en la rutina, cuando estas féminas salgan a la calle solo encontrarán sonrisas. "Felicidades por el día de la Mujer" leerán en el mural de su centro de trabajo, el mismo local donde los jefes se sobrepasan con las empleadas y los únicos que manejan los vehículos de la empresa son, casualmente, hombres.

A media tarde harán un alto en la jornada laboral para compartir un pedazo de cake adornado con flores rosadas y acompañado de croquetas que, ellas mismas, habrán preparado la noche anterior. Unas palabras del director terminarán en aplausos y darán paso a la lectura de los nombres de las "trabajadoras destacadas".

Después de la fiesta, a las propias homenajeadas les tocará recoger la mesa, limpiar el suelo y llevarse los platos sucios a casa porque "fregar es cosa de mujeres". Irán mirando el reloj, pues poco importa la fecha. Hoy también les toca cocinar, recoger a los niños en la escuela y limpiar.[[QUOTE:Este 8 de marzo, como un paréntesis en la rutina, cuando estas féminas salgan a la calle solo encontrarán sonrisas]]Por la calle, el obsceno acosador que les lanza cada día frase de lascivia tendrá por este día algún piropo cursi sobre lo feo que "sería el mundo sin mujeres". Dirá sus cínicas palabras mientras se inclina un poco a ver si puede ver "algún filo de muslo" por debajo de la falda de aquella que pasa.

El vecino hosco, que botó a la hija de la casa porque salió embarazada ante de los 20 años, será el encargado de colocar en el interior del ascensor el cartel saludando a todas las "federadas y revolucionarias" que viven en el edificio.

La adolescente, de la que en su aula se burlan porque su madre "ha tenido tres maridos", leerá el comunicado en la fiesta que organizan en un pasillo del inmueble. La hija de presidente del Comité de la Revolución, que ejerce como prostituta para mantener a sus dos hijos, se ocupará de colocar unos globos y repartir algunas flores.

El funcionario que vive en un piso alto hablará de las cubanas cuyo ejemplo imitar pero eliminará de la lista a todas aquellas que resulten incómodas para el discurso oficial. El mismo vecino, quien dirige el operativo de vigilancia contra una disidente que reside cerca, hablará de "la delicadeza" de la mujeres y "el respeto que merecen".

El dueño del restaurante privado de la esquina entregará una flor a cada empleada y le dirá que hoy tienen una jornada de 12 horas porque "hay muchas reservaciones por la celebración". A la mujer que friega le llevará su rosa hasta la cocina, para que no tenga que ir al local de los clientes "porque no tiene la presencia física necesaria", aclara.[[QUOTE:En el local de la Federación de Mujeres Cubanas de la barriada, una funcionaria muy perfumada recordará a Fidel Castro, como el "líder que emancipó a las cubanas"]]Cuando abran al público, las mesas se llenarán rápidamente y siempre que alguien pida la cuenta los camareros se la llevarán solícitos y sonrientes al hombre de la mesa. "Al que tiene el dinero, claro está", precisa uno de ellos, de camisa blanca y torcida pajarita negra en el cuello.

En el local de la Federación de Mujeres Cubanas de la barriada, una funcionaria muy perfumada recordará a Fidel Castro, como el "líder que emancipó a las cubanas" y terminará su larga perorata con un estruendoso "Comandante en Jefe, ordene".

Por 24 horas todo estará diseñado para aparcar las reivindicaciones femeninas, esconder detrás de los festejos los graves problemas que recorren a la sociedad en cuanto a discriminación de género, falta de equidad, acoso sexual o contraste de oportunidades económicas entre hombres y mujeres.

La fanfarria apagará las demandas y los eventos oficiales intentarán tapar la realidad. Mientras millones de mujeres en el mundo se lanzan a las calles para exigir sus derechos y otras tantas se suman a un paro laboral en señal de inconformidad, a las cubanas les toca este 8 de marzo una mordaza hecha de ramos de flores y de empalagosas postales.

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Yoani Sánchez

La primera vez que vi a un vegano explicar a un cubano por qué no comía carne la situación no podía ser más absurda. Aunque el turista insistía en los efectos negativos de ciertos alimentos, mi compatriota no entendía el rechazo a lo que consideraba un añorado manjar en medio de la crisis económica de la isla.

La escena ha vuelto a mi mente por estos días, cuando leo la embestida contra las redes sociales hechas, fundamentalmente, por usuarios que viven en sociedades hiperconectadas. Facebook se ha convertido en la nueva carne roja de los que se declaran preocupados por la adicción de estar pendiente del muro, los "me gusta" y las publicaciones de otros.

Es una postura respetable, pero que pasa por encima de cuestiones que van más allá del quedarse pegado a una pantalla a la espera de un like. Los promotores de esta actitud obvian la importancia de estas plataformas para la denuncia, difusión y protección de innumerables movimientos y personas en este planeta.

[[QUOTE:Las redes sociales son un territorio virtual del que surgen muchas de las matrices de opinión que después influyen en las urnas, como se ha visto en varios procesos electorales de los últimos años]]Escapar de las redes sociales porque en ellas se comparten noticias falsas, abunda la frivolidad, los mensajes de odio y hasta peligros más graves como el acoso sexual, es una forma de dejarle el terreno libre a quienes promueven esas prácticas y hacen de Internet un lugar cada día menos seguro. Es una actitud similar a la del ciudadano que no va a votar.

Las redes sociales son un territorio virtual del que surgen muchas de las matrices de opinión que después influyen en las urnas, como se ha visto en varios procesos electorales de los últimos años. No participar en sus debates, sus interacciones y hasta en peleas es perder una parte de nuestro espacio cívico.

Como toda plaza pública las redes sociales son también un campo de batalla. Uno de los fundadores de Facebook, Sean Parker, que fue el primer presidente de la empresa, ha mostrado públicamente su preocupación por cómo puede afectarnos el permanecer demasiado tiempo en esa sopa de emoticones, selfies y mensajes.

Parker señala que la red social explota algunas vulnerabilidades psicológicas humanas, especialmente esas que marcan nuestra necesidad de aprobación y atención. El creador de Napster se considera a sí mismo como un "objetor de las redes sociales", y apenas se le ve en alguna de ellas. Vale la pena aclarar que su evaluación del fenómeno está cimentada en una experiencia muy estadounidense e influida por el trasiego de Silicon Valley. Para muchos suena como ese vegano que intentaba convencer a un famélico habanero de que el alimento con el que soñaba no era una buena idea para su salud ni para el medio ambiente.

[[QUOTE:Cabe preguntarse si quienes hoy critican las redes intentaron antes influir en sus tendencias]]Cabe preguntarse si quienes hoy lanzan críticas contra estos servicios intentaron en un momento influir en sus tendencias y derroteros. La mayoría de los internautas pocas veces denuncia una noticia como falsa o le cuesta escribir a los servicios técnicos para proponer mejoras o alertar de malas prácticas. A las redes se ha trasladado parte de esa pasividad de la que adolecen las sociedades modernas, donde la gente acepta las cosas tal y como están o se refugia en su vida personal, mientras asegura que "la política es cosa sucia" y es mejor permanecer al margen de ella.

La llamada a cancelar las cuentas de Twitter, Facebook o Instagram como estrategia para salvarse de la marea de injerencias en la vida privada, o del poderoso ojo de las empresas que recopilan información personal, es un camino que lleva irremediablemente a abandonar a quienes más necesitan ser leídos y escuchados en esos espacios. En América Latina las redes sociales han plantado cara en más de un caso a las ansias de los gobiernos autoritarios de la región. Sin esos canales, las imágenes de la represión contra las revueltas populares en Venezuela se hubieran quedado atascadas en el férreo muro de control que Nicolás Maduro ha levantado en los medios nacionales. Con la expulsión de cadenas informativas, el cierre de canales de televisión o la abducción oficialista de otros, el Palacio de Miraflores cerró la mayoría de las posibilidades de narrar un país que ahora se narra tuit a tuit o a través de las cuentas de Facebook de quienes se mantienen reportando desde adentro. Otro tanto ocurre en Cuba, donde la gran telaraña mundial ha marcado un antes y un después en temas como la censura, el alcance de las denuncias sobre violaciones de derechos humanos y la difusión de plataformas opositoras.

¿Vamos a tirar la puerta de las redes sociales dejándolos solos? ¿Por qué, en lugar de una estampida, no se propone una actitud más cívica de los usuarios de estos servicios? Una mayor implicación para denunciar las fake news o esas cadenas basura que ahora inundan el ciberespacio.

[[QUOTE:Una porción significativa de la población del planeta tiene más miedo de que la policía política, los cuerpos parapoliciales o la dictadura de turno lo vigile en el mundo real]]Los argumentos de quienes promueven el ascetismo digital incluyen el evitar que los grandes consorcios al estilo de Google o de la criatura creada por Mark Zuckerberg se adueñen de información personal para vendernos productos. Una especie de comercio teledirigido donde el usuario es visto como un conglomerado de fobias que evitar y filias que satisfacer.

Pero ese motivo solo le sirve a cierto número de personas en este mundo, donde también hay una gran parte de habitantes que jamás han comprado algo online y a quienes no les sirve de mucho hacer un clic sobre un anuncio publicitario creado a partir de sus intereses, porque ni siquiera tienen tarjeta de crédito.

Pensar que es universal el temor a que las empresas husmeen las fotos que publicamos o los contactos que tenemos es un error que peca de "ombligo del mundo". Una porción significativa de la población del planeta tiene más miedo de que la policía política, los cuerpos parapoliciales o la dictadura de turno lo vigile en el mundo real.

Hay que advertir también que otras fobias circunstanciales, hijas de la sobresaturación, ya aparecieron cuando el teléfono permitió conversar sin visitarnos y se pronosticó el fin de la amistad o de las relaciones personales.

[[QUOTE:Incluso aunque no nos asomemos a esa intrincada cosmogonía que forman foros, chats y muros virtuales, nuestra vida está determinada en gran medida por lo que ahí se publica]]Coincidentemente, son esas personas para quienes las redes sociales constituyen no solo el camino para contar lo que les ocurre sino una especie de paraguas protector para guarecerse de la represión.

Como en tantas cosas nos hemos ido a los extremos. Desde la ilusión de creer que a través de las plataformas digitales se iba a lograr derrocar regímenes, reconstruir países y alcanzar la democracia, a esta promoción de un idílico estado de desconexión, donde en teoría somos más felices, menos controlados y estamos más atentos a nuestros hijos.

Creer que podemos refugiarnos en una burbuja sin trending topics es una fantasía. Incluso aunque no nos asomemos a esa intrincada cosmogonía que forman foros, chats y muros virtuales, nuestra vida está determinada en gran medida por lo que ahí se publica. Alejarse solo hace que estemos al margen, pero no nos protege de lo que se cocine en el ágora digital.

De las redes sociales no hay que salirse, sino ayudar a cambiarlas.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado inicialmente en el diario español El País.

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Yoani Sánchez

"Por primera vez soy leninista", decía una y otra vez con picardía un jubilado en la cola del periódico. A su alrededor algunos respondían con una sonrisa cómplice. Pocas horas antes, había llegado una noticia con profundo significado para Cuba: el triunfo del Sí, el pasado domingo, en el referéndum impulsado por el otro Lenín, el presidente de Ecuador, Lenín Moreno.

Durante la última década, el país sudamericano se volvió una referencia recurrente en la Isla. La cercanía diplomática entre Rafael Correa y Raúl Castro, los miles de profesionales que fueron enviados a trabajar en su compleja geografía y los otros tantos cubanos que hicieron de su territorio un punto de partida para la migración acercaron ambas naciones.

En ese tiempo, la prensa oficial también cargó la mano en adjetivos positivos sobre la Revolución ciudadana y presentó a Rafael Correa como un "eterno amigo" que siempre estaría ahí para cerrar filas frente al "imperio" del Norte. La narrativa eludía un dato clave: la nación andina seguía siendo una democracia y, en algún momento, el economista tendría que dejar el poder.

Los medios controlados por el Partido Comunista no dieron espacio a las informaciones críticas sobre la gestión del presidente ecuatoriano. Ni siquiera para cuestionar el pésimo acuerdo petrolero que cerró con China y que perjudicó al país en 2.200 millones de dólares por la venta anticipada de crudo, según los datos que han aflorado en una investigación en curso.

Granma silenció también los ataques de arrogancia de Correa, su falta de compostura al lidiar con los adversarios políticos, la cacería judicial que impulsó contra la prensa que osó criticarlo y las tramas de corrupción que sacudieron a su Gobierno y que han llevado a la cárcel al vicepresidente Jorge Glas por recibir sobornos de la constructora brasileña Odebrecht.[[QUOTE:Moreno ganó el pulso al expresidente Correa y a su modelo autoritario y, de paso, mandó un amargo mensaje al castrismo]]Después de diez años gobernando, Correa concluyó su segundo mandato y La Habana reforzó la estrategia informativa sobre Ecuador. Lenín Moreno fue presentado como una prolongación de su antecesor y el heredero dócil de los designios del verdadero líder del proceso, quien tomaría una breve pausa antes de regresar triunfante.

Toda esa fantasía se ha ido deteriorando en los últimos meses hasta terminar destrozada el pasado domingo. Moreno ganó el pulso al expresidente y a su modelo autoritario, cortó el camino que éste había diseñado para volver a controlar el país y, de paso, mandó un amargo mensaje al castrismo en un momento en el que la generación histórica ata los cabos de la sucesión política.

No hay dudas, la victoria del Sí es también una derrota para el régimen cubano. Los ecuatorianos que apostaron por eliminar la reelección indefinida y apoyaron la inhabilitación política de los condenados por corrupción, entre otros temas votados en la consulta popular, han tomado una decisión que trasciende su país y toca especialmente a esta Isla.

Con Luiz Inácio Lula da Silva hundido en varios procesos legales, Evo Morales que encamina a Bolivia a una inminente crisis de sostenibilidad, el kirchnerismo atravesando su peor momento en Argentina, Nicolás Maduro sin poder comprar apoyo a cambio de petróleo y un patético Daniel Ortega que hace concesiones al liberalismo, la izquierda populista ha recibido otro golpe demoledor en Ecuador. Pero este es un porrazo más efectivo porque viene desde dentro.

Tras conocerse los resultados de las urnas, Lenín Moreno llamó a sus compatriotas a construir un país "feliz, renovado, en paz y en libertad". Esa última palabra debe haber sonado en el Palacio de la Revolución de La Habana como un tiro de gracia.

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Yoani Sánchez

Hace casi cuatro décadas, cuando aprendía el abecedario, me tocó decir mi primera consigna política, la misma que repiten todavía cada mañana miles de niños cubanos: “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. Con la diferencia de que hoy la figura del guerrillero está muy cuestionada en muchas partes del mundo, menos en Cuba.

El hombre que posó para tantos fotógrafos, que quedó inmortalizado en un retrato con boina y mirada perdida, no está superando bien el juicio de la Historia. En estos tiempos, en que la violencia y la lucha armada son cada vez más reprobadas públicamente, emergen los detalles de sus desmanes y las víctimas de aquellos años comienzan, finalmente, a ser escuchadas.

Ernesto Guevara, el argentino que ha cautivado a cineastas, escritores y periodistas, no atraviesa un buen momento. Poco importa si su rostro sigue reproduciéndose en infinidad de camisetas, banderas o ceniceros en todo el planeta, porque su mito se destiñe en la medida en que se conoce más al personaje que realmente fue. La verdad sale a flote mientras él se hunde.[[QUOTE:La voracidad de sus herederos, el inescrupuloso uso que han hecho sus propios compañeros de batalla y la frivolidad de los consumidores de reliquias ideológicas agregan ácido corrosivo a su leyenda]]

A este deterioro contribuye también la mercantilización sin medida que se ha apoderado de esa imagen con barba rala y ceño prominente. La voracidad material de sus herederos, el inescrupuloso uso que han hecho sus propios compañeros de batalla de su nombre y la frivolidad de los consumidores de reliquias ideológicas agregan ácido corrosivo a su leyenda.

El Che se ha convertido en un negocio, en un buen negocio para los nostálgicos que escriben libros sobre esas utopías que tanto faltan hoy. Son textos para endiosar a un hombre que hubiera perseguido a buena parte de sus actuales admiradores por llevar un piercing en la nariz, pelo largo o un residuo de marihuana en el bolsillo.

Como ironía de la vida, el culto guevariano se extiende entre gente que nunca hubiera podido encajar en el estricto molde que el argentino diseñó para el “hombre nuevo”. Ese individuo debía moverse por “el odio como factor de lucha” y saber convertirse en una “selectiva y fría máquina de matar” llegado el momento, según advirtió en su último mensaje público en 1967.

En qué pueden parecerse el Che y esos pacifistas, ecologistas o antisistemas que hoy lo veneran? ¿Cómo encajan quienes dicen querer mayores espacios de libertad para el ciudadano con un hombre que ayudó a someter a toda una sociedad a los designios de unos pocos? ¿En qué punto se conecta ese idealismo con un señor que quiso cambiar América Latina desde la mirilla de un fusil?

La temprana muerte de Guevara y el no haber envejecido en el poder no son elementos suficientes para sostener su leyenda. Los biógrafos complacientes que retocaron cada pasaje de su vida han contribuido a su endiosamiento, y también sus viejos compañeros de ruta necesitados de un “mártir” para el panteón de los revolucionarios, de un John Lennon sin guitarra o de un Jesús sin corona de espinas.

En octubre de 2016 la imagen adusta de Che Guevara que había señoreado por más de 30 años en la plaza principal de la Universidad Nacional de Bogotá, en Colombia, desapareció del muro del auditorio León de Greiff. El borrado de aquel rostro provocó una agria controversia entre los estudiantes y poco después el grupo de simpatizantes del argentino terminó por volver a pintar el mural.

El encontronazo puso en evidencia algo más que las diferencias ideológicas de los estudiantes: mostró el choque de dos tiempos. De un lado, un momento en que Guevara era visto como un libertador latinoamericano que, subido en su moto o empuñando su arma, representaba una figura quijotesca dispuesta a enfrentar los molinos imperialistas. Del otro, una época en que se ha llegado a comprobar el fracaso del modelo que el guerrillero quiso imponer.[[QUOTE:No hay mentís más rotundo al hombre que en la Sierra Maestra alcanzó los grados de comandante que el rancio totalitarismo en que derivó la Revolución Cubana]]

No hay mentís más rotundo al hombre que en la Sierra Maestra alcanzó los grados de comandante que el rancio totalitarismo en que derivó la Revolución Cubana. Ningún golpe contra su imagen ha sido tan duro como la deriva prosoviética que tomó Fidel Castro tras la muerte del Che y las posteriores “concesiones” al mercado que debió hacer cuando el subsidio del Kremlin se acabó abruptamente.

El pasado año, justo cuando se cumplía medio siglo de la muerte de Guevara en Bolivia, la Fundación Internacional Bases, de corte liberal, comenzó una campaña de recolección de firmas en la plataforma Change.org para eliminar todos los monumentos y otros homenajes al Che en la ciudad de Rosario, donde nació. La ONG argentina lo llamó heredero del “legado asesino del comunismo”. Más de 20.000 personas han firmado la demanda.

A finales de diciembre pasado la polémica llegó hasta Francia cuando el Ayuntamiento parisiense, gobernado por la alcaldesa socialista de origen español Ana Hidalgo, albergó la exposición Le Che à Paris. Varios intelectuales y académicos firmaron una carta de protesta escrita por el periodista y exiliado cubano Jacobo Machover en la que exigían la retirada inmediata de la muestra.

El autor del libro La cara oculta del Che contó en su misiva varias de las facetas más escamoteadas en las historia oficial. Guevara “asistía a los fusilamientos” llevados a cabo tras juicios sumarios en el primer año de la Revolución y “los cubanos, que le temían, lo llamaron el carnicerito de La Cabaña”. En 1964, desde la tribuna de Naciones Unidas se vanaglorió de sus actos: “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”.

Hidalgo respondió con un mensaje en la red social Twitter que calentó aún más los ánimos y en el que aseguró que “la capital rinde homenaje a una figura de la revolución convertida en icono militante y romántico”. La alcaldesa parisiense cerró su trino con un emoticono en forma de puño cerrado, a la vieja usanza revolucionaria.

Con su gesto, Hidalgo se sumó a una de las más elaboradas campañas publicitarias surgida del laboratorio castrista, una en la que se distorsiona el pasado y se ensalza a Guevara, mientras se esconde la extensa crueldad que cabía en su persona.

Para varias generaciones de cubanos que hemos repetido desde muy temprana edad el compromiso de ser “como el Che”, todas estas polémicas vienen a ser como una sacudida. Las bofetadas que nos sacan del estado hipnótico que traen la ignorancia y el adoctrinamiento cuando se conjugan.

Sin embargo, el golpe más demoledor que he presenciado a la figura del llamado “guerrillero heroico” vino de un compatriota. En medio de una fiesta habanera un joven universitario se percató de que el invitado alemán estaba vestido con una de esas camisetas con la famosa instantánea que tomó el fotógrafo Alberto Korda.

"Igual te podrías poner una camiseta con el rostro de Charles Manson”, dijo el estudiante al turista, y la frase quedó flotando en el aire mientras la música parecía detenerse. Risas nerviosas y silencio. Nadie defendió a Che Guevara.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado inicialmente en el diario español El País.

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Politicaexterior.com, Yoani Sanchez, 9 January 2017 — “Six decades are a lifetime,” says Facundo, a Cuban retiree who sells the official press in Old Havana to supplement his low pension. Born shortly before Fidel Castro came to power, the man is suspicious of the appointment of a new president next April. “That’s going to be like learning … Continue reading "The Departure Of Raúl Castro, The End Of An Era" Continue reading

Yoani Sánchez

Hace nueve años Michelle Bachelet se encontró con Fidel Castro en medio de su convalecencia. La mandataria chilena salió de aquella cita afirmando que había visto al expresidente ágil y “manejando mucha información”. Sus palabras fueron utilizadas por la Plaza de la Revolución para propagar una mentira: que el Comandante en Jefe gozaba de buena salud.

Este enero, una nueva visita de Bachelet puede prestarse para difundir otra falacia: que el Gobierno de Raúl Castro cuenta todavía con numerosos aliados en la región más allá de sus incondicionales Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Evo Morales, cuando en realidad el círculo de camaradas en América Latina se muestra muy reducido, como nunca antes en la última década.[[QUOTE:La líder chilena ha llegado este domingo a Cuba para cerrar un ciclo de fidelidad que tiene más de apego emocional que de pragmatismo político]]

A pocas semanas de entregar la banda presidencial a Sebastián Piñera, la líder chilena ha llegado este domingo a Cuba para cerrar un ciclo de fidelidad que tiene más de apego emocional que de pragmatismo político. Su cercanía a La Habana está marcada por una nostalgia ideológica que le nubla la vista para reconocer la falta de derechos que marca la vida de los cubanos.

Bachelet es una cómoda compañera de ruta para las autoridades de la Isla, porque nunca les ha hecho críticas públicas ni reclamos democráticos. Uno de los pocos exabruptos ocurridos entre ambos Gobiernos lo ocasionó Fidel Castro, cuando tras la visita de la presidenta en 2009 abogó por una salida al mar de Bolivia y la chilena manifestó su molestia por aquellas declaraciones.

En cada uno de sus dos mandatos Bachelet evitó mostrar simpatías por la causa de los disidentes cubanos y declinó cualquier contacto con los innumerables activistas isleños que visitaron su país en los últimos años. De su boca jamás brotó una condena contra la represión política que ejecuta sistemáticamente Raúl Castro, ni siquiera cuando las víctimas han sido mujeres.

En su caso, la ceguera y el silencio ante la falta de libertades en Cuba no son derivadas del desconocimiento. La prensa chilena y los innumerables emigrados de la Isla en el país austral le han hecho saber que sus aliados de La Habana se han mantenido casi seis décadas en el poder a fuerza de prohibir otros partidos, reprimir opositores y empujar al exilio a sus críticos.

La mandataria, que hace unas semanas llamó a su adversario político para felicitarlo por haber ganado en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, sabe que la falta de alternancia en el poder enferma las sociedades, empobrece las soluciones a los problemas de cualquier país y enquista a un grupo en la cúpula, que termina por suplantar el nombre y la voluntad de la nación.

Con su historial personal, que incluye la muerte de su padre en prisión, la clandestinidad y el exilio, es difícil entender por qué la presidenta chilena no planta cara a su contraparte cubana y le exige cambios democráticos, mucho más ahora que va de salida. Esa contradicción entre su biografía y su pasividad ante la dictadura cubana solo puede entenderse a partir de la lealtad.[[QUOTE:Bachelet tiene un viejo compromiso sentimental con el castrismo, aunque en su fuero interno sabe que de aquellos barbudos verde olivo que una vez la ilusionaron solo queda una gerontocracia inmovilista]]

Bachelet tiene un viejo compromiso sentimental con el castrismo, aunque en su fuero interno sabe que de aquellos barbudos verde olivo que una vez la ilusionaron solo queda una gerontocracia inmovilista. Emplazarlos públicamente a que respeten los derechos de sus ciudadanos sería como despedazar aquella utopía que la hizo suspirar en su juventud.

Como tantos otros políticos de izquierda, la chilena cree que si señala a la Plaza de la Revolución como un régimen que viola los derechos humanos, sería como pasarse al bando de la "derecha”" y traicionar sus ideales. En aras de mantener una pose ideológica ha sido capaz de tragarse cualquier señalamiento y callar ante los actos de repudio, los arrestos arbitrarios y la penalización de la discrepancia.

Este domingo se inició la última oportunidad que tiene Bachelet para enmendar esa indiferencia y ser consecuente con su pedigrí libertario y demócrata. Basta una frase, unas palabras, un encuentro con activistas, un tuit de compromiso con el pueblo cubano, y no con el Gobierno, para que repare su anterior complicidad.

Solo con un gesto de esta naturaleza, la visita de la presidenta chilena habrá valido para algo más que para sellar un memorándum de intención, cerrar algún que otro acuerdo comercial y servirle a Raúl Castro para enmascarar la creciente soledad que lo rodea en América Latina.

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Yoani Sánchez

¿Un barco al que se le reemplazan todas las piezas sigue siendo el mismo navío? La pregunta se conoce como la paradoja de Teseo e ilustra el dilema de la Unión Europea con Cuba: ¿una dictadura que moderó su lenguaje diplomático, intentó hacer las paces con su enemigo y perdió a su líder personalista, sigue siendo una dictadura?

Los promotores del acercamiento entre el bloque comunitario y la Plaza de la Revolución intuyen que las tablas agregadas a la nave del castrismo han terminado por cambiar su naturaleza. Esa confianza en la renovación que experimenta cualquier proceso político con el paso del tiempo, la llegada de nuevos actores y la adaptación al contexto internacional, traen a Federica Mogherini este miércoles a la Isla.

[[QUOTE:Sin embargo, la precipitación en estrechar relaciones y la intención de ceder primero para exigir después le pueden jugar una mala pasada al rostro más visible de la diplomacia europea]]La Alta Representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior y de Seguridad comienza una visita oficial de dos días para impulsar la relación bilateral tras la firma del primer acuerdo entre el bloque y Cuba. Sin embargo, la precipitación en estrechar relaciones y la intención de ceder primero para exigir después le pueden jugar una mala pasada al rostro más visible de la diplomacia europea.

Más allá del texto del acuerdo entre Bruselas y La Habana que entró en vigor el 1 de noviembre pasado, en el espíritu del acercamiento está el criterio de que solo cerca del Gobierno de Raúl Castro, con vínculos diplomáticos sólidos y un canal de comunicación fluido, la UE podrá influir en el derrotero de la vida de los once millones de personas que habitan esta nación.

Con la firma del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación los 28 de la UE quieren retomar los programas de intercambio y la influencia que perdieron en Cuba con la aplicación a partir de 1996 de la "posición común", que condicionaba las relaciones a una mejora en la situación de los derechos humanos en la Isla.

Sin embargo, el acercamiento también puede ser leído como un gesto de legitimación, un acto de apoyo y de solidaridad cómplice con el oficialismo cubano. Al menos así lo ha difundido dentro de las fronteras nacionales la propaganda gubernamental, que no ha perdido ocasión para reiterar que discrepa de los condicionamientos en cuanto a derechos humanos y que no aceptará "injerencias de ningún tipo".

Desde entonces y hasta ahora, la "embarcación" nacional ha vivido varias transformaciones. Entre ellas el traspaso de poder entre El Comandante y su sucesor por vía sanguínea: El General. Con éste último al mando se impulsó al trabajo por cuenta propia, un eufemismo oficial con el que designar al sector privado, pero solo a la pequeña escala de un timbiriche de pizzas, un puesto de remiendo de zapatos y, en los casos más sofisticados, un restaurante.

[[QUOTE:La balsa cubana ha sido objeto también de algunos remiendos en cuanto a política migratoria, en especial cuando en enero de 2013 se eliminó el oprobioso permiso de salida del país]]La balsa cubana ha sido objeto también de algunos remiendos en cuanto a política migratoria, en especial cuando en enero de 2013 se eliminó el oprobioso permiso de salida del país, una flexibilización que no ha terminado con las restricciones de viajes selectivas contra activistas ni ha devuelto aún los plenos derechos a los exiliados.

Hoy los cubanos pueden contratar una línea de telefonía móvil, hospedarse en los hoteles, fundar cooperativas, conectarse a internet desde las zonas wifi instaladas a lo largo del país y solicitar un trozo de tierra en usufructo.

La muerte del Gran Timonel ha puesto fin a las delirantes decisiones de un hombre enfermo de poder que era un obstáculo en el camino de la normalización de las relaciones con la UE.

No obstante, como el barco de Teseo, no solo las tablas y los accesorios de navegación conforman la "personalidad" de una embarcación. La mayor parte de las veces el nombre pintado en un costado, la bandera que ondea en el mástil, el destino trazado por el capitán y la actuación de sus marineros lo definen mejor que una quilla, una velas nuevas o un ancla reluciente.

[[QUOTE:En este país al que arriba hoy Federica Mogherini sigue rigiendo una dictadura. La prueba de ello es la ausencia de pluralismo político]]En este país al que arriba hoy Federica Mogherini sigue rigiendo una dictadura. La prueba de ello son la ausencia de pluralismo político, la penalización de la opinión, los arrestos arbitrarios contra opositores, las condenas de cárcel con un visible sesgo político, el monopolio partidista sobre la prensa, la impunidad con la que trabaja la Seguridad del Estado y la permanente vigilancia sobre cada aspecto de la realidad.

Todas estas herramientas de control se hacen más visibles cuando se ejercen contra activistas, recorren cada detalle de la sociedad y tocan a todos sus individuos. El miedo, la máscara de la simulación, el oportunismo y la autocensura son algunos de los tantos efectos que provoca esa permanente supervisión orwelliana sobre la vida de cada cubano.

Este miércoles, el oficialismo desplegará sus artes para que Mogherini no pueda comprobar cuánto de la vieja estructura totalitaria del castrismo sigue en pie. Harán todo lo posible para que no se asome por la borda, no mire al horizonte, no descubra que debajo de la nueva pintura y de los ajustes cosméticos, la brújula que rige este país no apunta todavía hacia la libertad.

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Yoani Sánchez

El joven toca la puerta, llega desde el lejano poblado de Güira, suda a mares. No hace falta que medien palabras, basta que muestre la mercancía que consiste en leche fresca, queso y un pernil de cerdo. El vendedor informal tiene ofertas más baratas que los mercados estatales, en unos días en que las tarimas de la ciudad se quedan vacías o la calidad se desploma.

En un país donde el Producto Interno Bruto creció en 2017, según datos oficiales, un 1,6%, los cubanos que no tengan contactos en el mercado informal la siguen pasando muy mal. No importa si se trata de un nuevo rico con la cartera abultada, un trabajador estatal que araña cada centavo de su salario o un jubilado con pensión y remesa. Sin ese vendedor furtivo que toca a la puerta, todos tienen menos posibilidades de llegar a fin de mes.

El complejo entramado subterráneo que surte las mesas nacionales, y que en fechas festivas se vuelve imprescindible, es una de las tantas evidencias de la disfuncionalidad del sistema económico que rige en la Isla. Junto a las primeras letras, las consignas políticas y la simulación ideológica, los nacionales aprenden a comprar y vender “por la izquierda”. Quien no apruebe esa vital asignatura está perdido.[[QUOTE:El abecé de la escuela de la clandestinidad es sencillo: pocas preguntas, mucha complicidad y nunca “irse de lengua” porque a los chivatos “no se les vende”]]

El abecé de la escuela de la clandestinidad es sencillo: pocas preguntas, mucha complicidad y nunca “irse de lengua” porque a los chivatos “no se les vende”. Asumida esa primera clase, solo falta tener un contacto que haga la primera conexión con “la fuente”. Conseguir un suministrador serio, que no estafe o adultere la mercancía, equivale por estos lares a hallar un trébol de cuatro hojas. Quien lo tiene no lo suelta.

Por su parte, los vendedores del mercado negro que más se arriesgan son quienes mueven mercancía “delicada”, como camarones, langosta, leche y todos sus derivados, además de la muy perseguida carne de res. Sin embargo, para fin de año, un pernil de cerdo se eleva a la categoría de “los más buscados” por la policía, especialmente después de que el Gobierno obligara a topar los precios de muchos productos agropecuarios.

Ese trozo de carne que arderá en los fogones de innumerables casas en el último día del año es un símbolo de estatus. No es lo mismo una paleta, una costillar o la menos valorada “banda” de cerdo, que poder asar este 31 de diciembre un pernil. Como un Dow Jones a la cubana, este corte traza la línea clara del abismo social que separa al país.

Hoy domingo, cuando los olores se eleven desde miles de cocinas en esta Isla, no solo los contrastes económicos estarán allí con toda la crudeza que marcan los platos, sino que el grado de contacto con el mercado negro marcará la diferencia de lo que cada familia puede llevarse a la boca.

Para quienes no pertenecen a la clase gobernante, que en estas fechas reciben de regalo un combo de turrones, licores y piezas de carnes, solo quedan dos caminos para pertrecharse para las festividades: atrapar en las largas colas de los mercados un trozo de cerdo que valga la pena o apelar a un vendedor clandestino.

El que tenga alguien que le toque la puerta furtivamente comerá con más variedad, quien se sumerja en la ilegalidad podrá hacerse con un bocado más cercano al “ideal” de la Nochevieja cubana y aquel que mejor se mueva en los entramados informales festejará San Silvestre con menos dolor.

Un pernil de cerdo marca en Cuba la diferencia.[[QUOTE:Cerca de la Isla, en Venezuela, se repite la historia. Un sistema que promueve el clientelismo político y quiere controlar cada detalle de la economía se pone a prueba por estas fechas]]

Cerca de la Isla, en Venezuela, se repite la historia. Un sistema que promueve el clientelismo político y quiere controlar cada detalle de la economía se pone a prueba por estas fechas. La crisis económica que vive el país debido a la mala administración, la corrupción y la ceguera política de sus gobernantes, alcanzó cuotas dolorosas esta semana.

Los venezolanos se están lanzando a la calle por la penuria cotidiana. Hasta los sectores más pobres o fieles al chavismo reclaman poder comer las tradicionales doce uvas de fin de año y que Nicolás Maduro cumpla su promesa de importar masivamente perniles para Navidad. Ante una cena familiar frustrada, de poco valen las consignas.

El Palacio de Miraflores le echó la culpa a Portugal de no haber cumplido sus compromisos y haber dejado a miles de pobres sin su tradicional cena de Navidad, lo que desencadenó una nueva ola de protestas callejeras.

Allí también, un trozo de cerdo se ha vuelto más elocuente que cualquier consigna antigubernamental. El contenido de la mesa para esperar 2018 habla más de privilegios, crisis e ilegalidad que el mejor tratado económico que pueda escribirse sobre el descalabro de un sistema.

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Yoani Sánchez

Mientras crecen las acusaciones contra Rusia por manipular a través de las redes sociales la crisis catalana, las elecciones estadounidenses y el Brexit británico, la prensa financiada por el Kremlin gana espacio en Cuba. Las referencias a Sputnik y Russia Today, que se llama ahora RT, son cada vez más frecuentes en los medios oficiales que los exhiben entre sus principales fuentes.

La agencia estatal de noticias Sputnik y el canal de televisión internacional RT son mencionados cada día en los diarios, noticieros o programas radiales de la Isla. El contenido tomado de ambos medios va desde anuncios científicos, pasando por informaciones del país euroasiático hasta llegar a los temas internacionales.

Sin comprobar la veracidad de la información suministrada, los analistas de la prensa oficial asumen los puntos de vista, las matrices de opinión y las aseveraciones de esos medios, con la misma complicidad con que un día promovieron las informaciones del diario soviético Pravda y de la agencia oficialista TASS.

Cuestionar la legitimidad de Occidente, promover el escepticismo por la democracia, dudar del futuro de la Unión Europea, difundir teorías de la conspiración sobre los poderes que mueven el mundo y negar la capacidad de decisión de los ciudadanos en los sistemas liberales son algunas de las ideas más repetidas por esos medios estatales.[[QUOTE:La agencia estatal de noticias 'Sputnik' y el canal de televisión internacional 'RT' son mencionados cada día en los diarios, noticieros o programas radiales de la Isla]]Como apoyo de ese andamiaje se agregan "testimonios" y criterios para reforzar la idea de la superioridad de los regímenes autoritarios en comparación con el caos que se apodera de los debates parlamentarios a la hora de aprobar nuevas medidas de seguridad o leyes en sociedades gobernadas por la separación de poderes.

La actual cercanía con estos medios rusos contrasta con la actitud que tomó el Gobierno cubano hacia Novedades de Moscú y la revista Sputnik en los años de la Perestroika y la Glasnot en la Unión Soviética, cuando la circulación de estas publicaciones fue censurada en el país.

El culto a la personalidad alrededor de Vladímir Putin o Fidel Castro también forma parte de la receta de esta prensa propagandística, con más intenciones de adoctrinar que de informar. Los analistas advierten de que el público promedio no sabe si está viendo propaganda o información, una de las claves del éxito de estos medios, sobre todo en redes sociales. Junto a esos postulados, RT y Sputnik exhiben además una rampante ausencia de crítica hacia cualquier régimen aliado del Kremlin o enemigo de EE UU.

Según ellos, el lanzamiento de los misiles por parte del régimen de Kim Jong-un es la justa respuesta norcoreana a "las maniobras navales conjuntas de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur", mientras que los últimos comicios venezolanos representan la "mayor victoria" del chavismo y la "derrota final" de la oposición.[[QUOTE:La información que publicaron los medios oficiales cubanos sobre la crisis catalana se nutrió fundamentalmente del enfoque de 'RT']]La información que publicaron los medios oficiales cubanos sobre la crisis catalana se nutrió fundamentalmente del enfoque de RT. El apoyo a los separatistas llegó a su clímax los días previos al referéndum ilegal, que se presentó como una consulta democrática en contraposición con la postura del Gobierno español, que defendía la legalidad constitucional pero que fue tildada por el medio ruso de "fascista" y heredera del dictador Francisco Franco.

Estos órganos oficiales del Kremlin también tienen una agenda política al narrar la realidad cubana. Verbos positivos como "crecer", "desarrollar" o sustantivos de corte humanista al estilo de "solidaridad", "justicia" y "colaboración" salpican las informaciones sobre Cuba, en las que se promueven supuestos logros del sistema sanitario cubano, hazañas deportivas y eventos oficiales, pero se silencia la ineficiencia productiva, la represión policial o el éxodo migratorio.

Ambos medios no aluden a la oposición política existente en el país y cuando lo hacen repiten tópicos al estilo de "enemigos" internos, "contrarrevolucionarios" o "financiados por Estados Unidos", mientras que presentan al Gobierno de Raúl Castro como poseedor de un amplio apoyo popular y con una probada ascendencia diplomática en América Latina.

La gastada fórmula del pequeño David "revolucionario" frente al gran Goliat "imperialista" calza todo el contenido que publican sobre las relaciones entre Washington y La Habana, el deshielo diplomático impulsado por Barack Obama o los problemas económicos que atraviesan cada día los residentes en la Isla que -claro está- son absoluta culpa de "el bloqueo".

El pasado 25 de noviembre RT difundió un material audiovisual bajo el título de "Un año después de la muerte de Fidel Castro los cubanos siguen fieles a su legado", en el que ahondó en los tópicos sobre la genialidad y el carisma del expresidente, además de entrevistar únicamente a sus partidarios eternamente agradecidos.[[QUOTE:A diferencia de muchos países europeos, La Habana se presta gustosamente a todas las manipulaciones de Putin y le ofrece, además, un público cautivo de 11 millones de cubanos]]En mayo pasado, pocos días después de que Donald Trump anunciara en un discurso en Miami el cambio de rumbo en la relación entre Washington y La Habana, el canciller Bruno Rodríguez ofreció una entrevista a la cadena rusa, uno de los dos únicos medios con los que comentó el tema. El otro fue el canal chavista TeleSUR.

En el material publicado se enfatizaban varias ideas: el presidente estadounidense desarrolla una política "típica de la Guerra Fría", la Casa Blanca mutila "los derechos civiles" de su propio pueblo y cualquier crítica lanzada por el inquilino de la Casa Blanca hacia la Plaza de la Revolución peca de "doble rasero". Tres puntos del libreto informativo del Kremlin sobre Cuba.

Estas posturas sesgadas han tenido una amplia difusión en las redes sociales gracias a los cibersoldados que desde la Isla comparten, de manera militante, el contenido de RT y Sputnik. Ambos medios trabajan también para adoctrinar a la audiencia de la Isla a través de la prensa cubana, por lo que Moscú influye en la manera en la que la realidad del mundo exterior es percibida por los cubanos.

A diferencia de muchos países europeos donde han saltado las alarmas por la nueva guerra mediática que está desplegando el exoficial de la KGB convertido en presidente de Rusia, La Habana se presta gustosamente a todas las manipulaciones de Putin y le ofrece, además, un público cautivo de 11 millones de cubanos.

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Yoani Sánchez

Frente a la tarima del mercado se queda pensativa. Mi madre no está evaluando el tamaño de los tomates o la calidad del ají, sino sacando cuentas. Una operación matemática donde abundan la resta y la división. Con 250 CUP de pensión al mes no puede perder de vista un solo centavo y es experta en cálculos cotidianos.

El costo de la vida, ese concepto que conecta el valor de los bienes y servicios con la calidad material de la existencia, es para la mayor parte de los jubilados cubanos una ecuación que arroja una cifra más alta cada día. Los que peor llevan esas subidas son quienes no reciben ayudas o remesas o –por cuestiones de salud– no pueden dedicarse a alguna labor informal, como vender cigarros al menudeo.

En las tiendas y los mercados se les conoce por la mirada. Son aquellos que se quedan más atentos observando la tablilla con los precios, mientras en la mano asoman solo unas monedas. Por lo general llevan puesta ropa de hace más de dos décadas, el mismo tiempo que ha pasado desde que la sonrisa se borró de sus rostros y aguardan a que caiga la tarde para poder “pescar” los productos en merma.

Durante todo el día sacan cuentas, viven rodeados de dígitos y respiran guarismos. Cuando descargan el contenido de una bolsa de compras, los 14 CUP que costó una libra de ají chay se interponen entre sus ojos y la mercancía. Los tomates hacen la forma de un cinco y los diminutos cachuchas para sazonar los frijoles se unen formando un escandaloso 16.

En solo una visita al mercado, jubilados como mi madre se gastan la séptima parte de su pensión. Los números no mienten y están ahí, sobre la mesa, para recordarlo.

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Yoani Sánchez

Llegó hace más de un año a Trinidad y Tobago con “un pantalón y dos blusas”. Kenia Montes de Oca viajó desde Placetas, en Villa Clara, con la idea de convertirse en mula y vivir del negocio de las importaciones, pero la vida la empujó al refugio político.

La villaclareña explica a 14ymedio que todavía tiembla cuando ve a un policía en las calles de Puerto España. Durante su primer mes en esa pequeña nación vivió ilegal hasta que logró la llamada “orden de supervisión”, un paso previo a la solicitud de refugio.

Trinidad y Tobago no exige visado a los cubanos, pero en el aeropuerto los oficiales de inmigración pueden deportar a quien parezca sospechoso de querer quedarse ilegalmente. Montes de Oca pasó esa primera prueba sin grandes dificultades en septiembre de 2016.

La idea inicial era comprar mercancías para revender en Cuba. Sin embargo, una conversación casual en el aeropuerto de La Habana con una disidente y la posterior visita de la Seguridad del Estado a su familia en Placetas la llevaron hasta la actual situación.

“Me vi forzada a dejar todo tirado, mi casa mi familia, mis costumbres”, enfatiza, aunque siente que los cuestionamientos que había ido acumulando sobre el sistema cubano la hubieran llevado, tarde o temprano, a meterse en problemas dentro de la Isla.

Dirigente sindical por una década, Montes de Oca trabajó en las mesas electorales del Poder Popular y fungió como juez lego. “Fui responsable de la seguridad de una granja avícola hasta que descubrí una red de malversación”. Denunciar esas irregularidades le trajo innumerables presiones.

“Nunca fue mi objetivo dejar todo atrás”, pero “las circunstancias decidieron por mi”, cuenta esta mujer que por primera vez habla a rostro descubierto con la prensa.[[QUOTE:No hay cifras oficiales del número de migrantes de la Isla que permanecen de forma irregular en el vecino país, pero Montes de Oca asegura que “hay desde desertores de la FAR y el MININT, hasta cuadros políticos, personal médico, Testigos de Jehová marginados y opositores”]]

No hay cifras oficiales del número de migrantes de la Isla que permanecen de forma irregular en el vecino país, pero Montes de Oca asegura que “hay desde desertores de la FAR y el MININT, hasta cuadros políticos, personal médico, Testigos de Jehová marginados y opositores: somos un mosaico”.

Algunos han tenido más suerte que otros. El peor caso que ha conocido es el de una joven avileña que trabajaba para enviar ayuda a su familia en Cuba. “Sufrió una horrible violación por parte del dueño de la renta donde vivía, pero no pudo denunciar el hecho porque no tenía papeles”.

La llegada de cubanos ha ido en aumento desde que en enero de 2013 el Gobierno de Raúl Castro implementó una Reforma Migratoria que flexibilizó la salida de Cuba. En agosto pasado la situación escaló hasta un punto que La Habana y Puerto Esperanza comenzaron la negociación de un Memorando de Entendimiento en Materia Migratoria que regule el flujo de migrantes.

Samuel tiene 32 años y reside desde hace 11 meses en la comunidad triniteña de San Fernando. Originario de una zona marginal de Guanabacoa en La Habana, el joven se graduó hace una década en ingeniería mecánica pero ahora trabaja como albañil.

“No tengo papeles pero me he creado una clientela y tengo amigos que me están ayudando”, cuenta a este diario. Con los cerca de 600 dólares que gana mensualmente ha rentado con un amigo una habitación y manda dinero a su familia en Cuba.

“Estoy ilegal, hago los peores trabajos que se pueden tener aquí y sin embargo gano 50 veces más que el salario que recibía en mi país como profesional”, argumenta. Con los envíos que hace cada dos semanas a sus padres ellos han podido “arreglar el techo de la casa y reparar la cocina”.

Su idea inicial era “hacer un pequeño capital” en Trinidad y Tobago para seguir rumbo a Estados Unidos, pero en enero pasado le sorprendió el fin de la política de pies secos/pies mojados. “Pensé que me iba a morir, pero ahora creo que  este país puede ser un buen lugar para quedarse”, apunta.

Samuel está lejos aún de beneficiarse del refugio político. “No he hecho el trámite pero tengo pensado comenzarlo en los próximos meses”. Su mayor temor es terminar, como un amigo suyo de la infancia, encerrado por meses en el centro de detención para extranjeros de Aripo.[[QUOTE:Tanto Kenia Montes de Oca como Samuel han recibido ayuda del Living Water Community Center. “No pasé hambre gracias a esa ONG y mis primeras ropas también las recibí de parte de ellos”, confirma la villaclareña]]

Tanto Kenia Montes de Oca como Samuel han recibido ayuda del Living Water Community Center. “No pasé hambre gracias a esa ONG y mis primeras ropas también las recibí de parte de ellos”, confirma la villaclareña.

En junio pasado la Organización de Naciones Unidas (ONU) concedió el estatus de refugiados a un grupo de cubanos que protestaron durante una semana frente a las oficinas de ese organismo internacional en Trinidad y Tobago.

La mayoría de los que se manifestaron llevaban meses esperando la respuesta a su solicitud de refugio político. El fallo favorable les aseguró la protección del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y abrió una puerta de esperanzas para otros cubanos en situación similar.

Este 24 de noviembre Montes de Oca tiene su cita con la ACNUR de la que podría salir con la categoría de refugiada política. Si lo logra comenzará para ella una nueva etapa y por el momento proyecta permanecer en el país caribeño.

Sueña con reunir a la familia pero su único hijo ha sido llamado al servicio militar obligatorio y el reencuentro definitivo demorará. El joven quiere estudiar para ser periodista, pero ella está segura de que “por tener una madre refugiada no podrá acceder a esa carrera” en Cuba.

De su nueva patria, la villaclareña admira “la mezcla cultural” y que personas de “religiones o posiciones políticas diferentes vivan en armonía”. No titubea al decir que solo regresará a Cuba “cuando no se discrimine ni se maltrate a la gente por su forma de pensar”. 

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Yoani Sánchez

Nadie que lleve cuatro décadas en el poder es inocente y Robert Mugabe no será la excepción. Esta semana sus tropelías le están pasando la cuenta al caudillo africano de 93 años, el dictador más longevo del mundo. El hombre que mantuvo a Zimbabue en un puño desde 1980, cuando se convirtió en jefe de Gobierno, ha sido confinado en su casa por el ejército y su salida de la jefatura de Estado que ocupa desde 1987 parece inminente.

Enfermo, debilitado y convertido en un estorbo hasta para su partido, el ZANU-PF (Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico), Mugabe lleva 37 años al frente del país y su prontuario de violaciones de derechos humanos es tan extenso como los días que ha pasado sentado en la silla presidencial.

Al igual que la mayoría de los revolucionarios que llegan al poder, Mugabe se encargó de destruir su propio prestigio. El primer presidente de Zimbabue, después de que el país se sacudiera el yugo colonial, ha negado con su accionar aquel aura de libertad y emancipación que alguna vez lo acompañó.

Como un caballo solo en la pista de carreras ganó una tras otra las elecciones presidenciales que orquestó para validarse ante la opinión pública internacional, echando mano del fraude y la represión contra la disidencia. Hizo que se le venerara como a un Dios y recientemente anunció su obstinada candidatura para los comicios de 2018.[[QUOTE:En los últimos años, Mugabe llevó al país a una de las mayores crisis económicas de su historia]]En los últimos años, Mugabe llevó al país a una de las mayores crisis económicas de su historia, con un desabastecimiento de alimentos cada vez más marcado, una inflación por la nubes y un desempleo del 80%, unos males que atribuyó a una conspiración internacional, como es práctica común en este tipo de regímenes.

Mugabe ha controlado cada detalle de la vida de la nación que una vez fue conocida como "el granero de África" por sus fértiles tierras y su elevada producción agrícola, pero lastrada por la expoliación y los abismo sociales. Dónde reside cada ciudadano, de qué se alimenta, con quién se reúne o qué orientación sexual prefiere no son opciones a elegir en el Zimbabue del viejo patriarca.

A su régimen le encaja la palabra "totalitarismo" con una exactitud de diccionario. Un sistema político al que trató de cubrir con los ropajes de la justicia social y las oportunidades para todos, pero que en la práctica solo proveyó de posibilidades al círculo más cercano al presidente, a sus aliados ideológicos.

Su política de privilegiar a los locales ofreciéndoles las acciones de empresas extranjeras no trajo como consecuencia una mejor vida para el hombre común, sino que terminó por abultar el bolsillo de sus compañeros políticos, familiares y funcionarios fieles. El clan Mugabe echó raíces profundas y tan devastadoras en la economía nacional como una vez lo hizo el colonialismo.[[QUOTE:Discípulo aventajado de la escuela de los dictadores, como gobernante también ha sido vengativo e intolerante ante las voces discordantes]]Discípulo aventajado de la escuela de los dictadores, como gobernante también ha sido vengativo e intolerante ante las voces discordantes. El líder político, nacido en la colonia británica de Rodesia del Sur, se presentó inicialmente como un "salvador" de pueblos pero devino en factor de odio y polarización para la sociedad que prometió representar.

El pasado año cargó la mano con la represión y las miles de personas que protestaron pacíficamente por las violaciones de los derechos humanos o el deterioro de la situación económica recibieron como respuesta golpes, arrestos y amenazas. El otrora revolucionario se tapó los oídos ante las quejas de los organismos internacionales, a fin de cuentas Zimbabue era su reino.

Sin embargo, desde ese momento sus días estaban contados pero no lo sabía o tenía la arrogancia de no quererlo ver. La gota que llenó la copa fue la defenestración la pasada semana de su vicepresidente Emmerson Mnangagwa y las evidencias -cada vez más marcadas- de que el sátrapa apostaba por transferir el poder a su esposa, Grace Mugabe, de 53 años.

Con la caída en picado de la salud del presidente las pugnas por el poder se han desatado y cada parte, los seguidores de Grace o los que apuestan por Mnangagwa, solo busca un fin: hacerse con el control de Zimbabue, un apetitoso trozo del pastel africano.[[QUOTE:Con la caída en picado de la salud del presidente las pugnas por el poder se han desatado y cada parte solo busca un fin: hacerse con el control de Zimbabue]]El miedo al otro hace que estos caudillos se refugien en su núcleo familiar, vuelvan a la confianza de su círculo más estrecho para pasar el bastón. Sucesores que les garanticen continuidad, protección e impunidad para siempre.

Como todo final de un régimen autoritario, el de Mugabe está lleno de contradicciones. Mientras algunos medios de comunicación informan de que el mandatario estaría preparando su dimisión y negociando la salida de su esposa, otros aseguran que la situación está controlada en aras de salvar la soberanía nacional junto a un proyecto de país.

"Queremos dejar muy claro que esto no es una toma de poder militar del gobierno. Lo que las fuerzas de defensa de Zimbabue están haciendo es pacificar una situación política, social y económica degenerativa en nuestro país, que si no se aborda puede dar lugar a un conflicto violento", agregó un comunicado castrense.[[QUOTE:La Plaza de la Revolución se muestra hoy cautelosa en declaraciones sobre lo que ocurre en Zimbabue]]Un documento hecho público este jueves y firmado por 115 organizaciones de la sociedad civil de Zimbabue pide a Mugabe que dimita y a los militares que restauren el orden constitucional para finalmente lograr la añorada transición democrática. Es parte del grito desesperado de una nación agotada por el excesivo protagonismo de un hombre.

Hace un año, Mugabe asistió al funeral de Fidel Castro, camarada de ruta autoritario, quizás como quien participa en sus propias exequias. Un dinosaurio decía adiós a otro fósil del siglo XX.

Cada vez que Mugabe fue condenado por los organismos internacionales por adulterar las elecciones y eliminar las voces críticas, La Habana siempre estuvo de su lado. El sátrapa africano ha mantenido por décadas un intercambio de favores con la Isla que ahora empieza a tambalearse.

La Plaza de la Revolución se muestra hoy cautelosa en declaraciones sobre lo que ocurre en Zimbabue. Los noticiarios de la Isla aún no condenan a los perpetradores de la prisión domiciliaria de Robert Mugabe. Están al acecho de que un nuevo caudillo emerja, para tenderle la mano solícita y cómplice.

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Yoani Sánchez

Era demasiada tranquilidad para ser duradera. El deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos ha fracasado y ambas naciones ajustan sus relojes a los tiempos de la Guerra Fría. En las últimas semanas han surgido nuevas causas de tensión y el discurso político retorna a esa beligerancia habitual que tanto se añoraba.

El vínculo de la plaza de la Revolución con la Casa Blanca ha vuelto a ubicarse varios pasos por detrás de donde estaba el 17 de diciembre de 2014, una fecha acuñada en Cuba como el 17-D, cuando Barack Obama y Raúl Castro anunciaron la normalización en las relaciones. Este salto hacia el pasado está motivado por los supuestos ataques acústicos -unos sonidos que asemejan al canto de decenas de grillos- que provocaron en los diplomáticos estadounidenses afectados náuseas, mareos y dolores de cabeza.

La maquinaria propagandística oficial se había ralentizado durante la reconciliación y ahora intenta retomar el ritmo que la caracterizó en los tiempos de Ronald Reagan o de George W. Bush. Sin embargo, se nota el cansancio y, especialmente, la apatía de una audiencia nacional más pendiente de la supervivencia cotidiana que de las trifulcas diplomáticas.

[[QUOTE:La maquinaria propagandística oficial se había ralentizado durante la reconciliación y ahora intenta retomar el ritmo que la caracterizó en los tiempos de Ronald Reagan o de George W. Bush]]Vuelven también a las páginas de los periódicos oficialistas las caricaturas contra el presidente estadounidense, mientras el concepto de antiimperialismo retoma el protagonismo en las agendas de las instituciones gubernamentales, incapaces de articular un discurso menos ideológico. Son buenos tiempos para recalcitrantes, oportunistas y radicales.

Carente de su diana preferida, a los voceros del régimen se les notaba perdidos entre tantos abrazos, fotos conciliadoras y delegaciones de empresarios estadounidenses que llegaban a la Isla. No podían lidiar con la calma, así que ahora se llenan los pulmones con los aires de la tormenta. Solo la confrontación los hace importantes, solo el combate les parece vida.

Mientras la clase política enseña los dientes y alardea de la cartuchera que lleva en el cinto, alrededor de la Embajada de Estados Unidos en La Habana abundan estos días las caras largas. Cada mañana llegan a sus proximidades decenas de cubanos angustiados por haber quedado varados en mitad de un trámite migratorio debido a la suspensión de las labores consulares. Los pequeños negocios de la zona que vendían café, alquilaban habitaciones para los solicitantes de visado o rellenaban formularios migratorios han caído en una repentina quiebra. El Tío Sam movía la economía de miles de familias próximas al perímetro del imponente edificio y ahora todo ha quedado en pausa, se ha impregnado de incertidumbre.

A los vecinos solo les queda evocar la imagen de aquel agosto de 2015 en que John Kerry participó del izado de la bandera estadounidense en la recién inaugurada Embajada de EE UU en La Habana. Fue "el mejor momento de esta zona y del país", cuenta Paquito, un vecino que vivía de ofrecer servicio de consigna para bolsos y teléfonos celulares a los solicitantes de visado. Hoy su sala está vacía y su mayor deseo es que "regresen los yumas cuanto antes".

[[QUOTE:Muchos temen que las medidas de Donald Trump afecten al flujo de vuelos regulares entre ambos países]]A lo largo del país muchos temen que las medidas de Donald Trump vayan más allá y terminen por afectar al flujo de vuelos regulares entre la Isla y su vecino restablecidos durante la pasada Administración. El recorte en el envío de remesas también puebla las pesadillas de innumerables familias que sobreviven gracias a la ayuda que cada mes les llega desde el Norte.

Tienen razón los que auguran un empeoramiento de las relaciones. La retirada del personal no esencial después de los ataques acústicos es solo un capítulo más de un culebrón salpicado de odios y pasiones, dimes y diretes que han protagonizado ambos países por más de medio siglo.

El nuevo episodio solo ha agregado una nueva dosis de misterio, de historias de espías y sofisticadas agresiones a lo que ya era un guion típico de este conflicto de "evitación-aproximación", donde el objeto de deseo es rechazado o querido indistintamente.

El terreno para la beligerancia está abonado y sobre tan fértil base brotan las más variadas especulaciones sobre los autores de las agresiones que presuntamente sufrieron los diplomáticos estadounidenses.

Los partidarios del deshielo señalan a un grupo de ortodoxos dentro del Gobierno que vieron el pacto con Estados Unidos como una traición. Una cofradía de "talibanes" lo suficientemente bien colocados en las esferas del poder como para poder emprender una acción de tal complejidad.

Otros especulan que un tercer país, como Rusia, Irán o Corea del Norte, usó el territorio cubano para perpetrar un ataque a su viejo contrincante. En ese caso, la Isla habría sido solo el escenario de una lucha de poderes externos y la inteligencia nacional ni se dio por enterada. Esto último algo muy poco probable en un país donde la vigilancia ha escalado grados de sofisticación e intensidad agobiantes.

No faltan tampoco los que señalan a Fidel Castro como el genio malvado detrás de la trama de los ataques acústicos. El único hombre con más poder que Raúl Castro para organizar algo de esa naturaleza emerge detrás de las especulaciones de quienes recuerdan su incalculable capacidad para molestar a Washington.

[[QUOTE:Se nota el cansancio de una población más pendiente de la supervivencia que de las trifulcas diplomáticas]]Quienes sostienen la hipótesis del "testamento envenenado" del Comandante señalan que los misteriosos ruidos comenzaron antes de su fallecimiento en noviembre pasado y recuerdan también la distancia con que se manifestó sobre el deshielo diplomático. Al eterno antiimperialista no debe haberle gustado nada los coqueteos de su hermano con el inquilino de la Casa Blanca, sentencian los que sostienen esa conjetura. La prensa oficial apunta que los ataques acústicos han sido solo el pretexto para que Trump implemente una política hacia Cuba más alineada con los sectores del exilio disconformes con el deshielo, restan importancia a lo sucedido y siembran la duda de que alguna vez existieron tales agresiones. No obstante, reiteran que el Gobierno está dispuesto a colaborar con la investigación.

El gran perdedor por lo ocurrido es Raúl Castro. El legado principal de su mandato descansaba justamente en haber logrado el acercamiento entre ambas naciones. A través del deshielo, el menor de los hermanos marcó su propia impronta y se alejó de la sombra del Comandante en Jefe, un contumaz agitador del conflicto entre el David isleño y el Goliat estadounidense. El general, que hasta ahora no ha podido cumplir muchas de sus promesas de mandato -como la reunificación monetaria, en un país fracturado por la dualidad entre el peso convertible y el peso cubano- ni devolver a los salarios la dignidad perdida, ve cómo la herencia de su Gobierno se desvanece.

La normalización diplomática es, sin dudas, la historia del fracaso del segundo de los Castro, que no supo aprovechar los pasos impulsados por Barack Obama y prefirió optar por la cautela antes que la reforma. Si no es culpable directo de los ataques acústicos, entonces es responsable de la negligencia que permitió que otros los llevaran a cabo y de no haber sabido evitar que este incidente derivará en la actual confrontación diplomática.

Al final, los tiempos de las manos extendidas se acabaron y la Isla se encuentra en plena recesión económica, afectada por el paso de un poderoso huracán, con un menoscabado apoyo de Venezuela y una generación histórica al borde de la obsolescencia biológica. La Guerra Fría ha vuelto, pero la Cuba de aquellos años ya no existe.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado previamente por el diario español El País en su edición del domingo 12 de noviembre.

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Yoani Sánchez

Era la hora del baño después de una tarde de arrancar hierbas malas alrededor de unas diminutas plantas de lechuga. El albergue del preuniversitario era un ir y venir de adolescentes con toallas colgadas al hombro y un trozo de jabón en la mano. El grito llegó desde una litera cercana a mi cama: "Tengo caramelos rusos y son los últimos".

Corría el año 1991 y la Unión Soviética entraba en su recta final. En solo unos meses el gran imperio se había desmoronado sin que su archienemigo estadounidense disparara un solo tiro. En Cuba, los técnicos rusos partían a raudales y los edificios que alguna vez ocuparon en la barriada de Alamar se fueron quedando vacíos. Lo peor estaba por llegar.

Olga, una adolescente de 15 años originaria de Guantánamo, revendía en nuestra escuela en el campo las mercancías que las esposas de aquellos soviéticos le entregaban. Durante meses surtió al albergue de dulces, galletas y productos higiénicos, una variedad de mercancías que contrastaba con los anaqueles vacíos de las tiendas oficiales.

Los precios eran altos y el dinero cubano cada vez valía menos. Soltábamos aquellos billetes con los rostros de héroes de la independencia a cambio de un sabor que nos transportara lejos de las monótonas bandejas del comedor del PRE. La improvisada vendedora no lo sabía, pero nos traía trozos de un país que estaba a punto de colapsar.[[QUOTE:Olga, una adolescente de 15 años originaria de Guantánamo, revendía en nuestra escuela en el campo las mercancías que las esposas de aquellos soviéticos le entregaban]]Días antes de aquella tarde de marzo en que Olga ofreció los pocos caramelos que le quedaban se celebró en la URSS un referéndum sobre el nuevo Tratado de la Unión para hacer del gigante una federación de repúblicas menos centralizadas. La prensa cubana fue parca en detalles pero en el aire se olía el fin de una era.

Ajenos a la política y concentrados en llenar el estómago, los estudiantes del preuniversitario República Socialista de Rumania, en el municipio de Alquízar, asistíamos a un cambio sin precedentes en nuestras vidas. En las aulas habían alternado hasta entonces los bustos de José Martí con la imagen de Vladímir Ilich Lenin y en las noches algunos armaban cigarrillos con las hojas de los libros de marxismo.

La URSS había estado allí todo el tiempo durante nuestras breves existencias. ¿Cómo imaginar que eso iba a cambiar? Habíamos crecido rodeados de toda la simbología de la Revolución de Octubre: su hoz y su martillo, su dictadura del proletariado y la repetida frase de que la humanidad vivía "la etapa de transición del capitalismo al socialismo". Era cuestión de tiempo que aquel futuro prometido llegara.

En vez de eso, la presencia soviética fue disminuyendo. Mi familia guardó algunas latas de leche condensada en un cajón, último vestigio que llegó a nuestras mesas de lo que había sido "el intercambio justo" entre la Isla y los países del bloque socialista. En las pantallas de nuestros toscos televisores, un Fidel Castro de gesto crispado comenzaba a reconocer que podíamos quedarnos sin los bolos, como llamábamos popularmente a aquellos poderosos camaradas de ruta.

Aquella tarde de marzo solo compré un caramelo de fresa y otro de menta. Venían en papeles de colores brillantes con pequeños rombos. Desplegué uno de aquellos envoltorios y lo pegué en la tabla de la litera que quedaba frente a mis ojos cuando me acostaba. Lo miraba todas las noches intentando descifrar una forma oculta que se me escapaba.

Veía en aquellas diminutas figuras la cúpula de las catedrales de San Basilio en Moscú, copos de nieve con estrambóticas tramas, la copa de unos árboles y hasta la silueta de un enorme oso. Me dormía imaginando que despertaba en una dacha o esquiaba sobre un lago helado.[[QUOTE:El padre de otra adolescente llegó corriendo a contar que había estallado un golpe de Estado para derrocar a Gorbachov y "evitar la descomposición del país"]]Llegó junio, terminé los exámenes y partí a casa. Los rusos elegían por primera vez un presidente: Boris Yeltsin. Poco después George H.W. Bush visitó Moscú y firmó aquel histórico tratado para reducir el arsenal nuclear de ambas superpotencias. La prensa oficial apenas narraba aquel sorprendente giro que Castro había bautizado como "el desmerengamiento de la URSS".

Durante aquellas vacaciones escolares visité a varias colegas que vivían en Alamar, al este de La Habana. Olga se había mudado junto a su familia a uno de los apartamentos que habían dejado vacíos los rusos en su estampida. Habían forzado la puerta y entrado de manera ilegal, como el resto de los ocupantes del edificio.

Era agosto y la playa cerca de los bloques de concreto era un plato azul sin olas. Nos fuimos a bañar y un rato después el padre de otra adolescente llegó corriendo a contar que había estallado un golpe de Estado para derrocar a Gorbachov y "evitar la descomposición del país". Ahora "van a regresar los bolos, de seguro", agregó el hombre.

Una gritería de jóvenes hambrientos, deseosos de tener de vuelta los caramelos y las latas de leche se alargó por varios minutos; pero los soviéticos nunca volvieron. O al menos no como antes.

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Yoani Sánchez

Era abril de 2007 y corrían días oscuros. La parte más inmovilista de la Iglesia católica intervino la revista Vitral y la alejó de su marcada misión social. Ante el secuestro, los editores se desmarcaron y meses después fundaron el proyecto Convivencia que este octubre acaba de cumplir una década de constante trabajo.

La nueva publicación nació bajo el influjo de su antecesora, que había surgido en 1994 y llegó a tener una tirada de 12.000 ejemplares. Sin embargo, desde el principio quedó claro que la revista Convivencia sería mucho más que un mero reflejo de aquel vitral que dejó de brillar para la diversidad y reflejaba solo cuestiones pastorales.

En una tertulia de hablar mucho y escuchar otro tanto, el laico Dagoberto Valdés y sus colaboradores colocaron las primeras yaguas del acogedor techo que más tarde cubrió no solo a la nueva publicación, sino también al proyecto de formación cívica y al Centro de Estudios, ambos bajo el mismo nombre.

Con el lema "Un umbral para la ciudadanía y la sociedad civil en Cuba", esa tríada ha sido un viento fresco en un sector independiente donde priman –en demasía– los enfoques políticos sobre los sociales. Las propuestas antes que las quejas, también forman parte del peculiar sello editorial e investigativo del Proyecto.[[QUOTE:La nueva publicación nació bajo el influjo de su antecesora, la revista 'Vitral', que había surgido en 1994 y llegó a tener una tirada de 12.000 ejemplares]]A diferencia de su predecesora, Convivencia apostó más por la presencia digital. En tiempos de eclosión de blogs y cuentas de Twitter, su consejo de redacción se ha apoyado en las nuevas tecnologías y el portal web nacido de esa visión acaba de actualizar el diseño, además de hacer más dinámico el acceso al contenido.

Sin embargo, la mayor diferencia ha sido transitar el difícil camino de emitir información y opinión sin la protección de la Iglesia. A esta dificultad se le suma la de mantener un perfil moderado en medio de la polarización de la sociedad cubana, las presiones de la Seguridad del Estado y una intensa campaña de desprestigio.

Siete años antes de que el obispo Jorge Enrique Serpa Pérez forzara el cambio de rumbo de aquella publicación católica, Valdés había recibido la dura arremetida de dos editoriales del diario oficialista Granma, pero lo peor estaba por llegar. Aquello fue solo el preámbulo para un secuencia de interrogatorios y amenazas.

En esta década, los miembros de Convivencia han conocido diversas formas de hostigamiento. Desde las constantes citaciones policiales hasta la más reciente decisión de un tribunal de condenar a tres años de privación de libertad a Karina Gálvez, una de sus principales editoras, y confiscar la vivienda donde se reunían.[[QUOTE:La cultura, la educación, los medios de prensa y la economía se hallan en el centro de los análisis del 'think tank' Centro de Estudios Convivencia]]Desde otros grupos de la sociedad civil tampoco han faltado las críticas ante la postura de diálogo que ha mantenido siempre el equipo pinareño, su posición favorable al deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos, y la utilización de un lenguaje de respeto hacia cualquier figura o institución. Han debido pagar un alto precio por la mesura.

En ese escenario, destaca el trabajo del Centro de Estudios Convivencia (CEC) que a lo largo de varios encuentros ha perfilado un impresionante reservorio de ideas y propuestas para el futuro de la Isla. La cultura, la educación, los medios de prensa y la economía se hallan en el centro de los análisis de este think tank cubano que labora sin algarabías pero sin pausas.

Tanto el CEC como el centro cívico y la revista buscan "no solo educar al ciudadano para que ejerza su propia soberanía sino trabajar para que tenga una visión de futuro que le ayude a reconstruir la nación", detalla con orgullo Dagoberto Valdés. El hombre que la propaganda oficial llama "mercenario" solo tiene una obsesión: pensar a Cuba.

El contexto también es muy diferente a aquel de finales del siglo pasado en que los editores de Convivencia comenzaron su labor editorial. Ahora, el espectro de publicaciones que abordan el tema de Cuba ha crecido dentro y fuera de la Isla. Los enfoques también se han diversificado y los lectores viven tiempos de avalancha de opciones entre las que elegir.[[QUOTE:La revista 'Convivencia' se encuentra ante el reto de sobrevivir y crece]]Otros centros de estudios independientes también han surgido y términos como "comunidad", "civismo" o "consenso" se han vuelto comunes en el discurso de los activistas nacionales. Aquella luz que comenzó a asomarse a través de los cristales de colores de una revista pinareña es hoy un bien común del que todos echan mano.

Convivencia se encuentra ante el reto de sobrevivir y crecer. Evitar que los tirones represivos la lleven a adoptar un discurso de denuncia en lugar de otro de propuesta; superar con trabajo el silencio que algunos quieren imponer alrededor de su existencia; progresar a pesar de los insultos con los que otros describen su labor y mantener la ecuanimidad en tiempos de histeria.

Aquel techo de yaguas que comenzó a levantarse en octubre de 2007 está completo, pero en su interior todavía quedan muchos temas por incluir e innumerables situaciones en las que meditar. Hay tiempo para todo eso, porque como enfatizan en una reciente declaración los miembros del Proyecto Convivencia, no piensan irse de Cuba, de Pinar del Río ni del espacio cívico.

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Yoani Sánchez

En un país como Cuba, donde los conflictos regionales no pasan de sonoros insultos durante un juego de pelota, el secesionismo suena como un tema lejano. Sin embargo, el oficialismo no ha perdido tiempo durante más de medio siglo en apoyar la anexión o el separatismo en otras naciones según sus conveniencias ideológicas.

Por estos días, la prensa nacional lidia con dos referéndums: el del Kurdistán y el de Cataluña. Ambos procesos, tan diferentes y distantes, conforman una excelente oportunidad para medir las veleidades políticas del Gobierno cubano y su doble rasero en este tema.

En los dos casos, las coberturas informativas han sido tan contrarias que hasta los más indiferentes televidentes se han percatado de que en los noticieros locales a los catalanes se les llama "independentistas" y a los kurdos "separatistas". Unos "tienen todo el derecho a ser una nación", pero los otros "ponen en riesgo la estabilidad de una zona convulsa".

[[QUOTE:Los comentaristas claman porque Barcelona se desenchufe del Reino de España pero apoyan las palabras del Gobierno turco que considera "nulo" el plebiscito kurdo al carecer de "fundamento jurídico"]]Los mismos que ensalzan a la Generalitat cargan la mano contra la propuesta del presidente Masud Barzani. En la mañana, los comentaristas radiales claman porque Barcelona se desenchufe del Reino de España pero en la tarde apoyan las palabras del Gobierno turco que considera "nulo" el plebiscito kurdo al carecer de "fundamento jurídico".

Detrás de esa evidente contradicción en el discurso público están los pactos políticos de turno, las complicidades entre regímenes y -en el peor de los casos- la intención de contribuir a dañar a los Gobiernos democráticos del mundo.

El entusiasta apoyo oficialista al referéndum catalán no está insuflado por las connotaciones que éste tendrá para la vida de millones de personas, sino por el golpe que significa para el Estado español. Al Gobierno cubano le importa más que Mariano Rajoy y el Partido Popular sufran una derrota en su propia casa que la suerte de los independentistas.

Amén de las visitas de altos funcionarios y la llegada a la Isla del rey Felipe VI a inicios del próximo año, el Gobierno de Raúl Castro no perdona a La Moncloa sus críticas sobre las violaciones de derechos humanos en Cuba. Además, España pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y critica duramente a Nicolás Maduro, dos de muchas diferencias insondables.

La prensa controlada por el Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) necesita también el conflicto catalán para mostrar que los países democráticos están sacudidos por la inestabilidad, una forma de subrayar que solo la Revolución mantendrá la unidad de la nación cubana y el socialismo evitará el desmembramiento del territorio nacional.

Sin embargo, en el caso del plebiscito kurdo, La Habana no esconde sus suspicacias ante el proceso, que tienen un origen más en el oportunismo político que en la realpolitik.

Cuando este miércoles la Alta Comisión Electoral del Kurdistán iraquí anunció que más del 92% de los votantes dijeron 'sí' a la independencia, no se vieron muchas sonrisas en los telediarios de la Isla. La razón es que no solo Irak es contrario a la victoria de los secesionistas. También lo son Irán, Siria y Turquía, aliados los tres, en mayor o menor grado, del presidente Raúl Castro.

[[QUOTE:La razón es que no solo Irak es contrario a la victoria de los secesionistas. También lo son Irán, Siria y Turquía, aliados los tres, en mayor o menor grado, del presidente Raúl Castro]]Mientras que la administración turca teme que la independencia de los kurdoiraquís se contagie a los kurdos que viven en su territorio, Irán acusa a Israel de apoyar el referéndum de esta semana y el oficialismo sirio asegura que es el "resultado de las políticas estadounidenses que pretenden fragmentar los países de la región" a pesar de que EE UU se ha declarado contrario a un plebiscito que solo ha encontrado sostén internacional en Tel Aviv.

Alineado con sus socios, con los que comparte posturas y conforma bloques en Naciones Unidas para evadir responsabilidades o evitar sanciones, el habanero Palacio de la Revolución ha preferido mostrarse distante de la victoria del "sí" kurdo. Esos "separatistas" no son bien vistos por Granma.

Al Gobierno cubano poco le importa si en ambos referéndums se vota o no por un reclamo lícito que hunde sus raíces en la historia de una región. Lo que más le preocupa descifrar es a quién afecta el secesionismo. En su esquemática manera de pensar, la Plaza de la Revolución cree que la independencia es un premio que solo se merecen los camaradas.

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Yoani Sánchez

Hay una calma rara en La Habana tras el paso del huracán Irma. Tantos años de crisis han dejado en la ciudadanía cierta resignación a la hora de afrontar nuevas tragedias. El país de este septiembre no es el mismo de hace unas semanas y, sin embargo, resulta muy familiar, pues es el estado de emergencia en el que siempre hemos vivido.

La caprichosa Irma nos ha dejado algunas certezas. La primera de ellas tiene que ver con ese puente de tragedia que unió a Cuba y Florida durante estos complejos días de vientos, inundaciones y cortes de suministro eléctrico. La naturaleza conectó lo que la política ha separado durante décadas.

[[QUOTE:El país de este septiembre no es el mismo de hace unas semanas y, sin embargo, resulta muy familiar, pues es el estado de emergencia en el que siempre hemos vivido]]En los pequeños pueblos cubanos, cuando muchas familias no sabían si sobrevivirían a esa madrugada de domingo, un sinnúmero de pensamientos fueron para sus parientes en Miami, que esperaban la llegada del huracán. Lo mismo ocurrió en dirección contraria. La ínsula y la península latieron juntas, sufrieron en sincronía y compartieron la desgracia.

Por otra parte, la compleja situación nacional tiene desde este fin de semana una variable inesperada. Pocos antes de que se conozca el nombre del próximo presidente –y cuando muchos analistas aseguraban que solo quedaba "el coser y cantar" de un traspaso de mando bien atado– el país es un manojo de ruinas y el futuro gobernante, el heredero de una inmensa hipoteca.

La pérdida de al menos diez vidas humanas es el saldo más trágico, pero la víctima más palmaria de Irma ha sido la esperanza. Los damnificados saben que recuperar un refrigerador, un colchón o una cocina perdida entre las aguas puede costarles el resto de sus vidas. Sus expectativas a corto y mediano plazo están por los suelos.

La falta de liquidez que padecen las arcas nacionales y el desabastecimiento imperante en los mercados, que ys dificultaban la vida cotidiana antes de la llegada de Irma, se hacen más profundas con este golpe climatológico. Las expectativas de crecimiento del PIB –que el año pasado terminó en número negativos– han dejado de ser realistas y el sector turístico tardará meses en recuperarse.

La sensación que invade a millones de personas a lo largo de la nación es que vienen días aún más difíciles. Tiempos de carestía, penurias y tensión social. Solo un generoso golpe de timón desde el poder y la solidaridad internacional podrían acortar los plazos de una recuperación que se prevé larga y compleja.

La ayuda exterior hará su parte, pero el Gobierno debe tomar decisiones importantes para aliviar el sufrimiento de quienes han perdido todos o buena parte de sus bienes. Eliminar las restricciones a las importaciones personales y permitir las importaciones comerciales en manos privadas ayudaría a que entren ingentes recursos al país en los próximos meses.

En tiempos como estos urge que se puedan traer desde fuera vehículos, materiales de construcción, medicamentos en grandes cantidades y maquinarias agrícolas.

[[QUOTE:En tiempos como estos urge que se puedan traer desde fuera vehículos, materiales de construcción, medicamentos en grandes cantidades y maquinarias agrícolas]]Es necesario descongelar las licencias para el trabajo por cuenta propia, ampliar el número de ocupaciones permitidas y establecer una moratoria en el pago de impuestos para las zonas más afectadas. Estas medidas pueden contribuir a rehacer el tejido económico de la nación.

Las organizaciones internacionales tienen que poder canalizar su ayuda de manera directa y con menos burocracia. Solo así se evita que los recursos se queden en las cabeceras de provincias, en almacenes institucionales donde la sustracción de recursos merma su cantidad o en los anaqueles de las tiendas donde se venden a precios inaccesibles para los más pobres.

El Gobierno tiene en las próximas semanas la oportunidad de demostrar que puede ceder parcelas de control económico en aras de que la recuperación tarde menos. La última página del libro de Raúl Castro al frente del país está en blanco. Ahora debe decidir si llenarla con gestos de control o de apertura; si contribuir al hundimiento de la Isla o ayudar a reflotarla.

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Yoani Sánchez

El hombre se acerca a un destartalado estanquillo habanero y compra el último ejemplar del periódico Granma, el órgano oficial del único partido permitido. La situación, extrema como casi todo lo que ocurre en Cuba, es solo una pequeña parte de las tensiones que vive el periodismo en América Latina, la región más letal del planeta para la prensa.

El continente, donde varios de los patricios que impulsaron la independencia ejercieron también la profesión periodística, se ha transformado en un lugar hostil para los reporteros, campo minado para los medios. Ahora, cada palabra escrita puede llevar a su autor a los tribunales o, incluso, a la muerte.

En muchos de nuestros países, las familias prefieren que sus hijos se conviertan en funcionarios o en mareros, antes de que conformen la carne de cañón de un periódico. “Vas a terminar bajo tierra”, ha repetido por años la madre de una reportera salvadoreña cuando la descubre buscando datos o armando las piezas de una investigación.

A falta de instituciones sólidas, a la prensa se le ha adjudicado indebidamente el papel de fiscal, defensor del pueblo y contraloría. Con los riesgos que esto acarrea.

Ese papel trasciende los límites de la profesión y ha creado excesivas expectativas entre los lectores. Antes eran los redentores o los caudillos los que venían a salvar a una nación, ahora muchos esperan que ese ser híbrido –mezcla de kamikaze y periodista– esté dispuesto a inmolarse por ellos.[[QUOTE:En muchos de nuestros países, las familias prefieren que sus hijos se conviertan en funcionarios o en mareros, antes de que conformen la carne de cañón de un periódico]]Los escenarios más oscuros que encuentran en su camino los informadores se hallan justo allí donde reina la impunidad o el populismo. Son ellos el blanco de los insultos o de las balas en países donde las democracias fallan y la inseguridad impera. Ninguna señal es tan clara de que un sistema ha naufragado en una deriva autoritaria o que se ha convertido en un Estado fallido como la manera en que éste trata a la prensa.

Revelador resulta que allí donde la institucionalidad está de capa caída los peligros que deben sortear los reporteros son mayores. Un sistema que no puede proteger a sus ciudadanos, empezará por dejar desasistidos a los que informan o a quienes ponen por escrito la indefensión generalizada.

La Venezuela de Nicolás Maduro, la Cuba de Raúl Castro o la Nicaragua del trasnochado Daniel Ortega son algunos de los puntos geográficos donde contar la realidad significa exponerse a represalias desde el poder, pero la lista de territorios adversos a la investigación periodística reúne a muchos más naciones en el área. En México los grupos criminales ven en el periodismo un enemigo más letal que los operativos militares.

Mal pagados, peor valorados y con jornadas laborales que no conocen límites, buena parte de los periodistas latinoamericanos siente que la ilusión que los llevó a acercarse a una profesión tuvo más de espejismo que de realidad. A esa conclusión no han llegado solo por falta de estímulos profesionales –y materiales– sino especialmente debido a la coacción.[[QUOTE:A falta de instituciones sólidas, a la prensa se le ha adjudicado indebidamente el papel de fiscal, defensor del pueblo y contraloría. Con los riesgos que esto acarrea]]La respuesta defensiva ante la represión y el castigo ha sido –en muchos casos– evitar la calle, optar por hacer un periodismo de escritorio o apelar a los grandes males que el recién fallecido maestro Miguel Ángel Bastenier describió como “declaracionitis, oficialismo, hiperpolitización y omisión internacional”.

La reproducción acrítica de las declaraciones oficiales en el insípido ambiente de una conferencia de prensa se complementa con las genuflexiones al oficialismo, porque justo por “allá arriba” se reparten las credenciales de prensa para el próximo evento, se administran los privilegios y se subastan los cargos en los medios públicos.

El exceso de política se expresa también con esa retahila de relatos sobre las interioridades de los palacios de Gobierno en lugar de acercarse a las historias humanas. Una prensa que vive de las entrañas partidistas y de las pugnas entre figuras se ha apoderado de la escena mediática.

“El aldeano vanidoso” del que hablaba José Martí descubre el agua tibia en medio del océano de necesidades que padece América Latina. Vivir de espaldas al otro ha sido una forma de protegerse y de reproducir en la plana de los periódicos lo que a escala diplomática ocurre entre las naciones de este continente: tan afines y tan separadas.

Sin embargo, la mayor afectación que trae la represión es el retraimiento, el encerrarse en la burbuja de cristal de una redacción y escribir a distancia. Los reporteros de pantalla y teclado pululan por todas partes. Faltan las historias de carne y hueso mientras que abundan los análisis.

Los jefes de redacción saben que cada titular puede volverse por estos lares una declaración de guerra y, en la mayoría de las medios, las líneas rojas no las pone el editor sino que las  trazan las amenazas o las conveniencias.[[QUOTE:La Venezuela de Nicolás Maduro, la Cuba de Raúl Castro o la Nicaragua del trasnochado Daniel Ortega son algunos de los puntos geográficos donde contar la realidad significa exponerse a represalias desde el poder]]El periodista y catedrático español Bernardo Díaz Nosty describe en su libro Periodismo Muerto el rosario de obstáculos al que se enfrentan los reporteros de nuestro continente. Las dictaduras por un lado, la impunidad por otro y el narcopoder que gestiona extensas regiones –como si de países se tratara– conforman la mayor parte de esos riesgos.

En el punto más alto de esa escala del terror están la desaparición y la muerte, aunque “antes de llegar al asesinato, suele producirse el acoso sobre el periodista y sus familiares, las agresiones físicas, la estigmatización, las extorsiones”, asegura Díaz Nosty.

“Todo ello conduce a la quiebra de la independencia profesional, a la renuncia de la actividad periodística, al exilio, cuando no a la claudicación y a la entrega a las condiciones que establece el enemigo”, puntualiza en su libro.

Escribir sobre la delincuencia organizada, el narcotráfico, el lavado de dinero o la corrupción política puede constituir una sentencia de muerte por estos lares. La falta de respuesta estatal a las acciones contra los profesionales de la información acrecienta la sensación de desprotección.[[QUOTE:Escribir sobre la delincuencia organizada, el narcotráfico, el lavado de dinero o la corrupción política puede constituir una sentencia de muerte por estos lares]]Peor aún, muchos Gobiernos de la región han optado por matar al periodismo. Para lograr ese asesinato –sin dejar demasiadas evidencias– desarrollan una extensa red de amenazas, castigos legales y controles. No faltan, claro está, las prebendas.

Comprar la lealtad de una pluma periodística es una de las aspiraciones de cualquier poder y grupo político. Narrarse a través de las artes de un informador leal y contar con las sumisas planas de un medio de prensa pueblan las fantasías de los departamentos de propaganda partidista.

Junto al bufón de la corte, el adulador de turno y los voceros que repiten consignas, a los populismos les reconforta tener su propia prensa. Un subproducto manso, de titulares moldeados para no incomodar y reporteros que se conforman con asistir a sosas ruedas de prensa donde lo más importante se esconde y la intrascendencia llena teletipos.

La gran mayoría de los Gobiernos de América Latina sueña con amaestrar a los medios, manejarlos como ventrílocuos y hacer que salten por el aro de sus deseos. Para ellos, un periodista es solo un amplificador, a través del cual manejan a la audiencia e imponen su ideario.

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Yoani Sánchez

Cada gobernante marca su impronta. Hace más de una década Fidel Castro abandonó el poder y su hermano le prometió continuidad, pero desmanteló los preuniversitarios en el campo, el ejército de trabajadores sociales y las tribunas abiertas antiimperialistas. En febrero próximo Miguel Díaz-Canel puede asumir la presidencia de Cuba y quienes creen que seguirá al pie de la letra el guión subestiman los avatares de la política.

En los últimos días las noticias sobre la crisis venezolana no han logrado apagar el impacto político de lo que ocurre en Ecuador. El país, que hasta hace poco estaba liderado por un hombre de discurso arrogante y maneras agresivas contra la prensa o sus adversarios, tiene ahora un mandatario de talante más sosegado que –a toda velocidad– está marcando distancias con su predecesor.

Lenín Moreno llegó al poder envuelto en la polémica sobre un acomodo de los votos a su favor. En junio pasado, durante una conferencia en Madrid, su principal contrincante electoral, Guillermo Lasso, definió aquella victoria sin miramientos: "en febrero se produjo el más descarado fraude que se haya visto en el Ecuador", expresó. Las dudas sobre la limpieza de los comicios y la cercanía del candidato oficialista a Rafael Correa no auguraban nada bueno.

Sin embargo, pocos meses después de asumir el más alto cargo del Estado, Moreno parece dispuesto a trazar su propio camino. Tiene grandes motivos para separarse de Correa porque el escándalo de la constructora brasileña Odebrecht le pisa los talones a la anterior administración y el país tiene una deuda superior a los 41.000 millones de dólares. Una cifra que el presidente saliente intentó maquillar antes de irse pero que ha sido finalmente revelada por el actual ejecutivo.[[QUOTE:Pocos meses después de asumir el más alto cargo del Estado, Moreno parece dispuesto a trazar su propio camino]]Moreno ha llegado a conversar con varios opositores, entre ellos el expresidente Abdalá Bucaram (1996-1997) actualmente exiliado en Panamá. Este es un paso que evidencia un claro cambio de rumbo del Palacio de Carondelet, que hasta hace poco combatía las diferencias políticas a golpe de insultos y amenazas.

Esta semana, la diferencia entre ambos escaló un paso más y Moreno destituyó al vicepresidente, Jorge Glas, una especie de tutor dejado por Correa para velar por el curso de la llamada Revolución Ciudadana. El cisma amenaza con fracturar al partido Alianza País, sacudido entre los que apoyan al expresidente y quienes claman porque se respete la decisión del actual mandatario.

Desde la lejana Bélgica, Correa arde de ira ante lo que considera una traición. Su impetuoso carácter, que diez años de estancia en el poder alimentaron aún más, lo ha llevado a escribir en la red social Twitter numerosos mensajes críticos contra Moreno. El sucesor se ha convertido así en antagonista y se ha negado a seguir la ruta que el economista de 54 años dejó definida para su colega de partido.[[QUOTE:En estos meses Moreno, como le ocurrirá a Díaz-Canel, ha tenido que poner la cara ante su pueblo y la comunidad internacional]]En estos meses Moreno, como le ocurrirá a Díaz-Canel, ha tenido que poner la cara ante su pueblo y la comunidad internacional. Se ha percatado de que una cosa es ser el benjamín designado, mientras que otra bien diferente es tomar el timón en la sala de mando de un país que ha sido durante largo tiempo gobernado bajo el capricho de un hombre. Liderar con cierta eficiencia la nación pasa, en ambos casos, por romper con quienes los colocaron en esos cargos.

Las diferencias son marcadas entre el caso ecuatoriano y el cubano. Mientras el Gobierno de Rafael Correa duró una década, en la Isla los hermanos Castro han controlado cada detalle de la economía y la política por más de medio siglo. La huella que dejó el correísmo en Ecuador es intensa y se evidencia en una mayor polarización junto a un debilitamiento de la sociedad civil, pero el efecto del castrismo es mucho más profundo.

Moreno ha logrado distanciarse de su antecesor entre otras razones porque existen en el país estructuras democráticas que lo respaldan en ese empeño, algo lejos del panorama cubano. A pesar de los cuestionamientos internacionales sobre su llegada a la presidencia, el ecuatoriano cuenta con el beneplácito de la mayor parte de los Gobiernos de la región y de los organismos internacionales. Alguno de los cuales lo ven como un preocupado administrador que intenta poner orden en el manicomio.[[QUOTE:Sentado en la silla presidencial y con el guión de cada paso escrito sobre la mesa, Miguel Díaz-Canel se enfrentará al dilema de tener que tomar sus propias decisiones]]Miguel Díaz-Canel, menos carismático y más gris, tendrá a su favor la biología. Mientras no se puede descartar que Rafael Correa ponga punto final a su retiro belga e intente rescatar la presidencia ecuatoriana, el actual vicepresidente cubano verá morir a la generación histórica que ahora mismo lo considera un advenedizo manejable, sin batallas ni muertos que mostrar a su favor.

No obstante, el abismo económico que el delfín isleño encontrará será aún más insondable. El país que recibirá en febrero vive un proceso de estancamiento económico, no ha logrado superar la dualidad monetaria, experimenta un frenazo en la expansión del sector privado y ni siquiera ha podido convencer a un número significativo de inversionistas extranjeros para poner su dinero en la Isla.

Sentado en la silla presidencial y con el guión de cada paso escrito sobre la mesa, Miguel Díaz-Canel se enfrentará al dilema de tener que tomar sus propias decisiones. Con las miradas de los comandantes y generales fijas en su nuca, es probable que opte por la sumisión. Pero algo de su impronta, de su personalidad, se irá colando en la agenda. Un día, por valentía o por miedo, terminará dándole algunos golpes mortales al castrismo.

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Yoani Sánchez

Los cantautores son a menudo confundidos con profetas o líderes. Los temas de numerosos trovadores han terminado por moldear conciencias, erigirse en lemas políticos y volverse mantras incuestionables. Todo movimiento social necesita su fondo musical y en América Latina estos solitarios de la guitarra han acompañado sonoramente a más de uno.

Cronistas pertrechados de melodía, la mayoría de las veces se toma a estos intérpretes al pie de la letra, confundiéndose al personaje de sus estrofas con el ser de carne y hueso que sube al escenario. Bajo las luces, en la íntima atmósfera de un teatro, entona esas frases que después se trastocan para miles de espectadores en eslóganes y posturas. Tras los duros años en que una copla podía costarles la vida o la prisión, los trovadores latinoamericanos que dieron forma a la canción protesta viven ahora una etapa de permisiva tranquilidad. La batalla más encarnizada la libran ante el reggaeton, no contra la censura. Su mayor temor no radica en engrosar las listas negras, sino en que el público mueva el dial para buscar cualquier otra música “más movidita”.[[QUOTE:Dejaron de ser el centro de las reseñas y de los críticos, para ser colocados en la aburrida esquina de los consagrados que ya no llenan estadios ni arrancan suspiros]]

Dejaron de ser el centro de las reseñas y de los críticos, para ser colocados en la aburrida esquina de los consagrados que ya no llenan estadios ni arrancan suspiros. Viven de las glorias pasadas y rara vez una canción suya vuelve a escalar las listas de éxito, aunque en los platós televisivos se les siga presentando como “insuperables” o “indiscutibles”.

Entre aquellos melenudos de verso fácil, los más pícaros han cedido su guitarra a algún poder al que años atrás criticaron, para vegetar a la sombra de festivales, homenajes y entrevistas. Los pocos dardos que aún lanzan en sus textos mezclan los más recurrentes lugares comunes del discurso progresista, mientras que su indumentaria mantiene todas las trazas de un disfraz de calculado desaliño.

Los nombres más conocidos de hace unas décadas acarician hoy los discos con los que convocaron multitudes e hicieron latir conciencias. A falta de aquellas emociones, actualmente se dedican —sin partitura y con voz debilitada— a dictar cátedra de cómo comportarse cívicamente o a azuzar una rebeldía que ellos mismos descartaron por poco rentable.

Algunos de aquellos temas musicales que compusieron cuando soplaban los aires de hacer el amor y no la guerra han sido secuestrados por militantes y extremistas que los cantan —con las venas del cuello a punto de reventar— frente a sus contrincantes políticos. De expresiones musicales libertarias pasaron a ser mordazas para acallar la diferencia, meros himnos de ciega batalla.

Los tiempos de rimar y creerse cada verso han dado paso al cinismo. Muchos de los juglares que pusieron ritmo a la inconformidad se alejaron de la escena pública; otros aparcaron la canción incómoda en busca de mayores ingresos, mientras que la mayoría, extraviada la musa, se ha convertido en defensora de cuanta causa pueda tapar su sequía creativa.[[QUOTE:Nostálgicos de un tiempo en que congregaban multitudes, más de uno ha optado por cantarle al poder y dedicar sus estribillos a ciertos populistas bastante impresentables]]

Nostálgicos de un tiempo en que congregaban multitudes, más de uno ha optado por cantarle al poder y dedicar sus estribillos a ciertos populistas bastante impresentables. Escriben por encargo, ensalzan en sus estribillos a desteñidas revoluciones transmutadas en dictaduras y se ganan un espacio en las tarimas oficiales donde las promesas abundan y la sinceridad falta.

No son los tiempos en que Víctor Jara llevó su arte hasta las últimas consecuencias. “Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón”, aseguró el chileno que murió a los 40 años con decenas de balas hundidas en su cuerpo. Ahora abundan los creadores que cuidan cada palabra para evitar salirse del esquema de lo políticamente correcto. Compositores de rimas pulidas y cabello bien peinado que se pasean por palacios de Gobierno y reciben con beneplácito sus honoris causa. Forman parte de esa pléyade de intelectuales y creadores que salen en la foto de familia con todo aquel que le plante cara a quienes ellos señalan como la causa de todos los problemas. Antiimperialistas acérrimos, falsos ecologistas y recelosos de la riqueza —siempre que esa fobia no incluya a su bolsillo—, se les ve protagonizando cantatas contra lejanos poderes y Gobiernos bajo los que no viven.

Hace unos cuatro años, el cantautor español Luis Eduardo Aute aseguró que se identificaba con la Revolución Ciudadana del presidente Rafael Correa. La afirmación fue hecha justo en un momento en que el gobernante ecuatoriano se enfrascaba en una dura pelea contra los medios informativos de su país y ponía límites férreos a la libertad de prensa. Las poses irreverentes tienen siempre mucho de miopía, de no ver más allá de su fabricada irreverencia. Bajo el influjo de sus propios estribillos, Aute se creyó el personaje de sus canciones y aquello de que: “Dicen que todo está atado / Y bien atado a los mercados”, cuando en realidad olvidó que a otros poderes también les gusta controlar cada detalle, especialmente la palabra.

En Cuba habita un caso extremo. Silvio Rodríguez perdió el unicornio azul de su creatividad hace muchos años. En la misma medida en que sus temas se llenaban de costuras y aburrimiento, su proyección pública se volvió más cercana al discurso oficial. Dejó de escribir canciones inolvidables para enzarzarse en diatribas contra “los enemigos de la Revolución”.

Recientemente, el cantautor sumó su firma al manifiesto Dejen votar a los catalanes que pide al Gobierno español que permita un referéndum sobre la independencia en Cataluña. El nombre de Rodríguez está acompañado por otras figuras como la artista Yoko Ono, la filósofa afroamericana Angela Davis y la premio Nobel Rigoberta Menchú.

El autor de Ojalá rubricó la afirmación de que “una gran mayoría de catalanes ha expresado repetidamente y de diversas maneras el deseo de ejercer el derecho democrático a votar sobre su futuro político”. Considera que “evitar que los catalanes voten” contradice los principios democráticos, precisamente aquellos que los cubanos llevan décadas sin poder disfrutar en su propia tierra.[[QUOTE:Con una vida cómoda, un estudio de grabación autorizado por el Gobierno y con una mesa repleta, el juglar se extravió en reverencias y silencios]]

A este Rodríguez nada le queda de la rebeldía que caracterizó sus primeras tonadas. En 2003, su firma se sumó al Mensaje desde La Habana a los amigos que están lejos, en el que un grupo de intelectuales exponían justificaciones para el encarcelamiento de 75 disidentes en la Isla. El documento respaldó también la decisión del Gobierno de Fidel Castro de fusilar a tres hombres que secuestraron una embarcación de pasajeros para intentar escapar hacia Estados Unidos.

Con una vida cómoda, un estudio de grabación autorizado por el Gobierno y con una mesa repleta, el juglar se extravió en reverencias y silencios. Su música, que una vez acompañó la desobediencia de tantos ciudadanos en esta parte del mundo, ahora forma parte de la lírica oficial, de la sinfonía del poder.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado previamente por el diario español El País en su edición del domingo 29 de julio.


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Yoani Sánchez

El hombre forma con la mano una trompeta frente a su boca para advertir sobre la presencia de un informante. Un gesto trascendental para no zozobrar en una cotidianidad donde la gente apela todo el tiempo al lenguaje corporal, las palabras obscenas y las metáforas. No hacerlo de esa manera provoca bromas, espanta a los vendedores informales y genera la desconfianza de los amigos.

La prensa oficial se muestra preocupada por el deterioro en la expresión oral de los cubanos. Varios espacios televisivos han abordado en las últimas semanas los gritos y los términos groseros que llenan las conversaciones callejeras. Los periodistas achacan esta pobreza de vocabulario a la familia y aseguran que la epidemia de vulgaridades que azota el país se incuba en los hogares.

Otro culpable señalado con énfasis es el reguetón. Las canciones cargada de lascivia y machismo cultivan una expresión llena de conceptos denigrantes y alusiones sexuales, afirman los especialistas que disertan en esos programas. Según el criterio de estos sociólogos y psicólogos -a los lingüistas rara vez los invitan- escuchar temas como El palón divino hace que los adolescentes profieran más insultos por minuto.

Hasta el momento, en cada uno de los análisis difundidos ha faltado señalar la responsabilidad institucional en la degradación verbal. Obvian que durante décadas todo aquel que ha hablado “bonito” y se ha atrevido a pronunciar todas las letras de todas las palabras ha sido tachado de “poco popular”, “arrogante” o “para nada humilde”.[[QUOTE:Expresarse con la rudeza de un estibador se convirtió en una de las tantas estrategias que los oportunistas asumieron para disfrazarse de proletarios]]

La chabacanería es un rasgo distintivo del lenguaje revolucionario que se impuso en Cuba a partir de enero de 1959. Desde entonces, expresarse con la rudeza de un estibador se convirtió en una de las tantas estrategias que los oportunistas asumieron para disfrazarse de proletarios. Ofender al prójimo también ha estado de moda en esta algarabía política que se instauró en el país hace más de medio siglo.

Ahora, las autoridades se muestran espantadas porque los jóvenes intercalan una mala palabra en cada frase que pronuncian. Se ruborizan por las constantes alusiones a los órganos sexuales en sus conversaciones, una verdadera nimiedad comparada con el uso del despectivo “gusano” para llamar a un contrincante político y que se promovió desde el Gobierno.

Después de acusar de burgueses a quienes se preocupaban por el uso correcto del idioma, ahora le temen a esta generación soez que nació de tantas castraciones verbales. Tras perseguir la palabra libre y franca, hoy desde las instituciones se quejan de los incoherentes monosílabos que tantas veces brotan cuando se les pregunta a estos hijos de la censura sobre la política, los derechos humanos o los líderes del país.

Hace muchos años que, por estos lares, hablar dejó de ser una manera de comunicarse para pasar a ser la forma más rápida de delatarse. No solo decir una opinión causa problemas, sino que el estilo en que se exprese también puede ser conflictivo. Comprender el peligro del lenguaje articulado ha sido uno de los mecanismos más acabados de supervivencia desarrollado por los cubanos en los últimos tiempos.

No reconocer la implicación del sistema político en ese deterioro lingüístico es otra forma de dañar el vocabulario… al no llamar las cosas por su nombre.

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14ymedio, Generation y, Yoani Sanchez, 14 July 2017 — Wednesday night. The neighborhood of Nuevo Vedado is sliding into the darkness. Catchy music resonates in the Hotel Tulipán where parliamentarians are staying during the current regular session. They dance, drink under the sparkling lights of the disco ball and sing karaoke. They add their voices to a programmed score, … Continue reading "Parliamentary Karaoke" Continue reading

Yoani Sánchez

Los regímenes autoritarios deben aprender algunas lecciones: encarcelar a los opositores hace que ganen prestigio. El gobierno de Nicolás Maduro olvidó ese abecé de la política y ahora recoge los frutos. La salida de Leopoldo López de la prisión de Ramo Verde, este sábado, traerá resultados impredecibles para la dictadura instalada en Miraflores.

López ha regresado junto a su familia, aunque la libertad está lejos todavía. Ahora debe permanecer bajo arresto domiciliario, un brazalete electrónico controla sus movimientos y el operativo alrededor de su casa parece infalible. Está preso en un nuevo perímetro, pero tiene el alivio de abrazar a sus hijos, besar a su mujer y mirar desde la ventana su ciudad.

Una de esas imágenes históricas... un hombre vuelve a casa... su país lo espera pic.twitter.com/LH2y5I5NJg

— Yoani Sánchez (@yoanisanchez) 8 de julio de 2017

Toda escalera tiene un primer peldaño y hoy se ha esbozado la que conduce a la libertad plena del opositor. La oligarquía petrolera que dirige Venezuela lo ha sacado de la cárcel a la espera de que ese gesto rebaje la tensión en las calles y le permita al Gobierno imponer una Asamblea Constituyente para cerrar el lazo totalitario sobre el país. Un pésimo cálculo.[[QUOTE:La oligarquía petrolera que dirige Venezuela lo ha sacado de la cárcel a la espera de que ese gesto rebaje la tensión en las calles y le permita al Gobierno imponer una Asamblea Constituyente para cerrar el lazo totalitario sobre el país]]López irradia libertad allí donde esté. Poco importa si no puede acercarse a un teléfono, escribir un tuit o acompañar a sus compatriotas en las protestas. Los símbolos están sin estar y en eso se ha convertido el fundador de Voluntad Popular. Se le ha escapado al oficialismo por entre los barrotes del control al convertirse en un emblema.

El madurismo ha optado por una salida medianamente elegante al decir que la medida otorgada a López, preso desde 2014 y condenado a casi 14 años, se debió a "problemas de salud", según informó el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) de Venezuela.

Sin embargo, las primeras imágenes del prisionero al llegar a casa lo muestran vital y sonriente. La excusa de una enfermedad solo intenta enmascarar una verdad tan grande como una montaña: las protestas en las calles han hecho ceder al oficialismo. El cambio de cárcel por casa es una victoria de la oposición venezolana.[[QUOTE:La excusa de una enfermedad solo intenta enmascarar una verdad tan grande como una montaña: las protestas en las calles han hecho ceder al oficialismo]]El vapuleado chavismo debe lidiar con un Leopoldo López que ya no conoce la estrechez de una celda, que ha vuelto a despertar junto a los suyos y que recibe de forma más expedita la información de lo que ocurre más allá de las paredes de su casa. Su alcance político crece por horas.

Ha costado vidas, lágrimas, cárcel y exilio… pero la #dictadura de Nicolás Maduro está llegando a su fin #VivirParaVer

— Yoani Sánchez (@yoanisanchez) 8 de julio de 2017

Cada día que pase en ese encierro domiciliario, López seguirá acumulando apoyos. Sacarlo de ahí sería un dolor de cabeza para el populismo que ha secuestrado el país sudamericano, pero mantenerlo recluido resulta peor. El Gobierno venezolano se ha colocado ante un dilema insoluble: si libera al opositor pierde, si lo mantiene retenido también pierde.

Nicolás Maduro es pasado, aunque ahora mismo esté rodeado de oportunistas que aplauden y asienten. Leopoldo López es futuro a pesar de que su celda tenga el tamaño de una vivienda llena de amor y carente de libertad. Solo falta que logre sortear esos muros.

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14ymedio, Generation Y, Havana, 3 July 2017 — For decades Cubans were bombarded by official propaganda filled with materials about Fidel Castro’s supposed genius. In these vindications he was not only a father, but also a strategist, visionary, pedagogue, farmer and cattle rancher, among other lofty characteristics and pursuits. However, that prototype of patriarch, scientist … Continue reading "Fidel Castro In Humor And Oblivion" Continue reading

Yoani Sánchez

Hace más de un lustro las redes sociales hervían por la Primavera Árabe y los rostros de aquellos jóvenes manifestantes se iluminaban con las pantallas de sus teléfonos móviles. Eran años en que Twitter se veía como un camino hacia la libertad, pero poco después los represores también aprendieron a publicar en 140 caracteres.

Con cierta suspicacia primero y con mucho oportunismo más tarde, los populistas han encontrado en internet un espacio para difundir sus promesas y captar adeptos. Se valen del increíble altavoz que brinda el mundo virtual y colocan las trampas de su demagogia, en la que quedan atrapados miles de internautas.

Las herramientas que una vez dieron voz a los ciudadanos se han ido transformando en un canal para que los autoritarismos entronicen sus discursos. Asimilaron que en estos tiempos de postverdad, un tuit repetido hasta el cansancio resulta más efectivo que colocar vallas en la carretera o pagar por espacios publicitarios.

Los regímenes totalitarios han pasado a la ofensiva en la web. Les tomó algo de tiempo darse cuenta de que podían usar las mismas redes que sus opositores, pero ahora lanzan a los policías informáticos contra sus críticos. Lo hacen con la misma metódica precisión con que han vigilado por años a sus disidentes y controlado la sociedad civil de sus naciones.

Desde hackeos de sitios digitales, hasta la creación de falsos perfiles de usuarios, los Gobiernos antidemocráticos están probando todo aquello que les ayude a imponer matrices de opiniones favorables a su gestión. Cuentan a su favor con la irresponsable ingenuidad con que muchas veces se comparte contenido en el ciberespacio.[[QUOTE:Erdogan ha pasado de enemigo de las redes a utilizarlas para expandir su deriva dictatorial]]Uno de estos giros radicales lo ha dado el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. Durante las protestas de 2013, cuando era primer ministro, quiso promulgar varias leyes para restringir el uso de Facebook y Twitter. A la red del pájaro azul la llegó a catalogar como “una fuente permanente de problemas” y “una amenaza para la sociedad”.

Sin embargo, cuando se produjo el intento de golpe de Estado en Turquía el año pasado, Erdogan echó mano de estas herramientas para convocar al pueblo hacia las plazas e informar de su situación personal. Desde entonces se ha dedicado a expandir su poder también a golpe de tuits, reafirmando en el mundo virtual la deriva dictatorial de su régimen.

En marzo pasado, los administradores de Twitter tuvieron que admitir que varias de sus cuentas, algunas vinculadas a instituciones, organizaciones y personalidades en todo el mundo, habían sido hackeadas con mensajes de apoyo a Erdogan. El sultán azuzó a sus huestes cibernéticas para dejar claro que tampoco en internet se anda con juegos.

En América Latina varios casos refuerzan el proceso de apropiación que los autoritarismos vienen haciendo con las nuevas tecnologías. Nicolás Maduro ha abierto en Twitter uno de los tantos frentes de batalla con los que pretende mantenerse en el poder y acallar las revueltas populares que estallaron desde inicios de abril.[[QUOTE:Internet se ha vuelto para muchos venezolanos un territorio hostil donde los chavistas gritan y amenazan con total impunidad]]Los venezolanos no solo deben lidiar con la inestabilidad económica y la violencia de la fuerzas policiales, sino que internet se ha vuelto para muchos de ellos un territorio hostil donde los chavistas gritan y amenazan con total impunidad. Desvirtúan sucesos, convierten a victimarios en víctimas e imponen etiquetas como quien lanza golpes.

Las imágenes de los manifestantes asesinados por la Guardia Nacional Bolivariana las enfrenta el Palacio de Miraflores lanzando bulos sobre una supuesta conspiración internacional para destruir el chavismo. Contra la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, la batida ha sido encarnizada en las redes sociales, donde los simpatizantes de Maduro la han tildado, como mínimo, de loca.

De tanto intentar manipular tendencias y adulterar estados de opinión en la web, el oficialismo venezolano ha terminado por pillarse los dedos con la puerta. Recientemente fueron suspendidas más de 180 cuentas de Twitter que repetían cual ventrílocuos consignas gubernamentales. La penalización podría extenderse a otras tantas vinculadas a instituciones y medios acólitos.

El ministro de Comunicación venezolano, Ernesto Villegas, definió esta suspensión de cuentas como una operación de “limpieza étnica” y Maduro amenazó a los administradores de la red de microblogging con una frase cargada de desfasado triunfalismo: “Si ellos apagaron 1.000 cuentas, vamos a abrir 1.000 más”.

Con su conocida incontinencia verbal, el sucesor de Hugo Chávez estaba revelando la estrategia que su régimen ha seguido en los últimos años en internet. La de plantar usuarios que confundan, mientan y, sobre todo, desvirtúen lo que está ocurriendo en el país. Un cercano aliado les enseñó esa estrategia.[[QUOTE:En Cuba, los soldados del ciberespacio tienen una larga experiencia en el bloqueo de sitios críticos y el entrenamiento de trolls para inundar la zona de comentarios]]
En Cuba, los soldados del ciberespacio tienen una larga experiencia en el fusilamiento de la reputación digital de los opositores, el bloqueo de sitios críticos y el entrenamiento de trolls para inundar la zona de comentarios de cualquier texto que les resulte especialmente molesto. Pero su principal arma es dosificar el acceso a internet entre los más confiables o mantenerlo a precios prohibitivos para la mayoría.

“Tenemos que domar el potro salvaje de las nuevas tecnologías”, sentenció Ramiro Valdés, uno de los comandantes históricos de la Revolución, cuando en la Isla comenzaron a aflorar los primeros blogs independientes y las cuentas de Twitter gestionadas por opositores.

Desde entonces mucho ha llovido y el castrismo se ha lanzado a la conquista de esos espacios con la misma intensidad que vocifera en los organismos internacionales. Su objetivo es recuperar el espacio que perdió mientras miraba con suspicacia las nuevas tecnologías. Su meta: acallar las voces disidentes con su algarabía.

Hasta en las democracias de más larga data las tecnologías están siendo secuestradas para propinar golpes mortales a las instituciones.

En la Casa Blanca, un hombre pone a su país y al mundo al borde del abismo con cada tuit que escribe. Todas las noches en que Donald Trump se va a la cama sin publicar en esa red social, millones de seres humanos respiran aliviados. Ha encontrado en los 140 caracteres una manera de gobernar en paralelo, sin limitaciones.

No son los tiempos ya de aquella red liberadora que enlazaba inconformidades y servía de infraestructura para la rebeldía ciudadana. Vivimos días en que los populismos y los autoritarismos han comprendido que las nuevas tecnologías se pueden convertir en un instrumento de control.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado previamente por el diario español El País en su edición del sábado 24 de junio.


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Yoani Sánchez

La madre murió, el hermano emigró y nadie lleva flores a la tumba de uno de esos tantos jóvenes cubanos que perdieron la vida en las llanuras africanas. Su fallecimiento sirvió para edificar el régimen autoritario de José Eduardo dos Santos en Angola, un caudillo que desde 1979 mantiene en un puño a una nación de enormes recursos y pocas libertades.

Con 74 años, Dos Santos sabe que el final está cerca. Su salud se deterioró en los últimos meses y ha anunciado que se retirará de la política en 2018, el mismo año en que Raúl Castro abandonará la presidencia de la Isla. Ambos pretenden dejar atada y bien atada la sucesión, para proteger a sus respectivos clanes y evitar terminar en un tribunal.

Durante décadas, los dos gobiernos se han apoyado mutuamente en foros internacionales y mantenido una estrecha complicidad. Los une la historia de colaboración, con más de 300.000 cubanos desplegados en territorio angoleño durante la guerra civil, financiados y armados por la Unión Soviética, pero también los conecta su talante antidemocrático.

La longevidad en el cargo es otro de los signos que comparten Castro y Dos Santos.

[[QUOTE:Los une la historia de colaboración, con más de 300.000 cubanos desplegados en territorio angoleño durante la guerra civil, financiados y armados por la Unión Soviética, pero también los conecta su talante antidemocrático]]El angoleño, apodado Zedu, es un miembro "ilustre" del club de caudillos africanos que siguen aferrados al poder. Un grupo al que pertenecen hombres como el impresentable Robert Mugabe, que lleva al frente de de Zimbabwe 37 años, y Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, que gobierna desde hace casi 38 años Guinea Ecuatorial.

La contraparte isleña les supera y lleva casi seis décadas en la sala de mando de la Plaza de la Revolución, ya sea como ministro de las Fuerzas Armadas o, tras la enfermedad de su hermano, como presidente. Ni Zedu ni Castro toleran la oposición política y han reprimido con fuerza cualquier disidencia.

Los angoleños viven también rodeados por la omnipresencia de la familia real. En los billetes, el rostro de Dos Santos comparte espacio con el de Agostinho Neto y en la propaganda política se le representa como el salvador de la patria. Una de las tantas tretas de los sistemas populistas, pero muy alejada de la realidad.

Lo que realmente ha ocurrido es que la familia y los aliados más cercanos del presidente africano se han labrado fortunas colosales. El mayor exportador de petróleo en África, actualmente, ha alimentado esa oligarquía que, por ironías de la historia, fue levantada sobre el esfuerzo de miles de cubanos que se dejaron la vida o la cordura en su territorio.

Isabel dos Santos, apodada por sus compatriotas la Princesa, no ha perdido tiempo en aprovecharse de las prerrogativas que le otorga su padre. La revista Forbes la considera la mujer más rica de África, con una fortuna que ronda los 3.100 millones de dólares, y el pasado año fue nombrada al frente de la petrolera estata Sonangol, el más importante pilar económico del país. Controla también la telefónica Unitel.

Se asemeja a Mariela Castro en el gusto por dar declaraciones a los medios extranjeros y presentarse como alguien que ha logrado todo "por esfuerzo propio". Proyecta una imagen de empresaria moderna y cosmopolita, pero todos sus negocios prosperan gracias a los privilegios de los que goza por ser hija de quien es.

[[QUOTE:Isabel dos Santos se asemeja a Mariela Castro en el gusto por dar declaraciones a los medios extranjeros y presentarse como alguien que ha logrado todo "por esfuerzo propio"]]Apalancado económicamente está también el hermano, José Filomeno de Sousa dos Santos, a la cabeza del fondo soberano angoleño que gestiona 5.000 millones de dólares. Un émulo de Alejandro Castro Espín, a quien muchos señalan detrás de la impresionante voracidad que ha llevado a que los militares cubanos se apoderen de sectores como la gestión hotelera.

Sin embargo, Zedu ha preferido optar por un títere como heredero al cargo de presidente y al frente del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA): el ministro de Defensa de Angola, João Manuel Gonçalves Lourenço. Una figura que pondrá la cara mientras los verdaderos delfines pretenden seguir chupando -cual voraces sanguijuelas- los recursos de un país que no atraviesa un buen momento.

Gonçalves Lourenço es tenido como un moderado, al igual que su émulo isleño, el primer vicepresidente Miguel Díaz-Canel. Hombres que intentará darle un lavado de cara a ambos sistemas personalistas para acallar las voces de quienes aseguran que la "generación histórica" no quiere abandonar el poder. Ninguno de los dos ha sido elegido por su capacidad sino por su confiabilidad y mansedumbre.

Gonzalves llegó a La Habana a mediados de mayo con un mensaje del presidente Dos Santos para Raúl Castro. En Angola trabajan en la actualidad 4.000 cubanos en sectores como salud, educación, deportes, agricultura, ciencia y tecnología, energía y minas. Es uno de los países más apetecidos por los profesionales de la Isla por sus ventajas económicas.

El viaje, seguro, incluyó también un compromiso de seguir apoyándose y, tal vez, alguna promesa de crédito o ayuda petrolera para aliviar los complicados momentos que vive la Isla. Muy probablemente el heredero del trono vino a decirle al envejecido monarca que pierda cuidado, que Angola seguirá contándose entre sus aliados. Son palabras que puede llevarse el viento ante el futuro incierto que aguarda a ambos países.

[[QUOTE:Muy probablemente el heredero del trono vino a decirle al envejecido monarca que pierda cuidado, que Angola seguirá contándose entre sus aliados]]Durante años el régimen angoleño se benefició de importantes inversiones extranjeras y de los altos precios del petróleo, principal fuente de ingresos. Sin embargo, la caída en el valor del crudo en el mercado internacional ha complicado el día a día de los ciudadanos sometidos a recortes económicos, una subida del coste de la vida y una disminución de la inversión pública. La inconformidad se palpa a flor de piel.

En la Isla, no pasa una semana sin que un obituario recuerde la realidad de que los históricos se están muriendo. El deshielo con Estados Unidos está al borde de un frenazo y el mastodóntico aparato estatal no acaba de adaptarse a los nuevos tiempos. La doble moral, la corrupción y el desvío de recursos lo minan todo.

Ni Castro ni Dos Santos saldrán del poder en el contexto que soñaron. Uno se va enfermo, después de haber negado en la práctica sus raíces ideológicas, e intuye que la la historia destrozará su supuesto legado. El otro pierde el control sobre Venezuela, esa mina de recursos que prolongó la vida del castrismo. Su peor pesadilla es que a los jóvenes cubanos les importa más Juego de tronos que la épica revolucionaria.

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Yoani Sánchez

El líder habla por horas en la tribuna, su dedo índice emplaza a un enemigo invisible. Una marea humana aplaude cuando la entonación de alguna frase lo exige y mira embelesada al barbudo orador. Por décadas esos actos públicos se repitieron en la Plaza de la Revolución de La Habana y dieron forma al rostro del populismo revolucionario.

Sin embargo, las extensas alocuciones de Fidel Castro constituían solo la parte más visible de su estilo de gobernar. Eran los momentos del hipnotismo colectivo, salpicados de promesas y anuncios de un futuro luminoso que le permitieron establecer un vínculo estrecho con la población, azuzar los odios de clases y extender su creciente poder.

Castro ha sido el producto más acabado del populismo y del nacionalismo cubanos. Males que hunden sus raíces en la historia nacional y cuyo mejor caldo de cultivo fue la etapa republicana (1902-1958). Aquellos vientos trajeron el huracán en que se convirtió un joven nacido en la oriental localidad de Birán, que se graduó como abogado y llegó a ostentar el grado militar de Comandante en Jefe.

El marco político en que se formó Castro estaba lejos de ser un ejemplo democrático. Muchos de los líderes de esa Cuba convulsa de la primera mitad del siglo XX no destacaban por presentar plataformas programáticas a sus electores. La práctica común consistía en intercambiar influencias para obtener votos, amén de otras desviaciones como robar urnas o cometer fraude.

[[QUOTE:A diferencia del populismo republicano cuyo propósito era la conquista del favor electoral, el populismo revolucionario tuvo como meta abolir las estructuras democráticas]]El joven jurista se codeó desde muy temprano con figuras que tenían más de comportamiento gansteril que de ejercicio transparente de la autoridad. Asumió rápidamente muchos de esos ingredientes de la demagogia que años después le serían de mucha utilidad a la hora de someter a toda una nación.

A diferencia del populismo republicano cuyo propósito era la conquista del favor electoral, el populismo revolucionario tuvo como meta abolir las estructuras democráticas. A partir de enero de 1959 el entramado cívico fue sistemáticamente desmantelado y las leyes quedaron relegadas frente a la desmesurada voluntad de un hombre.

Para alcanzar ese sueño de control, el Máximo Líder persuadió a los ciudadanos de que podrían disfrutar de un elevado grado de seguridad si renunciaban a determinadas "libertades burguesas", entre ellas la posibilidad de elegir a los gobernantes y contar con la alternancia en el poder.

El denominado Programa del Moncada esbozado en La Historia me absolverá es un concentrado de estas promesas al estilo de un Robin Hood tropical. El panfleto fue presentado como alegato de autodefensa de Fidel Castro durante el juicio en que se le encausó por el ataque armado a la principal fortaleza militar de Santiago de Cuba en julio de 1953.

Hasta ese momento, aquel hombre era prácticamente desconocido como figura política. El arrojo que caracterizó la acción lo envolvió en un aura de heroico idealismo que lo colocó como líder de la alternativa revolucionaria frente a la dictadura de Fulgencio Batista.

[[QUOTE:Dos años después, su entrada triunfal a la capital y su carismática presencia lo convirtieron en el beneficiario de un cheque en blanco de crédito político avalado por la mayoría de la población]]En el texto, donde describió los problemas que padecía el país, nunca advirtió que para solucionarlos sería preciso confiscar propiedades. Se limitó a detallar lo necesario de una reforma agraria que eliminara el latifundio y repartiera tierras a los campesinos. Eran propuestas que le ganaron rápidas simpatías entre los más pobres.

Al salir de prisión, Castro estaba convencido de que la única forma de derrocar la dictadura era por la fuerza. Organizó una expedición y abrió un frente guerrillero en las montañas de la región oriental de la Isla. Dos años después, su entrada triunfal a la capital y su carismática presencia lo convirtieron en el beneficiario de un cheque en blanco de crédito político avalado por la mayoría de la población.

La primera artimaña populista del nuevo régimen fue presentarse como democrático y negar cualquier tendencia que pudiera identificarlo con la doctrina comunista. Al mismo tiempo que se mostraba como propiciador de la libertad, expropiaba los periódicos, las estaciones de radio y los canales de televisión.

Asestó un golpe mortal a la sociedad civil al instaurar una red de "organizaciones de masas" para agrupar a vecinos, mujeres, campesinos, obreros y estudiantes. Las nuevas entidades tenían en sus estatutos una cláusula de fidelidad a la Revolución y se comportan –hasta la actualidad– como poleas de transmisión desde el poder hacia la población.

[[QUOTE:La nueva situación trajo un poderoso aparato de represión interna y un nutrido ejército para disuadir de cualquier amenaza militar externa]]Las primeras leyes revolucionarias, como la Reforma Agraria, la rebaja de alquileres, la Reforma Urbana y la confiscación de propiedades constituyeron un reordenamiento radical de la posesión de las riquezas. En muy breve tiempo el Estado despojó de sus bienes a las clases altas y se convirtió en omnipropietario.

Con el enorme caudal atesorado, el nuevo poder hizo millonarias inversiones de beneficio social que sirvieron para lograr "la acumulación original del prestigio".

El sistema socialista proclamado en abril de 1961 pregonó desde sus inicios el carácter irreversible de las medidas tomadas. Mantener las conquistas alcanzadas requería de la implantación de un sistema de terror respaldado por una estructura legal que imposibilitara a los antiguos propietarios recuperar lo confiscado.

La nueva situación trajo un poderoso aparato de represión interna y un nutrido ejército para disuadir de cualquier amenaza militar externa. Los barrotes más importantes de la jaula en la que quedaron atrapados millones de cubanos se erigieron en esos primeros años.

Al binomio de una conquista irrenunciable y de un líder indiscutible se le sumó la amenaza de un enemigo externo para completar la santísima trinidad del populismo revolucionario.

Las conquistas

Las principales conquistas en aquellos años iniciales se enfocaron en la educación, la salud y la seguridad social. El centralismo económico permitió a la nueva elite gobernante establecer amplias gratuidades y repartir subsidios o privilegios a cambio de fidelidad ideológica.

Como todo populismo que llega al poder, el Gobierno necesitaba además moldear conciencias, imponer su propia versión de la historia y sacar de los laboratorios docentes un individuo que aplaudiera mucho y cuestionara poco.

En 1960 la Isla era uno de los países con más baja proporción de analfabetos en América Latina, no obstante el Gobierno convocó a miles de jóvenes hacia zonas intrincadas para enseñar a leer y escribir. La participación en esa iniciativa fue considerada un mérito revolucionario y se vistió con tintes heroicos.

El texto de la cartilla para enseñar las primeras letras era abiertamente propagandístico y los alfabetizadores se comportaban como unos comisarios políticos que al leer la frase "El sol sale por el Este" debían agregar como explicación "y del Este viene la ayuda que nos brindan los países socialistas".

Al concluir el proceso se inició un plan masivo de becas bajo métodos castrenses, que consistían en alejar a los estudiantes de la influencia de la familia. Comenzó también la formación masiva de maestros, se construyeron miles de escuelas en zonas rurales y los centros docentes bajo gestión privada pasaron al inventario del Ministerio de Educación.

[[QUOTE:El hecho de que no quedara en la Isla un solo niño sin ir a la escuela se convirtió en un paradigma deslumbrante que no dejaba ver las sombras]]De aquel reordenamiento debía salir el "hombre nuevo", sin "rezagos pequeñoburgueses". Un individuo que no había conocido la explotación de un patrón, no había pagado por sexo en un burdel ni había ejercido la libertad.

El hecho de que no quedara en la Isla un solo niño sin ir a la escuela se convirtió en un paradigma deslumbrante que no dejaba ver las sombras. Hasta el día de hoy el mito de la educación cubana es esgrimido por los defensores del sistema para justificar todos los excesos represivos del último medio siglo.

El monopolio estatal convirtió el sistema de educación en una herramienta de adoctrinamiento político y la familia fue relegada a un papel de mera cuidadora de los hijos. La profesión de maestro se banalizó en grados extremos y los costos para mantener este gigantesco aparato se volvieron insostenibles.

Muchas de las conquistas que se pusieron en práctica eran inviables en el contexto de la economía nacional. Pero los agradecidos beneficiarios no tenían la oportunidad de conocer el elevado costo que estas campañas significaban para la nación. El país se sumió en una inexorable descapitalización y en el deterioro de su infraestructura.

Los medios informativos en manos del Partido Comunista ayudaron por décadas a tapar tales excesos. Pero con la desintegración de la Unión Soviética y el fin de los cuantiosos subsidios que el Kremlin enviaba a la Isla, los cubanos se dieron de bruces con su propia realidad. Muchas de aquellas supuestas ventajas se esfumaron o entraron en crisis.

El máximo líder

Uno de los rasgos distintivos del populismo es la presencia de un líder a quien se le tributa una total confianza. Fidel Castro logró convertir esa fe ciega en obediencia y culto a la personalidad.

La homologación del líder con la Revolución y de ésta con la Patria extendió la idea de que un opositor al Comandante en Jefe era un "anticubano". Sus aduladores lo catalogaban de genio pero en sus prolongados discursos resulta difícil encontrar un núcleo teórico del que pueda extraerse un aporte conceptual.

En la oratoria del Máximo Líder jugaba un papel preponderante su carácter histriónico, la cadencia de su voz y la forma de gesticular. Fidel Castro se convirtió en el primer político mediático de la historia nacional.

El voluntarismo fue quizás el rasgo esencial de su personalidad y la marca de su prolongado mandato. Lograr los objetivos al precio que fuera necesario, no rendirse ante ninguna adversidad y considerar cada derrota como un aprendizaje que conduciría a la victoria le valieron para conquistar una legión de fidelistas. Su empecinamiento tuvo todos los visos de un espíritu deportivo incapaz de reconocer las derrotas.

Los plazos para obtener el futuro luminoso prometido por la Revolución se podían postergar una y otra vez gracias al crédito político de Castro, en apariencia inagotable. La exigencia al pueblo de ajustarse los cinturones para alcanza el bienestar se convirtió en una cíclica estratagema política para comprar tiempo.

Hubo promesas un tanto abstractas al estilo de que habría pan con libertad y otras más precisas, como que el país produciría tanta leche que ni siquiera triplicándose la población podría consumirla toda. En la Isla se fundaría el zoológico más grande del mundo o se podrían construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo.

En diciembre de 1986, cuando ya habían pasado 28 años de intentos fallidos, Fidel Castro tuvo la audacia —o el desparpajo— de proclamar ante la Asamblea Nacional el más demagógico de todos sus lemas: "¡Ahora sí vamos a construir el socialismo!"

El enemigo

Los regímenes populistas suelen necesitar de cierto grado de crispación, de permanente beligerancia, para mantener encendida la llama emocional. Para eso nada mejor que la existencia de un enemigo externo. Aún mejor si es poderoso y hace alianzas con los adversarios políticos del patio.

Desde que estaba en la Sierra Maestra comandando su ejército guerrillero, Fidel Castro determinó quién sería ese enemigo. En una carta fechada en junio de 1958 escribió: "Cuando esta guerra se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande; la guerra que voy a echar contra ellos [los americanos]. Me doy cuenta que ese va a ser mi destino verdadero."

Entre el mes de abril y finales de octubre de 1960 se produjo una escalada de enfrentamientos entre Washington y La Habana. La expropiación de grandes extensiones de tierra en manos de compañías estadounidenses, la suspensión de la cuota azucarera de la que gozaba la Isla, la nacionalización de las empresas norteamericanas radicadas en Cuba y el inicio del embargo a las mercancías procedentes del Norte, son algunos de los más importantes.

En ese mismo lapso de tiempo el viceprimer ministro soviético Anastas Mikoyan visitó La Habana, se restablecieron las relaciones diplomáticas con la URSS y Fidel Castro se entrevistó en Nueva York con Nikita Jruschov, quien llegó a decir en una entrevista: "Yo no sé si Castro es comunista, pero sí que yo soy fidelista".

A los ojos del pueblo la estatura de Fidel Castro se elevaba y comenzaba a tener ribetes de líder mundial. La exacerbación del nacionalismo, otra característica de los populistas, llegó a su máxima expresión cuando Cuba empezó a ser mostrada como el pequeño David enfrentado al gigante Goliat.

[[QUOTE:La exacerbación del nacionalismo, otra característica de los populistas, llegó a su máxima expresión cuando Cuba empezó a ser mostrada como el pequeño David enfrentado al gigante Goliat]]La arrogancia revolucionaria, impulsada por la convicción de que el sistema aplicado en Cuba debía extenderse a todo el continente, hizo creer a muchos que fomentar la Revolución más allá de las fronteras era no solamente un deber, sino un derecho amparado por una verdad científica.

La raíz populista de este pensamiento "liberador de pueblos" llevó a decenas de miles de soldados cubanos a combatir en Argelia, Siria, Etiopía y Angola como parte de los intereses geopolíticos que tenía en África la Unión Soviética, aunque envuelto en el ropaje del desinteresado internacionalismo revolucionario con otros pueblos con los que supuestamente se tenía una deuda histórica.

El enemigo no era ya solamente "el imperialismo norteamericano" sino que se sumaban los racistas sudafricanos, los colonialistas europeos y cuanto elemento apareciera en el tablero internacional que pudiera convertirse en una amenaza a la Revolución.

Convencidos, como el jesuita Ignacio de Loyola, de que "en una plaza sitiada la disidencia es traición", cada acto de oposición interna se ha identificado con una acción para contribuir con ese enemigo y para la propaganda oficial todo disidente se merece ser calificado de "mercenario".

Sin embargo, el comienzo del deshielo diplomático entre Cuba y Estados Unidos a finales de 2014 ha hecho tambalearse la tesis de un permanente peligro de invasión. La muerte de Fidel Castro, la declinación de las fuerzas de izquierda en América Latina y la anunciada retirada del poder de Raúl Castro para febrero de 2018 hacen languidecer lo que queda del populismo revolucionario.

Por otro lado, los más jóvenes tienen una percepción menos agradecida y más crítica sobre aquellas conquistas en el terreno de la educación y la salud que en su día fueron presentadas como una dádiva generosa del sistema.

[[QUOTE:La muerte de Fidel Castro, la declinación de las fuerzas de izquierda en América Latina y la anunciada retirada del poder de Raúl Castro para febrero de 2018 hacen languidecer lo que queda del populismo revolucionario]]La reaparición de notables diferencias sociales surgidas a partir de la impostergable aceptación de las reglas del mercado y del crecimiento del "sector no estatal" de la economía —las autoridades se resisten a llamarlo "sector privado— han vuelto irrepetibles los lemas del igualitarismo ramplón propugnado por el discurso ideológico que justificaba el anquilosado sistema de racionamiento de productos alimenticios.

Restaurantes de alta cocina y hoteles de cuatro o cinco estrellas, otrora de uso exclusivo para turistas, están hoy al alcance de una nueva clase. Ni siquiera se ha vuelto a hablar de la eliminación de la explotación del hombre por el hombre, bandera esencial del socialismo marxista-leninista.

La convicción extensamente compartida de que el país no tiene solución es uno de los resortes que más ha impulsado la emigración en los últimos años. Pero esa falta de ilusión por el futuro, combinada con una férrea represión, también limita la labor de la oposición.

El sistema que una vez vivió del entusiasmo se sostiene ahora en virtud del desgano. La llamada generación histórica no llega a una docena de octogenarios en vías de jubilación y a los nuevos retoños se les nota más inclinación al empresariado que a las tribunas. Los nietos de aquellos populistas tienen hoy más talento para el mercadeo que para las consignas.

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Nota de la Redacción: Este texto es parte del libro colectivo El Estallido del Populismo, que se presenta este martes en la Casa de América, en Madrid. Los coautores son, entre otros, Álvaro Vargas Llosa, Carlos Alberto Montaner, Mauricio Rojas, Roberto Ampuero y Cayetana Álvarez de Toledo.

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Yoani Sánchez

Si algo queda claro en la obra de Jesús Hernández-Güero es que no se trata de un artista complaciente. Su mirada transgresora resulta insolente y ajena a cualquier militancia política, credo religioso o conveniencia comercial. El creador levanta chispas por todas partes: en la Isla donde nació y en la Venezuela donde reside ahora.

En 2008, Hernández-Güero decidió que su tesis de graduación en el Instituto Superior de Arte (ISA) fuera un libro titulado La Tercera Pata, con textos de periodistas y escritores censurados. Reunió escritos del poeta Rafael Alcides, el exprisionero de la Primavera Negra Oscar Espinoza Chepe y el narrador Orlando Luis Pardo Lazo, entre otros.

Ese empeño lo llevó a tocar muchas puertas y no pocos lo vieron como un provocador. Quería mostrar la tradición periodística nacional que incluye a figuras como Félix Varela o José Martí y que se rompió cuando las publicaciones independientes “fueron cerradas y luego prohibidas” para solo quedar “en circulación las pertenecientes al Estado”.

A la dirección del ISA no le gustó ese carácter de inclusividad. Hernández-Güero recuerda que un mes antes de la discusión de su tesis el decano lo citó junto a su tutora, la crítica y curadora Mailyn Machado, para comunicarle que el proyecto no había sido aprobado. Solo le quedaban dos opciones: hacer la prueba estatal o presentar un compendio de su producción artística.Optó por la segunda posibilidad y de paso coló el proyecto del libro. El día de la presentación ocurrió un conveniente corte eléctrico en el ISA y su tesis “nunca tuvo una conclusión real” aunque terminó con el máximo de calificaciones.

Hernández-Güero, nacido en 1983, está consciente de que gran parte de su investigación y producción artística “tiene un sentido crítico y alto contenido socio-político, y eso pone incómoda a las instituciones oficiales o a los que las dirigen”.

El creador instaló su residencia en Venezuela aunque viaja con frecuencia a la Isla, donde recientemente participó en una muestra en el Cine Chaplin que, bajo el título Contaminación, acompañó al Festival de Jóvenes Realizadores.

Sin embargo, su estancia fuera de Cuba no lo ha librado de la censura porque busca “incomodar, inquietar al espectador, no solo ante el arte, sino ante la realidad que se habita y piensa”. Algo que sabe “muchas veces no es bienvenido institucionalmente”.

Hace tres años su obra Tener la culpa, con un asta de siete metros doblada y la bandera venezolana “izada” en el suelo, se expuso en Ciudad Banesco durante el Salón Jóvenes con FIA en Caracas. La pieza fue instalada antes de la inauguración y los organizadores taparon la insignia con una bolsa negra. El resultado semejaba un cadáver cubierto.

La pieza causó tanto revuelo en las redes sociales que finalmente retiraron la bandera y dejaron solo el asta doblada. “Desde ese momento la obra cambió”, aclara el artista y ahora al mostrarla incluye algunos de los tuits publicados durante el proceso y “la documentación de cómo desmontaron [la tela]”.

Todo el fenómeno mediático y de reprobación quedó integrado a la obra. Porque la censura, en palabras del artista, “es un boomerang que pretende golpear a quien se lo lanzan, pero mayormente termina golpeando al lanzador”.Con situaciones similares ha debido lidiar en varias ocasiones y cree que la censura es una compañera inseparable “cuando la obra tiene como materia de investigación los grandes tabúes sociales como la política, el poder, la religión, la sexualidad, la pornografía, entre otros”.

El trabajo de Hernández-Güero cuestiona constantemente al poder. No sólo al político, sino también “al poder simbólico de las imágenes y convenciones visuales que se sedimentan en el imaginario social como verdades indestructibles, inmóviles o intocables”, aclara.

En esas circunstancias siempre está expuesto a recibir reprimendas o amonestaciones que terminan por “completar la obra o le expande a otro plano”, muchas veces insospechados para el propio creador.La más reciente de sus obras lleva el nombre de Coincidencias históricas y mezcla en una misma imagen retratos de grandes personalidades que han asumido posturas y actitudes similares ante la cámara fotográfica, sin importar la época, el lugar o el contexto.

La mayoría son apariencias premeditadas, pero en otros casos se trata de un instante captado sin que mediara pose alguna. Su intención es “desmitificar a estas figuras” y cuestionar “la percepción que se tiene de ellas en el imaginario histórico y social”. La elaboración es simple: superponer un rostro sobre otro, lo que da paso a nuevas caras y a “otras expresiones posibles, pero irreconocibles, desconocidas por todos”.

Son obras con un gran contenido político y a finales del año pasado cinco de las piezas de esa serie fueron premiadas en el Salón Octubre Joven, en el Museo de Arte de Valencia (MUVA).

Hernández-Güero no prefiere un soporte por encima de otro. En cuanto a las nuevas tecnologías cree que conocerlas previamente da más posibilidades para “saber su potencial”. Porque mientras más arsenal tenga un artista con más posibilidades contará para “navegar dentro de la creación”.


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Yoani Sánchez

Después de décadas de intenso contacto, los rusos dejaron escasas huellas en Cuba. Algunos jóvenes con el nombre de Vladimir o Natacha y las matrioskas decorando unas pocas salas son los últimos vestigios de aquella relación. Sin embargo, en los últimos años los vínculos entre La Habana y Moscú han ganado fuerza. El Kremlin ha vuelto.

Rusia lleva tiempo desembarcando en América Latina de la mano de esos mismos Gobiernos que reclaman en los foros internacionales por un mayor respeto a la soberanía y a “la libre elección de los pueblos”. Sus líderes populistas, en parte para molestar a Estados Unidos, hacen alianzas con Vladimir Putin bajo la premisa de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Ese tipo de asociación permitió al Palacio de Miraflores, en Venezuela, pertrecharse con 5.000 sistemas de defensa aérea portátil (Manpads, por sus siglas en inglés), según un documento publicado recientemente por la agencia Reuters. El arsenal comenzó a acumularse en la época del fallecido presidente Hugo Chávez, pero resulta ahora más peligroso en medio de la inestabilidad política que hace tambalearse a Nicolás Maduro.

En Centroamérica, Nicaragua funciona como la puerta de entrada para la voraz superpotencia. Daniel Ortega cuenta con medio centenar de tanques de combate enviados por Moscú y su territorio sirve de emplazamiento para asesores militares rusos. El corrupto sistema en que ha derivado el sandinismo crea un escenario propicio para las ansias de expansión del exoficial del KGB.[[QUOTE:Rusia lleva tiempo desembarcando en América Latina de la mano de esos mismos Gobiernos que reclaman en los foros internacionales por un mayor respeto a la soberanía y a “la libre elección de los pueblos”]]Sin embargo, La Habana sigue siendo el principal aliado en este lado del mundo. La suspicacia que surgió entre ambos países, tras el desmembramiento de la Unión Soviética y la llegada al poder de Boris Yeltsin, se ha ido despejando. Con Putin al mando, algo de aquella URSS ha renacido y los vínculos diplomáticos vuelven a estrecharse.

En la barriada de Miramar, al oeste de la capital cubana, la embajada de Rusia parece haber ganado en importancia en el último lustro. Con la forma de una espada clavada en el pecho de la ciudad, la construcción es llamada jocosamente “la torre de control”, desde donde la severa madrastra escruta todo lo que ocurre en su antiguo y añorado dominio.

Rusia acaba de sacar del atolladero a Raúl Castro tras el recorte de los envíos petroleros desde Caracas. En los años del idilio con Chávez, Cuba recibió unos 100.000 barriles diarios de crudo venezolano, pero en los últimos meses esa cantidad se ha reducido en más de un 40%. El Gobierno se vio obligado a recortar la entrega de combustible a los vehículos del sector estatal y restringir la venta de gasolina premium o especial.

La petrolera rusa Rosneft ha llegado en auxilio de Castro y se comprometió a proveer a la Isla con 250.000 toneladas de petróleo y diésel, unos dos millones de barriles. La operación de salvamento deja un reguero de dudas sobre la forma en que la Plaza de la Revolución pagará a Moscú, en medio de la falta de liquidez y de la recesión que padece el país.[[QUOTE:Con Putin al mando, algo de aquella URSS ha renacido y los vínculos diplomáticos con Cuba vuelven a estrecharse]]Se le suman a las señales alarmantes el hecho de que en los últimos días el hijo del presidente cubano, el coronel Alejandro Castro Espín, se reunió con el secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolái Pátrushev para abordar la cooperación entre ambas naciones en la esfera de la seguridad informática. En 2014, el delfín había firmado en Moscú un memorando de cooperación en el área de inteligencia.

El reencuentro entre los viejos aliados lo ha sellado un gesto simbólico. Rusia se está ocupando de la reparación de la cúpula del Capitolio de La Habana a la que cubrirá con piedra natural, nuevas planchas de bronce y láminas de pan de oro que relucirán bajo el sol tropical. Un desafiante mensaje dirigido directamente a Washington, la ciudad donde se erige el hermano -casi gemelo- del imponente edificio cubano. Mientras la avanzadilla rusa se despliega en varios puntos de América Latina, Donald Trump mira hacia otro lado. Envuelto en el escándalo de una posible interferencia de Putin en las elecciones que favoreció su llegada a la Casa Blanca, el magnate se muestra más interesado en el Medio Oriente o en levantar un muro fronterizo con México que en acercarse a esa región que discurre más allá del Río Bravo.[[QUOTE:Mientras la avanzadilla rusa se despliega en varios puntos de América Latina, Donald Trump mira hacia otro lado]]Su indiferencia se evidencia no solo en sus palabras. El mandatario estadounidense acaba de proponer sustanciales recortes presupuestarios a la asistencia proporcionada a todos los países del continente, una postura que contrasta con el terreno que gana el Kremlin en la esfera económica y militar, apuntalando regímenes autoritarios y decadentes. La Guerra Fría está renaciendo en tierras latinoamericanas.

Pero esta vez Moscú ha vuelto sin aquella máscara con la que envolvía sus ansias geopolíticas y que adornaba con frases al estilo del “apoyo a los proletarios del mundo” o “la desinteresada ayuda al desarrollo de las naciones más pobres”. Ahora muestra una diplomacia más descarnada y directa. No está dispuesta a subsidiar sino a comprar. No se esconde ya bajo el ropaje ideológico, sino que se exhibe con ese crudo pragmatismo que rezuma el capitalismo que terminan por hacer los comunistas.

Si una vez perdió posiciones y debió refugiarse -puertas adentro de su propio orgullo- para lamerse las heridas, ahora Rusia quiere apurar el paso y recuperar el terreno perdido en América Latina. Sabe que cuenta con aliados en la región dispuestos a saltarse todos los considerandos éticos y patrióticos para ayudarla a plantar cara a los Estados Unidos. Debe apurarse, porque muchos de esos compadres cada día se vuelven más impresentables.

Sus compinches de este lado necesitan a un Moscú que les provea de armamentos y les cuide las espaldas en los organismos internacionales. Lo ven como un fornido oso dispuesto a enseñarle los dientes a Washington todas las veces que haga falta. A cambio, le están dando posicionamiento en el terreno, información de inteligencia y la calculada fidelidad de quien espera mucho a cambio. Ellos sueñan con hacer a Rusia “grande otra vez”.

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Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este sábado 27 de mayo en el diario español El País .

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Yoani Sánchez

Hace tres años este diario digital era solo un sueño, un proyecto sobre el papel y un deseo en la cabeza de varios colegas. Aquel 21 de mayo de 2014, ese espejismo cobró forma en la primera portada de un sitio que nos arrebató las madrugadas, nos hace vivir frecuentes momentos de tensión, pero también nos regala una sonrisa cuando publicamos una investigación propia o un reportaje bien logrado.

Cuando nos reunimos en torno a aquella idea inicial de hacer un periódico desde Cuba, tuvimos al menos dos pilares sobre los que levantar todo este edificio informativo: apostar por un periodismo de calidad y mantener nuestra independencia económica. Cumplir esos objetivos iniciales ha sido un reto difícil, pero nos llena de satisfacción y orgullo haberlo logrado en la mayoría de los casos.

Este diario ha privilegiado durante tres años la información sobre la opinión, ha hecho del reportaje su contenido insignia y ha apostado por historias bien escritas, cuidadas y ancladas a la realidad. Hemos logrado acercarnos a mundos contrapuestos: oposición y oficialismo; ecología e industria; emigración y emprendimiento local.

Hemos evitado los adjetivos para concentrarnos en los hechos y deslindar el periodismo del activismo. Nuestra brújula busca mantener la seriedad y el rigor en los textos más sencillos y los más complejos. En esta redacción se repiten algunas frases que revelan esa premisa: “es mejor llegar tarde que llegar mal”, “no trabajamos por los hits sino por la información”, “ser reportero no es una buena profesión para hacer amigos”, “un buen periodista siempre va a terminar molestando a alguien”… y otras muchas tantas.[[QUOTE:Hemos evitado los adjetivos para concentrarnos en los hechos y deslindar el periodismo del activismo. Nuestra brújula busca mantener la seriedad y el rigor en los textos más sencillos y los más complejos]]En este tiempo, hemos rechazado todas las ofertas para sostener económicamente este medio que provengan de fondos de Gobiernos extranjeros, partidos políticos, fundaciones vinculadas a grupos de poder y figuras con una marcada proyección ideológica. En lugar de eso hemos optado por “buscarnos la vida” a través del periodismo, algo tan angustioso y difícil en estos tiempos y que nos ha puesto constantemente al borde de la indigencia material. No obstante, esa tensión ha sido el mejor acicate para hacer un contenido de mayor calidad que podamos ofrecer a medios y agencias de otras partes del mundo.

Nuestro equipo editorial es la mejor familia que uno pueda imaginar. Como toda parentela, da sus dolores de cabeza: hay padres severos, tíos hipercríticos, abuelos gruñones, hermanos díscolos y primos acelerados a la hora de dar clic al botón de “publicar” una información. Pero en general es un equipo unido por la mejor amalgama posible: la búsqueda de la calidad periodística.

Nuestros principales obstáculos siguen siendo obtener información en un país donde las instituciones practican el secretismo, la prensa oficial edulcora la realidad y la mayoría de los ciudadanos tiene miedo a hablar con un diario independiente. No son dificultades insalvables pero demandan de nosotros, cada día, una ingente cantidad de energía y paciencia.

El bloqueo de nuestro sitio digital, la estigmatización de nuestro nombre y el acoso contra los reporteros también han incidido negativamente en el alcance de nuestro trabajo, pero no nos desanimamos. Nadie dijo que iba a ser fácil.

Lo más importante que vamos a tener hoy en mente, cuando soplemos las tres diminutas velas de nuestra torta digital, es que “hemos sobrevivido”. Contra todos los pronósticos de amigos y enemigos, estamos aquí, nos hemos hecho un espacio en el periodismo cubano y vamos a seguir trabajando por mejorar la calidad de este diario.

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Yoani Sánchez

Los cubanos no han visto las imágenes de esa señora que con su determinación detuvo un blindado policial en las calles de Caracas. La prensa oficial escamotea también las lágrimas de quienes han perdido a sus hijos por la represión de los uniformados y los colectivos. En lugar de eso, los medios controlados por el Partido Comunista de Cuba apelan al silencio y la distorsión para narrar lo que ocurre en Venezuela.

Este martes, la portada del diario Juventud Rebelde ha ido un paso más allá y compara a los manifestantes contra Nicolás Maduro con "aquellas hordas que dieron origen al fascismo que provocó la Segunda Guerra Mundial". El texto, salpicado con palabras como "derecha", "contrarrevolucionarios" y "arremetida", reinterpreta los sucesos en el país sudamericano y los ajusta a la agenda informativa de la Plaza de la Revolución.

Una manipulación periodística que se repite –una y otra vez– siempre que un aliado del Gobierno cubano enfrenta protestas populares o comete alguna pifia política. La historia reciente está plagada de ejemplos en que los periódicos nacionales han querido ajustar la realidad a su línea editorial para al final tragarse la amarga evidencia de que la vida va por otro cauce.

Las autoridades de la Isla rompieron lanzas por el primer ministro griego Alexis Tsipras y lo presentaron como un inflexible revolucionario que no aceptaría jamás "las imposiciones de la Unión Europea". Pero callaron cuando los helenos se lanzaron a las calles para protestar por las políticas de austeridad, empobrecimiento y privación implantadas por el propio partido izquierdista Syriza tras su claudicación frente a la troika.

[[QUOTE:Es el tiempo de "dorar la píldora" de lo que ocurre en ese país y llenar las planas de los diarios de noticias que se acomoden a los deseos de Miraflores y no a la verdad]]Unos años antes, Granma aseguró que el sindicato polaco Solidaridad había sido totalmente desmantelado y su líder principal Lech Walesa no era más que un recuerdo del pasado. Pocos meses después de aquella nota aparecida en la prensa oficial, los cubanos supieron que el ejecutivo de Wojciech Jaruzelki había aceptado sentarse a la mesa redonda de las conversaciones con sus opositores.

Durante la invasión de Estados Unidos a Granada en 1983, la distorsión informativa cobró tintes de inmenso embuste. Los medios nacionales dieron la noticia de la inmolación de soldados cubanos –envueltos en la bandera– cuando en realidad corrieron por sus vidas y se rindieron sin ninguna épica. Poco después regresaban al país aquellos que supuestamente habían perecido.

La lista de mentiras u omisiones se prolonga en el tiempo y alcanza al silencio que rodeó en la Isla la llegada del hombre a la luna y las falsedades alrededor de la caída del muro de Berlín, hasta llegar al incalificable olvido periodístico de no precisar la causa de la muerte del expresidente Fidel Castro.

Ahora le ha tocado el turno a Venezuela. Es el tiempo de "dorar la píldora" de lo que ocurre en ese país y llenar las planas de los diarios de noticias que se acomoden a los deseos de Miraflores y no a la verdad. La tinta de los elogios hacia Nicolás Maduro correrá, los manifestantes serán tildados de enemigos de la patria y las imágenes de la represión serán censuradas.

Sin embargo, nada detendrá a la realidad. En las calles venezolanas hay ciudadanos reclamando un cambio y ni siquiera los expertos en manipulación editorial pueden convertir sus gritos en aplausos.

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14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, Havana, 4 May 2017 – I was in the third grade and the teacher chose the most aggressive girl in my class to be the room monitor. She was given carte blanche to control the other children. Later, the abuser rose to a position in the Federation of Middle School Students and … Continue reading "When The Abuser Is The Government" Continue reading

Yoani Sánchez

En el palacio de los Capitanes Generales de La Habana hay un trono que espera por su rey. Fue preparado cuando Cuba era aún una colonia española y nunca se ha sentado un monarca en su imponente estructura. La visita de Felipe VI quizás ponga fin a tan prolongada espera, pero la Isla necesita más que gestos simbólicos y protocolares.

El rey y el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, llegarán al país pocos meses antes de que Raúl Castro abandone el poder. La visita oficial, largamente preparada, tiene todas las trazas de una despedida. Será como el adiós de la Madre Patria a uno de sus descendientes de ultramar. Alguien que comenzó como un revolucionario de izquierdas y terminó siendo parte de una dinastía inmovilista.

Los visitantes llegarán también en medio del "enfriamiento del deshielo" entre Washington y La Habana. Las expectativas que provocó la normalización diplomática anunciada el 17 de diciembre de 2014 se han diluido con el paso de los meses ante la ausencia de resultados tangibles. Han pasado más de dos años y la Isla no es un país más libre ni logra salir del atolladero económico.[[QUOTE:Será como el adiós de la Madre Patria a uno de sus descendientes de ultramar. Alguien que comenzó como un revolucionario de izquierdas y terminó siendo parte de una dinastía inmovilista]]Las aerolíneas de Estados Unidos han comenzado a reducir la frecuencia de sus vuelos a Cuba, desanimadas por la baja demanda y las limitaciones de viajar como turistas que se mantienen para los estadounidenses. Castro no ha retirado el diez por ciento del gravamen que mantiene sobre el dólar y conectarse a Internet desde la Isla sigue siendo una carrera de obstáculos. Todo eso, y más, desestimula a los viajeros del país del Norte.

Las fotos de derrumbes y autos viejos llenan las cuentas de Instagram de los yumas (estadounidenses) que recorren las calles, pero de ruinosos parques temáticos se cansan hasta los más ingenuos. Cuba ha pasado de moda. Toda la atención que captó después del 17D ha dado paso al aburrimiento y la apatía, porque la vida no viene acompañada de una cómoda butaca para soportar esta larguísima película donde apenas ocurre algo.

El turismo alcanzó el pasado año un récord histórico de 4 millones de visitantes pero los hoteles deben hacer malabares para mantener estable el surtido de frutas, cervezas y hasta agua. Entre el desabastecimiento y la sequía no son raras las imágenes de clientes haciendo largas filas para tomarse una cerveza Cristal o cargando cubos de agua de una piscina para usarla en los baños.

Los inversionistas extranjeros tampoco parecen muy entusiasmados por colocar su dinero en la economía de un país que todavía tiene altos índices de centralismo y estatización. El puerto de Mariel, salpicado por los escándalos de la compañía brasileña Odebrecht y con una actividad muy por debajo de sus proyecciones iniciales, parece condenado a convertirse en la última obra faraónica e inútil del castrismo.

Sin embargo, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca tampoco ha significado el advenimiento de la mano dura contra la Plaza de la Revolución como profetizaban algunos. Simplemente, el nuevo presidente estadounidense ha evitado mirar hacia la Isla y ahora mismo se muestra más concentrado en el lejano y peligroso Kim Jong-un que en el cercano y anodino Raúl Castro.[[QUOTE:El nuevo presidente estadounidense ha evitado mirar hacia la Isla y ahora mismo se muestra más concentrado en el lejano y peligroso Kim Jong-un que en el cercano y anodino Raúl Castro]]El Gobierno de La Habana perdió su más importante oportunidad al no aprovechar el empujón de Barack Obama que apenas pidió algo a cambio. En este tiempo ni siquiera se inició la redacción de la nueva Ley Electoral anunciada en febrero de 2015. ¿Fue acaso aquella noticia una maniobra para que la Unión Europea se decidiera finalmente a derogar la Posición Común? ¿Fake news que buscaba convencer a incautos y encender los titulares de la prensa extranjera con frases de apertura?

Para colmo se han elevado los grados de la represión contra opositores y hace pocos días una estudiante de periodismo fue expulsada de la universidad por pertenecer a un movimiento disidente. Un proceso al más puro estilo estalinista le cortó el camino para graduarse de esa profesión que el oficialismo hace décadas condenó a ser vocera de sus logros y muda ante sus descalabros.

Cuidado. La visita de Felipe y Letizia se inscribe en tiempos de fiascos. Fracasos entre los que se cuenta la recesión económica que atraviesa el país con un Producto Interno Bruto que cerró el pasado año en números negativos, a pesar del consabido maquillaje que el Gobierno le aplica a todas sus cifras. Chasco también de la aliada Venezuela que trata de sacudirse a Nicolás Maduro, cada vez menos presidente y más autócrata. La convulsión en el país sudamericano ha dejado a la Isla prácticamente sin gasolina premium y con severos recortes de combustible para el sector estatal.

No son momentos para mostrar con orgullo la casa a los visitantes, pero sí una magnífica ocasión para que las máximas autoridades españolas comprueben que un totalitarismo no se ablanda ni se democratiza, solo cambia de piel.

La Zarzuela deberá hilar muy fino para no convertir la visita del jefe de Estado en un espaldarazo a un sistema agonizante. Los reyes se verán rodeados de atenciones oficiales que buscan evitar, fundamentalmente, que se salgan del milimétrico decorado que les preparan desde hace meses. Como una vez se intentó durante la visita en 1999 de Juan Carlos de Borbón para participar en una Cumbre Iberoamericana.[[QUOTE:La Zarzuela deberá hilar muy fino para no convertir la visita del jefe de Estado en un espaldarazo a un sistema agonizante]]En aquella ocasión, y durante una caminata junto a la Reina Sofía por las calles de La Habana Vieja, el oficialismo cortó el paso de los vecinos, vació las aceras de curiosos y obró la magia de convertir uno de los municipios con más habitantes por metro cuadrado de toda Cuba en un despoblado escenario por donde caminaba la pareja real.

A sus sucesores, que viajarán a la Isla "lo antes posible", no les vendría mal estudiar las maneras en que Barack Obama logró sacudirse ese asfixiante abrazo en marzo de 2016. El mandatario salió airoso, incluso, del gesto de guerrillero vencedor -con puños levantados- al que quiso condenarlo Raúl Castro en una instantánea. En lugar de eso, el inquilino de la Casa Blanca relajó su mano y miró hacia otro lado. Una derrota para la épica visual de la Revolución.[[QUOTE:Rajoy tampoco la tiene fácil. La prensa oficial no le quiere y lo rodea desde siempre de críticas y noticias negativas sobre su Partido]]Rajoy tampoco la tiene fácil. La prensa oficial no le quiere y lo rodea desde siempre de críticas y noticias negativas sobre su Partido. No goza de simpatías entre los círculos del poder en La Habana a pesar de haber rebajado los grados de tensión que alcanzaron un pico durante el mandato de José María Aznar. Pero en la Isla viven más de 100.000 cubanos nacionalizados españoles, a los que también su Gobierno representa y que son, en fin de cuentas, sus más importantes interlocutores.

Felipe VI y Rajoy tienen a su favor que ya no estarán obligados por el protocolo a hacerse la foto reglamentaria con Fidel Castro en su retiro de convaleciente. El rey declinó en su padre la participación en el homenaje por el fallecimiento del expresidente en noviembre pasado en la Plaza de la Revolución. De esa forma el joven monarca logró que su nombre y el del Comandante en Jefe no se lean juntos en los libros de historia.

Sin embargo, todavía le queda por superar la prueba más difícil. Ese momento en que su visita puede pasar de ser un necesario acercamiento a un país muy familiar culturalmente para transformarse en una concesión de legitimidad a un régimen en decadencia.

Mientras en el Palacio de los Capitanes Generales un trono aguarda por su rey, en la Plaza de la Revolución una silla espera la partida de su dictador.


Nota de la Redacción: Este texto ha sido publicado este sábado 22 de abril en el diario español  El País .

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