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Ética

Fernando Ravsberg, corresponsal de BBC en La Habana, demuestra ser un periodista de buró, parcializado y poco serio Continue reading
José Prats Sariol
Arizona

El eticismo martiano, celebrado por quienes defienden la dictadura, ¿dónde encontrarlo hoy?

¿Cómo puede elogiarse el "fiero eticismo" de José Martí y callar ante la dictadura? ¿De cuál eticidad se trata? ¿Cinismo o hipocresía, ideas o creencias, ceguera o conformismo? ¿Cómo apreciar aquella honestidad?

Fina García Marruz exaltaba en 1964 el "fiero eticismo" del Apóstol ("Los versos de Martí", en Temas martianos, Huracán, La Habana, 1981, p. 245). Otro 28 de enero bajo los mismos gobernantes de hace 49 años, cuando Fina pronunciara en 1964 aquella conferencia en el Lyceum de La Habana, invita a preguntarnos sobre los significados de esa declamada eticidad.

Guardo un borroso recuerdo de la conferencia, yo apenas era un adolescente de 17 años. La aguda expositora estaba al cumplir en esos días de abril los 41. Releo para verificar —vivificar— el recuerdo. En efecto, no hay una sola mención en el texto a lo que se llama —y quizás aún existía— la "revolución cubana". Ni siquiera una alusión. Parece que tanto Cintio Vitier como Fina García Marruz, en ese entonces no mostraban aún su fanático apoyo al Gobierno, aunque buscaban algo en los hermanos Castro —ya declarados, aunque no realmente, marxistas-leninistas, ateos confesos— que tributara al romántico ideal martiano. Buscaban…

"No se pierda de vista —decía Fina— que en Martí todo se tiñe de este fiero eticismo". ¿De qué se han teñido los políticos adictos al castrismo en las últimas cinco décadas? ¿Cuál tinte usan ahora, en 2013, los intelectuales cubanos que se muestran conformes con la perpetuación en el poder de una banda de políticos no solo ineptos, sino carentes de los más elementales escrúpulos?

Pero la brillantez del análisis que entonces hizo Fina de los versos de Martí mantiene casi todo su esplendor, en la inteligente línea que aprendiera en los autores de la Escuela de Ginebra, sobre todo en Albert Béguin. Basta observar el modo en que rebate algunos juicios sobre la españolidad de su obra y algunos errores apreciativos, sobre todo, de los Versos sencillos. Basta con reflexionar cómo realiza el enlace entre el estudio estilístico y las referencias biográficas; y cuando demuestra que se tratan de "décimas truncas", para considerarlos lo más intenso de su poesía… El ensayo, sencillamente, se  mantiene  entre lo mejor de la crítica literaria hispanoamericana del pasado siglo.

Lo que crea una penosa, atroz paradoja, cuando repasamos las ideas políticas que ella abrazaría —otra creencia— poco después. Porque resulta difícil suponer que un fuerte talento literario pueda a la vez sucumbir, no dar pie, ante un rudimentario bloque político, para colmo totalitario. Porque citar otros casos de filotiranismo en las principales lenguas occidentales, no le resta asombro a la paradoja. 

¿Es la misma autora que años después se convertiría, hasta hoy, en una fanática de Fidel Castro, aún tras la humillación en 1971, cuando ella y Cintio Vitier fueron expulsados de la Sala Martí de la Biblioteca Nacional, por considerarlos —en plena sovietización— diversionistas ideológicos, enemigos de la visión materialista dialéctica del pensamiento cubano, de "ese sol del mundo moral" y de la historia del país?

Ah, el "fiero eticismo" ha desaparecido, como aquel personaje de Proust, como "crear riqueza con la conciencia" y aquellos eslóganes de politiquería barata en los que se envolvieron para mantener el poder.

¿A dónde ha ido?

¿Estará acaso en la tragicomedia petrodolarizada del chavismo? ¿En las reelecciones a presidente que se suceden en varios países latinoamericanos como Ecuador? ¿Estará en el silencio cómplice del PP español ante las violaciones a los derechos humanos en Cuba, porque no hacerlo afectaría sus negocios en época de crisis económica? ¿En los casos de corrupción que deprecian a los principales partidos políticos del mundo hispano?¿En la doblez de cierta "izquierda" norteamericana que viaja a Cuba y le parece tan exótico el Cadillac-almendrón del 54 que le sirve de taxi?

Parece que lo pregona un pavorreal… O mejor: alguno de los escasísimos intelectuales que cantan anacrónicos al anciano régimen, como Miguel Barnet, presidente de la UNEAC y miembro del Comité Central del Partido Comunista, ante la sarcástica sonrisa de algunos de sus colegas en Cuba, como el impredecible Antón Arrufat.       

Porque junto a Fina García Marruz hay unos pocos antónimos del "fiero eticismo", cuya fiereza no alcanza ni a la de un conejo, cuya eticidad hubiera obligado a José Martí a escribir un duro artículo de condena, aunque creyera que "el odio no construye".

Allí sobreviven este 28 de enero, algunos hasta en paz con sus almohadas. Otros echándole la culpa al peso de la Isla, al calor que derrite… Algunos abochornados de su silencio. Otros sacudiéndose el muerto de la revolución como si fuera un espíritu maligno que deambulara por el Rincón Martiano, donde aquel cuyo natalicio conmemoramos ya exhibía su entereza moral desde 1870, en prisión sin cambiar o vender u ocultar sus ideas.

Sin embargo —en versos de Ismaelillo que la poeta citó en su conferencia— los disidentes dentro de Cuba enaltecen el "fiero eticismo". Leen en voz alta y con la frente en alto:

 

                           Él como abeja zumba,

                           El rompe y mueve el aire,

                           Detiénese, ondea, deja

                           Rumor de alas de ave.

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