Calendar

October 2017
MTWTFSS
« Sep  
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
3031 

We run various sites in defense of human rights and need support in paying for servers. Thank you.


Cubaverdad on Twitter

Novela

La Editorial Verbum presentará este 10 de octubre en Madrid la novela ilustrada Adiós mi Habana. Las memorias de una gringa y su tiempo en los años revolucionarios de la década de los 60 , de Anna Veltfort. 

leer más

Continue reading

Los premios Alejo Carpentier de Narrativa y Ensayo, y el de Poesía Nicolás Guillén, que convocan la editorial Letras Cubanas, las fundaciones Alejo Carpentier y Nicolás Guillén y el Instituto Cubano del Libro, fueron otorgados el lunes en La Habana.

leer más

Continue reading

Las vicisitudes de una familia gallega que tiene que emigrar a la Cuba de la primera mitad del siglo XX es la trama de El fuego del flamboyán, novela de la periodista española Viruca Yebra, publicada por la editorial Almuzara.

leer más

Continue reading

La biblioteca Samizdat Libri prohibiti, de la República Checa, abre una nueva convocatoria del concurso literario Novelas de Gaveta Franz Kafka, divulgada a través de la web inCUBAdora.

leer más

Continue reading

El escritor cubano Ronaldo Menéndez presenta su nueva novela La casa y la isla (Alianza de Novelas, 2016), este 18 de noviembre en Madrid.

En el acto acompañarán al autor la periodista y escritora Inés Martín Rodrigo y el escritor Luisgé Martín.

leer más

Continue reading

La editorial francesa Métailié acaba de publicar 33 revoluciones, la novela póstuma de Canek Sánchez Guevara, nieto del Che. 

Sánchez Guevara, que falleció en 2015 en México, mantuvo una distancia crítica con la Revolución cubana a pesar de ser el nieto del Che, reportó RFI.

leer más

Continue reading

El cubano Evelio Traba obtuvo el Premio Iberoamericano Verbum de Novela 2016 por El ritual de las cabezas perpetuas, concedido por la editora española Verbum el pasado 2 de septiembre entre más de 500 obras.

El jurado, presidido por Fernando Rodríguez Lafuente, eligió el texto de Traba entre otros cuatro finalistas de autores de Colombia y España.

leer más

Continue reading

El Instituto Cervantes de Berlín organiza un taller de escritura creativa a cargo del escritor cubano Amir Valle, que tendrá lugar del 6 de octubre al 24 de noviembre como parte de los Talleres de cultura que propone la institución.

leer más

Continue reading

Casa de América de Madrid presenta este 17 de diciembre La isla de las mujeres tristes, primera novela de Elizabeth Mirabal, Premio Iberoamericano Verbum de Novela 2014. 



En el acto participan junto a la la autora, Fernando Rodríguez Lafuente, director de ABC Cultural, la escritora Consuelo Triviño, y Luis Rafael, director de Verbum.


leer más

Continue reading

La escritora cubana Elizabeth Mirabal obtuvo el Premio Iberoamericano VERBUM de Novela 2014 con su libro La isla de las mujeres tristes, según dio a conocer la Editorial Verbum.

leer más

Continue reading

Este martes 3 de junio se presenta en Miami la novela El verano en que Dios dormía, del escritor cubano Ángel Santiesteban-Prats.

El volumen, Premio de Novela Franz Kafka 2013, será presentado por los escritores Carlos Alberto Montaner y Antonio Correa Iglesias. 

leer más

Continue reading

El escritor cubano Ahmel Echevarría presentará su novela La noria (Unión, 2013) en la Jornada contra la Homofobia, este viernes 9 de mayo. Como presentador estará el escritor Rafael de Águila.

La noria, Premio Italo Calvino 2012, es una "novela inusual, de alto riesgo estilístico y estructural, en la que la ficción explora sucesos en los últimos tiempos hollados por la ensayística o el testimonio", según De Águila.

leer más

Continue reading

La escritora cubana Chely Lima presenta su nuevo libro Memorias del tiempo circular, publicado por Eriginal Books en Miami.

leer más

Continue reading

El escritor cubano Jorge Enrique Lage presenta el libro La autopista: The movie (Ediciones Cajachina, 2014), el próximo martes 1 de abril en La Habana.

"Dicen que la autopista va a atravesar la ciudad de arriba abajo. Lo que queda de la ciudad…", se lee en la portada de esta novela, con ilustración de contracubierta del fotógrafo Jorge Otero y diseño de Michele Miyares Hollands. El libro es el primer volumen de la colección G.

leer más

Continue reading

El escritor cubano Alexis Romay presenta este 26 de marzo en Nueva York su nuevo libro, La apertura cubana, publicado por Sudaquia Editores. 

leer más

Continue reading

El Centro Cultural Cubano de Nueva York y el Instituto Cervantes de esa ciudad presentarán este 24 de febrero el libro The Man Who Loved Dogs, del escritor cubano Leonardo Padura.

leer más

Continue reading

El escritor cubano Leonardo Padura ofrecerá este 18 de febrero una conferencia en Miami para presentar su novela más reciente, Herejes (Tusquets, 2013). 

"La libertad como herejía (por qué uno escribe una novela)" es el título de la charla que dictará en el Instituto de Investigaciones Cubanas, de la Universidad Internacional de Florida (FIU), informó EFE.

leer más

Continue reading

El escritor cubano Ahmel Echevarría presenta su novela La noria (Unión, 2013), este sábado 15 de febrero en La Habana. El libro es Premio Italo Calvino 2012.

Como presentadores estarán los escritores Alberto Garrandés y Rafael de Águila.

leer más

Continue reading

Casa de América presenta este lunes 10 de febrero un encuentro con la escritora cubana Mayra Montero, con motivo de la publicación de su novela El caballero de San Petersburgo (Tusquets).

El evento, donde conversará con la escritora uruguaya Carmen Posadas, forma parte del ciclo "Describo que escribo", una propuesta de la Casa de América "para que destacados autores iberoamericanos compartan con los lectores esa vivencia de la escritura como proceso de vida".

leer más

Continue reading

La biblioteca independiente Libri Prohibiti, de la República Checa, presenta una nueva convocatoria del concurso literario Novelas de Gaveta Franz Kafka, el cual arriba este año a su séptima edición.

El certamen está dirigido a todos los autores cubanos que residan dentro de la Isla.

Las obras presentadas deben ser novelas. No se limita la extensión del texto ni el tema a abordar, solo se exije que la obra sea inédita y que no se haya presentado en otros concursos dentro o fuera del país.

leer más

Continue reading

1

Debo al buen consejo de un amigo y a mi perfecto aburrimiento frente a la literatura cubana actual, la lectura de una novela alegre y performática, que vino a suplir (al menos en las horas que me ocupó tal consumo) mis largas carencias de emociones literarias. Y se trata de Carbono 14 (una novela de culto).

2

leer más

Continue reading
Sobre el libro Cañón de retrocarga, de Alejandro Álvarez Bernal Continue reading
Johan Gotera
Caracas

Una conversación con Octavio Armand es una fiesta de la inteligencia y de la lengua donde caben la charada china, la Constitución del 40, Whitman, Corín Tellado y la madre de Lezama Lima.

                                                                                                                A Luis Miguel Isava

 

Para sortear unos años que parecían espectrales y como detenidos ante el umbral de una isla, Octavio Armand y Lorenzo García Vega escribieron cada cual a su modo la historia de una conversación. "Juntos, Octavio y yo", dice García Vega al referir el exilio de  aquellos años, "estuvimos de espaldas a New York, o sea, estuvimos casi sin salir de la calle fea del barrio feo donde, tarde tras tarde (…) fuimos a tomar café a la fonda, la Casa Wong, del chino que había estado en Guantánamo".[1]

Los pormenores de aquella conversación aparecerían, primero, en Los años de Orígenes (García Vega, Monte Ávila Editores, Caracas, 1979) y luego en Superficies (Armand, Monte Ávila Editores, Caracas, 1980). Antes de su publicación, el primero fue un libro muy conversado, y Armand no solo sería el testigo interior de aquel diálogo incesante —que se convertiría más adelante en el libro que arrojaría una luz distinta sobre el origenismo–, sino que además llegó a sugerir la inclusión de algunos de sus capítulos ("La opereta cubana en Julián del Casal", por ejemplo, o aquel en el que el más joven de los origenistas emprendiera su reverso autocrítico).

"He aprendido mucho de Cuba con Lorenzo", decía por su parte el joven Octavio, "en conversaciones que comienzan aquí y terminan allá", "porque aquí, en Queens, en ciertos momentos, estoy en Cuba". [2]

Eran los años 70 y ambos poetas del exilio cubano practicaban la compleja labor de aferrarse a una efímera nacionalidad, sostenida precariamente en la indagación del espíritu común y los laberintos del idioma. Reconozcamos en esa labor un esfuerzo ético que es al mismo tiempo un acto de desesperación: patología y fe de anclarse a una isla abolida en la que se permanece sin estar.

A instancia de García Vega, Armand lee Paradiso. "Leí aquello como cordialidad, como algo de cierta intimidad", "como documento". Antes habían hablado del reverso de Paradiso, "su infierno humano, tan laberíntico y a la vez desolado como su esplendor verbal". Pero Armand, ahora, estaba a punto de descubrir por sí mismo que "en el fondo, en el centro, estaba Lezama". [3]

Cuarenta años más tarde de aquella inacabable conversación, volvemos a encontrar a Octavio Armand para seguir hablando sobre el más importante novelista cubano. A pocos pasos de su residencia en Caracas, en el café que el poeta visita todas las tardes, lo interrogo nuevamente y sostenemos otra charla regulada por Lezama.

Lezama Lima detiene abruptamente el curso de su "Preludio a las eras imaginarias" para anotar una sorpresiva observación: "Estoy en un café, de la mesa donde están aposentados los jugadores, sale una voz: 'Todo el que tiene una novia china, tiene buena suerte'". ¿Podemos interpretar la deslumbrante frase como un dato simultáneamente histórico, racial, sexual y poético? ¿Qué podría haber intuido Lezama en esa enigmática aseveración? (Lezama dice que escuchó esa voz "en el azar de un café y que no pudo identificar de dónde provenía".)

Voy a hacer, yo también, un preludio. Creo que Lezama utiliza la palabra preludio específicamente en una de sus acepciones: composición instrumental de gran libertad formal ejecutada antes de una obra. Aquí está la clave de sol para alumbrar el episodio que tanto te ha gustado. Una voz al azar, anónima. Una frase desnuda sin el disfraz determinante, fijo de un rostro. Algo sucede, en aquel café habanero, que tiene el encanto del ruiseñor invisible que inspiró la oda de Keats. La frase, en su azar sin rostro, tiene una raíz humana a la vez inmediata y remota, como el trino del pájaro que según Keats ha sido uno solo, único e inmortal, desde siempre. Lezama escucha, en esa frase y su dejo cubano, un trino insular. Un jardín invisible pero cadencioso que lo imanta como si fuera eco de la sangre, acorde de la estirpe. Azar de una frase que el poeta, embelesado, recibe como expresión atávica. Jugando con las palabras, en metátesis, diría que ahí lo incondicionado se trueca en causalidad genética: azar es raza.

Espesemos el caldo con una vieja canción, que me conmovía de niño y que —por favor, no decírselo a nadie– todavía me hace recordar pañuelos. Esa canción, que seguramente también había conmovido a Lezama, como a todos los cubanos, dice así: "Hace falta, señores, una voz,/ ay una voz,/ la de aquel sinsonte cubano,/ la de aquel mártir hermano,/ que Martí se llamó,/ ay se llamó."

Penitenciales, aquel coro de frases y voces recogido en Superficies, parte de este trino que es un treno y lo sigue de inmediato una cita de Rostros del reverso de Lorenzo García Vega que a su vez desemboca en palabras de Raymond Radiguet: "Más que los rasgos, la voz acredita a la raza".

Nuestro sinsonte es el equivalente criollo del ruiseñor de Keats. Tiene un canto melodioso y rico en tonalidades que enriquece imitando sonidos y en la espesura se embelesa con voces ajenas que de inmediato incorpora. Exactamente lo que hace Lezama en el café habanero donde un jugador —subráyese la palabra— suelta los dados de la frase. En este sentido Tres tristes tigres, compendio de voces cubanas —constelaciones entonadas por la noche habanera—, más que una novela o un libro, es un sinsonte.

Ahora, a la frase: "Todo el que tiene novia china, tiene buena suerte," luego resumida en "Novia china, buena suerte." Lanzo dados, conjeturas. Primero, como pie de página: en el episodio del café se preludia "La biblioteca como dragón", un capítulo de Las eras imaginarias. Dato histórico: los chinos, como también algunos indios yucatecos, llegan a Cuba durante la segunda mitad del siglo XIX para sustituir esclavos negros, cuya trata era perseguida. Llegan como trabajadores sujetos a contratas. Sin eufemismos, llegan como esclavos contratados. Y decisivo para acercarse a la frase en cuestión: llegan hombres exclusivamente. Chinos sin chinas. Tener una novia china, pues, en aquella población de machos amarillos sin hembras del mismo color, es como tropezar con un girasol de Van Gogh en La ronda nocturna de Rembrandt. Por eso subrayo que el autor anónimo de la frase es un jugador. Decir novia china al menear el cuero, si es que acaso jugaba cubilete, era invocar el favor de los dioses.

Datos sociológicos: los chinos son muy dados a los juegos de azar. De hecho, en Cuba una de las causas más frecuentes de suicidio entre ellos era el juego, la apuesta impagable. Poner la novia china en boca de un jugador es colocar la gracia de la frase en el azar, en el juego, que en la Isla contaba con una herramienta muy popular: la charada china. A la resonancia de lo oriental como río de corrientes favorables se suma el médico chino, por ejemplo, instancia superior en la medicina popular. De un caso desahuciado se decía "esto no lo cura ni el médico chino."

La corneta china —según Severo Sarduy, el instrumento aglutinante de la música de nuestros carnavales— es el muecín de la conga santiaguera. Mucho tenía que ver con sus extrañas notas, y poco con las japonerías de Julián del Casal, La comparsa de los kimonos o La kimona china, estrenada en los carnavales de 1950. De aquella década del 50, también, una cancioncilla de poca resonancia pero que sonó mucho: Cuando te digo china, china,/ chinita de mi alma,/ tú me contestas/ chino de amor...

Dato culinario y último: el lechón en caja china, plato criollísimo. Caja por cierto tan criolla como la guayabera. Quizá el nombre deba algo, por la cocción de azotea, al I Ching, donde Li, Fuego, puede aparecer arriba o abajo en los hexagramas.

Los chinos y sus juegos de azar, ¿son un emblema del exilio? ¿Qué papel jugaron los chinos en la historia cubana?

Las primeras páginas de la historia de Cuba parecen soñar ideogramas, pues al llegar a la Isla Colón creyó estar en las tierras del Gran Khan. Así, confundidos sus oros desde 1492, la fábula y la historia riman en el imaginario criollo a lo chino y lo cubano. Esas rimas, siglos después, serán confirmadas por la sangre en el arte y la novela. La jungla de Wifredo Lam parece deletrear al óleo el bambú de la acuarela china desde una manigua tan nuestra como amazónica; y ya desde Gestos, su primera novela, la escritura de Severo Sarduy tiene la decidida espontaneidad del trazo caligráfico oriental.

Hay una Cuba china antes de que hubiera chinos en Cuba. ¿Curioso, verdad? No menos sorprendente es la participación de los chinos en la causa de la independencia. Recién llegados a mediados del siglo XIX se incorporaron al ejército mambí, donde participaron con entereza. Motivo de orgullo, esta entrega, para quienes con absoluta razón podían decir: "Ningún chino fue traidor." Lanzo un recuerdo de mis lecturas de juventud, con las cuales trataba de conservar raíces cubanas en tierra ajena: la masacre de Olayita. Vengando una derrota, tropas del ejército español masacraron a unos culís, seguramente por considerarlos simpatizantes del enemigo. Los cuerpos aparecieron como momificados bajo el techo de zinc de un depósito. El sol los desecó. El amarillo los conservó. Una lealtad del color.

En cuanto a sus juegos de azar como posible emblema del exilio, te invito a visitar el Club Social Chino de Caracas, que está en El Bosque, muy cerca de La jungla de Lam. Hace muchos años pedí permiso para pasar a la sala donde los viejos se turnaban el mah-jong, un juego de mesa que consta de 144 fichas como de dominó que parecen hablar mandarín cuando entrechocan con algarabía al ser mezcladas, o cuando, colocadas con brío sobre la mesa, recuerdan al Emperador Qin Shi Huang. Al jugar mah-jong, a miles de kilómetros de China, en Caracas o en París o en Guantánamo, ficha a ficha los chinos construyen y reconstruyen la Gran Muralla.

¿No crees que esa evocación equivale a una conmovedora destrucción de la distancia? Es como si cada jugador quisiera encerrarse tras la muralla. Estar adentro por fuera. Ser centro desde la circunferencia. Un Escher chino y también, ¿no?, una definición del exilio.

Lezama y Fidel… ¿qué ocurriría en el enfrentamiento de esos dos proyectos cubanos? Usted ha dicho que Lezama representa, con relación al lenguaje, una especie de asalto al cuartel Moncada.

Ya se enfrentaron; y el líder se impuso a los lieder, la oratoria a la poesía.

En 1961 Lezama coloca a la revolución en las eras imaginarias. La esperanza que representa, no solo en Cuba sino en todo el continente, quizá en el mundo entero, despierta en lo cubano promisorias coincidencias con lo egipcio, lo chino, lo etrusco como elemento germinativo. Lezama, que concibe a la cultura como incorporación, incorpora a la revolución como alimento de hechizo y de luz. Nada faraónica, aún no momificada, brilla la posibilidad infinita. Por eso, sin mencionar a Castro, nombra a Martí. Lo pone en el umbral como una seña y una señal para orientar el retorno de lo que llamó la pobreza irradiante.

Castro nada entiende, por supuesto, de eras imaginarias. Inmediatamente saca a la revolución de ese horizonte voluptuoso y germinativo y la pone en el suyo, uno a la medida, exclusivo. En ese mismo año, 1961 asfixia a la cultura cubana con sus Palabras a los intelectuales. Suya es una nada imaginaria Era del Caballo, como a él le dicen o decían, por ser el número 1, que es Caballo en la charada china; aunque desde hace unos años habría que hablar más bien de la Era de la Recua, o del Centauro, puesto que ahora el poder se extiende dinásticamente a través del hermano, y ya no se sabe ni entre qué patas ni en qué manos estamos. La revolución ha degenerado en monarquía y la monarquía en dinastía. Francia ya no tiene Luises pero Cuba y Corea del Norte sí.

El asalto al Moncada de Lezama vislumbra una Cuba imaginaria pero posible y ciertamente deseable. Lamentablemente el otro asalto al Moncada, el del 26 de julio del 53, al cabo de casi seis décadas y más de medio siglo de uso y abuso de poder, no permite soñar a Cuba como era imaginaria. El comandante, general, primer ministro, presidente, orador, decorador, criador de vacas lecheras y experto en todo, se ha metido a Cuba en el puño. Y en el bolsillo.

Usted ha leído a Lezama Lima como un documento cubano, ¿se puede leer la ficción como documento y el documento como ficción?

No solo en el caso de Lezama y de Cuba. El criterio rige para toda Nuestra América. Hay que aplicar un principio de simetría inversa: nuestros archivos documentales, desde las partidas de nacimiento personales a las partidas de nacimiento colectivas, o sea las constituciones, son obras de ficción; y por contraposición en nuestros archivos literarios abundan los documentos.

Así hay que leer la tradición para no traicionarla ni ser traicionados por ella. De lo contrario viviremos siempre la tradición como traición, reflejándonos en un azogue que nos empaña, que nos engaña. Para comprender a la Cuba de los años 40 y 50, hay que interpretar la Constitución de 1940 como folletín de Corín Tellado y a Paradiso como boletín del tuétano insular, su intimidad. Por una parte, la historia jamás verificable en los hechos, la historia como histeria; y por otra parte, y muy aparte, la otra historia, una cotidianidad rimada con los zaguanes y traspatios de nuestra infancia, los traspiés de la juventud, la madurez negada por el culto al mármol. Las consignas, de un lado; del otro, los signos.

Al leer mi partida de nacimiento me di cuenta de que en realidad yo no había nacido, que jamás podría nacer, que el copulativo lenguaje de la municipalidad me convertía en ficción. Si he nacido, fue en un poema o en una carta, acaso en una conversación; y si aún estoy por nacer, confío mis nueve meses a la lengua madrépora y rezo al cielo de la boca.

¿Qué distancia hay entre Lezama y Whitman, es decir, qué diferencia establece la herencia latina y la anglosajona?

Cuando leo a Whitman prefiero a Lezama. Cuando leo a Lezama prefiero a Whitman. Con evidente torpeza trato de decir que son tan incompatibles como necesarios. "Simplicity is the glory of expression," según el americano. Decía el cubano, y precisamente en La expresión americana: "Solo lo difícil es estimulante." Ya ahí, y con sus propias palabras, señalo diferencias, distancias acaso insalvables.

Whitman no quería cortinas —ni una siquiera— entre él y sus lectores. La prosa y la poesía de Lezama son cortinas. Las negras y moradas cortinas de la casa de D'Annunzio, las pesadas cortinas del cuarto de Proust, o aquel colmo del cortinaje que señalara Plinio en un cuadro de Parrasios, donde sobre la tela se representaba nada menos que un trozo de tela. Una tela sobre la tela, una tela que cubre todo el lienzo, todo el espacio de la representación, como si se tratara de ocultar la verdadera imagen ahí supuestamente representada pero también ausente. La tela como telón. Con su potencial imagen dentro de la imagen pero también fuera, especie de ultrabarroco teatro fuera del teatro, Parrasios vacía la obra de su espectacular telón. La obra sobra. Con Lezama el espectáculo comienza en el fantástico telón de palabras pero no termina ahí.

Para llegar de Whitman a Lezama, o de Lezama a Whitman, como si fueran las orillas de un mismo río, habría que empalmar el macizo Puente de Brooklyn que el norteamericano vio desde Manhattan o desde el ferry mientras cruzaba el East River, con un gran puente que debemos a la imaginación de Lezama. Como los jardines invisibles de su noche insular, se trata de "un puente, un gran puente que no se le ve."

Empalmar lo visible y lo invisible, hacer visible lo invisible y fundir el hierro del puente en la transparencia del viento que lo atraviesa, es un imposible que bien vale la pena intentar. Quien acepte ese reto, debe recordar que detrás de Lezama está Santo Tomás, el altar católico, la confesión auricular, Góngora, Felipe II y la Gran Armada, el barroco, la Contrarreforma, Martí y Casal, la Constitución del 40, la frustrada república de Cuba; mientras que detrás de Whitman hay Lutero, Drake, Woolman, Lincoln, federalistas, la Constitución de 1787 con sus enmiendas, Emerson y su self-reliance, la Declaración de Independencia, el Wild West y la Colt .45. En fin, uno cuenta con el Puente de Brooklyn y el otro con un puente, un gran puente que no se le ve. Por supuesto no jerarquizo; defino, distingo.

¿Qué sentido gana la vida frente a la muerte de los padres? 

Pregunto en paradoja: ¿gana en orfandad? Lezama decía que uno no dejaba de ser niño hasta la muerte de los padres. Tenía razón. Su propio caso resulta conmovedor. La madre, que cada noche le colocaba la almohada al asmático a la altura conveniente, se angustiaba en el lecho de muerte por el desamparo en que iba a dejar al hijo. "¿Y ahora", preguntaba, "ahora quién va a saber la altura de la almohada de Joseíto?" Formulada a una amiga de la familia, María Luisa, esa pregunta le proporcionaría a Lezama una perdurable y fiel compañera. Un matrimonio sin afán copulativo ni propósito genético, pero sí de esmero piramidal en cuanto a las almohadas.

En el caso de Lezama la muerte de la madre significó también una mayor libertad. Viva la madre, Paradiso permanecía inédita. Y seguramente así hubiera permanecido, entre otras cosas por ese Capítulo VIII que celebraba carambolas eróticas lejos de la atalaya materna y lectora. A cambio de esa lectora única, insustituible, la orfandad le proporcionó un creciente puñado de lectores. Al margen de la sangre se consagró. Pasó del anonimato al canon/imato.

¿Cómo vive un cubano del exilio el acto de fumar puros? 

Lejos en su aquí de espirales. Celebrando el poema del fuego, el poema del humo, la escultura de ceniza. Silencioso, callado, mudo.



[1] Lorenzo García Vega, El oficio de perder (Espuela de Plata, España, 2005, pp. 485-489).

[2] Octavio Armand, Superficies (Monte Ávila Editores, Caracas, 1980, p. 172 y 173).

[3] Idem.

Continue reading
Ileana Medina
Madrid

Una novela sobre la leyenda del Chupacabras, que puede leerse como historia de vampiros, y que remite a Darwin y Finlay. Su autor, Osmani Baullosa Acosta habla de ella.

Las leyendas por lo general tienen un poco, o bastante, de cierto. Lo que usualmente consideramos que es un mito, a menudo constituye una parte, no la única sino apenas la más espectacular, de un fenómeno. Uno entre una larga relación de acontecimientos.

Diseccionar con herramientas literarias una criatura presuntamente fantástica, a la que suele llamarse "Chupacabras", es la propuesta explícita de la novela Abisal, que acaba de publicar en Madrid la editorial El Barco Ebrio.

Su autor, Osmani Baullosa Acosta (Pinar del Río, 1972), graduado de periodismo por la Universidad de La Habana, residente en Chile desde 1998, cuenta en esta entrevista el origen del libro, que es su primera incursión en el género fantástico, luego de haber publicado, en conjunto con otros autores, el libro de no-ficción Chile País Oceánico (Ocho Libros, 2005), en el cual es el único escritor no nacido en el país sudamericano que tiene un capítulo a su cargo.

Osmani, si pudieras que resumirlo en pocas palabras, me gustaría saber de qué trata Abisal.

Acerca de las posibles consecuencias de elegir creer, o no creer, en algo. También podría decirse que trata sobre lo que suele ocurrir cuando ignoramos algo, sea de modo voluntario o involuntariamente.

¿La idea de la novela surgió con ese propósito específico, de describir lo que provocan nuestras creencias o las ignorancias?

En mí actuó, como gatillante del relato, una anomalía registrada a principios del actual siglo: la aparición de decenas de miles de animales muertos, meticulosamente desangrados, en distintos países de las Américas. Fue un detonante esto (sobre todo cuando los casos sucedieron en Chile, a donde yo recién había emigrado), más el "detalle" de que todavía no haya quedado claro qué o quién causó las muertes.

Están bien documentadas esas muertes en reportajes de prensa escrita y de televisión. Y ante la falta de explicaciones por parte de la policía, o de la ciencia, intenté abordar el asunto por medio de la literatura.

Eso en cuanto al móvil que catalizó la escritura de la novela. ¿Hubo otras motivaciones?

La intriga que me despertaron esos casos hasta hoy no aclarados (y que algunos consideran simple bandidaje, a falta de una conclusión mejor), se mezcló con un instinto que tenía yo de escribir sobre lo siguiente: Charles Darwin y su osada teoría de la evolución, Carlos J. Finlay y su no menos atrevida hipótesis del mosquito como agente transmisor de enfermedades. Osadía y atrevimiento, obviamente, para la época en que se presentaron estas ideas, pues sabemos que con el paso del tiempo su aceptación se impuso, y permitieron desatrancar muchas puertas: varias de las obras más importantes de los tiempos modernos: ingenieriles, políticas, sociales... se edificaron a partir de lo planteado por estos hombres.

El científico inglés y el científico cubano forman los extremos del eje de mi narración. Y aunque ellos dos y las secuelas de muerte y ruina, provocadas por lo que se ha dado en llamar "chupacabras", parezcan no tener conexión alguna entre sí, para empezar nos colocan ante un mismo dilema: en qué creer, qué no creer, y el costo de ignorar.

Nuestras creencias configuran la realidad, al menos tanto como la realidad configura nuestras creencias. Y por supuesto, también nuestro destino, individual y colectivo.

En algún momento de la pasada década, tras salir de Cuba, dejaste de escribir, e incluso de leer literatura, para dedicar a la jardinería el tiempo que antes solías ocupar en esas dos actividades.

Abisal es mi segunda novela. La primera, también escrita en Chile, es anterior a mi descubrimiento de la jardinería, que no practico de manera profesional; mi empleo es como funcionario público, desde hace 10 años.

A esa primera novela nunca la llevé a hacer la ronda por las editoriales. Tiempo después de terminada, me di cuenta de que la había escrito como una suerte de vaciamiento. De ahí en adelante perdí interés por escribir y hasta por leer. Quise dedicarme a una actividad más, ¿cómo definirlo...? Trabajar con entes vivos en vez de lidiar con ficciones, con el estadio anterior a la celulosa de que está hecho el papel, con la materia, con la tierra. O el deseo de volverme experto en algo.

Las ideas y sucesos raros que mencioné antes se maceraron en mi imaginación por años, hasta un punto en que no pospuse más la preparación de la novela. Cuatro años me tomó documentarme, y la misma cantidad escribirla. Fue entretanto que me abstrajo la pasión por las plantas. Específicamente las plantas de bulbo —como son los tulipanes y los gladiolos—, que teóricamente son plantas eternas.

¿Hay huellas de esa afición en la historia que cuentas en Abisal?

Sí, aparece representada en el libro, con la intensidad de una pasión, a través de uno de sus protagonistas, jardinero. El modo en que estas plantas de bulbo "hibernan" (las que cultivo yo estivan, porque su recogimiento bajo tierra se produce en verano), por años inclusive, lo cual posibilita trasladarlas como si fueran objetos inanimados, las torna para mí plantas fabulosas, y símbolo de lo que somos los emigrantes.

¿Consideras que tu novela es más cubana que chilena, o viceversa?

Es mestiza, no únicamente en el sentido racial del término, que igual está presente en ella, sino en correspondencia también a como es uno mismo: un híbrido signado por la emigración. Todos sus personajes son criaturas migrantes.

La novela refleja algunos de los rasgos más sobresalientes de la —por así llamarla— "civilización cubana", los aportes a la humanidad de sus distintos componentes raciales en áreas como la música y la medicina, antes de que fuésemos una república. No obstante, buena parte de la trama transcurre en Chile, en el siglo XIX (en Valparaíso, y del desierto de Atacama al territorio antártico). Asimismo, en la Holanda del siglo XVII; en Rusia una centuria después... Y a fin de cuentas, si la lee un postadolescente de cualquier país, que no ande fijándose en si pertenece más aquí o allá, acaso vea en el texto solo un libro de aventuras, como es mi aspiración que sea leído este.

O como una novela de vampiros...

Puede ser leída como una novela de vampiros. Por supuesto que sí. El enigma que trata de descifrar Abisal, a nivel de trama, es la identidad de un misterioso ente que toma (por no decir bebe) sangre. ¡Que ha robado ríos de sangre!, tal como dio cuenta de ello profusamente la prensa global que cubrió las incursiones de "El Chupacabras" en la pasada década; sus apariciones desde Estados Unidos de América, en el norte, hasta Chile y Argentina en el sur.

Es una novela hecha no a la carrera para participar en la estampida de historias de vampiros que hemos visto de improviso, sino concebida antes de ese frenesí. Elaborada con tiempo, respeto por la tradición del género. Lírica de aliento. De prosa y factura cuidadas, preciosistas… o eso procuré, lo cual no implica que sea un libro escrito para gente sofisticada, aunque sí para quien ame el saber. Y hasta para quien sienta placer con el sonido de las palabras bien acopladas. El narrador intenta emular con su lenguaje las letras muy elaboradas pero de apariencia sencilla de nuestros compositores de principios del siglo XX; no en balde él nació por la misma época en que surgieron estos.

Como autor, me siento más cerca de Felix B. Caignet que de José Lezama Lima, y un contador de historias antes que un intelectual.

¿Cuáles son los temas que te interesan con autor?

Los que comenté más arriba constituyen una muestra. No me atraen los asuntos puramente cubanos, sino aquellos transversales a la condición humana. Así, Abisal, que es la extensa biografía (consta de dos volúmenes—Dientes de león y En el vientre— y es, en rigor, una saga) de un hombre contada por su hijo, también trata sobre la compasión.

¿Quieres agregar algo más?

Creo que es mejor, en vez de seguir hablando de la novela, que hable la novela por sí misma...

 


Osmani Baullosa Acosta, Abisal: Dientes de león (El Barco Ebrio, Madrid, 2012).

Osmani Baullosa Acosta: Abisal: En el vientre (El Barco Ebrio, Madrid, 2012)

En libro electrónico, aquí.

Continue reading
Antonio José Ponte
Madrid

En el invierno de 1940, prisionero en un campo soviético, el polaco Józef Czapski dictó unas conferencias sobre Proust recién traducidas al español.

Durante el invierno de 1940-1941, el capitán de caballería Józef Czapski, prisionero en el campo de Griazovets (escrito a la polaca, Griazowietz), dictó a sus compañeros unas conferencias sobre Marcel Proust que acaban de aparecer en español: Proust contra la decadencia. Después del pacto firmado entre Hitler y Stalin, miles de integrantes del ejército de Polonia habían sido internados en campos soviéticos. Griazovets, antiguo centro de peregrinaciones religiosas, era el segundo campo de prisioneros por el que Czapski pasaba. Del anterior habían sido deportados en dirección desconocida aquellos que se atrevieron a  animar unas conferencias. En cambio, las autoridades de Griazovets permitieron a Czapski hablar de Proust siempre que respetase la censura.

La mayor parte de aquellos hombres iban a ser ajusticiados secretamente en Katyn. Con la Operación Barbarroja y el rompimiento del pacto germano-soviético, Polonia fue considerada aliada por Moscú, y a Czapski le tocó investigar el destino de sus compatriotas desaparecidos, a quienes todavía no daban por muertos. Recorrió en esas gestiones los peores laberintos: fue recibido por el general Zhúkov, se entrevistó con el segundo de Lavrenti Beria, visitó la Lubianka. Hizo también pesquisas en busca de obras de Vasili Rozanov. Pero los libreros moscovitas evitaron escuchar el nombre del autor censurado y las autoridades políticas, con tal de esconder el asesinato masivo de oficiales polacos, pretextaron la deportación de aquellos hombres a Siberia. Prefirieron tapar el horror de Katyn con el horror del Gulag.

Entretanto, el ejército polaco se rehacía y esperaba en territorio de la URSS su oportunidad de entrar en combate. Józef Czapski fue nombrado jefe del servicio de propaganda y de información. Tuvo a su cargo la vida cultural de los campamentos y las relaciones con las autoridades soviéticas. Les faltaba logística y armamento, les sobraban motivos de sospechas contra sus anfitriones, antes carceleros. Por órdenes de Moscú fueron desplazados al Turquestán, quedaron expuestos al corte de provisiones y a las epidemias. Pero no dejaban de sumárseles compatriotas capaces de emprender largos trayectos hasta encontrarlos.

Después de muchas gestiones, consiguieron cruzar a Irán y salir de la tutela soviética. En busca de libertad y de combates atravesaron Irak, Palestina y Egipto. Czapski ha narrado esta odisea (junto a la de su búsqueda de los caídos en Katyn) en un libro excelente: En tierra inhumana (Acantilado, 2008). El ejército polaco cruza en esas páginas las estepas que cruzaron antes, en La hija del capitán de Pushkin, los sublevados de Pugachov. Atraviesa las tierras de fuga de los calmucos en La rebelión de los tártaros de Thomas De Quincey.

Józef Czapski alcanzó a combatir en Montecassino a las órdenes del general Anders, y tuvo suerte de que el populoso cementerio polaco emplazado allí no incluyera su lápida. Terminada la guerra, se instaló con su hermana en las cercanías de París. Participó en la fundación de la revista Kultura, volvió a pintar, publicó varios libros, soportó el ataque de los comunistas polacos. Gallimard editó en 1964 un tomo de Rozanov con prólogo suyo. Diez de sus lienzos fueron exhibidos en la Bienal de París de 1985. Siete años más tarde, murió. En el invierno en que hablara de Proust tenía 44 años.

Retratos de Marx, Engels y Lenin gobernaban las paredes del viejo convento dinamitado donde, terminadas las jornadas de trabajo, celebraban aquellas conferencias. El frío alcanzaba los 45 grados bajo cero. Czapski, convaleciente de una grave enfermedad, estaba eximido de los trabajos más difíciles. Limpiaba la escalera del antiguo convento, pelaba patatas, contaba con tiempo suficiente para idear sus charlas. En ellas puede encontrarse casi todo lo que procuran los proustianistas: la novela inolvidable, las anécdotas en torno al autor, la equivalencia entre personajes e individuos a los que Proust tratara, las extensas cartas. El Proust del Ritz, el Proust de la habitación de paredes de corcho, el torturado y torturador de amistades, el de los manuscritos incesantes, Marcel de las camisas quemadas y los algodones saliéndole por el cuello: Czapski pareciera haber leído todo lo accesible sobre el tema.

Veinte años antes, la convalecencia por una fiebre tifoidea le había prestado calma para vérselas con las enrevesadas frases de la novela. Su internamiento en un campo de prisioneros lo devolvía ahora a ellas. Para la convalecencia y para la cárcel, En busca del tiempo perdido… No contaba, sin embargo, con ejemplar de la novela. No tenía más salida que rumiarla, que hablar de memoria de una obra que versaba acerca de la memoria. "Esto no es un ensayo literario en el verdadero sentido del término", advirtió luego, "sino más bien recuerdos sobre una obra a la que debía mucho y que no estaba seguro de volver a ver en mi vida".

Czapski contaba únicamente con su memoria de lector. En medio del desierto, jugó a recordar a Proust hasta las citas, no se privó de dar ejemplos de episodios relevantes. El editor francés y el traductor al español de sus conferencias han cotejado ese Proust rumiado en Griazovets con el original: la proximidad resulta en muchos casos asombrosa. Czapski se detuvo especialmente en el episodio de la muerte de Bergotte ante un cuadro de Vermeer. Minutos antes de morir, el novelista Bergotte recibía una última lección acerca de su oficio: el muro amarillo del cuadro de Vermeer le enseñaba cómo habría tenido que componer sus libros. Biógrafos y críticos han convenido en que ese alucinado por la forma que encuentra la muerte en un museo era el propio Marcel Proust. Bergotte era su pretexto y, de igual modo, Proust podría entenderse como un pretexto del prisionero Józef Czapski, quien dictaba conferencias, no tanto sobre determinado autor francés, como sobre una forma ausente que añoraban él y sus escuchantes: el libro.

De alguna frase suya se desprende que al menos contaban con un volumen. "Acabo de releer el principio de Guerra y paz", dice de pasada. Y En tierra inhumana testimonia la lectura de una traducción de Balzac al polaco: cómo pasaban de un prisionero a otro las páginas sueltas, cómo debieron inferir los acontecimientos de las que faltaban. Pero desde septiembre de 1939 Józef Czapski no había tenido un volumen francés en sus manos.

Los facsímiles del cuaderno donde hizo notas para sus conferencias muestran esquemas a tinta y acuarela, árboles genealógicos de la literatura, retratos de literatos franceses —Mérimée, Daudet— dibujados de puro recuerdo. Con el pretexto de unas conferencias acerca de una novela inalcanzable, Czapski construyó el más insólito objeto que Griazovets pudiera contener: un libro nuevo. Aquel deseo que atenazara al Bergotte moribundo ante un lienzo, que alucinara al no menos moribundo Proust entre las paredes de corcho de su cuarto, deseo de dar forma, parteó un libro dentro del campo de prisioneros de Griazovets.

Las conferencias de Czapski pertenecen, antes que a los estudios literarios, a esa familia de extrañas obras que incluye, por citar un par de ejemplos de la época, a LTI: la lengua del Tercer Reich y a El Tercer Reich de los sueños. El autor del primero de éstos,  Victor Klemperer, fue despojado de su cátedra de literatura francesa por ser judío, consiguió sobrevivir en Dresden y se encargó de historiar los forcejeos del nuevo régimen con el idioma alemán, reveló las emboscadas que tendía la jerga nazi. Charlotte Beradt se ocupó, por su parte, de los efectos del nazismo en otro idioma, el de los sueños. Pues, de tanto sufrir una pesadilla recurrente en la que era acosada y torturada, llegó a la conclusión de que no debía ser "la única condenada por la dictadura a soñar tales cosas", así que consultó con sus allegados y, entre 1933 y 1939, recopiló casi 300 sueños semejantes a los suyos.

Una mujer obligada a soñar ciertos sueños hizo calas en el sueño colectivo político, un filólogo anotó perversidades de la lengua oficial y, de modo semejante, Czapski recordó e inventó un libro dentro de un campo de prisioneros. No fue el único conferencista en Griazovets: otros compatriotas suyos hablaron de historia británica, de arquitectura, de migraciones, de alpinismo. En tierra inhumana menciona a prisioneros que, conducidos más allá del círculo polar ártico, fundaron un equipo de investigaciones filológicas con el fin de proteger la lengua polaca. Czapski recuerda también al teniente Ralski, profesor universitario y naturalista que dedicara largos años a investigar las hierbas de Polonia y cuyos archivos fueron destruidos. Mientras los conducían por las estepas ucranianas cubiertas de nieve, hambrientos como iban, desarrapados y sin saber hacia dónde los empujaban, aquel hombre atendía con pasión científica a los tallos que emergían de la nieve. Y empezó a trabajar en un libro sobre los prados y los bosques que no terminó nunca, pues debió morir asesinado en Katyn.

Czapski, Klemperer, Beradt (cuyos libros conocemos), Ralski y el equipo de filología polaca más allá del círculo polar perseveraron, en condiciones extremas, en la civilización y en la inteligencia. Tuvieron (esta comparación habría complacido al teniente Ralski, naturalista) la confianza de los espigadores.

 


Józef Czapski, Proust contra la decadencia. Conferencias en el campo de Griazowietz (traducción de Mauro Armiño, Siruela, Madrid, 2012).

Este texto apareció originalmente en la revista Letras Libres, en su edición mexicana y española.

Continue reading
Emil Volek y José Prats Sariol Arizona Espionaje, narcotráfico y terrorismo castrista mientras se... Continue reading
Antonio José Ponte Madrid Con 'Viajes de Miguel Luna' ha empezado a escribir en clave de ficción ... Continue reading
Enrique del Risco Nueva York Lizabel Mónica, autora de una antología de la Generación 0, habla s... Continue reading
Roberto Madrigal Cincinnati Mucho se habla de "la novela de la Revolución", pero nunca se ha hab... Continue reading
Antonio José Ponte Madrid Dos acusaciones se alzan frecuentemente contra Lorenzo García Vega: una... Continue reading
Antonio José Ponte Madrid Habla en esta entrevista de erotismo y literatura, de Marianao y Barcelo... Continue reading